El sábado de Dios en el mundo actual

“Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso del Eterno... entonces te deleitarás en el Eterno..." (Isaías 58:13-14).

¿Tiene alguna importancia el sábado? ¿Es realmente práctico guardarlo en el mundo actual? ¿Cómo se debe observar el sábado hoy? Para responder a estas preguntas debemos analizar lo que la Biblia, la inspirada Palabra de Dios, nos revela.

Jesús dijo que él era “Señor del sábado” y que “el sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado” (Marcos 2:27-28, Nueva Reina-Valera). No limitó el sábado diciendo que fue creado para un grupo particular de personas en un momento determinado; por el contrario, afirmó que había sido hecho para toda la humanidad y para siempre. Fue preservado en los Diez Mandamientos, meollo de la ley divina para el hombre.

La correcta relación con Dios

Si el sábado fue hecho para la humanidad, ¿con qué propósito fue hecho?

En los capítulos 58 y 59 de Isaías se nos enseña que la humanidad está separada de Dios a causa de los pecados: “He aquí que no se ha acortado la mano del Eterno para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Isaías 59:1-2). En estos versículos se resalta la hipocresía de aquellos que dicen buscar a Dios, pero tienen el corazón lleno de pecado y de malas intenciones (Isaías 58:1-4; 59:3-15).

Dios nos muestra cómo podemos ser reconciliados con él: “Vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad . . .” (Isaías 59:20). Jesucristo es nuestro profetizado Redentor, aquel que por medio del sacrificio de su vida redimirá a la humanidad y hará que se vuelva a Dios (Juan 3:16; 1 Pedro 1:18-19; 1 Juan 2:2; 4:9-10).

Dios también nos dice cómo podemos establecer una relación correcta con él. Para hacerlo es necesario que con humildad ayunemos, buscando entender a Dios y sus caminos: “Entonces invocarás, y te oirá el Eterno; clamarás, y dirá él: Heme aquí . . . en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. El Eterno te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan” (Isaías 58:9-11).

Un correcto entendimiento del sábado

Según este pasaje, existe otro elemento fundamental en nuestra relación con Dios: el correcto entendimiento y observancia del sábado: “Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso del Eterno; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Eterno; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca del Eterno lo ha hablado” (vv. 13-14).

Aquí vemos claramente qué fue lo que se propuso Dios al darnos el sábado. La observancia de este día forma parte de una relación correcta y estrecha con él. Tiene que ver con honrar a Dios. Al santificar este día, sometemos y entregamos una de nuestras posesiones más valiosas, nuestro tiempo, a la tarea de cultivar una relación profunda con Dios.

Para guardar el sábado correctamente, según lo leemos en las instrucciones que Dios hizo consignar en la Biblia, es necesario que dejemos de andar en nuestros propios caminos, de buscar nuestra propia voluntad y de hablar nuestras propias palabras. Todas estas acciones, según Dios, pisotean su tiempo santo.

Pero el sábado no es un día para no hacer nada. Es un tiempo para cultivar nuestra relación con Dios. Como él mismo nos lo dice, es una delicia, un tiempo para deleitarnos en él. En lugar de pasar el sábado pensando en nuestros propios asuntos e intereses, apartamos este tiempo para concentrarnos en todo aquello que complace a Dios y que fortalece nuestra relación con él.

Una relación estrecha con Dios

¿Cómo podemos establecer una relación estrecha con Dios? Lo hacemos por medio del contacto y la comunicación. Nosotros le hablamos por medio de la oración y él nos habla por medio de su Palabra inspirada, la Biblia. Estos son puntos claves en una relación estrecha con Dios.

“Perseverad en la oración”, nos exhorta el apóstol Pablo en Colosenses 4:2; y en 1 Tesalonicenses 5:16-18 nos instruye: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Y Santiago nos dice: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

Jesús esperaba que sus seguidores orarían; por eso les dijo: “Cuando oréis . . .” (Mateo 6:5-7; Marcos 11:24; Lucas 11:2). Les dio instrucciones específicas respecto a la oración, animándolos sobre “la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1).

El sábado es una excelente oportunidad para tener mayor contacto con Dios mediante la oración. Al suspender nuestros quehaceres diarios en ese día, disponemos de más tiempo para estrechar y profundizar nuestra relación con él.

El sábado también nos brinda la ocasión de escuchar a Dios. Él nos ha dado su instrucción a lo largo de la Biblia: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).

El sábado no solamente nos permite entender mejor los caminos de Dios, sino que también nos ayuda a entender mejor nuestros propios pensamientos y motivaciones, haciéndonos ver en dónde debemos cambiar para asemejarnos más a él. En Hebreos 4:12 leemos: “La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Debemos sentir un vivo deseo por estudiar la Palabra de Dios y aprender más de ella: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:2).

David, un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22), entendió que la Palabra de Dios nos enseña la manera correcta de conducir nuestra vida: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra . . . En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmos 119:9, 11). David empleaba su tiempo en meditar acerca de los caminos de Dios y en cómo podía vivir de tal forma que su vida le fuera más agradable a su Creador. Por eso escribió: “En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos” y: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación” (vv. 15, 97).

Servicios religiosos en el sábado

El sábado de Dios es una ocasión propicia para buscar la compañía de otras personas que comparten nuestras convicciones y para animarnos mutuamente: “Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).

Se espera que los creyentes se congreguen para adorar a Dios (1 Corintios 11:18; 14:23). No debemos dejar de congregarnos. El sábado es un día de “santa convocación” (también traducido como “reunión santa”, Levítico 23:3, Versión Popular). Dios ordena a su pueblo que se reúna en este día para adorarle.

Es deber de los ministros de Dios enseñar a su pueblo y hacerle conocer los caminos de Dios. Pablo le dijo a Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo . . . que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:1-2).

Como leímos anteriormente, la costumbre de Jesús y del apóstol Pablo era la de acudir a la sinagoga cada sábado para enseñar y compartir con aquellos que querían aprender los caminos de Dios. Por sus acciones (explicar la Palabra de Dios y hacer obras de misericordia), Jesús mostró siempre la manera correcta de guardar el sábado. En la actualidad el sábado es el día apropiado para suspender el trabajo y descansar de nuestras actividades cotidianas; es el día indicado para reunirnos con otros creyentes y adorar a Dios, para recibir instrucción en sus caminos y también para hacer buenas obras que reflejen los principios divinos.

Cultivar una relación con Dios

Dios nos dice: “El séptimo día es reposo para el Eterno tu Dios; no hagas en él obra alguna . . .” (Éxodo 20:10). Este versículo hace muy claro que el sábado no debemos hacer el trabajo normal y rutinario, porque es un día completamente diferente. En el antiguo Israel, bajo la administración nacional de las leyes de Dios, violar el sábado era tan grave que quien lo hiciera era condenado a muerte (Éxodo 31:14-16; 35:2).

Después de que Israel salió de Egipto, Dios destacó la importancia de este mandamiento al proveer doble porción de maná en el día sexto y nada en el séptimo. Este milagro se repitió cada semana por 40 años (Éxodo 16:26, 35; Josué 5:12), o sea que ¡ocurrió más de 2.000 veces! Es evidente que el mandamiento del sábado es importante para Dios, y él espera que lo obedezcamos. Si queremos mantener una relación adecuada con nuestro Creador, es necesario que guardemos el día que él ha santificado.

El sábado fue apartado como un día de adoración y descanso porque así lo necesitan los seres humanos. Un Dios que se preocupa por nuestro bienestar hasta el punto de proveernos con un día a la semana para nuestro descanso, es un Dios absolutamente maravilloso. Cuando guardamos el sábado como día especial de descanso y adoración en medio de este mundo agitado y turbulento, le mostramos a Dios cuán importante es él para nosotros, y al hacerlo recibiremos los beneficios de renovarnos física y espiritualmente. No rechacemos lo que Dios nos ha dado.

Con su ejemplo, Jesús nos enseñó la manera correcta de guardar el sábado. Nunca quiso que fuera un día gris y sin brillo, lleno de restricciones y prohibiciones, con una lista detallada de lo que debía y no debía hacerse. Él empleó estas horas en deleitarse compartiendo con otros el gozo de la Palabra de Dios y su camino de vida, mostrándonos cómo en este día podemos fortalecer nuestra relación con Dios. Se valió de este día para sanar, no sólo físicamente, sino también mental, emocional y espiritualmente. Fue un tiempo para ayudar y animar a los menos afortunados.

Jesús demostró que no había nada malo en hacer el bien en el día sábado y señaló que el mandamiento de Dios nunca lo había prohibido. En lugar de señalarnos lo que no podemos hacer, hizo resaltar lo que podemos y debemos hacer. Sus actividades en el sábado prefiguraron una época venidera a la que se refirió como el “Reino de Dios”, cuando toda la humanidad compartirá la sanidad, el gozo y la libertad que Dios ha prometido (Mateo 4:23; 9:35; Lucas 4:16-19; 9:11; 10:9). Él nos mostró que el sábado es un día de descanso físico y de fortalecimiento espiritual, un tiempo que debemos acoger con agrado, disfrutando de un descanso de nuestras labores rutinarias; es un día en que no debemos estar sumergidos en las preocupaciones y deberes habituales.

El propósito de los mandamientos de Dios

En su Palabra, Dios nos dice que sus mandamientos no son gravosos (1 Juan 5:3). No son vacíos ni arbitrarios; antes bien, fueron dados a la humanidad por un Dios de amor en su infinita sabiduría y conocimiento (Isaías 55:8-9). Fueron dados a la humanidad con el fin de que todos aquellos que los obedecieran recibieran bendiciones (Deuteronomio 4:40; 5:29, 33). Entre estos mandamientos se encuentra el del sábado. Es un día de descanso y renovación dado al hombre por aquel que diseñó y creó la humanidad. Es un tiempo de restauración física, emocional y espiritual.

Dios sabía que necesitaríamos este tiempo para cultivar y fortalecer una correcta relación con él. Parte del mandamiento nos dice: “Seis días trabajarás, y harás toda tu obra . . .” (Éxodo 20:9). Nos enseña que debemos ocuparnos de nuestros asuntos y afanes en los otros seis días, y que debemos tener tanto nuestra mente como nuestro tiempo dispuestos para adorarlo y obedecerlo guardando el sábado. Cuando estamos libres para poner toda nuestra atención en los caminos de Dios y en el propósito que tiene con nosotros, el sábado es realmente la bendición y la delicia que él quiere que sea (Isaías 58:13-14).

Cada séptimo día de la semana —cada sábado— debemos dejar de hacer nuestro trabajo y permitir que Dios trabaje en nosotros, cultivando y fortaleciendo nuestra relación con él.

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