En el libro de los Gálatas encontramos un conflicto doctrinal al que se enfrentó el Apóstol Pablo durante los primeros años de la Iglesia. Sabemos que desviarse de la sana doctrina fue un problema común, pero este en particular nos concierne de forma importante.
¿Se ha preguntado por qué es importante seguir el camino de vida que Dios nos ofrece? ¿Qué sentido tiene esforzarse por agradar al Padre?
Una vez que aceptamos que las fiestas santas de Dios son un mandamiento, nos preguntamos ¿cómo saber en qué momento debemos guardar las fiestas? Más aún, ¿de qué manera estableció Dios la medición del tiempo? ¿Es nuestro calendario exacto y adecuado para celebrar las fiestas del Eterno?
Las experiencias que conforman nuestra vida, tienen implicaciones de mayor alcance del que podemos ver a simple vista; como cristianos no vivimos por vivir, sino que buscamos crecer y dar frutos.
¿Qué entendemos por el Juicio de Dios? Es primordial comprender lo que la Biblia nos dice al respecto para no contaminar la sana doctrina con ideologías humanas
El mensaje entregado a la Iglesia de Éfeso, puede servirnos para aclarar la expectativa que Cristo tiene de aquellos a quienes ha llamado a obedecerle.
La promesa de no morir, fue un recurso de Satanás para alejarnos de Dios; sin embargo, Dios nos hace la misma promesa para formar parte de su familia por la Eternidad
Seguir a Jesucristo significa obedecerle y buscarlo por los motivos correctos; no por egoísmo, sino por amor a él
La memoria da forma a quienes y cómo somos. Nuestro pasado personal es inmensamente importante, pero también la historia que nos precede ¿Qué hemos aprendido de ella?
Haciendo caso al dicho "una imagen dice más que mil palabras", evaluemos el estado de nuestra fe examinando sus frutos.
Gracias al poder del Espiritu Santo que actua y obra en las primicias de Dios, estás son capaces de domar poco a poco su naturaleza que se opone al Eterno
La fiesta de Pentecostés nos recuerda el don del Espíritu Santo, con el que Dios trabaja en nosotros para refinar nuestra vida.
Una señal que distingue a la verdadera Iglesia, es conocer la Ley y reconocerla como nuestra herramienta para arrepentirnos y volvernos a Dios.
Cada uno de nosotros hemos sido elegidos por Dios para llegar a ser algo. ¿Estamos llevando el adecuado proceso para llegar a esa meta?
El rey David es un ejemplo de un varón conforme al corazón de Dios. ¡Aprendamos de su ejemplo para que el Eterno nos reconozca igual que a él!
El plan de Dios a largo plazo para la humanidad, es formar una gran familia ¡y los que han sido llamados pueden ser uno con el Padre al final de esta era!
El cristianismo occidental no ve de forma positiva el sufrimiento. La comodidad y el placer se han vuelto el propósito de la existencia. Sin embargo, este enfoque hedonista no es bíblico.
Nuestra motivación principal como cristianos debe ser emular la vida ejemplar de Jesucristo para convertirnos en las primicias que le prosiguen.
Estar en contacto con nuestro Padre debe ser una necesidad constante. En la Biblia podemos encontrar su palabra escrita ¡aprendamos a comunicarnos eficazmente con él!
Para acceder al gran tesoro que Dios guarda para nosotros al final de los tiempos, necesitamos fijar nuestra mira en los negocios de nuestro Padre, alejándonos del pecado.