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Fácilmente. Se trata de un recuerdo que recuerdo generalmente a finales de año. Generalmente me acuerdo de ese recuerdo, en particular cuando veo las licenciaturas. Siempre me acuerdo de aquello que quería contarles. Este sector donde vivo ahora está rodeado de colegios.
Está rodeado de colegios. Tengo el colegio del frente, el colegio de atrás, la otra cuadra igual en colegio. Así es que aquí uno ve salir las licenciaturas en estas fechas. Ya uno va viendo las licenciaturas. El recuerdo es el siguiente. Hace mucho tiempo, alguien que no recuerdo quién fue me hizo un obsequio.
Me regaló un calendario. Cuando yo vivía en Osorno era costumbre que a final de año un lindo obsequio era un calendario. Así es que alguien que no recuerdo quién me regaló un calendario del año siguiente. Y ese calendario que es en el fondo trae los números abajo y tiene la imagen en el fondo, ¿verdad?
Tenía una imagen muy evocadora. Me recuerdo que era un paisaje de una montaña o de un bosque nevado. De un bosque nevado. Muy bonito, muy bonito. Y traía una lectura que decía, todo esfuerzo tiene recompensa.
Todo esfuerzo tiene recompensa. La frase me caló muy hondo. En particular, debido a que yo ya estaba por terminar enseñanza media. Estoy hablando, piensen ustedes, 83.
Me he saqué mis cuentas también. 33 años han pasado de aquella época. Yo estaba por terminar la enseñanza media y estaba muy próximo a dar lo que algunos jóvenes esta semana van a dar. En esa época se llamaba prueba de aptitud académica. Ahora no. Ahora se llama PSU.
Pero en el fondo es el examen de admisión universitaria. Sea como sea, la frase me impactó profundamente. Tanto así que la escribí con un plumón negro en mi clóset.
No sé lo que habrá dicho mi mamá. Escribí con letra manuscrita esta frase. Todo esfuerzo tiene recompensa. Para verla en mi mente yo decía, esto es para traerlo a la mente siempre. Para que no se me olvide y mentalizarme con ello. Todo esfuerzo tiene recompensa.
Han pasado los años. Ya nadie de mis cercanos vive en aquel lugar. Viven otras personas. Pero la idea sigue tan firme como cuando la leí por primera vez. Tanto así que cuando reflexiono en este tema del esfuerzo y de las recompensas, le encuentro cada vez más vigencia en todas las áreas del desarrollo humana. En todas las áreas veo esa constante, esa ley que el esfuerzo tiene recompensa. De hecho, según el estado de ánimo que tenga uno, a veces le he puesto otra frase al lado.
Si el esfuerzo es poco, si el esfuerzo es mediocre, bueno, el resultado va a ser mediocre. Así, así es. Y como digo, pasa los años y llego a esta cuenta. El esfuerzo tiene recompensa. Tanto a nivel personal como a nivel grupal. Tanto a nivel individual como a nivel social. Tanto a nivel físico como a nivel espiritual.
El esfuerzo tiene recompensa. A nivel físico o de las cosas físicas, el esfuerzo físico obtiene premio de corte físico. Para nadie es desconocido el hecho de que si queremos fortalecer nuestra musculatura, que es lo que se dice, bueno, hay que trabajar con la musculatura.
Aquí nos sirve el ideal, ¿verdad? Tener estos electrofísicos y poner ahí una maquinita, apretar un botón y hacer 10 abdominales. Es así. No, no es así. Uno nos fortalece los abdominales con los electrofísicos. Uno fortalece los abdominales haciendo trabajo abdominal.
Así también, para nadie, resulta desconocido el hecho de que si queremos aumentar nuestra resistencia a la fatiga, hay que hacer lo que se conoce como trabajo cardiovascular. ¿Verdad? Si uno quiere aumentar la resistencia a cansarse, bueno, tiene que caminar más, o tiene que correr más, o tiene que hacer más esfuerzo físico.
El logro en el esfuerzo físico no se logra sin trabajo, sin esfuerzo. Por ejemplo, los consejos, caminar más de media hora todos los días, aumenta la resistencia a la fatiga. Eso es algo universal. Correr más de 20 minutos ininterrumpidamente mejora la capacidad aeródica.
También, uno quiere mejorar, no cansarse tanto, perdón, no correr detrás de una micro y quedar obstruido. Bueno, para que no le pase eso, tiene que o caminar más, o hacerse un hábito de correr. Y eso significa esfuerzo. No se desarrolla la musculatura o la resistencia sin que haya trabajo.
Para nadie resulta desconocido que el esfuerzo físico tiene recompensas físicas. Así también, así también, desde el punto de vista espiritual. La frase aquella que acabo de mencionar todo esfuerzo tiene recompensa, cobra mucho sentido. Cuando pensamos en la vida espiritual, en la vida espiritual también todo esfuerzo tiene recompensa. Pablo habló de aquello. Pablo muchas veces habló de aquello. Vamos a primera de Corintios 9. Primera de Corintios 9. Aquí Pablo trae a colación este tema.
Pero con esta mirada con su primer de Corintios 9, verso 24, dice no sabéis que los que corren en el estadio todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio, correr de tal manera que lo obtengáis. Pablo hizo esta analogía de la vida espiritual comparándola con una carrera.
Seguramente Pablo debe haber visto a mucha gente correr a los atletas preparándose para la carrera. Y cayó en la cuenta. ¿En cuál cuenta? Bueno, el esfuerzo tiene recompensa. Sigamos leyendo en el verso 25, todo aquel que lucha de todo se obtiene ellos a la verdad para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible. Pablo vio cómo los atletas preparaban sus carreras. Cada carrera en el mundo elénico era un momento especial. Cada competidor corría en espera de recibir la famosa corona olímpica, que en esos años consistía en una rama de olivo, que era hecha de una corona, la cual, según los historiadores, tenía que ser cortada por un niño no mayor de 12 años. Y tenía que ser cortada con un cuchillo de oro. Y entonces le ponían la corona al que ganaba y lo presentaban ante el pueblo.
Y eran presentados como héroes. Y la gratificación que recibían era un sueldo de por vida. La persona que llegaba a ser campeón tenía asegurada su vida desde el punto de vista del sustento, por siempre.
Entonces, aquí los atletas olímpicos luchaban por llegar a ser campeones para recibir esta corona, que los hacía entonces aptos para recibir todo este tipo de elogios y gratificaciones.
Pablo debió haber visto los entrenamientos y debió haber visto cómo aquellos hombres se preparaban para esta carrera. Verso 26, así que yo de esta manera corro, no como la aventura, de esta manera peleo, no como quien golpea el aire. Sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldos para otros, yo mismo venga a ser eliminado.
Pablo debió ver todo lo que rodea una competición de esas e hizo comparaciones que bien vale la pena repasar el día de hoy. En particular, cuando tenemos en la mente esta frase de que todo esfuerzo tiene recompensa. Lo primero que se me viene a la mente fue que Pablo comparó la vida espiritual con una competición.
Pero a diferencia de las competencias en el mundo físico, la competencia espiritual tiene una característica que la hace única. Y es que la competencia espiritual a la cual estaba haciendo mención Pablo es siempre a nivel personal. Personal. En los ambientes de competición atlética siempre se compete contra otro.
Uno lo puede ver. Las personas compiten. Son 10 los que corren. Pero la competencia es entre esos 10. A nivel espiritual no es así. La competencia a nivel espiritual es personal e instranferible. Y nuestro punto de comparación, o entre comillas, no quiero usar la palabra competencia, pero nuestro paradigma al cual nosotros queremos ascender es Cristo. Cristo. Esa es la carrera espiritual. Llegar a parecernos, como dice la Escritura, a Cristo. A la medida de la estatura, de la plenitud de Cristo.
A nivel espiritual el otro es Jesucristo. Mi competencia es conmigo mismo intentando parecerme a Jesucristo. Aquí no se trata de que me estoy tratando de parecer o ganarle a un hermano. ¿Verdad? Él es justo. Yo soy más justo que él. Esa no es la competencia. Esta competencia es a nivel personal.
Algunos pensarán que es más fácil así, verdad, competir con uno mismo. Uno no tiene competidores, ¿verdad? Cómo uno compite con uno mismo. Y uno podría pensar que es más fácil competir con uno mismo.
No estoy muy seguro de aquello. ¿Y por qué no estoy muy seguro de aquello?
A veces no somos conscientes de nuestras debilidades.
Y el primer principio del fortalecimiento, ¿cuál que es lo que dice? El primer principio del fortalecimiento, uno tiene que partir fortaleciendo lo débil. Fortaleciendo lo débil. Pero a veces uno no es consciente de las debilidades de uno mismo. A veces solemos darnos cuenta de las debilidades de los otros. Pero no somos conscientes de las debilidades de uno.
Jesucristo les decía eso al mundo religioso de la época.
A veces no resulta tan fácil competir con uno mismo.
Sea como fuere, lo que debemos tener claro es que todos tenemos una carrera por delante. Pablo lo dijo en no pocas ocasiones. Siempre traemos a Colación la escritura de 1º de Corintios 9. Pero Pablo ya lo había dicho en hechos 20. Vayamos allá. En hechos, en el capítulo 20.
En el verso 24.
Cuando Pablo se está despidiendo de los hermanos en Mileto.
Aquí en el verso 24 dice, pero de ninguna cosa hago caso.
Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo. Ve Pablo, este tema de la carrera espiritual lo siguió por mucho tiempo. Él hablaba constantemente de esto, de que la vida espiritual es como una carrera. También en segunda de Timoteo, ya en el ocaso de la vida, Pablo también hizo mención a esta carrera. Pero de la siguiente manera, en segunda de Timoteo 4, verso 6, dice, porque yo ya estoy para ser sacrificado y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera.
De nuevo, aquí Pablo haciendo mención. Pablo haciendo mención de este tema, la vida espiritual como una carrera. Pablo estaba convencido que la vida es análoga a una carrera. Así es que cuando uno empieza a pensar en este tema, el primer punto de comparación es que la vida espiritual es como una carrera. El segundo punto de comparación es que la analogía de Pablo habla de un premio al final de la carrera. Aquí en segunda de Timoteo 4, 8, un versículo después, dice, por lo demás, me está guardada la corona de justicia.
En primera de Corintios 9, Pablo estaba hablando también de una corona incorruptible. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el señor juez justo en aquel día, y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida. Así es que podemos mencionar, este es el segundo punto de comparación. Si la vida espiritual es como una carrera, debemos pensar que los que corremos en esa carrera somos atletas, somos corredores olímpicos espirituales.
Aquí en segunda de Timoteo 2, 5. Segunda de Timoteo 2, 5. Aquí Pablo dice también el que lucha como atleta. Me mencionando entonces que la vida espiritual es una carrera y nosotros somos los corredores en esa carrera. La cuarta comparación que podemos hacer es que el entrenamiento debe ser legítimo y honesto, que es lo que dice allí en segunda de Timoteo 2, 2, 5. Dice también el que lucha como atleta no es coronado, sino lucha legítimamente. El que participa de esta carrera no recibe premio, sino lucha con legitimidad.
El esfuerzo de un atleta se nota y el no esfuerzo también se nota. Lo que pasa es que en el mundo a veces uno ve competidores tristemente célebres que se inyectan sustancias, que corren drogados, y entonces, claro, les sacan mayor vitalidad, mayor rendimiento a su cuerpo, pero de una manera artificial. Desde el punto de vista espiritual no se puede eso. No se puede eso. Y no se puede eso porque Dios evalúa nuestras vidas. Dios está viendo lo que nosotros hacemos en lo secreto.
En consecuencia, aquí Pablo diciendo, bueno, el atleta tiene que competir legítimamente. El esfuerzo de un atleta se nota. El no esfuerzo también se nota. A nivel espiritual pasa lo mismo. Pasa lo mismo. El esfuerzo espiritual se nota. Y el no esfuerzo también se nota. ¿Cómo se nota? A través de los frutos. Los frutos, los frutos espirituales o el fruto del espíritu, tienen características. Y el fruto de la carne también tiene características. Y esas características afloran. La quinta comparación es que, así como los corredores o atletas están dispuestos a sacrificar muchas cosas en pro de alcanzar la meta, así también cada cristiano debe estar dispuesto al sacrificio en pro de alcanzar la meta.
En primera de Corintios 9.25, en la primera frase de esa versículo, dice todo aquel que lucha de todo se abstiene. De todo se abstiene. La palabra abstener o abstención viene del griego en Crateumai.
En Crateumai. Exactamente significa ejercer dominio propio. Ejercer dominio propio. La versión de lenguaje simple, dice lo siguiente, traduce así, los que se preparan para competir en un deporte dejan de hacer todo lo que pueda perjudicarlos. Desde el punto de vista físico, esto lo hemos mencionado en el pasado, a mí siempre me sorprenden las vidas de los corredores, nadadores, velistas, cualquier área de deporte, ya sea de nuestro país, ya sea del extranjero, a mí siempre me sorprenden las vidas de las personas que se preparan para cualquier deporte.
Aquí me hace recuerdo, aquí esta joven Covridge, chilena, que está entrenando en Argentina, y que gran parte de su día lo pasa entrenando. Se levanta a las cinco de la mañana y entra en hasta las ocho de la noche. Y así es su rutina, todos los días del año, sin descansar ningún día, para poder mantener su nivel. Así también otros atletas que llaman la atención en las condiciones en las cuales entrenan, en desiertos, y llaman la atención todo el esfuerzo, todos los sacrificios, esas personas no conocen de fiestas, no conocen de cumpleaños, no conocen nada de eso.
Todo destinado, todo su esfuerzo, destinado a repetir una rutina y mejorar, ellos hablan de los tiempos. Tienen un cronómetro y ellos todos los días corren y contra ese cronómetro, y el entrenador les pone el cronómetro y ellos comienzan su día. Hoy día voy a mejorar mis marcas, eso lo he escuchado tantas veces, y hay sorpresas que da la vida en este sentido. Y por eso llama la atención aquí que Pablo haya dicho esto.
Todo aquel que lucha de todo se obtiene, de todo se obtiene, y cuando dice todo, es todo. Todo aquello que pueda obstaculizar su carrera, su meta, sus marcas. Y entonces aquí uno va siguiendo la analogía, ¿verdad? El atleta espiritual debe ejercer dominio propio para alejarse de todo aquello que resulte perjudicial para su carrera espiritual. El atleta espiritual igual, igual. Todo aquello que sea un obstáculo en la carrera espiritual, uno debe ejercer dominio propio. Y entonces una pregunta, ¿cuáles serán aquellas conductas que pongan en juego mi carrera espiritual?
La carrera espiritual de cada creyente está siempre expuesto a batallas espirituales que atentan contra su vida espiritual. La carrera del creyente siempre estará expuesto a enemigos poderosos, enemigos poderosos. En el fecio 6.12, Pablo también, haciendo mención a aquello, las luchas espirituales, dice aquí, en el fecio 6.12, no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
El cristiano siempre va a estar sometido a aquello. ¿Y cómo se hace manifiesto esta exposición a Satanás y sus huestes? La exposición a Satanás y sus huestes sigue un patrón o paradigma que Satanás aplica y ha aplicado desde el comienzo, desde el génesis, si se quiere, hasta el final de nuestros días. Satanás y sus huestes usan la tentación para apartarnos del camino. A Eva, la tentación del fruto prohibido fue mayor que la orden de no tomar del fruto prohibido. El hombre en Edén tenía el todo a sus pies, pero la tentación fue más poderosa que la orden de obedecer. Este patrón o paradigma de acción que usa Satanás es un riesgo permanente en nuestra carrera espiritual y debemos estar apercibidos para poder hacerle frente. En primera de Pedro, 2.11.
Dice aquí, amados, yo os ruego como extranjeros y peregrinos que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma. En la versión del lenguaje simple, dice amados hermanos en Cristo, les hablo como si ustedes fueran extranjeros y estuvieran de paso por este mundo. No hagan nada que obedezca a sus malos deseos, pues esos deseos los llevarán a la perdición. Los malos deseos son un riesgo, y son un riesgo debido a que una vez accionado el patrón de conducta se convierte en pecado, no olvidando que un mal pensamiento ya es un pecado, porque eso también hay que tenerlo en cuenta a la hora de vencer.
El mal pensamiento ya es un pecado. Aquí en Santiago, 1.12. En Santiago, Jacobo escribe por inspiración en el versículo 12, Santiago 1.12. Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman. Cuando alguno estentado no diga que es tentado de parte de Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie, sino que cada uno estentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Aquí la palabra concupiscencia viene del griego epizubía, mal deseo. Y la versión Dios habla hoy, dice uno estentado por sus propios malos deseos que lo atraen y lo seducen.
Y entonces, el siguiente versículo, versículo 15, entonces la concupiscencia, o sea, el mal pensamiento, después que ha concebido da a luz el pecado y el pecado siendo consumado da a luz la muerte. Las tentaciones son un riesgo para nuestra vida espiritual. Y Satanás lo sabe. De hecho, Satanás es el maestro de la tentación. Máster. Él ha sido engañador, mentiroso y tentador desde que el hombre fue hecho allá en Eden.
Y él aplica una fórmula para atraer, una fórmula para tentar. La fórmula que usa Satanás está expuesta por Juan, en primera de Juan 2.16. Aquí siempre hay una forma para atentar. En primera de Juan, Satanás es un experto, lleva muchos años desarrollando esta gestión. Es sorprendente como el éxito que Satanás tiene en primera de Juan, en el capítulo 2.
En el verso 15 dice, no améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre sino del mundo.
Aquí están las tres tentaciones, o los tres tipos de tentaciones que hay. Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. La tentación de Satanás a Jesús siguió este mismo patrón. Este mismo patrón. Vayamos aquí a Mateo, en Mateo, en el capítulo 4. Cuando uno analoga la vida espiritual y tenemos como ejemplo el patrón o paradigma que nos dejó Jesucristo, uno no puede no sorprenderse cuando cae en la cuenta que una vez que Jesucristo fue bautizado, allí fue tentado.
Y eso es algo que uno vivencia como creyente en Cristo. Jesús, una vez que fue bautizado, la semana pasada hablamos a este respecto del bautismo de Jesucristo. La siguiente cita en Mateo es la tentación de Jesús. Y entonces podemos leer aquí en el versículo 1. Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Lo primero que llama la atención aquí es que no es que Jesús se haya trasladado al desierto, sino que fue llevado al desierto y fue llevado al desierto para ser tentado.
Dice aquí, y después de haber ayunado 40 días y 40 noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador y le dijo, si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo, escrito está, no sólo de pan, vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. La primera tentación apuntó al área de los deseos de la carne. Jesús estuvo 40 días y 40 noches sin comer. Y después de 40 días y 40 noches, en el desierto, sin comer, tuvo hambre. ¿Cuál es el conflicto aquí? ¿Cuál es el conflicto aquí? ¿Por qué es una tentación que el diablo le haya dicho a Jesús?
Dí que estas piedras se conviertan en pan. ¿Cuál es el conflicto? ¿Cuál era el precio que debía pagar Jesús por comer? ¿A quién le iba a obedecer? ¿A Satanás? ¿O a Dios? Jesús estaba sujeto al Padre. Esa es la relación que Jesús nos enseñó a todos los que estamos aquí. Es una relación con el Padre. Y piensen ustedes que, momentos antes de ser sacrificado, Jesús acude al Padre en oración, en Mateo 26-39, está esto que estoy comentando, y Jesús le pide al Padre. Jesús le pase de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya. Bueno, ahora han sentido inverso, con el sentido de comer.
Satanás le estaba diciendo, obédéseme, y tendrás pan. Obedecer a Satanás en ese momento era saltarse el curso regular de acción de Jesús, la relación con el Padre. Satanás lo tentó. Convertir las piedras en pan era una tentación poderosa, pero a expensas de la relación de obediencia que tenía con el Padre. No es menor el hecho de que Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu. Esto era parte del plan.
Jesús se legitima una vez que supera las tentaciones. La misma escritura dice, fue intentado en todo, pero sin pecado. Vayamos al siguiente versículo, la segunda tentación. Versículo cinco dice aquí, entonces el diablo le llevó a la Santa Ciudad. Aquí ya hay un cambio. El diablo lo lleva a la Santa Ciudad y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo, si eres hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está, a Sus ángeles mandará acerca de ti y en sus manos te sostendrán para que no tropieces con tu pie en piedra. Entonces de nuevo, ¿cuál era el conflicto aquí?
¿Cuál es el problema con esto? Es interesante notar aquí que fue el diablo quien lo llevó. Aquí dice la Santa Ciudad y lo pone en el pináculo. El pináculo era una parte de la muralla externa que rodeaba todo el templo. Si ustedes se fijan, no lo llevó al santuario, sino que lo llevó a una parte externa del santuario, a un lugar visible. Según la tradición rabínica, el Mesías hará su aparición en el tejado del templo. Es llamativo esto que dicen los expertos. Esto de tirarse abajo. Aquí, Satanás conoce las escrituras también. Esto es un punto a tener en cuenta.
Satanás usa las escrituras pero de manera amañada. Amañada. Aquí lo deseo de los ojos. Aquí uno piensa, si Jesús hubiese obedecido. Va cayendo y los ángeles lo protegen. La vista de todo el pueblo. Todos viéndolo a Él. Y Jesús le responde con las escrituras también. No tentarás al Señor tu Dios. Es interesante aquí cómo Satanás es conocedor de las escrituras.
Pero conoce las escrituras de una manera amañada. O las entrega de una manera amañada. Téngase presente cuando nos enfrentemos a una tentación. Téngase presente. Satanás conoce las escrituras. Tiembla. Los demonios creen y tiemblan. Y conoce las escrituras. Pero conocer las escrituras no lo hace justo. Ni con un accionar correcto. Y la tercera tentación apunta a la gloria de la vida. La gloria abana de la vida. Satanás le ofrece entregarle a Jesús el todo. El todo. Las naciones, las riquezas y todo. Pero aquí vayamos. Mateo 4, 8. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos. Y le dijo, todo esto te daré si postrado me adorales. Entonces Jesús le dijo, vete, Satanás, porque escrito está al Señor tu Dios, adorarás, y a Él solo servirás. De nuevo vemos la tergiversación de las escrituras. ¿Cómo Satanás lo tienta? Pero ¿a expensas de qué? ¿A expensas de qué? ¿A expensas de adorarlo? Y uno va pensando a través de la historia. ¿Cuántos creyentes han dejado este camino por las cosas vanas que tiene la vida? ¿Las riquezas? ¿Cuántas personas uno lamentablemente conoce que le ponen precio a la salvación? ¿Sabes qué? Me ofrecieron un trabajo. Oye, con ese trabajo no voy a tener nunca jamás problemas de tipo económico, nunca más en mi vida, salvo que tengo que transgredir. Bueno, es la vana gloria de la vida, la atentación, las miguitas de pan que Satanás nos ofrece para que nosotros, esta carrera, se pierda. Uno piensa en las promesas que hay para los que perseveren hasta el fin. Alcanzar la vida eterna, alcanzar la vida eterna supera cualquier cosa que este mundo pueda ofrecernos.
Pero hay que tener la vista puesta en la meta. Y no olvidarse que esto es una carrera en la cual todos estamos compitiendo. ¿Cómo defenderse de las tentaciones de Satanás? Pablo le recomienda a Timoteo Uye de las pasiones juveniles.
Según la de Timoteo 22, Uye de las pasiones juveniles que batallan contra el alma. Y también se encuentra que José en Egipto Uye de la esposa de Potifar. Yo entiendo que lo primero que debemos hacer para defendernos de las tentaciones es huir de ellas.
No podemos pensar que podemos controlar lo incontrolable. Satanás conoce nuestras debilidades y conoce las escrituras de manera que no debemos pensar que podremos controlarlo. Hace algunos años atrás, hace bastantes años atrás, un joven me preguntó cómo vencer. Él tenía un problema. Él me hizo la siguiente pregunta. ¿Sabes que ayer o antes de ayer o la semana pasada me invitaron a una fiesta? Y en la fiesta iba con mi novia, o como decimos en Chile, la Polola, y llegué a la fiesta entre comillas y en la fiesta había el anfitrión con su Polola, la casa sola, estaba yo con mi novia o Polola. Entonces, él me hizo la pregunta. ¿Cómo haber salido indemne de aquella situación? ¿Cómo haber salido indemne? No entres en el umbral de la puerta. La persona tomó la decisión en el umbral de la puerta. Si entra, esto va a desencadenar en lo que todos estamos imaginando. Si no entra, la historia habría sido distinta. ¿Cómo defenderse de las tentaciones? En primer lugar, huir de ellas. No pensar que, mire, no, si yo soy espiritual. Es espiritual, totalmente espiritual. Yo me voy a enfrentar a esto y lo voy a vencer. No es así. No es así. Satanás es un enemigo hábil. Un enemigo que se atrevió a atentar a Jesús. ¿Usted cree que si Satanás que se atrevió a atentar a Jesús no lo va a atentar a usted? Obvio. Claro que sí. Va a atentarnos usando las escrituras. Va a atentar usando nuestras debilidades. Porque a través de los años de la vida uno nota que uno no es tentado en las cosas en las cuales es fuerte. Uno es tentado en las cosas en las cuales es débil. Por eso uno se da cuenta que las tentaciones son espíritus. Espíritus que rodean el campamento. Como dice allí, primera de Pedro, cinco, ocho. Primera de Pedro, cinco, ocho.
Dice aquí, sed, sobrio, sivelado, porque vuestro adversario, el diablo, como león rugiente anda alrededor buscando a quien devorar. Satanaz rodea el campamento y, como decía Pablo, allí en Efecios, sus huestes también rodean el campamento de los santos, buscando a quien devorar. ¿A quién devoran? Bueno, como atacan todos los felinos, buscan al débil. Y al débil buscan su debilidad. Y así como Satanaz conoce nuestras debilidades, para defendernos de las tentaciones, nosotros debiéramos ser conscientes también. Si Satanaz conoce nuestras debilidades, nosotros también deberíamos ser conscientes de ellas. No siempre somos conscientes de ellas. De allí que debiéramos constantemente estar evaluándonos. Constantemente. Esto no es algo que uno haga para Pascua solamente. Sino que durante todo el año uno debiera estar constantemente viéndose, mirándose, comparándose con las escrituras. En 2 de Corintios 13, verso 5. En 2 de Corintios, capítulo 13, verso 5. Dice, examinados a vosotros mismos si estáis en la fe. ¿Reprobamos a vosotros mismos o no os conocéis a vosotros mismos que Jesucristo está en vosotros a menos que estéis reprobados? Si uno no logra reconocerse, es que tal vez ha llegado un punto tal de tanto daño espiritual que tal vez no pueda reconocerse. Debemos compararnos con las escrituras y ver que cómo estoy. Para vencer en esta carrera debemos dejar de lado el pecado. Ebreos 12. En el versículo 1 la escritura dice, por tanto, nosotros también teniendo en el rededor nuestro tan grande nube de testigos despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. El creyente debe estar dispuesto, así como todos los atletas, a ejercer dominio propio sobre todo aquello que pueda obstruir su carrera espiritual. La carrera espiritual es lo importante. Una de las técnicas que existen para mejorar la resistencia, ¿saben cuál es? Correr con peso. Esa es una técnica que algunos han usado, se ponen pesos en las piernas y se ponen, ojalá, una mochila que pese una cantidad de kilos y correr con peso realmente aumenta la resistencia. Bueno, pero para correr con paciencia un maratón, ¿se imaginan un maratón? Llevando 40 kilos al hombro. Bueno, por eso Pablo dice aquí, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia. Si uno quiere avanzar en esta carrera espiritual, tiene que despejarse de todo aquello que pueda obstruir la carrera espiritual. Y el atleta espiritual tiene que estar dispuesto al sacrificio. ¿Quiere vencer? Bueno, tiene que entrar a sacrificar todos esos anhelos o esos deseos que lo aparten a uno del camino. Sexta comparación. Esta era la quinta. Sexta comparación. La carrera espiritual durará mientras tengamos vida. Por eso se le compara con una maratón. Quizás por ello el escritor de Breos dijo correr con paciencia. Esto no es una carrera de impulsos. Miren, cuando yo estoy contento, cuando yo estoy bien, hago cosas maravillosas desde el punto de vista espiritual. Pero cuando estoy en el bajón, no hago nada. No es así. La carrera espiritual requiere constancia. Requiere constancia. Y también debemos tener o debemos ser conscientes que mientras la carrera no termine, no termina la posibilidad de ser desechados.
Pablo lo dijo, en Primera de Corintios 9, verso 27. Dice aquí, si no que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldos para otros, yo mismo venga a ser eliminado. Pablo dice, pone esto en la perspectiva correcta. La carrera no termine mientras no termine la carrera. Al punto que la semana pasada leímos esta escritura de Ezequiel 3, y yo los invito a pasar de nuevo a ella. La semana pasada estábamos hablando de la función de la Talaya. Pero, hoy día vamos a traer a Colación un principio, que es el siguiente. Ezequiel 3, verso 20.
Dice, si el justo se apartara de su justicia e hiciera maldad, y pusiera otro piezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste. En su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria.
Para vencer, yo entiendo, o ahora entiendo, que debemos vencer en tiempo presente.
Sería más adecuado hablar de estar venciendo.
¿Cómo se nota él estar venciendo?
Pablo habló de ello en la carta a los filipenses.
Filipenses 3, 12. Pablo fue un conocedor de la naturaleza humana, y yo entiendo que en particular de su naturaleza humana, Pablo llegó a conocerse a sí mismo. Y yo entiendo que en particular de su naturaleza humana, Pablo llegó a conocerse a sí mismo, y a ver qué fue lo que fue lo que fue lo que fue lo que fue. Y en particular de su naturaleza humana, Pablo llegó a conocerse a sí mismo, en sus virtudes y en sus debilidades.
Filipenses 3, 12.
Dice aquí, no que lo haya alcanzado ya, hablando, terminar la carrera, ni que ya sea perfecto, sino que prosigo por ver si logro así aquello para lo cual fui también ha sido por Cristo Jesús.
Su vida y llamamiento deja en claro que Jesús lo llamó a Pablo.
Dice aquí, verso 13. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago, olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
La vida espiritual debemos correrla en tiempo presente, porque si uno peca, si uno transgrade, ese que él dice aquí, sus justicias que había hecho antes no vendrán a la memoria. Uno puede haber, como lo digo, uno puede llevar muchos años en la iglesia y puede haber desarrollado una vida, una carrera espiritual extraordinaria, rampante, pero si uno transgrade en el presente, todo lo que usted hizo hacia atrás no lo justifica a usted.
Por eso dije y estoy convencido, mientras la carrera no termine, no ha terminado la carrera. El riesgo está allí a la puerta. Yo entiendo que con los años los riesgos disminuyen si hemos hecho lo que corresponde, si hacemos lo que corresponde, pero no es menos cierto que siempre existe la posibilidad de fracasar. Mientras más conscientes somos nuestras debilidades y flaquesas, más herramientas podremos usar para defendernos en el día malo. Como dice Pablo, allí en Efecio 613, cuando dice tomar toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firme.
Esta carrera debemos ganarla en siempre presente.
Sépitima comparación.
Todo esfuerzo tiene recompensa. La vida espiritual de todos y cada uno verá fruto en la medida que trabajemos en ella.
Dios le dice a Josué que debe esforzarse por la meta que Dios dispuso que tenía que desarrollar Josué. A Josué le tocó la conquista de Israel. Moisés podría haber desarrollado aquella gestión si el pueblo no hubiese pecado. Pero como el pueblo pecó y se atemorizaron por los espías y decayó su ánimo, entonces estuvieron 40 años deambulando en el desierto. A Josué le tocó, tuvo la función de conquistar la tierra y repartir la tierra. Y Dios le dijo a Josué, aquí, verso 6. Josué 1, verso 6, le dice, esfórzate. Esfórzate, que en el fondo es ir más allá de las fuerzas. Eso es esforzarse, ir más allá de las fuerzas. Esfórzate y sé valiente porque tú repartirás a este pueblo por el edad o la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfórzate y sé muy valiente para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó. No te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche me editarás en él para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien. Mira que te mando, que te esfuerces y seas valiente. No temas ni desmayes porque el eterno tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas. Dios les estaba dando estos consejos a Josué y que hizo Josué con estos consejos se quedó reflexionando en qué cosa habrás significado todo aquello. Es interesante leer el siguiente versículo y que pasa con Josué después de recibir esta instrucción de parte de Dios. Dice versículo 10, y Josué mandó a los oficiales del pueblo diciendo pasar por el medio del campamento y mandado al pueblo diciendo preparáos comida porque dentro de tres días pasaréis al Jordán para entrar a poseer la tierra que el eterno vuestro Dios os da en posesión.
Inmediatamente Josué se aplicó y dijo hay que prepararse. ¿Por qué? Porque vamos a entrar a conquistar la tierra que Dios nos prometió. La vida espiritual de todos y cada uno verá fruto o recompensa en esta vida, y digo en esta vida porque si hacemos nuestro trabajo espiritual, si nos concentramos en ello, si oramos, como dice Efecio, ponerse la armadura de Dios, si oramos, estudiamos, meditarnos, ayunamos pidiendo dirección, eso va a dar fruto en esta vida. Y ese fruto uno lo muestra. Pablo allí, los Efecios, nos dijo que debíamos ser luces en un mundo que está en tinieblas. Y por eso digo, si hacemos el esfuerzo necesario con nuestras carreras personales, particulares, veremos fruto en esta vida. Más también, si somos capaces de vencer y de perseverar hasta el fin de los días, recibiremos la corona que han visto desde lejos tantos héroes de la fe. Si nos esforzamos, genuinamente nuestras vidas espirituales darán fruto. Y si perseveramos, recibiremos la corona imperesedera. Y por eso esta frase que me ha seguido durante todos estos años, tanto a nivel físico, más también, en particular, a nivel espiritual. Todo esfuerzo tiene recompensa.