Que nadie te quite tu corona

Dios ofrece un galardon imperecedero a quienes lleguen a la meta y nos explica detalladamente lo que requerimos para lograrlo.

Transcripción

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En el primer mensaje se mencionaron distintos instrumentos que se usaron como espadas y cosas valiosas que le han dado un tono especial, especialmente los tiempos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Yo también quería mencionarles algo que llama la atención. Todos hemos visto fotos de reyes y reinas en sus coronaciones que llevan sus coronas reales y las joyas reales británicas, que una vez tuve la oportunidad cuando viajé como estudiante estaba en la universidad, estuve un verano allá en Europa y estuve en Ila Terra y pude ir a la torre famosa que tienen ahí de Londres y en una de las habitaciones, resguardadas por muchos soldados, tienen a las joyas reales inglesas. Imagínense estas joyas que son muchas. Hay 23 mil distintas joyas dentro de estas coronas. Todo tipo de cosas. Tienen espadas, tienen trajes con diamantes y 23 mil y más joyas que están incluidas en este armario británico. Están valoradas alrededor de 4 mil millones de dólares. No millones, estoy hablando de mil millones de dólares. Cuatro mil millones de dólares. Y obviamente, cuando uno ve a todos estos reyes y reinas que han habido a través de los milenios, en realidad han sido pocas las personas que han podido ponerse coronas sobre sus cabezas, ser parte de la realeza. Son muy pocos los que hoy existen así. Las coronas son símbolos de poder, de riquezas y de la realeza. En la mayoría de los casos, los únicos que tienen acceso a este tipo de joyas reales son los hijos que heredan de sus padres. Son dinastías reales muy limitadas que pueden gozar de este tipo de posesiones.

Y en la Biblia también se hablan de coronas. Pero lo que Cristo ofrece no son coronas hereditarias.

No dependen de una dinastía. Tampoco dependen de los poderosos que son las familias y las dinastías. Muchas de esas coronas del mundo se han ganado a través de guerras y de espojos.

Mucho derramamiento de sangre. Cristo no está diciendo que uno va a ganarse su corona al derramar mucha sangre y llegar al poder. El reino de Cristo no será compuesto de reyes y reinas de las naciones del mundo. Esos reyes no van a ser parte de lo que es el reino de Dios, esa primera resurrección.

No sabemos de ningún caso que Dios haya llamado a reyes y a reinas en este mundo. Por increíble que parezca, Jesús está llamando a personas comunes y corrientes para llenar esos puestos.

Noten en 1 Corintios 1, ¿Quiénes son los que están siendo llamados actualmente?

Lo mismo que pasó en los tiempos del Apóstol Pablo sucede en nuestros días. 1 Corintios 1, versículo 26.

Dice, pues mirad hermanos vuestra vocación. Que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, sino que el onesio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte, y lo vil del mundo, y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es para deshacer lo que es realeza.

Para deshacer lo que es realeza, lo que está diciendo, a fin de que nadie se hacte en su presencia, que nadie piense que mereció recibir ese puesto de Jesucristo, todos van a saber que fueron puestos inmerecidos.

La persona no era nada especial.

Y tal como en los tiempos de Cristo, así sucede hoy día. Noten en Lucas capítulo 22, versículo 29.

Lucas capítulo 22, versículo 29. ¿Dice Cristo a sus discípulos? Pues yo os asigno un reino, como mi Padre, me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos, juzgando a las doce tribus de Israel.

Ha asignado un reino, no a los ricos y poderosos, brillantes y fuertes, sino a personas comunes y corrientes que él llama.

En Mateo 19 hay otra escritura al respecto. Mateo capítulo 19, versículo 28.

Dice Jesús, de cierto os digo que en la regeneración, esa palabra en el griego significa en el renacimiento, significa algo que renace, porque sabemos que vamos a nacer de nuevo en ese reino de Dios.

Cuando el Hijo del Hombre se sienta en el trono de Su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentareis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Sabemos que esos doce discípulos no eran personas importantes, no eran personas ricas, no eran personas brillantes, eran personas comunes y corrientes, de las profesiones que había en ese entonces. Algunos eran pescadores, algunos eran publicanos, otros eran agricultores. Cristo no llamó a nadie espectacular entre sus discípulos.

Entonces, ¿de qué se trata esa corona que se habla en la Biblia? En el Nuevo Desamento se usan dos distintas palabras que significan coronas.

La más común de estas palabras griegas es Stefanos. De ahí viene la palabra Esteban. Significa Stefanos. De hecho, ahora a mí me gusta seguir el tenis y hay un jugador de Grecia que ese llama Stefanos. Y eso significa el que tiene esa corona como vencedor. Y en particular se refería a la corona de Laureles que se otorgaba en las grandes competencias atléticas.

Por ejemplo, los griegos tenían los premios en las olimpiadas. Lo que ganaban usaban una corona que significa algo redondo de Laureles. También tenían en Corinto los juegos hísmicos.

Las olimpiadas eran cada cuatro años. Los juegos hísmicos eran cada dos años. Esta corona no era heredada, sino ganada con el sudor de la frente en medio de una dura competencia.

Por el hecho de que era hecho de Laureles, no quitaba el gran significado. Personas se entrenaban toda una vida para estar en una de estas olimpiadas.

Con ellos se ganaba fama, riqueza, a veces le daban una pensión de por vida a la persona que recibía esa corona de Laureles. Se convertían famosos, viajaban a diferentes partes.

Esa es la primera palabra. Pero hay otra segunda, y curiosamente, del griego, latín, español.

Esta es la primera palabra. En el griego también, diadema. Era la corona usada por la realeza. Esta no era hecha de Laureles. Era hecha de oro. Tenía joyas.

En Apocalipsis 19, Cristo tiene diademas. Porque esto significa una corona de realeza. Apocalipsis 19, versículo 12.

Nos dice aquí, sus ojos eran como llama de fuego. Y había en su cabeza muchas diademas. Y tenía un nombre escrito que ninguno conocía, sino él mismo. Estaba vestido una ropa teñida en sangre. Y su nombre es el verbo de Dios. ¿Qué él viene a gobernar?

Es el símbolo del gobierno real.

Ahora, esta corona en que es el primer término, Stefanos, es la más frecuente. Son pocas la veces que se usa la palabra diadema en el Nuevo Testamento.

Más y todas las veces se usa Stefanos.

Y aquí hay siete distintos usos que tiene esta corona en el Nuevo Testamento. Siete diferentes usos.

En 1er Ecorintios, capítulo 9, vemos el primer uso y la primera lección. 1er Ecorintios, capítulo 9, versículo 24.

Pablo dice, no sabéis que los que corren en el estadio, y esto está hablándole a los corintios, que cada dos años tenían estos famosos juegos ismicos. Dice, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio. Corred de tal manera que lo obtengáis. Está hablándole a los hermanos y diciendo que tenemos una gran oportunidad. Pero no todos van a ser coronados.

No todos van a alcanzar recibir el premio. Versículo 25. Todo aquel que lucha de todo se abstiene, ellos a la verdad para recibir una corona corruptible. Stefanos, porque era una corona de laureles, y el laurel, siendo un vegetal, una planta, se marchitaba.

Y ya perdía su verdor, y se volvía. Color café ya no tenía tanta belleza. Ellos lo hacen para tener una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la aventura, no como si igual uno va a alcanzar el reino, sea como sea, no hay que hacerle mucho esfuerzo. Ya tiene ganada esa corona, no es así. Él dice, no como a la aventura, de esta manera peleo. No como quien golpea el aire. Es fácil cuando uno boxea con su sombra en la pared. La sombra no le puede devolver un golpe. Pero él dice, yo no estoy golpeando el aire.

Yo estoy con adversarios, poderosos, que quieren tumbarme. Y dice, sino que golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre. No sea que yo, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado. Él sabía, a pesar de todo, que él quizás no iba a cruzar la meta.

Él todavía se estaba esforzando, porque esa salvación es condicional. Es algo que se puede perder si uno se descuida, se desanima, tira la toalla. Entonces, aquí está hablando de que él mismo, siendo el heraldo, que era normalmente uno que era ejemplar y que salía adelante con los corredores y que estaba señalando el camino y que él podría ser eliminado. Así que nadie tiene su salvación garantizada. Y por eso, aquí nos habla de esta primera lección de la corona.

Para recibir una corona de Dios, hay que aplicar el máximo esfuerzo. Y no va a ser fácil esta carrera.

En Filipenses capítulo 2, versículo 12, dice Pablo, por tanto amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupáos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el que en ti te haces. Pero, ¿cómo es el hacer por su buena voluntad? Dios está con nosotros, pero depende de nosotros de mantenernos cerca de Él.

Tenemos que hacerlo con temor y temblor, que significa con mucha seriedad, con mucha dedicación. Y Dios va a estar aportando las ganas, el apoyo que necesitamos, pero sólo si estamos cerca de Él. Dios no va a ser la parte que nos corresponde a nosotros, y nosotros no podemos hacer la parte que le corresponde a Dios. Esto es una sociedad con Dios Padre, Jesucristo y nosotros. Por eso nosotros tenemos compañerismo con ellos. Pero si nos descuidamos, si nos alejamos, si le damos las espaldas, entonces ya ese poder, esa ayuda, se va desvaneciendo, desapareciendo.

La persona vuelve a sus viejos hábitos. Hay una visión que hay en el mundo, y hay una visión que está en la iglesia. Nosotros estamos mirando un mundo que viene, un reino, nos estamos preparando para eso. Pero si uno se descuida, empieza el mundo actual. Y la visión, no vamos a preocuparnos más de qué vamos a comer, qué vamos a hacer, a entretenernos, solamente a disfrutar la vida, y no es preocuparse de lo que viene en el futuro.

Entonces la visión tiene que ser mantenidas por lo que están activamente, luchando, esforzándose, corriendo la buena carrera de la fe. Veamos la segunda lección. Esto la encontramos en Filipenses, capítulo 4, versículo 1. Fíjese cómo Pablo anima a los hermanos, otra vez usando la palabra Stefanos, dice así que hermanos míos, amados y deseados, gozo y corona mía, están firmes en el Señor, amados. Aquí la lección es que somos preciosos ante Dios, aunque no seamos nada por ese santo llamamiento. Aquí es algo especial, somos especiales, somos como estas personas que Dios está preparando para una vez, hacerse coronas, diademas, en su reino, a pesar de que el mundo no lo toma nadie en cuenta, pero Pablo está hablando, ustedes son nuestro gozo, somos los que estamos trabajando con todos para que alcancen entrar en ese reino, darles el apoyo, la ayuda, la instrucción para que puedan ustedes tener esas coronas.

Y por eso no hay que menos preciar lo que Dios llama. Yo no los llamo, yo no los escijo, lo que Dios llama, vienen de todas las distintas avenidas de la vida. Pero una vez que están acá, y realmente se dedican y se esfuerzan vemos que sí quieren correr esa carrera, que quieren hacer las cosas a la manera de Dios, sino a la manera del mundo, entonces nosotros nos ponemos a disposición de las personas para ayudarlos.

Pero acuérdense, no todos los que empiezan esta carrera la terminan, hay algunos que la abandonan, hay algunos que se desaniman, hay algunos que buscan nuevos pastos, piensan que es más verde el pasto en el otro lado del cerco. Sea como sea, aquí nos habla de ese precioso pueblo de Dios. No menospreciar a los hermanos. En 1 Tres sonlicenses, capítulo 2, Pablo repitió lo mismo.

Cuando nosotros vamos a la fiesta, gozamos en ver quiénes van a estar ahí, quiénes están corriendo la carrera de la fe, quiénes no se han desanimado por el diablo y por los quehaceres del mundo. 1 Tres sonlicenses, capítulo 2, versículo 19, dice, ¿Por qué cuál es nuestra esperanza, o gozo o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, o corona, otra vez? ¿De qué me gloríe?

¿No lo sois vosotros delante de nuestro Señor Jesucristo en Su venida? El ministro trabaja tiempo completo para ayudar a los hermanos a mantenerse firmes, cumplir con estas metas y un día cuando Cristo resucite y vamos a ver ahí, ¡Ay, mire! Aquí está el hermano. Está elevándose. Está por recibir su recompensa. ¡Qué gozo! ¡Qué logró! Con el sacrificio y el esfuerzo de poder ser resucitado en esa primera resurrección.

¡Qué triste, no! Para el ministro, cuando llega ese momento y ve que casi nadie subió. Y ahí dice que a veces, apenas el ministro mismo logra eso. Pero nosotros tenemos aquí una apuesta muy valiosa que hemos puesto. Que aquí nos estamos jugando nuestra salvación. No debemos descuidar nuestra herencia. Esa corona que Dios nos está ofreciendo en Hebreos capítulo 12, versículo 14, nos habla de algunos que no lo alcanzaron. Hebreos 12, versículo 14. Dice aquí seguir la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Si uno no trabaja en su santidad, no lo va a alcanzar. No va a tener una corona.

Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios o el favor inmerecido, que brotando alguna raíz de amargura o se estorbe y por ella muchos sean contaminados. Es uno de los grandes peligros, personas contaminando a otras personas, envenenando su fe, sus actitudes, ver las cosas en forma negativa.

No sea que haya, y está hablando aquí entre vosotros, algún fornicario o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primo genitura, su corona, la vendió por un plato de lentejas. Porque ya sabéis que aunque después, deseando heredar la bendición, fue desechado y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Entonces, ya fue muy tarde. Esaú se descalificó de recibir una herencia tan maravillosa. Podría llamarse en la Biblia, yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Esaú. Porque Jacob era el hermano menor, eran mellizos, pero Esaú salió primero. Y la prima oenitura le pertenecía. Entonces, Esaú perdió su oportunidad porque era un hombre fornicario, era un hombre profano, se cansó con mujeres que no eran de la fe, él no lo tomaba muy en serio, la religión.

Y no cambió. Era un hombre mundano. Jacob sí cambió y se dedicó a Dios, aunque le costó mucho. No es como uno empieza la carrera, es como una termina.

La tercera, ves que la corona es mencionada acá, con un principio importante detrás de ello, es en 2 Timothy 4, versículo 7 y 8. Aquí estamos al final de la vida de Pablo, y él habla de su carrera de la fe, 2 Timothy 4, versículo 7 y 8. Dice, he peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe, por lo demás, me está guardada la corona de justicia, Stefanos de justicia, porque significa al que venció. La cual me dará el Señor juez justo, en aquel día, cuando Cristo regrese, y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida, todos van a recibir una corona de justicia. Sí, esa corona es algo que es el símbolo, de haber luchado, permanecido fiel, y haber perseverado hasta el fin. Entonces, aquí la lección es la importancia de la justicia, que es el desarrollo del carácter espiritual. Yo no le va a atregar a una persona, que tiene una corona de diversión, para que vayan y hagan lo que quiera. La justicia es la definición del camino de Dios. Tiene que ver con la persona que cumple con los mandamientos de Dios, que está ahí, que no va a dejar el camino santo, de los mandamientos de Dios. ¿En Salmo 119? 172 tenemos. La definición de lo que significa la justicia. Salmo 119, 172. Y dice, hablará mi lengua tus dichos, porque todos tus mandamientos son justicia. Obviamente, hoy día no podemos cumplir 100% con todo, que somos falibles, somos humanos, pero estamos abocados y enfocados en cumplir con los mandamientos de Dios. Ese es nuestro enfoque, esa es nuestra meta, que vamos a seguir adelante, tal como se mencionó, aquí, don David, de como él buscó y no encontró, que aquí hay un camino defectuoso de justicia. Aquí se cumplen los mandamientos, en forma como Cristo los amplificó y se desarrolló los mandamientos de su Padre. Y ese desarrollo de carácter espiritual tiene que ver también con la compañía con quien andamos. Ellos influyen mucho. Si uno anda en el camino con los injustos, va a ser fácil desviarse en Proverbios capítulo 24, versículo 11. A veces uno presta atención a personas que no se han mantenido fieles, no se han mantenido dedicadas y que quieren socavar la oportunidad de que uno tenga esa corona. Nos dice en Proverbios 24, versículo 21, dice, teme al eterno, hijo mío, y al rey. No te entremetas con los beleidosos. Palabra beleidoso significa una persona inconstante, una persona que un día está acá y otro día anda por allá, que nunca se sabe dónde van a estar. Queremos personas que sean estables, que sean personas dedicadas, que uno puede confiar que van a estar allí, que no son beleidosas, cambiantes, de doble ánimo, que nunca se sabe si son fieles o no. Y eso nos lleva a la cuarta mención de la corona en el Nuevo Testamento, en Santiago, capítulo 1.

Santiago, capítulo 1, versículo 12, nos dice, bien aventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida. Otra vez, Stefanos, símbolo de haber vencido y no ser vencido por el adversario. Recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman, porque son lo que cumplen con las leyes de Dios, siguen su camino, resisten las tentaciones. Dice, cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios.

Pueden venir pruebas, pero pruebas son diferentes que tentación. Somos probados porque Dios a veces quiere ver su corazón. ¿Qué tipo de resistencia? ¿Qué perseverancia? Pero la tentación es hacia el pecado. Satanás es el gran tentador. No Dios. Dios nunca tienta uno para que caiga en pecado. Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios, porque Dios no puede ser tentado. Él no puede caer en pecado.

No tiene en su naturaleza ninguna debilidad. No puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia, que significa aquí esa baja naturaleza, la naturaleza carnal, es atraído y seducido.

Los hombres tienen debilidades y las mujeres tienen debilidades. Pero todos tenemos tentaciones en que podemos caer. Tentaciones mayores, según yo he visto, de los hombres, tiene que ver con el poder, la riquezas, la competencia para ser importante en el mundo, lo que tiene que ver con la sexualidad, que el hombre es tentado con las imágenes sexuales que hay ahí está expuesto. Pero las mujeres tienen también tentaciones parecidas, pero también la vanidad es una muy grande, porque ellas compiten contra ellas mismas.

Y ahí, con la vanidad, muchas veces caen en tentaciones y empiezan a creerse tan especial y tan atractiva y que ahí empiezan a atentar a los hombres y empiezan a jugar el juego en que tarde o temprano se queman, tantas veces ahí, tentando y jugando, y de repente caen. También la envidia es algo poderosa en la mujer, que no soportan que alguien sea más bonita, o que sea más atractiva, o que tenga más que tiene uno. Entonces, eso es otra de las debilidades que hay.

También la parte sexual. La mujer también tiene una debilidad por ese lado. Pero lo que sea, dice aquí, que eso significa la concupiscencia, que son los malos deseos, los bajos deseos de la naturaleza carnal, y es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, estos pensamientos pecaminosos, después de que ha concebido, primero uno lo piensa, y después uno actúa sobre eso. Da a luz el pecado, ya con el hecho, sea que sea el hecho en la mente o en la acción, es pecado. Y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte, la sentencia. Uno ha pecado contra la ley santa de Dios, y merece la sentencia de la muerte.

Y sabemos que sólo a través del sacrificio de su Cristo se puede limpiar los pecados de uno. Entonces, aquí tenemos esta cuarta lección, que hay que resistir y vencer las tentaciones para ser coronado un día. Es una lucha diaria que tenemos con diferentes tentaciones, la mentira, obviamente, es muy común, todas estas cosas que cuestan vencer. Y eso nos lleva a la quinta lección de la corona, 1 Pedro 5, 1 Pedro 5, versículo 2.

Pablo está hablándole aquí a los ministros de la iglesia, y dice versículo 2, a pacentar la grey de Dios, grey es igual que rebaño, que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, no con un látigo, no con una vara, que uno está encima, no con una fuerza, sino voluntariamente.

Al final, ha visto lo que sucede con los hijos, si los padres siempre están ahí forzándolos, obligándolos a que no hagan cosas, o que hagan cosas que ellos no quieren hacer, y obligarles con esto y lo otro, bueno, cuando ya son mayores, abandonan el hogar, porque se desanimaron y muchas veces se revelaron, porque los padres no supieron cómo manejar correctamente, hay que tener cierto espacio para los niños, ellos tienen que aprender, uno tiene que ser paciente con ellos, no caer encima por las cosas, pero sí guiarlos y poner pautas.

Pero más allá de estas barreras no se debe cruzar, de esta raya uno raya la cancha, y hay que ser consecuente. Yo sé que con mis hijas nosotros rayamos la cancha, pero era amplia y ellas sabían que dentro de eso ellos podían desarrollarse, pero no se permitía faltarle respeto, ni sus hermanas, ni sus padres. Y ahí entonces se vio que no se permitían palabras feas, sucias, no se permitían que ellas rebajaran a las otras, y eso hasta hoy día es algo que han aprendido a desarrollarse.

Después ellas se llevan el rayado con ellas mismas, pero si se hizo en forma tan dura o primida, entonces ellos rompen todas las barreras. Eso no significa que somos tan especiales, pero tratamos de aplicar la palabra de Dios con sabiduría, continuo, con esfuerzo y sacrificio, aplicando misericordia, aplicando gracia, y Dios fue misericordioso y nos ayudó. Entonces aquí dice que deben cuidar al rebaño de esa manera, no por ganancia de sonesta.

Aquí no estamos hablando y buscando números. Dios es un Dios de calidad, no de cantidad. Entonces es la calidad de las personas, la calidad espiritual que nos interesa. No estamos aquí por tener números y hay, sí que entre, no importa. Si ellos aportan, si dan algo físico de aporte, entonces hacemos la vista gorda. No es así. Aquí dice no por ganancia de sonesta, sino con ánimo pronto ante Dios, no como teniendo señoríos sobre los que están en vuestro cuidado.

No son reyes, los ministros. No son autárticos y dictadores, sino siendo ejemplos de la greia. Uno está aplicando los mismos principios en la vida y cuando aparezca el príncipe de los pastores hablando de Cristo. Los ministros recibiréis la corona, los Stefanos, los incorruptibles de gloria. Nunca va a desvanecer o marchitarse. Entonces, lo importante aquí es saber que vale la pena todos los sacrificios. Y de hecho, en la vida hay que aprender a ponerse la corona de espinos antes de ponerse la corona real en el futuro.

Uno va a pasar sufrimientos, va a pasar humillaciones, va a pasar desánimo. La corona de espinos. Uno está en el futuro, y lo mismo. La corona de espinos. Uno está dispuesto a ponérsela y llevársela porque quiere una corona imperecedora, como dice aquí. Incorruptible de gloria. El que no está dispuesto a sufrir, no está dispuesto a ser humilde, pasar por críticas, pasar por dificultades. No va a recibir esa otra corona. Dios no se lo va a dar a uno de estos playboys que heredan todos sin hacer esfuerzo. No. La corona de espinos primero. Después viene la corona de laureles. Y la corona y la diadema final.

Después tenemos la sexta mención. En Apocalipsis 10. Dos días. Apocalipsis 2 días. Esta es la primera vez que doy este sermón. Y empecé preparándolo el día miércoles, antes de partir. Pensando en lo que es esta corona. En Apocalipsis 2, versículo 10. Hablándole a la iglesia de Esmidna. Dice, no temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados. Y tendré estribulación por 10 días. Sé fiel, hasta la muerte. Y yo te daré la corona de la vida. La corona de la vida eterna.

Entonces, aquí tenemos este principio. No dejen que el temor los paralice.

La atribulación es parte de la enseñanza. No dejen que el temor los paralice, porque la atribulación es parte de la enseñanza, del perfeccionamiento. En Segunda de Timoteo, capítulo 2. Segunda de Timoteo, capítulo 2.

En el versículo 10.

Un poquito... Vamos a ir un poquito antes. Ahora que vamos a empezar aquí, en versículo 3. Segunda de Timoteo, 2. Voy a cambiar aquí.

Dice, Tú pues sufre penalidades como buen soldado de su Cristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta. No es coronado, otra vez, aquí está el verbo de Stefanos, sino lucha legítimamente, que significa, según las reglas. Uno no va a ganarse el premio de ser coronado, sino respeta las reglas que Dios ha establecido. ¿Quién estableció que debemos ir a la fiesta de tabernáculos? ¿Fue eso un ser humano? No, es Dios. Estas son mis fiestas. Esas son parte de las reglas, que uno como atleta espiritual tiene que respetar. Él estableció el sábado, al principio. En el sexto día, creó a Daniela y descansó el día siguiente, como un ejemplo para que toda la humanidad respetara. Esas son las reglas de Dios. Si uno va a otros lugares protestantes, católicos, la gran parte de sus leyes son hechas por los seres humanos. ¿Ve alguna parte que dice que celebraré isla Navidad? Yo no lo veo. Pero si la Fiesta Santa no dice celebrar el domingo, el mundo lo hace. ¿Pero dónde está la regla que dice aquí que hay que guardar el primer día de la semana? Ninguna parte. Satanás ha engañado al mundo. El mundo no sabe que ha sido engañado. Dios tiene que abrir nuestros ojos para ver la verdad. Y eso nos lleva a la última aplicación de este término de la corona en Apocalipsis 3, versículo 10. Apocalipsis capítulo 3, versículo 10. Aquí le habla la Iglesia de Filadelfia, que nosotros pensamos que seguimos en la Era Filadelfia. Todavía falta la Era de la Odisea, que es cuando ya viene una gran apostacía mundial y que van a hacer pocos los que se mantienen firmes. Pero todavía estamos en la Era donde se abren las puertas para llevar el Evangelio al mundo entero y nos dice en el versículo 10. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, has perseverado, guardando mi palabra, dice Cristo. Yo también te guardaré de la hora, de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero. Esa prueba aún no ha llegado. Por eso, eso es indicativo, que esto tiene que ver con una Iglesia justo en los tiempos finales, antes de que Dios interviniera. Y eso describe el tiempo actual, por lo que nosotros entendemos. Dice, y yo te guardaré la prueba que ha de venir sobre el mundo entero para probar a los que moran sobre la Tierra. ¡Ey aquí yo vengo pronto! Retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona.

Quizás en esta era de la Iglesia, donde nos habla que Dios abrió las puertas, hubo más conversiones que en otras eras, desde el tiempo apostólico. Pero ¿cuántos han retenido esa corona? ¿Cuántos se han mantenido fieles? Yo sé que cuando yo estuve en la institución ambasador, del año 71 hasta el 75, había 700 estudiantes en ese entonces. Mi clase consistía en 170 estudiantes.

De ahí salieron decenas de ministros. ¿Cuántos permanecieron fieles? Muy pocos, muy pocos. Lamentablemente. Y por eso aquí nos dice que nadie te quite tu corona. Noten que no dice como que la corona en este sentido es algo lejano. No, Dios ha dicho a lo que Él ha tenido inscrito sus nombres en los cielos. Lo que se bautizan, reciben el Epidio Santo por la imposición de manos, dice ahí que en Efecios 2, versículo 6, que nos ha puesto en puestos celestiales. Entonces, es como que la corona ya es algo que uno tiene acceso si uno no se descalifica. Por eso es una corona segura si permanecemos fieles. ¿Quiénes quieren quitarnos esa corona? Hay tres grandes adversarios. Primero, nosotros mismos, nuestro ego, la vanidad, el orgullo, el no comprometerse, el temor, esto o lo otro. Nosotros somos nuestros peores enemigos, porque tenemos esa fierita de la naturaleza humana enjaulada y quiere romper la jaula y salir, cometer todo tipo de pecados. Entonces, nuestro ego es el primer adversario. El segundo es el mundo. Todo lo que el mundo busca, es mi vida a terzo sábado, es demasiado difícil. Guarda el domingo. Solamente tienes que guardar un par de horas y ya puedes hacer todo lo que tú quieres. El mundo lo tienta uno para dejar el camino de Dios. Y en tercera instancia es Satanás, el adversario que quiere que nos descalifiquemos. Por eso hay que vencer. De nada sirve haber corrido y luego perder la carrera al final. Yo me imagino que muchos acá, en la escuela, tuvieron que correr carreras. Y a veces, quizás el primero que salió parecía que iba a ganar, pero gastó todas sus energías y al final no logró cruzar la meta. Y no importa lo bien que corrió la carrera, si uno no termina, no es premiado. Es el primero que cruza el que recibe la meta. No es el primero que partió por adelante. Entonces, los reyes y las reinas de hoy día tienen sus coronas físicas. Están hechos de joyas bonitas. Pero saben, esas joyas no se pueden comer. Son cosas que no dan ninguna carácter espiritual a uno, no le dan ningún atributo. Son piedras bonitas que brillan, pero no tienen ninguna fuerza detrás de ellas.

Nosotros tenemos la oportunidad de tener coronas duraderas que sí vamos a disfrutar por una eternidad. Imagínense lo que es reinar con Cristo al final cuando ya hemos perseverado. Durante el milenio, los privilegios, las oportunidades, las bendiciones son incalculables. Y sin embargo, aquí estamos, corriendo la carrera de la fe. Por eso, ahora que vienen estas fiestas otoñales, hay que mirar hacia ese reino. Hay que mirar hacia esa recompensa, hacia esa corona de vida, de gloria, eterna y de justicia.

Estudió en Ambassador College por cuatro años, titulándose en Teología y Español y comenzó su ministerio en 1976. Es un escritor de Las Buenas Noticias, enseña en Ambassador Bible College y actualmente forma parte del Consejo de Ancianos de la iglesia. Además es Pastor Coordinador de las áreas hispanas y viaja continuamente visitando las congregaciones. Vive actualmente junto a su esposa Caty Seiglie en Anaheim y pastorea la congregación de Orange County, California. Tiene cuatro hijas y ocho nietos.

Nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años de edad. Después de vivir siete años en Miami, Florida, su familia se trasladó a Murphy, Carolina del Norte.