Todas las cosas ayudan para bien

Atrapar la vida. Es una búsqueda que muchas veces, en medio de fuertes dificultades, tenemos los seres humanos. La vida avanza y tarde o temprano se irá de nosotros. ¿Cómo aprovechar la vida? El testimonio de Margarita Gianoli nos enseña valiosas lecciones sobre la vida y la muerte. Mensaje entregado el 30 de junio de 2018.

Transcripción

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Mientras buscaba las palabras, como dice un escritor judío del siglo XX, el señor Chama, que dice en su libro de la historia de los judíos, según su visión, que él buscó las palabras para escribir su libro, mientras buscaba las palabras para escribir el boletín del día de ayer, me reencontré con un pequeño libro que me lo regalaron más o menos en el año 2014. La huella de Margarita Giannoli, me parece haberlo mencionado en el pasado. Ustedes saben quién fue Margarita Giannoli? Margarita Giannoli fue una dama chilena nacida en Santiago, más o menos en el año 1960. Y este libro, que en realidad más bien parece un folleto, ¿verdad? Por la cantidad de hojas que trae, trae 99 páginas. Así es que más parece un folletín, más que un libro. No obstante, este libro fue editado en Chile, escrito en Chile en el año, o lo menos, esta presentación es del año 2010. Impreso en salesianos, impresores, sociedad anónima. Así es que es un libro que relata la experiencia de vida de la señora Margarita Giannoli, quien a la edad de 45 años le diagnosticaron cáncer de mama. Y dicho sea de paso, este tema del cáncer a veces uno no lo trata, pero eso no significa que no exista. De hecho, quería contarles que el mostrador punto CL de marzo de este año 2018, escribe en su página central que cada tres horas en Chile se hace un diagnóstico de cáncer de mama. Cada tres horas. Esa es la estadística dura de los datos que tenemos en Chile, no es menor. Y no es menor que en Chile tres mujeres cada día fallecen a causa de este mal. No es tampoco una cifra tan pequeña. Y hasta aquí no hay un claro factor de riesgo para el cáncer de mama. Hay estadísticas que muestran familias que en donde no ha habido nunca un antecedente de cáncer de mama y nace una persona indistintamente de la edad quien sufre de esta patología. De manera que cualquier dama en nuestro país puede vivir este diagnóstico. El caso de la señora Margarita fue devastador. Devastador. Le diagnosticaron en el año 91 aquí en Chile. Y buscando una segunda opinión, ella viajó a Estados Unidos, a la ciudad de Houston, para recibir una segunda opinión. Y entonces ella fue con su batería de exámenes, que en general está la biopsia, está la eco, está la mamografía y están todos los otros exámenes que yo no conozco, pero que sí sé que es una variedad grande de exámenes. Y entonces presentó todos sus papeles allá en Houston. Abril del 95, mientras en Chile el tiempo empezaba a ponerse fresco, en Houston al sur de Estados Unidos florecía la primavera. El aire se sentía muy tibio ese día, a las 9 de la mañana justas. Isabel Margarita y Annoli Aldunate, de 51 años, acompañada de su hermana Silvia, cruzó la puerta de vidrio del centro de cáncer, MD Anderson, en la ciudad de Houston. En el cuarto piso la esperaba el encólogo jefe de la institución, quien después de un apretón de manos, le solicitó a Margarita los exámenes que ella traía desde Chile. Les pidió esperar. Salió de la pieza para volver 25 minutos después. El médico vestido de blanco de pies a cabeza tomó la palabra. Fue directo al grano. Le quedaban sólo tres meses de vida. El cáncer de mama sabía extendido al hígado, y entonces la recomendación, lo mejor que podía hacer era volver a Chile y estar con su familia.

¿Cómo reaccionaría uno ante una noticia así?

Su primera reacción fue caer en la cuenta que todos nos vamos a morir. De hecho, ella le replicó sin soberbia. Con entereza le dijo, así es que me voy a morir. Bueno, todos nos vamos a morir. Usted también se va a morir. Todos nos vamos a morir algún día. Eso le contestó ella al médico en esa mañana. Esa fue su primera reacción. Su segunda reacción buscó un lugar donde estar sola y decidió darse un largo baño de tina, mientras pensaba en cómo atrapar la vida. Su tercera reacción, después de meterse el baño, fue reflexionar en cómo atrapar la vida. Me llamó la atención esta frase de atrapar la vida, como si hubiera alguna manera de atrapar la vida. Eso fue la primera reacción o el primer pensamiento que se me vino a la mente. Por más que uno ame la vida, la vida se va. Uno piensa, un abrir y cerrar de ojos, la vida se nos va. Es como el relato que usted leyó hace un momento, don Germán, el tren de la vida. Se inicia este camino y este camino avanza, avanza, avanza, avanza y tarde o temprano la vida se nos va a ir. Quieramoslo o no lo queramos. Por eso esto de reflexionar, este reflexionar de Margarita, cómo atrapar la vida me hizo reflexionar. De hecho me hizo reflexionar el título completo de este libro. El título completo de este libro es así. La huella de Margarita Giannoli. Prácticas para vivir con cáncer de mamas. Ese es el libro. Este es el libro, la fundación que la corporación que la editó, lo regala a las damas que sufren de cáncer de mamas. Este es un libro que se pasa de mano en mano. Probablemente lo vendan, pero que se lo regalan a toda persona en Chile. Que participa de esta agrupación que se llama Yo Mujer, le regalan este libro. La señora Margarita dice aquí en su libro, postumo, algo que me resultó interesante y inspirador para este mensaje. Podríamos decir, la cuarta reacción que tuvo la señora Margarita después de tener este diagnóstico y de vivirlo. La vida te da día a día desafíos. Y este lo consideraré como uno más. Lo enfrentaré para vencerlo. Y estoy segura de que lo lograré. Son las palabras que yo, el doctor Roberto Rodríguez, cuando tuvo que comunicarle su diagnóstico. Recuerda cómo la actitud que tomó ese día, sin lugar a dudas, la cumplió con creces. Él, quien además es pariente de los Pirola Giannoli, muy cercano a la familia, fue quien tuvo el difícil de ver de informarle el diagnóstico la primera vez. Dice aquí, recuerda cómo ella durante ese tiempo vivió un proceso de crecimiento interior. Y fue ese crecimiento el que la hizo querer convertirse en testimonio viviente para otras mujeres que igual que ella eran víctimas del cáncer de mamas. Este relato de vida no es una ficción, no es algo que se le haya ocurrido a alguien. Esto es la realidad pura y verdadera de una dama chilena que vivió hace un par de años atrás, aquí en Santiago. No pocas veces en la vida nosotros, los cristianos, vivimos problemas y vicisitudes. No es que vivamos siempre con problemas, pero de vez en cuando todos los que estamos aquí podemos vivir problemas. Podemos vivir vicisitudes, pero sea cual sea la circunstancia o el problema, siempre hay lecciones que aprender. La vida y sus circunstancias tienen como propósito y finalidad enseñarnos una lección que podríamos definir como una lección general. Hay lecciones particulares, pero hay lecciones que son amplias y que abarcan todos los conceptos de la vida de los cuales nosotros analizamos. En romanos 8, 28.

En versículo 28 de romanos 8, y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Esto es a los que conforme a su propósito son llamados. Los creyentes en Cristo hemos visto esta lección traducida en nuestras vidas personales no pocas veces. Y lo hemos visto debido a que no pocas veces en la vida vivimos pruebas y aflicciones. Las pruebas y las aflicciones, si bien, como dije hace un momento, no se producen todos los días, es una realidad siempre presente. Siempre presente. Eso significa que siempre están allí latentes. Porque en cada momento, cada momento tiene su hora. Y nuestra vida pasa por distintas etapas o estaciones, como mencionó hace un momento don Germán. Vayamos a Ecclesiastes en el capítulo 3. Es interesante, toda la Biblia es interesante, pero Ecclesiastes es un libro escrito por Salomón en Jerusalén. Y él da cuenta de una realidad profunda. Y que uno la ha leído tantas veces, pero no deja de sorprenderlo a uno.

Se lo voy a leer y después los vamos a analizar.

Ecclesiastes 3, verso 1. Voy a leer desde el versículo 1 hasta el versículo 8.

Y tiempo de reír, tiempo de endechar, que es lamentar, y tiempo de bailar. Tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras. Tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar. Tiempo de buscar, y tiempo de perder. Tiempo de guardar y tiempo de desechar.

Tiempo de desechar, tiempo de romper y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar, tiempo de amar y tiempo de aborrecer, tiempo de guerra y tiempo de paz. Ecclesiastés 3 menciona 28 acciones o verbos. Esta escritura la he leído muchas veces, pero es primera vez que caigo en la cuenta que se mencionan 28 verbos. Verbos, no situaciones, no es que ocurran situaciones, no, sino que hay un tiempo en donde uno ejecuta acciones. Y hay 28 acciones. En algún momento de la vida yo hablé de los dos primeros, tiempo de nacer y tiempo de morir. Y hoy vamos a hablar de los dos últimos, tiempo de guerra y tiempo de paz.

Y entonces vamos a iniciar. Porque la vida y sus momentos encierran acciones y esas circunstancias nos entregan lecciones. Nos entregan lecciones. En el boletín del día de ayer yo mencionaba que los tiempos de prueba no son tiempos de destrucción. Sino tiempos de construcción. Dios no nos envía problemas o vicisitudes y de hecho muchos de los problemas son consecuencias de nuestras propias decisiones.

Pero Dios permite todo aquello. Y uno no vive algo para no aprender nada. Vivimos ese algo para aprender. Ahora, cada uno en su fuero interno aprende diferente. Pero aprender diferente no significa no aprender. Aprender diferente es aprender de maneras diferentes y aprender cosas diferentes. Algunos puntos en los cuales uno tiene que crecer. Y otras personas tendrán que crecer en otras áreas. Pero todos tenemos la vida para ejercer acciones. Y eso es lo interesante. Aquí en Cresias T es 3. Viendo que hay 28 momentos para desarrollar 28 acciones. La vida presenta momentos en los cuales vivimos guerra.

Y cuando menciono guerra, no estoy pensando solamente la guerra que se da entre las naciones. Porque la verdad, conflictos hay entre naciones. Más también se da entre personas. De hecho, uno piensa los conflictos en el mundo a veces se dan entre los que están a cargo. El presidente de un país lo declara la guerra al presidente de otro país. Pero los que mueren son los habitantes de las naciones. Y uno piensa, por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial, y en la Segunda Guerra Mundial muchos países fueron involucrados en esta guerra, que la inició Hitler al mando de Alemania.

Francia, Gran Bretaña, la Unión Soviética, Estados Unidos fueron países que participaron de esta guerra. Casi 6 millones de judíos fallecieron en la guerra, pero no solo fallecieron judíos. También fallecieron más de 100 mil soldados norteamericanos y muchos millones de rusos. Y para qué hablar de franceses, muchas personas murieron en esta guerra. No obstante, no obstante, no podemos circunscribir solamente este tiempo de guerra para hablar de las guerras mundiales.

En algún momento de la vida, todos nosotros hemos peleado. A un nivel más pequeño, pero hemos guerrillado igual. De hecho, Santiago, el hermano del Señor, plantea la causa de las guerras o de los conflictos que en el mundo se han hecho. ¿Verdad? O entre Chile y Perú y Bolivia. También se le llama conflictos, a la que se le llama la causa de las guerras.

¿Qué es el problema? No sé si ustedes han fijado, pero no sé si ustedes han fijado. ¿Qué es el problema? Perú y Bolivia, ¿verdad? También se le llama conflictos a las guerras. Y son palabras sinónimas. Y entonces aquí, Santiago, el hermano del Señor, plantea ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones las cuales combaten en vuestros miembros? Si nos fijamos, esta frase es plural.

Plural. Las guerras no se dan de manera solitaria. Las guerras se dan entre dos o más, o los conflictos, o las peleas. Yo me recuerdo siempre para pelearse necesitan dos. Las guerras se dan entre dos o más, y los conflictos interpersonales se dan entre dos o más. Para que haya una guerra, tiene que haber habido una agresión que fue respondida. No siempre reaccionamos como el proverbio. ¿Ustedes dirán cuál proverbio? Proverbios 15-1. No siempre reaccionamos así. Deberíamos reaccionar así, pero no siempre reaccionamos así. Proverbios 15-1. La blanda respuesta quita la ira. Más la palabra áspera hace subir el furor. No siempre uno reacciona de manera que pueda detener un conflicto en ascenso.

Es como cuando aquí en Santiago, los que hemos vivido la circunstancia de salir de Santiago, y entrar por angostura en el sur, uno se da cuenta de especiato cuando va llegando a Santiago. Porque pasa angostura por el sur y ya comienza un nivel de bélicosidad entre los conductores que llaman la atención. Los vehículos grandes empujan a los vehículos pequeños, de manera que los vehículos pequeños tienen que detenerse o arriesgarse a un eventual choque.

Y si uno baja el vidrio, para que realmente uno recibe una suerte de palabras que no siempre son cariñosas, no siempre uno reacciona con la blanda respuesta aquí de la ira. De hecho pensaba, esta calle Iquique se ha ido convirtiendo en una calle de alto tráfico. Hoy día sábado, no hay tráfico, no está el colegio.

Pero aquí está el colegio en Chilean Eagle, y hay otro colegio atrás. 8 de la mañana aquí es pero un tráfico gigantesco. A las 14 horas tráfico intenso, intensísimo. De manera que si uno sale a las 8 de la mañana, cuesta mucho salir, sacar el vehículo, puesto que se generan estos conflictos por el lugar. Yo siempre he pensado que esta calle debería tener tránsito para un solo lado. Porque como tiene tránsito para los dos lados, un lado es ocupado para estacionamiento, y entonces queda media calle solamente para transitar en ambos sentidos.

Y no siempre, como digo, uno ve enfrentamientos entre conductores de manera armoniosa. Nadie le dice a otro, por favor, ¿me podría usted ceder su espacio? Por favor, ¿me podrían ustedes dejar salir? Por favor. Bueno, para pelear se necesitan dos. Y suele ocurrir entre seres humanos tiempos de guerra. Y entonces eso genera dolor en las personas que viven aquí. De hecho, aquí Santiago le está hablando a hermanos como nosotros. Santiago no estaba hablándole al mundo, sino que estaba hablando allí a la congregación muy probablemente de Jerusalén.

Santiago fue quien estuvo a cargo de la congregación antes del año 70. Y entonces dice, ¿de dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? No le dice. Mire, ¿de dónde vienen las guerras y los conflictos afuera? No. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? No es de vuestras pasiones las cuales combaten en vuestros miembros. Codiciáis y no tenéis. Matáis y yardáis de envidia. Y no podéis alcanzar. Combatís y lucháis. Pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal para gastar en vuestros deleites o almas adulteras.

¿No sabéis que la amistad del mundo es en amistad contra Dios? Cualquiera pues que quiera ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano el espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anela celosamente? Santiago, hablando de estos tiempos de guerra. Ahora, no se vive siempre en guerra. O dijéramos, no es sano vivir siempre en guerra. La guerra permanente genera problemas permanentes. Se puede vivir un tiempo en guerra. Pero no se olviden que existen 27 acciones más para desarrollar en la vida.

Hablando de tiempos de guerra, ¿verdad? No siempre se puede vivir en guerra. Las guerras se dan en algunos momentos. Y habitualmente se necesitan dos o más personas para guerriar. Lo ideal sería no guerriar. ¿Verdad? Eso sería lo ideal. Pero no vivimos en el mundo ideal. Vivimos en el mundo real.

Y en el mundo real solemos ofender Santiago de nuevo. Un poquito antes. Aquí en Santiago 3, en el verso 1. Santiago 3 en el verso 1. Dice, hermanos míos, no os hagáis maestros, muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Esto es una frase que, honestamente, se repite varias veces en las escrituras. Al que más se le ha dado, más se le exige.

Eso es así. Y entonces por eso esto de cuidados, esto de ponerse como maestro. Porque uno recibe más condenación. Las exigencias son mayores. Los niveles son mayores. Dice, porque todos ofendemos muchas veces. Es interesante cómo Santiago no se excluye en esta frase. Dice, porque todos ofendemos. Todos ofendemos en plural. Aquí no hay singulares.

Si alguno no ofende en palabra, este es varón perfecto. Capaz también de refrenar todo el cuerpo. Esto de la palabra. La palabra nos distingue. Los biólogos, por supuesto, no los cristianos. Porque nosotros entendemos que fuimos hechos a imágenes y semejanzas de Dios. No obstante, la palabra nos distingue de todos los otros seres vivos del planeta. La palabra. El don de la palabra. Un regalo fabuloso. Porque con la palabra uno puede hacer muchas cosas. Muchas cosas positivas. Más también con la palabra a veces ofendemos.

Así de frentón. No irnos con medio días, sino que es así. Todos ofendemos de vez en cuando. Lo ideal, por supuesto, de nuevo, es que momentos... Hay 27 otros momentos. A veces uno guerrea. A veces uno ofende. A veces uno no responde bien. A veces. Esto no es siempre. Ahora. Ahora bien.

Pero no solamente de paz. De guerras se vive. También hay tiempo de paz. Y me llamó la atención, de nuevo, que la paz, si uno la analiza, no es una circunstancia solamente.

También es un verbo. Porque ¿qué es lo que hay que hacer para que haya paz después que ha habido guerra?

Hacer la paz.

O hacer las pases.

La paz no aparece en escena sin que haya una acción previa. La paz es un efecto de otra acción, que se llama hacer la paz o hacer las pases. Para lograr la paz, se deben hacer esfuerzos tendientes a la paz. Cuando ha habido una guerra, se debe iniciar un camino que se conoce como reconciliación. Pero la reconciliación no es ausencia de guerra.

Chile-Argentina. Nunca hemos tenido un conflicto armado, pero hay que ver que tenemos ciertas animadas versiones. ¿Verdad? Ocurre con muchos países que son limítrofes. Muchos países que son limítrofes no tienen guerra. Pero eso no significa necesariamente paz.

Eso significa simplemente la tensia. La tensia. Tarde o temprano da a luz un momento álgido. ¿Cómo hacer la paz o hacer la paz? Wikipedia lo define como reestablecimiento de la concordia y la amistad entre dos o más partes enemistadas, también conocido como reconciliación. Y entonces aquí una pregunta. ¿Cómo hacer la paz o hacer las pases? ¿Hacer la paz o hacer las pases se logra a través del proceso de la reconciliación? ¿Y cómo se logra la reconciliación? Toda reconciliación se logra a través del perdón.

¿Sabían ustedes que los científicos en la actualidad dicen que el perdón es terapéutico? ¿Habían escuchado hablar de aquello? El perdón es terapéutico. Se usa como un remedio. Se ayuda a sanar la mente y el corazón. Eso dicen los científicos. En pleno siglo XXI. En pleno siglo XXI. Y la Biblia lo tiene aquí hace dos mil años atrás. Escrito. Que la reconciliación, que el perdón hace bien. El perdón hace bien. El perdón nos hace bien a nosotros. Se los voy a leer. Esto lo pueden ustedes encontrar en triple W. ¿Cómo aprender a perdonar? Búquelo y lo van a encontrar. Pero hay una enorme cantidad de artículos. Y este me pareció un buen artículo.

El proceso terapéutico de perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia. Comienza a introducirse en los años 70. Pero no es si no hasta los 90 cuando se empieza a considerar una herramienta terapéutica para tener en cuenta. Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño por otras constructivas. Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas. El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación, pero definitivamente ayuda. Definitivamente ayuda. Perdonar o perdir perdón son opciones personales que no necesitan de la colaboración de la otra persona. Definitivamente. Uno puede perdonar sin que la otra persona le pida disculpas a uno. No obstante, vamos a ver cómo se procede cuando vivimos la circunstancia de que dos hermanos hayan peleado. ¿Estarían hablando algo tan ajeno a nosotros? Las estadísticas no dicen aquello. Ahora, eso no significa que toda nuestra vida sean conflictos. Pero una 28 agua partes de nuestra vida, la escritura lo menciona como tiempo de guerra. Y entonces uno puede ir sacando cuenta si uno vive 80 años y uno vive por 28, da más de un año. Da quizás más de dos años. Quizás tres. Y ahí uno empieza a ver qué tan equilibrada es su vida. No puede estar toda la vida en guerra. Si pasa del porcentaje es porque hay algo en lo cual hay que trabajar. Aquí clasificación del perdón. Hay distintos tipos de perdón entre los autores que investigan el tema. Perdón unilateral, perdón disposicional, perdón a otras personas y perdón a uno mismo. Y aquí el proceso de reconciliación. Desde un punto de vista terapéutico, la petición de perdón se puede hacer siguiendo los siguientes pasos. Primero, reconocer el daño. El proceso de reconocer lo supone un acercamiento profundo al otro y así poder permitir a la víctima expresar su sufrimiento de forma plena. Segundo, sentir de verdad el dolor del otro, lo que se conoce como empatía. Para pedir perdón es preciso ser consciente de que se ha hecho un daño importante al otro para poder sentir su dolor. Tercero, analizar su propia conducta. Para el ofensor saber cómo y por qué hizo lo que hizo es interesante para poder compartir ese conocimiento con la otra persona y avanzar en el proceso de pedir perdón. Hay montones de razones por las que alguien decide hacer algo que causa daño. Hay un sin número de razones por las cuales alguien hace daño. No siempre las causas son las mismas. A veces es ira, pero a veces es codicio. A veces es mentira. A veces es murmuración. A veces es tantas cosas, tantas cosas. Y por eso saber cómo y por qué se hizo es bueno, es terapéutico.

Dice aquí, no se trata de encontrar excusas para los actos. Porque un acto que ha generado dolor a otra persona no es un acto correcto.

Y en consecuencia, no hay daños que no sean hechos por causas correctas. Si uno ama al hermano, tratará de hacer lo mejor al hermano. Y entonces dice aquí, no se trata de encontrar excusas a sus actos, sino de establecer una base para poder realizar la siguiente fase. ¿Cuál es la siguiente fase? Después de analizar su propia conducta, definir un plan de acción para que no vuelva a ocurrir tal acción. Mientras uno no haga ese proceso, uno eventualmente puede volver a cometer la misma acción. ¿Por qué pudiera ser por inconsciencia? Mira, yo no sabía que te ofendía. Yo les voy a contar una experiencia. Cuando trabajaba en el Centro de Salud de Gil de Castro, que ahora se llama Pedro Sabat, había un señor que se llamaba Pedro. Por motivos. Me pueden estar escuchando. Pedro. Pedro Cardán. Pedro Cardán. Y a mí me hizo recuerdo de un dibujo animado que se llama Pierre. Pierre Cardán. Pierre Cardán. Y yo, en forma muy simpática, desde mi parte de vista, yo a mi amigo Pedro, Cardán, le decía Pierre. Pierre para acá, Pierre para allá. Y yo nunca noté que a él no le gustaba que me dijeran Pierre. Él se llamaba Pedro. Hasta que un día me lo hizo saber. Me dijo, sabes que a mí en otra época me trataron como extranjero y me persiguieron porque decían que mi nombre era Pierre. Pierre Cardán. A veces uno hace cosas que no sabe que a las otras personas les molestan. Pero si uno no hace el análisis, nunca jamás cae en esa cuenta. Así es que nunca más, nunca más, en mi caso, me esforcé por no decirle, Pedro, Pierre. Le decía en mi mente, yo pensaba, yo lo veía y decía, Pierre, no le gusta que le digan Pierre. Así es que analizar nuestra propia conducta nos puede permitir elaborar un plan que impida que vuelva a ocurrir tal o cual situación. Y la quinta acción es pedir perdón explícitamente al otro. Pedir perdón explícitamente al otro. Y si se puede restituir el daño causado. A veces no es posible restituir el daño, a veces. Pero siempre que sea posible es preciso restituir el daño causado. Bibliografía. Como perdonar de Jackie B. Shoppe y Mary Grunte. El valor psicológico del perdón en las víctimas y en los ofensores de Enrique Echeberría. La capacidad para perdonar el perdón como herramienta clínica. María Prieto Urzúa. De toda esta bibliografía, y por eso lo estoy leyendo, me duele que no hayan puesto a la Biblia. Cuando la Biblia es el texto guía de muchas de las cosas que yo acabo de leer el día de hoy. La Biblia hace dos mil años que ha hablado de este proceso de reconciliación. Y muchas partes de la Biblia están destinadas a ello. Y me duele que cuando uno lea un artículo se omita. Se omita como si la Biblia no lo dijera. Y luego lo dice. Y lo dijo mucho antes que estos señores siquiera nacieran. Pero vivimos en un mundo en donde se saca Dios. Claro. Claro. Pero Dios nos enseña a nosotros cómo aplicar este principio para hacer la paz o hacer las pases. Esta semana pude caer en una cuenta a la cual he caído en otras ocasiones. Pero esta semana lo puede vivenciar con mayor claridad. Vamos a repasar esta tarde, el resto que me queda de tiempo. Mateo 18. Mateo 18. Una escritura clásica a la hora de pensar en la reconciliación.

Y la cuenta a la cual caí esta semana es que me parece haber mencionado ya en el pasado que los capítulos y los versículos fueron agregados al texto original. Aquí se los voy a leer. Se dice que la división de la Biblia en capítulos se debe al clérigo inglés Stephen Langton, que en tiempo después llegó a ser el arzobispo de Can Temburi, la llevó a cabo a principios del siglo XIII, cuando era maestro en la Universidad de París.

Así es que del siglo XIII más o menos tenemos la subdivisión de los textos en versículos y capítulos. Antes de aquello no existían. De hecho, no sé si ustedes han dado cuenta, pero en Lucas o en el Nuevo Testamento, cuando se hace una referencia a una arquitectura antiguo-testamentaria, se dice como el profeta Isaías dijo, como el profeta Jeremías dijo. ¿Verdad? Porque esto de los capítulos y de los versículos en esa época no existía, no estaban.

Y entonces encontrar un texto era difícil. Encontrar un texto. Había que leer el texto entero. De hecho, en los rollos del Mar Muerto, el libro de Isaías, que es uno de los textos que están más completos, que le faltan unas pequeñas partecitas y que está expuesto en el Museo del Libro allá en Jerusalén, el rollo mide una cantidad de metros, que no recuerdo la cantidad de metros que mide el texto, pero está todo decorrido.

Así es que encontrar una escritura así como Isaías 8 o 11, eso impensado. Había que leer completo y saberse la escritura para poder entonces dar una cuenta de un detalle de cualquier tema. Y por eso la mención es el profeta Isaías habló, el profeta Jeremías dijo, las escrituras dicen, y no como en la actualidad, cuando uno quiere dar una cita antiguo-testamentaria, en general, todos los que predicamos solemos decir Isaías o proverbios 15-1, y uno menciona la escritura, pero es porque está, pero en la antigüedad no estaba.

Y si bien es una herramienta poderosísima a la hora de estudiar cualquier tema, a veces ocurre, ¿qué es lo que puede ocurrir? A veces uno comienza a leer cuando ya el tema ha iniciado. A veces los temas terminan un poquito después, y uno los corta. Me pasó o me pasaba cuando uno estudia la parábola de los dos deudores. Porque de hecho, en la versión reina Valera del año 1960, viene con un subtítulo y dice los dos deudores. Yo los invito a ir a sus Biblias.

Este es un ejercicio que puede ayudar mucho a la hora de sacar conclusiones. Jesucristo menciona esta parábola y dice, por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Así parte la parábola de los dos deudores. Pero ¿dónde parte el tema? ¿Dónde parte el tema? Jesucristo estaba dándole una respuesta a Pedro. Pedro le hizo una pregunta a Jesucristo. Y si ustedes se fijan dos versículos antes, y por eso digo que es un ejercicio, iban a tener que ir a sus Biblias, iban a tener que buscarlo para poder desarrollar este ejercicio.

Versículo 21. Entonces Pedro se le acercó y le dijo, Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí hasta siete? Pedro tenía una duda respecto de qué hacer para reconciliarse. ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano? De hecho, la escritura aquí menciona que Pedro le pregunta a Jesucristo por un hermano, no por un desconocido, es llamativo, ¿verdad? Mira, si un extranjero viene a mí y me ofende, no, no, esa no fue la pregunta. La pregunta fue, ¿si mi hermano? ¿Qué hago si mi hermano? Y entonces una lectura es, bueno, estas cosas ocurren entre hermanos, ya lo hemos mencionado.

Y entonces Pedro le dice, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano? Hasta siete. Y uno piensa, siete veces, no es menor, ¿ah? No es un tema menor. No obstante, Jesús le dijo, no te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete. Entonces aquí comienza, y de hecho la palabra hermano, eso es lo que iba a leer. La palabra hermano que se usa aquí es Adelfos. Adelfos. Lo pueden buscar después en el libro Strón. Que viene, es una palabra compuesta que dice, de... Adelfus que es vientre. De vientre. Hermano, literalmente. Cercano o remoto. Hermano. Hermano. Y entonces aquí algunas preguntas. ¿Cuántas veces he de perdonar? ¿Hay límites para el perdón?

O podemos hacer otra pregunta. ¿Hay algo que uno no pueda perdonar? ¿Habrá alguna ofensa que no podamos sobrellevar? Bajo esta mirada, Jesús instruyó a Pedro y a nosotros para que aprendamos a perdonar. Y también para que perdonemos.

Y entonces Jesús comienza con la parábola de los dos deudores. Porque le dice, no te digo hasta siete sino hasta una, hasta setenta veces siete. ¿Por qué? Por lo cual, el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y aquí dice, y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.

En esta ocasión me dio el trabajo de buscar esta cifra. Un talento era un peso, no un peso de peso, era una medida de peso. Equivalía a veintiun kilos de plata. Para entender esto, si un denario equivalía a cuatro gramos de plata, entonces un talento equivalía a seis mil denarios. Un jornalero judío ganaba un denario en todo un día de trabajo. Si un jornalero quisiera ganar tan solo un talento, tendría que trabajar seis mil días. O mejor dicho, casi veinte años. Un cálculo aproximado, estos diez mil talentos, sería como mil millones de dólares.

Eso sería la deuda, en la actualidad si uno tuviera que llevarlo a cifras. Estos cálculos lo hice jugando con la calculadora, viendo más o menos cuánto gana un jornalero aquí en Chile. Y cuánto gana en veinte años, y de ahí sacando la cifra, que prácticamente no entraba en la calculadora, lo dividí por 650 o 600, el precio que está el dólar, y me dio esta cifra, más o menos mil millones de dólares en deuda.

Esa es la deuda a la cual aquí el primer deudor podríamos decir. Esa sería una deuda.

Entonces, y comenzando a hacer cuenta, le fue presentado uno que le debía 10 mil talentos. A este, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, ya su mujer e hijos, y todo lo que tenía para que se le pagase la deuda. Entonces, aquel siervo postrado le suplicaba diciendo, señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Y entonces uno dice, bueno, harta paciencia, tendríamos que pensar, ¿verdad? Porque estamos hablando de una cifra estratosférica.

Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo movido a mi sericordia le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus conservos que le debía 100 denarios.

Un denario era el trabajo de un día, un jornal. Y entonces aquí se encuentra con un hombre que le debía 100 días de trabajo. Más o menos. Más o menos.

Y haciendo de él le ahogaba, diciendo, págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le ahogaba diciendo, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos, lo que pasaba, se entristacieron mucho y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor le dijo, siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné porque me rogaste. No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti. Entonces su señor enojado le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi padre celestial hará con vosotros, posea con nosotros, sino perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

En la parábola se nos habla de perdonar, pero también vemos cómo se desarrolla el proceso para ser perdonados, que no es menor. Si nos fijamos está la deuda, contrajimos una deuda por alguna razón que no se especifica. Las escrituras muy escuetas, dice que uno le debía mil millones y otro que le debía cien días de trabajo, pero no se dice por qué o debido a qué, pero la cosa estaba en que estaba la deuda.

Ambos caen en desgracia, no pueden pagar.

Ambos casos piden perdón.

Un caso se acepta el perdón y otro caso no.

Han pasado 20 siglos y los científicos han llegado estas mismas conclusiones.

Deuda, petición, aceptación, reconciliación. Cuando hemos sido ofendidos debemos aprender a perdonar.

Más también, porque la vida presente estos 28 momentos y la escritura dice que todos hemos ofendido alguna vez, también debemos aprender a pedir disculpas.

Se necesita valor y humildad para pedir disculpas, realmente. Y se necesita también un espíritu convertido para aceptar las disculpas.

Ambos atributos los da Dios definitivamente. Valor a través de su espíritu. La escritura menciona aquí en 2 de Timoteo 1-7 que Dios dice que es el que se hace. Y Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía. Para pedir disculpas hay que tener el valor para hacerlo.

Y eso, ustedes se fijan, es lo que se da aquí. Ambos casos, el que debía los mil millones de dólares pide perdón. Y el que debía los 100 enarios pide perdón.

Y entonces, cuando uno ha ofendido y la escritura dice que todos hemos ofendido, si uno se da cuenta que ha ofendido lo correcto es pedir disculpas. Y no esperar que esto ocurra en forma espontánea.

Debería ocurrir en forma espontánea. Uno piensa, ¿verdad? Como dice 1 Corintio 6-7. Pablo, hablándole a los Corintios, cuando les dice, así que por cierto, es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. Y Pablo les dice, bueno, ¿por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser de fraudados? Pero la realidad es que todos ofendemos de vez en cuando y todos de vez en cuando debemos aprender a pedir disculpas.

Y aquí, entonces, está otra pregunta. ¿Sus acciones nunca merecen el atributo necesario para que uno pida disculpas?

O lo puedo decir de otra manera. A veces pasa que no nos disculpamos.

Lo ideal sería no ofender, pero vivimos en una sociedad, en un mundo en donde de repente límpeto, la vehemencia y a veces nuestra propia inconsciencia respecto de los sentires y dolores de un hermano ofendemos.

Y si ofendemos, entonces, si tomamos conciencia de aquello, entonces tenemos que ir al hermano y pedirle disculpas.

Lo ideal sería no ofender, pero somos seres humanos que vamos caminando hacia la perfección y a veces nuestra lengua nos hace pecar.

Y a veces es necesario vivir el proceso de la reconciliación.

La guerra y la paz forman parte de nuestra vida. Eso dice Ecclesiastés. Es uno de los 28 momentos en la vida. Como dije hace un momento, una 28 a parte de nuestra vida, uno ha vivido un conflicto.

Ya sea ofendiendo o ya sea siendo ofendido. Pero también es interesante como la escritura cierra el capítulo de los momentos. El capítulo de los momentos se cierra en paz. Y como dije hace un momento, paz no es solamente la ausencia de guerra. No es el cese de hostilidades. No. Tiene que existir el proceso de la reconciliación para que haya paz. La guerra y la paz forman parte de nuestra vida. Y en ambas circunstancias podemos aprender las lecciones que nos demandan las circunstancias. Yo quisiera pensar que no viviremos tiempos de guerra, pero hemos vivido tiempos complejos.

No obstante, he visto como Dios arregla los conflictos más difíciles. De la manera como Dios solo hace las cosas. Uno piensa en experiencias de vida como la de la señora Margarita. Que viviendo una cosa tan dura, igual aprendió a sacar lecciones positivas. De hecho, es un referente en Chile para las damas que tienen cáncer. Y sacó lecciones tremendas. Ella se dio cuenta, por ejemplo, que en la sala de espera, cuando estaban esperando ser atendidas, las damas conversaban entre ellas y se pasaban datos de dónde venden pelucas. De dónde pueden sacar esos polvos para no verse tan pálidas. De dónde sacan esos pañuelos cuando las personas aplican estas terapias químicas, se les cae el pelo. Y entonces, bueno, un pañuelo es más barato que una peluca. Y entonces a ella se le ocurrió decir, ¿y por qué no regalamos? ¿Por qué no le pedimos a un centro de belleza que regale pelucas?

Es sacar lecciones de los momentos más tétricos. Y uno piensa o reflexiona, la señora Margarita no llegó a conocer este camino.

¿Cuántas más lecciones tendríamos que aprender nosotros a quienes Dios nos ha compartido su espíritu? Dios nos hace vivir distintas circunstancias y momentos en los cuales existen 28 acciones, de las cuales la última mencionada es la paz. Y cuando uno reflexiona en esto y piensa en las experiencias de vida que estamos todos viviendo, no podemos, sino caer en la cuenta que Dios nunca nos va a probar más allá de lo que podamos soportar. Y más aún, se cumple la Escritura de Romanos 8. Todas las cosas ayudan a bien a los que aman. Adiós.

Nació y se educó en el sur de Chile. Kinesiólogo de profesión se desempeñó como tal además de Anciano Local hasta el 2010. Pastoreó Chile y Argentina hasta principios del 2022. Ahora vive en Valdivia junto con su esposa María Albarrán asistiendo al Sr. Marcelo Saavedra.