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¡Bienvenidos!
Y por eso ahora sí estamos listos para el mensaje principal de hoy día.
¿Quieren saber un secreto?
Acerquense. Le voy a contar un secreto.
La gente le ama secretos, ¿verdad? Le llama la atención.
Le voy a contar un secreto. Venga, arrime en la orejita.
He loído.
Bueno, en la Biblia hay un gran secreto que por milenios había sido escondido.
Y la Biblia claramente nos dice que hay un gran secreto que por miles de años el ser humano no sabía cuál era.
Y luego que se le entregó a los apóstoles y profetas, en particular al apóstol Pablo, para anunciar ese secreto de Dios, no solo a los judíos, sino al resto de la humanidad.
Sin embargo, hoy día nadie le presta atención a este gran secreto.
Para la gran mayoría del mundo cristiano, protestante, católico, este gran secreto no tiene mucho significado, porque va en contra de la explicación que ellos tienen. No cuadra con lo que ellos hablan del plan de Dios, no cuadra con la imagen del cielo o al infierno.
Entonces para ellos no le convienen que las personas conozcan este secreto.
Pero en la Iglesia este secreto coincide con las verdades que nosotros entendemos. Y obviamente este secreto enriquece los conocimientos que tenemos nosotros.
Es un secreto que solamente se le ha dado una vez al hombre, una vez a la humanidad, una vez en la historia que se dará hasta la Avenida de Jesucristo. Y Dios reveló lo que Él tenía planeado antes de la creación del universo, cuando Él y el verbo decidieron llevarlo todo a cabo.
Inclusive Dios no le contó a los ángeles cuál era ese secreto.
Los dejó en suspenso hasta en el Nuevo Testamento a través de Jesucristo.
Y después con la revelación que Jesucristo le dio a sus apóstoles y profetas del Nuevo Testamento se dio a conocer. Pero de nuevo ha pasado prácticamente desapercibido, porque no calza con lo que se enseña en el resto del mundo.
Podemos ver el meollo de ese secreto mostrar que en la Biblia nos habla de este gran secreto. No es algo que yo estoy inventando o exagerando.
Se encuentra en Efecios 3, versículo 9.
En Efecios 3, versículo 9, empezamos esta novela de misterio.
¿Cuál es este secreto?
Que hasta los ángeles querían saber y no lo supieron hasta que fue revelado. En Efecios 3, versículo 9, aquí dice, hablando de lo que él iba a entregar y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios que creó todas las cosas.
El problema que tenemos es con la traducción aquí, que nos habla de la dispensación del misterio.
No nos ayuda mucho entender esto.
En la versión, la palabra, está un poco más clara.
Dice, Dios me encargó el trabajo de sacar a luz su plan secreto, que desde el principio de los siglos se hallaba escondido en Dios, creador de todas las cosas.
Entonces aquí nos vamos acercando un poco más.
Y este secreto debe cambiar nuestra perspectiva de vida, debe cambiar nuestro comportamiento, porque es tan grandioso, tan perfecto y sublime, que nosotros como seres humanos no podemos captar o comprender.
¿Cómo Dios podía haber hecho esto?
Antes de contarles de este gran secreto, remontémonos a los tiempos del apóstol Pablo. En ese entonces, el pueblo de Israel, que era el pueblo judío, que era el visible, en ese entonces, estas otras tribos de Israel habían emigrado, habían perdido su identidad.
Entonces era el pueblo judío que retenía los oráculos de Dios, la palabra de Dios, pero ese judaímo estaba en crisis.
Bajo el gobierno romano, que para ese entonces, eran casi 100 años, del año 68 a.C., cuando el general Pompeyo conquistó a Israel.
Aquí estamos en los años 40, 50, después de Cristo. El gobierno romano controlaba a los gobernantes en Judea y a los sacerdotes. Ellos eran los que nombraban a quién iba a ser el sumo sacerdote. Y la casa de Anás y sus descendientes, durante el tiempo de Cristo hasta Pablo, eran todos corruptos.
Inclusive el Talmud, judío, habla pésimamente de la casa de Anás, porque eran tan corruptos.
Anás, Caifás, todos estos eran familiares.
Los fariseos, a cargo de enseñar al pueblo judío, se habían hundido al multiplicar mandamientos y tradiciones de hombres, que en mucho caso, contradecían.
Los mandamientos de Dios. Volvieron la religión judía en una carga muy pesada.
También había una gran separación entre los judíos y los sentiles. Un gentil no podía entrar en un hogar judío.
No podía comer con un judío, porque los judíos consideraban que quedaban ceremonialmente impuros.
Y el problema básico que había en la religión, en el judaísmo, era que no existía un método para producir una conversión personal y espiritual de la persona.
Todo estaba basado en la circuncisión infantil.
Un niño judío lo bautizaba, lo circuncidaba, mejor dicho, a los ocho días y se volvía parte del pueblo de Israel.
Entonces le enseñaban los preceptos en las sinagogas. Y cuando cumplían 12 años, hacían su famosa ceremonia para ya volverse en adultos, que ellos ya eran como un rito de paso para adelante y eran considerados como parte de la comunidad judía. Pero no había un rito de arrepentimiento de los pecados propios y de recibir el Espíritu Santo.
Y ese era el problema básico del judaísmo. Todo estaba basado en esa circuncisión infantil y leyes rituales basadas en sacrificios de animales para expiar ceremonialmente al pueblo.
Pero para los pecados más graves como adultelio, como fornicación, robo y asesinatos, era la administración de muerte.
No había ningún rito ni sacrificio de animal para eso. Era la administración de la muerte.
Los profetas del antiguo destamento denunciaron este problema, que se había vuelto una religión externa.
Pero casi nadie tenía una conversión interna.
Y sin embargo, todo esto estaba siendo permitido por Dios, porque Él iba a revelar su gran secreto.
De cómo Él iba a remediar el problema del hombre, del pecado y que ya tenía un plan. Desde antes de la creación del universo. Pero todo tenía que ser a su tiempo.
Nadie podía apurar a Dios.
Y entonces, a los apóstoles y profetas del nuevo destamento, les tocaría revelar este gran secreto, que es el misterio.
Y ahí voy a terminar, porque la próxima vez que vengo, le voy a contar lo que es.
Ah, tengo todavía la atención de todos.
Bueno, este es el gran secreto.
El misterio que Dios tiene para compartir todas las cosas. Con la humanidad y que se llevará a cabo en etapas.
Como escalones ascendientes en una escalera, hasta que abarcará todo.
No sólo era para Israel, sino sería para todo el mundo.
Y Pablo, mayormente, se le entregó la misión de revelar ese secreto de secretos.
Y él lo hace sin alardes, sin hactancia, sin bombos y platillos, en una forma sencilla y humilde, como un anuncio de parte de Dios.
¿Qué podía pasar desapercibido?
Yo llegué a entender más de esto, debido a ese estudio sistemático de los escritos de Pablo, y especialmente los de Timoteo y Tito, que acabo de terminar.
Y ahí se fue vilumbrando algo que nunca había yo enfocado tan profundamente en ello.
Y hay una palabra en particular que me abrió el camino.
La llave que abrió la cerradura.
Vamos a verlo. Pasemos a Tito capítulo 1.
Tito capítulo 1.
Versículos 1 al 3.
Vamos abriendo la puerta.
Dice Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios. Él se considera como uno de esos escogidos. Y el conocimiento de la verdad que es según la piedad. La verdad va con las obras. Con la forma de ser, no es solo conocimiento de cabeza. También es de corazón y es de acción.
En la esperanza de la vida eterna. Entonces, en el momento que nos vamos a ver, es que el plan de Dios es ofrecerle la esperanza de la vida eterna a los seres humanos.
Dice la cual Dios que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos. Antes de la creación del universo, Dios tenía en mente, ya planificado.
El ser humano va a tener la oportunidad de obtener la vida eterna. Hoy día se ha diluido y aguado esto porque le dice no, si tú tienes alma inmortal, igual vas a ir al cielo. Tú no necesitas la esperanza, tú naciste con eso. Una vez que te conviertes, ya baja al cielo. Pero realmente, si la persona no se bautiza y no recibe el Espíritu Santo, uno muere en sus pecados, muere condenado y merecedor de la ira de Dios. Pero por el plan de Dios, él tiene en mente ofrecerle la vida eterna a las personas en sus etapas, en su debido momento. Entonces Dios no va a dejar al hombre perdido, pero se diluyó esta esperanza de la vida eterna. No dice que le va a dar la vida eterna porque no es una garantía, es un ofrecimiento de la vida eterna.
Y dice, este conocimiento del plan de Dios dice que a su debido tiempo manifestó su palabra por medio de la predicación que me fue encomendada por mandato de Dios nuestro Salvador. Pablo fue encomendado a entregar principalmente este secreto de Dios. Se lo entregó a los otros apóstoles. También habían profetas que ayudaban con esto, pero Pablo fue el principal. Por eso tenemos tres epístolas de Pablo. Tenemos 12 epístolas de Pedro. Tenemos varias de Juan, pero la gran mayoría son epístolas de Pedro. Entonces, tenemos el ofrecimiento a la humanidad de la esperanza de la vida eterna antes que el tiempo comenzara. Es un término que significa que hubo un momento que el tiempo no existía. ¿Cómo lo conocemos? Y eso es algo que en la física se ha descubierto. Es un objeto que el universo incluye el espacio y el tiempo. Es parte del tejido del universo. Y Dios está separado de ese universo, que es como una bola de energía y fuerzas. Y Dios puede entrar y puede salir. Pero Él no está sujeto a el paso del tiempo como nosotros en este universo. Entonces, teniendo esto como el trasfondo, podemos entender mejor el meollo que se encuentra en el libro de Efecios, en el capítulo 3. El plan revelado por el apóstol Pablo y los otros apóstoles y profetas. A la humanidad. Empecemos en el versículo 1 de Efecios 3. Si quieren, pueden abrir la puerta acá para que haya un poco más de ventilación. Efecios 3, versículo 1. Dice, por esta causa yo, Pablo, prisionero de Cristo Jesús, por vosotros los gentiles, es decir, por él y a predicar a los gentiles, es que se encontraba en una prisión romana. Dice, si es que habéis oído de la administración y la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros. Le hice un cargo a Pablo, que por revelación me fue declarado el misterio, este secreto escondido desde antaño, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender y que sea mi conocimiento en el misterio de Cristo. Él está diciendo, esto no es mío. Y por eso yo solamente soy un enviado, un mensajero. Dice, versículo 5, misterio, otras versiones dicen secreto, que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres. Como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu, por el Espíritu Santo que ellos tienen. Y aquí empezamos a ver otra vez, dice que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, hablando del cuerpo espiritual de Cristo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. Entonces aquí se entiende que no es sólo el pueblo judío, sino ahora el resto del mundo se abre la posibilidad de copartícipes de esa promesa. El misterio que vamos a ir deshilando, revelando, parte por parte, dice versículo 8, a mí que soy menos que el más pequeño de todos los santos.
Y así él se consideraba. Me fue dada esta gracia de anunciar entre los sentiles el Evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. Parte de ese secreto tiene que ver con estas inescrutables riquezas de Cristo. Inescrutables no es muy buena palabra para traducir ahí una mejor que viene del griego es inmensurable riquezas. Riquezas que no son capaces de ser medidas. Es como si un geomensor tiene la tarea de ir trazando la distancia de un lago y él va de una parte al otro y va midiendo. ¿Cómo se encuentra en las orillas del mar? ¿Cómo puedes medir? ¿Cómo puedes ir alrededor del océano? Y así es como se encuentra la diferencia. Es algo que no somos capaces de medir. Lo que Cristo y Dios Padre tienen preparados para el ser humano. Siguiendo aquí dice, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios que creó todas las cosas. Y otra vez aquí la palabra dispensación. Y en realidad hay dos distintas palabras que aparecen en los manuscritos. El texto recibido que es el texto bizantino, que es el que tenemos nosotros. En inglés el nuevo King James es el texto recibido. La reina valera tiene una gran parte, pero aquí en la versión revisada le cambiaron la palabra por otra. Las dos palabras, una es coino mía, que la que aparece también en la versión que es la palabra en la Biblia de Jubileo. La Comunión del Misterio. Y la palabra es por donde la llave, por la cual se empezó a abrir la cerradura. La palabra coino mía significa compartir con los demás lo que uno tiene. O tener las cosas en común con los demás. Se usan hechos dos cuando se juntaron todos y tenían todos en común y compartían los unos con los otros. Ahí la palabra es coino mía, que significa un compañerismo íntimo en que uno comparte las cosas, disfruta. Y entonces aquí en Misterio, este secreto es que Dios, Padre y Jesucristo, quieren compartir todas las cosas con nosotros. ¿Lo merecemos? Claro que no. ¿Es justo? No. No es merecido. Pero Dios tiene un plan para compartir las cosas con nosotros.
Siguiendo aquí dice, en Bersigolí es para que la multiforme, también se puede decir multifacética, sabiduría, de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. De modo que antes de que Dios se lo reveló a Pablo y a los apóstoles y profetas del Nuevo Testamento, los ángeles no sabían. Y este misterio es por medio de la iglesia que es dada a conocer. Bersigolón se conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor, en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en Él.
Y así es como Pablo va desenvolviendo, desarrollando este tema de esa coinomía que tiene con el ser humano, quiere compartir todas las cosas con nosotros.
Pero Pablo dice que tenemos estos tesoros de esta revelación en vasos de barro. Seres humanos, según de Corintios 4-7, lo pueden ver más tarde, es como una hormiga tratando de entender a un ser humano. Mi amiguita nos mira y ve una inmensa persona vagamente entiende algo, solamente no quiere ser pisado por el ser humano. O quizás un perrito que mira su amo, pero no entiende todo lo que hace su amo.
Y él solamente mira así como en adoración, pero poco sabe. Es tanta la diferencia, la brecha entre cómo Dios piensa y cómo el ser humano piensa. ¿Qué tanto tenemos de coinomía nosotros?
Ese espíritu de compartir, de amar, de realmente tener esa generosidad y duplicencia para hacer las cosas es muy difícil. Ser humano es egoísta por naturaleza. Nuestro ser humano resiste. Quiere compartir, ser generoso, más fácil ser tacaño, independiente, todo lo demás. Por eso es que en 1 Juan 1, también esto es otra clave, que estuve persiguiendo por un tiempo para procurar entender.
Primera de Pedro, capítulo 1, versículo 3. Juan dice aquí, lo que hemos visto y oído, eso es lo que anunciamos para que también vosotros tengáis comunión. Coinomía, coinomía, coinomía con nosotros. Y nuestra comunión, que es este compañerismo, es compartir las cosas, verdaderamente es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Entonces aparece otra vez esa palabra misteriosa, un tipo de compartir espiritual, pero va más allá también.
En el libro de Barclay, palabras griegas, dice lo siguiente sobre coinomía, es compartir lo que uno tiene con los demás, tener las cosas en común.
El gran plan de Dios se llevaría a cabo en etapas, un escalón a la vez, según uno es llamado, ir reuniendo todas las cosas para compartir todo al final.
Ese primer escalón es la que 99% de los seres humanos están viviendo, han vivido y vivirán hasta la avenida de Cristo. ¿Qué es seguir la corriente del mundo si uno es chino, si uno cree en la religión china, si es hindú, si uno es africano, si uno nace aquí, si uno es católico, protestante, o lo que sea?
Sigue la corriente de las tradiciones de este mundo, como nos dicen Efesios 2, de ahí, de 1 al 4. Algunos le irían bien en esta vida, a otros mal, pero vivirán y morirán como pajaritos, algunos más gorditos con las cosas del mundo, algunos más flaquitos, pero todos terminan igual, condenados.
Despogados, nadie tiene la gloria de Dios, y por eso solamente alcanzan el primer escalón.
El segundo escalón es para los que son llamados por Dios.
Estos son los que leímos ahí en Efesios 1, los que primeramente fuimos llamados por Dios.
En Efesios 1, versículo 9, vamos a leer acá. Este también se complementa con Efesios 1 y 3, son los que aplican este secreto de Dios en forma más concreta.
En Efesios 1, dice versículo 9, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, hablando de Dios Padre, que compartió con el verbo, de reunir todas las cosas en Cristo en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra.
Entonces, va a haber una reconciliación y va a haber una eliminación de los que no escogieron no compartir todas las cosas, no seguir a Dios y se va a reunir todas las cosas en, por medio de Jesucristo.
Dice Erziclón, en él, asimismo, tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para la avanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.
En él también vosotros habiendo oído la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él fuiste sellados con el Espíritu Santo de las promesas. Uno recibe una pequeña porción del Espíritu Santo que va creciendo a medida que uno lo ejercita y lo desarrolla en su vida.
Entonces, en este segundo escalón hay puestos que fueron predestinados o programados desde antes de la creación para que iban a haber personas llamadas. La persona llamada tendrían que escoger libremente seguir a Dios.
Tienen que perseverar, recuerden la parábola de las semillas. Algunas personas escucharon y dejaron que la hierba mala ahogara esa palabra de Dios. Hay muchas cosas que pueden ahogar esa palabra de Dios. No todas las semillas van a brotar y multiplicarse, sino la que es sembrada, que uno limpia esa tierra y la bona y la desarrolla.
Y entonces ahí sí se ven los frutos espirituales desarrollándose, pero eso no es algo automático. En Efecios 2, versículo 11, los gentiles tienen acceso ahora, que eran el resto de la humanidad, que no era judía. Efecios 2, versículo 11, dice, por tanto acordaos de que en otro tiempo vosotros los gentiles en cuanto a la carne, personas que no eran judíos, que no eran circuncidados, la gran mayoría, eráis llamados incircuncisión, por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.
Entonces no tenían acceso a las promesas de Dios. En aquel tiempo estábais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel, y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. ¿Se acuerdan cómo hablábamos? El judaísmo estaba en crisis en ese momento, y los gentiles estaban completamente separados.
Dice, pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estábais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Cristo no solo murió por los judíos, murió por toda la humanidad. Porque Él es nuestra paz, es el que paga el pecado que de ambos pueblos, gentil y judío, hizo uno. Ahora hay coinomía, hay compañerismo. Ahora no importa de dónde viene uno.
Tenemos algo en común, el Espíritu de Dios, el arrepentimiento, el compromiso, a obedecer a Dios y perseverar. Y entonces tenemos este compañerismo en esta etapa. Obviamente, esta etapa es muy inferior a la que Dios tiene mente para el futuro. Siguiendo aquí dice, derribando la pared intermedia de separación, que tiene que ver cuando uno iba a Jerusalén, había una pared que decía que los judíos no podían entrar. Más allá de esta, había lo que se llamaba la corte de los gentiles, que estaba afuera.
Pero no podían entrar y de hecho se han encontrado por lo menos dos de esos títulos, de los tiempos de el templo en los tiempos de Cristo, están estas prohibición. Los gentiles no podían, Cristo, derriba esa pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas. Y este es el término más cercano que tenemos a lo que son las obras de la ley, la ley ritual.
Dice que lo que Él hace, Él derriba lo que son las obras de las leyes rituales. Ya no hay que tener circuncisión, ya no hay que tener sacrificios de animales, ya no hay que preocuparse todas las purificaciones y todo eso. Obviamente todavía están los diez mandamientos para los gentiles y los judíos, incluyendo el sábado. Pero no estas leyes expresados en ordenanzas, algunas traducciones tienen ritos. Para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz y mediante la cruz, reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ellas las enemistades entre los dos grupos.
Ya uno podría estar aquí. A mí no me importa quién está circuncidado y quién no está. Antes era un objeto de separación. Dice Yvino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estábais lejos y a los que estaban cerca, que era el pueblo judío. Porque por medio de él, los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre.
Así que ya no sois extranjeros ni a benedizos, sino con ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas que revelaron estas verdades. Y en este caso tiene que ver con los profetas del antiguo Testamento.
También son parte del fundamento. La Biblia es el antiguo y nuevo Testamento. Siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. Es la piedra que establece el patrón y las medidas para todas las demás piedras. Tienen que ir cuadrándose con esta piedra angular. Esta es la que está colocada. Que da todas las dimensiones, el alto y los ángulos.
También la forma horizontal y vertical. Dice en quien todo el edificio bien coordinado va creciendo para hacer un templo santo en el Señor. En quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Es un gran secreto. Estamos todos creciendo. Estamos desarrollándonos. Se supone que estamos aprendiendo a compartir más. Cuando tenemos estas fiestas santas que compartimos espiritualmente, no solamente físicamente, que hay esa unión, ese cariño, porque tenemos algo en común. Aunque uno físicamente o en forma personal, quizás no le caiga bien la otra persona, si es un hermano, uno lo respeta, lo ama, está dispuesto a servirle.
No significa que va a ser su mejor amigo, quizás, pero hay que amar a la persona, porque Dios lo puso en el cuerpo para que todos compartamos lo que tenemos. Y así, entonces, a través de la obediencia y la perseverancia, disfrutamos de la gracia de Dios, que significa el favor y el perdón inmerecido. No somos merecedores de ello, pero estamos agradecidos y lo aceptamos.
Aceptamos lo que Dios nos ha ofrecido. Y así, entonces, nos involucramos en la Iglesia, en la obra, somos colaboradores, el Evangelio tiene que ser enviado y hay que preparar un pueblo de Dios para ese futuro reino. Dios nos llamó a los poderosos, a los nobles, a los más brillantes. Llamó a las personas como un corriente, porque Dios hace todo como la semilla de mostaza, lo más pequeño, pero que llegara a ser lo más grande. Él no quiere que nadie se jacte ante su presencia.
Él está creando futuros líderes, no de los poderosos y brillantes, sino personas como un corriente, que tienen coino, Nia, que comparten, trabajan en equipo, resuelven las cosas entre ellos. Y eso nos lleva al tercer escalón, que es el milenio, el misterio del compañerismo, con el mundo. Desde entonces, ellos conocerán las inmensurables riquezas de Cristo. ¿Sabes que nunca vamos a estar hablando de nosotros? ¿Y qué hicimos? ¿Y qué importancia tuvimos?
Somos hormigas insignificantes. Mire lo que el tío creador está haciendo por nosotros. Es tan inmenso el propósito de compartir todas las cosas. Inclusive es una naturaleza divina. No hay un hueso espiritual, si podemos decirlo, de egoísmo en Dios. Y eso se mostró por Jesucristo y lo que hizo por nosotros.
Entonces se incorporarán al equipo como socios de Dios. Esa otra traducción de esta ecuinoñía significa como una sociedad. Cuando uno entra en sociedad, bueno, vamos a compartir las cosas en este trabajo. Somos socios, vamos a trabajar juntos y aquí compartimos todos entre nosotros. Nadie tendrá envidia, egoísmo. En vez existirá la generosidad y la preocupación por el otro. Porque va a ser Jesucristo el modelo para ese futuro mundo.
Yo puedo decir que en esta vida he conocido quizás una pizca de esa coinoñía como abuelo. Y la relación que tengo con mis nietos. Mayor ya tiene para cumplir 8 años. Este, ya próximo mes.
Y aquí ellos no creen que yo les puedo fallar. Tienen una confianza demasiado en los abuelos. Ellos saben que todo lo mío es de ellos. Cuando llegan, corren, se meten en la cama, saltan en la cama, tata, se vienen ahí. ¡Ay, qué rico! Porque vamos a ser bañados con el amor. Me agarran los lápices, quieren hacer esto, quieren hacer lo otro. Yo ando como un títere, tras ellos.
Y entonces, esa es la relación que tenemos. Para ellos, la casa es un lugar para jugar, para disfrutar. Mi esposa es igual con ellos, así que ellos no quieren irse a su casa después. Piensa que los papás son los malos de la película.
Y así mi tiempo y mi dinero se basa en ellos. Para tener una analogía del fútbol, han visto algunas veces cuando los equipos, cuando ya están arremetiendo contra el gol, y vienen unos cuantos de defensas y se ponen detrás del arquero. El arquero va adelante, ¿no? Y ellos se ponen en los dos arcos, y a veces tienen que golpear, vienen los temendos balazos de balón, y ellos tienen que pararlo. Ellos son los que respaldan al arquero. Y yo me siento así con mis hijas y mis hijos políticos, que ellos hacen el trabajo de arquero. Pero cualquier cosa que va a fallar, nosotros estamos aquí para apoyarlos, para asegurar que no hagan el gol.
Y en Romanos, capítulo 8, versículo 16, Romanos 8, versículo 16, dice, el Espíritu, hablando del Espíritu Santo, mismo da testimonio a nuestro Espíritu, que tenemos un espíritu humano, de que somos hijos de Dios, que hay otro espíritu dentro de nosotros, que no nacimos con Él, que recibimos, y que nos liga y conecta con Dios.
Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, ¿quiénes somos nosotros para ser coherederos? Dice que Dios Padre hizo todo para Jesucristo, y Cristo lo llevó a cabo, pero que Cristo es el que Dios puso como dueño. Y dice aquí que somos co-duenos, coherederos con Cristo. Dice acá, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que nosotros ha de manifestarse.
Si una hormiga se va a transformar en un ser humano en términos comparativos, las cosas que sufrimos ahora no son nada con lo que vamos a compartir en el futuro. Si permanecemos fieles a esa coinomía, ese compañerismo con Dios, con los hermanos, y seguir adelante.
Así quiere ser Dios con nosotros, pero muchas veces por nuestro egoísmo se lo impedimos que se acerque, que enriquezca más nuestras vidas, porque con nuestros hechos y egoísmos lo echamos del hogar, del matimonio, de la iglesia, de ese compañerismo que debemos tener. En 2 Pedro 1, versículo 3, aquí vemos que el apóstol Pedro sabía de este gran secreto también.
Nos dice en versículo 3, dice, como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, nos han sido dadas por su divino poder. Segundo de Pedro 1, dice, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, no naturaleza angelical, sino de la naturaleza divina, habiendo ido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Y entonces, lo que leímos durante la Pascua, ahí el último capítulo que leemos es Juan 17, que fueron las últimas palabras antes de que Cristo iba a ser arrestado y más tarde crucificado. En Juan 17, él habla de esa coinomía, en Juan 17, versículo 20, hablando, orándole a Dios Padre, dice, no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Está hablando de todos nosotros, aquí en el siglo XXI, igual estaba extendiendo esta oración a nosotros, lo que ya vamos a creer a través de estos apóstoles.
Dice, en versículo 21, para que todos sean uno, como tú o Padre, en mí y yo en ti, para que también ellos sean uno en nosotros, en compartir la divina naturaleza, tener esa relación que tienen Dios Padre y Dios Hijo, y ahora nosotros podemos tenerlo también. Quieren compartir esa intimidad por la eternidad, para que el mundo crea que tú me enviaste, que esta persona no se van a dejar sobornar por las riquezas del mundo, por la fama, por todo, no, ellos están unos en Dios.
La gloria que me diste, yo les he dado para que sean uno, así como nosotros somos uno, yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectos en unidad. Y eso es lo que hay un compartir, un compartir de parte de Dios. No hay nada en él de egoísmo, de sentir quiénes somos estos seres humanos, para entregarles toda esta herencia. Dios no es así. Entonces, en el tercer escalón tenemos el milenio, donde las personas van a ser preparadas, educadas, para conocer esa coinonía.
Y tenemos el cuarto escalón, que es la segunda resurrección. En esta etapa vendrá el ofrecimiento de ese compañerismo con Dios, que nosotros anunciaremos las inmensurables riquezas de Cristo, están disponibles. Nosotros lo haremos sin ningún mérito. Es solamente como un viejo cuento, de un mendigo diciéndole al otro mendigo el pan. Nosotros ya lo tenemos. Tú puedes conseguir el pan también.
Sigue. Ahí está. Se le está ofreciendo a ustedes también. Y eso nos conlleva el quinto escalón, que es el periodo del gran trono blanco, el juicio. Perdón, no el gran trono blanco. Eso tiene que ver con la segunda resurrección. Es que tiene que ver con el juicio al final, cuando él va a reconciliar todas las cosas, cuando Satanás y sus ángeles van a ser expulsados, más allá del universo, todos van a ser echados, los que no estaban inquietos en el libro de la vida, que no aceptaron, ese ofrecimiento de Dios será lanzados al lago del fuego.
Y entonces la tierra se va a purificar por las horas de toda la sangre derramada. Todo va a quedar purificado a través del fuego. Y entonces viene la última etapa, que es la nueva Jerusalén. Hay un buen resumen de este quinto escalón, quinta etapa en 1 Corintios 15, 1 Corintios 15, versículo 22. Este es un resumen de este secreto de Dios en sus distintas etapas.
1 Corintios 15, versículo 22. Dice, porque así como en Adán, todos mueren, todos mueren condenados, así también en Cristo Jesús, todos serán vivificados o resucitados. No se han perdido, pero si nadie se va a levantar ante Dios y se va a jactar. Todos quedaron pecaros y quedaron despojados de la gloria de Dios. Todos son culpables, igual que nosotros, antes del bautismo. Yo no bautizaría a alguien que me dice, no, si yo nunca he pecado. Yo no merezco nada, yo no merezco la muerte, yo no he hecho nada malo, yo no bautizaría a una persona así. Yo sé que yo he pecado. Y yo sé que la pena del pecado es la muerte.
Y que yo eso es lo que merezco. Pero yo sé que Cristo murió por mí y que yo puedo tener una nueva vida. Entonces aquí nos dice que, en versículo 22, en Cristo todos serán vivificados, versículo 23, pero cada uno en su debidor, otra vez hay escalones acá. No todo el mundo es llamado a la misma vez. Primero, Cristo las primicias. Él es el que inicia ese plan secreto. Él es el que hace posible el perdón de los pecados. Las primicias, los primeros frutos de esa primera gran resurrección que es de los llamados, eso incluyen a Moisés, a Abraham, todos los profetas y a todos los que se han convertido hasta la avenida de Cristo.
Él es la primicia. El primero de eso dice, porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre, la resurrección de los muertos hizo posible eso. Porque así como en Adán, todos mueren y dice, versículo 23, cada uno en su debidor, en Cristo las primicias, los que son de Cristo en su venida. ¿De acuerdo que hablamos de esto? Esto sería el escalón del milenio, cuando ya viene, y luego los que son de Cristo y luego el fin, cuando entrega el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.
Esto incluye todo el período del milenio, de la segunda resurrección y del juicio, hasta que sean todos echados en el agua y el fuego, lo que no quisieron seguir el plan de Dios. Y entonces, puso todo el enemigo bajo sus pies. Versículo 25, porque preciso es que el reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies y el postrero enemigo que será destruido en la muerte.
Llegará un momento que ya no existirá la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies hablando de Dios Padre a Cristo. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a Él, a Cristo, claramente se aceptó aquel Dios Padre, quien sujetó a Él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas les estén sujetas, esto está hablando ya de Apocaliz 21, con la nueva Jerusalem que viene con Dios Padre, ya todo está reconciliado en Cristo.
Entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a Él todas las cosas para que Dios sea todo en todos. Ahí viene el compartir final, compartir todas las cosas. Nos dicen Apocaliz 21, poco más. Ahora vamos a la avenida de esa nueva Jerusalem.
Dice versículo 2. Y yo, Juan, vi la Santa Ciudad, la nueva Jerusalem, descender del cielo de Dios dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía que era el tabernáculo de Dios con los hombres. Y Él morará con ellos, y ellos serán su pueblo. Y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará a Dios toda la grima de los ojos de ellos. Hay esa intimidad de familia. Nosotros hacemos eso con nuestros hijos, con nuestros nietos. Él lo hará porque ahora comparte la familia de Dios. Y ya no habrá más muerte, amor, dolor, porque las primeras cosas pasaron. Y dice versículo 7 Al que venciere heredará todas las cosas. Y yo seré su Dios. Y Él será mi Hijo. Otra vez heredará todas las cosas, todas las cosas creadas. Todo este universo que está por ser embellecido. Y todavía es como si está solamente ese lienzo. Está por pintarse. Pero eso es por la manifestación de los hijos de Dios. Entonces, ¿Cómo podemos aplicar estos conocimientos? Primero que nada, ese compañerismo empieza compartiendo con Dios Padre y con Jesucristo. Mi vida es de ellos. Y, un día, la vida de ellos será mía. Obviamente, eso significa mantener el compromiso con Dios, hasta ese momento. Número 2, es el compañerismo en la iglesia. Hemos sido llamados a compartir los unos con los otros. Tenemos el Espíritu Santo en común, en amor, el sacrificio, el uno por el otro, pero no abusar de esa buena voluntad. No aprovecharse, como nos dice en Segunda de tesónicenses, capítulo 3, de algunos que no trabajaban, que vivían a expensas de otros miembros de la iglesia, y que Pablo al final dice que cada uno tiene que hacer su parte. El que no trabaja, que no coma. Entonces, no es que todo esto vamos a compartir, yo no voy a compartir nada, pero yo voy a chupar. Yo voy a agarrar todo lo que puedo. Eso no es así. No es el sistema.
Pero, interesantemente, a pesar de todos los problemas que había en todas estas congregaciones, y había personas revoltosas, y personas porfiadas, y personas egoístas, Pablo no se inmutaba. ¿Por qué?
Porque este plan no es para todos.
No todos se van a suscribir de corazón.
Entonces, él sabía. Y, si se va a entrar, van a salir. Yo voy a tener las personas que tienen esto como un deseo genuino que se va a ver por sus obras. Y no, solo los pretendientes.
Y, en tercer lugar, el compañerismo en la obra de Dios.
Tenemos una obra que hacer. Tenemos que llevar el Evangelio al mundo. ¿Estamos haciendo nuestra parte? ¿Ayudamos cuando se imprimen esas revistas que parte de ese diezmo es con nuestro esfuerzo? ¿O queremos que otros sean los que se sacrifican? Que sí, nosotros aquí subimos el tren, pero no pagamos el pasaje. Eso no sirve. Nosotros queremos ser parte de la obra. Preocuparnos de ello. Tenemos que enviar este secreto al mundo.
A pesar de que nos ha puesto un velo de engaño sobre sus ojos.
Y aprender a ser generosos.
Esta no es una obra ajena que otros están haciendo. Todos participamos, inclusive en la obra que hicieron con la juventud, esta película que hicieron. Esa es parte de la obra de Dios. Y va a estar en otras iglesias y traducidos. Y va a ayudar a la juventud a entender mejor. Y quién sabe si algunos entren en la iglesia a través de eso. Compartir, como dice, somos colaboradores con Dios. Él está compartiendo. Él podía hacerlo con ángeles y sería mucho más efectivo. Podía hacerlo con grandes milagros. Pero está haciendo ahora de esta manera. Forma humilde, callada. A ver quién se va a esforzar en su obra. Y el cuarto punto, mantener viva la visión.
Nuestra visión debe ir en aumento. En esto del compartir con Dios. Esas riquezas inmensurables que Cristo ha mostrado. O sea, que murió por nosotros. Nosotros no merecíamos eso. Él dejó derramar toda su sagrada sangre por todos nosotros. Toda su vida fue en servicio. Él no ha cambiado. Es mismo servidor. Que moriría por personas que no lo merecen.
Para finalizar, le voy a leer solamente una escritura. Pueden verla después. Romanos 8, 32. Pablo dice si Dios no escatimó a su propio hijo, ¿cómo no nos dará también todas las cosas con Él? Ya Él ha mostrado que Él tiene ese amor inmensurable.
Y Él quiere compartirlo. Pero nosotros tenemos que aprender a ser generosos, a notar caños, ir compartiendo más con los demás.
Y colorín colorado, este cuento del gran secreto de Dios se ha acabado.
Gracias.
Estudió en Ambassador College por cuatro años, titulándose en Teología y Español y comenzó su ministerio en 1976. Es un escritor de Las Buenas Noticias, enseña en Ambassador Bible College y actualmente forma parte del Consejo de Ancianos de la iglesia. Además es Pastor Coordinador de las áreas hispanas y viaja continuamente visitando las congregaciones. Vive actualmente junto a su esposa Caty Seiglie en Anaheim y pastorea la congregación de Orange County, California. Tiene cuatro hijas y ocho nietos.
Nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años de edad. Después de vivir siete años en Miami, Florida, su familia se trasladó a Murphy, Carolina del Norte.