Conocer cabalmente la verdad

Conocer la verdad de Dios, es más allá que conocimiento intelectual; es la vía para iniciar y sostener una relación espiritual con él. Mensaje entregado el 2 de junio de 2018.

Transcripción

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Buenas tardes nuevamente. Quisiera iniciar este mensaje haciendo alusión a una palabra que definimos la semana pasada y con la cual dimos inicio al mensaje del sábado pasado. La palabra a la cual me refiero es la palabra ginosco. Hablamos de aquella palabra. Ginosco fue traducida en la versión Varela de 1960 como conocer en la frase con la cual iniciamos el mensaje pasado.

Allí en Juan en el capítulo 8, en el verso 32. Vamos para allá. Voy a leer del 31. Juan 8. 31 dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él, si vosotros permaneciereis en mi palabra seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. La palabra ginosco fue traducida en la reina valera de 1960 como conocer. No obstante, el señor vine, el diccionario expositivo de las palabras del antiguo y nuevo testamento explicando la palabra conocer.

Se los quiero leer aquí porque esto de las palabras, el conocimiento de la palabra, el poder de la palabra, hay que ver que ayuda a una mejor comprensión. Y entonces aquí en la página 190 dice ginosco, significa estar tomando en conocimiento, venir a saber, reconocer, entender o entender totalmente. Esto es lo que significa la palabra ginosco, entender cabalmente, entender cabalmente. Y él sigue explicando y dice en el nuevo testamento ginosco indica frecuentemente una relación entre la persona que conoce y el objeto conocido. A este respecto lo que es conocido es de valor e importancia para aquel que conoce y de ahí el establecimiento de una relación, especialmente del conocimiento de Dios. En 1 Corintios 8.3, si alguno ama a Dios, es conocido por él, ginosco, conocido por él.

La relación implicada puede involucrar mucho más que la palabra conocer, es llegar a conocer cabalmente y es generar una relación, una relación. Ginosco da cuenta de una relación. Aprendemos de la verdad para llegar a conocer la verdad, pero no solo desde un punto de vista intelectual, sino espiritual.

Por eso la frase de Juan 8.32 es tan importante para nosotros y por eso quise ahondar un poco más, llegar a conocer cabalmente la verdad. No es solamente intelecto, sino que es mucho más que intelecto. Ginosco nos abre un mundo nuevo que va más allá del conocimiento intelectual, dicho sea de paso, también se alcanza con el estudio de la palabra. Pero, pero la palabra debida a la cual tenemos acceso es mucho más que intelecto, definitivamente mucho más que intelecto es espíritu. Y esto es algo uno puede entender que el mundo no logra entender la cabalidad y no logra entender la cabalidad porque Dios no se los ha revelado.

Dios no lo ha revelado. Por eso es que llegar a conocer cabalmente la palabra es algo que va más allá de lo físico. Es Dios hablando con su pueblo. Es Dios hablando con sus hijos y por eso es que no todos logran alcanzar este conocimiento cabal de las escrituras. Es interesante notar que llegar a entender toda la verdad requiere de nosotros. Dios lo ha dejado en su palabra escrito.

Ya el texto está escrito. Llegar a conocer la verdad requiere de nosotros, definitivamente. Durmiendo, verdad, y poniéndola bíblia abajo la cabecera, no hay ese traspaso de conocimiento. El traspaso de conocimiento se logra a través, por supuesto, a través del estudio. Y por eso digo que es interesante notar que para llegar a entender toda la verdad requiere de nosotros. Para que yo conozca toda la verdad requiere de mi trabajo, de mi esfuerzo.

También Dios nos revela. Dios se revela a través de la palabra. Pero y si usted no estudia, y si usted no busca, y si usted no analiza, y si usted no cuestiona, bueno, esto mismo limita su crecimiento. Y entonces, para entender cabalmente la verdad, lo primero a tener en cuenta es lo que dijo Jesucristo en el versículo anterior, que también leímos, pero vamos a volverlo a leer porque Jesús dio una clave para llegar a conocer la verdad. Aquí en Juan 8, en el verso 31, Jesús dijo entonces a los judíos que habían creído en él, si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos. Para llegar a conocer cabalmente la verdad, debemos permanecer en la palabra.

Permanecer es mantenerse, continuar, seguir, persistir, resistir, residir, vivir. Si nosotros permanecemos en la palabra, permanecer en la palabra implica necesariamente persistir en el tiempo.

Esto no es algo que uno pueda aprender de un día para otro, ni siquiera de un año para otro. Este conocer cabalmente requiere de nosotros la vida entera. ¿Han tenido ustedes la percepción de que al leer por segunda vez la Biblia, usted entiende mejor?

¿Han vivido aquella experiencia? ¿Y qué pasa con una tercera vez? ¿Y qué pasa con una cuarta vez? De hecho, los expertos recomiendan que uno debería leer toda la Biblia una vez al año.

Una vez al año.

Eso es lo que recomiendan los expertos. Pero no es un tema menor, ¿verdad? Estamos... Jesucristo dijo que si llegásemos a conocer cabalmente la verdad, la verdad nos haría libres.

Nos haría libres. Nos daría libertad. Nos daría vivir en libertad. Nos permite conocer la mente de Dios. Cuando fue la última vez que usted leyó toda la Biblia completa? No me contesten. Piénsenlo. Reflexiéndelo. ¿Cuándo fue la última vez que usted leyó de tapa a tapa, como decíamos en la universidad, cuando teníamos que aprendernos algunos libros que tienen mucho más letras y son bastante más áridos que esto? Y en la universidad, allí, lo aprendíamos y lo estudiábamos sin mucho reclamo. O sea, quizás con mucho reclamo, pero así lo teníamos que leer igual.

Y entonces, conocer cabalmente requiere de nosotros la vida entera. No es menor lo que Pablo le dijo a Timoteo, a este respecto. Segunda de Timoteo. Segunda de Timoteo 3. Verso 14. Pablo, por inspiración. En su segunda y última carta, o epístola, a Timoteo le dijo, pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste sabiendo de quién has aprendido. Llegar a conocer plenamente la verdad requiere permanencia en la palabra. ¿Cuál palabra? ¿Cuál palabra? Pablo se lo explicita a Timoteo y le dice, verso 15, y que desde la niñez has sabido las sagradas escrituras.

Las sagradas escrituras o escrituras sagradas. Toda la palabra escrita o grafé del griego de donde se extrajo la traducción al español como escrito. Permanecer en la palabra escrita es una de las claves para llegar a entender la verdad. La palabra escrita. ¿Y qué pasa con lo no escrito?

Lo no escrito es un terreno fangoso, fangoso, porque es especulativo. Es especulativo. La palabra especulativo es definida como hacer suposiciones sobre algo que no se conoce con certeza.

Es suponer algo de lo no escrito. Por ejemplo, las autoridades no han facilitado las causas precisas de un suceso, pero se especula que fue un embenamiento producido por un vertido incontrolado arrojado desde alguna industria próxima.

Cuando se envenenan las aguas. Pueden ser. Pero eso es una especulación. Lo no escrito es un terreno resbaloso, en donde las hipótesis han marcado generaciones. Y en muchos casos, la búsqueda del santo grial, del conocimiento perdido, ha llevado que muchas personas dejen la fe. Dejen la fe. ¿Por qué? Por lo no escrito. Lo no escrito. A veces uno se sorprende con la cantidad de estudios que hacen las personas respecto de una especulación. Por ejemplo, a modo referencial solamente.

Aquí tengo un libro que se llama Mateo. Lo escribe Evis Carvallosa. Con Evis Carvallosa tenemos, por supuesto, divergencias doctrinales. No obstante, hay algunos puntos en donde sí tenemos coincidencias. Este señor hace mención respecto de lo siguiente que se los voy a leer. Resumen y conclusión página 29 de la introducción. Dice, el Evangelio, según Mateo, siempre ha ocupado un lugar especial de especial interés en la vida de la Iglesia. Su estructura, contenido, sencillez hidáctica y sus enseñanzas compactas han hecho de Mateo un libro preferido por muchos cristianos.

Durante 18 siglos la Iglesia sostuvo casi unánimemente que Mateo, el publicano, discípulo y apóstol de Cristo, había sido su autor. Con la llegada del racionalismo filosófico en el llamado siglo de las luces, la duda fue sembrada tocante a la historicidad y la autoría del Evangelio, según Mateo.

Una escuela de pensamiento teológico llamada la Alta Crítica cuestionó las fuentes y los métodos literarios usados en la composición del Evangelio de Mateo. De esa situación surgió el problema llamado, problema sinóptico. ¿A qué se debe que haya tanto parecido entre los tres primeros Evangelios? ¿Cuál es la causa de sus diferencias?

Para responder esas preguntas, la Alta Crítica elaboró varias teorías. Algunos concluyeron que los Evangelios canónicos fueron el resultado de la traducción de fragmentos y resúmenes existentes en el primer siglo. Otros sugirieron que en vez de cuatro Evangelios pudo haber habido hasta nueve. La postura más sonada en los últimos tiempos es la que atribuye prioridad al Evangelio de Marcos. Es decir, que Marcos fue el primero de los Evangelios que fue escrito. Marcos se convirtió, por lo tanto, en una fuente usada por Mateo y Lucas para componer sus Evangelios.

Pero de dónde surge el material hallado en Mateo y en Lucas que no aparecen Marcos? La crítica se ha inventado la existencia de un documento conocido por la letra Q. Del alemán Cuelli, que significa fuente. Y lo considera el segundo documento del que Mateo se valió para escribir su Evangelio. Nadie hasta hoy ha visto a Q como un documento independiente. Todos admiten que Q es solo una hipótesis. El llamado documento Q ha sido extraído de Mateo y Lucas.

Algunos lo consideran el Evangelio de los primeros cristianos de Q. ¿Por qué? Para explicar las razones por las cuales hay diferencia entre Mateo y Marcos que fue el primero. ¿Quién ha visto a Q? Nadie ha visto jamás el manuscrito que se dice que es el proto-evangelio. Lo especulativo. Lo especulativo. Puedes ser. Pero ¿qué dice Pablo a Timo Teo?

¿Qué le dice? ¿Persiste tu boom? Es lo que has aprendido y te persuadiste sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las sagradas escrituras. Lo escrito. Lo escrito. En eso es lo que hay que persistir. No lo no escrito. Porque lo no escrito no está. Es una imaginación que puede tener todas las bases que ustedes quieran, pero no es lo escrito. Y Pablo le dice a Timo Teo, persiste en lo escrito.

En el texto canónico. El texto canónico. Volviendo al tema. Para llegar al conocimiento cabal de la verdad, debemos permanecer en la palabra. ¿Cuál palabra? La palabra escrita e inspirada por Dios y que ha sido conservada cuando se escribe el Nuevo Testamento, cuando se escribe la carta a Timo Teo, no estaba compilado el Nuevo Testamento. Por ende, lo que Pablo le dice a Timo Teo es que persista en las sagradas escrituras, que conformaban el canón hebreo. Y uno entiende, los judíos han tenido, les ha sido confiada la palabra.

Eso dice el mismo Pablo, allí en Romanos, en Romanos capítulo 3. En Romanos capítulo 3, hablando de los judíos, ¿qué ventaja tiene el judío? O de qué aprovecha la circuncisión. Y Pablo explica aquí. Romanos 3, verso 2. Muchos. Muchos en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. Los judíos han tenido esta función a través de la historia, conservar la palabra de Dios. Para nadie es desconocido el trabajo de los mazoretas, los copistas. Los mazoretas eran judíos que trabajaron. Dice como sucesores de los escribas en la responsabilidad de hacer copias fidedignas de las escrituras sagradas. Los judíos se dieron el trabajo de conservar lo más fielmente los textos sagrados, de manera que aún el día de hoy se considera formidable, formidable el trabajo que hicieron.

Las copias eran tan exactas que una forma de evaluar si el texto había sido copiado de manera correcta era que tiraban unas líneas, podría ser con lana o lienza, y formaban entonces un ángulo, y entonces en ese ángulo debía estar la misma letra de la copia anterior. Y si estaba entonces corrido un poquito fuera, se desechaba. Así, un trabajo realmente increíble, increíble. Los judíos hicieron aquello. Ellos se dieron el trabajo, fueron ansídos y fieles en esta función de conservar la palabra escrita.

Por eso uno puede confiar que tiene una Biblia antiguo testamentaria, igual a la cual se mencionaba aquí, Pablo a Timoteo. Y estamos en el siglo XXI, 2000 años, y tenemos tectos que tienen esa fidelidad.

Por eso, cuando uno piensa en alcanzar cabalmente la verdad y la misma escritura aquí en Juan 1717, Juan 1717, dice aquí, santificalo en tu verdad, tu palabra es verdad. La permanencia en la palabra escrita es lo que nos permitirá llegar a ser conocedores cabales de la verdad. Pero si uno se escapa de lo escrito y busca lo no escrito, entonces, bueno, pierde tiempo en concentrarse en lo escrito. Alguna vez me preguntaron por qué no había yo estudiado los libros apócrifos. Las Biblias Católicas traen libros apócrifos. Todías, Daniel 13. Una anécdota en el año saturno. Voy a mencionar, vamos a proteger a los inocentes. No vamos a mencionar el dato, pero alguna vez alguien nos hizo una pregunta respecto a Daniel 13. ¿Qué pensábamos de Daniel 13? ¿Alguien ha leído Daniel 13 aquí? ¿Han buscado en su Biblia? Oye, nada que ver, ¿verdad? No han buscado en su Biblia. Vamos a Daniel 13. ¿No está? La Biblia Reina Valera no lo tiene, pero la Biblia Católica sí. Daniel 13 es apócrifo. No está dentro del canon. Bueno, la permanencia en la palabra escrita es lo que nos permitirá llegar a ser conocedores a cabalidad de la verdad. Así es que el primer principio para llegar a ser conocedores de la verdad es su permanencia en ella. Uno, segundo principio, a tener en cuenta para llegar a ser conocedores cabales de la verdad, la palabra aprendida debe tener un espejo accionario. La palabra aprendida debe tener un espejo accionario. ¿A quién me refiero con eso? Un espejo accionario. Por ejemplo, la fe. Entendemos que sin fe es imposible agradar a Dios. Eso lo dice la Escritura. Y entendemos que fe no es razón, no es razón, pero la razón nos ayuda a entender la fe. En hebreos 11, versículo 1, la Escritura, podemos leer, es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, el estar convencidos de las promesas que no se ven, pero entendemos y creemos que se desarrollarán en el futuro. ¿Qué es la fe? Creer que la promesa que Jesucristo nos hizo es la vida eterna. Primera de Juan 2, 25. Nuestra fe nos obliga a razonar en esta palabra como verdad. Se nos ha prometido la vida eterna, pero la fe no es solo intelecto, de hecho no es intelecto. Usamos el intelecto para entenderlo, pero la fe es una sin razón. Pero, pero la fe también implica o conlleva acción. Que fue lo que nos dijo Santiago. Aquí en Santiago 2. Santiago 2.

Aquí podemos leer del versículo 14.

Hermanos míos, ¿de qué aprovecharás si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o un hermano está en desnudos y tiene necesidad del mantenimiento de cada día y alguno de vosotros les dice ida en paz, calentados y saciados, pero no les da las cosas que son necesarias para el cuerpo de que aprovecha. Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá, tú tienes fe, yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras. Dice aquí, tú crees que Dios es uno, bien haces. También los demonios creen y tiemblan. ¿Más quieres saber hombre vano que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras, habrá nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras y que la fe se perfeccionó por las obras?

Y lo que decimos de la fe, uno puede extrapolarlo a todo el conocimiento que nosotros recibimos o estudiamos. Lo podemos decir de todos los conceptos y conceptualizaciones de lo que la palabra escrita e inspirado nos dice a nosotros. En la palabra escrita encontramos cuatro puntos direccionales que Pablo lo menciona. Aquí, segunda de Timoteo 3, 16. Toda la escritura es inspirada por Dios y útil. Para enseñar, para redarhuir, para corregir, para instruir en justicia.

Estos cuatro ítemes direccionales es necesario que tengan un espejo en acción, porque no se trata solo de que uno lo aprenda. Ahora, es necesario que lo aprendamos, pero el aprendizaje necesita acción para poder desarrollarlo y perfeccionarlo y hacerlo crecer. Por ejemplo, en exodo 20, leímos la semana pasada, exodo 20, respecto de los mandamientos, podemos saber cada palabra que involucran los mandamientos. Y si no cumplimos, ven, esa es la cosa. Hay que guardar el sábado. No hay que trabajar en sábado. Y tenemos que congregarnos en sábado. Todos lo entendemos. El punto está... bueno, lo obedecemos. Esa es la cosa. La Fiesta Santa. Somos una congregación guardadora de la Fiesta Santa. Guardamos la Fiesta Santa. Somos una congregación que cree en la ley del diezmo. Por ejemplo. Cumplimos con el diezmo. Las leyes alimenticias. ¿Somos celosos respecto de las leyes alimenticias? Estos cuatro ítemes direccionales en los cuales puede dividirse la palabra. Es necesario que tengan un espejo en acción.

Tanto en la enseñanza. Cada mandamiento debe tener acciones concretas. Si no, en realidad no hay crecimiento.

Corregir. Redarguir. La escritura tiene innumerables introducciones correctivas. Tanto en tercera persona como en primera persona. Y así también. ¿Qué pasa si uno tiene una función de corregir y no corrigir? ¿Sabían ustedes que si uno no corrige la escritura dice que eso tampoco es correcto? ¿Sabían ustedes que no corregir también es algo que la escritura lo sanciona? Es interesante el caso aquí en Primera de Samuel. Vayamos allá. La escritura. El texto escrito tiene tanto, tanto de dónde uno puede aprender. Yo creo que uno va a pasar la vida entera estudiando. Lo escrito y nos va a faltar tiempo para terminar de entenderlo a cabalidad.

Voy a leer Primera de Samuel. Primera de Samuel. Hubo un varón de Ramataín de Sofín del monte de Fraín que se llamaba el Cana, hijo de Jeroam, hijo de Liu, hijo de Suf Efrateo. Él tenía dos mujeres, el nombre de una era Ana y el de la otra, Penina.

Y Penina tenía hijos, más Ana no los tenía. Y todos los años, aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a el eterno de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Eli Offney y Finés, sacerdotes del eterno. Y cuando llegaba el día en que el Cana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte.

Pero a Ana daba una parte escogida, porque amaba a Ana, aunque el eterno no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque el eterno no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año, cuando subía a la casa del eterno, la irritaba así, por lo cual Ana lloraba y no comía.

Y el Cana, su marido, le dijo a Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? La relación aquí de un esposo, amante de su esposa. Voy a leer en el capítulo 2, en el verso 12. Dice, Yelcana se volvió a su casa en Ramá y el niño ministraba el eterno delante del sacerdote li.

Ana le pidió a Dios un hijo y le dijo que si le concedía un hijo, ese hijo iba a ministrar, lo iba a entregar al sacerdosio. Y entonces aquí voy a leer del versículo 12, los hijos de Elí eran hombres impíos y no tenían conocimiento del eterno. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la malmita, y en el círculo de los hijos de Elí, y en el círculo de los hijos de Elí, y en el círculo de los hijos de Elí, y en el círculo de tres dientes y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la malmita, y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para así, contraviniendo las instrucciones del mandamiento que algunas piezas de los sacrificios eran para los sacerdotes.

No todo. Y no era al azar, era la espaldilla o la paleta, como se conoce. Dice aquí, era pues, verso 17, era pues muy grande delante del eterno el pecado de los jóvenes, porque los hombres menospreciaban las ofrendas del eterno, y el joven Samuel ministraba en la presencia del eterno vestido de un efo del hino, y le hacía su madre una túnica pequeña y se la atraía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado, y el I bendijo a el cana, ya su mujer diciendo, el eterno te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a el eterno, y se volvieron a su casa, y visitó el eterno a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas, y el joven Samuel crecía delante del eterno, pero el I era muy viejo, y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

Entonces aquí vemos esta degradación moral que pareciera que fue increscendo en los hijos de el I. Partieron tomando de lo que no debían tomar de los sacrificios, y terminaron pecando aquí con las mujeres que cuidaban, y que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

Y dice aquí, y les dijo, el I, ¿por qué ha seis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. Uno entiende que las personas que conocían de esto iban, y le avisaban al I de todo aquello. Y dice aquí, verso 24, no hijos míos, porque no es buena fama lo que yo oigo, pues ha seis, pecar al pueblo de el eterno. Si pecar el hombre contra el hombre, los jueces les juzgarán. Más si alguno pecare contra el eterno, ¿quién rogará por él?

Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque el eterno había resuelto a hacerlos morir. Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres. Y vino un varón de Dios a el I, y le dijo, así ha dicho el eterno, no me manifesté yo claramente en la casa de tu padre cuando estaban en Egipto en casa de Faraón, y yo le escogí por mis sacerdotes entre todas las tribos de Israel, para que ofreciese sobre mi altar y quemase incienso, y llevase esfod delante de mí, y dí a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.

¿Por qué habéis oyado mis sacrificios y mis ofrendas que yo mandé a ofrecer en el tabernáculo, ya sonrado a tus hijos más que a mí, engordando a vos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Siempre esta escritura siempre me ha llamado la atención. ¿Y saben por qué? Me ha llamado la atención porque el I le reclamó a sus hijos. Fueron las personas iban donde él, y le explicaban que sus hijos estaban haciendo estos pecados. Y le decían, mira, estos hombres adulteran, avistan y pacienzan a todo el pueblo. Y el I les reclamó y les dijo, esto es muy malo. Muy malo.

¿Y qué más? ¿Y qué más? Nada más. Y el que calla otorga. Así de simple. Y Dios no le pareció correcto. Y de hecho, le dijo, vamos a cambiar el sacerdosio. Te lo voy a sacar a ti, el I, y lo vamos a pasar a Samuel. Así de tremendo esto.

En el I se cumple la palabra escrita en Santiago 3. Santiago 3, verso 1. Hermanos míos, no os hagáis maestros, muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación al que más sabe, más se le exige. El I era un sacerdote, oficiando en el templo. Él era autoridad. Autoridad tenía que aplicar. Y se quedó en el reclamo. Les dijo, hoy tú, Ofni, está malo, muy malo, muy malo lo que tú haces. Pero si ese hijo hubiese sabido que iba a morir, bueno, la cosa es distinta. Es distinta. Pero ese hijo sabía que no iba a morir. Ni que su padre se iba a quedar con el reclamo. Y Dios no justificó aquello. ¿Por qué? Bueno, porque al que más se le ha dado, más se le exige. Jesucristo también habló de aquello. Aquí en Lucas. En Lucas.

En Lucas 12. Cuando habla del siervo vigilante, Lucas 12, verso 35, dice, está enseñado vuestros lomos y vuestras lámparas encendidas, y vosotros seré semejante a hombres que aguardan a que su Señor regrese de las bodas para que cuando llegue y llame le abran enseguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su Señor, cuando venga, halle velando. De cierto digo que se señirá y hará que se sienten a la mesa y vendrá a servirles. Y aunque venga la segunda vigilia y aunque venga la tercera vigilia, si los ayare así bienaventurados son aquellos siervos. Pero saber esto, que se supiese el padre de familia que ahora en la drona había de venir, velaría ciertamente y no dejaría minar su casa. Vosotros pues también están preparados porque a la hora que no penséis el Hijo del Hombre vendrá. Uno a veces se hace esta pregunta, como hacía la pregunta, don Marcelo, a su momento atrás. Si llegara a Jesucristo hoy día, si llegara a Jesucristo mañana, estaría yo esperándolo, estaría yo haciendo mi parte, estaría trabajando con temor y temblor acerca de mi salvación, o me encontraría con que ah, llegó. Bueno, bueno, a nosotros Dios nos ha dado su Espíritu Santo. Eso es una responsabilidad grande, grande. Porque no solo, no solo tenemos el texto escrito, tenemos el Espíritu Santo.

Y entonces, bueno, la pregunta, estaremos preparados. ¿Somos esa novia que se prepara para recibir a su novio y casarse con él?

Entonces aquí Pedro le dijo, señor, ¿dices esta parábola a nosotros o también a todos? Pedro tenía ahí esta pregunta, ahí en la punta de la lengua. A ver, dejémonos de rodeos. ¿A quién le estás hablando? ¿A ellos o a nosotros? Y dijo el señor, ¿quién es el mayor domo fiel y prudente al cual su Señor pondrá sobre su casa para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual cuando su Señor venga le haya haciendo así.

Más si aquel siervo dijera en su corazón, mi Señor, tarda en venir y comenzar a golpear a los criados y a las criadas y a comer, a beber y a embrialgarse. ¡Cero control! ¿Por qué? Ah, porque tengo un montón de tiempo, todavía a ver adelante va a cambiar. O no. O sí. O será una especulación mía. ¿Qué es lo que dice Jesucristo? Vendrá el Señor de aquel siervo en día que este no espera. Y a la hora que no sabe y le castigará duramente y le pondrá con los infieles.

Aquel siervo que conociendo la voluntad de su Señor no se preparó ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Más el que sin conocer la hizo cosas dignas de azotes será azotado poco. Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará. Y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

Nuestras acciones deben acompañar mi conocimiento de la palabra. No pasemos por alto esto porque aquí estamos jugando con vida y muerte.

Piensen, reflexionen en aquello. Esto no es un juego.

Estamos hablando de vida espiritual.

Y bueno, si uno no hace su parte. Bueno, bueno, aquí está la palabra. Esto no es especulación. No es algo que yo estoy concluyendo esta tarde. No, no. La palabra escrita los dice.

Debemos, debemos trabajar con nosotros mismos. Debemos dejarnos instruir de la palabra para poder crecer.

Particularmente de la palabra escrita.

Tercer punto a tener en cuenta. Cuando uno piensa en llegar a conocer cabalmente toda la verdad.

Es algo de lo cual no debemos pasar por alto esta tarde. Cristo nos dejó una instrucción para poder seguir aprendiendo.

¿Saben ustedes cuál es la gran dificultad que tienen las personas que enseñan a adultos? Las personas que enseñan a niños dicen trabajar con niños es fácil. Entre comillas. No con los niños de ahora. Pero es fácil trabajar con niños. Con los adultos es complicado. ¿Por qué es complicado trabajar con adultos? Porque en general los adultos no se dejan enseñar. ¿Quién me va a explicar este? ¿Quién me va a explicar él a mí? Porque yo ya soy un hombre grande. Hay un consejo que Jesús nos dejó a todos los cristianos. A todos los creyentes en Cristo. Y de lo cual yo he visto con los años que facilita la educación. Facilita la instrucción, facilita la corrección, facilita todo. Todo lo facilita esta instrucción de Jesucristo. Mateo 18.

Mateo 18.

Mateo 18.

Dice aquí, en aquel tiempo, los discípulos vinieron a Jesús diciendo, ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Mateo 18. Mateo 18. Y llamando a Jesús, a un niño lo puso en medio de ellos y dijo, de cierto digo que si no os volveis, yo a seis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Para aprender de la palabra, debemos volvernos humildes como niños.

Humildes como niños. Santiago. Cuatro. Santiago cuatro.

Santiago cuatro, verso cinco.

Dice aquí, pensáis que la escritura dice en vano el espíritu que él ha hecho moral en vosotros, nos anhelas celosamente, pero él da mayor gracia. Por esto dice, Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Para llegar a ser grandes ante Dios, hay que volverse humilde.

Santiago cuatro, diez. Humillaos delante del Señor y Él os exaltará. Él exaltará.

A la hora de aprender una muy linda actitud es la humildad. Si uno no se vuelve humilde, pierde. Pierde.

Llegar a conocer cabalmente la verdad requiere de nosotros. En tres ítems que involucran la vida entera.

La vida entera. Primero la permanencia. Esto no es algo de un par de días, un par de semanas o comparentesis. Estudio, estudio, estudio, después no estudio nada. No es así. Requiere permanencia. Segundo, requiere actuar en consecuencia.

Pablo le dijo a Teóico, persiste tú. Esto es actuar en consecuencia. Actuar en consecuencia. O lo que llamamos en esta tarde el espejo accionario. El saber tiene que ir acompañado con él a hacer. Y tercero, requiere de nosotros aprender a ser humildes. Aprender a ser humildes. Porque esto de ser humildes no es natural.

El ser humano naturalmente no es humilde. Naturalmente el ser humano es orgulloso. Altanero. De dura serviz. Es así. Somos así. Y por eso requerimos de estos tres puntos. Permanencia, actuar en consecuencia, aprender a ser humildes. Quiera Dios.

Quiera Dios. Pero saben ustedes que Dios quiere.

Uno dice, quiera Dios, pero Dios quiere. Tener misericordia de nosotros. Para darnos el tiempo para que alcancemos a conocer. Más cabalmente la palabra de verdad. Aquella palabra de verdad. Que si permanecemos en ella, nos conducirá a la libertad. Buenas tardes a todos.

Nació y se educó en el sur de Chile. Kinesiólogo de profesión se desempeñó como tal además de Anciano Local hasta el 2010. Pastoreó Chile y Argentina hasta principios del 2022. Ahora vive en Valdivia junto con su esposa María Albarrán asistiendo al Sr. Marcelo Saavedra.