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La semana pasada me hicieron una pregunta que puede ser muy sencilla o muy compleja, dependiendo de cómo se tomé la respuesta. Me preguntaron, ¿Soy ahora una persona salva? ¿Cómo respondería usted a esta pregunta? ¿Somos acasos salvos el día de hoy? ¿Por qué sí? ¿Por qué no?
Un buen amigo mío me contó una vez una historia que les voy a compartir ahora. Él pertenecía a una iglesia de la rama del pentecostalismo, y el pentecostalismo fue un gran reto. Él pertenecía a una iglesia de la rama del pentecostalismo o evangelismo, y comenzó a recibir la revista de la pura verdad de aquellos años, y comenzó a aprender las verdades de Dios por medio de la revista.
Pasaron muchos años, 5, 8, 10 años, y ya al final tuvo la entrevista con el ministro de la iglesia en ese lugar, y entonces el ministro le dijo, yo le voy a pasar ahora esta cantidad de folletos para que usted los lea, que hablaban de los diamandamientos, de las Fiestas Santas, de la fe, de la salvación, etcétera, etcétera. Y le dijo, es para usted, para nadie más, lea a usted, como se dice, una artillería pesada, porque sabemos que la revista maneja conceptos muy interesantes, pero es un poco más suave.
Sin embargo, los folletos ya hablan mucho más exacto de un contenido más pesado, más duro, más difícil de madurar muchas veces.
Y entonces esta persona que seguía asistiendo a esta iglesia, es un tipo de administración de iglesias donde cualquier persona puede hablar en cualquier momento.
Entonces él, ya teniendo un conocimiento y ya muy convencido, muy lleno de esa verdad, de ese primer amor, lo llamaron al púlpito, donde habían probablemente unas mil personas ahí escuchando.
Entonces él se paró adelante y empezó a hablar y dijo, hermanos, aleluya a Dios, y hizo la pregunta a toda la audiencia, hermanos, creen ustedes que somos salvos, y toda la audiencia aleluya, aleluya hermanos, y ahí causó el gran impacto en la gente, de querer ser salvos, de que eran salvos en ese momento. Pero esta persona le dijo, no. Y todos se quedaron ahí pensando por qué dice que no. Y le explicó lo mismo que el ministro le explicó a él. Esta persona le dijo, imagínese una carrera, hablando de las Olimpiadas de Brasil.
Imagínense una carrera. Usted está al comienzo de la línea de partida, ya está a punto de partir, están a punto de lanzar la marcación para que salgan a correr, y al final de la carrera están los premios. Tienen que correr para allá. Entonces están a punto de partir y antes de que partan le dicen, usted ya ganó. Usted ya ganó la carrera. Y le dice, ¿pero cómo? Si no, he corrido la carrera. Bueno, eso mismo es lo que sucede con la salvación. Después de este momento muy incómodo frente a este público, que no entendía este tipo de verdades muy transversales en el mundo religioso cristiano, para no hacerla larga, finalmente se terminó saliendo de la iglesia, se discutió con toda su familia y ya al final hoy día son una familia en la iglesia de Dios. ¿Cómo podemos alcanzar nosotros la salvación? ¿Cómo podemos ser hoy días salvos? ¿Podemos ser hoy días salvos? ¿Qué nos hace falta para alcanzar la salvación? Todas las iglesias cristianas hablan de la salvación. Todas. Pero, lamentablemente, muchas de ellas no comprenden lo que realmente significa una verdadera salvación. Y entonces, invitan a sufa y igreces a decirle, tú eres salvo, entra a mi iglesia. Si entras a mi iglesia, eres salvo. Por eso se llenan las iglesias. La gente cree ese concepto erróneo de la salvación. Entonces, hoy día vamos a hablar un poco de lo que es la verdadera salvación. El título es verdaderamente salvos. Ese es el título. Vamos a hablar de la salvación que encontramos en las Biblias, no la que se predica en las calles con ideas humanas. Vamos a hablar de la salvación que, para algunos, es un misterio. Es un misterio. Pero lo que gracias, pero para nosotros y gracias a Dios en su misericordia, para los pocos que somos, sí hoy día podemos participar de esa salvación.
Como decimos todos, todas ramas cristianas, estos ya más de 2.000 millones de personas cristianas, han escuchado en sus iglesias, han escuchado a sus pastores, a sus sacerdotes, a sus ministros hablar de la salvación. Que es una meta, que es un objetivo, cuando una persona llega a la iglesia, una persona quiere llegar a la iglesia para tener soluciones en su vida, para lograr una salvación. La pregunta es, ¿de qué quieren ser salvos las personas que buscan la salvación? ¿De qué quiere salvarte?
Aquí, otra historia, muchos años atrás, en una fiesta de los tabernáculos, cuando yo era pequeño, jugábamos con los chicos a saltar de la calle hacia la playa, a la arena, donde había una muralla, entonces uno podía saltar de la muralla a la arena. Había una altura, había lugares bastante bajos, pero hacia un costado de la playa, el muro empezaba a elevarse, y obviamente la caída libre era mucho más alta, 4 metros, 5 metros, ya bastante más alta. Entonces me encontraba con mi primo, y nos encontramos en esa orilla, y típico juego de niños, a quien no era capaz de saltar aquí abajo. Entonces, salte yo primero, y caí, era bastante alto, y luego saltó él. El problema es que él, al caer con sus pies en la arena, con sus rodillas golpeó sus pulmones, muy fuerte, y quedó sin respiración.
De alguna manera, yo reaccioné, y le dije, parate, y empieza a subir y a bajar, con tu rodilla, fleca tu rodilla sin trata de respirar. Obviamente un momento bastante tenso, no sé de dónde saqué eso, pero le dio resultado. Y ya cuando recuperó la respiración, y ya le volvió el color a su piel, me dijo, gracias, me salvaste. Y dije, bueno, pero este relato tan infantil, o podría ser quizás un bombero, o un policía, un paramédico, cuando salva a las personas de alguna situación con riesgo vital, se puede comparar un poco con la salvación que la Biblia alguna vez es relata.
Por ejemplo, somos salvos de los pecados pasados cuando recibimos un perdón. Sí somos salvos, nos salvamos de esos pecados porque recibimos un perdón. Somos salvos de la influencia negativa de Satanás, al asistir a la Iglesia, al estar estudiando la palabra de Dios, al relacionarse con la Iglesia, uno se protege. Esa mujer que habla Apocalipsis, donde es llevada al desierto, es una protección, es una Iglesia. Y las personas se protegen dentro de la Iglesia de Satanás. Ahí ustedes pueden leer el relato cuando Satanás persigue a la mujer en el desierto. Y Dios protege a la mujer de esa influencia, de ese ser negativo que no nos quiere ver. Somos salvos de no estar siendo parte del presente siglo malo. No somos parte de este siglo, no somos parte de este mundo. No tenemos conexión con este mundo. Estamos en el mundo, pero no somos parte del mundo. Qué es lo que Jesucristo le pidió al Padre cuando estaba a punto de ser sacrificado. Todos recordarán el momento clásico de cuando el Espíritu Santo se derrama sobre la Iglesia en el día de pente, que usted es, en hechos 2. Cuando se añade en 3.000 personas y empieza entonces a crecer la Iglesia en números, con un poder especial. Vamos aquí a hechos 2. Es un momento histórico. La historia va a la redundancia de la Iglesia. Si alguien quisiera saber cómo funcionaba la Iglesia apostólica o primitiva, como se le dice, puede leerse todo el libro de los hechos, que describe los hechos de la Iglesia primitiva. En hechos 2, quisiera leer el versículo 46, un poco más adelante de lo que es el día de pente, o dentro del día de pente, que usted es, del Espíritu que había. El versículo 46 dice, y perseverando un ánimes cada día en el templo y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos, formar parte de la Iglesia. ¿Quiere decir que uno ya es salvo? ¿A qué se refiere la escritura aquí? Los que se estaban añadiendo, a los que habían de ser salvos.
Para comprender un poco más de esto, hay que entender el procedimiento que realizaban, o que por el cual pasaban las personas que formaban parte de la Iglesia, a los que habían de ser salvos, como dicen aquí, hechos en hechos 2.46 y 47.
El clásico versículo del día de penteco, que usted es, es hechos 2.38. Ese es el procedimiento que hasta el día de hoy la Iglesia cumple, que es, veamos aquí, hechos 2.38. Cuando viene el primer sermón de Pedro, habla de Jesucristo, y entonces vienen los varones y dicen, ¿qué hacemos? Y aquí, entonces, Pedro le dice, arrepentíos y bautícies, y cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Son tres procesos aquí resumidos. Primero, arrepentirse genuinamente, porque hay arrepentimiento que no es genuino, y ustedes preguntarán, ¿arrepentirse de qué?
De que le metí a mi mamá ayer, pero también de no haber guardado el sábado, de no haber guardado las fiestas, de no haber diezmado, cuando la gente ya conoce la verdad es de Dios, y no la cumple, tiene algo de que arrepentirse.
Eso son los diezmandamientos, las verdades de Dios, la de haber transgredido la Santa Justa y Buena Ley de Dios. Segundo proceso es el bautismo donde se limpia la persona, donde muere y renace espiritualmente en un cuerpo físico, y recibe el perdón, la limpieza, la purificación, el símbolo de esa muerte de un viejo hombre. Hablando de la vieja levadura también, que acabamos de pasar, y ser una nueva persona. Y el punto número tres es recibir el Espíritu Santo por medio de la imposición de manos.
Recibir el Espíritu Santo por medio de la imposición de manos. Ahí entonces la persona recibe, el Espíritu Santo, de parte de uno de los ministros, que sea de la Iglesia, de Dios, que cumpla con los mandamientos de Dios. Son los procedimientos que se realizan y se conversan en las entrevistas de las personas, que piensan que el bautismo ya cualquiera lo puede hacer, pero hay un todo un proceso. Esto es una decisión de por vida. Y no sólo en esta vida, sino que por la eternidad. No es algo a la ligera.
Por eso el bautismo de niños no existe en la Iglesia. No hay un registro bíblico ni una instrucción de esto, de andar bautizando a niños, tampoco a jovencitos. Es una decisión madura de una persona que ya sabe dónde se está metiendo, que sabe calcular sus gastos.
De aquí en adelante, en hechos 2, 3 y hacia adelante, comienza un crecimiento, como hemos dicho, de la Iglesia. Muy grande. Se hablan de miles de personas. Más adelante habla de 5.000 personas que creyeron el segundo sermón de Pedro. Ahora bien, empiezan las manifestaciones del poder de Dios que ya estaba sobre la Iglesia.
Llama mucho la atención el impacto que provocó el primer milagro después del día de Pentecostés. Aquí en hechos 3, capítulo 3, ciberciculo del 1 al 6, Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre con jovenacimiento a quien ponían cada día la puerta del templo que se llamaba la hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo, míranos. Entonces él estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Más Pedro dijo, no tengo plata, ni oro, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
Esto fue un hecho asombroso para toda la gente que estaba y que supo de este milagro. Fue un impacto de asombro y de espanto, dice la escritura, de ver un cojo que estaba caminando de un momento a otro. Todos estaban maravillados, pero Pedro y Juan no estaban maravillados. Fíjense aquí más adelante, cuando la gente se reúne con ellos, en hechos tres, en el círculo XI, la gente estaba ahí y ellos, en XI y XII, y teniendo ácidos a Pedro y a Juan, el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, a tónito, concurrió a ellos al pórtico que se llamaba de Salomón.
Viendo esto, Pedro respondió al pueblo, varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este?
Fíjese lo que dice Pedro aquí en el versículo anterior, dice, lo que tengo te doy cuando le das, entonces, el Espíritu Santo al cojo. Esa fuerza para realizar estos milagros, ese poder. Y seguidamente, cuando sucede este milagro, él reconoce que ellos tenían un poder pero no provenía de ellos.
Dice aquí, ¿por qué os maravilláis de esto? Como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este, no fue algo de su autoría. Fíjense, la conversión que tenían aquí ya los apóstoles, que habían estado con Jesucristo, y que ahora tenían el Espíritu Santo en ellos, de decir, no fui yo el que hizo esto. Yo no tengo poder para hacer esto. Yo no soy el autor, sí tienen el poder, pero no provenía de ellos. No era de su autoría. Pedro no se estaba ensalzando de lo que había pasado.
Él tenía un poder de humildad, un poder de dominio propio, un poder de amor, un poder que antes no tenía, y que ahora le ayudaba a ser una persona muy distinta, un cambio. Este mismo poder, un poco más adelante, lo vamos a ver, quiso ser lamentablemente adquirido por una persona de la peor manera, comprándolo. Fíjese aquí en Hechos 8, de quien hablamos aquí, de Simón el Mago. Pueden leer la historia completa en el capítulo 8, pero vamos a ver solamente algunos versículos.
Hechos capítulo 8, versículo 9. Hechos 8, versículo 9. Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, se había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún importante. Versículo 13.
Aquí el contexto es que estaba Felipe predicando el Evangelio de Dios, y entonces Simón cree el Evangelio, cree lo que Felipe estaba diciendo, cree que Jesucristo se levantó de los muertos, y cree que hay una oportunidad para él. Y el hombre de los que se dice también creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe, y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito. Una persona que engañaba a todos en ese lugar, con grandes señales, del más chico al más grande los tenía a todos engañados, creyéndose a alguien importante. Y el versículo 18. Ya aquí envían a los apóstoles para completar el proceso del bautismo con la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo.
Y entonces aquí andaba Simón el Mago, y el versículo 18 dice, cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero. Diciendo, dame también a mí este poder para que cualquiera a quien yo imposiera las manos reciba el Espíritu Santo.
¿Por qué quería recibir el Espíritu Santo, Simón? Él reconocía el poder de Dios, pero lo quería para él, para ensalzar. No tenía una actitud para recibir el Espíritu Santo de Dios en su cuerpo. Había sido bautizado, como le hizo Juan el Bautista con mucha gente, pero ya el proceso para finalizar aquí en lo que es el bautismo debía recibir el Espíritu Santo por medio de la imposición de manos.
Y vemos la respuesta más adelante, pueden seguir leyendo, de lo que los apóstoles le dicen, de esta actitud tan humana y tan egoísta de querer como si fuera un poder en la política. Dame ese puesto para yo entonces gobernar más y tener más poder. Esa fue la actitud de Simón el Mago. Y que hasta el día de hoy hay influencias. Todo en historia de lo que es este falso apóstol en esta época de la Iglesia Primitiva. En Samaria, primeramente, las personas, como dijimos, habían sido bautizadas por Felipe.
Simón fue bautizado. Y luego, aquí ahora, con Pedro y Juan, venían a imponer las manos sobre las personas que estaban creyendo el Evangelio. Yo tenía la actitud correcta. No recibió el Espíritu Santo de Dios. Tenía que haberse arrepentido de esa actitud. En la Iglesia de Dios, reconocemos las verdades que Dios nos ha revelado en su palabra y que han permanecido hasta el día de hoy.
Su palabra, la Biblia, este libro que todos tenemos aquí, nos enseña a vivir. Nos enseña a tener una vida con bendiciones de Dios. Nos enseña a discernir lo bueno de lo malo. Nos enseña a guardar sus mandamientos, tal como se hizo en el Antiguo Testamento, tal como se hizo en el Nuevo Testamento y tal como vivía nosotros, lo seguimos haciendo bajo el nuevo pacto que el Jecdm realizó en su venida. Después sus apóstoles y la Iglesia primitiva, la que vivía, también, sentimos ese mismo pensar.
Pero, hablando de los mandamientos, guardar los mandamientos por sí solos no nos salva. Guardar los mandamientos de Dios no nos salva. Sí nos salva de muchos dolores de cabeza, de muchos dolores del corazón, de muchos dolores del Espíritu. Sí claro que nos salva y Dios nos bendice, no nos maldice, no tenemos consecuencias negativas a guardar los mandamientos de Dios. Pero no nos salva de esa salvación que estamos hablando, estamos empezando ya a desarrollar, de esa salvación que es el tema de la Biblia, como ser parte de la familia de Dios.
Ese es el tema de la Escritura. ¿Cómo ser parte de esa familia? Fíjense aquí en Efecios 2. En Efecios 2, versículo 8. Efecios 2, versículo 8. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe. Y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras para que nadie se glorie, porque somos hechuras suyas, creados en Cristo, Jesús, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduíesimos en ellas. No es por obras, no es por guardar los mandamientos, no es por hacer algo muy bien hecho.
Vean la historia de los fariseos, que se exactaban de hacer y cumplir la ley, que ellos mismos habían puesto como una carga, que ni ellos mismos podían cumplir. Pero no es por las obras, sino que dice aquí, por medio de la fe, por esa gracia, ese don inmerecido de Dios, por el cual podemos acceder a la salvación. Mateo 19.
Hace unas semanas atrás hablamos de este relato. Mateo 19.
Versículo 16.
Mateo 19. Entonces vino uno y le dijo, Maestro, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
Él le dijo, ¿por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino uno. Dios, hablando aquí de que todavía le faltaba a Jesucristo cumplir su propósito aquí en la tierra.
Versículo 17. Él le dijo, Ninguno hay bueno, sino uno. Dios, más si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo, ¿cuáles?
Y Jesús le dijo, no matarás, no adulterarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójico como a ti mismo. El joven le dijo, todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
Es una conversación que está teniendo el Maestro, con una persona que quiere llegar a tener esa vida eterna. Si quiere ser perfecto, esto es completo, maduro, anda sabiendo que Jesús, que era una persona con mucha adquisición económica, anda, vende lo que tienes y dale a los pobres y tendrás tesoros en el cielo, ven y sígueme.
Oyendo el joven, esta palabra se fue triste, porque tenía muchas posesiones. ¿En quién confiaba el joven rico?
¿En quién confiaba este joven que tenía muchas riquezas y que guardaba los mandamientos de Dios?
Confiaba, no en Dios, confiaba en sus riquezas.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos, de cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos oyendo esto se asombraron en gran manera, diciendo, ¿quién pues podrá ser salvo?
¿Quién puede ser salvo? Si ni siquiera un rico que guardaba los mandamientos, podía hacerlo, podía llegar a esa vida eterna.
Y mirándolos, Jesús les dijo, para los hombres esto es imposible, más para Dios todo es posible.
Este versículo es la clave, que para Dios todo es posible, no para el hombre, para Dios.
La única manera de acceder a la salvación de ser salvos es por medio de Dios.
No es porque hagamos algo bueno, porque tengamos buenas obras, es por medio de Dios, porque para Dios todo es posible. Esto que estamos hablando, fue demostrado por quién inició el proceso de salvación.
¿Quién inició el proceso de salvación?
Nuestro capitán.
Fíjense quién hebreos, hablando ya de un poco más en profundidad de lo que es verdaderamente salvos, en hebreos 2. Es uno de los versículos que la Iglesia de Dios Unida tiene como estandarte, una visión que la Iglesia tiene dentro de sus objetivos, administrativos y espirituales, porque aquí en hebreos 2-10 nos dice porque convenía que el por cuya causa son todas las cosas y por quién todas las cosas subsisten, que habiendo y llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
Él es el autor de la salvación.
Él es el autor, el que inició este proceso de salvarnos, de salvarnos, de verdaderamente salvarnos.
El autor de nuestra salvación registró la fuente inagotable de lo que podemos recibir para acceder a la salvación. Ya empezamos a ver el proceso de cómo uno puede llegar a esa salvación. Y aquí entonces, viene por el autor de la salvación un versículo que vamos a leer aquí en Juan 14, que nos dice Juan, capítulo 14.
¿Cómo sería el proceso? Hablando de hechos 2.38 del día de Pentecostés, del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, Juan 14.15.
Si me amáis, guardad mis mandamientos. Esta frase la dice Jesucristo muchas veces. El que diga que los mandamientos están abolidos, entonces no cree en Jesucristo. No cree en su palabra, no cree en la Biblia. Versículo 16. Si yo rogaré al Padre y os dará otro consolador para que esté con vosotros para siempre, ¿qué es esto? El Espíritu de verdad, a cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce, pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros. Mora con vosotros porque ese poder lo tenía Jesucristo. Dios en la carne. Y dice, estará en vosotros. Ahí estaba hablando del día de Pentecostés, cuando Él daría ese Espíritu de verdad, cuando los apóstoles tendrían el Espíritu dentro de ellos.
Y ya lograrían una conversión no humana, no humana, sino que una conversión que hace Dios estas cosas posibles, estos cambios, como lo hizo Pedro y los apóstoles, y las cartas que pueden ver en el Nuevo Testamento. Jesucristo tenía ese poder. Los apóstoles podían sentir ese poder cuando conversaban. Por eso que tenían que explicar las parábolas siempre después, porque no entendían. No tenían el Espíritu Santo. Este poder, este poder, es el que recibe la persona cuando se bautiza. Ese poder es el que recibe la persona cuando se bautiza, cuando se repite, cuando le son perdonados sus pecados, cuando se muere simbólicamente en el agua.
No puede quedar un pie afuera, tiene que lavarse completamente, purificarse en agua, y luego, por medio de la imposición de manos, recibe el Espíritu Santo. Segunda de Pedro. Un poco más adelante en Segunda de Pedro. Capítulo 1, versículo 3. Segunda de Pedro, capítulo 1, versículo 3. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la apiedad, nos han sido dadas por su divino poder. Mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.
Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo, a causa de la concupiscencia. Este fue el mismo personaje que sacó una espada y le cortó la oreja al soldado, cuando iban a apresar a Jesucristo.
Fíjense las palabras de Pedro ahora. Por medio del conocimiento de Jesucristo, aceptándolo como su Salvador, aceptando como su sacerdote, hermano mayor, maestro, rey. Cuando uno lo acepta, cuando uno conoce quién es Jesucristo, entonces la persona puede ser parte de esa naturaleza divina, cuando reside el Espíritu Santo de nosotros. Esto es su divino poder. Aquí Pedro lo dice con otras palabras, pero es lo mismo. Por su divino poder mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. Conocer a Dios por medio de Jesucristo. Una de las misiones de Jesucristo fue dar a conocer a Dios el Padre. Y de nuevo, para Dios todas las cosas son posibles.
Todas las cosas son posibles. Es por eso que nosotros, siendo carne, podemos acceder a la salvación. Es un proceso. Nos hemos dicho varias veces. Esto de la salvación, la verdadera salvación, es un proceso por el cual uno va caminando. Esto es lo que la mayoría de los cristianos no desean entender, ya que consideran que la salvación, aquella que nadie hoy día ha realizado, ningún ser humano, desde Adán hasta el día de hoy, nadie ha degustado todavía esa salvación, pero la ofrecen.
En una iglesia la ofrecen. ¿Quieres el salvo? Véngase para acá. Y la gente entra a la iglesia pensando que ya es salva. Y sabemos que es una falacia de líderes que sin criterio invitan a la gente con algo que los enganche, con algo que les llame la atención. Cuando ustedes ven un comercial publicitario, tienen que ofrecer lo mejor para que usted compre. ¿Quieres adelgazar? ¿Quieres ser feliz? ¿Quieres pagar todas sus deudas? ¿Todo nos llama la atención eso? ¿Quieres ser salvo?
Claro. Y llama la atención. Es un enganche muy, muy bueno, pero viene todo a esto que es... No es una realidad. Dios nos llamó para hacer sus hijos e hijas y nos entrega lo que nos falta para comenzar ese proceso.
Lo que necesitamos para comenzar a ser parte de su naturaleza divina, esto es su poder. No es una persona. No es una persona. Si fuera una persona destruiría todo lo que es Dios el Padre y Dios el Hijo como familia. No entra una persona en esa familia. Es un poder. Dios nos da lo que necesitamos.
No podemos por nuestra propia cuenta. Pero el momento exacto en donde las personas realmente dió mediante seremos salvas no ha ocurrido. Lea Nebreo 11. Todos murieron. Todos esperan ese momento. Nadie se ha ido al cielo. Todos estamos esperando ese momento de la salvación. Que será en la segunda avenida de Jesucristo. Luego, después de los mil años, viene la segunda cosecha con el último grandía, la séptima fiesta santa de Dios, que simboliza cuando el Espíritu Santo ya desciende sobre toda la humanidad.
La segunda resurrección, en Apocalipsis 20 nos habla de eso. Es un proceso. Es un proceso. Aunque la posibilidad de fracasar está latente. Estamos en un proceso, pero podemos perder la corona. Podemos realizar una vida carnal y alejarnos del Espíritu. Y el Espíritu se va a apagar. Pero Dios no nos llamó para fracasar.
No nos llamó aquí para decir, a tu, a ti te falta, tú no vas a poder. Todo ser humano es capaz, no porque sea un ser humano, sino porque es el poder de Dios en el ser humano. ¿Qué hace posible esto? Me recuerdo un poco aquí, en Éxodo, hablando un poco de lo que se habló en el semosillo, en Éxodo capítulo 4. Y muchas veces, esto puede ser una piedra, hablando de lo que era el artículo de la revista.
¿Está postergando usted su salvación? ¿Está postergando su bautismo? Aquí, en Éxodo 4, fíjense en la actitud de Moisés, cuando Dios le dice lo que tiene que hacer. En Éxodo 4, versículo 10, dice, Entonces dijo Moisés al eterno, Ay Señor, nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes ni desde que tú hablas a tu siervo, porque soy tarde donde le habla y torpe de lengua.
Y el eterno le respondió, ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo el eterno? Ahora pues, ve y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que hayas de hablar. Esa actitud que Moisés tuvo al comienzo, muy humana, y que después vemos ya, empezó a confiar más, y fue el Salvador y un gran ícono de toda la Biblia, está en Hebreos 11 también. Esa actitud, algunas veces, nos detiene a seguir avanzando. ¿Por qué?
Porque confiamos en nosotros. Aquí estaba confiando en sus habilidades. No soy yo el eterno, dice. ¿Qué hice al mudo? ¿Qué hice al ciego? ¿Le di trabajo a tu jefe? ¿Qué le di trabajo a quien construyó tu casa? ¿No soy yo el eterno que tengo ese poder? Juan 6.63. Todo es posible para Dios. Juan 6.63. El Espíritu es el que da vida. La carne para nada aprovecha. Las palabras que yo o sé hablado son Espíritu y son vida. ¿Qué palabras habló Jesucristo? ¿Qué predicó Jesucristo? ¿Qué habló Dios en la carne estando en la tierra?
Romanos 1.16. Romanos 1.16. Píngase aquí, Pablo, hablándole a los romanos. Romanos 1.16. ¿Qué empezó a predicar? Y aquí, Pablo, dice, Para salvación. Aquí está la palabra. Para salvación. Evangelio es la llave secreta para la salvación. Y a todo aquel que cree al judío, y también al griego. El Evangelio del reino de Dios lleva un plan divino y es predicado para alcanzar la salvación de todo aquel que lo crea en este tiempo.
Aquí en Dios le abra la mente. No estamos desesperados queriendo que todos entren y conozcan el Evangelio, porque eso lo hace Dios. El poder de Dios llama, abre la mente. Uno hace su trabajo, puede hacer un instrumento.
Esta semana estuvimos recopilando algunos datos interesantes de lo que, por lo menos en América Latina, se está haciendo respecto a la predicación del Evangelio. Y los últimos datos que tengo aquí es acerca del sitio web, donde tenemos casi 200 sermones, tenemos casi 800 artículos de revistas, de comunicado y mucha información para las personas que nos hablan y nos hacen preguntas de todas partes del mundo que hablan español. Hay 55 mil personas que entran al mes a nuestro sitio web. 55 mil personas diferentes que entran al sitio web. La página de los Estados Unidos de habla inglesa está dentro de las tipos de páginas de denominaciones religiosas en el top 25, el número 25 al lado de adventistas, testigos de Jehová, católicos.
Ahí está la iglesia predicando con un poder de Dios y la gente lo ve, tiene la oportunidad de verlo. La salvación aquí hablando del Evangelio, que lleva la salvación, no es algo que podemos adquirir porque merezcamos salvarnos. Como hemos hablado, es un don inmerecido de nuestro creador. Él entrega ese conocimiento, Él nos entrega esa salvación.
Él da a la persona el entendimiento de su Evangelio. Segunda de Timoteo 3.5. Aquí hay un versículo que veremos rápidamente, que va a ser el tiempo. Segunda de Timoteo 3.5. Aquí las instrucciones de Pablo y su aprendiz, Timoteo, que lo instruyó así como a Tito. Segunda de Timoteo 3.5. Hablando de el tipo de personas que haberían en el mundo y que hoy día también hay. Y están siendo cada vez más. Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella.
A estos, edita. Esto de piedad es personas que se postulan, se presentan como unas personas santas con unas personas buenas. Pero negarán la eficacia de ella. Es decir, el poder de algo bueno. Niegan ese poder. Y aquí, entonces, las instrucciones son evitar a este tipo de personas. Hay personas que tienen una excelente apariencia. Una excelente apariencia, parece muy amables y todo. Pero la sustancia, su corazón, su motivación, su mente, no están con Dios. Justamente, lo que el mundo hoy día más busca, lo que hoy día el mundo más está visitando o necesitando es una apariencia. Pareciera ser que con una apariencia se resuelven todos los problemas. Eso es lo que busca la gente.
Algo superficial, algo sin sustancia. Una falsa religión que aparentan ser religiosos. Pero que niegan el verdadero poder del Espíritu Santo. Recuerden a Pedro, yo no tengo, de mí no procede este Espíritu Santo. ¿Qué les asombra esto? ¿Qué les asombra que una persona se pueda sanar? Es el poder de Dios. Es el poder de Dios que hace todas las cosas posibles. Hay personas que dicen ser muy espirituales. ¡Ah! Yo leo la Biblia. Yo soy muy espiritual. Yo creo en Dios.
Yo creo que a mí me da la verdad. Si entonces eres muy espiritual. Pero no manejan códigos morales. No manejan códigos morales. Todo es relativo. Hoy día se vive el relativismo moral. Si quieres tener relaciones con un animal, está bien. Pero no. Hálo sin que yo lo vea. Pero es problema tuyo. No es problema mío. Eso está bien.
Eso es lo que la gente está haciendo hoy en día. Quieres engañar a tu esposa. Sí, ya, pero... Hazlo, pero no te metas conmigo. Está bien. Está bien. Todo está bien. Puedes mentir un poquito, puede robar un poquito. Todo se aguanta. Todo es relativo. Y se dice ser personas muy espirituales. También hay personas que se preocupan de hacer cosas buenas. Buenas obras. Pero no cambian el carácter. No cambian la sustancia que hay dentro de ellas. Hablando de que los mandamientos no nos salvan. No nos salvan. Es como si yo lo he visto en la iglesia. Es como si hacer un par de cosas buenas en la iglesia.
Entonces el próximo sábado no vengo, porque ya vine y entonces hice algo bueno. Entonces esto no es una repisa de cosas buenas para yo hacer cosas malas o dejar de hacerlas. Por el contrario, debe ser un cambio sustancial de la persona constante donde mora el Espíritu Santo de Dios. No la mente carnal, sino que la mente espiritual. Y como le digo, yo lo he visto en la iglesia. Que pueden hacer un tremendo esfuerzo por algo y después entonces van y hacen algo malo porque ya hicieron algo bueno. Como para equilibrar la vida. Eso no tiene sentido. No tiene sentido para Dios. No tiene sentido para nuestra salvación.
El Espíritu Santo de Dios cambia desde dentro hacia afuera, no de afuera hacia dentro. Por eso Dios, si ustedes han leído varias veces, él desea escribir su ley en la mente y el corazón de las personas. Jeremía 31, Hebreos 8, Hebreos 10. Habla de que él va a querer y desea escribir su ley, que no está abolida en las mentes y en los corazones de sus hijos. Para que sea una sustancia distinta de dentro hacia afuera.
Es un hecho que hacer una buena obra se siente bien. Hay hechos científicos incluso que han demostrado que el cerebro libera, y no recuerdo bien ahora la sustancia que provoca tranquilidad y provoca paz al hacer, a ayudar a una persona provoca una sensación buena. Pero además de eso, debemos tener un carácter de Dios, un poder de Dios en nosotros, que ese es el que realmente nos transforma. Y ese poder nos ayuda a saber qué es correcto, saber qué es correcto, un discernimiento.
Para elegir lo que es correcto nos da el pojoncito para decidir lo que es correcto, aunque no nos convenga, y nos ayuda a hacer lo que es correcto. A saber lo que es correcto, a elegirlo y hacerlo. Esto es el poder de Dios. No como tenía ese miedo, moisés, no decía yo no puedo, claro que no puedes, pero yo te voy a hacer que lo hagas. Porque yo soy Dios, y para Dios no hay nada imposible.
Este cambio permite relacionarnos de manera diferente, pensar de manera diferente, ver los problemas diferentes, ver las soluciones de manera diferente. Pero no podemos hacerlo solo. Hay entonces, hay que cambiar ese concepto. No, yo puedo ser todo esto, no te preocupes. Necesitamos a Dios. Necesitamos de su poder en nosotros. Segunda de Corintio 5. Segunda de Corintio 5. Y versículo 14 al 16. Porque el amor de Cristo nos constriñe pensando esto, que si uno murió por todos, luego todos murieron. Y por todos murió. Para que los que viven ya no vivan para sí, sino que para aquel que murió y resucitó por ellos.
De manera que nosotros de aquí en adelante, a nadie conocemos según la carne, y aún si a Cristo conocemos según la carne, ya no lo conoceremos así. Ya no vivimos para nosotros. Ya pasamos Pascua, ya pasamos Páneas y Levadura. Ya no vivimos para nosotros.
No somos el viejo hombre, sino una nueva creación que estamos viviendo, una nueva vida, una vida donde Dios tiene su poder en nosotros.
Vamos aquí a Juan 5, ya empezando a finalizar.
En Juan 5, yo sé que hace calor y hace sueño, pero les pido su atención ya a punto de terminar. Juan 5, versículo 26.
Juan 5, versículo 26.
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado vida al Hijo, al tener vida en sí mismo. Y también le dio autoridad de hacer juicio por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis de esto, porque vendrá ahora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y los que hicieron lo bueno saldrán a Resolución de Vida, más los que hicieron lo malo a Resolución de Condenación. No puedo yo hacer nada por mí mismo, según oigo así justo. Y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Según decorintios, capítulo 3.
Según decorintios, capítulo 3.
Según decorintios, capítulo 3.
Percículo 17. Los dos subtumbros versículos. Dice, porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo, la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor. Ahí estamos nosotros siendo transformados día a día en el proceso de la salvación, en el proceso de la salvación, en esa libertad de haber dejado, ya no somos esclavos, sino siervos, como se hablaba en el sermóncillo, somos siervos de Dios. Entonces, mis hermanos, la salvación bíblica es un proceso que hoy día tenemos acceso, hoy día podemos entrar en ese proceso de salvación. Y ese proceso no va a finalizar, no va a culminar hasta cuando Jesucristo venga. Estamos en ese proceso, pero todavía no somos salvos. Nadie puede decir que ya hizo todo lo que tenía que hacer en su vida. Hay un proceso que hay que seguir adelante. Hay un proceso que hay que seguir. Sí podemos decir que somos salvos de los pecados pasados, somos salvos de la influencia negativa de Satanás, somos salvos de no estar siendo parte del presente siglo malo, sí, claro que sí, somos salvos de los dolores de cabeza, de los dolores de corazón, de los dolores del espíritu. Sí somos salvos de esas cosas, pero la verdadera salvación, el proceso de salvación comienza en hechos 2.38. A repentirse, recibir a Jesucristo para perdonar sus pecados y recibir el don del Espíritu Santo. Ahí está el proceso, ahí está la fórmula, esa fórmula para entrar en ese proceso. La única manera de acceder a la salvación es por medio de Dios. Por menos por nosotros, no es algo que merezcamos, pero sí se puede perder, sí se puede perder. Su nombre en el libro de la vida puede ser borrado. Ese es otro tema todavía más que tiene que ver con este tema, pero su nombre en el libro de la vida puede ser borrado.
Este proceso lo inició Jesucristo de la salvación, como el primogénito de entre muchos hermanos. ¿Hemos estado hablando esto también? Él lo comenzó, él es el autor de la salvación, como lo vimos en Hebreos 2-10. Por eso estamos mirando hoy día, ya hacia la próxima fiesta de Pente Costeso. Recordamos el momento en que la Iglesia recibió este poder cuando empieza la persona en el proceso de salvación. Podemos acceder a ese proceso de salvación con esta fórmula, donde se culminará siendo no nosotros ni carné ni sangre, sino que ya una transformación glorificados como espíritu para estar con Jesucristo por la vida eterna. Esa es la vida eterna que el joven rico no podía, y no pudo alcanzar. Porque no confiaban en Dios, y para acceder a esa salvación hay que serlo por medio de Dios. No es algo humano.
Como parte de la primera cosecha, esta es la primera cosecha. Esto es Pente Costes. Esta es la primera cosecha que Jesucristo va a buscar cuando venga la tierra. Nosotros estamos en ese momento. Esperemos estar en ese momento, en esa primera cosecha. Mientras tenemos la ley de Dios, la ley de la libertad, la ley del amor en su esencia, en nosotros, viviendo en espíritu, no en la carne, no nos queda otra cosa a mis hermanos que vivir de la siguiente manera como nos dice Pedro. Segunda de Pedro.
Segunda de Pedro. Capítulo 1, versículo 5. Segunda de Pedro, 1-5. Vosotros también poniendo toda de ligencia por esto mismo de nuestra carrera, de nuestra salvación, de nuestro proceso, añadida a vuestra fe, virtud, a la virtud de conocimiento, al conocimiento dominio propio, al dominio propio, paciencia, a la paciencia piedada, a la piedad, al afecto fraternal y al afecto fraternal amor. Porque si estas cosas están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. ¿Se ve muy difícil todo eso? Posiblemente, pero hay un poder que tenemos o que podemos recibir que nos va a ayudar a mantenernos en esa diligencia de nuestra salvación.
Todos estos son verdades que ya conocemos, pero aquí, como dice Pedro en el versículo 12, de aquí mismo dice, por esto yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros la sepáis y estéis confirmados en la verdad presente. Sabemos lo que tenemos que hacer y hay que recordarlo. Por eso estamos aquí aprendiendo la verdad de Dios. Entonces, ¿cuándo viene la verdadera salvación? ¿Cuándo somos verdaderamente salvos? Apocalipsis 12. Y con eso concluimos.
¿Dónde está ese galardón?
Apocalipsis 12, versículo 10 y 11, y aquí concluimos. Apocalipsis 12, versículo 11. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y de la palabra del testimonio de ellos y me nos precieron sus vidas hasta la muerte. Hasta la muerte, mis hermanos. Por lo cual alegramos cielos y los que moráis en ellos. Hay de los moradores de la tierra y el mar, porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira sabiendo que tiene poco tiempo. ¿Qué me faltó un versículo 12? 10. Ahora veamos el 10. Entonces, oí una gran voz en el cielo que decía, ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y a la autoridad de su Cristo, porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Que su Cristo trae la verdadera salvación, la salvación final, que culmina y da comienzo a otra temporada, a otro momento que tiene muy poquito la Biblia escrita, pero sí sabemos que va a ser así. Entonces, mi semana luchemos por esa verdadera salvación, por ese proceso y tal como dice Pedro, aunque lo sepamos, es importante saber que tenemos ese Espíritu Santo a nosotros, poniéndonos ojos ahora en la próxima fiesta de Pentecostés. ¡Muy buenas tardes a todos!