Para acceder al gran tesoro que Dios guarda para nosotros al final de los tiempos, necesitamos fijar nuestra mira en los negocios de nuestro Padre, alejándonos del pecado.
Para que el sacrificio de Cristo tenga su efecto purificador en nuestras vidas, debemos cumplir nuestra parte de dar la espalda al pecado.
Dar gloria a imágenes o a fenómenos de la naturaleza ha sido parte importante de nuestra historia como humanidad. Sin embargo, nosotros alabamos a un Dios que conocemos por su carácter y por su relación con nosotros.
El rey Saúl hacía las cosas a su manera, desobedeciendo abiertamente las órdenes de Dios, y pese a las amonestaciones de Samuel, se justificaba continuamente. ¡Aprendamos a escuchar la reprensión del Eterno a tiempo!
Las acciones que los humanos realizamos al margen de la Ley de Dios, dibuja un muro que nos distancia de nuestro Padre Eterno.
Enfrentar problemas en nuestras vidas cristianas, nos permite mejorar continuamente para perfeccionar nuestro carácter.
Por nuestro propio bien debemos poner en práctica lo que estamos aprendiendo. Perdonar es un inicio primordial para vaciarnos de odio y malos sentimientos, y llenarnos poco a poco de la paz del Eterno
Debemos deshacernos de todo aquello que nos perjudica y que impide que nuestra relación con Dios sea limpia, directa y Santa; ¡necesitamos comprender la voluntad del Eterno!
La Fiesta de Panes sin Levadura es, al tiempo que un paso de convertirnos en mejores cristianos, un anuncio de aquello que en el Reino de Dios no sufriremos: la tentación del pecado.
El padre nos promete un inapreciable obsequio: Ser parte de su familia espiritual. ¡Sin embargo es necesario reconciliarnos con Él a través del sacrificio de su hijo!
Dios, en el inicio de la historia, nos obsequió su obra. No obstante, perdimos esa heredad por causa del pecado. ¡Podemos recuperarla!
La desobediencia de Adán y Eva nos apartó de nuestro Padre Celestial y las consecuencias de ello, las seguimos enfrentando día con día. No obstante ¡El Eterno entregó a su Iglesia la promesa de una vida distinta!
Pascua y Panes sin levadura son dos fiestas estrechamente relacionadas: En la primera aceptamos el sacrificio de Cristo que limpia nuestros pecados, mientras que en la segunda nos esforzamos por mostrar nuestra disposición a estar limpios de pecado.
La fiesta de Panes sin Levadura nos enseña sobre la constante y dificil lucha para alejarnos del pecado. Pero hay una enseñanza más en esta misma festividad: ¡debemos aferrarnos a la verdad y la justicia de Dios para facilitarnos nuestro andar!
La vida cristiana supone realizar cambios de fondo en nuestras vidas; necesitamos vencer el pecado ¡huir de él!. La Biblia nos presenta una fórmula práctica para iniciar nuestro crecimiento espiritual.
Limpiar nuestras mentes y corazones para presentarnos ante Dios es un paso fundamental para celebrar adecuadamente la Pascua. Preocupémonos de que la imagen que mostramos al mundo, sea sincera y verdadera.