El Gran Reinicio: ¿Adónde nos llevará?

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El Gran Reinicio: ¿Adónde nos llevará?

Jeremías pensaba que era demasiado joven para ser profeta. Dios le había dicho que aún antes de que naciera lo había destinado para llevar su mensaje a las naciones. ¿Cómo podía él, hijo de un sacerdote de una desconocida aldea, predicar la Palabra de Dios a su propia nación de Judá, y menos aún, a las grandes naciones más allá de sus fronteras?

Dios le dijo a Jeremías que no se fijara en su edad, sino que se enfocara en el poder de Dios para apoyar y cumplir una misión por medio de él. Y luego le dijo: “He aquí he puesto mis palabras en tu boca. Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar” (Jeremías 1:9-10 Jeremías 1:9-10 [9] Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. [10] Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.
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).

Y Dios indudablemente cumplió su promesa durante las décadas que duró el ministerio de Jeremías: el poderoso Imperio asirio se derrumbó; Egipto perdió su supremacía hasta convertirse en una potencia de segunda clase; Judá caería en manos de Babilonia, un imperio cuyo linaje sería llevado hacia el oeste, para resurgir en el Imperio romano.

La época de Jeremías fue una de reformas y reinicios. Una era estaba llegando a su fin en aquel mundo antiguo, y los hombres temían por el futuro. Lo que era familiar estaba cambiando y las viejas costumbres estaban desapareciendo. Reyes y líderes procuraban recobrar las culturas y glorias del pasado. El rey asirio Asurbanipal ordenó que se copiaran y conservaran textos antiguos en su biblioteca de Nínive. Había un nostálgico anhelo de volver al pasado, a una época más “normal” en la cual los hombres estaban seguros de su fe e identidad.

Los acontecimientos de aquel periodo de finales del siglo VII y principios del VI a. C. nos proporcionan una lente a través de la cual podemos entender lo que está ocurriendo ahora, en las primeras décadas del siglo XXI. La nuestra es una época de agitación y cambio, acelerados por la reciente pandemia mundial y la creciente agitación global. ¡Muy pocas veces en la historia han confluido tantas corrientes transformadoras de la civilización en un solo momento!

Los orígenes del “Gran Reinicio”

El mundo está siendo sacudido por cambios masivos en la tecnología, la política, la economía, las cuestiones medioambientales y la cultura, que están reconfigurando nuestra visión de la historia y la realidad, y estas ideas se están diseminando por todo el mundo. Los cambios que estamos experimentando son como el desplazamiento de las placas tectónicas de la Tierra, y han creado un movimiento sísmico de acontecimientos en la escena mundial.

Es tentador y tranquilizador pensar que esto es normal, o que el mundo volverá a la normalidad. Pero ya estamos viendo cómo se adoptan ideas que apuntan a un mundo que dista mucho del orden familiar que ha prevalecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

Algunos piden abiertamente un “gran reinicio” del orden mundial. Esta terminología ha sido adoptada por el Foro Económico Mundial. Su fundador, Klaus Schwab, publicó el año pasado un libro titulado Covid-19: The Great Reset (Covid-19: El Gran Reinicio). Aunque dicho libro fue escrito en 2020, seis meses después del comienzo de la pandemia, pronostica un mundo pospandémico en el que las naciones trabajarán más estrechamente para resolver los problemas que enfrenta la humanidad.

El Foro Económico Mundial organiza anualmente una reunión en Davos, Suiza, para líderes de élite de los negocios, el gobierno y la cultura. Esta reunión siempre ha atraído la atención y muchas sospechas de los teóricos de la conspiración global, que consideran tal encuentro como una cumbre internacional de personas que complotan para apoderarse del mundo.

Es fácil descartar tales teorías, y la mayoría deberían ser descartadas. Pero el hecho es que estos líderes de los negocios, los medios de comunicación y el gobierno ya dirigen gran parte del mundo. Ellos son quienes influencian, lideran y dan forma al entretenimiento, la educación y los medios de comunicación. Tienen un inmenso poder, influencia y riqueza, y muchos de ellos pretenden establecer grandes cambios en el mundo.

El hecho es que este grupo sí existe, y sus integrantes efectivamente están pensando en formas de crear un mundo muy diferente, más parecido a una entidad política mundial. La palabra transnacional se utiliza para describir el mundo que muchos quisieran ver surgir en el futuro. En su opinión, el camino hacia la equidad, la paz y la hermandad en toda la Tierra es un mundo transnacional con menos fronteras, menos nacionalismo y una estructura gubernamental única.

El transnacionalismo no es nada nuevo y existe desde hace mucho tiempo. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas, el reinicio transnacional global ha seguido su incansable marcha. La Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, así como muchos otros organismos internacionales, se formaron con la intención de promover la unidad, la paz y la estabilidad, y de evitar el retorno a la guerra global que asoló al mundo dos veces en el siglo xx.

Aparte de Donald Trump, la mayoría de los presidentes de Estados Unidos y sus administraciones en este período han apoyado la visión mundial transnacional en diversos grados. El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha trabajado para fomentar una estrecha integración entre la política estadounidense y los objetivos de la comunidad internacional. El presidente George H. W. Bush fue un importante promotor del orden mundial global; sus acciones tras la caída de la Cortina de Hierro y el colapso de la Unión Soviética sentaron las bases del orden mundial que vemos hoy.

Reordenación del mundo y de nuestra forma de vida

Lo que verdaderamente importa en cuanto a los hombres más ricos y poderosos del mundo es que están interesados en reconfigurar el mundo y la forma en que vivimos. Lo que dicen al respecto es significativo, y deberíamos prestarles atención. Con ello en mente, leí el libro del Sr. Schwab, coescrito con el economista Thierry Malleret. Covid-19: The Great Reset es vago, superficial y escaso en planes minuciosos para un “reinicio”. No es exactamente un manifiesto detallado para que un orden global se apodere del mundo.

La lente a través de la cual debe verse este libro, y otros que propugnan la misma idea, es la comprensión fundamental de que la élite global está compuesta de transnacionalistas carentes de lealtad nacional. Ellos consideran que los países y las fronteras son obstáculos que hay que eliminar.

Desde su punto de vista, los gobiernos nacionales son reliquias de una época pasada de las cuales hay que deshacerse, y los países son lugares convenientes donde las compañías globales como Coca-Cola, Amazon o Apple existen para servir a la comunidad mundial.

Las referencias al “contrato social” entre el individuo y el Estado argumentan que este último ha fracasado a la hora de garantizar justicia, equidad y libertad para todos los pueblos y razas. Citando como ejemplos el movimiento Black Lives Matter y la revolución de género sexual, los autores sostienen que los gobiernos existentes no han cumplido sus promesas y que carecen de ideas y políticas para hacer frente a los desafíos de las revueltas y manifestaciones en las calles de Estados Unidos y otros países. Queda implícita la necesidad de un nuevo contrato social, pero no se define en qué consistiría.

El papel de Estados Unidos como líder mundial ha concluido

Hay un tema que aparece muy claramente en este libro: el tiempo de Estados Unidos como líder mundial está llegando a su fin. Una de sus secciones lo explica así: “El poder y la prosperidad de Estados Unidos se han construido y reforzado gracias a la confianza mundial en el dólar y a la voluntad de los clientes en el extranjero de mantenerlo, a menudo en forma de bonos del Estado norteamericano. Esto ha permitido a Estados Unidos pedir préstamos baratos en el extranjero y beneficiarse de las bajas tasas de interés en su país, lo que a su vez ha permitido a los estadounidenses consumir por encima de sus posibilidades”.

Esto fue escrito justo después de la primera oleada de dinero gubernamental aprobada por el Congreso de Estados Unidos para hacer frente a las consecuencias económicas de la pandemia. Desde entonces se han repartido más billones, disparando la deuda de Estados Unidos a casi 30 billones de dólares.

Schwab y Malleret señalan, con toda razón, que esto es insostenible. Tanto los gobiernos como los bancos internacionales que confían en que Estados Unidos puede hacerle frente a esta deuda tienen sus límites. Concluyen: “Esta trayectoria insostenible se agravará en la era pospandémica y posrescate financiero. Este argumento sugiere que, por tanto, algo importante tendrá que cambiar, ya sea a través de un papel geopolítico mucho más reducido o un aumento de los impuestos, o ambos; de lo contrario, el creciente déficit alcanzará un umbral más allá del cual los inversionistas no estadounidenses se negarán a financiarlo”.

Una idea fundamental asociada a cualquier “reinicio” sería la sustitución de Estados Unidos en su papel de liderazgo mundial. Este libro vislumbra ciertamente un futuro global de este tipo, y es una característica consistente en la mayoría de los esfuerzos que abogan por un reinicio mundial.

Para ser claros, Estados Unidos tiene muchos problemas, todos graves, y cualquiera de ellos podría llevar al colapso de su actual papel mundial. Uno de ellos es el aumento de la deuda nacional. Esta nación se encuentra actualmente en una maratón de gastos sin precedentes y simplemente insostenible. La inflación está aumentando a medida que una sobreabundancia de dólares baratos mina el valor de los bienes y servicios. La deuda que Estados Unidos sigue acumulando está siendo financiada por otras naciones, pero se acerca el día del ajuste de cuentas. La cuestión es cuándo.

Hasta que ese día llegue, Estados Unidos sigue teniendo la economía más fuerte del mundo y también el ejército más poderoso. Su fuerza naval todavía mantiene la paz en las rutas marítimas del planeta.

Sin embargo, actualmente Estados Unidos está amargamente dividido política y culturalmente. Décadas de cambios sociales han dado lugar a una ideología muy arraigada que pretende reescribir el contrato social de la nación. Los esfuerzos por hacer creer que su fundación se basó únicamente en la esclavitud y la injusticia han echado raíces. La enseñanza de la teoría crítica de la raza busca dividir a la gente, cambiando sus puntos de vista a través de las lentes de ideas raciales maliciosas.

Un cambio ya en marcha

La idea de un Gran Reinicio ya está en marcha y muy avanzada en Estados Unidos, solo que se utilizan otras etiquetas y terminología. Si las ideas impulsadas en el área de la educación, el gobierno y los medios de comunicación llevan al resultado deseado a la nación, en pocos años esta será irreconocible. Esto no es una teoría conspirativa, sino la observación de la realidad que se aprecia leyendo los sitios web de las diversas organizaciones involucradas en este esfuerzo para reinicializar Estados Unidos.

Los lectores de Las Buenas Noticias deberían comprender lo que está sucediendo. Estados Unidos se encuentra en un momento muy crítico, quizás el más peligroso de su historia. Aunque sigue siendo la nación líder en casi todas las categorías, está paralizada por sus propios y graves pecados nacionales, mientras se enfrenta a un mundo cambiante liderado por quienes aspiran a derrocar el actual orden mundial y adjudicarse el liderazgo. China es uno de los principales contendientes, mientras que otros países, como Rusia, se inmiscuyen en aspectos cruciales que suponen un peligro inminente (como los ciberataques, de los que también se acusa a China). Otras potencias regionales, como Turquía e Irán, tratan de reconfigurar el futuro de Oriente Medio.

Los actuales promotores de la idea de un gran reinicio tienen su propia meta: dar forma a un nuevo orden global. Para contrarrestar la influencia de Estados Unidos, apoyan el objetivo de China de convertirse en la potencia mundial dominante y alcanzar su supuesta posición legítima como cultura superior. Mientras tanto, la Unión Europea (UE) tiene una misión similar: dar forma a un mundo alineado con su cultura y visión históricas.

Nuestro mundo está a punto de ver un cambio de las relaciones de poder en los próximos años, quizás en un futuro muy cercano. La pandemia de Covid-19 será probablemente el inicio de la apertura a este nuevo mundo, ya que históricamente las pandemias han reconfigurado el orden mundial. La plaga que asoló Constantinopla a mediados del siglo vi d. C. es un ejemplo de ello. Su impacto determinó el futuro de Europa y Oriente Medio en el periodo posterior al colapso del Imperio romano de Occidente.

Lo que los expertos, líderes y quienes pretenden crear un nuevo orden mundial no conocen ni entienden, es la visión bíblica del mundo revelada en la Biblia. La Palabra inspirada de Dios expone su plan a través de los tiempos, que incluye no solo la historia de la salvación sino también el mapa de la historia del mundo desde su comienzo hasta su conclusión. Una comprensión profunda de lo que comienza en Génesis y concluye en el libro del Apocalipsis proporciona la dimensión fundamental faltante de la historia guiada por Dios, también conocida como profecía.

Los historiadores y pensadores políticos examinan la historia y hacen predicciones basadas en el poder nacional y los patrones observados. Una mirada retrospectiva a la historia fácilmente identifica a Egipto, Roma, Francia, Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos como potencias dominantes. Muchos factores como la geografía, la tecnología, la sabiduría y el avance tecnológico pueden explicar el ascenso de las grandes potencias del pasado; pero esto por sí solo no puede explicar por qué algunas alcanzaron grandes alturas y otras no.

¿Por qué en el siglo v, por ejemplo, los hunos nómadas no invadieron todo el antiguo Imperio romano ni el mundo vio una larga sucesión de emperadores descendientes de Atila? ¿Por qué en el siglo XV China no salió de su fortaleza asiática para dominar a las potencias europeas y propagar su cultura por tierras lejanas? ¿Y quién habría predicho a principios del siglo VII que una religión mundial dominante saldría de las arenas de Arabia para diseminar su influencia a través de las antiguas tierras de Babilonia, Persia, Grecia y Roma?

La historia a través de otra lente

¿Hay acaso otro prisma para ver la historia? Lo hay. Usted está leyendo una fuente que examina la Palabra de Dios, la Biblia, para entender por qué el mundo funciona como lo hace y por qué algunas naciones son ricas y otras pobres.

Existe un propósito que puede ayudarle a entender por qué han surgido y caído imperios a lo largo del tiempo y por qué el mundo actual está al borde de un reinicio que incluso supera la imaginación de aquellos que trabajan duro para crearlo. La Biblia muestra por qué existe la injusticia, el racismo y los gobiernos fallidos que mantienen a sus pueblos esclavizados bajo sistemas que les privan de libertad, de educación adecuada, de oportunidades económicas, de atención sanitaria apropiada y del conocimiento de los valores correctos. También muestra el origen de un reinicio global venidero diferente a cualquier otro planeado o buscado por las élites del mundo.

El libro del Apocalipsis es el mensaje profético de Jesucristo para el mundo moderno. Como comentario sobre asuntos espirituales, políticos y humanos, es muy preciso. Nos muestra una superpotencia mundial venidera que durante un breve período dominará al mundo para crear un tiempo de paz y estabilidad que asombrará a toda la humanidad. Este poder, al que las Escrituras le dan el nombre de Babilonia la Grande, tejerá una red engañosa de espiritualidad seductora, prosperidad económica y paz en las naciones.

Las imágenes de Apocalipsis 17 muestran a una mujer vestida de escarlata, a horcajadas sobre una bestia fantástica con múltiples cabezas y cuernos. Es la imagen de un poder combinado de Iglesia-Estado que controla los acontecimientos mundiales en los tiempos del fin. Los líderes del mundo han cooperado con esta “mujer”, símbolo de una autoridad espiritual mundial, hasta el punto de no poder ver, hablar, pensar o actuar con sabiduría, prudencia ni verdad. Esto es lo que significa cometer “fornicación” y estar “ebrios del vino de su fornicación” (vv. 1-6).

Lo que sucede en los versículos 12 y 13 es fundamental para nuestra discusión sobre el Gran Reinicio: “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia”.

Aquí se describe un momento en el cual los líderes mundiales ceden su soberanía nacional a un gobierno supranacional que asegura el orden mundial en un momento de crisis que amenaza con derribarlo todo. Un líder con ideas y un plan surgirá al frente de esta alianza geopolítica y ofrecerá un futuro prometedor a los ciudadanos del mundo, ayudándoles a superar estos tiempos difíciles. La vida, tal y como la quieren todos, continuará.

Desde el inicio de la pandemia del Covid-19 y la respuesta de los gobiernos a la misma, hemos estado observando cómo empieza a estructurarse este gran sistema. Un cuidadoso análisis y comprensión de lo que dicen las Escrituras puede ayudarnos a ver las características del nuevo orden emergente.

¿Podemos reconocer lo que está sucediendo?

El libro del Apocalipsis describe un momento en el que las naciones combinan su poder en un sistema mundial que logra el antiguo sueño de “una torre que llegue hasta el cielo” (Génesis 11:4 Génesis 11:4Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.
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, Nueva Versión Internacional). La tecnología no solo promete un mundo cómodo y conectado, sino también la esperanza de una vida muy larga, y posiblemente incluso la inmortalidad, gracias a la tecnología médica. La capacidad de llegar al espacio y extender la civilización humana parece más cercana a la realidad.

El desarrollo económico mundial ha progresado, y los bienes y servicios de la comunidad global se desplazan libremente a través de mar y tierra, generando riqueza a las compañías multinacionales y un mejor estándar de vida para gran parte del mundo. Apocalipsis 18 describe una escena semejante cuando habla de los bienes enviados por todo el mundo bajo la dirección de la estructura de gobierno de esta Babilonia de los últimos tiempos. Esto lo vemos incluso ahora, pero lo que se describe es algo mucho más grande: “Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros . . . se pararon lejos” (v. 17).

La transición a una economía global más integrada avanza implacablemente. La mayoría de las empresas multinacionales ya no se consideran a sí mismas grandes empresas nacionales. Tienen oficinas en todo el mundo, que emplean a personas de todas las nacionalidades. Los centros de llamadas atienden a clientes desde la India, mientras las reuniones virtuales en las que participan empleados de varios continentes se han vuelto habituales. La transición a un estándar global de cambio de divisas y gobierno solo sería el siguiente paso lógico.

La idea de un orden global que propugna valores universales aplicables a todas las personas, independientemente de su identidad sexual o de género, raza, etnia o identidad nacional, tiene cada vez más aceptación. Cualquier distinción que no se ajuste a la norma global en evolución se considera retrógrada, aborrecible y discriminatoria.

Ahora estamos viendo cómo se moldean las actitudes y los valores para aceptar como normal la agenda LGBTQ y el condicionamiento que hay detrás de la teoría crítica de la raza. Lo vemos en la reformulación de la historia nacional: en Estados Unidos, si se puede convencer a suficientes jóvenes de la próxima generación de que no vale la pena salvar la historia de la nación, se habrá logrado un objetivo importante. Entonces será fácil descartar la condición excepcional y bendecida del país, y en su lugar adoptar una perspectiva histórica diferente, como parte de un orden global que promete libertad, justicia y libertad para que todos vivan y actúen como les plazca, dentro, por supuesto, de límites aprobados por sus líderes.

No piense que esto no puede suceder

¿Suena imposible? ¿Cree que nunca sucederá? Considere la rapidez con la que el mundo comenzó a aceptar un cierre por pandemia en marzo de 2020.

En cuestión de días se clausuraron las escuelas, todos los negocios, excepto los esenciales, cerraron, los deportes profesionales se detuvieron y la gente empezó a trabajar en sus casas por medio de Zoom. No se permitió votar, la discusión terminó tan rápido como empezó, y la nueva realidad pasó a ser la nueva normalidad.

Las originales “dos semanas para aplanar la curva” y el uso temporal o innecesario de mascarillas se convirtieron en un año y medio (y más en algunos lugares) de trastorno nacional. A mediados del verano de 2020 muchos estaban hartos, y algunos estados volvieron a abrir gradualmente solo para cerrar de nuevo si surgía una oleada de casos. Hubo que esperar hasta mediados de 2021 para que gran parte del mundo reanudara los viajes nacionales, mientras que una mayoría del mundo seguía cerrado a los viajes al extranjero. Y ahora algunos están llamando a hacerlo todo de nuevo.

Muchos se han maravillado de la naturaleza del cierre mundial que hemos vivido y de su impacto en la cultura. Las relaciones se alteraron; todos los grupos etarios mostraron un marcado aumento de la ansiedad y el abuso de drogas y las muertes por sobredosis se dispararon. El impacto de lo ocurrido tardará años en comprenderse. Sin embargo, todo ocurrió rápidamente y una mayoría cooperó en nombre de la ciencia, la seguridad sanitaria y la buena voluntad. Imagine una futura calamidad y su consecuente reacción.

Como hemos visto, los gobiernos decretaron y las personas cumplieron, muchas de ellas a costa de su propio perjuicio. Y ciertamente esto no ha terminado. Los eventos descritos en el Apocalipsis ocurrirán a través de un decreto gubernamental. El mundo entero se reajustará y la gente no tardará en darse cuenta de que está atascada en una trampa, un callejón sin salida de tribulación, pues Satanás sabe que solo tiene un breve tiempo para apoderarse de los reinos de este mundo.

El Apocalipsis describe las etapas finales del Gran Reinicio que se avecina: el surgimiento de una coalición de naciones que establecerán un sistema que la Biblia denomina “Babilonia”. Durante un tiempo todo parecerá bien, y mientras el mundo alabe a este sistema y se beneficie de la cooperación económica, rechazará a los siervos de Dios que testifiquen en su contra y se resistan a caer bajo la marca de su autoridad.

Estamos viviendo un momento histórico y profético como el de la época del profeta Jeremías. Los mensajes de Jeremías se dirigían a las naciones que estaban siendo desarraigadas y derribadas. El viejo orden estaba siendo reconfigurado en un tiempo de construcción y siembra. Babilonia se levantó para dirigir y establecer el patrón de un orden mundial que ha perdurado hasta la época moderna.

Estamos presenciando el comienzo de un resurgimiento final de este antiguo sistema que desafía el propósito y los planes del Dios vivo. ¡Ojalá todos tengamos ojos para ver lo que está sucediendo hoy!

Felizmente, como también muestra Apocalipsis, el mundo no se quedará estancado en los tenebrosos tiempos que se avecinan, porque Dios tiene su propio gran reinicio que viene después de este, el mayor reinicio de todos los tiempos, que comenzará con el regreso de Jesucristo y el establecimiento del Reino de Dios sobre todas las naciones (ver “El gran reinicio de Dios”, comenzando en la página 13). ¡Oremos para que este último reinicio del mundo llegue rápidamente! BN