Diez cambios trascendentales en las últimas décadas

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Los estilos y las condiciones de vida han cambiado drásticamente en los últimos 15-20 años. A continuación ofrecemos una breve descripción general.


 

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os estilos y las condiciones de vida han cambiado drásticamente en los últimos 15-20 años. A continuación ofrecemos una breve descripción general.

1. Ahora “interactuamos” más con los dispositivos digitales que con las personas. Trabajamos, compramos, nos entretenemos, hacemos nuestras gestiones bancarias, socializamos . . . todo frente a una pantalla. En lugar de hablar por teléfono o reunirnos en persona, a menudo recurrimos a los mensajes de texto para procurar mantener las amistades. 

En el supermercado, utilizamos terminales de autopago para pagar nuestras compras. En los restaurantes interactuamos con quioscos de autoservicio operados por IA para hacer nuestros pedidos. Todo ello nos está privando de las oportunidades de comunicación interpersonal que necesitamos, incluso de las interacciones casuales con cajeros y empleados que no conocemos personalmente.

2. Estamos sobrecargados de información. Hasta 1900, el conocimiento humano se duplicaba cada siglo.

Ahora, con las herramientas de investigación impulsadas por la IA y la disponibilidad de Internet para facilitar la colaboración entre investigadores, el conocimiento se duplica cada dos o tres años. Además, la velocidad y escala de difusión de la información se han acelerado. Los correos electrónicos, mensajes instantáneos, redes sociales, noticias, etc., nos bombardean las 24 horas del día, los siete días de la semana, con un flujo continuo de información nueva, mucho más de lo que la mayoría de las personas pueden procesar.

3. El mundo es mucho más confuso. Irónicamente, aunque tenemos una cantidad increíble de información disponible a nuestro alcance las 24 horas del día, los siete días de la semana, se ha vuelto difícil saber qué es verdad y qué no. Cualquiera puede publicar “información” en línea a través de sus propios blogs y sitios web, incluso si no es correcta o no ha sido acuciosamente verificada. A esta confusión se suma la tecnología de IA que ahora se utiliza para crear ultrafalsos
(deepfakes, en inglés), es decir, imágenes, videos y grabaciones de audio que parecen reales pero no lo son.

Al mismo tiempo, los científicos e intelectuales cuestionan cada vez más casi todo lo que la civilización occidental solía defender (incluidas las verdades bíblicas básicas), desde si los bebés no nacidos son personas a partir de la concepción y si existen o no las diferencias de género, hasta si los milagros son posibles.

4. Llevamos una vida cada vez menos privada. Con solo unos pocos clics, cualquiera puede conectarse a Internet y averiguar dónde vivimos y trabajamos, el precio de nuestra casa y otros detalles que solían ser privados.

Algunas personas también publican voluntariamente mucha información personal en las redes sociales, como detalles sobre sus problemas matrimoniales e incluso discusiones en línea a la vista de todos. Además, los programas de rastreo recopilan datos sobre nosotros cada vez que nos conectamos a Internet o utilizamos un dispositivo inteligente: dónde compramos, qué compramos, en qué creemos, qué problemas de salud nos preocupan, con quién nos relacionamos, etc. Y no sabemos realmente quién tiene o quién puede acabar teniendo esta información.

5. La IA está quitando puestos de trabajo a la gente. Algunos advierten que, en la próxima década, la IA podría acabar dominando sectores enteros en el campo laboral, algo impensable hace unos años. Ya se está impulsando la sustitución de muchos puestos de trabajo que se realizan principalmente con computadores. Esto incluye profesiones como las de corrector de textos, redactor de contenidos web, diseñador gráfico, analista médico, programador informático, funcionario jurídico e incluso servicios como el de atención al cliente. Algunos expertos en mercado laboral predicen que en los próximos tres a cinco años, entre el 40 y el 60 % de los puestos de trabajo en todo el mundo podrían desaparecer o sufrir una disminución de su valor y demanda debido a la IA.

6. Dependemos de los dispositivos electrónicos para que piensen por nosotros. Hace un par de décadas, si planeábamos un viaje en automóvil a una zona desconocida, sacábamos un mapa y trazábamos nuestra ruta. Ahora, simplemente nos subimos al vehículo y dejamos que nuestro GPS nos diga a dónde conducir. 

Otra tendencia es que tanto estudiantes como empleados utilizan asistentes de IA, como Copilot o ChatGPT, no solo para ayudarles a investigar o editar informes, sino también para que les escriban los textos. Esto preocupa a muchos, porque cuando las personas dependen de las máquinas para que piensen por ellas, se privan de la “ejercitación cognitiva” que puede fortalecer sus habilidades analíticas.

7. Estamos mucho más cerca de una sociedad sin dinero en efectivo.

Según la empresa de procesamiento de tarjetas de crédito Clearly Payments, en 2025 el 84 % de las transacciones financieras en Estados Unidos se realizaron de forma digital. La mayoría de nosotros ya casi no utiliza dinero en efectivo. En su lugar, pagamos nuestras compras con tarjetas de crédito o débito, monederos digitales, aplicaciones de pago digital, criptomonedas o servicios de pago en línea como Google Pay y PayPal. Cuando tenemos facturas que pagar, en lugar de girar cheques a menudo efectuamos los pagos en línea utilizando aplicaciones bancarias digitales.

8. El movimiento LGBTQ se ha generalizado. Probablemente el mayor cambio en términos de moralidad durante los últimos 10 a 15 años ha sido la creciente aceptación del movimiento LGBTQ (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero y queer). El matrimonio entre personas del mismo sexo se legalizó en Estados Unidos en 2015. Ese mismo año debutó “la hora de los cuentos”, relatados a los niños por drag queens (hombres vestidos de mujer). Mientras tanto, la industria de la farándula se ha dedicado a fomentar estilos de vida “alternativos”. Pareciera que prácticamente todas las series de televisión producidas en la última década cuentan con al menos una pareja gay, y esas relaciones suelen representarse como “normales”.

No cabe duda de que el público está siendo influenciado. Una encuesta de Gallup realizada en septiembre de 2025 reveló que el 64 % de los estadounidenses ahora aceptan las relaciones homosexuales, frente al 40 % en 2001. 

9. Las naciones están más divididas que nunca. El año pasado, las elecciones en más de cien países pusieron de manifiesto la creciente brecha entre quienes tienen opiniones políticas opuestas. Independientemente del país en el que vivamos, al sintonizar las noticias o navegar por las redes sociales es muy probable que veamos esas divisiones.

Múltiples encuestas confirman que Estados Unidos está más dividido que en cualquier otro momento desde la Guerra Civil. Una encuesta de Gallup realizada en septiembre de 2024 reveló que un 80 % de los adultos estadounidenses creen que sus compatriotas están profundamente divididos en cuestiones políticas. Además, las investigaciones confirman que la violencia política ha aumentado considerablemente en los últimos años debido al creciente odio entre las facciones políticas.

El asesinato del comentarista político cristiano y conservador Charlie Kirk (septiembre de 2025) fue un triste recordatorio de esa lamentable realidad.

10. Nos preocupa más la posibilidad de una guerra. Con toda la tensión política que hay en Estados Unidos, cada vez más estadounidenses creen que el país vivirá una guerra civil en los próximos años. A muchos también les preocupa que estemos al borde de una guerra mundial, y esa tensión se percibe en el ambiente. Los titulares noticiosos hablan de guerras, disputas comerciales y amenazas nucleares.

Los conflictos bélicos, como las guerras entre Israel y Hamás y entre Rusia y Ucrania, intensifican los temores del público. Una encuesta de YouGov realizada en 2025 en cinco países europeos y en Estados Unidos, reveló que entre el 41 y el 55 % de los encuestados de cada uno de estos países creen que la Tercera Guerra Mundial podría estallar en los próximos cinco a diez años.

Esta preocupación no había sido tan grande desde antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.