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Hermanos, uno de los propósitos de ir a la fiesta es para vislumbrar las facetas del futuro mundo del milenio. Y una de las razones por las cuales se nos manda vivir en viviendas temporales durante la fiesta es tener una vista, echar una vista, un vistazo, sin distracciones del mundo que viene. Y la familia es como un mini reino que debemos administrar, que Dios está mirando y está evaluando cómo gobernamos este pequeño reino de nuestro hogar, porque va a determinar qué tipo de responsabilidades vamos a tener en el futuro. Pero, obviamente, lo que hacemos hoy día en la familia, en un mundo que se está corrompiendo más, no es la culpa de los padres que están dirigiendo su hogar correctamente. Muchas veces sus hijos se revelan, no quieren, pero los padres hacen su parte. Ellos son responsables para darles un buen ejemplo, no necesariamente que los hijos sigan ese buen ejemplo. Pasemos a Hebreos y aquí ahora vamos a ver la primera lámina. El milenio, así un futuro hermoso y ahora hablando de la familia, de esa visión del futuro. La esperanza que leemos en Hebreos 11, versículo 1, leamos Hebreos capítulo 11, versículo 1 y 2, que nos dice es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Hermanos, yo confieso que por 40 años de leer esta escritura me sonaba muy hermoso, pero no entendía bien lo que significaba este versículo, estos dos versículos, porque aquí nos dice que la fe es la certeza de lo que se espera, que significa es algo concreto, algo que uno hace para alcanzar una futura meta. Por eso la esperanza es la meta, pero la fe es la caminata hacia esa meta. Aquí dice la convicción de lo que no se ve, otras traducciones dicen la evidencia de lo que no se ve. Esto significa la base, es una acción que uno hace para mostrar que tiene esa fe. La fe viene con obras. Y todo este capítulo 11, la fe está unida con las obras. Lo mismo que dijo Santiago, también el apóstol Pablo muchas veces mencionó que también la fe necesita manifestar frutos. Pero aquí en particular está diciendo que la fe sin acción es una fe muerta. Y nos entrega 16 ejemplos con nombres específicos que demostraron su fe a través de sus acciones, de lo que ellos hicieron. La fe tiene que ser activa. La fe tiene que ser puesta por obra o no sirve. Tenemos los ejemplos de Abram que dicen que salió sin saber hacia dónde iba. Él tenía esa esperanza de llegar al lugar que Dios le había señalado, pero no sabía exactamente dónde era, pero estaba dispuesto a obedecer a Dios, a salir y dejar todo atrás. Eso es una fe con obras. Eso es una fe en acción. Noten en Ebreos 11, versículo 6, dice, Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, que él existe y que es galardonador de los que le buscan otra vez en forma activa. Por eso, por 40 años, yo conocí lo que era fe, pero no entendía que en Ebreos 11, 1 y 2, dice que ellos alcanzaron buen testimonio. ¿Por qué? ¿Porque hablaban de la fe? No. Porque dieron un testimonio por sus obras. ¿De qué sirve si la persona dice que bonito guardar y celebrar la fiesta de tabernáculos y después no ir a la fiesta? Eso no le va a dar ningún beneficio. Tiene que ser con obras que se muestra la verdadera fe.
Nos dice después, en el versículo 13, dice, Conforme a la fe, murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo y saludándolo y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen claramente dan a entender que buscan una patria. Sí, el reino de Dios que viene, que es un territorio con una capital que es Jerusalén, que Cristo va a levantar. Entonces ellos caminaron, cumplieron y murieron sin llegar a realizar esa meta, ver en concreto ese reino, pero ellos fueron obedientes hasta el fin de sus vidas, hasta el final.
Y así entonces vale la pena echar un vistazo a un aspecto de este futuro mundo, donde podemos aplicar y vivir esos principios del reino hoy día. Es un aspecto práctico en la vida real que debemos aplicar. La vida que podemos ver en ese futuro reino de Dios debemos aplicar los principios hoy día en todo lo que podemos. Hay tres grandes principios que quiero compartir con ustedes esta noche de la vida familiar en el mundo de mañana. Necesitamos aplicarlos en nuestras vidas hoy en día. Y el primero se encuentra el principio en Malacías 4, versículo 5 y 6. Casi la última parte que tenemos aquí del Antiguo Testamento, Malacías, el último capítulo antes de el Nuevo Testamento, Mateo Malacías 4, versículo 5 y 6, dice, Yo os envío el profeta Elias antes que venga el día del eterno grande y terrible. Dios está enviando ahora su mensaje a través de una obra y habrán todavía futuros líderes que van a estar ahí enseñando la verdad al mundo. Y dice aquí, Y él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición. Dios dice que existe esa posibilidad, si no hay personas que están uniendo sus familias, que son familias que le agradan a Dios. Y eso significa unir los corazones de los padres a los hijos y los corazones de los hijos a los padres, que se forme un lazo inquebrantable a pesar del mundo que sigue degenerándose. Vamos a la siguiente lámina. Y aquí van a ver un poco esa familia que debemos tratar de desarrollar, de tener hijos felices unidos a sus padres. Tenemos datos escalofriantes. De acuerdo a la Orización Mundial de la Salud, hay en los Estados Unidos 1.2 millones de niños abortados cada año en los Estados Unidos. Desde 1973, cuando se dio permiso para el aborto que se convirtió en algo apoyado por el gobierno, han habido 50 millones de criaturas que nunca vieron la luz del día, que eran niños saludables en gran parte, nunca tuvieron una oportunidad para vivir. Eso significa 3.300 niños por día que perecen en los Estados Unidos, en algunas clínicas, hospitales, donde sea, en abortos, pero en forma deliberadas. Según la Orización Mundial de la Salud, mundialmente hay 43 millones de abortos por año. El tamaño de una gran nación. Si todos esos niños nacieran, formarían una nación de 43 millones de personas. Son 115 mil que perecen al día, lo que Dios tiene que presenciar cada día. Estamos, hermanos, viviendo en los tiempos parecidos a los días de Noé. Y Dios permite que estas cosas sucedan actualmente para probar a los justos y sabemos que más adelante serán castigados los que cometen estos agravios. Notemos en Proverbios 16, versículo 4. Proverbios 16, versículo 4. Dios dice todas las cosas ha hecho el eterno para sí mismo y aún el limpio para el día malo. Todo tiene su lugar. Dios no está interviniendo actualmente, pero un día lo hará y va a poner fin a la destrucción de la vida humana en forma innecesaria, en forma voluntaria, no porque un niño esté mal y hay un aborto espontáneo. No estoy hablando de eso, estoy hablando de abortos deliberados. En Isaías 11, versículo 9, vemos acá que Dios va a enseñar las leyes del amor al mundo, no de la destrucción. Isaías 11, versículo 9, dice, no harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, porque la tierra será llena del conocimiento del eterno como las aguas cubren el mar. Entonces, se va a enseñar las leyes divinas de Dios, de amor, de libertad, de justicia, de una manera equilibrada, de educar. Todo ese conocimiento va a estar disponible, las personas van a romper los viejos hábitos y van a aprender el camino de Dios.
Es tan importante seguir creciendo y educando a nuestros hijos, no solo en las cosas físicas sino en las cosas espirituales. Pero una buena educación es uno de los regalos más grandes que los padres pueden entregarle a sus hijos, porque con eso son las herramientas para salir adelante, para levantar un hogar, para sostener una familia. Y por eso la educación es tan importante. Yo estaba pensando el otro día, alguien me preguntó, ¿cuáles son algunos de sus libros favoritos? Y hay uno que me acuerdo que leí mientras que estaba en la universidad, que se llamaba el arte de pensar por un autor francés que no tengo ahora su nombre, pero ahí había principios para saber cómo pensar en forma razonable, cómo analizar las cosas, y no solamente dejarse tragar todo lo que viene, sino aprender cómo ser un buen analizador de la información. La mente es el regalo más grande físicamente que Dios nos ha entregado, pero tal como una herramienta hay que pulirla, hay que perfeccionarla, hay que aprender cómo usarla. Eso no viene de nacimiento, le toca uno desarrollarla. Y por eso nosotros acá tenemos que unir los corazones de los padres a los hijos y una buena forma es a través de una educación física y espiritual. Noten en Jeremías 31, versículo 31. Jeremías 31, versículo 31.
Dice aquí que vienen días, dice el Eterno, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto, porque ellos invalidaron mi pacto. Aunque yo fui un marido para ellos, dice el Eterno, pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Eterno. Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón, y yo seré a ellos por Dios y ellos me serán por pueblo.
Y no enseñará más ninguno a su prójimo y ninguno a su hermano diciendo, conoce al Eterno, porque todos me conocerán desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Eterno, porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado. Que el conocimiento de Dios y también el conocimiento físico va a multiplicarse en ese mundo de mañana. Entonces, una buena educación es un fundamento para guiar a nuestros hijos, para esforzarnos a que puedan salir adelante a valerse por ellos mismos, eduquen, perfeccionen las mentes de sus hijos lo más posible, antes de que se salgan del nido del hogar, que puedan desplegarse sus alas y puedan defenderse en este presente mundo malo.
En Mateo 23, versículo 23, las leyes de Dios en el hogar se deben aplicar con equilibrio, con sabiduría, con amor. Noten lo que Cristo dijo en Mateo 23, versículo 23 y 24. Dice, hay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, porque diez más lamenta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley, la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer. Las cosas menores son importantes, son leyes, pero no son las principales.
Dices, sin dejar de hacer aquello. Enfocar en la justicia, la misericordia y la fe en el hogar. Así es como uno va volviendo los hijos hacia uno. Según uno, extiende esa fe, esa confianza en el futuro, esa misericordia, ese perdón y paciencia que se necesita y también, aquí dice, la justicia, que significa no hacer acepción de personas en el hogar. Todos los hijos deben sentir que son evaluados y tratados de la misma medida. No deben haber favoritos, porque eso causa más rencor dentro del hogar.
En nuestro hogar, si había algo que le íbamos a entregar a nuestras, tenemos cuatro hijas, o la entregábamos a las cuatro, o no la entregábamos a ninguna. Si había algo que se había a hacer, lo hacíamos con las cuatro, o no se hacía para que no hubiera injusticia en el hogar. Los hijos saben muy bien si están siendo tratados con justicia o no. Y aquí nos dice después, en el versículo 24, guías ciegos que coláis el mosquito y tragáis el camello, el principio bíblico, que no colemos ese mosquito técnico, ese mosquito, esa cosa insignificante que hacemos algo enorme al respecto.
Y lo verdaderamente importante, entonces, lo espiritual, nos tragamos el camello espiritual. Y eso no le prestamos la atención, pero ese mosquito que significaba que cuando tomaban vino que ponían un filtro y pasaban el vino por el filtro para ver si hubiese un mosquito, porque sentían que iban a quedar ritualmente inmundos. Entonces, hasta… ¿Se han comido alguna vez un pequeño mosquito, un nat que ha caído?
Bueno, no te va a hacer nada si te lo tragas, pero no ellos decían que eso era un animalito inmundo y quedaban ritualmente contaminados, pero después asesinaron a Jesucristo y lo condenaron por hacer cosas buenas como sanar en el día sábado. Tenemos que aplicar estos principios en nuestro hogar, no exagerar lo insignificante y no descuidar lo importante.
Y eso nos lleva al segundo punto, que es establecer relaciones a largo plazo con sus hijos. No piensen que ya cuando sus hijos lleguen a 21 años o 22, que ya los padres se lavan las manos, adiós, hijo, ya te crié, ya no tenemos nada que ver contigo. Los hijos siempre serán hijos y establecer a largo plazo esa relación como Dios lo hace. Noten en Apocalipsis 21, Apocalipsis 21, versículo 1, cuando ya Dios Padre venga en la nueva Jerusalén, dice versículo 1, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más.
Y yo, Juan, vi la Santa Ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios, dispuesta como una esposa tabiada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía, «Ea aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ya no van a haber cánceres y todo tipo de enfermedades terribles, ya no habrá nada de eso».
Dice porque las primeras cosas pasaron, y el que estaba sentado en el trono dijo, «Ey, aquí yo hago nuevas todas las cosas». Y me dijo, «Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas. Dios no va a poner un límite en esa relación con cada uno de nosotros. Él está pensando a largo plazo, y así debemos también nosotros hacer».
Pasemos a Efecios 6, para ver este principio de establecer relaciones a largo plazo con ellos. Efecios 6, 4. Y nos dice, «Y vosotros padres no provoqueis a ir a vuestros hijos, sino criarlos en disciplina y amonestación del Señor». Me gusta lo que dice el comentario de Clark. Al respecto, dice, «Padres, no provoqueis a ir a sus hijos. Eviten ser severos, pues dañará su propio espíritu, y no servirá de nada». Por el contrario, si es castigado con severidad o la crueldad, solo serán endurecidos y desesperados en sus pecados.
Padres, crueles y excesivamente estrictos, generalmente producen niños malos. El que corrige sus hijos de acuerdo con Dios y la razón se sentirá cada golpe en su propio corazón, más que su hijo siente en su cuerpo. Corregirlos con tenura, con amor, que ellos no se sientan, que el Padre los odia o los detesta.
Y ahora vamos a ver la siguiente lámina. Quiero mostrarles aquí un gráfico que yo compuse, que me ha ayudado a través de la vida. Es el gráfico sobre la crianza ideal de los hijos. Y hay tres etapas acá de la crianza ideal de los hijos. Y aquí tienen el gráfico en que estamos con la... Esta es el nivel de dependencia y aquí está el nivel de la independencia. Entonces, el niño cuando está recién nacido está acá. No tiene nada de independencia. Cero. Depende 100% de la mamá. Si la mamá abandona a su hijo o hija, morirá ese mismo día, que no tendrá alimento. Ellos no pueden alimentarse, no pueden hacer nada por sí mismo. Entonces, según va creciendo a través de los años, el nivel de dependencia se va... va creciendo. Va creciendo acá. Y entonces, aproximadamente como a los 21 años, ya se cruza aquí el gráfico de cero dependiente a 100% dependiente. Que ya a los 21 años ya los hijos deben haber podido desenvolverse. Puede ser un poquito más también. Pero el punto es que uno no debe tener hijos dependientes cuando ya llegan cierta edad. Ya ellos deben poder valerse por sí mismo, pero siempre con el apoyo de los padres.
Así que vamos de la dependencia a la independencia. Y después viene la etapa más enriquecedora, más grata que es el nivel de interdependencia. Cuando los hijos ya son independientes y se unen con los padres y tienen una relación de interdependencia, ya los hijos no dependen de los padres, pero los padres siguen ligados con los hijos.
Y es una hermosa relación cuando se logra que ahora ya mis hijas ya tienen hijos, ya tienen sus propias carreras o hogares. Pero saben que cuando nos unimos, no hay un padre y madre e hijos, somos una unidad, un equipo que trabajamos conjuntamente. Hay cosas que mis hijas hacen mejor que yo. Y les toca a ellas liderar el hogar al respecto. Le voy a contar algo que pasó mientras que tuvimos acá este grupo tan grande que en tres semanas ya llegamos a 600 personas y tuvimos que frenar esto. Y era tanto la necesidad de organizar y captar cómo ordenar todo que había una persona en la familia que tenía ese don y era mi hija Debbie que se había titulado en la universidad en organización de eventos y marketing y ella me dijo papá yo los voy a ayudar y ella organizó todo en dos días. Yo no podía haberlo hecho, pero ella sí. ¿Por qué? Porque trabajamos en equipo. Cualquiera que tiene algo deficiente hay una persona que lo hace mejor. Entonces, nosotros ya no estamos en el nivel de dependencia, independencia, padre, hijo, tanto. No, aquí estamos todos como un equipo familiar, fuerte como esas flechas dentro aquí de esas saetas que dice la Biblia, que tenemos una unidad y fuerza familiar, porque cada uno, independientemente, no por fuerza, voluntariamente se entregan para ayudar a los otros. Eso es lo que Dios quiere unir la familia de esa manera. Y obviamente que nosotros no somos perfectos y nunca vamos a lograr cada cosa en forma absolutamente precisa, pero hacia allá vamos, como una unidad. Ahora tenemos siete nietos y esos son los que están dependientes, pero los estamos madurando a la independencia y después a la interdependencia. Ellos formarán parte de ese equipo de adultos un día. Y el último punto que quiero entregarles, porque ese segundo punto es un compromiso de por vida, de estar allí por ellos y con ellos hasta el final. El tercer punto de la crianza de los hijos es ser animadores en vez de desanimadores, convertirse en una persona positiva en el hogar y no negativa. No tienen proverbios, capítulo 12, proverbios, capítulo 12, versículo 25. Proverbios 12, versículo 25, versículo 25. Nos dice, La congoja en el corazón del hombre lo abate, más la buena palabra lo alegra, una buena palabra, levanta el ánimo, uno puede convertirse en un animador. La Biblia habla constantemente el poder de nuestras palabras, cuánto más para nuestros hijos y nietos. Y cuando hacen algo mal, en vez de gritarles, ayudarlos, enseñarles y consolarlos. Noten en proverbios 15, versículo 23. Nos dice, El hombre se alegra con la respuesta de su boca y la palabra a su tiempo, cuán buena es. Esto es un arte llevarlo a cabo, que las palabras que uno usa y que influye sobre los demás sean la palabra a su tiempo, que levanta el ánimo, que le da valentía y fuerza a la persona. Eso es la maestría de las palabras. A veces, uno de los principales atributos de un buen líder es animar a los demás, necesitan alguien que ahí esté apoyándolos. No significa que lo van a hacer todo perfectamente bien. Hay momentos que hay que corregir, pero inmediatamente después darle una palmada y decir, vas a salir adelante. ¡Yo confío en ti! Tuvimos una hija de 15 años que llegó a los Estados Unidos.
No hablaba muy bien el inglés. Fue a una escuela en Anaheim, California, que era una escuela pública bastante deficiente. Pero le dimos ánimo, tú puedes salir adelante. Esa niña llegó a Harvard Medical School y ahora está en el hospital en Massachusetts General. ¿Por qué? Porque nunca la desanimamos. Le dijimos, tú puedes salir adelante. No escuchó una palabra de desánimo. No supo lo difícil que iba a hacer.
Aprendimos esa lección mucho tiempo atrás en proverbios 16, versículo 24.
Y a propósito, todas las hijas tienen su título universitario, tienen carreras, tienen sus vidas desarrolladas. No porque lo hicimos nosotros, pero nosotros las animamos y no pusimos límites a lo que ellas eran capas de alcanzar. En proverbios 16, versículo 24, aprendimos estas palabras. Panal de miel son los dichos suaves. Vamos a ir aquí a la siguiente lámina. Panal de miel son los dichos suaves. Suavidad al alma y medicina para los huesos.
Aquí podemos ver una gráfica. Se puede atraer a las abejas más con miel que con vinagre.
¿Qué tipo de palabras usamos hacia nuestros hijos? Palabras de miel o palabras de vinagre? En colosenses 3, versículo 21, nos dice, Padres, no exasperéis a vuestros hijos para que no se desalienten.
Hay otras versiones que dicen, Padres, no provoqueis a ir a vuestros hijos para que no se desanimen. Enseñeles principalmente a través de ese refuerzo positivo, ese respaldo positivo.
Y así recuerden estos tres grandes principios de la vida familiar en el milenio, que debemos empezar a aplicar hoy día la última lámina que quería ver acá. La primera es volviendo los corazones de los padres a los hijos.
Una más parece acá. Ahí estamos. Eso es lo que vamos a ver en el futuro. Un mundo docil, ven al niñito, ahí está, tranquilo con sus padres.
Los tres principios, volviendo los corazones de los padres a los hijos y los hijos a los padres. Número dos, establecer relaciones de largo plazo con ellos y conviértesse en un animador en vez de un desanimador. La última escritura, según de Corintios 6, versículo 17 y 18, nos dice, por lo cual salid de medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré y seré padre a vosotros, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todo Poderoso.
Dios está construyendo una familia y quiere que aprendamos cómo.
Estudió en Ambassador College por cuatro años, titulándose en Teología y Español y comenzó su ministerio en 1976. Es un escritor de Las Buenas Noticias, enseña en Ambassador Bible College y actualmente forma parte del Consejo de Ancianos de la iglesia. Además es Pastor Coordinador de las áreas hispanas y viaja continuamente visitando las congregaciones. Vive actualmente junto a su esposa Caty Seiglie en Anaheim y pastorea la congregación de Orange County, California. Tiene cuatro hijas y ocho nietos.
Nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años de edad. Después de vivir siete años en Miami, Florida, su familia se trasladó a Murphy, Carolina del Norte.