La patria que nos falta

Las naciones terrenales se componen de territorio, población, leyes y un Rey. La venidera nación espiritual que reinará Jesucristo también se compone de esto. Mensaje entregado el 21 de julio de 2020.

Transcripción

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¿De qué nacionalidad es usted? El día de hoy en esta sala, habemos varias personas con diferentes nacionalidades. Habemos bolivianos, chilenos, guatemaltecos, estadounidenses y, por supuesto, mexicanos.

Todos somos provenientes de algún lugar específico del cual no elegimos nacer. Y este grupo del cual nosotros provenimos está contemplado por un grupo de personas que comparte la misma cultura, el mismo idioma, las mismas costumbres. Además, nos regimos por las leyes que están sobre estos lugares, ya me sé, naciones o países o gobiernos. Todos nosotros estuvimos sujetos a esas leyes, o estamos sujetos a esas leyes, si no nos hemos movido. Las personas también son representadas por quien se sienta en una silla, la dichosa silla del poder de la presidencia, que le llaman presidente. Y por último, hay líneas imaginarias que delimitan un territorio, la soberanía del país, hasta donde llega un país.

Hay una línea que alguna vez lo marca un río, una montaña, el mar o un muro, o una línea dibujada en el suelo o con defensas o alguna manera que la gente sepa que ahí termina un país y comienza el otro. Pueblo, ley, rey y territorio son los cuatro puntos que una nación debe tener para llamarse como una nación. Un pueblo, una ley, un rey y un territorio.

Demos una mirada a estos cuatro puntos que conforman una nación con Israel, el pueblo de Dios. Y hagamos una proyección al tiempo de hoy para saber cómo sería el pueblo, la ley, el rey y el territorio de nosotros. Partamos con entonces el pueblo. El pueblo de Dios. Acompáñeme a Deuternomio capítulo 7 y versículo 6. 6 al 8 dice, porque tú eres pueblo, santo para el eterno, tu Dios.

El eterno tu Dios te ha escogido para hacerle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos, os ha querido el eterno y os ha escogido, pues vosotros seréis el más insignificante de todos los pueblos. Sino por cuanto el eterno os amó y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado el eterno con mano poderosa y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto.

En la historia bíblica trazamos siempre la relación de Dios con tres nombres principalmente Abram, Isaac y Jacob. Quienes eran familiares y continuaron la promesa que Dios le realizó primeramente a Abram, el padre de la fe. En aquella noche estrellada, habíamos comentado hace poco, esa noche que Dios le mostró, así como las estrellas, va a ser tu descendencia, que no vas a poder contarla. Si continuamos la línea sanguínea, podemos llegar también hasta José, quien fue vendido por sus propios hermanos, conocemos la historia y fue llevado cautivo a Egipto.

Sin embargo, Dios estuvo como José y le prosperó. De hecho, así preparó el camino para que, cuando llegó el hambre en la tierra, Israel pudiera sobrevivir porque José se había preparado muy bien. Conocemos la historia. Dios por medio de José salvó a su familia. Así vivieron tranquilos por algunos años en Gozén, una zona de Egipto donde ellos se especializaron en el pastoreo, algo que los egipcios no le gustaban mucho, no le gustaban dar pastoreando, era considerado un trabajo como de baja alcurnia.

Pero los israelistas que empezaron a multiplicarse sí se dedicaron al pastoreo. Y se multiplicaron. Estamos haciendo un pequeño resumen porque vamos a llegar a un punto. Se multiplicaron, las familias crecían y el temor de faraón fue que ya eran muchos y que se podrían sublevar en cualquier momento.

Así ya no es Abraham Isaac y Jacob, es decir, abuelo, hijo y nieto, sino que ahora entra en escena Moisés. Moisés en Egipto, quien salvaría a una nación completa. Como leímos en déu teronomio, Israel no era algo destacado en comparación con los otros pueblos. Lo acabamos de leer. No era la gran cosa Israel. Al contrario, era el pueblo más insignificante y Dios lo tomó. Lo amó y respetó el pacto que había hecho con sus padres, los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Y lo sacó de Egipto con mano poderosa.

Conocemos la historia. Hemos visto películas, hemos leído algún cuento, hemos visto alguna caricatura, algún dibujo animado. Pocas veces reflexionamos lo siguiente, que Dios podría haber escogido a los mejores para entrenar a su pueblo. Pero Dios no escogió a los mejores. Escogió al pueblo menos destacado, los menos sabios y los menos entendidos. Porque Dios dijo para que se demuestre mi poder en ustedes. Los voy a escoger.

Y los amó. Estamos hablando del pueblo de Israel. Humanamente eso suena ilógico. Si una empresa quiere formarse, no va a elegir a los peores, va a elegir a los mejores para que pueda marchar una empresa y salir adelante. Primera de Corintios capítulo 1. Primera de Corintios capítulo 1. Primera de Corintios capítulo 1. Primera de Corintios capítulo 1. Y versículo 25. ¿Por qué lo incensato de Dios es más sabio que los hombres? ¿Y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres?

Pues mirad hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Aquí no tenemos a la gente la iglesia grandes poderosos, políticos o líderes en la sociedad, grandes magnates, 27, sino que el onesio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte que lo que le pasaba a José.

¿Cómo este esclavo le va tan bien? Y nosotros, que somos egipcios de tantos años, todas nuestras ancestros tan famosos, y a este hombrecito esclavo le va tan bien. Versículo 28. Y lo débil del mundo y lo menos preciado escogió Dios, y lo que no es para deshacer lo que es a fin de que nadie se jacte en su presencia. Lemos este versículo porque tiene mucho que ver con lo que hablamos de Israel, porque primero, con los intios uno, ya no está hablando del Israel de la Antiguo Testamento, no está hablando a nosotros, a las iglesias modernas, si se quiere decir. A pesar de que hayan pasado miles de años, está el mismo principio que hoy día se cumple en la actualidad, que no somos la gran cosa.

Nunca fuimos hablando de manera colectiva en el pasado como Israel. Hoy día somos irgalitas espirituales, se aplica el mismo principio dentro de la Iglesia de Dios, en la Iglesia de Dios. Hoy día somos un grupo de personas no necesariamente familiares, aunque aquí hay, si hay varias familias, y la familia es importante en la Iglesia, pero no necesariamente, que hay gente que viene sola, que no tiene ningún familiar a su lado.

Pero no necesariamente es un lazo sanguíneo. Somos un grupo de personas que estamos reunidos por y para Dios. Por eso nos decimos que somos su pueblo. En las oraciones de inicio, en los mensajes, nos presentamos como tu pueblo, Dios. Somos parte de tu pueblo. Uno de cuantos que hay en el mundo reuniéndose hoy día sábado. Al salir Israel de Egipto, los hermanos mayores, los primogénitos, cumplieron un papel importante en la enseñanza. Usted sabe la importancia de los primogénitos. Es el que le va a enseñar a los hermanos menores. Alguna instrucción familiar, en este caso, las verdades de Dios.

Y ellos fueron salvados de morir por la sangre y los dinteles. Conocemos la historia de la Pascua. Esos primogénitos se salvaron de morir. ¿Por qué marcaron la dos dinteles con sangre? Los primogénitos de Egipto murieron. No tuvieron esa protección. Por eso el imperio ahí decayó. No había hermanos mayores capaces de cumplir la herencia cultural, religiosa o ideológica que había o que debe haber en un imperio un gobierno, una nación.

Así también Dios hoy nos llama como un grupo de primogénitos. Nos llama así. Fíjense en Hebreos 12. Leámoslo porque es bastante revelador el cómo el escritor de Hebreos le habla o no se habla respecto al grupo. Estamos hablando del pueblo de Dios. Es el punto número uno de la nación. El pueblo. Estamos definiendo y viendo cómo se ha movido el pueblo. Hebreos capítulo 12, versículo 23.

A la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, en el libro de la vida, adiós el juez de todos, a los espíritus de los justos, hechos perfectos. El punto aquí es que se refiere a la congregación de los primogénitos. Quienes van a enseñar o vamos a enseñar en algún futuro? Es lo que nosotros creemos. Estamos en una especie de universidad aquí, tomando apuntes, aprendiendo para poderlo enseñar más adelante. Éxodo 12. Volvamos a Éxodo 12 rápidamente.

Éxodo 12. 6.

No, esa no es la escritura. Pero se las debo y le voy a leer. ¿Vosotros seréis para mí un reino de esas cerdotes y una nación santa? Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel. Hablando de lo que los hijos llevarían como testimonio por medio de sus padres. Dios mantiene su congruencia todavía más allá del tiempo. Por eso esto no es lo que nos hace. Es lo que nos hace. Es lo que nos hace.

Dios mantiene su congruencia todavía más allá del tiempo. Por eso esto no es su mano. Esto es algo más que esto. De lo que vemos o palpamos. Así como Israel comenzó a formarse de reyes y esas cerdotes. Es decir, con personas preparadas para enseñar a pasarla a esta feta. A enseñar a los que venían.

Para educar e instruir a los otros. De la misma manera lo está haciendo hoy.

Para que sea una nación que eduque e instruya a un mundo que será consternado a la llegada de Jesucristo. Cuando llegue Jesucristo, ¿qué va a hacer?

Va a ensaurar su reino.

Y dice que nos va a hacer reyes y esas cerdotes. Hoy día no somos reyes ni esas cerdotes. Pero en el milenio. ¿Durante mil años qué vamos a hacer?

Bien aventurados los que forman parte de la primera resurrección. ¿Quiénes gobernarán con Cristo? Mil años. Apocalipsis 510. No vayan ahí. Apocalipsis 510. Y nos hace hecho para nuestro Dios reyes y esas cerdotes. Y reinaremos sobre la tierra. Esos mil años es una oportunidad maravillosa. Que hay de poder enseñar lo que hoy estamos aprendiendo.

Por eso es una universidad. Lo podemos decir así. Estamos aprendiendo. Con teoría y con práctica. La práctica es todos los días. Y la teoría es cuando leemos la palabra de Dios. Y entendemos. Y si nos abre la mente. Esto de reinar por mil años. Que sabemos, hemos conocido y leído muchas oportunidades. No es la imagen de ponernos una corona, sentarnos en un trono de oro. Y esperar que nos vengan con los problemas. Ese no es el concepto de reinar, según los términos de Dios.

Porque sería quizás más práctico entender reinar como servir. Como Jesucristo. Lo demostró. Y lo demostró en la Pascua. Yo soy su maestro. Dicen bien. Y lo soy. Y como tal, me voy a lo más bajo y les sirvo. Eso es reinar. Eso es servir. Ese es el reino que Jesucristo quiere poner aquí en la Tierra. ¿Cuán opuesto es eso a la mentalidad humana? Que hoy día vemos en los gobiernos, en las naciones que hoy día se rigen.

El que está más arriba es el más intocable, el que le da más, el que tiene más, el que se protege más. Ese es el mundo de nuestras naciones. Por eso cuando Jesucristo dijo, hablando de lo que es el pueblo, retomando esto del pueblo, que lo estamos aplicando a la Iglesia, cuando dijo, edificaré mi Iglesia y las puertas del Ades no prevalecerán contra ella.

Es importante que exista ese grupo de personas, para que vaya a enseñar el mundo del mañana. Eso somos nosotros, eso creemos. Estaba diciendo, en otras palabras, Jesús, que el pueblo escogido de Dios, a quien que comenzó colectivamente con Abraham, y quizás nosotros podríamos decir que somos sacados de las rocas, injertados en el olivo, como se dijo en el sermóncillo, estamos postulando a hacer eso.

Un pueblo escogido, y ese pueblo no se extinguiría. Este grupo de llamados también se escucha con la voz griega de Ecclesia, con WK, tal vez algunos de ustedes lo han leído, la voz griega de Ecclesia, que no es una iglesia como la que vemos aquí en el centro, o en paraíso, o en chiltepet, una iglesia construida alta. Eso no es la iglesia. Bíblicamente hablando, no es la iglesia. No es una construcción física, sino que el grupo de personas es la iglesia. Se reúnan en Huimango, en Chiltepet, en paraíso, en Villa Hermosa, en este salón, en una casa.

Es el grupo de personas, lo que hace el pueblo de Dios. No cuatro muros y un techo. Eso es importante, porque eso es lo que todos saben los heruditos de la Biblia. Y lo podemos hablar también en otra oportunidad sobre lo que es el templo. No es un templo como este, no es un templo. Somos templos del Espíritu Santo de Dios. Pablo, en el Nuevo Testamento, se reunía con mucha gente en los sábados, en las sinagogas, en las semanas, en los días de la semana también.

Extendían sus conversaciones hasta el sábado de la noche. ¿Y dónde se reunía Pablo en las grandes iglesias? Se reunían en los ríos, en las casas, a la iglesia que está en la casa de tal persona. Hoy día tenemos un salón temporalmente aquí o donde sea. Si ustedes ven la iglesia del Nuevo Testamento, no es la que hoy día se ve.

Si usted busca iglesias en Google, si usted busca iglesias en Google, ¿quiera va a aparecer? Todas las grandes construcciones. Pero eso no es la iglesia. Según la Biblia, de una vuelta sobre dónde se reunía Pablo o los apóstoles, el sábado a adorar a Dios. Una familia, una nación, una iglesia o un grupo de personas llamados a salir, apartados para un propósito. Eso es el pueblo de Dios, eso es iglesia. Eso somos. Entonces tenemos cumplido el punto número 1. Recuerdan que eran 4 puntos. Pueblo, ley, rey y territorio. Vamos con el primero.

Pueblo. Ahí está. Vamos con el segundo. Un poco más polémico. La ley de Dios. La ley. Todas las naciones se rigen con una ley. Si era ley de tránsito, estaríamos expuesto a mucho más accidentes. Obviamente, alguna vez resultas más que otra. Pero vamos aquí a Exodo 5.1. Hay un tema muy interesante en Exodo, respecto al comienzo del pueblo de Dios, colectivamente hablando después de Abrami, Saki y Jacob.

En Exodo capítulo 5, está aquí algo que siempre me ha gustado hablarlo, porque no se habla de esto cuando se dice que Dios saca a su pueblo de Egipto. ¿Y para qué? ¿Para qué salieron de Egipto? Bueno, eran esclavos, estaban bajo el yugo fuerte de Farahón, pero fíjese a Exodo 5.1. Después, Moisés y Aaron entraron en la presencia de Farahón y le dijeron, el eterno el Dios de Israel dice así, deja ir en mi pueblo, ¿y a qué dice ahí?

A celebrar mi fiesta en el desierto. No era para solamente liberarse de la esclavitud, tenía un sentido de que ellos pudieran hacer el pueblo de Dios para guardar la Pascua, las fiestas de Dios, la ley de Dios. ¿Cómo guardaban el sábado los israelistas en Egipto? Tal vez no podían. Y en el desierto, entonces sí Dios empezó a enseñarles, a recoger el doble el viernes, a no trabajar, etcétera, etcétera. Poco a poco ellos empezaron a entender, a desaprender lo que todos estos cientos de años tenían en su inmerso, en su cultura.

Estaban en Egipto, como nosotros hoy día estamos en el mundo. Está interesante este versículo, porque como decimos, revela que Dios no solamente quería liberar a su pueblo, sino que, o liberarlo del sufrimiento de esta esclavitud, de la operación, sino que celebrar fiesta. Así también, inmediatamente cuando Israel sale de Egipto, Dios codifica la ley. Se llama codifica porque la escribe. La ley ya estaba. Abraham guardó la ley de Dios, sus preceptos y sus mandamientos. Antes de que fueran escritos, lo leímos la semana pasada, o hace dos semanas, atrás en un sermón. De Ustronomio capítulo 30, Dios codifica la ley de Dios, mientras vamos ahí, por medio de Moisés en el desierto.

Y les hace llegar a la nación, al pueblo de Dios, que era el número uno, les hace llegar ahora la ley de Dios. Es decir, ahora somos un pueblo y nos vamos a rejir bajo estas normas, no las de Egipto. Las normas de Dios. No es la ley de Moisés. Moisés escribió la ley de Dios. Él no la inventó. Entonces vemos aquí en de Ustronomio 30. Ustronomio es como se le dice la segunda ley o la repetición de las cosas que habían sucedido antes en el Pentateuco, dentro de los cinco libros.

Ustronomio capítulo 30, versículo 11. Tenemos aquí la escena de la segunda generación de la gente que había salido de Egipto, los hijos, que iban a entrar a la tierra prometida. Versículo 11. Entonces dice aquí, porque este mandamiento que yo te ordeno hoy, no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. El día de hoy, si alguien dice que la ley es difícil, aquí tenemos que el pueblo de Israel estaba recibiendo esa instrucción. No es demasiado difícil para ti, ni para nosotros. Ni está lejos, no está en el cielo para que digas quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos. Le otro día conversaba a algún amigo, ¿cuántas canciones hay de la escalera al cielo para subir al cielo?

¿Cuántas canciones hay? La bamba para subir al cielo, ¿no? Pero el cielo va a venir en la tierra, en Apocalipsis 21. No necesitamos subir al cielo físicamente. Aquí está diciendo, no necesitamos subir al cielo, no es algo difícil de hacer. Versículo 13, ni está al otro lado del mar para que digas quién pasará por nosotros el mar para quien nos lo traiga y nos lo haga oír a fin de que lo cumplamos.

Porque muy cerca de ti está la palabra en tu boca y en tu corazón para que le cumplas. Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal. Guarda los mandamientos y tendrás bendición. Aquí lo expresa. Muy claro Dios, antes de que el pueblo llegara a la tierra de Canaan. Estos mismos principios de conducta se mantienen hoy.

Les seguimos llamando los mandamientos de Dios, porque no han sido desechados ni abolidos, ni mucho menos resumidos. Como hace poco escuché una señorita que me dijo que se habían resumido en solamente dos. No dijo resumido, dijo como achicado, algo así, como comprimido.

Pero en realidad siguen siendo los desmandamientos. Amarás a tu Dios y amarás a tu prójimo. Eso es todo, dijo. Pero bueno, él estaba Cristo resumiendo los cuatro mandamientos y los otros seis. Cualquier niño podría entender eso. Cristo profundo, que es el que se llama Cristo.

Cristo profundizó, no solo a nivel físico la ley de Dios. No adulterarás. Ok, no me voy a meter con ninguna mujer, pero si lo piensas, ya estás adulterando. Eso es la profundidad de la ley espiritual. Eso es lo que hizo Jesucristo. Mateo 517. No vengo a venir a abrogar la ley. Vengo a cumplirla hasta el tope. Incluso a darle un entendimiento más profundo de lo que es la ley.

Segunda de Juan. Segunda de Juan. Capítulo 1, versículo 6. Segunda de Juan. Capítulo 1, versículo 6. Que es el único capítulo que tenemos, versículo 6. Y este es el amor que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento que andéis en amor. Este es el mandamiento que andéis en amor. Como vosotros habéis oído desde el principio para que andéis en él. Como dice aquí, tal como lo habéis oído desde el principio, no eran personas que no sabían acerca de esto.

Sí habían oído desde el principio y el amor siempre estuvo envuelto en lo que es la ley, la ley de la libertad, como dice Santiago, la ley del amor. Así como en el principio le fue dicho cómo tenía que regirse la nación de Israel.

Estamos hablando de las leyes y que hacerlo no sería una carga pesada. Lo vemos también ahora para la Iglesia. Hablamos de Israel, ¿qué era para ellos la ley? Y para la Iglesia, ¿qué es? Primera, de Juan 5.3. Nos vayan allá, no te lo. Primera, de Juan 5.3. Porque este es el amor de Dios que guardemos sus mandamientos y sus mandamientos no son grabosos.

Eso es lo mismo que le dijo Dios a Israel antes de entrar a canal. Los mandamientos de Dios no son pesados. Se pueden convertir en algo pesado. Hablemos fariseos, sauseos, escribas, en la época de Jesucristo. Ellos sí lo convertieron en una carga pesada. Pero la ley de Dios no es pesada. O mentir es muy difícil no hacerlo. Robar es muy difícil no hacerlo. Para personas que están acostumbradas se vuelve hasta un vicio. Pero no es difícil humanamente hablando. Guardar el sábado. Que tan difícil es guardar el sábado.

Tal vez puede llegar a ser difícil. Pero lleva consigo bendiciones. Tenemos el pueblo. El pueblo de Dios. Israel. Y somos nosotros también en la iglesia. Tenemos la ley de Dios entregada a Israel. Y que nosotros también la tenemos como ley de Dios. Tan importante que va a perdurar incluso. Y nos vamos al tercero. El rey de Israel. ¿Quién habrá sido el rey de Israel? El pueblo de Israel, conformado como tal, comenzó en el desierto recibiendo la ley de Dios.

Los diemandamientos. Y habían estado algunas manifestaciones de grandes señales por medio de una columna de fuego. Una columna de nube. ¿Se acuerdan cuando Israel sale al desierto y estaban a columna protegiéndolos? ¿Hay una manifestación climatológica o algo milagro visible que ellos decían nos están protegiendo de algo? ¿Hay algo aquí visible que estamos todos escuchando? Tal vez el fuego tenía un ruido y estaban viendo ese... y sintiendo ese calor. Exodo 13. Vamos a Exodo 13. Exodo 13. Y versículo 21. Entonces, ¿qué había aquí? ¿Qué los estaba protegiendo a ellos? Versículo 21 del capítulo 13 de Exodo y el eterno lleva adelante de ellos, de día en la columna de nube para guiarlos por el camino y de noche en una columna de fuego para alumbrarles a fin de que anduviecen de día y de noche para que los dientes se desplazan.

Por eso, ya les voy a explicarles a fin de que anduviecen de día y de noche. Y fin en ese versículo 22. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día ni de noche la columna de fuego que también estaba relacionada con el templo cuando bajaba la gloria de Dios, esa nube que había. Allí era la presencia de Dios.

Tristemente, vemos más adelante. Estamos hablando del rey... Tristemente más adelante, en la historia que muchos hemos leído una y otra vez, cuando Israel está asentada como nación y empieza a mirar a los pueblos del lado, empieza a mirar al vecino de acá, al vecino de acá, y dicen, oye, ellos tienen un rey que tiene una corona y tiene un nombre muy bonito, y le dicen a Samuel, la no es un rey. Ellos desecharon, no a Samuel, sino que a su rey, Dios. Ellos lo rechazaron. Primero a Samuel, capítulo 8.

Pero si había un rey ahí, eso es importante, si había un líder, había una manifestación incluso visible, tangible, de la presencia de Dios que los estaba guiando. Primero a Samuel, en capítulo 8, primera de Samuel, capítulo 8, versículo 7. Samuel estaba muy triste.

Y aquí entonces, capítulo 8, capítulo 7, dice, y dijo el eterno a Samuel, oye la voz del pueblo en todo lo que te digan, porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Ahí está el rey desechado. Por eso llegó Samuel. Y tenemos toda la historia en adelante. La parte del imperio o el gobierno monárquico, o con monarcas anterior a eso, era deocéntrico. Estaba Dios ahí, guiándolos.

Pero aquí empezó la parte más humana. Vamos a primera con intios 10. Entonces, ¿quién era el rey de Israel? Primera con intos 10. Sí, decimos que es Dios, pero vamos a ser un poco más específicos. En primera con intios, capítulo 10. Y versículo 1. Porque no quiero hermanos que ignoréis que nuestros padres, todos, estuvieron bajo la nube y todos pasaron el mar, hablando del antiguo Israel. Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar.

Y todos comieron el mismo alimento espiritual. Y todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que lo seguía. ¿Y quién era esa roca? Y la roca era Cristo. Que no se había manifestado en el antiguo testamento como Cristo, sino que era el verbo, el logos, que después se humanizó, podríamos decirlo, y se presentó como Jesucristo, ya como un ser humano. Y este Cristo, esta roca del antiguo testamento, de la misma manera hoy, también sigue siendo nuestro rey. Colocenses, capítulo 1. Colocenses, capítulo 1.

Y versículo 15.

Hablando aquí de Jesucristo. Había un problema grave aquí en la iglesia de los colocenses. Y se estaba bajando la importancia de Jesucristo y su divinidad. Por eso aquí viene una contrapropuesta, como decíamos decir, o un recordatorio, y dice versículo 15. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas. Las que hay en los cielos y las que hay en la tierra. Visibles e invisibles, sean tronos, dominios, sean principados, sean potestades. Todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas y todas las cosas en Él subsisten. Y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Y es el cuerpo de la iglesia. Esa es la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él, que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para quien todo tenga la preeminencia. Cristo es el Cordero sacrificado en la Pascua, cuando salió Israel de Egipto. Ese rito de sacrificio se prefiguraba a Jesucristo, el Cordero Himolado, que sería sacrificado por nosotros. De eso se trata la Pascua, el antiguo testamento, la primera Pascua. Y entonces, cuando Cristo cumple, también hoy resulta ser el primero entre muchos hermanos. Por eso se llama, por eso dice, primogénitos. Él es nuestro hermano mayor.

Y él fue un pionero, fue un líder, que fue el primero que lo pudo hacer y nos dejó el camino. Fíjese en Apocalipsis 1, un poco más adelante. En Apocalipsis 1.

Y versículo 4, al 6, por favor. Juan, a las 7 iglesias que están en Asia, gracias y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir. Y de los 7 espíritus que están delante de su trono, y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra, al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. Fíjese que estos tres versículos estamos aquí resumiendo lo que llevamos de sermón. Tenemos el pueblo de Dios cuando nos dice que nos amó y nos hizo reyes y sacerdotes.

Ahí está el pueblo de Dios en estos versículos.

Cuando dice la ley de Dios, que era el segundo punto, lo vemos aquí cuando describe que nos lavó de nuestros pecados con su sangre. Eso es la Pascua, eso es una fiesta santa. Esa es parte de la ley de Dios, de las instrucciones que realizamos cada año. Esa es parte de la ley de Dios, está hablando de la ley de Dios ahí. Tásitamente, pero ahí está. Y tres, el rey de Israel cuando dice el soberano de los reyes de la tierra. Ahí está nuestro rey de reyes, como se decía en la oración al inicio, y señor de señores. Él es nuestro rey.

Y nos falta un cuarto punto. Tenemos entonces el pueblo, la ley y nuestro rey, Jesucristo. Y el cuarto era el territorio. ¿Hasta dónde llega? ¿Cómo podemos nosotros comprender lo que es el territorio? Como pueblo, con la ley de Dios y con nuestro rey.

El territorio donde ejerce dominio el pueblo de Dios, es decir, su soberanía, es el punto final y tal vez el más interesante. Puesto que Israel, el pueblo de Dios, con la ley de Dios, con su rey, Jesucristo, anduvo marchando 40 años en el desierto, buscando territorio para encontrar la paz definitiva.

A tantas guerras y tanto que buscaron estos años, buscaron reposar, que se llama la tierra de Canaan, la tierra prometida para el pueblo de Dios. Es importante destacar que Dios les hace hincapié en su ley antes de entrar a esa tierra. Lo vimos en Deuteronómio 30, cuando les dice, escogé pues la vida para que vivas, tú y tu descendencia, los hijos de los hijos, hacia adelante. Dios le vuelve a recalcar. ¡Guarda la ley de Dios para que te vaya bien, para que tengas bendiciones! Hasta aquí, entonces, hemos visto, un pequeño resumen, que el pueblo de Dios se ha extendido hasta hoy, desde sus inicios, con Abram, Isaac y Jacob, como lo que se domina como pueblo de Dios.

Con las individuos, después con las familias, y luego ya como una nación. Y somos parte del pueblo de Dios. Hay mucha información de esto, de los israelitas espirituales, de que somos insertados en el olivo, etcétera. La segunda observación, dice aquí, el mismo pueblo, guardó la palabra de Dios, su mandamiento, su ley, con Abram, Isaac y Jacob. Perdón, antes de que el pueblo fuera pueblo, incluso guardaba su ley. Se dice que Abram guardó las leyes de Dios, cuando ni siquiera estaba escrita, como lo habíamos dicho. Es decir, antes de que fueran codificadas las leyes, con los diez mandamientos, por Moisés, ya se estaba guardando la ley, antes de que fueran escritas, como hoy día las leemos, una y otra vez.

Y la tercera observación es que, además, la roca que era Cristo, que los guiaban el desierto, ha venido a hacer para nosotros la piedra principal del ángulo para nuestra eterna redención. Ahí tenemos los tres que hemos visto tomando Israel y trayéndolo hacia el día de hoy. ¿Cómo lo entendemos y cómo lo vamos relacionando con la experiencia de Israel, que es muy importante para nosotros, para nuestra enseñanza? ¿Y cómo traemos la soberanía, la tierra prometida a los tiempos de hoy, nos falta la soberanía?

¿Cómo la traemos? ¿Cómo hacemos la conexión de la Tierra de Canaán, al día de hoy? Tenemos las tres, nos falta el territorio. ¿Cómo la traemos? La tierra prometida a Abram, Isaac, Ahacop, los patriarcas... Escuche bien, nunca fue un lugar donde ellos hubieran vivido. Ellos no vivieron en la Tierra de Canaán. Y a ellos se le hizo la promesa. ¿Sí? Al contrario, ellos anduvieron como extranjeros y peregrinos.

Ellos no estuvieron en la Tierra de Canaán.

Hebreos 11.

Estamos trayendo esto de la soberanía, del territorio, a la parte más espiritual, a los tiempos de hoy. Y aquí hay una conexión muy profunda.

Hebreos 11 y versículo 13.

Que a todo esto el título del mensaje es nuestra patria. Me vengo a acordar recién, pero bueno, más tarde que nunca. Vamos entonces a Hebreos, capítulo 11, versículo 13. Conforme la fe, murieron todos estos, hablando de los grandes héroes de la fe, sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

Porque los que dicen esto, porque los que esto dicen, claramente, dan a entender que buscan una patria. Pues, si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.

Todos nosotros tenemos nacionalidades, algunos no estamos en ese lugar de origen, y podríamos decir, no, yo quiero volver a mi tierra, a la tierra que me vieron a hacer, pero aquí hebreos está hablando de otra tierra, de otra soberanía. 16, pero anhelaban una mejor, esto es celestial, por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad, nuestra patria.

La palabra extranjera, en el versículo 13 de hebreos 11, en el griego es... y qué interesante esto, es la palabra senos, con X, senos, quiere decir algo extraño, algo ajeno. De aquí deriva la palabra xenofobia, sobre algo, algo muy extraño, algo muy ajeno. Y los extranjeros, en aquellos años, y hoy día también, son los que se han hecho, y los que se han hecho, en aquellos años, y hoy día también, son... extranjeras, son considerados algunas veces con mucho desprecio, porque no son de lugar donde la gente está, llega alguien extranjero y como que, bueno, de donde esta persona tiene un acento extraño, tiene otra escultura, otra vestimenta. Es como si habláramos de gente de refugiada. Pobrecito los refugiados, no tienen casa, está en un lugar ajeno. Así eran considerados los extranjeros hiperagrinos en la antigüedad, y hoy día también. Incluso los inmigrantes. Se les ve así, con esa como lástima incluso.

Los patriarcas se pasaron la vida como extranjeros en una tierra que no era la suya. Los patriarcas, Abraham, Isaac, Jacob, nos estamos hablando de Israel y yo todos cuando llegaron a Canadá.

¿No es esta situación similar a la de hoy para todos nosotros? Incluídense que estamos trayendo el territorio, la soberanía que nos falta. Y se enlaza muy bien con el sermóncillo, esto de la fe. Porque en realidad no tenemos territorio. No tenemos soberanía. Pero sí creemos en ella. Ahí está el enlace tan interesante de la antigüedad al día de hoy.

Comenzamos el sermón preguntando de qué nacionalidad es usted. Incluso dentro de México hay lugares que se le llama tal cual. Como su gentilicio, su lugar de origen.

Usted tiene escrita una nacionalidad en su pasaporte. En su ife no lo sé, supongo que sí también. Bueno, su pasaporte sí dice, su nacionalidad. De dónde es usted. Y aquí, como decíamos, vemos de varios lugares, de varias partes. Pero en realidad, a pesar de lo que digan nuestras naciones temporales, como países de hoy, hay una que estamos buscando más allá. Esa es la que nos da. Estamos buscando más allá de lo humano. Más allá de lo que diga nuestro pasaporte. Como dice Ebreu XI, creer, saludar y reconocer que somos extranjeros y peregrinos sobre la tierra nos hace ciudadanos en potencia de una patria que deseamos recibir para descansar. Finalmente en ella, en la tierra prometida, no en canal, pero sí en el milenio. Ahí está nuestro territorio, nuestra soberanía que no tenemos hoy, pero que sí estamos anhelando y saludando y diciendo somos extranjeros y peregrinos. Por eso lo decimos, porque no tenemos soberanía en esta tierra. Vivimos aquí, pero no somos parte de ella. Esta será nuestra soberanía, lo que nos está faltando para hacer esa nación de esos 4 puntos que vimos al comienzo. Una nación completa, íntegra, la que le faltó a los patriarcas, la que esperaron, esperanzados, creyendo en ella. Así nosotros mismos debemos estar creyendo, saludando y reconociendo nuestro estado actual por medio de la fe. ¿Qué es? Somos el pueblo de Dios. Lo creemos. Tenemos la ley de Dios. Lo tenemos. Tenemos a nuestro rey. Claro que lo tenemos. Un sumo sacerdote. Que su Cristo. Y el cuarto, que su Cristo. Y el cuarto, buscamos una patria. Buscamos una soberanía. Un territorio donde ejercer libremente el amor, la ley de Dios. Y eso es el reino de Dios.

Los patriarcas, a pesar de que eran poquitos, si sacamos la cuenta, algunas veces estaban bien solitos. Teniendo la palabra de Dios, la patria de Dios, teniendo la palabra de Dios, obedeciendole como un rey guía a su pueblo, a Dios, buscaron esa soberanía y nunca se rendieron. Nunca quisieron volver atrás. Los patriarcas vivían en esperanza y murieron en expectación. Murieron creyendo eso. Qué importante es eso. Primero, de Pedro II. Aquí terminamos. Primero, de Pedro II. Y versículo 6.

Primero, de Pedro II y versículo 6. Por lo cual, también contiene la escritura. ¡Ea que no! ¡Pero que no! ¡Pero que no! ¡Pero que no! ¡Pero que no! También contiene la escritura. ¡Ea que! Pongo en ción la principal piedra del ángulo, escogida y preciosa, y el que creyere en él no será avergonzado. Versículo 7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso, pero para los que no creen la piedra que los edificadores desecharon ha venido a ser la cabeza del ángulo. Y piedra de tropiezo y roca que hace caer. Porque tropiezan en la palabra y nacen desobedientes, a lo cual fueron también destinados. Y versículo 9. Más vosotros, sois linaje escogido, real sacerdose, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que enunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a salud admirable. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios, que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Tan fuerte son estos versículos con el sermón, que es como ya tener la certeza de que ese territorio ya lo estamos casi palpando. Esa es la fe viva de que ya lo tenemos aquí. Pero eso nos habla de que somos un pueblo escogido, un real sacerdose, nación santa, pueblo adquirido por Dios. ¿Y cómo empezamos el mensaje? No somos nada. Primero a Corintios. No somos los más sabios, pero que Dios sí nos escoje para que su poder se manifieste a través de nosotros, que no somos nada. Y además, tenemos esa misión de anunciar las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas, azulus admirable. Y cuando tu hijo te pregunta ¿y por qué haces esto? Ahí entonces la respondemos. Es lo mismo que se aplica hoy día de una manera más abierta. Tenemos una gran comisión en estos tiempos. No importa de qué nacionalidad seamos, no importa dónde nos reúnamos ni cuánto seamos. Somos el pueblo de Dios. Tenemos su ley. Vemos a nuestro rey y buscamos incansablemente la soberanía de su reino, el que cada día pedimos que se acerque más y más. Venga tu reino, venga tu reino. Nos falta ese cuarto punto para concretar.

Cuando nuestro rey ponga sus pies sobre el monte de los olivos comenzará la soberanía del reino de Dios y será aquí en la tierra. No será en el cielo ni en el planeta Marte ni en un lugar perdido. Va a ser aquí en la tierra. Sus pies va a ser puestos el monte de los olivos y se va a extender la soberanía del reino de Dios principalmente aquí en la tierra y después sobre todo en el universo. Como centro del universo la tierra. Busquemos pues nuestra patria celestial que es el cuarto punto que nos falta para gozar de la paz que tanto anulamos que tanto queremos en el inminente y muy próximo futuro reino de Dios donde ya no seremos extranjeros y no seremos peregrinos sino hijos glorificados habitando en nuestra casa. Muy buenas tardes a todos.

Pastor para la República Mexicana. Junto a su esposa y sus tres hijos, viven en la Ciudad de México. Sirve de tiempo completo a las congregaciones del país, y produce y administra contenido para los medios digitales de la iglesia.