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Este tema fue algo que me cambió la vida, igual que a muchos acá, y que desde muy joven Dios me dio ese don de experimentar y sentir lo que es esta gran verdad en la Biblia. Es lo que la Biblia llama el temor de Dios. ¿Qué significa el temor de Dios en la Biblia? Es un tema bastante extenso a través de las errituras. De hecho, se encuentra más de 300 veces el término el temor a Dios o el temor de Dios. Entonces para Dios es un tema bastante importante. ¿Y cómo podemos aplicar ese concepto del temor de Dios en nuestras vidas? Como sabemos, el temor puede ser algo positivo o algo negativo.
Hay un tipo de temor que es un temor que se produce como un miedo hacia los demás. Es un miedo temeroso, a veces cobardes, que uno se siente que no puede hacer lo que debe y huye por el temor.
Entonces hay lo que se encuentra un temor pusilánime, cobardes, que Dios condena. Pero también hay un temor positivo que es el temor reverente hacia Dios y su palabra. Como le dijo Dios a Moisés, ahí cuando estaba el arbusto ardiente y dijo, ¡quitan tus calzados! Porque el lugar donde estoy es santo, es algo especial. Y entonces hay ese tipo de temor reverente hacia Dios y las cosas de Dios que no se deben aceptar en forma solapada, en forma informal, en forma descuidada. No es algo muy importante lo que es tener el verdadero temor a Dios.
Ambos tipos de temores, el positivo y el negativo, se encuentran en la Biblia y es importante saber distinguir entre el temor incorrecto que debemos evitar y el temor respetuoso que debemos cultivar en nuestras vidas.
Vamos primero a ver un ejemplo de un temor negativo, dañino y equivocado. Porque de repente uno le puede pasar esto. Yo he visto personas que le han entrado este tipo de temor, que los paraliza, que no los permite llevar a cabo lo que debieran hacer. El relato se encuentra en números 14, versículos 1 al 4. Este es un relato cuando los isalitas estaban a punto de entrar en la tierra prometida y 10 espías trajeron un informe negativo y pesimista. Su informe fue tan desalentador que la gente se llenó de miedo y querían volver a Egipto y tirar todo por la borda, revelándose contra Dios y Moisés.
Leamos en números 14, versículo 1 al 4. Dice, entonces toda la congregación gritó y dio voces y el pueblo lloró aquella noche y se quejaron contra Moisés y contraron todos los hijos de Israel. Y les dijo toda la multitud, ojalá muriéramos en la tierra de Egipto o en este desierto, ojalá muriéramos.
¿Y por qué nos trae el eterno a esta tierra para caer a espada? Y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa. ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro, designemos un capitán y volvámonos a Egipto. Hay veces que la gente quiere tirar todo por la borda.
Ya, dejemos. Esto no va a funcionar. Volvamos a donde estemos. Vayamos a otro lugar. Se descorazonan y entonces pierden el ánimo como pasó aquí.
Debido a ese informe negativo y sin fe, las personas estaban listas para rendirse, regresar a Egipto y volver a ser esclavos, tan dispuestos a caer en la misma esclavitud del mundo en que vivían.
Recuerden que esa era la generación que atestivó y presenció los milagros más grandes.
Vieron como una y otra vez Dios interminó contra este inmenso, lo que era un superimperio y lo dejó de rodillas ante él con las diez plagas que pasaron. Fue este mismo grupo que presenció como se abrió el mar rojo.
Tremendo cuerpo de agua se partió y pasaron por el lugar seco. Y después vieron como el agua brotó de las rocas en Vaná que caía seis días de la semana. El doble cada sexto día para que no tuvieran que trabajar el día sábado.
Este es el mismo grupo que antes esta prueba dijeron no, no podemos. Porque estaban a punto de entrar en la tierra prometida y le dijeron no, no somos capas. Y la gente creyó ese informe falso, ese informe negativo.
Era falso, no porque estaban diciendo cosas que no eran ciertos. Es la forma que lo dijeron para descorazonar. Uno siempre tiene dos puntos de vista. Uno puede ver algo que el otro ve en forma negativa que uno ve en forma positiva.
Te me acuerdo el relato de estos dos vendedores de zapatos ingleses cuando empezaron a entrar en la India. Era un país lleno de supersticiones y pobres. Y estos dos vendedores fueron a distintas partes. Y después enviaron su informe.
El primero envió a la jefatura un mensaje y le dice, la situación pésima acá en la India. Nadie usa zapatos. Y después vino el segundo vendedor y envió el informe a la jefatura.
La situación maravillosa. Todos necesitan zapatos. Mima información. Pero uno lo ve en forma negativa y el otro positivo. Entonces, aquí los epías lo vieron en forma negativa. Vieron todo lo negativo y se olvidaron de todo lo que Dios estaba haciendo con ellos.
Y a veces uno queda abrumado por las pruebas. Se da poco ánimo. Piensa que Dios no puede. Y entonces se descorazona. Y esto nos pasa a todos. Quien no duda, quien no pausa de repente y piensa que no, no vale la pena, las cosas no marchan bien, todo anda mal.
Dios permite esas cosas, igual que hizo aquí con Israel. Le dijo, estas son pruebas para ver lo que había en su corazón. Para ver qué tipo de espíritu estaban desarrollando. Y vemos que había dos espías que tuvieron otro tipo de ánimo. Ellos sí veían más allá de la prueba momentánea. Y sabían que estaban con Dios. Y que igual que Dios había superado todas las cosas con ellos, esto era una cosa más. Que fue el relato de Josué y Caleb. Aquí lo vemos. Mimo capítulo número 14. Sigamos leyendo acá.
En número 14, versículo 5.
Y decían, entonces Moisés y Arón se postraron, después que escucharon la gente, quiere volver a Egipto. Qué gran insulto. Es como decirle a Dios, no debía haberme llamado. Porque yo no soy capaz de entrar en tu reino.
¿Para qué me llamaste? Eso era lo que estaban diciendo, que Dios no era capaz. Y Moisés y Arón se postraron sobre sus rostros, delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel. Obviamente, ellos sabían que esto era un insulto ante Dios.
Versículo 6, hijos Sue, hijos de Nun, y Calé, hijos de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos y hablaron a toda la congregación. Y cuando se rajaban la vestidura, era como una forma de mostrar la angustia, la congoja, que ellos estaban tan afectados por esa falta de fe. Estaban en luto al respecto. Y dice, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel diciendo, la tierra por donde pasamos para reconocerle, es tierra en gran manera buena. Ninguno lo empieze, empezaron en forma positiva. No ellos veían la gente grande que había los gigantes.
Y ellos dijeron, versículo 8, si el eterno se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra el eterno, ni temáis al pueblo de esta tierra, porque nosotros los comeremos como pan. Su amparo se ha apartado de ellos y con nosotros está el eterno. No los temáis. Aquí tenemos dos informes. ¿Y qué creen que hicieron?
¿Cuál aceptaron los israelitas de estos dos informes? Bueno, de los 10 cepías. Pues ya se habían descorazonado. Dice, entonces toda la multitud habló de apedrearlos, pero la gloria del eterno se mostró en el tabernáculo y reunió con todos los hijos de Israel. Y el eterno dijo a Moisés, ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán? Con todas las señales que he hecho en medio de ellos.
Y entonces Moisés y Arón intercedieron por el pueblo para que no fueran destruidos. Es tan fácil ver las cosas de manera negativa, tal como se mencionó en el primer mensaje, que cuando uno corre ya ha corrido largas distancias. Se da cuenta que de repente empieza a entrar esa vocecita de duda. No, es que esto es muy difícil. ¿Por qué no esperamos otro día? No, si esto se puede hacer. Hay estas voces como la parte débil de la voluntad de uno, que uno tiene que aprender a silenciar esa voz y tomar en cuenta que sí puede mucho más de lo que uno se imagina, si es que persevera.
Y así vemos el ejemplo de Josué, que en el versículo 24, bajemos un poco a versículo 21, dice, más ciertamente como vivo yo y mi gloria llena toda la tierra, todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres, no ninguno de los que me han irritado la verdad. Dios es paciente, pero también esa paciencia tiene su límite. Dios es paciente, pero no es indulgente.
Él no va a malcriar a nadie. Y aquí en la iglesia, Él espera. Quienes son los que perseveran, a pesar de las dificultades? Quienes son los que vuelven una y otra vez? Porque están aquí porque temen a Dios más que al hombre. No dejan que las dudas los minen, los descorazonen, los desanimen.
Porque es fácil. El diablo es el que siempre tiene esos dardos de duda y empieza a querer que uno cuestione todo. Y de hecho, no tenemos una iglesia perfecta porque las personas que componen la iglesia no son perfectos. Y debemos tener más cuidado y enfocar en nosotros más. ¿Cómo vamos a ver? ¿Cuáles son algunas de estas claves? Desarrollar el verdadero temor de Dios. Y eso es lo que yo quería hacer énfasis hoy día. El desarrollo del temor respetuoso, perseverador, que no se extingue a través del tiempo. Veamos entonces siete atributos de este temor reverente y valiente en la Biblia.
El primero de estos atributos es el temor reverente a Dios, viene de Dios. No es algo que uno desarrolla por sus cualidades naturales. Muchas personas valientes en forma natural, nacen con cierta valentía, humana. Pero eso no es lo que aquí en la Biblia nos habla de que Dios infunde a través de la fe. Ese temor verdadero a Dios. El temor genuino hacia Dios va de la mano con la verdadera conversión. Y se produce al rendirse a Él y al recibir Su Espíritu.
Así que Dios no va a desarrollar a ningún rebelde en potencia en la Iglesia. No va a bendecir y va a desarrollar la persona que ya tiene esa potencia de revelarse contra Él. Por eso es necesario que la persona se rinda ante Él, se asumiza ante Él y aprenda esa sumisión, esa forma de temer a Dios más que al hombre, y proviene de Dios.
Noten en Isaías hablando de la avenida del Mesías. Isaías capítulo 11, versículo 1, que está descrito que Jesucristo tendría ese temor que vendría por medio del Espíritu Santo en Él. En Isaías capítulo 11, versículo 1, aquí dice, saldrá una vara del tronco de Isaí, que era el padre de David, y un Bástago retoñará de sus raíces, que un descendiente de David, un día, sería el Mesías. Y dice, y reposará sobre él el Espíritu del Eterno, Espíritu de sabiduría y de inteligencia. Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor del Eterno.
Entonces, es algo que recibe del Espíritu de Dios, y le hará entender diligentemente en el temor del Eterno. No fue así Cristo, nunca violó los mandamientos de su padre, lo que era la voluntad de su padre, era completamente sumiso a la voluntad de su padre.
Las cosas espirituales provienen de Dios. Este uno puede tener una persona que puede ser muy valiente en las cosas físicas, pero puede ser muy débil en las cosas espirituales, porque creen que eso va a venir en forma natural, como un talento. No es así. Se recuerdan lo que nos dice en Santiago, capítulo 1, versículo 16.
Dice, Amados míos, no erréis, no se equivoquen. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Entonces, si se puede ver, si se puede ver, si se puede ver, si se puede ver, si el temor que uno desea tener no viene en forma natural.
Uno no nace con ello. Uno tiene que recibirlo. Ahora, una vez que empieza a desarrollarse en la iglesia, el Espíritu de Dios empieza a ayudarlo aún. Está con uno, pero no está en uno. Yo lo comparo, que cuando uno ya llega a cierta edad, que ya puede tener un vehículo, bueno, va a un lugar, a automotora, y ahí entonces empieza a ver qué modelo, si le dicen, bueno, quieren probar este y uno prueba y uno anda.
Hay lugares que hasta le prestan el vehículo por unos dos días. Y tráigalo de vuelta, porque quieren la venta y saben que uno le va a gustar. Pero el hecho es que uno puede salir, visitar a su padre, y mire papá, mire qué bonito el auto. Ay, qué bien, hijo. Es tuyo, no, es que me lo prestaron. Estoy todavía probándolo. Así es como ese Espíritu Santo, que Dios está con uno, pero no está en uno. Uno no ha firmado el contrato.
No es de uno todavía, pero ya puede usarlo. Como un joven, uno puede aprender muchas cosas espirituales, porque esto es igual que una escalera que uno va subiendo. Y llega un momento en que ya está listo para bautismo, y ya con el siguiente escalón ya pasó a otro lado. Pero había que subir en conocimiento, en experiencia para llegar a ese punto. Así es con el temor de Dios. Es un don de Él.
No es algo humano. Yo me acuerdo que la edad muy tierna, igual que muchos acá, que yo conocí en las conferencias que vinieron, que vinieron por primera vez, y que en ese entonces, más que temor a Dios, tenían curiosidad de las cosas de Dios. Pero llegó un momento en que ellos siguieron adelante y empezaron a adquirir el temor de Dios. Que es la forma de no querer desagradar a Dios o decepcionarlo. Mira, en sábado sí tengo mucha cosa y no, pero sabe, no quiero decepcionar a Dios.
Ese es el temor reverente a Dios, cuando uno pone los intereses de Dios por encima de uno. Y yo me acuerdo que fue un don, porque yo no lo tenía la semana anterior. Pero llegó un momento cuando ya estaba estudiando y conociendo y comprobando lo que eran las verdades de Dios, que debía guardar el sábado. Y bueno, yo me di cuenta de qué voy a hacer. Yo trabajaba en sábado, trabajaba en un hospital de noche mientras iba a la escuela secundaria.
Y entonces tuve que decir, no, yo no voy a ir más a trabajar el sábado. Y ahí hablé con ellos, me reajustaron el tiempo. Pero la cosa es que había un temor. Yo no quería defraudar a Dios. No era ni siquiera para mí. Ay, qué beneficio. No, era, no quiero defraudarlo. Y cuando mis padres dijeron un día, no, si tú vas a esa iglesia el sábado, tú el vas a quedarte acá. Y yo sentí, yo no puedo defraudar a Dios. Ya lo conozco. Ya sé lo que espera de mí.
Y tuve que llamar al ministro, decir, parece que voy a terminar mi escuela secundaria, allá en esa ciudad, porque tengo que empacar mis maletas. Ahora, yo sé que eso es un poco drástico y dramático. Pero a mí me tocó la experiencia. Pero qué fue lo que había? El temor de Dios. Y es lo que dice la Biblia, que el temor de Dios es el principio de la sabiduría espiritual.
Es el camino por delante. Noten lo que dice en Filipenses capítulo 2. Entonces, es algo que uno debe pedirle a Dios, que le entregue. En Filipenses 2, versículo 12, dice, por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más, ahora en mi ausencia, ocupados en vuestra salvación con temor y temblor. Ahí, con un cierto temor reverente hacia Dios. Y temblor, que significa que uno no quiere defraudarlo a él.
Cuando uno tiene clara la película, se hace más fácil en las decisiones. No es porque uno sea tan bueno o que el compañerismo sea tan maravilloso o todo lo que... No, yo no voy a defraudar. Yo sé que él espera que venga como invitado de él. Y entonces él hará lo que él quiera. Le entregará a uno lo que desea. Pero primero hay que hacer de su parte. Es una escritura clave en la vida, porque al final, 80% de lo que uno es responsable, es de uno mismo ante Dios.
El 20% es lo que puede ayudar a los demás. 20% la influencia sobre los demás. 80% es un cálculo que yo he hecho a través del tiempo. Pero yo me ocupo más en que estoy bien yo con Dios que otra persona esté bien con Dios. Puedo ayudar a esa persona, espero. Pero hay como 20% de influencia. Si la persona no lo quiere hacer, usted no va a poder convencerlo. Si la persona no va a cambiar, no va a poder hacerlo. Si la persona no va a crecer espiritualmente, usted no va a poder hacerlo.
Pero 80% usted puede hacerlo con uno mismo. Y esa es la persona que va a rendir cuentas ante Dios. La segunda característica del temor genuino de Dios es que crea en nosotros la humildad. Una vez que empieza el temor de Dios a operar en la vida de uno, hace que uno seda ante Dios. Esta persona tiene un temor reverente y de asombro hacia Dios y su palabra. Porque no es un sentimiento pasajero, algo que uno venera. Todos los días hay ese temor de Dios en uno.
En Salmos 33, versículo 8, lo voy a leer. No tienen que ir ahí. Dice, teme al Señor todos los de la tierra. Tiemblen en su presencia todos los habitantes del mundo. Está hablando de ese tipo de asombro, de respeto que deben tener todos. ¿Qué mundo más maravilloso si todo el mundo temiera a Dios y temblara ante su palabra? La gran mayoría la pisotean.
Pisotean las leyes de Dios, pero Dios no está usándolos. ¿Pero qué de nosotros? Es algo serio, es algo que uno tiembla ante su palabra. De alto respeto que le tienen. En Isaías 66, versículo 2, aquí vemos la actitud correcta hacia Dios. Isaías 66, versículo 2. Dios está hablando, dice, mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice el Eterno.
Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra. ¿Sabe que esos son los parámetros que Dios pone en nuestras vidas? Aquí Él establece cómo debemos hacer las cosas. Noe fue uno que tuvo ese temor reverente. Y gracias a Noe, estamos todos acá, porque todos somos hijos de Noe.
¿Sabían ustedes eso? Que uno de sus antepasados fue Noe, porque Noe tuvo tres hijos y se casaron esos tres hijos, y de ahí forman todas las razas humanas. Entonces todos venimos, un día en el reino, vamos a decirle, bueno, aquí somos uno de tus descendientes. ¿Hay algún descendiente que no fue de la familia de Noe? No, se ahogaron todos los demás. Quedaron todas esas generaciones cortadas. Sólo la generación de Noe fue la que sobrevivió el diluvio. Y aquí nos dicen, hebreos, capítulo 11, versículo 7, en la nueva Biblia latinoamericana menciona temor reverente, que es la traducción más adecuada de este versículo. No era sólo temor, sino un temor reverente.
Dice, por la fe Noe, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor reverente preparó un arca para la salvación de su casa, por la cual condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe.
Menos mal que Noe tembló ante la palabra de Dios, y cuando Dios le dijo, quiero que me construya, es un arca, no le dijo, señor, pero yo solo o con mi familia, ¿qué tipo de fondos me vas a dar? ¡Y recursos! Y me vas a dar los planos, y voy a tener permiso del rey, no hizo ninguna de esas cosas. Le dijo, sí, señor, yo me las arreglaré porque camino confiando en ti, tú proverás, pero yo voy a ponerte mi parte, y lo logró.
Hace un mes atrás tuve la oportunidad de visitar una réplica del arca de Noe, ahí mismo en la zona cerca de Cincinnati, y tenían una organización que construyó el arca según las medidas, así que tenía unos más de 100 metros de largo, y era como 40, no sé cuánto, 30 metros, era más ancho que este salón, y uno entraba por él y tenía tres pisos, y lo tenían ahí como con las jaulas y todo tipo de animalitos, pero lo que llama la atención obviamente fue el tamaño, y también lo que Dios tuvo que hacer para salvar a la humanidad en ese entonces.
Y hoy día también la obra de Dios está construyendo un arca para llevar a su pueblo cuando sea el momento preciso. No a un arca físico, pero él está protegiendo a su iglesia, y un día Dios va a llamarnos, no sé si va a ser en nuestra generación o lo que sea, pero hay una obra como un ministro dijo una vez, estamos viviendo en la generación a la sombra del arca de Nue. Esa sombra nos está tocando, no sabemos cuándo se construye y esté lista, pero estamos todo viviendo desde la última vez que vine aquí, cuántas cosas más hay en el mundo que no se había visto antes. Yo sé que el nivel de... de pravados y de... toda la degeneración sexual que hay en el mundo, las drogas que se están permitiendo por todas partes, y de las cinco cosas que Dios dice en el libro Apocalipsis, que la gente no va a dejar de hacer, uno tiene que ver con la violencia, que iba a ver el mundo con sus crímenes y gente mala, después la parte de inmoralidad sexual, y después usa la palabra de fármacos, que son como tipo de chicería, pero usando drogas, y dice que no van a dejar sus fármacos, que no se repintieron de estas cosas. Es un mundo en que está la cosa acercándose más a la intervención de Dios. Yo pienso personalmente que vamos a ver cosas en este año 2018 que no hemos visto antes. Veamos si es así o no, pero así lo siento, que Dios está ya diciendo, basta con toda esta depravación que veo en el mundo, todos los peligros que hay, todas estas armas nucleares que se están armando las naciones. En los Estados Unidos, solamente con tres bombas de hidrógeno que caigan en la atmósfera, que se llama el pulso electromagnético atómico que se produce, se quema toda la parte eléctrica. Ningún refrigerador, ninguna luz, ningún automóvil funciona. En la casa no funciona, ninguna parte eléctrica por el pulso magnético es tan intenso, es como un tipo de microonda que fríe todo. Volvemos a la Edad de Piedra.
Entonces, estamos en un mundo muy peligroso.
Así que el temor de Dios produce una humildad, porque uno teme más a Dios que a los hombres, y que ya uno teme a Dios para respetarlo, y esa es la norma que uno usa. En 1 Pedro 3, versículo 15, dice, y tened, a ver, 1 Pedro 3, versículo 15, dice, si nos santificara Dios el Señor en vuestros corazones, y está siempre preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia, ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, presentar la defensa con mansedumbre y reverencia, con temor hacia Dios, no con altibés, ni orgullo.
La tercera característica del temor de Dios es que produce obediencia. Produce obediencia.
Eso significa que se produce un deseo profundo, de obedecerle y agradarle por encima de todas las demás cosas.
También tenemos que rendir cuentas ante él. Nadie se va a escapar. Tenemos una vida, y esa vida Dios un día va a decir, ¿Cómo la vivió? ¿Qué hizo con ella? ¿Valeó la pena? ¿Hizo lo que podía haber hecho por mí? ¿Hizo lo que podía haber cumplido? Noten, en 2 Corintio 5, 9, 2 Corintio 5, 9, 1 Corintio 10,9, 9 Corintio 12,9, 9 Corintio 13,5, 9 Corintio 15,4, 9 Corintio 16,9, Mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Entonces tenemos a un juez y el temor de Dios es que uno respeta a ese juez. Que no va a burlarse de él, no va a pensar que yo voy a salirse con la mía, nunca voy a ser reprendido, porque aquí nos habla de ese juicio.
David entendió esa conexión entre el temor de Dios y la obediencia. Cuando escribió, Salmos 111, versículo 10. El temor del eterno es el principio de la sabiduría. Un buen entendimiento tiene todos aquellos que guardan sus mandamientos, están conectados.
Hay personas que dicen, ¡Ay sí, yo tengo un gran temor de Dios! Y uno le dice, bueno, y está obedeciendole a Dios sus mandamientos. Está uno creciendo en el conocimiento de sus mandamientos, porque van de la mano. Van tomados de la mano. Ese temor respetuoso a Dios, llevó a David a dedicar uno de los Salmos a obedecer el sábado, el cuarto mandamiento. ¿Alguien me puede decir cuál es el mandamiento del sábado que se encuentra en uno de los himnos dedicados a Dios? ¿Saben cuál es alguien ahí? El Salmo 92. Salmo 92.
Dice, cántico, el primer versículo, para el día de reposo. La palabra Shabbat. Significa sábado. Cántico para el sábado. Dios inspiró, no al día domingo, al sábado. Bueno es alabarte o eterno, y cantar salmos a tu nombre o altísimo. Porque eso es lo que se hacía el día sábado, como lo hacemos nosotros también. Es interesante que un comentario protestante de unos eruditos Kyle y Delich, dicen sobre este versículo, Salmo 92, versículo 1. Dice, el sábado es el día que Dios ha santificado, y que debe ser consagrado a Dios al apartarnos de las ocupaciones comerciales. Y debemos aplicarnos a la alabanza y a la adoración de Dios, que es la forma más apropiada de guardar el sábado y ser bendecidos. El sábado es algo grato, no simplemente a ojos de Dios, sino también para el hombre, beneficioso para el corazón, agradable y bendito. Y sin embargo, siendo protestantes, no lo guardan. Entonces ellos mismos hablan de toda la bendición y que se debe hacer, pero en sus propias iglesias no se atreven a enseñar esta verdad.
El camino de vida, según se sigue a Dios, se puede resumir en un versículo en la Biblia. Ecclesiastés 12, versículo 13. Es el último versículo en Ecclesiastés y dice, Escuchemos la conclusión de todo el asunto. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es el todo del hombre. Siguiendo ahora el cuarto punto. El temor de Dios desarrolla una sana valentía. Tiene que ver con la valentía de uno. David nuevamente lo expresó también, porque él tuvo el temor de Dios, se enfrentó a Goliath y confió que Dios iba a estar con él y derribó a ese gigante que nadie más se atrevía, porque David tenía a Dios y dijo, yo vengo en nombre del Todo Poderoso. Él tenía esa confianza y esa valentía. Noten, en Salmos 27, versículo 1 al 3.
Dice, el eterno es mi luz y mi salvación. ¿De quién temeré? El eterno es la fortaleza de mi vida. ¿De quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón. Aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. ¿Por qué? Porque está uno cerca de Dios. Y sabe que eso viene el valor, viene la fuerza. Vemos un ejemplo de esto en el Nuevo Desamento, cuando los apóstoles fueron arrestados y llevados ante aquí los jefes judíos del San Edrin, los sacerdotes, los rabinos, los hombres religiosos. Y aquí venían ellos. Ninguno de ellos había llegado a un seminario en Jerusalén, ninguno había sido nombrado. Y, sin embargo, estaban llenos del temor reverente a Dios. No ten lo que dice aquí en hechos 5, 29. Ellos le dijeron, Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Y luego fueron golpeados, pero ellos no retrocedieron, pues habían hecho lo correcto ante Dios. Ese temor de Dios les dio valor, fuerza, anin. Cuando uno está cerca de Dios y se enfrenta a grandes cosas, le viene una calma, un valor y una tranquilidad. Porque sabe que está haciendo lo que Dios espera de uno. También el apóstol Pablo le exhortó a ese joven ministro que estaba él mentoreando y guiando a Timoteo. Le dijo, en el segundo de Timoteo, capítulo 1, versículo 6 al 7, Dice, por eso te recuerdo que despiertes el don de Dios que está en ti mediante la imposición de mis manos. Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor. Algunos, otras versiones dicen cobardía, no nos ha dado un espíritu de cobardía. Sino de poder, de amor y de dominio propio. Entonces ahí está el poder que necesitamos conectarnos ante nuestras pruebas y dificultades.
El quinto atributo es que el temor de Dios nos ayuda a evitar el pecado.
Como dice Proverbios 8, versículo 13, El temor del eterno es aborrecer el mal, la soberbia, la arrogancia y el mal camino y la boca perversa, aborrezco. Así que cuando uno teme a Dios más, evita las tentaciones, caer en ellas y todo eso, porque uno quiere agradar a Dios.
Proverbios 16, versículo 6, Dice, con misericordia y verdad se corrige el pecado. Con el temor del eterno los hombres se apartan del mal.
A veces las personas dicen, yo no temo a Dios, no me importa lo que va a pasar y pasan a llevar tremendas consecuencias y castigos. ¿Por qué? Porque no había el temor de Dios para poder apartarse.
Y en 2 Corintios, capítulo 6, versículo 14. 2 Corintios, capítulo 6, versículo 14. Aquí nos habla en lo que produce ese temor de Dios.
Pablo dice, no os unáis en yugo desigual con los incrédulos, y fica que no han de mezclado con gente inconversa, que estén siempre haciendo cosas equivocadas, porque eso le va a afectar a uno. ¿Por qué con mañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué concordia Cristo con Belial, que es otro nombre del diablo? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios ha dicho. Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salir de medio de ellos y apartar os, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y yo os recibiré. Y seré para vosotros, por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todo Poderoso. Último versículo aquí dice así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Se perfecciona a través de ese temor de Dios. No es así como un hijo agrada a sus padres cuando uno obedece, y hace las cosas que su padre quiere para su bienestar. ¿Y qué pasa cuando el hijo es rebelde, desobediente? Significa que no tiene un temor reverente hacia sus padres, y si no tiene un temor reverente a sus padres, mucho menos lo va a tener hacia Dios un día. Es a través de la familia que uno aprende estos principios de la unión familiar, de trabajar conjuntamente.
Entonces, si ven que los padres temen primero a Dios, los hijos van a repetir mucho más a sus padres, y van a aprender el temor de Dios. Donde no hay temor de Dios en el hogar, es muy difícil que los hijos aprendan, ¿verdad? Vamos a el sexto punto. El temor respetuoso a Dios promueve un liderazgo espiritual. ¿Quieren desarrollar el liderazgo espiritual? Desarrollen el temor de Dios. No teman al hombre. No traten de agradar tanto en ese sentido, sino háganlo a través del temor de Dios. Uno de los requisitos para servir a Dios, lo vemos en lo que dijo Moisés, aquí en éxodo 18, siguiendo el sabio consejo de su suegro, Moisés estableció líderes con las siguientes características. Éxodo 18, versículo 21. Dice aquí hablando de su suegro, cuando vino él en el versículo 21. Además dice, escogetude entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad que aborrezcan la varicia y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de 50 y de 10. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo, y todo asunto grave lo traerán a ti. Así que el suegro hetro fue el que le dio ese buen consejo. El rey Josaphat siguió lo mismo consejos. Como lo vemos en segundo libro de crónicas, segundo de crónicas, versículo 19, versículo 5 al 9, él tenía que desarrollar líderes. Igual que nosotros necesitamos desarrollar líderes en la iglesia.
Necesitamos más líderes, necesitamos jóvenes que se pongan la camiseta para la iglesia, que se desarrollen más, que se dejen usar por Dios. Nos dice aquí en versículo 5, y puso jueces en todas las ciudades fortificadas de juda por todos los lugares, y hablando Josaphat dijo a los jueces, mirad lo que hacéis, porque no juzgáis en lugar de hombre, sino en lugar del eterno. El cual está con vosotros cuando juzgáis, sea pues con vosotros el temor del eterno. Mirad lo que hacéis, porque con el eterno nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho. ¿Cómo se puede confiar en una persona? Teme a Dios primero, ahí entonces ya uno puede confiar que esa persona va a ser lo correcto. Si no teme a Dios, si es solamente una mascarilla que tiene puesto, entonces se va a ver que no tiene esa fidelidad en el tiempo. Otro ejemplo que tenemos fue neemías. Qué gran gobernante. Vamos a estar hablando un poco más de neemías en estos cursos de liderazgo. ¿Cuánto se aprende de la vida de neemías? Y noten aquí en neemías capítulo 5, empezando en el versículo 15. Él es uno de mis líderes favoritos en la Biblia, le puedo decir. Habla aquí neemías, dice, pero los primeros gobernadores, que fueron antes de mí, que hicieron cuando llegaron a Jerusalén, abrumaron al pueblo y tomaron de ellos por el pan y por el vino más de 40 ciclos de plata. Se aprovecharon, como administraban. Ya saben, se acuerdan de los dos niños repartiendo los chocolates. Había uno que le dijo, bueno, aquí sí, vamos a repartirlo. Entonces, bueno, había tres y le dicen, uno para ti, uno para mí. Uno para ti, uno para mí. Uno para ti, uno para mí. Entonces, el que estaba repartiendo se quedó con el doble. Y así pasa muchas veces con los amistadores, que no repartan, reparten equitativamente las cosas. Y aquí entonces dice, y aún sus criados se enseñoreaban del pueblo, lo enviaban ahí a amenazar a los demás. Y que dice, ¡Nemias! Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios.
Y él temía a Dios y por eso temía de fraudar a Dios, porque Dios ve todo cómo se administran las cosas, cómo se hacen las cosas. Sabemos en el período difícil que hemos pasado este último en el año 2010, fue una prueba y tuvo que ver con el gobierno de Dios. Hombres en liderazgo que cuando no les combinó, se revedaron y se marcharon y formaron algo distinto. No había ese tipo de respeto. El Temor de Dios no funcionó, porque más querían ellos seguir en sus puestos, no estaban dispuestos a someterse. Cuando ellos estaban a cargo, ahí sometían a los demás. Pero cuando les tocó someterse a ellos, ahí no se vio ese espíritu del temor de Dios en liderazgo verdadero. Entonces, todos somos probados.
El séptimo y el último punto, el temor de Dios conduce a amar a Dios y a los que tienen ideas iguales. Amar a Dios y a los que tienen ideas iguales. La Iglesia del primer siglo tenía en esas características el temor de Dios y el amor de Dios. Iban conjuntamente, como dicen hechos capítulo 9, versículo 31. Entonces las iglesias en toda Judea, Galilea y Samaria tuvieron paz y fueron edificadas. Y caminando en el temor del Señor y en la comunión del Espíritu Santo se multiplicaron. Había ese temor de Dios y entonces había esa comunión. Los que no temen a Dios no van a durar mucho porque el mundo quiere sacarlos. A veces uno teme más a los hombres que a Dios mismo. En Salmos 119, versículo 63, David dijo, Yo soy compañero de todos los que te temen y de los que guardan tus mandamientos. ¿Quién soy compañero de los que tienen ese temor de Dios y guardan tus mandamientos? Entonces el temor de Dios debe crecer conjuntamente con el amor de Dios y hacia los demás. El apóstolo Juan explicó esto en 1 Juan 4. Ya estamos terminando. 1 Juan 4, versículo 16.
Dice aquí, Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en Él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros para que tengamos confianza en el día de juicio. Pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, no el temor covarde, pusilánime, miedoso. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa afuera el temor, porque el temor, ese miedo hacia el mundo, hacia el hombre, lleva en sí castigo de donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Los dos deben ir conjuntamente. Entonces, en Malacía 3 solamente voy a hacer una alusión a ello, porque no tengo tiempo, lo pueden leer. Malacía 3, 3, 18, donde Dios está diciéndole que sus palabras son fuertes, porque dicen de qué nos sirve seguirte y hacer todas estas cosas. Y vemos afuera y la gente prospera y el mundo que no tiene a Dios en cuenta están siendo bendecidos. Y no dice que va a escribir un libro de memoria para todos los que le temen y le obedecen. Y al final dice, y ustedes serán joyas preciosas en el día en que yo actúe. Y ahí se darán cuenta que valió la pena seguirme y temer mi santo nombre. Entonces, en resumen, todos necesitamos desarrollar ese temor respetuoso hacia Dios que nos lleve a amarlo a Él y a los hermanos. Y evitemos ese miedo paralizante al poner a Dios primero en nuestra vida. Eso es lo que el temor de Dios significa en la Biblia.
Estudió en Ambassador College por cuatro años, titulándose en Teología y Español y comenzó su ministerio en 1976. Es un escritor de Las Buenas Noticias, enseña en Ambassador Bible College y actualmente forma parte del Consejo de Ancianos de la iglesia. Además es Pastor Coordinador de las áreas hispanas y viaja continuamente visitando las congregaciones. Vive actualmente junto a su esposa Caty Seiglie en Anaheim y pastorea la congregación de Orange County, California. Tiene cuatro hijas y ocho nietos.
Nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años de edad. Después de vivir siete años en Miami, Florida, su familia se trasladó a Murphy, Carolina del Norte.