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Antes de empezar, quiero decirles, y ustedes saben muy bien eso, que, estando tantos años ya en la iglesia, muchos de nosotros, otros decían empezando por supuesto... Eh... Otros decían empezando, como decía, necesitamos más el alimento sólido. Necesitamos mucho más el alimento sólido, porque ya dejamos muchos de nosotros la leche espiritual. De eso se trata precisamente este mensaje, porque cuando aprendemos más del alimento sólido, entonces vemos nosotros que nuestro caminar debe ser mucho más cauteloso, mucho más cuidadoso. De eso se trata el alimento sólido, el cual vamos a ver ahora.
En nuestro continuo viaje a través de las escrituras, a veces nos encontramos con algunos temas que llaman nuestra atención, y no entendemos por qué están escritos de esa manera, como el caso de la siguiente escritura, cuyo mensaje tiene que ver como una amonestación hacia las tribus de Rubén, Gadd y la media tribu de Manasés. ¿Por qué solamente estas tres tribus? Porque ellos, cuando conquistaron la Tierra prometida, se fueron hacia el este, detrás del Jordán. Entonces, ellos no estaban ayudando a sus hermanos en la conquista de la Tierra prometida.
Entonces aquí viene una amonestación, si es que va del término, de lo que se encuentra escrito en números, capítulo 32, números, capítulo 32, versículos 21 al 23, números, capítulo 32, versículos 21 al 23, dice, y todos vosotros, refiriéndose a estas tres tribus, pasáis armados el Jordán delante del eterno, hasta que haya echado a sus enemigos de delante de sí, y sea el país sojuzgado delante del eterno. Entonces, podréis volver así, que daréis libres de culpa, para con el eterno y para con Israel.
Y esta tierra será vuestra heredad delante del eterno. Lo que está diciendo Moisés es que ellos, antes de quedarse hacia el este de Israel, ellos tendrían que venir a ayudar a sus hermanos en la conquista de la Tierra prometida. Eso es lo que está diciendo. Versículo 23. Pero si no lo hacéis, pero si no lo hacéis, entonces habréis pecado ante el eterno, y saber que vuestro pecado os alcanzará.
Si no lo hacéis, habéis pecado delante del eterno, y saber que vuestro pecado os alcanzará. El capítulo 32 de Número se refiere a un mensaje para estas tribus que acabamos de ver. Quienes quisieron establecerse al este del Jordán, en lo que hoy día llamaríamos la Transjordania. Sin ingresar ellos a la Tierra prometida, como que querían abandonarlos al resto de las tribus. Pero gracias a la intervención divina a través de Moisés, ellos se comprometieron a ayudar a sus hermanos en la conquista de Canán. Pero si ellos no iban a cumplir con su promesa, por su desobediencia, su pecado los habría de alcanzar.
Su pecado los habría de alcanzar. ¿Qué significa cuando Dios dice que su pecado los habría de alcanzar? ¿Qué quiere decir esto? ¿Cómo lo podemos interpretar? Todos sabemos que el pecado empezó hace millones de años con la Revelión de Satanás, en contra de la Majestad de Dios.
Y muchos siglos más tarde, en el mundo físico, el pecado entró a través de Adán y Eva. Y cuando comieron el fruto prohibido, sus ojos fueron abiertos y se dieron cuenta que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales, como nos dice Génesis, en el capítulo 3 y versículos 6 al 7. Al haber cosido sus ropas, en cierto sentido estaban tratando de encubrir su pecado. Era como si dijeran, yo no fui, yo no soy el culpable. Pero en lugar de declarar su pecado delante de Dios para alcanzar su perdón, más bien se escondieron de la presencia de su Señor. Fue el hombre que se escondió, no Dios.
Del siglo VIII. Y hoy era la voz del Eterno Dios que se paseaba por el huerto. Al aire del día. Y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Eterno de Dios entre los árboles del huerto. Esta es una importante lección que nos enseña que, si no nos arrepentimos y no confesamos nuestras culpas ante Dios, y luego las encubrimos, tarde o temprano el pecado saldrá a flote y sus consecuencias de todas maneras nos alcanzarán. Por eso la Biblia afirma que ningún pecado puede quedar encubierto, porque a su debido tiempo va a ser revelado. Ecclesiastes. Pasemos al libro de Ecclesiastes. Ahí está una enseñanza.
Ecclesiastes capítulo 12. El último capítulo de Ecclesiastes versículo 14. Ecclesiastes capítulo 12 versículo 14 dice, Pues Dios traerá toda obra a juicio, toda obra a juicio, juntamente con toda cosa oculta, es decir, encubierta o escondida, sea buena o sea mala. Las escrituras nos muestran que desde Adam y Eva el hecho de intentar esconder o encubrir el pecado ante Dios es algo que le desagrada muchísimo y por eso Dios toma como un pecado muy grave cuando encubrimos un pecado.
Para entender mejor en qué consiste el encubrimiento de los pecados y cómo nos puede alcanzar, como ya lo leímos, pasemos directamente a una conocida historia que es impactante, por supuesto, en la vida de David.
Segunda de Samuel, Segunda de Samuel, capítulo 11, Segunda de Samuel, capítulo 11 versículo 1 al 3.
Vamos a ver allá un relato que nos va a hacer entender el tema que estamos tratando, el cual es muy profundo.
Aconteció al año siguiente, dice Segunda de Samuel, capítulo 11 versículos 1 al 3. Aconteció al año siguiente, en el tiempo en que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab junto a sus siervos y a todo Israel y ellos derrotaron a los amonitas y sitiaron a Raba mientras David se quedó en Jerusalén.
Es decir, el rey se quedó en su casa y mandó a su comandante en jefe, que era Joab, que era el que dirigía todo el ejército de Israel para vencer y derrotar a los amonitas.
Versículo 2. Un día, al caer la tarde, se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado en la casa real, cuando vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer y le dijeron, aquella es Betzabe, hija de Eliam, mujer de Urias eleteo.
Versículo 4.
Envió David mensajeros que la trajeran y la tomó cuando llegó y él durmió con ella, luego ella se purificó de su inmundicia y regresó a su casa.
La mujer concibió y mandó a decir a David, estoy en cinta.
Entonces David envió a decir a Joab, envíame a Urias eleteo y Joab envió a Urias a David.
La intención de David era encubrir su pecado tratando por todos los medios que Urias fuera a su casa para dormir con su mujer, para que todo pareciera normal, pero Dios tenía otros planes.
Y él quiso que su intento fracasara a propósito para enseñarnos a cada uno de nosotros ahora una importante elección.
Versículo 8.
Continuemos con segunda de Samuel, versículo 8.
Después dijo David a Urias.
Desciende a tu casa cuando él se presentó. Desciende a tu casa y lava tus pies. Cuando Urias salió de la Casa del Rey le enviaron un presente de la Mesa Real. Vemos que David estaba tratando de alagar a Urias, de comprárselo para que él le obedezca.
Pero Urias, versículo 9, durmió a la puerta de la Casa del Rey. Durmió a la Casa del Rey con todos los guardas de su Señor. Y no descendió a su casa. Esto nos muestra que Urias siempre fue fiel a su Rey y Señor. David.
Versículo 11. Urias respondió a David entonces. Versículo 10. Le hicieron saber esto a David. Diciendo, Urias no ha descendido a su casa. Entonces David dijo a Urias, ¿acaso no vienes de viaje? ¿Por qué no descendiste a tu casa?
Versículo 11. Urias respondió a David. El arca, Israel y Judá habitan bajo tiendas. Mi Señor, Joab y los siervos de mi Señor en el campo. Luchando allá en la batalla. ¿Cómo yo iba a entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi mujer?
Por vida tuya y por vida de tu alma. Nunca haré tal cosa. Definitivamente, Urias se negó a entrar en su casa en esas condiciones. Urias le mostró a David que estaba muy comprometido con su rey. ¿Cómo era posible que David, siendo un varón conforme al corazón de Dios, ahora pretende encubrir su pecado con Betzabé, buscando por todos los medios que Urias vaya a su casa? ¿Qué pasó con el rey David? ¿Qué se hizo a que el hombre, hermoso parecer, que fue ungido por el profeta Samuel? ¿Qué pasó con él? Lo que David no sabía era que Dios estaba a cargo de toda la situación. Analicemos los hechos. David quiso evitar por todos los medios tener que pasar vergüenza ante la nación de Israel. Entonces, empezó a diseñar dos planes. Primero diseñó el Plan A. El Plan A era entregarlo a su esposa para que se quede con ella por un tiempo a fin de que su embarazo aparezca normal. Y el Plan B era matar a Urias. Por eso, ante la negativa de Urias, de no querer volver a su casa en un momento de tensión entre los enemigos que acosaban a Israel, decidió enviarlo al frente de batalla con la firma intención de cumplir el Plan B, es decir, que Urias muera. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Estando en el frente de batalla, murió frente al enemigo. Aparentemente, hasta aquí los planes de David parecían marchar muy bien. Pero para Dios, David había cometido dos gravísimos errores que de todas maneras tendría que enfrentarlos luego.
Segunda de Samuel, capítulo 12, vamos al capítulo 12. Segunda de Samuel, capítulo 12, versículos 1 al 10. Segunda de Samuel, capítulo 12, versículos 1 al 10.
Dice, el eterno envió a Natán a David, ante David. Natán era un profeta. Quien al llegar le dijo, le contó, le hizo un cuento. Y él le dice, había dos hombres en una ciudad, uno rico y otro pobre. El rico tenía numerosas ovejas y vacas, pero el pobre no tenía más que una sola cordera que él había comprado y criado y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado, bebiendo de su vaso y durmiendo en su seno igual que una hija.
Versículo 4, un día llegó un viajero a visitar al hombre rico y este no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas para dar de comer al caminante que había venido a visitarlo, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre y la preparó para quien había llegado de visita.
Entonces se encendió el furor de David, violentamente contra aquel hombre. Y dijo, anatán, vive el eterno que es digno de muerto el que tal hizo.
Versículo 6, él dijo, debe pagar cuatro veces el valor de la cordera por haber hecho semejante cosa y no mostrar misericordia. Hasta aquí David no se daba cuenta del porqué de la historia de Natán.
Versículo 7, entonces Natán le dijo a David, tú eres ese hombre, tú eres ese hombre.
Así ha dicho el eterno el Dios de Israel, yo te ungí como rey de Israel y te libré de la mano de Saúl.
Te entregué la casa de tu Señor y puse en tus brazos a tus mujeres.
Además, te di la casa de Israel y de Judá y por si fuera poco te habría añadido mucho más. ¿Por qué pues has tenido en poco la palabra del eterno y has hecho lo malo delante de sus ojos?
Ahorías el Eteo lo mataste y a Espada tomaste a su esposa como su mujer.
Lo mataste a Espada y tomaste a su esposa como mujer.
Si a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón, entonces Dios estaba muy enojado.
Por lo cual, ahora no se apartará jamás de tu casa la espada. Por cuanto me menospreciaste y tomaste a la mujer de Urias el Eteo para que fuera tu mujer. Dios estaba muy, pero muy enojado con lo que había hecho David. David trató de encubrir su pecado. David trató de ocultarlo, de esconderlo. Los hechos nos muestran que David no sólo había traicionado al fiel Urias, no. Porque además, Bethzabe era hija de Eliam, otro de los hombres valientes de David, que cuando lo supo se puso en contra de David. Asimismo, ella era nieta de Etofl, uno de los grandes sabios de entonces, que cuando lo supo se volvió también en contra de David. Es decir, que David traicionó a tres grandes hombres de su confianza, pero principalmente traicionó a Dios, quien había puesto en él toda su confianza desde su juventud, como ya leímos.
Pero Dios cambió la pena de muerte que pesaba contra David, no tanto por su arrepentimiento, sino más bien por la promesa que Dios mismo le había hecho a David cuando le dijo, a ti te haré descansar de todos tus enemigos, asimismo el eterno te haces saber que él te edificará una casa. Y cuando tus días se hayan cumplido y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje el cual se andará de tus entrañas, y afirmaré su reino. Esto se encuentra en Segunda de Samuel, en el capítulo 7 y versículos 11 al 12.
Aquí entonces estamos viendo que Dios podía haber dejado muerto a David, pero ya había una promesa anterior que se encuentra en el capítulo 7, mucho más antes de los capítulos 11 y 12 que estamos analizando.
Ya había una promesa y como Dios siempre cumple su promesa por eso, no mató a David, porque David era un reo de muerte por lo que había hecho.
¿Y de qué manera el pecado de David lo habría de alcanzar? ¿De qué manera el pecado de David lo habría de alcanzar?
Para empezar, primero murió el hijo que tuvo con Betsabé.
En primer lugar, eso fue lo que pasó. Segunda de Samuel, capítulo 12, estamos ahí, versículo 14. Segunda de Samuel, 12, versículo 14, dice, pero por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos del eterno, porque hasta los amonitas se habían enterado del pecado de David, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.
Resulta que hasta los enemigos amonitas habían murmurado en contra de David, y por esa causa su pecado empezó a pagar un alto precio, empezando por la muerte de su hijo que tuvo con Betsabé.
Es muy grave encubrir un pecado, por eso el título de este sermón dice que el encubrimiento es pecado. Segundo, en segundo punto, ¿cómo el pecado de David lo habría de alcanzar? Segundo, su hijo Absalom, Absalom era un hijo muy querido de él, se llevó contra su padre David de pronto, se llevó, y para consumar el hecho tomó a las mujeres de su padre en presencia de todos, en presencia de todos, públicamente, cumpliendo de esa manera la profecía de Natán, porque es lo que le había dicho Natán. Segunda de Samuel, capítulo 12, versículo 11, ahí está. Segunda de Samuel, capítulo 12 y versículo 11. ¿Qué dice?
Así ha dicho el Eterno, yo haré que de tu misma casa se hace el mal contra ti, y eso fue lo que ocurrió precisamente con su hijo Absalom, como segunda parte. Tomaré a tus mujeres delante de sus ojos y las entregaré a tu prójimo, el cual se acostará con ellas a la luz del sol, porque tú lo hiciste en secreto, pero yo lo haré esto delante de todo Israel a pleno sol. La Revelión de Absalom contra David culminó con la violación de sus concubinas, las concubinas de su padre al aire libre, tal como nos relata Segunda de Samuel, capítulo 16. Vito más adelante. Segunda de Samuel, capítulo 16, versículos 21 al 22. Fíjense lo que pasó. Todo esto como cumplimiento de lo que Natán le había dicho a David. Segunda de Samuel, capítulo 16, versículos 21 al 22. Dice, Hey Tófel, dijo a Absalom, Légate a las concubinas de tu padre que él dejó para guardar la casa. Todo el pueblo de Israel oirá que te has hecho aborrecible a tu padre, y así se fortalecerán las manos de todos los que están contigo. O sea, ya David ya tenía muchos enemigos en el mismo pueblo. Entonces pusieron para Absalom una tienda sobre el terrado, sobre el terrado de su casa. Y se llegó a Absalom a las concubinas de su padre ante todos los ojos de Israel.
David había pecado en secreto, y ahora Dios mostró que todas las mujeres que él tenía iban a ser violadas públicamente, delante de todo Israel. Tercer punto, ¿cómo el pecado de David lo habría de alcanzar? Tercero, entonces la profecía de que la espada no se apartaría de la casa de David se cumplió exactamente al pie de la letra. Comenzando por el asesinato de su primogénito Amnon, de manos de Absalom, por haber este violado a su media hermana Tamar. Sabemos que David tuvo muchos hijos con diferentes mujeres, y uno de ellos era precisamente Absalom, que tenía a su media hermana Tamar. Y Amnon, que era medio hermano de él, violó a su hermana Tamar. Por el nombre nos damos cuenta que Tamar era muy hermosa, porque ese es el significado de su nombre. Segunda de Samuel, capítulo 13, vamos un poquito más atrás. Segunda de Samuel, capítulo 13 y versículo 29. Segunda de Samuel, capítulo 13 y versículo 29. Dice, los criados de Absalom hicieron con Amnon como Absalom les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, y montando cada uno en su mula, huyeron. Ya los, hasta los hijos de David estaban asustados por todo lo que estaba pasando, y ellos huyeron. La familia de rey David empezó a confrontar problemas que él mismo los había ocasionado. Cuarto. Luego continuó con la muerte de Absalom mismo, por su deberión en contra de su padre. ¿Qué pasó? Segunda de Samuel, 18. Es capítulo más delante. Segunda de Samuel, 18. Versículos 9 al 10. Y se encontró a Absalom con los siervos de David. Y iba a Absalom sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se enredó la cabeza en su encina, en la encina. Se enredó su cabeza en la encina, y Absalom quedó suspendido entre el cielo y la tierra, y el mulo que iba pasó de largo. Entonces él quedó colgado ahí, no podía desprenderse. Versículo 10. Viéndolo uno, avisó a Joab. Ya sabemos que Joab era el comandante enjefe de David. Diciendo, he aquí visto a Absalom colgado de una encina. Versículo 14. No malgastaré mi tiempo contigo, le expondió Joab. Y tomando tres ladros en su mano, los clavó en el corazón de Absalom, quien estaba aún vivo colgado de la encina. Al saberlo, David sufrió mucho con la muerte de su hijo Absalom.
Sufró mucho. David estaba pagando, estaba recibiendo las consecuencias de su pecado. Segunda de Samuel 18. Versículo 33.
Segunda de Samuel 18. Versículo 33. Entonces el rey se turbó y subió a la casa de la puerta y lloró.
Yendo decía así, hijo mío, Absalom, hijo mío, hijo mío, Absalom, ¿quién me diría que moriera yo en tu lugar, Absalom, hijo mío, hijo mío?
David estaba empezando a pagar la pena de su pecado. Quinto. Más tarde, aún después de muerto David, se consumó la ejecución de otro de sus hijos llamado Adonías, por haber traicionado a su hermano el rey Salomón. Primera de Reyes.
Primera de Reyes. Capítulo 2.
Versículos 24 al 25.
Primera de Reyes. Capítulo 2. Versículos 24 al 25. Dice. Ahora pues, vive el eterno. ¿Quién me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David? Mi padre. Está hablando aquí el rey Salomón. ¿Quién me ha dado una casa conforme me lo había prometido? Que Adonías morirá hoy.
Porque se revenó contra su hermano.
De ciclo 25, entonces el rey Salomón envió a Benahía, hijo de Jollada, el cual arremetió contra él y lo mató.
O sea, la sangre seguía corriendo por la espada debido a que David había tratado de encubrir su pecado.
Cualquiera de los dos planes que David había trazado para encubrir su pecado igual lo habrían de alcanzar. Igual lo habrían de alcanzar. Ninguno de sus planes podría hacer justo a David delante de los ojos de Dios. Naturalmente que David sufrió mucho después por su pecado.
Quedó desconsolado porque la espada no se apartaba de su casa. Exactamente como le dijo el profeta Natán. ¿Y cómo reaccionó David después de su pecado? Cuando vio que todo se estaba saliendo por la borda. Tenemos un hermoso ejemplo de arrepentimiento que nos enseña la forma en que debemos humillarlos cuando por descuido nosotros también pecamos.
Salmo 51. Este es un salmo conocido por todos nosotros. Salmo 51.
Versículos 1 al 2. Dice, te empiedad de mí, Dios, conforme a tu misericordia.
David aquí estaba totalmente rendido. Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad y límpyame de mi pecado. Versículo 7. Purifícame con isopo y seré limpio. Lávame y seré más blanco que la nieve.
Hazme, oír gozo y alegría y se recrearán los huesos que has abatido. Versículo 9. Esconde tu rostro de mis pecados y borra todas mis maldades. David estaba en la lona. La actitud de David fuera de un profundo arrepentimiento. Y pese a ello, inmediatamente su pecado lo alcanzó de todas maneras.
Por eso, David buscaba incesantemente reconciliarse con Dios y continuaba clamando de rodillas. En el versículo 10, que dice, Crea en mi Dios un corazón limpio y de nuevo un espíritu recto delante de mí. No me eches de delante de ti y no me quites de mí tu amor. Devuélveme el gozo de tu salvación y el espíritu noble me sustente. David estaba muy arrepentido por todo lo que había hecho. Él entendía por qué las cosas. Él entendía por qué la espada no se separaba de su casa. Y esta es una lección muy importante. Por eso dije que este es un alimento sólido. De pronto, David se da cuenta que estaba en peligro si Dios le quitaba su Santo Espíritu y que también su nombre podía ser borrado del libro de la vida. Ahí sí que David hubiese estado en graves problemas. Entonces, por fin entendió que a Dios le había hecho un alimento sólido.
Entonces, por fin entendió que a Dios le agrada un siervo humilde y verdaderamente arrepentido. V. 15. Continuamos en el mismo lugar. Señor, abre mis labios y publicaré mi boca tu alabanza. Porque no quieres sacrificio que yo lo daría. No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el Espíritu quebrantado. Al corazón, contrito y humilado, no despreciarás tu odios. Por fin entendió, David, que lo espiritual es mucho más importante que los sacrificios físicos. Y por extensión, ahora a nosotros, ¿qué pasa cuando alguno de nosotros encubre su pecado o el pecado de su hermano? ¿Qué pasa? Claro que muchos piensan que es fácil salirse con la suya. Yo me puedo salir con la mía, por supuesto, sin que se enteren los demás. Yo he hecho esto, pero no quiero que nadie se entere. Sin embargo, debemos tomar en cuenta el punto de vista de Dios, porque para Dios nada de lo que hagamos está escondido ante Él. Él sabe todo lo que nosotros hacemos. Y Él sabe la manera en que va a actuar, de acuerdo al pecado o a las actitudes malas que nosotros hayamos tenido, al esconder para que nadie se entere un pecado que cometimos. Porque más temprano que tarde un pecado encubierto, llega a ser descubierto. Llega a ser descubierto. Y será descubierto, como leímos en Ecclesiastes 12, versículo 14. En tal caso, no quedará más remedio que enfrentar la triste realidad por medio de las inevitables consecuencias que siempre alcanzan al pecador. Claro que uno puede violar la ley de Dios fácilmente, por supuesto. Pero esa misma ley lo aplastará tarde o temprano. ¿Se acuerdan lo que Jesucristo le dijo al enfermo que había sido sanado y levantado de su lecho? ¿Se acuerdan eso? Debemos aplicar estas mismas palabras para que la gente se acuerda y debemos aplicar estas mismas palabras en cada uno de nosotros. Debemos hacer estas palabras nuestras, por algo se encuentran en las escrituras. Juan, capítulo 5, Juan, capítulo 5, versículo 14.
Es fácil que nosotros escondamos una cosa. Es fácil que mintamos, es fácil que robemos, es fácil. Pero para Dios no lo podemos engañar. Juan, capítulo 5, versículo 14.
Dice, después le halló en el templo a quien le halló al enfermo que había sido sanado.
Y le dijo, mira, ha sido sanado. No peques más para que no te venga alguna cosa peor. No peques más para que no te venga alguna cosa peor. ¿Qué cosa peor podría venir en aquel hombre y por ende a nosotros que su pecado lo alcance?
Que su pecado lo alcance y que al mismo tiempo sea desechado del premio eterno. Ese es el peligro que todos corremos ahora y que debemos evitar cueste lo que cueste.
Por eso, hermanos, debemos ser muy juiciosos, muy constantes en nuestro diario caminar.
No se olviden que cuando uno viola las leyes físicas, por ejemplo, la gravedad, la velocidad, la aceleración, el calor, etc., uno sufre las consecuencias si comete un error.
Por ejemplo, nosotros podemos estar corriendo por una carretera a una cierta velocidad.
Y nosotros ignoramos las leyes físicas, apretamos el freno de golpe y salimos disparados. Y el coche puede dar vueltas y vueltas hasta que finalmente queda destruido y probablemente nosotros muy eídos o muertos. No podemos ignorar las leyes físicas.
Así también funcionan las leyes espirituales. Claro que uno se puede arrepentir de sus pecados mediante una genuina actitud de arrepentimiento. Por supuesto, pero tarde o temprano las leyes de Dios lo alcanzarán a uno. Por favor, tómenlo en cuenta esto.
Así como es imposible vencer las leyes físicas, así también es imposible vencer las leyes inmutables de Dios. Esto debe quedar en nuestra mente bien grabado, hermanos, porque es muy importante. Porque si no lo tomamos en cuenta, fácilmente podemos borrar nuestro nombre del libro de la vida.
Y sabemos lo que dice Apocalipsis 2014, el que no está escrito en el libro de la vida será lanzado en el lago de fuego. Podemos jugar con las leyes inmutables de Dios, por supuesto que no. Necesitamos pues mayor fidelidad. Ese es el alimento sólido que nosotros ahora debemos aprender. Pese al sentimiento de culpa y vergüenza, David pagó muy en caro, muy caro las consecuencias de su pecado. Claro, debido a que su pecado lo alcanzó. Él se arrepintió, pero su pecado de todas maneras lo alcanzó. Lección para nosotros. Ahora entendemos el significado de estas palabras. Al principio cuando hablé de Rubén, Gadi y Manasés, y Mediatribus de Manasés, no entendíamos por qué Moisés le dijo, si no cumplen con su compromiso y pecan ante Dios, su pecado los va a alcanzar.
Ahora entendemos entonces el significado de estas palabras. Ahora comprendemos la profundidad que debe llevar nuestra fidelidad delante de Dios. Incluso debido a su pecado, David perdió la posibilidad de construir el templo de Dios que tanto él había deseado realizar. Él había deseado edificar. Él decía, yo quiero construir un templo a mi Dios.
Primera de Reyes, Capítulo 5.
Primera de Reyes, Capítulo 5, versículo 3.
Aquí está hablando el rey Salomón. Dice, Tú sabes que mi padre David no pudo edificar una casa al nombre del eterno, su Dios, a causa de las guerras en que se vio envuelto. Claro, Salomón lo puso de esa manera. Lo puso de esa manera, de las guerras. Claro que eran guerras en cierto modo, pero eran las consecuencias por haber cometido, por haber tratado de incubrir su pecado. Hasta que el eterno puso a sus enemigos debajo de las plantas de sus pies. Finalmente, debemos tomar muy en serio las consecuencias que trae el pecado, queridos hermanos, por muy secreto que sea.
Dios no puede, nos puede perdonar si tenemos una actitud genuina de arrepentimiento. A veces pecamos en secreto, nadie nos ve, pero a Dios no lo podemos engañar, Él sabe y lo ve todo. Sabemos que no hay causa también sin efecto, eso sabemos. No hay causa sin efecto. Lamentablemente debemos pagar las consecuencias de nuestro error. Ahí está. Ahí está. Por eso es muy peligroso encubrir pecados. Aquí tenemos una escritura que nos viene muy bien como anillo al dedo. Vayamos allá. Proverbios. Proverbios.
Proverbios, capítulo 28, casi al final del libro. Proverbios, capítulo 28.
Proverbios, capítulo 23. Dije que esta escritura nos viene como anillo al dedo. Aquí está. El que oculta sus pecados, o sea el que esconde, no prosperará. Pero el que los confiesa y se aparta de ellos, alcanzará misericordia. Es decir, precisamos una buena dosis.
De humildad y arrepentimiento para alcanzar la misericordia y el perdón de Dios. Salmos, capítulo 32. Salmos, un libro antes. Capítulo 32.
Salmos, capítulo 32. Versículo 5. Salmos, capítulo 32 y versículo 5.
¿Fíjense lo que dice? Salmos, 32, versículo 5. Mi pecado te declaré. Y no encubrí mi iniquidad. No encubrí mi iniquidad. Dije, confesaré mis rebeliones al eterno. ¿Perdonaste la maldad de mi pecado? La única manera, después de haber pecado, después de haber tratado de encubrir el pecado, que Dios no nos quite el premio eterno, es arrepentíendonos para que Él perdone la maldad de nuestro pecado. Esa es la verdad. Veamos un ejemplo más de encubrimiento que se encuentra en la primera carta del apóstol Pablo a los corintios. Vayamos al primero de corintios. Primero de corintios, capítulo 5.
Primero de corintios, capítulo 5.
Versículos 1 al 3. Aquí tenemos otro problema. Esta vez, ya el encubrimiento no era de una sola persona, sino de todos los miembros de la Iglesia. Fíjense lo que dice Primero de corintios, capítulo 5. Versículos 1 al 3. Primero de corintios, versículos 1 al 3. Se ha sabido que hay entre vosotros fornicación. Y fornicación, cual ni aún se nombra entre los gentiles, a tal extremo que alguno tiene a la mujer de su padre. Es decir, uno de ellos vivía con la mujer de su padre. Y todos lo sabían. Versículo 2. Y vosotros estáis embanecidos. No se preocupaban de eso. No debieras más bien lamentarlo y haber quitado de medio a vosotros al que cometió tal acción. Es decir, que ellos no debían haber apartado a ese hombre por ser un pecador que estaba en el suelo. Ciertamente yo, versículo 3, como ausente en el cuerpo, pero presente en el espíritu, como si estuviera presente, he juzgado ya al que tal cosa ha hecho. Vemos acá que no era una sola persona, sino que eran toda la congregación que estaba encubriendo. El pecado tenía miedo de revelarlo, pero el apóstol, Pablo, cuando se dio cuenta, les leamos seriamente la atención. Parece que los miembros de la Iglesia en Corintio estaban encubriendo el pecado de un hombre que cometía fornicación con la mujer de su padre. Pablo los repende severamente. Porque no se habían lamentado ni habían sacado fuera aquel fornicario. Más tarde, cuando Pablo escribió su segunda carta, nos da a entender que esa persona se había arrepentido. Y que, por tanto, todos debían perdonarlo. Tal como Jesucristo dijo, ¿cuántas veces tengo que perdonar yo a mi hermano? ¿Siete veces? No. 70 veces 7, es decir, siempre. Porque nosotros no somos jueces todavía. Nosotros no podemos juzgar, como nos dice Segunda de Corintios, capítulo 2, de la Iglesia.
Acuérdense que Dios odia el pecado, pero ama al pecador. Esta es una lección que debemos aprender en medio de este mensaje. Dios odia al pecado, pero ama al pecador. Por supuesto que en este mundo se encubren millones de pecados cada día. Lo vemos. Hay muchos mentirosos en este mundo. Todos mienten, todos prometen, pero ninguno cumple. Y no se puede hacer nada. Y no se puede hacer nada. Pero no podemos tomar el ejemplo del mundo, de los errores y mentiras que se hacen en el mundo. Y nosotros, como ellos lo hacen, vamos a hacer lo mismo. No. Necesitamos caminar sabiamente en el temor de Dios. Esa es la forma de la que nos vamos a hacer. ¿Cómo nosotros, como ellos lo hacen, vamos a hacer lo mismo? No. Necesitamos caminar sabiamente en el temor de Dios. Esa es la lección. Necesitamos caminar sabiamente en el temor de Dios. Proverbios capítulo 1. Proverbios capítulo 1. Proverbios capítulo 1 y versículo 7. Fíjense lo que dice Proverbios 1.7. El principio de la sabiduría es el temor del eterno. Es decir, uno se hace más sabio en la medida que va obedeciendo a Dios. De eso consiste la sabiduría. Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.
Son amonestaciones que nos da la sabiduría. Es decir, necesitamos, es necesario, caminar de la mano de nuestra hermana llamada sabiduría. Para no estar en problemas después. Por eso el apóstol Juan vierte una luz extraordinaria a través de una profunda meditación que él hace. Primera de Juan. Primera de Juan. Capítulo 1 y versículos 8 al 10.
Este discípulo muy amado de Dios. Primera de Juan.
Primera de Juan. Capítulo 1.
Versículos 8 al 10. ¿Qué dice? Dice, si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos. Y la verdad no está en nosotros. Y si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Versículo 10. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso. Y la palabra no está en nosotros. Es decir, fuimos llamados a hacer luces. Fuiamos llamados a hacer columnas espirituales, libres de la escrevitud del pecado. Actuando con confianza, con fe y con pureza. Perdonando a todos y siendo amplios y abiertos a la verdad que Dios nos revela en sus escrituras. De esa manera, haremos hacedores de la palabra. Y no tan solo oidores. Porque a Dios no le gustan los oidores, sino los que hacen, los que ponen en práctica su palabra. Como dice Santiago 1.22. ¿Y por qué a veces alguno no prospera? ¿Por qué a veces alguno no prospera y no consigue lo que le pide continuamente a Dios? ¿No será tal vez porque algún viejo pecado continúa encubriéndolo? ¿No sabemos? Sólo Dios lo sabe.
Para terminar este mensaje en conclusión, el ejemplo de David definitivamente nos compromete a todos. Por supuesto, no podemos oír de estas enseñanzas. Porque Pablo dice que las cosas que se escribieron antes para nuestra enseñanza se escribieron. A fin de que por la paciencia y la consolación de las escrituras tengamos esperanza. Como nos dice Romanos en el capítulo 15 y versículo 4. Dios quiere que aprendamos estas lecciones para nuestro propio bien. Dios busca, anda en busca de obediencia. Para eso estamos nosotros, no para contrariar, sino para obedecer.
¿Y cómo terminó la vida de David? ¿Cómo terminó su vida? Las escrituras dicen que David triunfó porque él no se hundió en la autocompasión. Porque supo corregir sus errores a tiempo. Por eso va a estar él sobre las 12 tribus de Israel cuando Jesucristo venga. Sino que se levantó de su caída y continúa adelante. Porque aunque siete veces cae justo, siete veces también se levanta. Pero los malvados siempre van a caer en el mal, como nos dice Proverbios en el capítulo 24 y versículo 16. Hemos hablado, hermanos, en este mensaje de un extraordinario modelo espiritual que Dios puso en las escrituras. Para aplicarlo en nuestras vidas. Para no olvidarnos nunca de ellas. Si es que no queremos que nuestro pecado nos alcance.
Raúl Machicao Dick, nació en La Paz, Bolivia, S.A. Desde niño gustaba estudiar temas científicos y de humanidades. Es ingeniero civil especializado en estructuras y puentes de hormigón. Desempeñó la cátedra universitaria por 20 años, como profesor asistente. También como empresario realizó muchas construcciones dentro del país donde vive, hasta que llegó a conocer la Iglesia de Dios en tiempos de Universal.
Desde entonces estuvo muy dedicado a investigar y estudiar las verdades de Dios, habiendo sido nombrado años más tarde, diácono de la Iglesia, para ser finalmente, ungido como Ministro.
Actualmente viene sirviendo a los miembros de la Iglesia en La Paz y Santa Cruz, así como está encargado de pastorear en el Perú, a grupos afines a la Iglesia, tanto en la ciudad de Lima, como en la ciudad de Trujillo.
Ha realizado algunos temas de investigación bíblica y también escribe anualmente, los Calendarios Sagrados, para los hermanos de habla hispana y portuguesa.