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Nosotras. Había una vez un hombre que trabajaba muy duro la tierra, con mucho sacrificio, y no era por el trabajo que implica trabajar cosechar la tierra, sino que lo difícil era que todo lo que cosechaban el enemigo se lo robaba. De qué personaje estamos hablando en la Biblia, ya lo deberíamos saber, es de Gedeon, el cuarto juez de Israel. El día de hoy, sin mucho preámbulo, en este segundo medio mensaje, vamos a ver esto de las señales que pidió Gedeon, específicamente esa parte de la historia en Gedeon, y vamos a sacar unas lecciones interesantes para nuestros días. El título del mensaje es, Dios dame una señal. Dios, dame una señal. El libro de jueces es realmente fascinante por la riqueza de enseñanzas, tal como cualquier otro libro inspirado de la Biblia. El mencionado y anteriormente estudiado en algunas ocasiones, patrón cíclico, que el libro de jueces podemos ver y estudiar, es una manera de poder anticiparnos a la historia. El patrón cíclico es, recuerden, estos nueve ciclos que comienza, o nueve puntos del ciclo, que comienza primero con una opresión sobre el pueblo. La opresión hace que el pueblo se arrepienta, ese es el segundo movimiento. Después del arrepentimiento viene una liberación del pueblo, tercer movimiento o tercer punto. Luego viene una vez liberados, comienzan entonces a obedecer el cuarto punto para que entonces sean bendecidos y ser prosperados. Quinto, por esta obediencia. Luego pasa el tiempo y viene una opulencia, sexto, sexto punto y una decadencia moral del pueblo. Séptimo, es ahí cuando nuevamente es invadido, octavo, y se vuelve a una nueva opresión, nuevamente, nuevamente, nuevamente. Ahí viene el punto cero y ese es el ciclo que sucede siete veces en el libro de los jueces. Es un libro muy interesante de estudiar. Fácilmente este ciclo de ocho o nueve puntos encaja con el Israel en la esclavitud, comenzando como incés. Puede pasar toda la parte, podemos describirlo, hasta Josué, entran a la tierra prometida y hasta el libro de jueces. En este libro, el ciclo descrito anteriormente, como dijimos, se repite varias veces, y también es un ciclo que nos ayuda a comprender cómo las civilizaciones antiguas y también las modernas van moviéndose hacia dónde van. Es muy interesante eso. Debemos partir en la primera parte de este mensaje con el siguiente verso que tiene que ver con la fe, que está entonces en Hebreos, capítulo 11, versículos 32 al 34. Hebreos, capítulo 11 y versículos 32 al 34.
Dice, ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría hablando de los héroes de la fe, contando de Gedeón, ahí está nuestro personaje de hoy, de Barak, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas, que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuego sin petuosos, se evitaron el filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Gedeón es uno de los pocos que alcanzaron buen testimonio por su fe y obras, Gedeón no es solamente no está en el salón de la FAMAD, de la fe, por su fe, sino que lo que también acompañaba esa fe, las obras, es uno de los pocos que alcanzaron entonces este buen testimonio por la fe, pero que no recibieron lo prometido. No fueron perfeccionados antes, sino que seremos todos, si somos como ellos, perfeccionados en un momento futuro y e inminente. Así termina el libro de Hebreos. Estoy parafraseando los últimos versículos del capítulo 11. Los hijos de Dios que murieron en la fe, que duermen y nada saben, están esperando inconscientes la venida de nuestro Señor Jesucristo, para que cuando venga, todos seamos perfeccionados y seamos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es. Primera de Juan 3.2 nos habla este versículo que se puede conectar muy bien con versículos 39 y 40 del capítulo 11 del libro de Hebreos.
Gedeón era un simple trabajador de la tierra, un campesino. Vamos a la historia de Gedeón, habiendo ya asentado esta base de fe en este perfil de Gedeón, el cuarto juez de Israel. Vamos a jueces ahora, capítulo 6 y versículos 1 al 2. Jueces también se puede traducir como gobernantes o también libertadores del hebreo Sopetim. Jueces, capítulo 6, versículo 1 y 2.
Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Dios, y Dios los entregó en mano de Medián por siete años. Y la mano de Medián prevaleció contra Israel, y los hijos de Israel por causa de los Medianitas se hicieron cuevas en los montes y cadernas y lugares fortificados.
Vamos a versículo 12 al 16. Esa es la situación del contexto de Gedeón. Los enemigos, no haber obedecido a Dios, vienen entonces esta opresión del pueblo enemigo por la desobediencia. Como se hablaba en el primer mensaje, esto de la desobediencia. Y en versículo 12 comienza la historia. Y el ángel del eterno se le apareció a Gedeón y le dijo, Dios está contigo, varón es forzado y valiente. Y Gedeón le respondió, ¡ah, Señor mío! Si el eterno está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado diciendo, no, no sacó el eterno de Egipto?
Y ahora el eterno nos ha desamparado y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole el eterno le dijo, ve con esta tu fuerza y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15, entonces le respondió, ¡ah, Señor mío! ¿Con qué salvaré yo a Israel?
Es aquí que mi familia es pobre en Manacés y yo el menor de la casa de mi padre. El eterno le dijo, ciertamente yo estaré contigo y derrotará a los madianitas como aún solo hombre. Gedeón era un varón que creía en la historia de sus padres, que probablemente escuchó de sus tíos, de sus familiares, de los abuelitos. Creían en el Dios de Israel que había sacado de la esclavitud. Probablemente nació en el desierto y entró joven a la tierra prometida. Sí, dice la Escritura, que era esforzado y valiente.
Pero, pero, pero, pero, claramente la situación de él era muy crítica y podríamos mencionar hasta como depresiva donde él se encontraba. Y no solamente él, sino que toda la nación. Entonces, en este estado depresivo y de sacrificio, de trabajar duramente en la tierra y que además le robaban todo y tenían que ser cuevas para guardar los granos del trigo, aparece un hombre debajo de un árbol que dice ser de Dios y le dice que estaba con él.
Además, le encomienda la misión de salvar a Israel de sus enemigos, los madianitas. Entonces, esto no tiene una lógica humana del relato, en el relato que estamos viendo. No tiene una lógica de dónde salió esta persona. Un campesino pobre, un don nadie, sin conocimiento militar. ¿Cómo podía salvar a Israel de sus enemigos que eran bastante salvajes? Dios le dijo en el verso 14, si ustedes se fijan aquí, no te envío yo. Y en el verso 16, dice, yo estaré contigo.
Pero de alguna manera no fue suficiente para este hombre, que deón. Entonces, que deón aquí en el relato, le pide una señal a Dios, para asegurarse de que realmente estaba hablando con Dios. En jueces 6, 18, viene aquí un pedacito de esta primera parte, que no nos vamos a detener mucho, sino que las otras dos. Donde es, le puse aquí como título, la comida encendida. O el locausto incinerado. O la comida en fuego. Y luego, en jueces 6, 18, te ruego que no te vayas de aquí, hasta que vuelva a ti. Y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti.
Y él respondió, yo esperaré hasta que vuelvas. Puedes leer el relato aquí. Es muy interesante de lo que sucede, cómo se desenvolve. No es muy largo. Es muy fascinante, entonces, cómo sucede, y cómo Dios muy pacientemente accede a la petición de je deón. Y luego, cuando él viene con la ofrenda, con la carne, con el pan, con una sopa, le dice vacía la sopa aquí, y entonces después el ángel de Dios toca la carne y el pan, sin levadura, con la punta de su bastón y se enciende en fuego y se evapora.
Se consume por completo la ofrenda sobre la roca, y se va apareciendo también aquel misterioso hombre que estaba debajo del árbol. De la vista de je deón ya no quedó más. Entonces, je deón comprueba con esta señal y se da cuenta de que era Dios el que había estado ahí, el Dios del Antiguo Testamento, quien aquí vemos este ángel del eterno, el enviado de Dios es el verbo, quien se encarnaría en el futuro en Cristo, en el Nuevo Testamento.
Ya tenemos esa primera parte, je deón duda, je deón duda y pide, dame una señal. Y entonces viene esta situación de la comida en llamas. Ahora viene la parte importante, la parte más medular de este mensaje. ¿Por qué? Después de que je deón comprueba que esta misión y la persona que estaba ahí, que era Dios, como dice Juan 1-1, el verbo era Dios, después de que sucede todo esto y comprueba todo esto de la misión y de la presencia de Dios, y después de que su fe produjera la obra, la primera obra que vemos fue derribar las estátuas de Valiás era, que el pueblo desgralaba pero metido en esa idolatría, en estas estátuas de estos dioses paganos de los pueblos enemigos con los cuales ellos se relacionaron.
Obedeció je deón esa primera parte, hizo todo como se le pidió. De hecho, le cambiaron el nombre a je deón por Jero Baal. Eso quiere decir, en contra de Baal, porque se molestaron ahí el padre, los familiares, ¿qué está pasando? ¿Cómo nos hace esto? Y entonces hubo una revuelca aquí, una trifulca, se enteraron los enemigos de Israel, y hubo una reunión de enemigos en el valle de Jez Reel, también conocido como el valle de Armagedón, o el valle de la decisión. ¿Cómo nos habla Joel? Los árabes, los madianitas y los amalecitas estaban aquí reunidos para una gran batalla.
Je deón, después de haber derribado esto y después de lo que sucedió, hizo el llamado a Israel para seguir la misión. Adelante. Y de Israel se juntaron varios de las tribus. Aquí vemos un período antes de enfrentarse.
Se juntaron los enemigos, árabes, madianitas, amalecitas, y se juntaron los de Israel, con Je deón. De hecho, en Israel se juntaron 32.000 soldados, jueces 36 al 40. Y antes de enfrentarse bien, esta parte importante. Je deón dijo a Dios, si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho, es aquí. Que yo pondré un bellón de lana en la era, una piel de cordero en la era. Y si el rocío estuviera en el bellón solamente, quedando seca, toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.
Prueba. O señal. Quiero esa señal. Antes de que nos enfrentemos, quiero esta señal. Y aconteció así, versículo 38, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el bellón, y sacó de él el rocío un tazón lleno de agua. Se cumplió la señal. Y ahora viene lo curioso. En 39 dice, más jedeón dijo a Dios, no se encienda tu ira contra mí, si aún hablara esta vez, solamente probaré ahora otra vez con el bellón. Y te ruego que solamente el bellón quede seco y el rocío sobre la tierra.
Es decir, lo opuesto. Ya el bellón seco y la tierra humedad en la mañana. Y aquella noche lo hizo Dios así. Solo el bellón quedó seco y en toda la tierra hubo rocío. Es curioso el relato. Es curioso lo que pide jedeón, el contexto en que lo pide. Cosas a considerar, no ten la paciencia de Dios para con jedeón. Jedeón tenía fe. Era un hombre de Dios.
Pero tenía dudas. Tenía dudas. Aún, con haber confirmado que su misión era de Dios y había hablado cara a cara con Dios, y había confirmado que Dios estaría con él y había creído eso, jedeón tenía dudas.
Jedeón no tuvo entrenamiento militar. ¿A qué se dedicaba a jedeón? ¿Qué estaba haciendo cuando lo encontraron para la misión? Estaba... separando el trigo. Y luego de eso iba a esconderlo por sus enemigos. Jedeón seguía siendo pobre en este punto de la historia. Tal vez, solo un poco más famoso podríamos decir o conocido.
Entonces este hombre, aún con fe y con las obras que ya estaba demostrando, cabiló. Jedeón cabiló. Y también estas dos señales que pide.
La historia que Jedeón muchos la conocemos, pueden leerla por completo. Y la vamos a dejar hasta ahí, porque ahora viene cuando, igual como ese bellón que sacaba agua, ahora vamos a extraer el néctar de las ricas lecciones de la palabra de Dios para llenarnos de aliento, de esperanza y de paz. Vamos a extraer este jugo, esta agua, esta bendición. Todos tenemos fe.
Unos más, otros un poco menos. Todos, a pesar de estar mirando el mismo norte, como hablamos en Hebreo 11, esas cosas que creemos que van a llegar en un punto, a pesar de esto, hay ritmos diferentes.
Hay situaciones en las que nos encontramos que son diferentes a las otras personas. Esa es la realidad. Independientemente de todo lo anterior, yo estoy seguro que todos, mientras caminamos este camino espiritual, dudamos en algunos momentos.
Entonces aquí empezamos a traerlo hacia nuestra vida espiritual. Recordemos a Gedeón, la historia de Gedeón. En momentos de alguna prueba, una difícil prueba que estemos viviendo, o hayamos vivido, o hayamos a vivir, o tal vez un tiempo de mucha abundancia, hemos pedido una señal a Dios, en estos momentos, de prueba, de dificultad, o quizás de mucha abundancia, y que pensamos que nos estamos alejando de Dios, y Dios damos una señal. Yo pienso que esta es una pregunta muy profunda, muy profunda, dentro del corazón, y también muy íntima, muy privada.
Una oración íntima y privada. Cada historia de nosotros es diferente, y Dios se ha manifestado al ser humano, a nosotros, a la iglesia, de muchas maneras, de muchos colores, de muchas formas, como lo leemos aquí en la historia de Gedeón. No se trata de andar comparándonos y hacer lo mismo que él, tenemos que ver desde otro ángulo la historia, y eso es lo que estamos intentando hacer ahora. Gedeón pide una primera señal. ¿Cuál fue la primera señal que pidió Gedeón? ¿O cómo lo podríamos resumir? ¿Eres tu Dios que me está hablando?
¿Eres tu Dios el que me está diciendo algo? ¿Con qué podemos comparar esta primera parte? Bueno, yo pienso que lo podemos comparar con el llamamiento.
Es de Dios esto de guardar el sábado, de guardar las fiestas, de comer un alimento que sirve o que es más limpio que otro, y que se llaman inmundo. ¿Es de Dios esto del diezmo?
Es esta iglesia tan pequeñita y silenciosa, un lugar donde pueda encontrar los caminos no adulterados de Dios. Está Dios en esta revista, en este folleto, en este artículo.
Son preguntas. Son señales que uno quizás indirectamente hace. ¿Eres tú, acaso, Dios, que está detrás de esto? ¿Es tú, evangelio? Cuando uno mismo ve el fuego de Dios consumiendo su ofrenda, estamos hablando en sentido figurado, y lo estamos comparando con Gedeón, este momento es cuando la persona está comprobando que lo que dice la Biblia y lo que escucha tiene sentido y está comprobando que es lo correcto. Es diferente y es de Dios.
La profecía, sus leyes, su sabiduría, sus misericordias, su amor, su plan perfecto. Aquí está. En sentido figurado y comparativo, nuevamente, es como cuando salió fuego de la peña y consumió toda la ofrenda frente a los ojos de Gedeón y dijo, he visto al ángel de Dios cara a cara.
Eso es lo que expresó Gedeón. De hecho, Gedeón tenía tanto miedo que pensó que se iba a morir de la impresión de lo que había sucedido. Y Dios que le dijo, chalón, paz a ti, no tengas temor, no morirás. Eso están jueces 6.23.
Para nosotros, este momento del llamamiento es un gran milagro.
Es un gran honor y es una gran responsabilidad. Es el maravilloso y más grande milagro de saber y de comprender que Dios ha abierto el entendimiento racional en el Espíritu humano y que se ha conectado con el poder del Espíritu Santo de Dios.
Y sucede algo. Se abre el velo. ¿Cómo guardé tantos años el domingo?
Siendo que aquí dice que es el sábado.
Por dar un ejemplo. Esto es algo muy valioso y santísimo, como dice Segunda de Teimoteo 1-9. Vamos ahí. Es un versículo que lo he tenido en la mente y lo pongo acá. Segunda de Teimoteo, hablando de nuestros llamamientos. Segunda de Teimoteo 1-9 dice ¿Quién nos salvó y llamó con llamamiento santo? No conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.
Esto de la predestinación como grupo y no como individuo estaba considerado en el plan de Dios de la gracia para con nosotros. Ahora, con lo anterior ¿Puede todavía haber dudas de algo? Sí. Vimos el primer punto, la primera señal. ¿Pueden quedar dudas algunas veces? Sí. Porque somos humanos. Y nuestra fe en ocasiones se puede quebrar un poco, se puede resbalar, se puede debilitar. Las dos próximas señales que pide Gedeón son perfectamente comparables con la situación de hoy.
En Dios es espíritu y es invisible a los ojos humanos, pero se hace visible por medio de lo que ha sido creado como dice Romano 1.20 de un versículo pero de oro. Clave. En cierto sentido, podemos decir que Dios se manifiesta y es visible de manera indirecta en muchas cosas a nuestro alrededor, principalmente en la naturaleza. Por eso sirve mucho estar en contacto con la naturaleza y ver la obra de Dios, el autor de Dios. Es Dios de esa naturaleza, de esa arte.
Pregunto, ¿Alguien ha pedido este año a Dios Dios mío, ¿estás ahí?
¿Alguien le ha dicho a Dios, manifiestate, quiero saber que estás ahí o alguien le ha dicho Dios, dame una señal o ven, Señor Jesús, como termina la Biblia en Apocalipsis 22-20 o simplemente ven a tu reino? Creo que todos hemos hecho de alguna manera estas frases que buscan podríamos decir algo muy dentro de lo mismo. ¿Otra pregunta? ¿Creen que ha respondido Dios? ¿Cremos que Dios ha respondido a estas preguntas? ¿Habrá amanecido un bellón húmedo y el pasto seco y al otro día un bellón seco y el pasto húmedo tal como lo pidió Gedeón para fortalecer su fe para saber que la fuerza de Dios lo llevaría a la batalla con una gran victoria en el valle de Armagedón? Estamos tomando el ejemplo de Gedeón, mis hermanos. La presencia de Dios se ha manifestado este año de manera clara y concisa y no solamente a nosotros sino al mundo entero. Hoy día la relación inicial se oraba por la misericordia de Dios sobre el mundo entero.
Dios ha dejado en ridículo al hombre con sus avances tecnológicos.
Ha dejado en claro que la vida del mundo entero puede cambiar en sólo un par de semanas.
Yo no sé si alguien pidió a Dios que se manifestara en esto de la pandemia, ¿no? Como la que hoy día nos encontramos, pero aquí estamos. Pero aquí estamos.
Fuimos entonces tomando la primera señal de Gedeón. Fuimos llamados por Dios y comprobamos que su palabra es verdad, que somos santificados separados en su verdad con un llamamiento santo como vimos en II de Timoteo, 1-9. Una primera señal. ¿Se acuerdan de Gedeón? ¿Eres tu Dios? Estas cosas son tuyas.
Y ya, ya estamos ahí. Estando aquí orando para que su reino venga pronto un día nos amaneció un billón húmedo y todo el pasto seco. Algo extraño e inusual cuya autoría es Dios. Igual que la entrada de la pandemia.
Febrero-Marzo 2020.
Algo que no sucedía, que nadie se lo esperaba. Ahí está. Y seguimos ahí. Y no tan solo así, sino que, además, al otro día, amaneció el pasto húmedo y el billón seco. Algo extraño, inusual, aunque ya se va entendiendo, ya se comprende que hay algo detrás de todo esto. Y eso es Dios. Igual que la segunda ola de contagios en el mundo por el COVID-19.
¿Cuántas otras cosas sucederán o tendrán que suceder para afirmar nuestra fe en estos principios de dolores? Una tercera ola, una cuarta ola, una quinta ola, un COVID-21?
Más guerras, más hambre, más pestes, más galópes de los cuatro primeros seyos del apocalipsis. ¿Cuántas cosas más tienen que suceder para fortalecer nuestra fe? Mis hermanos, las potencias mundiales están preparando para algo grande.
Países que no solían ser potencias mundiales, hoy día tienen armamento nuclear, tienen armamento biológico, tienen armamento informático y no tienen ningún principio moral. No les importa nada. Quieren tener el poder sin importar el precio. El objetivo de este mensaje y lo vuelvo a repetir es analizar lo que nos sucede alrededor y darse cuenta que son elementos o son señales de Dios muy claras y que deben ayudarnos a fortalecer nuestra fe en estos tiempos tumultuosos. Dios está enviando advertencias y señales cada vez más claras de que Dios está respondiendo nuestras oraciones. Dios dame una señal. No esperemos que nos golpee la puerta y nos diga ¡Hola! Soy Dios. Te tengo una misión. Como Gedeón.
Estamos viendo cosas que los profetas anhelaron mirar.
Dios existe. Dios está detrás de todo esto. Este año hemos visto y seguimos viendo las señales de nuestro Dios. Este año hemos recibido una señal de Dios.
Hemos guardado todas las fiestas santas en pandemia.
Y ya nos preparamos para la próxima temporada. ¿Quién sabrá? Si vamos a repetirnos la misma dinámica. Pero ya estamos preparados. Ya sabemos cómo hacerlo. Tenemos ganancia. Como conclusión. Gedeón fue un simple ser humano de carne y hueso rodeado de enemigos, que eran ladrones bastante salvaje, bastante flojos. No trabajaban ellos, sino que robaban lo que trabajaban los israelitas. Gedeón a pesar de ser un don nadie, Dios vio en él un corazón de un buen líder.
Gedeón, en esto de las señales, él buscó fortalecer su fe y le pidió a Dios señales específicas, las cuales fueron cumplidas.
Hoy Dios trabaja de otras maneras y el mundo es por sí solo una gran señal de la existencia de Dios. ¿Por qué el mundo está como está? Porque no obedecen a Dios. Es sencillo. ¿Cómo puede existir Dios en tanta maldad? Bueno, porque el ser humano ya no lo obedecido. ¿Qué pasa?
Hemos visto este año esa señal de la existencia de Dios, sobre todo en esta pandemia que estamos viviendo y que tendrá un tiempo indefinido por delante.
Nos bajemos la guardia, fortalecamos la fe, observemos, aprovechemos estos momentos únicos para fortalecer nuestra fe, y nos damos un saludo. ¡Pero que nos da más a Dios! Para saber que nos ha dado estas señales irrefutables de sus perfectos designios. ¿Está escrito? Porque vamos a deprimirnos. Está escrito que estas cosas tienen que suceder. Erguíos y levantados. Levantarlas frente. Esto estaba escrito. Para terminar, no puedo dejar de terminar la última parte de la batalla de Gedeón.
1200 años atrás de Cristo, la batalla que lideró Gedeón en el valle de Arma Gedeón, tuvo la particularidad si se recuerdan bien el relato de la reducción de los soldados. De los 32.000 después se oferon los que tenían miedo, los que estaban cabilando, como que se repite el principio de estar fe en fe, de estar firme. Entonces, no se redujo el pelotón de 32.000 hombres listos para la guerra al 50%. Tampoco al 25% ni al 10% ni al 5%. Se redujo al 1%.
300. 300.
Esto con la finalidad de que los hombres no creyeran que era por su fuerza que iban a ganar. Fe. No es por la fuerza de uno, sino que por la creencia y la seguridad de que Dios está con uno. Estos 300 hombres sin espadas, igual que la muros de Jericó, sin espadas, sin escudos, sino sólo con cántaros de greda, con entorchas y mucho, mucho ruido. Pero principalmente con la ayuda del Dios de los ejércitos.
Los enemigos de Israel fueron estopa. Salieron todos corriendo, se marearon entre ellos, empezaron a atacar entre ellos, una situación que solamente viene de Dios. Muy similar al futuro. Fíjense ahora, si vamos terminando el mensaje lo podemos conectar con el futuro. Apocalipsis 17-14 Igual de lo que sucedería en el valle de Josaphat, en el valle de la Decisión de Armagedón, de G.S. Reel, Apocalipsis 17-14 nos dice, hablando de estas uniones militares como los árabes, los amalecitas y madianitas que se juntaron en este valle. Igual se repita aquí la misma historia. Apocalipsis 17-14 Pelearán contra el Cordero y el Cordero los vencerá porque Él es Señor de señores y Rey de reyes y los que están con Él son llamados elegidos y fieles.
Entonces, sigamos adelante. Todo lo que hemos sido llamados, todos los que hemos escogido ser los elegidos y los que todavía nos permanecemos fieles. Y veamos con claridad estas señales que Dios ha dispuesto para todo el mundo y también para nosotros. En tiempos turbulentos, entonces fortalezcamos nuestra fe. Buenas tardes a todos.