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Sin cortes. Muy bien. Vamos a comenzar con el servicio, con el sermón principal de hoy entonces. Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido el Eterno cara a cara. Nadie como él en todas las señales y prodigios que el Eterno le envió a hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra. Y en el gran poder y los hechos grandiosos y terribles que Moisés hizo a la vista de todo Israel. Así termina el libro de Deute Eronomio. Hemos pasado unas hermosas fiestas de Pascua y Pánez y Levadura de la primera temporada. Hablamos mucho de Moisés de Israel.
Hablamos mucho de Jesucristo. De hecho, Moisés es un tipo de Jesucristo de Salvador en el Antiguo Testamento. Hablamos mucho de estos dos personajes muy importantes. Y los nombramos una y otra vez en estudios, en sermosillos, en sermones. Sabemos que la historia bíblica nos cuenta que luego de estos versículos de Deute Eronomio, 34 del 10 al 12, que comenzamos leyendo, entra en escena otro gran líder, después de Moisés, el sucesor de Josué. Josué, un gran líder que llevaría al pueblo a su tan profetizada y ansiada tierra prometida. Esa era la principal misión de Josué.
Y Dios lo había jurado Abraham, Isaac y Ahacop. Josué inicia la toma de la tierra comenzando a purgar a quienes vivían en ellas, porque Canaán o Palestina, como se le quiere llamar, no estaba solitaria. Había muchos, mucha gente aquí, que no eran israelitas. Los cananeos.
Luego Josué divide la tierra y empiece a las ciudades de refugio. Y hay toda una historia que siempre nosotros hemos comentado y tomado como aprendizaje. Josué, antes de morir, habiendo hecho tanto por el pueblo, habiendo luchado tanto, Josué se ve siempre como un líder militar, con mucha fuerza. Y al principio, acuérdense de Josué las instrucciones de Dios, que no lo iba a dejar solo, que Dios lo iba a acompañar. Era una tarea muy difícil y él fue muy valiente al completarla. Y Josué, antes de morir, antes de morir, viene un gran consejo que hasta el día de hoy hace eco. Cuando dice, escogéos hoy a quién sirváis a los dioses de sus padres, hablando del otro lado del río, o a los dioses que habitan en esta tierra, ambos paganos. Y aquí dice, pero yo y mi casa al eterno serviremos. Que es incluso un himno que nosotros cantamos, parte de una letra. Él dice, decídense, yo voy a seguir a Dios.
Yo y mi casa, pero ustedes decían ahora, antes de entrar a la tierra. Israel, o el pueblo, decide seguir a Dios. No queremos que nos vaya mal, vamos a quitar los dioses ajenos que estaban entre ellos. De hecho, Josué levantó una piedra debajo de una encina como recordatorio de aquel pacto, como testigo. Antiguamente los pactos hacían en montículos de piedras. Y ahí está entonces esa piedra como testigo de esa ceremonia o pacto, o una especie como de firma legal en aquellos años. Entonces tenemos Moisés, el sucesor Josué. Josué ya está a punto de salir de la historia, a descansar y a esperar al reino. ¿Y quién viene ahora? ¿Quién va a continuar este trabajo tan difícil que saliendo al pueblo de Israel y todos estos años ahora llegando a la tierra había que continuar? Viene una etapa muy difícil para Israel, muy, muy difícil.
Hasta cierto punto anarquica, a Céfala. A Céfala, sin cabeza, ya que no había quién guiara al pueblo, ¿cómo se venía haciendo como Moisés y con Josué? Este era el momento para que el pueblo de Dios siguiera a su rey, a Dios, como una nación teocéntrica con su rey, con Dios al frente. Sin embargo, si bien es cierto que Josué representa la victoria de Dios sobre sus enemigos, el libro de Josué muchos lo han leído. ¡Victoria tras victoria! ¡Victoria tras victoria! Lamentablemente, el libro que viene después que jueces, ¿qué es lo que vamos a hablar hoy día?
Es todo lo contrario. Derrota tras derrota, derrota tras derrota. Por la desobediencia y el alejamiento de Dios, por la idonatría, el desagradecimiento, que los llevó a caminar y tropezar con la misma piedra una y otra vez. Aquí entra la historia de Israel, después de Moisés, después de Josué, vienen los llamados jueces. Que no es una historia que muchas veces nos gustaría hablar porque es bastante triste. Es uno de los momentos más oscuros de Israel. Al final de jueces, ahí describe la oscuridad y el espíritu tan apagado que había, la moral tan baja que había en Israel.
Y aquí están los jueces que Dios levantó para salvarlos cada vez de sus enemigos, a pesar de que no andaban en buen camino. El libro de los hebreos habla de algunos de ellos. Habla de Gedeón, de Barak, de Sansón. Ellos fueron jueces en esta época, por unos 300 años más o menos que duró esta época.
El libro de jueces es muy interesante porque describe y relata siete ciclos que se repiten. Siete ciclos que se repiten en estos años, de tres siglos. Como si fuera un patrón lógico y predecible para Israel. Y veremos que también podemos sacar una excelente información de aprendizaje y lección para nosotros.
Vamos a hablar entonces de este patrón. Y vamos a buscar una lección muy importante que debemos hacernos como individuos interdependientes que lleva a cada un sistema perfecto bajo un gobierno perfecto. Que somos nosotros hoy. El título al mensaje es más allá de los jueces. Más allá de los jueces.
De estos hombres que se levantaron. Que Dios levantó en Israel.
Leamos este ciclo en las escrituras mismas para que lo entendamos. Vamos a jueces. Vamos a leer bastante de jueces que es el libro que estamos aquí concentrándonos.
Aquí donde está Débora también junto con Barack.
Liderando como jueces de Israel. Y en jueces capítulo 2 versículo 9.
En jueces capítulo 2 y versículo 9. Aquí está hablando de la muerte de Josué. Aquí muere Josué. Y dice y lo sepultaron en su heredad en Timnath, Cera.
En el monte de Fraín al norte del monte de Gas. Murió Josué. Murió Josué. Versículo 10. Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Es decir, también falleció. Toda esa generación que venía junto con Josué fue reunida a sus padres. Y fíjense aquí. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía el eterno. Ni la obra que él había hecho por Israel. Después, los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del eterno y sirvieron a los Ba'ales. Dejaron al eterno el Dios de sus padres que los había sacado de la tierra de Egipto. Y se fueron tras otros dioses. Los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales se adoraron y provocaron a ira al eterno.
Y dejaron al eterno y adoraron a Ba'al y a Astarot. O Astarte, la diosa del cielo. La figura masculina y la figura femenina. Versículo 18. Y cuando el eterno le levantaba a jueces, fíjense, Dios le levantaba a jueces, el eterno estaba con el juez y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez.
Porque Dios era movido a misericordia, por su gemido a causa de los que lo soprimían y afligían.
Más. Acontecía que al morir el juez, ellos volvían atrás, y se corrompían más que sus padres, siguiendo a Dios exagenos para servirles, e inclinándose delante de ellos, y no se apartaban de sus obras, ni de su obstinado camino.
Ese es el contexto que vamos a situarnos el día de hoy, del pueblo de Israel en la época de los jueces, porque estaban así.
Este ciclo, que muchos hereditos lo hablan y o algunos dicen que son cuatro procesos, otros cinco, siete, seis, nueve, aquí yo les puse seis, seis partes de este ciclo. Si consideramos que el inicio del ciclo, que se repite una y otra vez en el libro de los jueces, es esta nueva generación que no conocía a Dios, tenemos como el primer paso del ciclo el rechazo a Dios. O sea, en la primera parte de ese ciclo, como inicio, lo vamos a considerar cuando se rechaza a Dios, porque esta generación no conoció a Dios, y lo rechazó. Esto que hay aquí, versículo 10, se levantó de ellos otra generación que no conocía al eterno. Entonces, la primera ítem del ciclo, lo vamos aquí a ver muy rápido, partimos con el rechazo a Dios, el rechazo a Dios. Luego de eso, viene una reacción de Dios.
Este rechazo provoca que Dios reaccione y los entregue en manos de sus enemigos. Entonces, primero Dios es rechazado por el pueblo, y luego Dios los entrega a sus enemigos. Podríamos hablar de opresión, pero dice, bueno, estas son las consecuencias de no guardar mis mandamientos, de ser idolatras, etcétera. Entonces, Dios los entrega en manos de sus enemigos. Dios reacciona. Tercero, Israel sufre hímede aflicción y ha arrepentido a Pela a Dios por misericordia. Lo vemos una y otra vez, cuando rechazan a Dios, son entregados a los enemigos, que andaban varios por ahí, y son esclavos de ellos, empiezan a gemir y a pedirle a Dios que los salve, que los salve. Ese es el tercero. El cuarto, Dios los escucha y levanta un juez, levanta un Salvador, levanta un líder, que los saque de esa opresión. Por eso siempre nos acordamos de Sansón, el último, ¿no? Con los felisteos, o Gedeón, o Jefeté, que son los bastante icónicos de este libro, y son siempre los que muchas veces hablamos. Entonces, ese es el cuarto. El cuarto ítem. Dios es comodido y levanta un juez. Cinco. Entonces, hay un momento de paz y de tranquilidad. Hay ocasiones que son 40 años, 80 años, durante estos 300 años. Hay un momento de paz y tranquilidad. Pero, el otro ítem, que es el sexto, cuando muere el juez, Israel se olvida. Y vuelve a meterse en este ciclo, y reincide los mismos errores. Rechaza a Dios, reacciona a Dios, los entrega a sus enemigos, el pueblo sufre y gime, pide misir y cordia. Dios levanta un juez.
Hay paz y tranquilidad. Muere el juez, reincide. Siete ciclos iguales en todo el libro de los jueces. De la misma manera, se cumplieron una y otra vez. Como que no eran generaciones de 500 años, como que se les va a olvidar. Eran bastante cortos los años. En una generación podrían haber tres cambios. Pero la gente como que se lo olvidaba.
Y caían una y otra vez.
Entonces, consideramos como el primer punto del ciclo, el rechazo a Dios. Pero ¿qué fue lo primero? El huevo o la gallina. Podríamos preguntar, ¿qué fue lo primero en este proceso que Israel empezó a patinar en el mismo círculo, ciclo vicioso, una y otra vez?
Particularmente debemos entender cómo estaba esta generación que entró en Canán. Acompáñenme a Josué un poquitito antes.
Un poquitito antes.
Me llama mucho la atención que el pueblo de Israel, cuando iba a tomar a la tierra prometida, es como si ustedes le dijieran, te voy a invitar a vivir a una casa y está todo listo. Todas las cuentas pagadas, está toda mueblada, está toda pintada, limpia. Lo único que tienes que hacer es vivir en esa casa y portarte bien. Fíjese aquí en Josué, capítulo 24, que es el último capítulo de versículo 11.
Dice 11 al 13. Pasasteis el Jordán y vinisteis a Jericó. Y los moradores de Jericó pelearon contra vosotros, los Amorreos, Fereceos, Cananeos, Eteos, Jerjeceos, Edeos y Jeuseos. Y yo los entregué en vuestras manos. Ahí está a todos los que ellos lucharon. Josué, aquí está haciendo como quizás hasta un recuento de todas las luchas que hicieron o contra quienes pelearon, dándole siempre Dios la victoria. Versículo 12. Y envíe delante de vosotros tábanos, los cuales los arrojaron de delante de vosotros. Esto es a los dos reyes de los Amorreos, no con tu espada ni con tu arco. Versículo 13, que es la que me importa. Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis. Fíjense. Y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis. Y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis. Es como un llamado a atención. Ahí está todo. Nuestro padre amoroso nos dio ahí para que nosotros vivamos. Ahí está todo. Sin trabajar, sin edificar, sin plantar, el pueblo tenía una tierra que poseer por la promesa de Dios a Bram y su descendencia. ¿Qué tenían que hacer ellos? ¿Qué tenían que hacer ellos en la tierra prometida? Obedecer. Obedecer a Dios. Es todo lo que tenían que hacer. Pero dejaron la fe. Lo que se llama la apostacía. Apostacía es dejar la fe. Dejar el camino de la fe. Fueron esclavos, fueron liberados, siete veces el ciclo del libro de jueces. Esto de no obedecer. Esto de no obedecer. El primer problema de Israel, aquí en el libro de jueces, después de morir, fue obedecer a medias. Obedecer a medias. Sígannán ya estaba lleno de personas sin conversas y viene un pueblo santo, escogido por Dios, para morar en ella. Y estas personas son gentiles. Lo lógico es que no podría haber una mezcla de ellos. Deberían estar fuera de esa tierra. Jueces 1 y versículo 21. ¿Y qué es lo que hizo Israel? Cuando ya no estaba a Josué. Cuando ya no estaba al frente. Tomaron sus decisiones. Cada tribu, 21. Más el jeuseo que habitaba en Jerusalén, no lo arrojaron los hijos de Benjamin y el jeuseo habitó con los hijos de Benjamin y Jerusalén hasta hoy. Versículo 27. Tampoco Manacés arrojó a los de Betseán, ni a los de Susaldeas, ni a los de Tadanac, ni a los de Dorre y Susaldeas, ni a los habitantes de Ibleam y Susaldeas, ni a los que habitan en Mejido y en Susaldeas y el Cananeo persistía en habitar en aquella tierra. Versículo 28. Y vámonos resumiendo ahí para adelante. Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al Cananeo Tributario, más no lo arrojó. Versículo 29. Tampoco Efraín arrojó al Cananeo. Versículo 30. Tampoco Sabulón arrojó a los que habitaban en Qitrón, ni a los que habitaban en Nadalal. 31. Tampoco Hacer arrojó a los que habitaban en Aco, ni a los que habitaban en Zidón. 32. Y Moró Hacer, Hacer entre los Cananeos que habitaban en la tierra, pues no los arrojó. Versículo 33. Tampoco Neftalía arrojó a los que habitaban en Betsemes. Ni a los que habitaban en Betanácta. Las instrucciones eran no hacer pacto. Las instrucciones eran purgar la tierra, limpiar la tierra. De los moradores de la tierra. Que eran vomitados por Dios, incluso Dios llega a decir, eran tan paganos e idolatras que eran vomitados por Dios. Esa es su expresión. Ellos tenían que derribar sus altares y no mezclarse con ellos. Tenían que purgar la tierra. Ya leímos qué es lo que hicieron, las tribus en general. Como resultados de haber llegado a un acuerdo y negociar y pagar tributo y decir, no, yo creo que tú puedes quedarte un ratito aquí con nosotros. Como este resultado de la tierra, que puedes quedarte un ratito aquí con nosotros.
Como este resultado de esto, en pocos años, producto de matrimonios mixtos se convierten en idolatras y comienza el primer ciclo apóstata donde fueron esclavos por 8 años. Jueces, capítulo 3.
Esto es lo que sucede al no obedecen a Dios. Jueces, capítulo 3, y versículo 5.
Así los hijos de Israel habitaban entre los cananeos, Eteos, Amorreos, Fereceos, Edeos y Jeuseos y tomaron de sus hijas por mujeres y dieron sus hijas a los hijos de ellos y sirvieron a sus dioses. Hicieron pues los hijos de Israel lo malo ante los ojos del eterno y olvidaron el eterno su Dios y sirvieron a los Baales y a las imágenes de Acera. Ahí está el primer ciclo, la primera apostacía.
Y si nos acordamos de cómo era el ciclo cuando viene el rechazo, ¿qué es lo que viene ahora, inmediatamente, con ese rechazo? Viene, entonces, el momento de estar esclavos por ocho años y Dios tiene que levantar a un líder para que no estén esclavizados. Si ustedes conocen la historia, el primer juez llamado Otoniel, hermano menor de Caled, derrota al rey Sirio y descansa la tierra por 40 años. Ese es el primer juez. Pero vuelven a equivocarse, viene la opresión por 18 años, bajo los Moabitas y son liberados por el segundo juez, a Od, y hay paz por 80 años. Regresa la opresión bajo Javín y Cananeos por 20 años y son liberados por Débora y Baraka.
Los dos. Y descansa la tierra y hay paz por 40 años. Otra opresión bajo los Madenitas por 7 años, son liberados por Jedeón, 40 años de paz. Se levanta por ahí a Vimelec, ¿se acuerdan el hijo de, el único que quedó vivo, el hijo de Jedeón? Porque a Vimelec mató a todos sus hermanos y se puso como rey a la fuerza. Tuvo 3 años. Pero no es considerado como un juez, no fue puesto por Dios. Él se impuso como rey. Entonces, a Vimelec pasa por ahí. Juzga luego, Tola por 23 años, que es otro juez, el séptimo yair por otros 22 años. Llega la sexta opresión bajo Amonitas y Felisteos por 18 años y son liberados por Jephthé y hay paz por 6 años más.
Otro juez, Ypsan, el 9, Juzga a Israel por 7 años, luego Elón por 10 años y Abdon por 8 años. Por séptima vez, Israel apostata y son entregados a los Felisteos por 40 años, levantando Dios al último juez, a Sansón. Sansón fue el último juez. En vida de él, hubieron 20 años de paz.
Después puedo darle los nombres o puede usted leer cómo está la cronología, pero el punto es que se vuelve el ciclo una y otra vez. Hay rechazo, Dios lo entrega a la opresión, Israel se repienta, y muchas veces Israel dice, ¡Libera Dios! Entonces Dios manda al juez todo bien, por paz, unos años, muere el juez y viene el rechazo y viene otro ciclo. Díen otro ciclo. 12 jueces más débora, 12 o 13, de estos 7 ciclos Israel, lo importante aquí Israel se va alejando. La escritura dice que Israel se va alejando cada vez más. A pesar de que sea un ciclo repetitivo, cada vez que se aleja Israel de Dios, es como que cada vez se aleja un poco más. Vuelve a Dios, pero ya cuando lo rechazan, cada vez más profundo lo oye.
Las fechorías y situaciones son cada vez más oscuras y después del último juez, Sansón y su muerte, hay un caos moral y espiritual, porque el libro de jueces, si ustedes han leído el último versículo, dice, en aquellos días no había rey en Israel. Cada uno hacía lo que bien le parecía. Así termina el libro de jueces. ¿Pueden buscar ustedes el último capítulo? Así termina. Y todavía antes de eso, hace mención de que no había rey en Israel.
No había rey en Israel. Una y otra vez. El pueblo hacía lo que bien le parecía. No había liderazgo. Bueno, en realidad sí había un rey. Como lo hemos mencionado. No estoy hablando de los jueces. Sí había un rey. Que estaban en el cielo. Que ellos no querían ver ni escuchar. Ni amar, guardando su mandamiento. Sí había un rey. No se estuvo ahí, pero lo vearon y recayeron una y otra vez en este ciclo.
Tan penoso y desgastante. No lo consideraron y tampoco se consideraron entre ellos mismos. Habían luchas entre las mismas tribus. Habían guerras, había muertes, había traiciones. Entre el mismo pueblo de Israel. ¿Cómo para Éntesis? No todo fue malo. En estos 300 y tantos años. De hecho, Ruth se sitúa en esta época. De la época de los jueces. Como se dice, la más oscura. Y Ruth tiene una historia muy positiva e inspiradora. Lo otro positivo de esto es que los jueces, a pesar de ser imperfectos, fueron utilizados por Dios para liberar de la opresión a su pueblo, movido a misericordia.
Hay cosas positivas dentro de todo. Un libro de jueces para que estudiáramos y sacáramos unas buenas reflexiones. Todo el problema del libro de jueces busca un difícil equilibrio entre dos cosas. Un equilibrio entre, por un lado, un gobierno centralizado y de mano dura, podríamos decir. Y la libertad individual del pueblo, entre uno y lo otro. Si usted lee la historia, está bueno. Está el juez, los guías, algunos son más mano dura que otros. Estamos todo bien. Y después, al pueblo, y ahí están, uno y otro. Y es la búsqueda del equilibrio entre uno y otro lado de la balanza.
Esta libertad individual del astribus, en la ausencia de los líderes, de los jueces, siempre que existía esa libertad, ¿qué pasaba? Se desviaban. Se desviaban. Si no había líder, se desviaban. Eso dice la historia, siete veces. Esas la podríamos decir el espíritu humano, la naturaleza humana. El pueblo necesitó todo el tiempo un líder que los mantuviera a flote. Por eso Dios mandó a los jueces. Siete veces volvieron a claudicar después de haber sido oprimidos, rescatados y liderados por un juez. Cuando el juez moría, volvían a la rueda y cada vez más profundo, cada vez más bajo era el golpe.
El libro de jueces nos enseña lecciones muy vívidas, llenas de colores. Habrá sido en el año 1300 hasta 1050 antes de Jesucristo, pero sí tenemos una historia y una lección muy llena de color, principalmente la misericordia de Dios. Ustedes pueden leer la historia, oi que pueblo más porfiado, pero también hay que ver la misericordia que Dios tuvo todo el tiempo con su pueblo. Y otra vez lo rescataba, lo rescataba, lo rescataba.
Lo había rescatado de Egipto, pasaron al desierto y todo eso, y aquí en la misma tierra donde estaba todo listo, y sólo lo tenían que obedecer, claudican, claudican y claudican, y Dios va demostrando su misericordia y amor por su pueblo. También esto de los ciclos, estas círculos viciosos que hemos descrito, es algo importante porque también puede llevarnos a caer en algo parecido. Esto de estar rechazando a Dios, sufriendo las consecuencias del pecado, y entonces uno se repiente y Dios dice, ok, sí, está bien, todo bien, todo perfecto, y después uno tiene un grabo como de opulencia y dice, yo no necesito a nadie y ahí viene el golpe de nuevo.
Estamos expuestos a ese ciclo de manera individual. De hecho, muchas civilizaciones a nivel colectivo pasan por un ciclo, han pasado por un ciclo similar, se entiende la historia universal con algo muy similar a esto, que es el naturaleza humana. No debemos apostatar de la fe en Dios porque en cualquier momento podríamos entrar en ese lamentable ciclo vicioso. Israel no aprendió de su propia historia inmediata, ellos no aprendían. Todo el tiempo estuvo dependiendo de los jueces, de hombres que Dios levantó por misericordia.
Ellos no aprendieron a depender de su rey. Dios, no lo aprendieron, nunca aprendieron. Israel no tuvo la convicción durante estos tres siglos, y los jueces funcionaron como aspirinas. No sabíamos que uno de repente duela la cabeza y es por algo, se toma las aspirinas, se le pasa y vuelve las aspirinas. No es el mal que estábamos tratando. Los jueces fueron como una aspirina para ellos, para que no los duerían la cabeza, pero había un mal más profundo.
Había algo más allá de esta historia de los jueces, que estamos aquí escargando cada vez un poquito más. Entonces, vienen la siguiente y gran pregunta para nosotros hoy, que somos los realitas espirituales. Tiene mucho que ver con nosotros esta historia. ¿A quién seguimos? ¿A quién obedecemos? ¿A quién la hacemos caso? ¿Quién es nuestro rey hoy día? Unéctricos. Una iglesia en la actualidad está ordenada con líderes servidores para mantener el orden, entregar correctas instrucciones bíblicas, ejercer un gobierno equilibrado y una guía necesaria para el pueblo.
Esa es la definición como iglesia, un poquito más técnica. Y hoy día, a pesar de estar viviendo tantos siglos más adelante, también existe, creo yo, una incansable búsqueda de equilibrio entre un gobierno duro, de mano dura, y la libertad individual del pueblo. También existe aquí una balanza. ¿Y hay iglesias que son así y hay iglesias que son asa? ¿Por qué?
¿Cuánto necesitamos que se nos diga con mano dura que hay que guardar el sábado para no olvidarlo? ¿Cuánto lo necesitamos individualmente? ¿Qué sucederá si no hay una majadadería? En decirnos, una y otra vez las cosas. ¿Qué pasa si no existe esa constancia? Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. ¿Si no se lo dicen, ¿se va a descarrilar la persona?
¿Como el pueblo de Israel? ¿Se necesitaban un líder? ¿Y todo bien, todo en paz? ¿Moría el líder? ¿Qué empezaba? ¿A decaer como una plantita? ¿A morir esa convicción? ¿A marchitarse? Este equilibrio hoy, les digo, es muy difícil de lograr. Es muy difícil de lograr. Y aunque parece ser que con mano dura se mantiene la paz, es decir, estando ahí todo el tiempo, parece ser que esa es la mejor opción, también esta mano dura que puede continuar y puede continuar y puede convertirse en un control excesivo, también recae la imadurez de la persona.
Y se estanca el crecimiento espiritual de los individuos. ¿Quiénes buscamos ser reyes y sacerdotes? Eso estamos apuntando hoy día. Queremos ser reyes y sacerdotes, Apocalipsis 5-10. Apocalipsis 5-10 se lo leo. Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes y reinaremos sobre la Tierra. Y es un puesto muy honorable y muy alto que estamos buscando hoy. Al igual que el pueblo de Israel, nosotros también tenemos un rey. Jesucristo, tenemos un rey. Nuestro rey nos ha acercado a nuestro Padre con su sacrificio, con su sangre. Nos ha cubierto en la Pascua. Nos ha enseñado a caminar sin pecado. Los panes y levadura.
Nos dejó el Espíritu Santo, la fiesta de Pentecostés. Va a venir trompetas. El pueblo se va a tener que arrepentir y pedir perdón y Satanás va a tener que hacer atado, expiación. Vamos a vivir mil años tabernáculos y el Espíritu Santo va a ser derramado por todas las carnes para que ya no haya vida física. Último grandía. Siete fiestas santas. Ese es nuestro proceso para ser reyes y sacerdotes. Primera de Pedro, capítulo 2.
Primera de Pedro, capítulo 2.
Primera de Pedro, capítulo 2. Y versículo 4. Aquí hay un paralelo muy interesante que podemos estudiar del 4 en adelante. Primera de Pedro, capítulo 2 y versículo 4. Acercándos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa. Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdosio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual, también contiene la escritura. Y aquí pongo en sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa, y el que creyere en él no será avergonzado.
Vs. 7. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso, pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon ha venido a ser la cabeza del ángulo. Vs. 8. Y piedra de tropiezo y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes, a lo cual fueron también destinados. Vs. 9. Va, vosotros sois. Póngase ahí también, nosotros, lo que estamos intentando ser. Va, vosotros sois, linaje escogido, real sacerdosio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Vs. 10. Vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblos de Dios, pueblos de Dios, que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. Israel desechó a su rey. Incluso lo podemos, después, seguir viendo, entra en escena Samuel, Elí, Samuel, y luego rechazan a Dios nuevamente, y Samuel se molesta, entonces piden a un rey como las otras ciudades y pueblos, y está Saul, y no es hasta David que ya el pueblo recién hace las cosas bien. Pero mire todos los años que pasaron, hasta el 1050, que comenzó con Saul más adelante. Israel desechó a su rey, la roca, la principal piedra del ángulo escogida y preciosa que debía regir sus vidas, y esto se convirtió en una piedra de tropiezo. ¿Ellos, este siglo? Estos siete ciclos. ¿En qué tropezaban una y otra vez? En la desobediencia, básicamente. Tropezaron con esa piedra una y otra vez, fueron desobedientes. Sin embargo, para nosotros, por la misma misericordia que Dios tuvo con ellos, con ese que levantaba jueces, por misericordia, por amor a ellos, hoy estamos siendo separados como una nación santa, real sacerdocio, linaje escogido, y no somos nada. Y Dios, eso está haciendo con nosotros, pero en realidad no somos nada.
No estamos diciendo que la Iglesia tenga que haber una anarquía tampoco, tiene que haber un orden. Aquí, en Romanos 10, si me acompañan en Romanos 10, hay muchos versículos de cómo se administraba la Iglesia, cada uno en su rol, en su papel, están los dones de Romanos 12. Aquí en Romanos 10 y versículo 14, dice cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído, y cómo creerán en aquel de quien no han oído, y cómo oirán sin haber quién les predique, y cómo predicarán si no fueran enviados. Como está escrito, cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian las buenas nuevas, el verdadero Evangelio de Dios, que es el trabajo de la Iglesia.
Reyes y sacerdotes, ¿cómo vamos a llegar a hacer eso? ¿Cómo vamos a llegar a ser Reyes y Sacerdotes? Efecios 4.
Efecios 4.
Y versículo 11.
Y el mismo constituyó a unos... ¿Quién constituyó? ¿Quién armó esto? Nuestro rey. Y el mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Jesucristo, hasta que todos lleguemos a la Iglesia. Y los que nos han dado la Iglesia, hasta que todos lleguemos a la Unidad de la Fe y del Conocimiento del Hijo de Dios a un varón perfecto, a la Media de la Estatura de la Plenitud de Cristo. Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento, de doctrina, por estrategia de hombre que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. ¿Cuántas? ¿Cuántas ideas hay en el Internet? ¿Cuántas religiones se levantan cada día? Siempre les he comentado esta corriente que hay una persona que se dice que se casó con Dios, y entonces es la parte femenina de Dios que se casó con esa señora que vive en Corea y anda por todo el mundo. Son ideas nuevas, entre comillas, que habían estado escondidas y que ahora aquí está la verdad. Así como hay un dios padre, hay una dios madre que anda por ahí y que tiene carita de coreana. Eso es una doctrina fuerte que está pegando en el mundo. Sigamos leyendo versículo 15. Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos. Víganse esa palabra, crezcamos. Uno de los puntos importantes del bautismo es crecer. Uno se compromete a crecer, no a estancarse. Crescamos en todo, en aquel que es la cabeza. Esto es Cristo. No es un ser humano. No es una persona de carni hueso que hoy día podemos ver y conversar. Es... Jesucristo, la cabeza. De quien todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Aquí hay un orden. Aquí hay una manera en que la Iglesia trabaja en la Ciudad de México, en Monterrey, en Acapulco, en Tabasco, en todos los lugares, en todos los países. Hay una manera de trabajar. Y se busca que la gente crezca y que nos edifiquemos.
No que estemos aquí por otras motivos.
Ya no vivimos en la época de los jueces. Vivimos en un momento de necesario crecimiento teniendo a nuestro rey de reyes y señor de señores como cabeza.
Por eso estamos en la Iglesia. Queremos ser reyes y sacerdotes. Queremos crecer. Queremos avanzar. Ya no queremos ser niños fluctuantes.
Y necesitamos... Para eso necesitamos la guía.
De los servidores cristo-céntricos. Es decir, son líderes que sirven y Cristo es la figura de ellos principalmente. Porque Cristo es la figura, la cabeza.
Líderes, servidores, cristo-céntricos. Que tenemos como fin perfeccionar al pueblo.
Perfeccionarnos todos. Es decir, nunca vamos a llegar a ser perfectos, somos carne y sangre. Pero sí, maduros.
Maduros. Espiritualmente.
Sin embargo, este discutido equilibrio que hemos comentado entre un gobierno centralizado y con mano dura y la libertad de decisión de los individuos de la época de jueces, hoy debe ir avanzando hacia lo que se conoce como la interdependencia. Hemos escuchado esa palabra antes en algunos sermones. Hacia la interdependencia. Hacia la interdependencia.
Es decir, en pocas palabras, autonomía y a la vez dependencia de un sistema.
¿Qué es esto? Llámese a este sistema pura, lisa y llanamente como el amor. Es un sistema de vivir.
Que se llama amor. No el amor del mundo, pero sí el amor que nos demostró Jesucristo. Con su padre. Que se sacrificó por nosotros. El amor ágape. Es un sistema para vivir. Y somos autónomos. Es decir, actuamos bajo ese sistema, bajo ese régimen. Una iglesia debería ser o es un grupo de individuos autónomos y organizados en diferentes actividades que crecemos dependiendo de un sistema basado en el amor donde Cristo es la piedra escogida y preciosa de todo el edificio. Y se los repito. La iglesia es, debería ser, un grupo de individuos autónomos y organizados en diferentes actividades que crecemos dependiendo de un sistema basado en el amor donde Cristo es la piedra escogida y preciosa de todo el edificio. Pregunta. Para todos. ¿Necesitamos que se nos diga que debemos guardar el sábado apropiadamente?
La respuesta es sí. Claro que es necesario. Ahora la pregunta que viene con esto es ¿Qué tan seguido? ¿Qué tan seguido? Una vez al año, una vez a la semana, cinco veces cada mes, todos los días. Esto va a depender de la necesidad de la persona y del crecimiento espiritual que tenga, porque las instrucciones funcionan al comienzo así. Para que poco a poco vaya logrando la interdependencia. Ya no es necesario que le digan tantas cosas, porque ya funciona con ese sistema de respeto y de amor.
¿Será lo necesario, hablando de cuántas veces, será lo necesario para que poco a poco a la que Dios se inscriba en el corazón y el sistema de amor fluya con decisiones naturales en el individuo, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo y no se le tenga que estar recordando cada cinco minutos. ¿Y somos seres humanos? Guardamos el sábado cada semana, guardamos la fiesta cada año, si no guardamos el sábado una semana como que ya se nos empieza a desarmar algo. No guardamos fiesta, no tomamos pascua. Y al próximo año, vamos a ver si la tomamos y se empieza a olvidar porque somos seres humanos y olvidamos, olvidamos. De nuevo, ¿qué te han seguido?
Buena pregunta. Veamos el siguiente ejemplo que me acordé hoy día por la mañana. Ya habiendo pasado a Egipto estamos hablando de nuevo el pueblo de Israel y probablemente ustedes se van a acordar de esto. Habiendo pasado a Egipto recibieron la ley de Dios contemplaban el tabernáculo cada día eran guiados por la nube y la columna de fuego de una manera sobrenatural Israel siempre demostró una dureza en su corazón un pueblo duro de servicio.
Y en este contexto es que leemos en números eso los voy a leer pero no quiero que vayamos allá. En este contexto en números Amoíces y Arón le llevaron un hombre que había transgredido el sábado porque había estado recogiendo leña. Acuérdense ¿Cuánto importante era el sábado desde el exo de que salieron? ¿Cuántas veces lo recordó Moíces al pueblo? Y le decía, ¿recuerden mis sábados?
Aquí viene esa la señal sigue siendo la señal del pueblo de Dios ¿No sabían qué hacer con él? Porque había quebrantado el sábado así Dios les dijo que lo apedrearan.
Acto inmediato de este linchamiento les mandó que se hagan franjas en los bordes de su vestido con un cordón azul.
¿Ha visto que algunas personas hasta el día de hoy andan con esos en su vestimenta? Es un cordón azul. El número 15 39 y uno dice, ¡oh, qué bonito! La cultura israelita y todo puede ser atrayente pero el número 15 versículo 39 les leo y os servirá de franja para que cuando lo veáis os acordéis de todos los mandamientos del eterno para ponernos por obra y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos en pos de los cuales os prostituyáis para que os acordéis y hagáis todos mis mandamientos y seáis santos a vuestro Dios. Yo el eterno vuestro Dios que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Yo el eterno vuestro Dios. ¿Por qué le pidió entonces que se construyeran este cordón azul? Para acordarse de sus mandamientos. Ese fue el fin de esta vestimenta que usaban y todos los días. ¿Pueden acordarse? Vestían cada día un recordatorio para guardar los mandamientos de Dios.
¿Necesita usted vestir de manera especial para que su ropa le recuerde todos los días que debe guardar los mandamientos?
Esa es una pregunta al aire.
Dios está escribiendo su ley no en nuestra ropa, sino en nuestros corazones. Poco a poco. Eso está haciendo Dios hoy. Poco a poco.
Estas instrucciones y la misma ley como dice Ganatás 3, 24, 25 eran el allo. ¿Han escuchado la palabra allo?
¿Para llevarnos a dónde? ¿A Jesucristo? A Jesucristo. Romano 10, 4. El fin de la ley es Cristo. No para echarlo abajo. No para echar abajo la ley. Sino que ese allo, esa ley era para llevarnos a Jesucristo. Y ahora que está Jesucristo ahora vivimos bajo el nuevo pacto. Y esa ley se está escribiendo en nuestros corazones. No necesitamos vestirnos de una manera especial.
Hoy vivimos por fe, por el Espíritu Santo que demora a nosotros y que nos guía hacia toda verdad. Eso no estaba antes, como hoy Juan 16, 13. El poder de Dios nos guía. Eso que le faltó tanto al pueblo de Israel en el libro de jueces. Nos guía hacia la verdad. Cristo cumple con ese sacrificio perfecto para eterna redención no invalidando el sistema de amor. Es el sistema que debemos nosotros vivir.
Que es su santa justa y perfecta ley. La ley es una ley de amor. Como conclusión hay muchas similitudes de la época del libro de los jueces. No porque sean Israelitas o hayan sido como fueron. No vamos a sacar una buena lección aquí. Al contrario, por algo está este libro inspirado por Dios. Demuestra su misericordia el amor para su pueblo. Este ciclo que podríamos podríamos haber hablado todo el sermón de este ciclo a nivel individual. Pero ahí también es una reflexión como como un segundo estudio personal de este ciclo. Hay también diferencias con esa época a nosotros. Y la gran diferencia es que hoy día estamos siendo entrenados para ser reyes y sacerdotes en el futuro próximo e inmediato en el milenio. ¿Cuántos quisieron vivir esta época? ¿Tuviera ahí cerquita? Muy cerquita. Nunca había estado tan cerca. El tiempo avanza. Pero ahí está. Hebreos 3 Hebreos 3 Y versículo 12 Mirad hermanos que no haya ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo. Antes nos damos los unos a los otros cada día entre tanto que se dice hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo. Con tal que retengamos firme hasta el fin, nuestra confianza del principio. Esa confianza que tuvimos al entrar a la iglesia o la que tuvimos heredada de nuestros padres y estamos aquí por ellos y hemos continuado.
Para retener nuestra confianza que hemos adquirido en Cristo Jesús Señor Nuestro, hasta el fin de los días no podemos basarnos en lo que dice o hace una persona, un hermano un ministro.
Para retener esa confianza que hemos adquirido en Jesucristo no podemos basarnos en lo que dice o hace una persona, un hermano un ministro, sino en lo que dice o hace una persona un hermano un ministro, siempre y cuando esté alineado al camino de Dios.
Son buenos ejemplos.
Siempre y cuando estén alineados a su Santa Verdad, siempre y cuando guarden sus mandamientos. Como la semana pasada hablamos. Y que bonito el ministro como habla. Pero guarda sus mandamientos de Dios o no? Guarda los mandamientos de Dios.
Esa es la figura completa del amor. Así demostramos nuestro amor, guardando los mandamientos. Tan basados en el amor los mandamientos. Tal vez lleguen días tumultuosos con líderes de poco criterio. ¿Qué vamos a hacer? Nos vamos a ir a hasta Teth o a Baal porque ya no hay un líder.
Tal vez lleguen días en donde no hay líderes. ¿No vamos a corromper?
¿Qué tanto es nuestra convicción de estar al Iglesia? ¿Claudicaremos contaminándonos en Babilonia pensando que está todo bien? ¿O vamos a obedecer a medias? ¿Lea la historia de jueces?
Leámosla más a profundidad porque hay más allá algo más allá que la misma historia que hoy día estamos enfocándonos. La Escritura dice salir de ella a pueblo mío en Apocalipsis. Y para poder salir debemos tener en nosotros una convicción especial integral madura perfecta a la estatura de la plenitud de Cristo para discernir que estamos en un grupo de individuos que tiene esa finalidad.
Y aquí vienen todas las preguntas. ¿Por qué estamos aquí? ¿Por qué está usted aquí? ¿Qué es lo que hacemos el sábado? Y vamos llenando. No caigamos en el círculo vicioso de jueces. Va a ser muy doloroso. Y muy triste. Y no nos va a permitir avanzar.
Al contrario, cada vez era más oscuro.
Su caída, más profunda su caída. Lea en los últimos capítulos del libro de jueces.
Obedezcamos a Dios no a medias. Seamos disciplinados por convicciones propias y genuinas.
Tenemos una gran ventaja a diferencia de Israel. Ya que nosotros, los Israelitas espirituales, estamos siendo hoy entrenados ¿Para qué? No para llegar a canaán físico. Para llegar al milenio.
Para hacer reyes y sacerdotes. En un futuro muy próximo.
Más allá de los jueces, tenemos estas bellas lecciones. Avancemos. Maduremos. Interdependicémonos.
Estimándonos los ojos. Estimándonos los unos con los otros. Y confiemos en la cabeza. La preciosa piedra elegida del ángulo. Nuestra cabeza, nuestro Señor Jesucristo. Buenas tardes a todos.