Vuestra peregrinación

Se dice que la vida cristiana es un peregrinaje por los constantes cambios vividos y las dificultades que se deben enfrentar. No obstante, no es un viaje pesado, porque tenemos la compañía y soporte de Dios. Mensaje entregado el 3 de abril de 2021.

Transcripción

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¡Saludos a todos! ¡Qué gusto estar con ustedes por medio de esta grabación en este último día de Panes Sin Levadura! Sabemos que en estos últimos ocho días hemos podido celebrar la Pascua y ahora estos siete días de Panes Sin Levadura. Estamos repasando esta parte del plan de salvación de Dios y cada año hacemos este peregrinaje espiritual. Pasemos a 1 Pedro 1 en versículos 17 al 23. Nos dice, y si invocáis por Padre aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación. Esa es el título de este mensaje hoy día. Sabiendo que fuiste rescatados de vuestra vana manera de vivir la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los posteros tiempos por amor de vosotros.

Sabemos que en este primer día de Panes Sin Levadura que estuvimos celebrando, representa nuestra salida de esa, como dice aquí en Pedro, vana manera de vivir una vida de inconversos entre inconversos de falsas creencias y falsos valores.

Después de celebrar la Pascua, que representa nuestro compromiso que hicimos con Dios en el bautismo, es decir, es el compromiso con Dios y es el compromiso de Dios con nosotros. Por eso participamos de la Pascua. Notemos como esta Pascua que representa ese compromiso con Dios a través del bautismo es la forma que nosotros sellamos el compromiso. Pasemos a Colocenses capítulo 2, versículo 11 al 13, dice hablando de Jesucristo, en él también fuiste circuncidados con circuncisión, no hecha a mano. Al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal en la circuncisión de Cristo, sepultados con Él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con Él mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos, ya vosotros estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne os dio vida juntamente con Él, perdonando todos los pecados.

Aquí vemos entonces que la Pascua es un símbolo de nuestro bautismo ante Dios, la limpieza de nuestros pecados, el comienzo de una nueva vida, una vida distinta que es avana forma de vida entre inconversos que recibimos de nuestros padres si no estaban en la iglesia, como fue el caso mío, yo entré en la iglesia a los 17 años y mis padres me habían enseñado una forma falsa, ellos no sabían, habían sido engañados igual que yo, pero nosotros partimos en este peregrinaje espiritual una vez que salimos de esas aguas bautismales y recibiendo la imposición de manos para recibir el Espíritu Santo. Estos siete días de los Panes sin levadura, entonces se representan ese peregrinaje espiritual hacia el reino de Dios. Igual que en forma física, los israelitas salieron de Egipto y empezaron su peregrinaje hacia la tierra prometida. Para nosotros significa dejar una vida de pecado atrás y empezar con nuevos valores, nuevas metas y no tener algo que los días de Panes sin levadura no consisten en un día, son siete días de Panes sin levadura, porque representan toda esa trayectoria de nuestro peregrinaje espiritual a través de nuestra vida. Sabemos que en la Biblia el número 7 significa una obra completa, tal como los siete días de la primera semana de creación. Y así también estos siete días de los Panes sin levadura significan toda una vida que vamos a seguir completando este peregrinaje espiritual. En este peregrinaje no estamos solos, primero que nada estamos acompañados por Jesucristo y Dios Padre.

Ellos están en esta jornada también. Veamos en Juan capítulo 14, versículo 23. Juan capítulo 14, versículo 23. Noten que no es sólo Cristo que vive en nosotros, Dios Padre también vive en nosotros. Juan capítulo 14, versículo 23. Respondeo Jesús y le dijo, El que me ama, mi palabra guardará y mi Padre le amará y vendremos a Él y haremos morada con Él. Los dos van a estar a través del Espíritu Santo en nosotros. También no sólo tenemos a Dios Padre y Jesucristo acompañándonos, sino también nos entrega el Espíritu Santo para ayudarnos y fortalecernos en esa jornada. Notemos en Efecios capítulo 1, versículo 13. Dice aquí, En Él hablando de Jesucristo, también vosotros habiendo oído la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él fuiste sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es la arras, o sea, de la palabra arabón en el griego, que significa el primer depósito, las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida para la avanza de su gloria. Así que tenemos ese primer depósito del Espíritu Santo que nos ayuda en esta jornada.

¿Y qué sucede si caemos en pecado? Porque todavía no somos perfectos. Estamos en el camino verdadero. Estamos evitando pecado, igual que estos siete días de panes y levadura representan el evitar el pan leudado, pero nadie con esta naturaleza carnal puede evitar pecar de vez en cuando. Y esto es lo que dijo el apóstol Juan en 1 Juan 1, versículo 7 al 10.

Dice, pero si andamos en luz, como él hablando de Dios está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de su Cristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Mientras seamos seres humanos, mientras que tengamos naturaleza humana, esas inclinaciones y debilidades vamos a fallar de vez en cuando con nuestra lengua, a veces con nuestras acciones. Y dice versículo 9. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso y su palabra no está en nosotros. Hay personas que creen que ya han superado el pecado 100% y la Biblia dice que uno se está engañando, si cree eso. Nadie salvo Cristo, está exento del pecado. Noten en el capítulo 2, sigue, hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequeis. Y si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados. Es significa propiciación, el sacrificio, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. Entonces no son solo por las palabras de uno, sino por las acciones, por la forma que uno cumple con los mandamientos de Dios. Ahí le demostramos que lo conocemos en realidad. Uno va a luchar contra el pecado. Es algo muy serio y lo va a tomar así, no lo va a tomar a la ligera. Verso 4 dice el que dice yo le conozco y no guarda sus mandamientos. El tal es mentiroso y la verdad no está en él. Igual que anteriormente dijo que el que niega, que todavía es capaz de pecar, está equivocado. Aquí también. El que dice que ya no tiene que guardar las leyes de Dios, está mintiendo y la verdad no está en él. Verso 5, pero el que guarda su palabra, el que cumple en éste, verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él. El árbol se conoce por los frutos, por las acciones, por los resultados que uno da en su vida. Por eso es que se requiere la fe con obras. No es la fe sin obras. Esto lo vemos en estos días de panes sin levadura, que literalmente tuvimos que sacar la levadura de nuestros hogares, de nuestros automóviles. Esto es una acción física, no sólo hablar de que sería bonito sacarlo alguna vez. No, uno lo hace. También tenemos que evitar comer la levadura durante esos siete días, no sólo pensar o que sería una buena idea hacerlo, sino cumplirlo. El que no lo hace es como dice aquí, el que dice que lo conozco y no guarda su mandamiento, el tal es mentiroso y la verdad no está en él.

La persona no está capacitada para enseñar las verdades de Dios, porque no la está cumpliendo en su propia vida. Autra escritura al respecto se encuentra en Santiago, capítulo 1, Santiago, capítulo 1, versículo 21. Aquí lo dice muy claramente el apóstolo de Santiago. Dice, por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, de desechar esa levadura espiritual de nuestras vidas, recibí con mansedumbre la palabra implantada, la palabra de Dios, la cual puede salvar vuestras almas, pero ser hacedores de la palabra y no tan solamente oidores engañándose a vosotros mismos, es decir, ser cumplidores y no sólo habladores de la palabra. Para eso no cuesta mucho. Las personas que conocen muy bien la Biblia, que quieren enseñar a otros, pero primero, cumplámosla a nosotros, dice versículo 23. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, es de semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural, porque él se considera a sí mismo y se va y luego olvida cómo era. La persona se puede comparar. La persona ve que tiene polvo, tiene manchas, tiene la cara sucia, pero una vez que deja ver el espejo, entonces se olvida, que tiene uno que lavarse y limpiarse. Y aquí nos dice versículo 25.

Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, es una descripción de la palabra de Dios, es un espejo fiel, la de la libertad, porque no nos lleva a la esclavitud del pecado, sino todo lo contrario, y persevera en ella. No es una vez, sino es toda una vida durante este peregrinaje espiritual. Sigue perseverando, no siendo oidor o olvidadizo, sino hacedor de la obra. Este será bien aventurado en lo que hace. Así vemos que la palabra de Dios no es agradable, porque nos muestra nuestras fallas, lo que estamos haciendo mal. Es un espejo fiel y nos muestra lo que necesitamos mejorar en nuestras vidas.

Pero si nosotros decimos no nos queremos vernos mal, no queremos ver el pecado, así que voy a dejar de leer la Biblia, voy a dejar de acercarme a Dios. Esto no va a quitarle la suciedad en uno. Uno tiene que tener la humildad, como dice recibir mansamente la palabra implantada, aceptar, estar dispuesto a corregirse, admitir error, admitir cuando se ha equivocado, cuando ha pecado, venir sincera y humildemente ante Dios.

Esa es la actitud de estos días de panes sin levadura, que Dios quiere que cada año los repasemos, aprendamos estas lecciones, porque cada año igual se acumula levadura, igual se cometen errores y pecados, y tenemos nosotros que limpiarnos de ello. En la posta del Pablo también habló de lo mismo, en Romanos capítulo 2, versículo 13, dice porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Sí? Pablo también sabía que había que ser un cumplidor de la palabra de Dios y no solamente oidor de la palabra.

Y es tan importante, por eso en estos siete días de panes sin levadura, uno ha hecho el esfuerzo de no comer cosas leudadas, de acercarse más a Dios, de no ver cosas impuras, de alejarse de las cosas que lo hacen a uno caer y que uno los evite, que en vez incorpore las cosas limpias y puras y buenas en su mente y en su vida.

Nos dice en Filipenses capítulo 4, Filipenses capítulo 4, versículo 8, dice por lo demás sermanos y esto es lo que es el pan sin levadura, la actitud de sinceridad y verdad, una actitud pura, limpia, honesta, dice por lo demás hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre. Si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza en esto, pensar. Es la forma de filtrar nuestros pensamientos y actitudes ante Dios. Tiene que pasar por ese filtro y que se saque todo lo sucio, lo malo y que podamos pensar en cosas buenas, nobles, puras y también reflejar eso en la forma en que nosotros escogemos las actividades que hacemos.

Estamos escogiendo cosas buenas, sanas, puras, nobles, entonces nos vamos a limpiar de las cosas del mundo que contaminan, que contagian. Es muy importante enfocar en esas cosas buenas y puras y estos días Dios quiere recordarnos de esto, porque Él quiere llevarnos a Su reino, no quiere que nos descalifiquemos, porque eso puede suceder.

Tenemos que no tomar a la ligera lo que es el pecado y sus consecuencias nefastas. Veamos en Hebreos capítulo 12 que en este peregrinaje tenemos a Dios Padre, a Jesucristo que nos están animando, que nos están ayudando, tenemos el Espíritu Santo, tenemos la palabra de Dios, tenemos al compañerismo de otros que están en la lucha, que son soldados de Jesucristo, que están esforzándose con la misma meta de entrar en ese reino de Dios cuando Cristo vuelva.

Hebreos 12, versículo 1, nos dice, por tanto nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, está refiriéndose en Hebreos 11 a todos, hombres y mujeres, que lucharon la buena batalla de la fe, perseveraron, ellos son testimonios y testigos de que ellos lograron cruzar la meta. Nosotros también podemos hacerlo.

Dice, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia. Siempre hay debilidades en la carne que lo asedian a uno. Puede ser el genio, puede ser codicia, puede ser muchas cosas. Dice, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Es un peregrinaje, es una carrera espiritual que estamos corriendo. Dice, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puestos delante de Él sufrió la cruz, menopreciándolo propio y se sentó a la diestra del trono de Dios. Sí, Jesucristo es nuestro entrenador. Él está ahí para animarnos, para fortalecernos, para guiarnos en este camino de justicia.

Él nunca nos va a abandonar, pero nosotros sí podemos abandonarlo a Él. Eso es parte del mensaje aquí en Hebreos. Vamos a verlo más tarde en este mismo capítulo. Siguiendo dice, versículo 3, considerar a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Cosas que lo desaniman y desalientan a la persona.

Y nosotros no podemos desmayar por ello. Tenemos un gran camino por delante, una gran meta que cumplir.

Siguiendo aquí dice, versículo 4, porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado. Ya habéis ya olvidado la exhortación que como a hijo se os dirige diciendo, hijo mío, no menos precios, la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por el. Porque el Señor al que ama disciplina y azota todo el que recibe por hijo. A veces vienen cosas que son llamadas de atención, que Dios quiere rescatarnos, que no andamos por buen camino y quiere que volvamos al camino recto, a gusto. Dice siguiendo, si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos. Sí, aprendemos. No es la culpa de Dios, es la culpa nuestra cuando estamos en problemas, cuando pecamos. Porque qué hijo es aquel a quien el Padre no disciplina. Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos. Por otra parte tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los Espíritus y viviremos?

Y aquellos, ciertamente por pocos días, nos disciplinaban como a ellos les parecía. Pero este, hablando de Dios, para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad, para que podamos entrar en ese glorioso reino, vale la pena el esfuerzo, el sacrificio.

Dicen en verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Por lo cual levantar las manos caídas y las rodillas paralizadas. A veces el desánimo hace que uno desmaye, no quiera seguir adelante. Pero aquí dice, y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado, que mejore la vida de uno ante Dios.

Seguir la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios, quebrotando alguna raíz de amargura, os estorbe y por ella muchos sean contaminados. La persona puede amargarse por cosas que pasan en la vida y que deja de caminar en ese peregrinaje espiritual. Se van por el camino equivocado. Dice, no sea que haya algún fornicario o profano como esa U, que por una sola comida vendió su primo genitura. Porque ya sabéis que aún después deseando heredar la bendición fue desechado y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Y así nos puede pasar. Nosotros podemos descalificarnos.

No hay nada garantizado. Todo depende de las decisiones que tomamos cada día.

Y en estos días de panes sin levadura es tan importante que nosotros tomemos en cuenta lo que es el significado de estos días. Vayamos a Primera de Corintios capítulo 5, Primera de Corintios capítulo 5.

Ya saben aquí que habían pecados en la congregación y Pablo estaba advirtiéndoles. En particular, había uno en la congregación aquí en el primer versículo de Primera de Corintios 5. Dice, de cierto se oye que hay entre vosotros fornicación y tal fornicación cual ni aún se nombra entre los sentiles, tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Es decir, esto estaba pasando en el mismo hogar que estaba con su madrastra y estaban pecando y la congregación no quería hacer nada respecto. Dice versículo 2. Si vosotros estáis embanecidos, ellos estaban diciendo, bueno, la gracia de Dios salvará a este joven. Un día se dará cuenta y no se dieron cuenta del peligro de tolerar este tipo de pecado en la congregación. Y siguiendo aquí dice, no debieráis más bien haberos lamentado para que fuese quitado en medio de vosotros el que cometió tal acción. Entonces Pablo dice, tienen que tomar medidas. Y dice aquí que es con el fin de que la persona con la suspensión despierte. Se repiente, cambia su vida, deje de pecar de esa manera y se restaure a esa santidad que había anteriormente. Dice versículo 6. No es buena vuestra hactancia.

No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa, igual que esa levadura física se llena por toda la masa. También si el pecado de esta forma y de este grado se permite, sin hacer nada, otros van a empezar a pensar que ellos también pueden hacer lo mismo. Y se va la actitud a esparcir. Por eso dice versículo 7. Limpiaos pues de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura, como sois. Y aquí Pablo estaba enviando esta carta, sabiendo que se iba a leer durante estos días y que antes de la páscoa y panes sin levadura, que ellos iban a releerlo cuando estuvieran en medio de esto para recordarles que necesitaban ellos limpiar la congregación de tal pecado. Dice versículo 7. Limpiaos pues de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura, como sois. Porque nuestra páscoa, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, no con esos viejos hábitos de carnalidad y pecado, ni con la levadura de malicia y de maldad, permitiendo pecados así. Dice sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad, que nosotros tengamos conciencia limpias, sinceras y que sea algo verdadero, que no sea solamente un frente que uno pone en falso, pero que es muy distinto por dentro, que esto sea de verdad.

Esas son las actitudes que tenemos que estar aprendiendo durante estos días de panes sin levadura.

También otra cosa que tenemos, no solamente tenemos a Dios Padre y Jesucristo con nosotros, el Espíritu Santo para acompañar y fortalecernos, también tenemos lo que es la palabra de Dios, sino que también tenemos el compañerismo. Noten en Hebreos capítulo 10, para eso nos reunimos, para eso nos llamamos y nos animamos los unos a los otros. Nos dice aquí en Hebreos 10, versículo 23. Dice, mantengamos firme sin fluctuar la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Si nos mantenemos firmes sin fluctuar y consideremos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. Sí, pensar cómo podemos animarlos a otros, al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Entonces, eso es uno de los propósitos de tener ese compañerismo para animarnos los unos con los otros, que tenemos esta fe en común, tenemos el espíritu en común. La palabra de Dios y sus verdades en común no podemos ser pasivos, sino activos, participar en ese cuerpo de Cristo, ser una célula en ese cuerpo que hace su parte. Ya saben que cuando las células se juntan, forman lo que se llama el tejido. Ahí, entonces, se fortalecen los unos a los otros, igual que hay una célula del corazón que estaba latiendo y tan pronto como se junta con otra célula, aunque están latiendo en diferentes ritmos y frecuencias, una vez que se juntan, empiezan a latir en un ísono. Juntamente. ¿Por qué? Porque están coordinando. Igual, así es el tejido del cuerpo de Cristo, cada uno haciendo de su parte. Pensemos en ese gran sacrificio que Cristo hizo por nosotros.

La razón para dejar atrás el pecado. Noten en Romanos capítulo 5. Romanos capítulo 5.

En el versículo 6 nos dice, porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente apenas morirá alguno por un justo. Con todo pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Y eso es parte de lo que estamos haciendo. No queremos ser parte de esa ira, sino salvarnos de la ira de Dios, cumpliendo con Él como corresponde. Haciendo nuestra parte, Dios hará su parte en este largo peregrinaje que tenemos. Y ahora pasemos a Juan capítulo 1.

Este es un tema que he estado estudiando últimamente y quiero compartir lo que es este enorme sacrificio que Cristo hizo por nosotros y lo que significa los panes sin levadura. El apartarnos del pecado después de lo que Dios ha hecho por nosotros es muy poco lo que Dios pide de nosotros.

En Juan capítulo 1, versículo 1, dice, en el principio era el verbo y el verbo era con Dios y el verbo era Dios. Esta pocas palabras. Pero aquí está hablando en el principio de que antes cualquier otra cosa existiera existía el verbo. La palabra era el verbo aquí se traduce mejor como que siempre había existido. En el principio siempre había existido el verbo. Ese verbo es el que se convirtió en Jesucristo. Pero en ese entonces el verbo era con Dios. Otra vez la palabra era aquí significa en el griego que estaba siempre con Dios. Siempre ha existido con Dios y este Dios en el versículo 14, 18, nos dice que era Dios Padre. Así que aquí vemos que el verbo siempre ha existido con Dios Padre. Nunca fue creado por Él. No está hablando aquí de una pensamiento o una idea que salió de Dios Padre. No. Él existió. Por eso nos dice que en el principio era el verbo. El adjetivo aquí definitivo apunta a un ser, no a un pensamiento o a una idea.

Y el verbo era con Dios, que significa que tenía esa relación íntima con Dios que se ve aquí en el versículo 18, que dice al final que está en el seno del Padre, que significa una relación amorosa porque Dios es amor. Hay un amor de una interés que es altruista, es una expresión desinteresada hacia el otro. Así es como ellos se aman. Así que estaba el verbo en esa relación con Dios Padre y el verbo era Dios. Otra vez, esa persona era Dios, igual que Dios Padre era Dios.

Los dos comparten esa divinidad. Este era en el principio con Dios. Noten aquí que este está hablando de una persona, no de una cosa o una idea, sino este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho porque era el verbo que llevó a cabo las instrucciones de Dios Padre y fue a través del verbo que todas las cosas fueron hechas.

Entonces imagínense lo que es el sacrificio de que ese verbo vino, caminó en estas calles polvorientas de Israel, que se rebajó a ese nivel solo para poder ser un sacrificio, ese sacrificio de la Pascua, del Cordero de Dios. Se puede imaginar, hermanos, lo que acabamos de llevar a cabo, esa expresión de saber que el verbo era esa Pascua, ese Cordero sacrificado por todos nosotros y nuestros pecados, que Dios el verbo que existió antes de todas las cosas, que tiene todo el poder, igual que Dios Padre, que él se dignó reducirse, como dice ahí en el versículo 14, y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros. Sí, todo por amor a nosotros, a ese gran plan que está llevando a cabo. Entonces, hermanos, vamos a hacer nuestra parte, seremos fieles en este año que viene, este compromiso que otra vez renovamos ante Dios, pase solo de palabra o de hecho. Vamos a hacer oidores o cumplidores.

Dios quiere ver fruto en nosotros, fruto espiritual.

Entonces, no nos desanimemos en este largo peregrinaje espiritual hacia el reino de Dios.

Recuerden que tenemos a Dios morando en nosotros. Es Espíritu Santo para fortalecernos.

Tenemos la palabra de Dios para nutrirnos y tenemos el compañerismo para animarnos los unos con los otros.

Vamos a terminar en Romanos 8, versículo 31, Romanos 8, versículo 31 al 34, que es un resumen de lo que acabamos de hablar. Romanos 8, 31 nos dice, ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿Quién contra nosotros? Dios está de nuestro lado. ¿Quién puede contra Dios? Nadie.

El que no escatimó ni a su propio Hijo estaba dispuesto a sacrificarlo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos dará también con Él todas las cosas? La gran herencia. ¿Por qué ese verbo bajó? Porque quiere vernos, compartir esa maravillosa gloria que tiene Dios Padre y Jesucristo como sus hijos en su reino, poder compartir esos maravillosos poderes bajo ellos. Todo esto está dispuesto a hacerlo, darnos todas estas cosas. Dice, ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Sabemos que Satanás es el acusador de los hermanos, pero dice aquí como respuesta, Dios es el que justifica. Siempre que estamos bajo la gracia de Dios, siguiendo este camino fiel, haciendo nuestra parte, no abandonándolo, estamos bajo la gracia de Dios, pero podemos perder esa gracia si dejamos el camino de lado.

Siguiendo dice, ¿Quién es el que condenará? Satanás lo hace. Cristo es el que murió, más aún el que también resucitó, el que además está la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. Está activo ahí, ayudándonos. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ese verbo, como vimos, todo lo que ha hecho por nosotros. ¿Quién nos separará de ese compromiso con Cristo, con Dios Padre? Que nada nos haga tropezar, que nada nos haga desviarnos este camino de vida.

Estos siete días de panes y levadura es un recuerdo, hermanos, que el camino es arduoso, que es fácil caer en las trampas del diablo, pero que tenemos a Dios Padre, a Jesucristo, el Espíritu Santo ahí en nosotros guiándonos la palabra de Dios, el compañerismo, nuestra fe.

Así pues, que no sea en vano, que hayamos tomado la páscua, que nos hemos separado de la levadura durante estos siete días, que hemos evitado comer levadura, que todo esto sea un ejemplo del compromiso en este maravilloso peregrinaje espiritual. Yo siempre me he considerado igual que todos nosotros somos, que nos hemos ganado ese boleto de lotería del universo.

Todavía no lo podemos cobrar, porque es al final de nuestras vidas, pero tenemos ese boleto que vale más que cualquier cosa que ningún ser humano haya jamás tenido.

Y ese es el camino hacia ese reino de Dios, que podemos hacerlo entrar en ese reino un día.

Por eso, no se desanimen, hermanos. Yo espero que ya con este caso de los COVID, que vaya bajando, que pueda empezar a viajar de nuevo a sus áreas para servirles, para atenderles, como su servidor, y animarlos siempre. Así pues, hermanos, para finalizar, le digo entonces, feliz día de este último día de Panes sin Levadura.

De PosaCati y yo le enviamos mucho cariños a todos ustedes.

Subtítulos por la comunidad de Amara.org

Estudió en Ambassador College por cuatro años, titulándose en Teología y Español y comenzó su ministerio en 1976. Es un escritor de Las Buenas Noticias, enseña en Ambassador Bible College y actualmente forma parte del Consejo de Ancianos de la iglesia. Además es Pastor Coordinador de las áreas hispanas y viaja continuamente visitando las congregaciones. Vive actualmente junto a su esposa Caty Seiglie en Anaheim y pastorea la congregación de Orange County, California. Tiene cuatro hijas y ocho nietos.

Nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años de edad. Después de vivir siete años en Miami, Florida, su familia se trasladó a Murphy, Carolina del Norte.