Tranquilos, observemos y avancemos

Durante el éxodo, se siguió el procedimiento del título, y esa instrucción de Dios puede servirnos actualmente para crecer como Iglesia. Mensaje entregado el 12 de diciembre de 2020.

Transcripción

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Acompáñame, por favor, al libro de Éxodo, capítulo 14, para comenzar este segundo mensaje. Éxodo, capítulo 14, versículos 13 al 15. Van a ser el inicio y la base de todo el desarrollo de este mensaje. Éxodo, capítulo 14 y versículos 13 al 15, dice así. Y Moisés dijo al pueblo, no temáis, estás firmes y ves la salvación que el Eterno hará hoy con vosotros, porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. El Eterno peleará por vosotros y vosotros estaréis tranquilos. Entonces el Eterno dijo Moisés, ¿por qué clamas a mí? Dí a los hijos de Israel que marchen. Uno de los eventos más cruciales en toda la Biblia tiene que ver con los orígenes de la nación de Israel y justamente este momento en la historia, donde están, entre Faraón y el Mar.

Lo que vamos a ver hoy, sin mayor preámbulo, es que vamos a dar una pequeña mirada a este relato de Éxodo, muy breve, vamos a extraer unos puntos, los vamos a aplicar a la Iglesia primitiva y nos vamos a quedar con una llamada a la acción para todos nosotros como individuos y como Iglesia a avanzar. El título es, Tranquilos, Observemos y Avancemos. Tranquilos, ¿cómo? Observemos y avancemos. Una de las épocas donde vemos la mayor cantidad de señales de milagros en el cielo de Dios en la Biblia, es sin duda esta salida del pueblo de Israel de Egipto con las diez plagas y también con el cambio de semblante de lo que ocurre en el corazón de Faraón, que Dios endureció el corazón de Faraón un poco cambiante, un poco que de repente decía que la mayor parte del tiempo decía que no, después decía que bueno con condiciones, después dijo que sí, después que no, después de que sí, que no y después vuelve a remeter con el pueblo de Israel para acabar con todos ellos después de la última plaga cuando se le muere su primogénito. También vemos a los egipcios regalándoles joyas, a los esclavos y dejándolos partir, algo bastante inusual dentro de una historia de cualquier pueblo, de cualquier, ya sean los dueños o los que tenían el poder y también de los esclavos como lo que sucedió aquí, algo bastante milagroso.

Y entonces otro de los momentos específicos importantes, dentro de lo que podríamos llamar la finalización de la esclavitud del pueblo de Israel en la salida de Egipto, es justamente aquí, en este milagro, cuando Dios abre las aguas para que todo el pueblo de Israel caminara en seco. Estas aproximadamente dos, tres millones de personas que pudieron caminar en seco durante aquella noche por, entendemos, el último día de Pánez y Levadura. Y sí, se lee esto en Pánez y Levadura, se habla de estos temas en la fiesta de Pascua y Pánez y Levadura y vamos a hablar un poco de ello porque vamos a entender, o vamos a extraer una buena lección para este año, un año civil que termina y un año que debemos alentarnos mutuamente.

Cuando leemos los versos de 13 al 15 de Exodus 14, podríamos resumirlos en tres puntos, en tres instrucciones podríamos decirle de Dios, que hilan la escena. Punto número uno es, no temáis, estás firmes, es decir, tranquilos. Tranquilos. Punto número uno, punto número dos, dice, y ve la salvación que Dios hará hoy con vosotros, es decir, observen. Punto número uno, tranquilos. Punto número dos, observen. Y punto número tres, día los hijos de Israel que marchen, es decir, avancen. En tres, tranquilos, observen, avancen. Con estos tres puntos se puede uno recordar la escena de lo que sucedió aquella noche. Y fue un momento tan importante para Israel que sería un antes y un después, porque los llevaría a todos ellos, nada más y nada menos, que a la libertad. En este momento donde ellos comienzan a ser libres, donde ya cruzan el mar, caminos en la tierra prometida, e inicio de este proceso de estos 40 años en el desierto, que ellos no sabían lo que iba a pasar. Pero fue un proceso, algo que Dios también había profetizado al patriarca Abraham, cuatro siglos más atrás. Estos tres puntos, estas tres claves, que le estamos llamando más que claves o puntos como instrucciones de Dios, son las que recibió Israel antes de cruzar las aguas. En un momento tan sublime, tan lleno de emoción, tan apoteósico, tan milagroso, tan increíble. Y estos tres puntos son aquí, en esta cena con Israel, antes de cruzar el mar. Vamos a tomar estos tres puntos que acabamos de asentar, o estas tres instrucciones. Y las vamos a traer mucho más adelante, más de tres milenios, o por ahí tres milenios más adelante, con la época de la Iglesia Primitiva, ¿no? Tres milenios, perdón, mil quinientos años, pongámosle más adelante, con la época de la Iglesia Primitiva, la época de la Iglesia Primitiva. Y hay que ir recordando estos tres puntos, porque de eso vamos a tratar el resto del tema. Y vamos a partir con el número 1. Tranquilos. Tranquilos. Cristo, el Hijo del Dios viviente, como dijo Pedro cuando se lo reveló Dios el Padre. Cristo, el Hijo del Dios viviente, formó una iglesia, la Iglesia de Dios. Y no fue algo que se hizo de la noche a la mañana, no fue algo muy fácil. Fue algo bastante dedicado, fue un proceso amoroso, donde Cristo corrigió muchas veces y enseñó otras tantas a Su iglesia y a todos los que lo rodeaban, principalmente a estos 12 individuos que conformarían la Iglesia, 12 apóstoles. Pero si hablamos de uno de los momentos más oscuros y perturbadores desde este proceso inicial, creo que llegaríamos a la conclusión de que fue la muerte de Jesucristo y aquellos tres días y tres noches, donde los apóstoles, los discípulos, los familiares de Cristo estuvieron realmente en un momento agónico, en un momento oscuro, en un momento difícil. Antes de que esto sucediera, antes de que Cristo fuese sacrificado, Cristo les hizo un regalo. Sí, un regalo. O al menos fue su intento amoroso de que entendieran lo que Él les estaba dejando antes de marcharse. Paz. Lo leemos hace dos, tres semanas atrás en uno de los sermones, pero vale la pena volver a recordar este punto de la paz. Vamos a Juan 14. ¿Acuérense estamos en el punto número uno? Tranquilos. Tranquilos. Juan. Juan 14, uno. Vamos rápidamente, que a esto ya lo vimos, ya lo leímos. Juan 14, uno. No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios, creé también en mí. Juan 16, 33. Juan 16, 33. Estas cosas os he hablado para que me tengáis paz en el mundo. Tendréis aflicción, pero confíad, yo he vencido al mundo. Y en Juan 14, 27, un poquitito más atrás, sí retrocedemos. Está entonces la médula, tal vez, de estos capítulos entre el 14 y el 16, donde comenta en Juan 14, 27, Jesucristo, y les da semención de este regalo. La paz os doy. Perdón, la paz os dejo. Mi paz os doy. Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo.

Esto lo dijo Jesucristo antes de que fuera tomado por los soldados, y llevado él a este triste juicio nocturno ilegal. Entonces, esta frase, este regalo de Jesucristo lo podemos conectar con esta primera instrucción que vimos en Éxodo. Tranquilos, yo les doy paz. Si nos preguntamos un momento, ¿por qué Cristo fue tan enfático en este concepto de la paz, justo en este momento, tal vez? Porque se venían estos tiempos oscuros. La despedida.

Cristo aquí estaba comenzando a despedirse. Su maestro, su Señor, su amigo ya no estaría con ellos. Y los había llenado de esperanzas. Habían visto los milagros de Jesús. Habían visto su sabiduría, su paciencia. Habían tenido visiones, algunos de ellos.

Y Cristo les dice, ¿vosotros llorareis y lamentareis? Se venían tiempos difíciles. Y también les dijo, ¿también vosotros ahora tenéis tristeza? Cristo sabía que ellos estaban empezando a tener esta tristeza. Así como Él también menciona la Escritura que lo tuvo. Cristo en su despedida les da el mejor regalo. La verdadera paz. Igual recuerden que Cristo no los dejaría huérfanos. Vendría el Consolador, el Espíritu Santo, de verdad que los guiaría a toda la verdad. Juan 1613 habla de este elemento también esperanzador. Es que no está en triste. Yo les doy paz y recuerden, no van a estar solos.

No van a estar solos. Entonces, ese es el punto 1. La instrucción número 1. Tranquilos. Yo les doy paz. Tranquilos. Entonces, vamos conectando la escena de Éxodo. También aquí con la Iglesia Primitiva. Con lo que Cristo le deja a ellos. Y lo 2. Observen. Observen. Yo pelearé primero por ustedes. Observen. Cuando Cristo es apresado, algo curioso sucede, que lo podemos encasillar en esta segunda instrucción de Dios, la de observar. Juan 18, aquí mismo. Juan 18, versículos 10 al 11.

Juan 18, versículos 10 al 11. Aquí vienen entonces los soldados. Vienen Judas. Lo traicionan con un beso, etc. Y aquí entonces está Jesús, que les dice a quién buscáis. Yo soy. Se caen al suelo. Y viene el versículo 10. Y el sermón Pedro, que tenía una espada, la desembainó. He irido al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Yo me conjundía que era manco pensando que le iba a cortar la mano, pero no era malco.

Versículo 11. Jesús entonces dijo a Pedro, mete tu espada en la vaina. ¿Es que el Padre me ha dado no la he de beber? El verso 11 es muy claro lo que Cristo le expresa, no solamente a Pedro, sino que a todos los que estaban ahí. Le dice a Pedro y al resto que no es momento de que hagan algo, porque la copa que el Padre le ha dado a Jesucristo la tiene que tomar él. La lucha, la batalla, el clavado en la cruz del acta de los decretos que era contraria a nosotros, como nos dice Colocenses.

Esto es la muerte y no los diez mandamientos. Era algo que tenía que hacer Cristo, porque para eso vino a la Tierra, para salvarnos. Incluso le dice al mismo Pedro, después de que Pedro reconoció a Jesús, como el Hijo del Dios Viviente, y Pedro le dice que no es muy bueno, que quizá no sea bueno que vaya a morir y Cristo le dice, aléjate de mí, Satanás, no pones los ojos en las cosas de Dios.

Esto era muy importante realizarse. Y aquí, entonces, Cristo lo está diciendo, yo tengo que hacer algo. Esto es importante, es por ustedes, incluso. Cristo les dice entonces, en esta escena de la Espada, no hagan nada, observen. Es como el último round de este periodo de Cristo. Y Él está diciendo, no hagan nada, observen. Es interesante poner en contraste la respuesta al otro día, en la mañana de Cristo, frente a Pilato.

Cuando le dice, si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. En contraste con lo que Pedro quiso hacer. Él la andaba con una espada. Esto está en Juan 1836. El Reino de Cristo no es un reino humano, de escudos, de lanzas y de espadas.

Es un reino de paz. Y lo que estaba aquí en juego era nada más y nada menos que el cumplimiento del plan de salvación forjado antes de la fundación del mundo, por Dios el Padre y Dios el Hijo. Entonces no era un tema de espadas aquí, lo que se estaba llevando a cabo. Por eso la respuesta de Jesús, que su reino no era de este mundo. A continuación de lo que sucede aquí, son bastantes acontecimientos muy tristes, muy agónicos. ¿Qué es lo que sucede aquí con el relato de Jesús? Se lo llevan. Lo sigue Juan, lo sigue Pedro a la casa del sumo sacerdote. Y empezaron a ver ellos la terrible injusticia que se estaba forjando, que se estaba construyendo en contra de su maestro.

Es que conoce también a los pies de Juan, que era conocido al sumo sacerdote y hizo que Pedro pasara. Y ahí, que estaba en la puerta, lo reconoció a Pedro y Pedro empieza con esto de las negaciones. Miega ser parte del grupo de los discípulos de Cristo, tres veces antes de que cantara el gallo. Parece ser que Juan, el discípulo amado, siguió de cerca todo el proceso. Incluso cuando Cristo muere, ¿quienes estaban ahí? La madre de Jesús, su tía, hermana de María. Estaba también María de Cleófas y María Magdalena y también el discípulo amado.

Juan, esto está en Juan 19 del 25 al 26. Y Cristo muere, tres días y tres noches. ¿Qué habrán pensado a los discípulos durante estos días? ¿Qué habrán pensado? Quizás creían que pudieron haber hecho algo al respecto. Estamos hablando del punto de vista humano.

Sentimientos humanos, pesados, que todos hemos sentido una vez. Culpa, ansiedad, desesperanzas, desilusión. Era muchísima, mucha carga emocional para todos ellos. Probablemente ninguno de nosotros va a imaginarse nunca jamás la tristeza que ellos sintieron. Quizás se preguntaban qué harían, qué iban a hacer ahora. ¿Qué iban a hacer de ellos sin su maestro? ¿Qué sería de Israel? Y hay un relato que podíamos hablar sobre el ambiente que había en estos tres días y tres noches, que es el camino a Emmaus, donde están estos dos discípulos. Aquí el domingo por la tarde, y podemos encontrar en Lucas 24, del 13 al 32. Aquí vemos que se aparece Jesús y les empieza a hablar, ellos no lo reconocen, pero hay que un fragmento de que ellos le responden a Jesús. No se le daban cuenta que era Jesús. Y dicen, le crucificaron. Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel y ya pasaron tres días.

Estamos hablando del domingo y la tarde. Ya pasaron los tres días y las tres noches. Eso está en Lucas 24, del 20 al 21. ¿Qué respuesta le dio Cristo frente a esta triste semblante de ellos? Vamos a Lucas 24, le damos a nosotros.

Lucas 24, estamos hablando esto de observar en la Iglesia Primitiva, después de que Cristo muere y pasan estos tres días y tres noches en Lucas 24, 25. Lucas 24 y 25. Entonces, él les dijo, ¡oh, insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿Les llama la atención, Cristo? Tardos de corazón para creer, hablando de lo que es la fe, todo lo que los profetas han dicho. Este mismo llamado de atención se le dirige al resto del grupo, cuando estaban reunidos un poquitito más adelante y les extraigo el fragmento, cuando les dice, era necesario que esto pasara, estaba escrito. De esto hablaba la ley de Moisés, los profetas y los salmos. Eso estaba más adelante, en el versículo 44 al 46, hablando de que esto estaba escrito, tenía que suceder.

Sin embargo, hay que recalcar un tema, que cuando Cristo se aparece, que ellos estaban reunidos a puertas cerradas, por temor a los judíos, como dice Juan 20 de 19, Cristo cruza las paredes, o la puerta, o lo que haya sido, y lo primero que les dice, paz a vosotros. Shalom.

Esa era la frase que ellos necesitaban, porque tenían mentes muy confundidas, turbadas, con miedo, con ansiedad, con desesperación. No podían salir, no querían salir por miedo a todo lo que había afuera. Tal vez los iban a matar a todos ellos ahora, ya que mataron al jefe, ahora matarían a todos los otros, a su líder. Muchas cosas pudieron haber pasado por las mentes de ellos.

Lo que hace Cristo aquí es recordarles la instrucción número 1 que vimos, tranquilos, paz, la que le vimos en Juan 14 y 16.

Ya había actuado Cristo, que fue la instrucción número 2. Observen, yo voy a pelear, yo voy a cumplir esto, esta es mi copa que me dio el padre. Y ahora le vuelve a decir paz, vuelve a la número 1.

Cristo ya entonces cumplió con esta parte, ellos lo vieron, vieron su muerte, una muerte, una obediencia, hasta la muerte de Cruz había resucitado, ya estaban haciendo testigos de esto. Cristo había sido presentado a Dios el Padre y ellos fueron testigos de todas estas cosas. Observaron todos, como dice versículo 48 aquí de Lucas 24. ¿Y vosotros sois testigos de estas cosas?

Observen, observen lo que va a pasar, tranquilos, yo voy a pelear.

Y ahora comienza la tercera instrucción, que es la más fascinante de todo esto. Vienen las tercera instrucción, ¿se acuerdan? Tranquilos, observen y cuáles es la tercera. Avancen, ahora le toca a ustedes.

Recordemos la escena de Israel entre Farahón y el mar. Dios les dijo que estuvieran tranquilos, que confíen, que se queden quietos en paz, que Él iba a obrar, a pelear la batalla. Ve la salvación que está adelante, dice Éxodo. Y en este tercer punto es cuando tuvieron que ellos mover sus pies y avanzar.

Ya lo leímos en Éxodo 14-15. ¿Por qué clamas a mí? Dí a los hijos de Israel que marchen.

Marchen, la palabra hebrea de Nassá. Marchen, avance, muévanse. Ya estaban tranquilos, ya estaban observando a su alrededor. Ahora les toca a ustedes. ¿Qué hizo ahora, entonces, la Iglesia primitiva, a partir de este punto, de que ya se aparece Jesús, les vuelve a dar paz, ya observaron, estaban tranquilos? ¿Qué hizo la Iglesia a partir de este punto en adelante? ¡Avanso! Igualmente, avanzó.

Las instrucciones de Cristo fueron muy claras. Quédense en Jerusalén, porque recibirán poder de lo alto. Y con este poder de Dios, entonces, ellos pudieron, como Iglesia, comenzar la gran comisión. Hacer discípulos en todo el mundo y predicar que guarden las cosas que Cristo les había mandado guardar. Así termina Mateo, con la gran comisión. Vamos a Echos 2. Echos 2, versículos 42 al 43. Vamos a ver un barniz de la situación que había en la Iglesia durante el día de Pentecostés de ahí hacia adelante, que la Iglesia comenzó a avanzar. Versículos 42 al 43, de El Libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 2. Versículo 42 dice, y perseverar, perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones, y sobrevino temor a toda persona. Y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Estamos hablando ya de cómo la Iglesia avanzó con el poder del Espíritu Santo. Vemos a Pedro, vemos a Juan, hablando con denuedo, simples pescadores frente al Sanedrín, y el Sanedrín diciendo, ¿y estos quiénes son? ¿Son del bulgo o son del pueblo? Tenían la fuerza y el poder de Dios.

Hay muchos ejemplos de cómo la Iglesia, en esta época dirigida por los apóstoles, avanzó después de haber vivido estos dos procesos anteriores, de estar tranquilos, de recibir la paz de Dios, de haber observado todos los acontecimientos de la muerte y la Resolección de Cristo. Y ahora entonces la Iglesia comenzó a avanzar, a avanzar.

¿Y cómo lo aplicamos esto a nosotros?

Ya vimos el Éxodo, vimos la Iglesia primitiva, estos tres procesos de estar tranquilos, de recibir la paz de Dios, de observar a nuestro alrededor y de avanzar.

Enfoquémonos entonces esto de avanzar, porque esta es la parte que deberíamos considerar todos en gran manera, principalmente este año. Este año nadie puede decir que no ha tenido miedo, que no ha tenido confusión, que no ha tenido ansiedad o algún tipo de crisis en nuestras vidas.

Todos hemos sufrido algo de esto.

Este es un año de crisis surtida, económica, familiar, emocional, espiritual, pero hay una presión que está sobre todo el mundo, sobre cada uno de nosotros.

Los momentos de crisis no son tanto para crecer, no se crece en momentos de crisis, al contrario, son para volver a las bases, para resguardarse, para estar tranquilos, como la instrucción número 1, tal vez para observar cómo Dios se manifiesta.

Y en esta tranquilidad dentro de la instrucción 1, estar tranquilos, estar en paz, se encuentra muchas veces por medio del estudio de la Biblia, por medio de la meditación, de la oración, del ayuno, por medio de preguntarle más al ministerio, de acercarse a la Iglesia, así se consigue tranquilidad, así se consigue paz, en cuidarnos los unos con los otros, sentirnos como un grupo especial, una familia, unidos por la fe en Cristo Jesús.

No es tiempo de estar luchando con el mundo, no es tiempo de estar contrarrestando las ideas del mundo, no es tiempo de estar insultando la gente en los medios sociales, no es tiempo de estar sacando la espada, intentando herir a quien creemos que tiene que ser herido.

¿Cómo lo que hizo Pedro? ¿Cristó le dijo? Tranquilo, observa.

Hay que observar el mundo y comprender que los grandes engranajes divinos están moviendo todo este escenario profético. Es lo que hemos venido hablando ya hace varias semanas.

Es un año que debimos haber buscado esa tranquilidad, debimos haber buscado estar en paz con estas herramientas, de haber observado lo que pasa a nuestro alrededor.

Así podemos leer a continuación la tercera instrucción. Dí a los hijos de Israel que marchen.

Dios quiere que marchemos.

No podemos estar congelados todo el año.

Estamos terminando el año civil, romano.

Y ¿saben qué? celebramos las siete Fiestas Santas de Dios en pandemia. ¿Se la había imaginado alguna vez?

Yo no.

Quizás nos imaginábamos paz, asco, parecía elevadura, pero todo el año, todas las fiestas de Dios en casa, ahí puso Dios su nombre. Creo que nadie ha considerado esto seriamente lo que hemos venido haciendo y no nos damos cuenta. Ninguno de nosotros creo que se lo había imaginado. Un año encerrados, confinados, con nuestros niños y jóvenes estudiando por internet, los que pueden, con los adultos trabajando por internet, los que han podido, algunos han tenido que salir con todo tipo de resguardos, con la iglesia recibiendo el alimento espiritual por internet. Nosotros estamos aquí en la Ciudad de México, somos dos personas que estamos en este lugar, dos a tres personas, no sube más de eso. Y prácticamente hemos estado todo el año. Es un año bien peculiar. Y que hemos estado tranquilos o hemos estado buscando esa tranquilidad. Hemos estado observando. Pero ahora, mis hermanos, lo más probable es que nos toque avanzar. Y ahora, mi hermano, lo más probable es que nos toque avanzar. Como individuos llenos de fe y como una iglesia llena de fe, sabiendo que estamos en las manos del creador del universo, esto de avanzar debemos considerarlo seriamente. No sabemos cómo viene el próximo. Tal vez viene con más sorpresas. Sólo Dios lo sabe. Lo que sí les puedo decir es que este año sólo ha sido un calentamiento, un simulacro, una muestra de la vida que nos ha hecho. Un calentamiento, un simulacro, una muestra de que tenemos que ahora avanzar y aprender a avanzar y hasta correr más rápido que los caballos. Vamos a Jeremías, capítulo 12, un versículo maravilloso que Dios le dice al profe de las Jeremías.

Y aquí, entonces, también nos puede tomar esta lección para nosotros. Jeremías 12.5. Un hombre valeroso, un profeta valiente, un varón de Dios, que tenía un trabajo muy difícil, en un mundo muy lejano a Dios. Jeremías, capítulo 12, versículo 5. Sí corriste con los de a pie y te cansaron. ¿Cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordano? ¿Se fijan cómo Dios va preparando nos, como individuos, como familia, como iglesia? Dios no lanza todo de una vez, como se hablaba en el primer mensaje, un Dios de orden. Y estamos viendo este orden que se está llevando a cabo. Hay momentos en la vida que tenemos que estar quietos, observando, aguantando, tolerando, pero tarde o temprano, tenemos que actuar, tenemos que movernos, tenemos que avanzar. ¿Qué piensa usted? ¿Es momento de avanzar? Yo espero que todos estemos animados a esto. La iglesia avanza cuando todos avanzamos. Por lo tanto, esto es individual y también es colectivo. No me cabe la menor duda que Dios quiere que su iglesia avance. Vamos a concluir.

Parece ser que nos encontramos en un momento de la historia donde todo el mundo de la iglesia se ha mantenido en un período de detención de, tal vez, congelamiento en este año, en muchos sentidos, de crisis, como lo dijimos al principio. Y también no hay dudas que hemos sido testigos este año de cosas que jamás habíamos pensado que ocurrirían tan rápido.

El mundo no volverá al 2019. Y ninguno de nosotros lo va a hacer. Ese mundo ya quedó en el pasado. Hay que mirar hacia adelante con los próximos desafíos que se vienen. Sólo Dios sabe lo que viene. Y tenemos que estar preparados para seguir avanzando, o para avanzar de aquí en adelante, para caer en la cuenta de que ese es el concepto que debemos tener en nuestros espíritus. Los versículos que leímos en la introducción del mensaje nos pueden servir para consolar y fortalecer nuestros espíritus abatidos, porque somos seres humanos. Y hemos pasado un montón de altos y bajos emocionales. Recordemos que Israel se encontraba entre el mar y el ejército más temible de la Tierra, Farahón y su ejército. Permítame ahora, para ir finalizando, leerles los versos 13 al 15 de éxodo 14 en la traducción lenguaje actual para finalizar. Dice de la siguiente manera. Tranquilos, no tengan miedo. Ustedes no se preocupen, que van a ver cómo nuestro Dios los va a salvar. A esos egipcios que hoy ven, no volverán a verlos nunca más, porque Dios peleará por ustedes. Pero Dios le dijo a Moisés, ¿Y tú? ¿Por qué me pides ayuda? Mejor ordena a los Israelitas seguir adelante. Querida novia de Cristo, estemos tranquilos. No tengamos miedo. Dios nos salvará porque Él pelea nuestras batallas. Saludemos con fe a lo lejos nuestra salvación, la que se ha acercado aún más. Y ahora, todos juntos avancemos. Buenas tardes a todos.

Pastor para la República Mexicana. Junto a su esposa y sus tres hijos, viven en la Ciudad de México. Sirve de tiempo completo a las congregaciones del país, y produce y administra contenido para los medios digitales de la iglesia.