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¿Oísteis qué fue dicho? ¿Han escuchado esta frase alguna vez en las escrituras? Esta es una frase que las encontramos en los evangelios, en el famoso Sermón del Monte. Aquí Jesucristo expone varias enseñanzas farisaicas y las corrige y le da el verdadero significado según el carácter perfecto de Dios. Hay alguna corrección en el Sermón del Monte cuando Jesucristo las presenta. Al contrario de lo que uno pudiera pensar, no todas estas frases del oísteis que fue dicho están basadas en la Biblia misma, no todas ellas. Por ejemplo, cuando uno lee que Jesucristo cita y dice oísteis que fue dicho, amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo, en este caso no encontramos ninguna conexión con alguna ley en el Pentateu con que nos hable de aborrecer al enemigo. Esto fue algo que se interpretó por los fariseos después, algo agredado. Lo agregaron o lo interpretaron de esta manera. Y era algo normal en Israel de aborrecer al enemigo, eso era algo normal. Era la moral que así se manejaba a los enemigos. ¿Qué es lo que Jesucristo enseña en este punto? ¿Qué es lo que Él presenta y luego al final cómo lo empieza a corregir? Para ello vamos a ver tres ilustraciones el día de hoy. Y vamos a comprender el mensaje de Jesucristo, que es un mensaje que tiene principios de paz. Principios de paz. De hecho, ese es el título del mensaje de hoy. Principios de paz.
Y vamos a las escrituras. Vamos a Mateo capítulo 5 y versículos 44 al 47. Vamos a estar bastante escrituras de Mateo. Vamos a estar leyendo el capítulo 5, donde está este sermón del monte. Bueno, está 5, 6 y 7, pero vamos a enfocarnos en el 5.
En Mateo capítulo 5, vamos a salir del versículo 44 al 47, donde va cerrando la idea y concluyendo este principio. Noten lo que dice. Pero yo os digo, amada a vuestros enemigos, bendecida a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen. Para que seáis hijos de vuestro padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre hermanos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, que recompensa tendréis, no hacen también los mismos publicanos. Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Esto es algo que hemos leído muchas veces y esto es bastante explícito, es bastante claro. No hay ninguna complicación para entenderlo. Y nos ayuda a entender y a comparar que la naturaleza de Dios que es justa, que es perfecta, es muy diferente a la nuestra. Dios hace salir al sol, hace llover sobre justos e injustos, sobre los buenos y sobre los malos. De hecho Dios hizo que la luz viniera, si la ponemos en mayúscula, no para condenar, sino para que el mundo sea salvo por medio de esta luz. Dice la Escritura, pero los hombres eligieron las tinieblas, amaron las tinieblas y aborrecieron la luz. ¿Cómo nos habla Juan 3, 16 al 21? Juan 3, 16 es una escritura bastante conocida y de ahí en adelante desarrolla esto de la luz. Hay un contraste entre las dos naturalezas, la divina y la humana. La naturaleza humana no se sujeta a las leyes de Dios, ni tampoco pueden, como nos menciona Romanos, capítulo 8, versículo 7. Es algo que está en contraposición. Amar a los enemigos es una instrucción diametralmente opuesta a la naturaleza humana que somos. 2000 años atrás, esta era la conducta normal y aceptada entre los mismos religiosos, como lo mencionamos. Oísteis que fue dicho, amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Eso quiere decir que la instrucción estaba ahí presente, pero se dice, oísteis que fue dicho. Eso, así como ellos actuaban.
Y lo sigue siendo hoy también en diferentes ámbitos, porque la naturaleza humana no tiene edad, no tiene país, no tiene raza, no tiene cultura. Todos la traemos consigo cuando nacemos. Es intrínseca desde que somos niños la tenemos presente.
Entonces, esta instrucción explícita de amar a los enemigos, que leímos del 43 al 48, es un cierre a lo que se está desarrollando en el tema, que está inserto en el sermón del monte, en el sermón del monte, en los evangelios. Y esto es importante considerar el contexto en el cual estamos viendo este punto.
Un poco antes de lo que acabamos de leer del 43 al 48, un poco antes del 38 al 42, hay tres ilustraciones, que yo sé que muchos hemos leído o hemos escuchado o hemos intentado interpretar. Aquí el Maestro, nuestro Señor, enseña principios para amar a los enemigos por medio de tres ilustraciones.
Hay un versículo que le vamos a llamar un versículo pivote, es decir, vamos a ir en torno a un versículo y recordándolo a medida que vayamos a ver estas ilustraciones. Y el círculo pivote es el versículo 48 de sus escrituras que dice, «Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto». Asegúrate la instrucción, apunta este principio que vamos a desarrollar por medio de estas tres ilustraciones. Y perfecto es espiritualmente maduro. No es algo inalcanzable, sino que es un norte, es una manera de ponernos una meta, de ser espiritualmente maduro. Sobre ese versículo pivote, sobre esa base, vamos a abordar estas tres ilustraciones.
Vamos a contemplar y recordar que también hay un contexto más amplio de estas ilustraciones, que son el sermón del monte, donde recordemos unos dos o tres servicios atrás o mensajes. Hablamos de Mateo 517. No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas. No he venido a abrogar, sino que a cumplir hasta el tope, dice Jesús, respecto a la ley. Entonces el sermón del monte está buscando, justamente, ampliar o mostrar la dimensión espiritual de la ley, que hasta ese punto no se entendía o no era tan clara como lo hace nuestro Señor Jesucristo en este sermón del monte. Leamos entonces estas tres ilustraciones de una vez para saber en dónde nos encontramos. Versículos 38 al 42. Oísteis que fue dicho. Fíjense cómo comienza. Igual. Una de las tantas. Ojo por ojo y diente por diente. 39. Pero, yo os digo, no resistáis al que es malo. Antes, a cualquiera que te diera la mejilla de derecha, vuélvele también la otra. Esa es la primera ilustración. La segunda. Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. Esa es la segunda ilustración. La tercera ilustración que estamos leyendo en Mateo 5, ahora versículo 41. Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Versículo 42 y final. Al que te pida dale. Y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo reúces.
Las tres ilustraciones son la mejilla, la túnica o la túnica y la capa. Y la tercera es la milla extra. Esas son las tres ilustraciones que yo sé que son muy conocidas por todos que hemos leído y escuchado en varias partes. ¿Cómo prefacio? Debemos hablar brevemente esto del ojo por ojo y diente por diente, antes de entrar al detalle de cada una de las ilustraciones. El ojo por ojo y diente por diente es un fragmento de una ley que se encuentra en el Pentateu, con el antiguo testamento. Es conocida como la ley de Talión. He escuchado usted hablar de la ley de Talión. En ese mundo, en esa época, 3.500 años atrás, el mundo vivía con el tema de la venganza muy a flor de piel. La venganza era algo muy normal, vengarse. Dios guió a su pueblo para que regularizara las faltas que habían entre las personas con este principio de compensación, que es la ley de Talión. Era un principio que compensaba la falta sin desmedirse de aquella. Cumplía y llenaba esa falta de la persona que había sufrido esa falta, sin excederse. Quien era afectado acudía a los sacerdotes, había un tema civil entre Israel, para que se solicitara el valor de lo perdido.
Si había un accidente, por ejemplo, y se perdía un ojo, el culpable debía sacarse el ojo y pasárselo al otro? No, porque no es literal, sino que debía compensar lo que valía ese ojo, un poco como funcionan las leyes civiles. El código de trabajo también hoy en día, es muy similar. De aquí viene. Pero no es literal, no es algo que se tome literal el ojo por ojo y diente por diente, sino que el valor del ojo, el valor del diente, el valor de una muerte también. Se tenía que pagar el valor de una embarazada, el valor de una mujer, el valor de un buéi. Todos esos elementos que pudieran perderse por algún accidente, debían ser reconstituidos, debían ser restituidos por quien había cometido la falta. Y funcionaba bastante bien. Y era una ley con una moral muy alta.
Porque qué hacía esta ley? Controlaba la venganza que nosotros tenemos, porque somos seres humanos con una terolesa humana. Regulaba esta naturalez humana que como que quería salirse. Entonces había una manera de regularizarla. No obstante, se corrompió la historia. Y al final los sacerdotes y todo el sistema religioso, para la época de Jesucristo, era bastante corrupto como lo hemos estudiado muchas veces. Todo el sistema religioso estaba bastante corrupto alrededor del templo en Jerusalén. Para ilustrar con algo que nos es muy familiar, han visto ustedes los niños jugar. Yo tengo tres niños. Y yo sé que todos fuimos niños. Y todos, cuando éramos muy pequeñitos, y venía otro amiguito y nos golpeaba al hombro, porque quería o porque queríamos al estar, qué es lo que uno hacía inmediatamente. Y le golpeaba de vuelta. Pero más fuerte. Y el otro decía, ¿por qué me pega tan fuerte? Y le pegaba de vuelta. Tres veces o cuatro veces más fuerte. Entonces así empezaba el ping-pong de golpes. Y eso es lo que sucede. Con los hermanos, con los primos, con los amigos, con los vecinos. Y eso un poco demuestra lo que es nuestra naturaleza humana. Como decía por ahí un buen ministro, que con los niños se puede ver la naturaleza humana pura. ¿Cómo es? Tal cual como es. Los adultos como que algunas veces luchamos y la disfrazamos un poco. Pero los niños no, los niños la demuestran bastante claramente. Entonces, en este incipiente deseo de vengarnos, que traemos de niños, vemos este ejemplo. Y podemos así comprender por qué era tan necesaria esta ley. Porque compensaba de manera justa y medida el daño ocasionado por un accidente entre las personas. Jesucristo inicia el fragmento que estamos estudiando haciendo mención a esta ley. Ojo por ojo, diente por diente. Oísteis que fue dicho. Ojo por ojo, diente por diente. Pero viene un pero. Ahí es que lo dice.
Pero no resistáis al que es malo. Yo digo no resistáis al que es malo. ¿Qué significa no resistir al malo? No olvidemos que estamos en el contexto del sermón, del monte. No podemos interpretarlo como uno lo imagina. Tenemos que estar viendo a nivel macro, donde estamos posicionados en esta enseñanza. Cada principio expuesto se alimenta del objetivo principal, que es amplificar la ley de Dios a nivel espiritual. Eso es el sermón del monte. Y aquí estamos hablando de este primer principio de este fragmento. Amplificar la ley a nivel espiritual, como lo mencionamos en Mateo 517. Además de que estamos insertos en este sermón del monte, en esta sección, Jesucristo nos está enseñando a amar al enemigo. Eso es lo que nos está enseñando aquí, Jesús, por medio de estas ilustraciones. Es decir, ser espiritualmente maduros o perfectos, si se quiere, como dice el versículo 48, que es nuestro verso, Pivote.
No resistir al malo, no resistir al injusto. Significa no ir al choque, no ir a contender, no ir en contra de él, a pesar de que sea malo, a pesar de que sea injusto, sino al contrario, que este individuo vea que nosotros reaccionamos de manera diferente a la naturaleza humana, y es la tendencia a actuar. Tiene que haber un cambio entre lo que el malo nos imprime o nos hace en la reacción que nosotros le demostramos. Eso es lo que estamos aquí conversando. Sin embargo, esto no significa permitir que abusen de la persona, porque hay gente que dice, mira, hay que ser bueno y que te golpeen y que te hagan esto y hay que seguir siendo bueno y, al final, se transforma en un abuso de las personas malvadas. Y eso no es lo que Jesús nos está diciendo. No hay que permitir que sean abusivos con uno. Y digo esto, ¿por qué? Porque ahora sí, la primera ilustración tiene que ver con algo que puede confundirse. Y la primera ilustración es la otra mejilla. ¿Qué significa la otra mejilla? Pensemos un poco qué es lo que hemos escuchado, qué es lo que creemos, qué significa. Mateo 539, pero yo os digo, no resistáis al que es malo, que lo acabamos de leer. Dice, antes, a cualquiera que te diera la mejilla derecha, vúélvele también la otra. Entonces uno lee esto, lo saca de contexto y considera que tiene que ver con que tienen que abusar de uno. Podría ser una interpretación. Veamos un poco de cultura, que nos va a ayudar a entender esto. Ya vimos algo del contexto y estamos en la primera ilustración. Vamos a ver algunos detalles interesantes que pasan desapercebido. Primero que cualquier cosa, esto no es literal. Esto es una especie de parábola, de metáfora, de ilustración, algo visual para explicar un principio. Algo con el cual la gente estaba relacionada y se sentía familiarizada para poder comprender el mensaje. En un caso hipotético, noten bien lo que voy a hacer aquí. Si estuviéramos enfrentados yo con alguno de ustedes, ¿cómo yo podría golpearle su mejilla derecha? Porque dice que es la mejilla derecha. ¿Se fijan bien? Cualquiera que te hiera la mejilla derecha. Y eso es un detalle importante. Porque si fuera la mejilla derecha, ¿cómo podría darles, propinarle un golpe a la persona que está en frente de mío? La única manera, bueno, hay tres maneras. La primera es, con mi izquierda, golpear en la derecha. ¿Correcto? Si ustedes están sentados ahí y se tocan su mejilla derecha, que es esta de acá, yo tendría que golpear con mi izquierda para remeter al lado derecho. Ahora, respecto a la mano izquierda, vamos a ver qué posibilidad hay de que se use la mano izquierda. Es poco probable que se utilizara la mano izquierda para esto. Porque el uso de la mano izquierda era muy mal visto por la sociedad de Judea. No tenemos nada en contra de los surdos hoy en día, porque la cultura es muy diferente. Pero en aquellos años no, en aquellos tiempos no. Porque la izquierda era la mano menos honorable, considerada por la cultura. Y es más, toda la gente, cuando comía, lo hacía con la mano derecha.
Pero no estaban las mismas comodidades como hoy, cuando uno va al baño. Y aunque sea un poco grotesco, con la mano derecha se comía, y con la mano izquierda se iba al baño. Y no había papel higiénico. Por lo tanto, la mano izquierda se utilizaba para cosas muy poco honorables. Por lo tanto, no se utilizaba y no era hábil, incluso, para una especie de rencilla que hubiera o algún pleito. Entonces, con la mano izquierda no se podía usarlo. Otra opción es que, para yo golpear de este lado, de la mejilla derecha, la persona tendría que usar mi mano derecha, pero tratar de hacer como un golpe medio, como en ese. Tratar de golpear así. Una cosa media extraña, una trayectoria media extraña. Entonces, es poco práctico y poco probable que haya sido así. Y queda una tercera opción. Y que es la que se asienta como la acertada, con la mano derecha, pero con el dorso de la mano. Con el dorso de la mano. Entonces, ahí viene el golpe con mi mano derecha, sobre la mejilla derecha de la persona. ¿Qué significaba una bofetada con el dorso de la mano, en la mejilla derecha de la persona? ¿Qué significaba? Estamos viendo el principio. Un insulto, un tremendo insulto. Y hoy día también significa algo como esto. Golpear así es un insulto en algunas culturas un poco más arraigado que en otras. Pero en aquellos años era un insulto bastante grande. La aplicación de este principio de la mejilla, de poner la otra mejilla, y vamos a dividir los principios en lo siguiente. Una aplicación física, según la escena, pero figurada, estaría diciendo que si la persona recibe una bofetada, no debe buscar desquitarse o a remeter en contra, sino que debe poner la otra mejilla. Acuérdense que la ley de Talión buscaba la compensación. Viste que fue dicho ojo por ojo, diente por diente. Más yo digo, si te golpea la mejilla derecha, pon la otra. Y eso no es compensar. Es recibir un insulto también de forma figurada. Y ahora sí, la aplicación espiritual de este principio. Uno dice, bueno, ¿qué significa esto? Que lo golpeen, que no lo golpeen, autodefensa. Ahora tengo que dejar que me abusen de uno. La aplicación espiritual es la siguiente. Si en alguna circunstancia tenemos que tolerar un insulto, un insulto doloroso, y sabemos que si aguantamos un poco más ese insulto, vamos a encontrar paz y vamos a evitar un conflicto, entonces hay que hacer el esfuerzo. Ese es el principio que hay en esta de la mejilla. No tiene nada que ver con un golpe, no tiene nada que ver con que se deje engolpear. Nos dejemos golpear. Sino que es esta metáfora y se explica como un principio bíblico. Así vamos a ser espiritualmente maduros, perfectos como nuestro Dios lo es. Recuerden en versículo 48 nuestro versículo pibote. De eso nos está hablando. Entonces está bofetada, figurada o insulto, si se aguanta o si se mantiene la persona, incluso ahí, tolerando un insulto en función de la paz, en función de evitar un conflicto, hay que considerarlo para ser perfectos, para ser espiritualmente maduros. Y quizás pueden quedar algunas dudas, pero Jesucristo muestra tres ilustraciones respecto a este punto. Este es el primero. Mejía derecha, ponle la otra, insulto. Vamos a la segunda ilustración.
Bueno, el tema aquí es aminorar y disolver los conflictos de estas tres ilustraciones. Tenemos que dejarlo muy en claro.
Y tenemos que hacerlo poniéndonos nosotros con una estrategia diferente a la naturaleza humana que somos. De eso se trata todo esto. De hecho, me acordaba que Platón decía hacer el bien a los amigos, hacer el mal a los enemigos. Esa es la naturaleza humana. Estamos buscando hacer algo diferente, como con este principio. Estamos entendiendo este principio.
Vamos a un versículo antes de ir a la segunda ilustración. Esto está en Proverbios 25. Vamos a dejar un dedo aquí en Mateo.
Y vamos ahora a ir a Proverbios 25. Proverbios 25.
Recuerden que estamos en el contexto del sermón del monte. Proverbios 25. Versículos 21 al 22. Dice, si el que te aborrece tuviera hambre, que se muera de hambre, la escritura dice, que se muera de hambre, que se muera de hambre, que se muera de hambre, la escritura dice, dale de comer pan. Y si tuvieras, quítale el agua, no, dice, dale de beber agua. Y esta es la frase que a mí me gusta. Dice, porque ascuas a montonarás sobre su cabeza, y el eterno te lo pagará. Ahí vemos algo muy importante para considerar estos principios.
De hecho, Pablo le dice a los romanos que a nadie pagaran con mal.
Dice, si es posible en cuanto a vosotros dependa, está en paz con todos los hombres. Eso está en romanos 12, versículos 17 y 18. Esto de estar en paz. Estamos leyendo principios de paz. Y lo vemos a lo largo y ancho de las escrituras.
Entonces, vamos a repetir igual la aplicación espiritual de la mejilla. Si en alguna circunstancia tenemos que tolerar un insulto que duela, algo que puede ser muy ofensivo, y sabemos que la circunstancia, en la circunstancia que estamos, que si sabemos si aguantamos un poco, si toleramos un poco, va a traer paz, y vamos a evitar un conflicto, un pleito, entonces hay que considerar esa opción.
Y así vamos a ser espiritualmente maduros.
Entonces, bueno, este principio es como el...
es como uno de los más complejos. Los otros dos ya se van entendiendo un poco mejor. Y ahora sí, vamos al segundo. La túnica y la capa. La túnica y la capa. ¿Qué es esto de la túnica y la capa? Mateo 540. Vamos a Mateo 540. Y el que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa. De nuevo, tenemos que contextualizar en la cultura de dos mil años atrás, ¿qué significa esto?
En la época de Jesucristo, siempre hemos visto películas que andaban con unas mantas o como abrigos que los cubrían a todas las personas, a los apóstoles, a los discípulos.
Y entonces aquí hay dos prendas, la túnica y la capa.
La túnica se podría considerar como la ropa interior de antaño. Era muy ajustada a la piel, ayudaba a mantener el calor corporal. Entonces esa es la túnica. La capa era el elemento de ropa exterior, para el frío, para la lluvia, para el viento, para salir y estar en la calle. Entonces ahí tenemos los dos elementos. Era como una especie de abrigo con el cual se salía.
Noten que en esta ilustración de la túnica y de la capa, la persona que viene a pedirle la túnica, es decir, la ropa interior, viene con una intención de ponerse en pleito. Noten lo que dice aquí. Y al que quiera ponerte a pleito, si es un detalle que de repente algunas veces no lo vemos, el que viene a pleito y quitarte la túnica, es decir, la ropa interior, déjale también la capa.
La ropa exterior. Ahora, esto no es literal. No quiere decir que si usted anda vestido en la calle y alguien le quiere pedir los tenis o las zapatillas, le entreje toda la ropa y se queda en uno. No es literal. Pero hay un principio que hay que entender. Esta ilustración utiliza el recurso de la exageración para que se entienda muy claramente el principio. Esto es propio de la cultura hebrea y nosotros también alguna vez la utilizamos.
¿Estoy muerto de hambre? No estoy muerto, pero sí tengo muchísima hambre. Un rápido ejemplo de nuestra exageración al hablarnos, al comunicarnos. Este principio de la túnica y de la capa tiene hasta un poco de humor. No tiene. La aplicación física y figurada, que podríamos entender de la escena, es que si alguien viene con esa actitud de pleito a pedirle su ropa interior, entonces dele toda su ropa y quede desnudo. Sería como la aplicación física y la aplicación figurada de lo que estamos viendo aquí. Con tal de que no lo molesten o que haya paz.
Estar desnudo hoy es vergonzoso. 2000 años atrás también lo era mucho más que hoy. Hoy día, como que alguna vez se interpreta como que fuera arte. Pero en la cultura, aquí, que era un poco más moral en Israel, era algo muy vergonzoso. Entonces aquí se vuelve a explicar el principio de la mejilla, pero con estos otros matices y con toques de humor. ¿Qué significa este principio de la túnica y de la capa?
Significa que si en alguna circunstancia tenemos que sufrir una vergüenza injusta y nosotros sabemos que si la toleramos y la aguantamos un poco más, vamos a ayudar a la paz, vamos a ayudar a evitar el conflicto, el pleito. Entonces hay que considerarlo como tal. Me vienes a quitar algo, te doy más y me expongo. Quedo en vergüenza con tal de que haya paz, con tal de que no haya pleito. Ese es el principio. Así seremos espiritualmente maduros, perfectos como nuestro Dios lo es. Vamos al tercer principio. La milla extra.
La milla extra. Mateo 541. Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. De nuevo, veamos la cultura. Veamos la cultura. Yo creo que todos nos hemos dado cuenta que en las carreteras hay señales que nos dicen el kilómetro en el cual nos encontramos o que quedan 120 kilómetros para llegar a Veracruz o 300 para llegar a Capulco o 400 para Monterrey, etc. Hay señales en la carretera que nos mencionan las distancias.
2000 años atrás el Imperio Romano ya lo hacía. ¿Y cómo lo hacía? Ponía cada milla una piedra blanca diciendo el número de la milla. Entonces se contaba de amilla. Una milla son 1.6 kilómetros. Esa es la distancia que tiene una milla. De hecho, la milla... Perdón, esta milla extra o lo que hacía el Imperio Romano 2000 años atrás de ahí viene la palabra milestone, milla, piedra en inglés, que es un tiempo de un proyecto que uno agenda y planifica para cumplir. Como que fuera un tiempo en adelante y ahí está el tiempo medido para cumplir una etapa de un proyecto específico, el milestone que se utiliza.
Los soldados romanos, como se comentó en el primer mensaje, eran unas grandes mochilas, pero no como las de hoy, sino que era su escudo que los giraban y lo ponían en su espalda. Esta mochila cargaba otras cosas. Cargaba un saco de dormir para roparse por las noches, cargaba elementos para construir. Los soldados eran excelentes constructores, podían construir una villa si quisieran todos juntos, rápido y con sólidos materiales y mucha ingeniería. Cargaban también elementos para defenderse, para transportar el agua, tal vez algún tipo de grano u otro alimento para comer por una semana.
Entonces llevaban muchas cosas en su mochila. ¿Adió en cuánto pesaba cada mochila del soldado romano? Entre 20 y 30 kilos. Eso era bastante para un soldado. Entonces por ley, ellos podían llegar a una villa X y agarrar cualquier persona y decirle, ¿me cargas la mochila a una mía? Y la persona lo tenía que ayudar. Era ley, no podía negarse. Era una ayuda al soldado romano que cargaba ese peso. Pero ellos tenían esa instrucción que podían pedirle a la gente, a parte de alguna aldea, que le cargara a la mía esa mochila pesada.
Entonces la aplicación aquí al relato, si le piden llevar la mochila por esta mía extra, hay que llevar dos veces la distancia de esos 30 kilos. ¿Qué es lo que está diciendo este principio? De esos 3 kilómetros y 200 metros. Esto no es literal de nuevo, sino que está basado en algo que culturalmente se comprendía. Ellos entendían muy bien esta ilustración. No me imagino que una persona estuviera en una esquina esperando que pasara un soldado romano para decirle, ¿te llevo la mochila? Nadie quería hacerlo, porque era pesado. No estaban acostumbrados a llevar esa carga.
Pero si le tocaba entonces, aquí el principio era que lo hiciera dos veces. Ahora, ese es el relato, pero la aplicación espiritual para nosotros. ¿Cuál es? Si en alguna circunstancia tenemos que llevar una carga, una responsabilidad, un peso que es difícil de llevar, que nos abruma, tal vez, y sabemos que haciéndolo, vamos a evitar un conflicto, vamos a dejar que haya paz en ese ambiente, entonces hay que hacer el esfuerzo. Entonces hay que hacer el esfuerzo. ¿Para qué? Para ser, entonces, espiritualmente maduros, perfectos como nuestro Padre.
Dios lo es. Ahí están esas tres ilustraciones. La otra, mejilla, insultos. La tunica y la capa, las vergüenzas y la milla extra, cargas ajenas. Si nos topamos con insultos, si nos topamos con vergüenza, si nos topamos con cargas ajenas, iremos al pleito, tendremos la razón o tendremos la paz. Es una pregunta válida y tiene que estar incerta en nuestro caminar cristiano. Y en este momento estoy seguro que toda la gente que está aquí y que nos está escuchando, nos empezamos a rascar la cabeza, a decir, ¿cómo aplicamos estas tres ilustraciones en la vida?
¿O a imaginarnos algunos cosas que pudiéramos tener? ¿O que algunas ya pasamos y las estamos poniendo a la luz de las escrituras? ¿Tal vez hice mal? ¿Tal vez debía haber hecho otra cosa? ¿Y entonces es incómodo pensarlo y estudiarlo? ¿Por qué? Porque estamos hablando de nuestra naturaleza humana, de nuestra naturaleza humana.
Lo más fácil es hacerlo que la naturaleza humana nos diga, pero estamos viendo aquí que estamos buscando ser perfectos como Dios lo es, en contra de esa naturaleza humana. La naturaleza humana es la tendencia a, y escuchemos bien, la naturaleza humana es la tendencia a querer vengarnos por los insultos que nos dan. ¿Qué es la naturaleza humana? La naturaleza humana es la tendencia a querer vengarnos por las vergüenzas que nos hacen pasar.
La naturaleza humana es la tendencia a querer vengarnos por las cargas ajenas que nos hacen llevar. ¿Están las tres ilustraciones? Y aquí entonces tenemos que pensar y descansar que no hay que luchar contra nuestra naturaleza humana. No es tan difícil. Estas enseñanzas no son difíciles. Jesucristo nos dice que son ligeras y fáciles.
Uno podría pensar que es muy difícil, pero Jesucristo nos dice que son ligeras y fáciles, siempre y cuando tengamos a Dios de nuestra parte, sino que vamos a estar en conflicto, luchando, luchando, luchando. Dice Jesucristo, llevad mi yugo. El yugo son las enseñanzas, las doctrinas de Jesús. Llevar mis enseñanzas sobre vosotros y aprender de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. Eso está Mateo 11.29. No sé, Jesús nos está diciendo. Ligera y fácil son mis enseñanzas. Cristo nos dice que descancemos gracias al ejemplo que Él mismo nos dejó. Y es la única persona que nos puede enseñar esto. Vamos a 1 Pedro 2.
1 Pedro 2.
Y versículo 20 al 23.
1 Pedro 2. Versículo 20 al 23. Aquí uno puede leer más versículos, pero vamos a centrarnos en este pedacito. Dice, pues, ¿qué gloria es? Si pecando sois abofeteados, ¿y lo soportáis? Más, si haciéndolo bueno, sufrís y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado del ante Dios. Es lo que venimos leyendo en los principios de paz del Mateo 5. Y sigamos, versículo 21. Pues para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. El cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. Versículo 23. Que cuando le maldecían, no respondía con maldición. Cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.
Pregunta. ¿Quién da el equilibrio? ¿Quién repara? ¿Quién compensa? ¿Quién juzga justamente? Vamos a Romanos 12 y 19. Romanos 12 y 19. Romanos 12 y 19. Dice. ¿No os vengáis vosotros mismos? Amados míos, si no, dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está, mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Esto está an deutero, no me pago. No me pago. No me pago. No me pago. No me pago. No me pago. No me pago. No me pago. No me pago. No me pago. A mí me dice el Señor. Esto está an deuteronómio, capítulo 32, versículo 35. Mía es la venganza. Es un principio que viene de el Pentateuco. Ahora, si recordamos lo que leímos al inicio sobre el amor a los enemigos, entonces estos tres principios que hemos visto hoy deben aplicarse a quién? A los enemigos. Porque si amáis a los que os aman, que recompensa tendréis. Las tres ilustraciones que acabamos de desmenuzar y que tienen que ver con la instrucción de amar al enemigo, recordemos que están en el contexto de Mateo 5. ¿Dónde podemos visualizar Mateo 5, 6, 7? ¿Dónde podemos ver y visualizar la profundidad espiritual de la Santa Justa y Perfecta Ley de Dios?
Esta dimensión, a pesar de ser revelada a nosotros, la dimensión espiritual de la ley, sigue siendo difícil porque traemos esta naturaleza humana. Pero cuando dejamos de lado esta naturaleza humana y nos sujetamos a Dios, la carga se hace ligera, se hace mucho más fácil. Recordemos que podemos madurar espiritualmente siempre y cuando Dios esté con nosotros y nos pongamos nuestro esfuerzo para poner la otra mejilla para entregar la capa y para caminar la milla extra con el único fin de vivir en paz.
Como conclusión a este mensaje, ¿qué buscan los principios que hemos estudiado hoy? Y hemos visto una parte muy pequeñita del sermón del monte. El principio que hay detrás de estas ilustraciones es que debemos ser pacíficos. De hecho, es muy congruente con una de las bienaventuranzas. Mateo 5.9. Mateo 5.9 dice bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios. ¿Cuál dijimos que era nuestro versículo pibote? El versículo 48 de Mateo 5. Sé pues vosotros perfectos, es decir, espiritualmente maduros, porque vuestro padre que está en los cielos es perfecto. Y podemos serlo. Para ser espiritualmente maduros y ser como nuestro padre, que es perfecto, tenemos que ser individuos que iluminemos con nuestros ejemplos. No que sigamos la misma corriente que todo el mundo hace. Tenemos que ser individuos que seamos un aporte de sal, el sazón del mundo. ¿Qué es lo que dicen las bienaventuranzas? ¿Vosotros sois la sal del mundo? ¿Vosotros sois la luz del mundo? ¿Y cómo se hace? Siendo diferentes a cómo el mundo es. Poniendo la mejilla, entregando la capa latúnica y llevando la carga, esa mejilla extra. Si vamos entonces, ese aporte, como dice nuestro Señor Jesucristo en las bienaventuranzas. Vamos a Proverbios 24, para ahí ya terminando. Proverbios capítulo 24, para que nos quede muy, muy en claro que Dios conoce nuestra naturaleza humana. Sabe cómo somos, como cuando Jesús sabía lo que pensaban los fariseos cuando se le iban a acercar. Sabía el corazón. Proverbios 24, 17 al 18. Proverbios capítulo 24, versículos 17 al 18. Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes. Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón. Nos han dado cuenta que de repente estamos pensando, se cayó tal persona, ¡qué bueno que le fue mal! Eso es alegrarse por alguien que nos cae gordo, o es un enemigo que dice la Escritura. No te regocijes. No se alegre tu corazón si tu enemigo le va mal. Procículo 18, no sea que el eterno lo mire de ella parte de sobre él su enojo. Y ahora al mismo 24, leamos el versículo 29, un poquito más abajo, que tiene que ver con esa venganza en nuestra naturaleza humana. No digas, como me hizo, así le haré dar el pago al hombre según su obra. ¿Qué nos dice nuestro Dios? Mía es la venganza. Mía es la venganza. A aplicar la ley de Dios en nuestras vidas no es solamente de venir un sábado a escuchar un servicio o reunirse en Santa Convocación. Aplicar la ley de Dios significa hacer algo bueno, dejar de hacer algo malo y dejar de pensar cosas malas en nuestra mente. ¿Cómo lo quedamos de ver? ¿Vivamos entonces estos principios de paz? Porque son los únicos que nos ayudarán a recordar y vivir en carne propia las palabras de aliento de nuestro Señor, de nuestro Maestro, Jesucristo, cuando dijo La paz os dejo, la paz os doy. Buenas tardes a todos.