La verdad sobre el hombre rico y Lázaro

Primera Parte
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La interpretación más común de esta parábola supone que todos tenemos almas inmortales que van al cielo o al infierno cuando morimos. Pero un examen cuidadoso del texto y de su contexto bíblico revela algo muy distinto.


 

Leamos esta asombrosa historia: Un día mueren un hombre rico y un hombre pobre. Al instante, ambos despiertan —pero en circunstancias muy diferentes.

El pobre abre los ojos y ve el paraíso enfrente de él. Héroes legendarios de la fe como Abraham están allí para recibirlo y acogerlo con un cálido abrazo. Los años de penurias y rechazo en la Tierra han valido la pena: ya está en el cielo, disfrutando la promesa de Dios.

El rico ahora abre los ojos y se encuentra ante una escena muy distinta. Está en lo profundo del corazón de la Tierra, en un terrorífico abismo de tormento y desesperación. Criaturas malignas acechan apenas fuera de su vista, y su carne hierve entre llamas. Su vida de egoísmo y desdén lo ha alcanzado: está en el infierno, pagando el precio eterno por sus pecados.

Es una historia espeluznante para quienes viven de manera egoísta, como el rico, pero esperanzadora para quienes son como Lázaro, el mendigo que halló su recompensa en el cielo. ¿Es esto lo que usted cree cuando lee la historia de Lázaro y el rico en su Biblia? Y, más importante aún: ¿es esto lo que Jesús quiere que usted entienda de esta parábola?

La verdad sobre el hombre rico y Lázaro

La interpretación más común de la parábola de Jesús sobre Lázaro y el rico es que todos tenemos almas inmortales que al morir van al cielo o al infierno inmediatamente. Pero ¿es eso realmente lo que esta parábola enseña?

Comencemos por repasar la definición y el propósito de una parábola. El Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología explica que, en la Biblia, las parábolas “tienden a iluminar una verdad espiritual” mediante un breve relato tomado de la vida cotidiana de la época (“parábola”). Jesús empleó parábolas con mucha frecuencia en sus enseñanzas. Sus discípulos le preguntaron por qué hablaba por parábolas, y él respondió: “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado” (Mateo 13:10-11, énfasis nuestro en todo este artículo). 

Las parábolas de Jesús contienen lecciones morales que la mayoría de los oyentes pueden comprender, pero solo hasta cierto punto. Sin embargo, no están diseñadas para que el significado más profundo sea entendido por todos. La comprensión espiritual se concede únicamente a aquellos que han recibido el don del discernimiento divino que Dios otorga (Mateo 13:18-23).

Entendamos el contexto de esta parábola

Al estudiar la Biblia, es muy importante considerar siempre el contexto de cualquier versículo, capítulo o libro. En el caso de la parábola del hombre rico y Lázaro, es fundamental comprender el contexto histórico y bíblico de este relato.

Jesús presenta la siguiente historia: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas” (Lucas 16:19-21).

Aquí se nos describe a un hombre rico que tenía todo lo que necesitaba y deseaba. A la puerta de su casa yacía un mendigo pobre, enfermo y hambriento llamado Lázaro, pero el rico no movía ni un dedo para ayudarlo. Para captar el significado espiritual de este relato, necesitamos entender el contexto bíblico en el que fue presentado.

En Lucas 16, justo antes de la parábola de Lázaro y el rico, aparece otra parábola sobre “el mayordomo infiel”, que comienza con la frase “Había un hombre rico”. Mientras Jesús relataba esa parábola a sus discípulos, los maestros judíos (los fariseos) escuchaban. “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él” (Lucas 16:14). Estos líderes religiosos se mofaban de Jesús porque sabían que ellos eran el blanco directo de sus palabras.

No era la primera vez que Jesús reprendía a estos hombres por su codicia egocéntrica, su corrupción y explotación de los demás. Por ejemplo, en Mateo 23:14, Cristo declaró que ellos “[devoraban] las casas de las viudas”. Y en Mateo 23:25 dijo que estaban “llenos de robo y de injusticia”.  Así que el contexto en el que se puede entender la parábola de Lázaro y el hombre rico incluye la responsabilidad de la persona de usar el dinero y la riqueza correctamente, lo cual comprende atender las necesidades de los demás.

Llevado por los ángeles al seno de Abraham

Pasemos ahora al siguiente versículo de la parábola de Lázaro y el rico: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado” (Lucas 16:22).

Debemos tener cuidado de sacar conclusiones precipitadas sobre lo que acabamos de leer. Hagamos una pausa para plantear lo que puede parecer una pregunta obvia: ¿Cuál es la definición de “seno”? El Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo Testamento de W. E. Vine explica que “seno” se emplea en un sentido metafórico para expresar afecto e intimidad: estar en el seno de alguien indica ser atesorado y amado por esa persona. Por ejemplo, en Deuteronomio 13:6 se habla de la esposa de un hombre como “la mujer de tu seno” (Reina-Valera Antigua), expresión que Vine compara con alguien “que se atesora en el corazón, a quien se ama”, y que denota una relación cercana e íntima.

Por lo tanto, cuando Lázaro es llevado “al seno de Abraham”, se indica que tiene una conexión profunda y personal con aquel hombre justo que “fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23). El rico, en cambio, estaba demasiado preocupado de sí mismo y de sus posesiones para tener una relación con Dios.

Pero ¿dónde estará Abraham cuando Lázaro sea llevado a su presencia? Jesús les dijo a los líderes religiosos de su tiempo: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos” (Lucas 13:28). ¡Así que Abraham estará en el Reino de Dios!

A menudo se cree que el Reino de Dios se refiere al cielo. Pero la Biblia explica que el Reino de Dios será establecido en la Tierra, al regreso de Jesucristo: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15, La Biblia de las Américas). Además, los santos resucitados (incluido Abraham) reinarán con Cristo como reyes y sacerdotes “sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). Para más información sobre este importante tema, le invitamos a solicitar nuestra guía de  estudio bíblico gratuita El Evangelio del Reino de Dios. 

Nadie ha subido al cielo

Es decir, nadie excepto Jesucristo, quien descendió del cielo (Juan 3:13). Pero cuando uno lee en Lucas 16:22 que “murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham”, es fácil suponer que esto significa que Lázaro fue llevado al cielo.

De forma similar, Lucas escribió en Hechos 2:34 que “David no subió a los cielos”. Así que la Biblia en realidad dice que las personas no van conscientemente al cielo cuando mueren. (Para más información sobre este tema, le invitamos a solicitar nuestra guía de estudio bíblico gratuita El cielo y el infierno: ¿Qué enseña realmente la Biblia?).

Incluso si Jesús hubiera estado hablando de un suceso real y no de una simple historia, ¿cuándo iba a ser llevado Lázaro al seno de Abraham? Esto ocurrirá al tiempo de la primera resurrección: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:31).

Si Lázaro iba a ser resucitado de la tumba, sería escoltado por los ángeles para encontrarse con Jesucristo en las nubes en su segunda venida: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

Levantados en una resurrección

Jesús ciertamente sabía que Abraham y otros hombres y mujeres fieles estaban muertos en sus tumbas y serían levantados en una resurrección (Juan 8:52-56). “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29). El profeta Daniel también escribió: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Daniel 12:2).

Es importante notar que Jesús y Daniel hablan de dos resurrecciones distintas. Primero, los justos serán levantados de entre los muertos al regreso de Jesús a la Tierra. Luego, más de mil años después, habrá una resurrección de “los otros muertos” (Apocalipsis 20:5). Algunos de ellos finalmente serán juzgados como injustos: aquellos que, conociendo la verdad, se nieguen a arrepentirse. “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir, pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder” (1 Corintios 15:22-24, Nueva Versión Internacional). EC

Esta serie continuará en la siguiente edición

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