La verdad sobre el hombre rico y Lázaro

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La interpretación más común de la parábola de Jesús sobre Lázaro y el rico es que todos tenemos almas inmortales que al morir van al cielo o al infierno inmediatamente. Pero ¿es eso realmente lo que esta parábola enseña?

Comencemos por repasar la definición y el propósito de una parábola. El Diccionario Enciclopédico de Biblia y Teología explica que, en la Biblia, las parábolas “tienden a iluminar una verdad espiritual” mediante un breve relato tomado de la vida cotidiana de la época (“parábola”). Jesús empleó parábolas con mucha frecuencia en sus enseñanzas. Sus discípulos le preguntaron por qué hablaba por parábolas, y él respondió: “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado” (Mateo 13:10-11, énfasis nuestro en todo este artículo). 

Las parábolas de Jesús contienen lecciones morales que la mayoría de los oyentes pueden comprender, pero solo hasta cierto punto. Sin embargo, no están diseñadas para que el significado más profundo sea entendido por todos. La comprensión espiritual se concede únicamente a aquellos que han recibido el don del discernimiento divino que Dios otorga (Mateo 13:18-23).

Entendamos el contexto de esta parábola

Al estudiar la Biblia, es muy importante considerar siempre el contexto de cualquier versículo, capítulo o libro. En el caso de la parábola del hombre rico y Lázaro, es fundamental comprender el contexto histórico y bíblico de este relato.

Jesús presenta la siguiente historia: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas” (Lucas 16:19-21).

Aquí se nos describe a un hombre rico que tenía todo lo que necesitaba y deseaba. A la puerta de su casa yacía un mendigo pobre, enfermo y hambriento llamado Lázaro, pero el rico no movía ni un dedo para ayudarlo. Para captar el significado espiritual de este relato, necesitamos entender el contexto bíblico en el que fue presentado.

En Lucas 16, justo antes de la parábola de Lázaro y el rico, aparece otra parábola sobre “el mayordomo infiel”, que comienza con la frase “Había un hombre rico”. Mientras Jesús relataba esa parábola a sus discípulos, los maestros judíos (los fariseos) escuchaban. “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él” (Lucas 16:14). Estos líderes religiosos se mofaban de Jesús porque sabían que ellos eran el blanco directo de sus palabras.

No era la primera vez que Jesús reprendía a estos hombres por su codicia egocéntrica, su corrupción y explotación de los demás. Por ejemplo, en Mateo 23:14, Cristo declaró que ellos “[devoraban] las casas de las viudas”. Y en Mateo 23:25 dijo que estaban “llenos de robo y de injusticia”.  Así que el contexto en el que se puede entender la parábola de Lázaro y el hombre rico incluye la responsabilidad de la persona de usar el dinero y la riqueza correctamente, lo cual comprende atender las necesidades de los demás.

Llevado por los ángeles al seno de Abraham

Pasemos ahora al siguiente versículo de la parábola de Lázaro y el rico: “Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado” (Lucas 16:22).

Debemos tener cuidado de sacar conclusiones precipitadas sobre lo que acabamos de leer. Hagamos una pausa para plantear lo que puede parecer una pregunta obvia: ¿Cuál es la definición de “seno”? El Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo Testamento de W. E. Vine explica que “seno” se emplea en un sentido metafórico para expresar afecto e intimidad: estar en el seno de alguien indica ser atesorado y amado por esa persona. Por ejemplo, en Deuteronomio 13:6 se habla de la esposa de un hombre como “la mujer de tu seno” (Reina-Valera Antigua), expresión que Vine compara con alguien “que se atesora en el corazón, a quien se ama”, y que denota una relación cercana e íntima.

Por lo tanto, cuando Lázaro es llevado “al seno de Abraham”, se indica que tiene una conexión profunda y personal con aquel hombre justo que “fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23). El rico, en cambio, estaba demasiado preocupado de sí mismo y de sus posesiones para tener una relación con Dios.

Pero ¿dónde estará Abraham cuando Lázaro sea llevado a su presencia? Jesús les dijo a los líderes religiosos de su tiempo: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos” (Lucas 13:28). ¡Así que Abraham estará en el Reino de Dios!

A menudo se cree que el Reino de Dios se refiere al cielo. Pero la Biblia explica que el Reino de Dios será establecido en la Tierra, al regreso de Jesucristo: “El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15, La Biblia de las Américas). Además, los santos resucitados (incluido Abraham) reinarán con Cristo como reyes y sacerdotes “sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). Para más información sobre este importante tema, le invitamos a solicitar nuestra guía de  estudio bíblico gratuita El Evangelio del Reino de Dios. 

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La misión de la Iglesia de Dios es predicar el evangelio de Jesucristo y del reino de Dios en todo el mundo, hacer discípulos en todas las naciones y cuidar a todos ellos.