¿Ha sufrido usted algún trauma?

4 minutos tiempo de lectura

El cambio comienza con una honesta evaluación de nuestros recursos y fortalezas, tanto internos como externos. 


 

El trauma afecta a más personas de las que nos imaginamos, e influye silenciosamente en los pensamientos, emociones y conductas incluso mucho tiempo después de que se produzcan. Algunas desarrollan un trastorno de estrés postraumático (TEPT) después de experiencias que ponen en peligro su vida, mientras que otras sufren los efectos duraderos del síndrome de experiencias adversas en la infancia (EAI), que tiene su origen en el abuso o el abandono durante los primeros años de vida. Sin embargo, muchos seres humanos muestran una notable capacidad de recuperación y siguen adelante sin dejarse abrumar por el trauma.

Para descubrir si el trauma aún le afecta, puede que necesite repasar cuidadosamente sus recuerdos dolorosos, de manera de aumentar su conciencia de sí mismo. Aprender sobre el trauma es un paso primordial y esencial en el camino hacia la sanación y la recuperación.

El camino hacia el cambio

El cambio comienza con una evaluación honesta de nuestros recursos y fortalezas. Los recursos internos incluyen una actitud positiva de triunfo sobre el victimismo, así como la voluntad de superar las conductas autodestructivas. Los recursos externos incluyen un entorno seguro, actividades saludables y amigos verdaderos que nos escuchen sin juzgar. La ayuda profesional también es crucial cuando las circunstancias lo ameritan.

Uno de los recursos esenciales en este proceso de cambio es una relación cercana con Dios. El someterse a su guía nos ayuda a comprender que nuestro sufrimiento tiene un profundo significado (Romanos 8:18, 28; Hebreos 12:5-11). Incluso cuando Dios parece distante en medio del miedo y el dolor intensos, su presencia se mantiene constante e inquebrantable (Isaías 41:10). Esta profunda conexión espiritual proporciona fuerza, esperanza y propósito a lo largo del proceso de sanación.

Dios nos diseñó con la capacidad de cuidar de nosotros mismos (Mateo 22:39) y con un impulso natural para superar la adversidad, pero también interviene cuando sabe que necesitamos ayuda adicional (1 Juan 5:14-15). Mediante la oración diaria por su protección y guía, combinada con el estudio de la Biblia en busca de sabiduría, nos equipamos mejor para enfrentar los desafíos de la vida. Reconocemos que el tiempo y el azar afectan a todos, que no todas las experiencias traumáticas pueden evitarse, y que tales pruebas no son castigos por ser pecadores (Lucas 13:2-5).

La buena noticia es que los síntomas del trauma pueden revertirse. En mi caso, gracias a mi fe en Dios, asesoramiento profesional y amistades sólidas, superé dos diagnósticos distintos de trastorno de estrés postraumático. De hecho, transformé mi adversidad en victoria cuando me convertí en consejera para ayudar a otras personas que han experimentado un sufrimiento similar.

Aunque la discapacidad suele disminuir a medida que la conmoción y la incredulidad se desvanecen y el valor se renueva, el miedo y el dolor emocional pueden persistir. Para seguir adelante y retomar una vida normal, a menudo es necesario desarrollar nuevas estrategias para enfrentar el problema. Sin embargo, la resistencia al cambio, el orgullo y los sentimientos de culpa o vergüenza, combinados con métodos de manejo poco saludables, pueden interferir tanto en el proceso de sanación como en el cumplimiento del propósito de Dios en nuestras vidas.

El Consejero perfecto

Jesucristo es el Consejero perfecto (Isaías 9:6). Confíe en él y pídale que lo guíe a las mejores soluciones para su sanación. Incluso en el caso de que los recuerdos traumáticos estén reprimidos y los síntomas físicos persistan, no tiene por qué resignarse a su malestar o sus limitaciones cuando existen alternativas más saludables. Versículos como Filipenses 4:13 pueden llenar su mente de esperanza e infundirle fuerzas. Además, profesionales calificados pueden ofrecerle ayuda para liberarse de la paralizante influencia del trauma.

Las Escrituras describen un apocalipsis en el tiempo del fin que incluye acontecimientos catastróficos y de nivel de extinción tan graves que, sin la intervención de Dios, todo ser vivo sucumbiría (Mateo 24:22). Los supervivientes de este tiempo serán un remanente de seres humanos muy traumatizado que entrarán en el Milenio (Apocalipsis 20:4, 6). 

Como primicias espirituales de Dios (Apocalipsis 14:4), ayudaremos a estas personas vulnerables a pasar del trauma al camino de vida de Dios. Por eso, es imperativo abordar ahora el impacto del trauma en nuestras propias vidas, de modo que estemos preparados para apoyar a otros en el futuro. EC

Course Content

El Comunicado

Publicaciones y anuncios del editor del Comunicado.