#179 - Isaías 48-53: "El tercer gran milagro; descripción del Mesías; Cristo"

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#179 - Isaías 48-53

"El tercer gran milagro; descripción del Mesías; Cristo"

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Por ser fiel a las promesas hechas a Abraham e Israel, Dios traerá su Reino a la tierra.

Lo hará en una forma inusual, incomprensible para la mente inconversa. Dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos... como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos...” (Isaías 55:8-9). Ahora veremos en estos capítulos cómo esto se cumplirá, tal como la semilla de mostaza, que parece tan insignificante pero que se vuelve en un gran arbusto, así será el Reino de Dios. Comienza con el llamado de Abraham y terminará con miles de millones, como la arena de las playas, que entrarán en el Reino de Dios. 

Dios nos dice: “Mira a Abraham vuestro padre y a Sara que os dio luz [a Israel]; porque cuando no era más que uno solo lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué” (Isaías 51:2).

El relato de todo este plan comienza en el capítulo 48 donde Dios declara que llevará a cabo esta obra de amor hacia su pueblo y la humanidad. No por sus méritos, sino por lo que Dios es: bondad y amor. Les dice a Israel: “Oíd esto, casa de Jacob, que os llamáis del nombre de Israel... los que juran en el nombre del Eterno... mas no en verdad ni en justicia... Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce... para que no dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes... mandaron estas cosas” (Isaías 48:1-5).

Esto es lo que más le ofende a Dios. Cada vez que él interviene, Israel mira a sus estatuas e imágenes y le atribuyen a ellos la obra y los milagros. Recuerden que muchas veces dicen que no “adoran” a las imágenes, sino al Dios que los representa, el Eterno. Esta adoración del verdadero Dios por medio de imágenes se puede ver claramente cuando Israel estuvo en el Monte Sinaí. Allí, Aarón dirigió la obra de hacer una estatua a Dios: “le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto... Mañana será fiesta para el Eterno” (Éxodo 32:4-5). 

La Iglesia Romana sigue argumentando de la misma manera para justificar sus imágenes religiosas. Dice que representan al verdadero Dios y a personajes bíblicos, por eso está bien. Declaran: “La Iglesia Católica enseña que las imágenes o representaciones de Jesucristo, de la Virgen María, o de los otros santos, deben ser “honrados”, no en sí mismos sino a lo que representan” (Mi Fe Católica, Fa Di Bruno, p. 107). Pero ¿qué dice el Segundo Mandamiento? “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo [no hacer imagen de lo que uno se imagina son ángeles o Dios mismo], ni abajo en la tierra [de santos]... no te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxodo 20:4,5).

Dios sabe que Israel hace esto y está indignado. Les dice: “...sabía que siendo desleal habías de desobedecer [en este caso el Segundo Mandamiento], por tanto, te llamé rebelde desde el vientre. Por amor de mi nombre [no por tu justicia] diferí mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte... Óyeme Jacob, y tú, Israel, a quien llamé: Yo mismo, yo el primero, yo el postrero. Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo; al llamarlo yo, comparecieron juntamente. Juntaos todos vosotros, y oíd. ¿Quién hay entre ellos que anuncie estas cosas? Aquel a quien el Eterno amó ejecutará su voluntad en Babilonia [se refiere a Ciro], y su brazo estará sobre los caldeos” (Isaías 48:8-14).

Ahora veremos cómo Dios muestra su gran amor hacia su pueblo: “Yo soy el Eterno Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir. ¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar. Fuera como la arena tu descendencia, y los renuevos de tus entrañas como los granos de arena; nunca su nombre sería cortado, ni raído de mi presencia” (Isaías 48:17-18). Aquí vemos la importancia que Dios le da al guardar los mandamientos. Jamás cambiará estos principios espirituales que llama “el camino que debes seguir”.

Con el capítulo 49, llegamos a la culminación de las profecías bíblicas, la venida de Cristo, el Mesías, para cumplir el Plan de Dios. Halley explica: “Estos capítulos parecen ser una especie de soliloquio [conversación a solas] del Siervo, entremezclado con algunas contestaciones de Dios, y tratando principalmente de su obra de traer a Dios todas las naciones del mundo... Es un resumen de pensamientos que han venido acumulándose (Isaías 41:8; Isaías 42:1-19; Isaías 43:10; Isaías 44:1-2, Isaías 44:21; Isaías 49:3-6; Isaías 52:13; Isaías 53:11)” (p. 271).

Veamos lo que está profetizado que Cristo sentiría unos 700 años antes: “Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos, el Eterno me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria [la concepción de Cristo por medio de Dios]. Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba [Cristo dijo que vino para traer una espada (la Verdad) que dividirá familias (Mateo 10:34-35)]... yo dije [respecto a la misión en Israel]: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante del Eterno, y mi recompensa con mi Dios”. Cristo dijo: ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! (Mateo 23:37). 

“Ahora pues, dice el Eterno, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob... para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz a las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49:1-6).

En Hechos 26:23 vemos que este versículo se refiere a Jesucristo. Dice Pablo: “Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles”. También lo siguiente en Isaías describe la misión de Cristo: “En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades, para que digas a los presos: Salid... No tendrán hambre ni sed, ni el calor ni el sol los afligirá; porque el que tiene de ellos misericordia los guiará, y los conducirá a manantiales de aguas. Y convertiré en camino todos mis montes...” (Isaías 49:8-11).

Noten el paralelo en Apocalipsis 7:16-17 referente a Cristo: “Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas vivas”.

A pesar de la ingratitud de su pueblo, Dios llevará a cabo su propósito de inaugurar el Reino con los miembros convertidos, e incluye a los gentiles conversos que ahora forman parte de su pueblo: “Así dijo el Eterno del Señor: He aquí, yo tenderé mi mano a las naciones, y a los pueblos levantaré mi bandera; y traerán en brazos a tus hijos, y tus hijas serán traídas en hombros. Reyes serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que yo soy el Eterno, que no se avergonzarán los que esperan en mi” (Isaías 49:22-23). 

Seguimos con el relato que describe la vida de Cristo, ¡700 años antes! “El Eterno el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana; despertará mi oído para que oiga como los sabios. El Eterno el Señor me abrió el oído y yo no fui rebelde, ni me volví atrás. Dí mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos. Porque el Eterno me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado” (Isaías 50:4-7). Todo esto se cumplió al pie de la letra con el juicio y el castigo de Cristo.

Sigue con lo que Cristo hará cuando regrese a la tierra: “Ciertamente consolará el Eterno a Sion; consolará todas sus soledades y cambiará su desierto en paraíso, y su soledad en huerto del Eterno [un Edén]; se hallará en ella alegría y gozo, alabanza y voces de canto. Estad atentos a mi, pueblo mío, y oídme, nación mía; porque de mí saldrá la ley, y mi justicia para luz de los pueblos. Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos... Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes” (Isaías 51:3-7).

Luego de animar a su pueblo por lo que pasarán a manos de los babilonios, vuelve al tema de la descripción de lo que hará Cristo: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, de que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!... ojo a ojo verán que el Eterno vuelve a traer a Sion... El Eterno desnudó su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro... salid de en medio de ella [de la Babilonia espiritual que gobierna el mundo actual]; purificaos los que lleváis los utensilios del Eterno”.

Ahora viene la descripción con detalles increíbles del sufrimiento y la crucifixión de Cristo: 

1. El resultado de su muerte: “He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto” [por Dios, vea Filipenses 2:9].

2. Cómo quedó al ser azotado: “Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer [al ser flagelado y golpeado], y su hermosura más que la de los hijos de los hombres”.

Flagelo romano

3. Los poderosos no creerán lo que hizo Dios por la humanidad: “Así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído…”. 

4. Humildad y apariencia de Jesús: “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

5. Su sacrificio y muerte por nosotros: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.

Los líderes lo rechazaron

6. Pagó por nuestros pecados: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Eterno cargó en él el pecado de todos nosotros”.

7. Descripción detallada de su arresto: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará?”.

Calló ante sus acusadores

8. Detalles de su muerte y su sepultura: “Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura [murió junto con los dos ladrones], mas con los ricos fue en su muerte [sepultado en tumba de un rico]; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”.

Es sepultado en tumba de ricos

9. Luego de su muerte, su resurrección y exaltación: “Con todo esto, el Eterno quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá [al ser resucitado] por largos días, y la voluntad del Eterno será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos [en su reino]; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores habiendo él llevado el pecado de muchos”.

10. En su muerte orará por los pecadores: “y orado por los transgresores”. Cristo le pidió al Padre que no tomara en cuenta lo que le hacían (Lucas 23:34).

Es tan importante esta profecía, hecha unos 700 años antes de su cumplimiento, que sigue siendo una prueba básica para aceptar que Cristo fue el Mesías. Tenemos un ejemplo bíblico del eunuco que estaba leyendo esta sección y no sabía a quién se refería. Le preguntó a Felipe: “Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puede. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (Hechos 8:34-38).

Por eso es tan importante entender esta sección de Isaías. Muestra cómo esta profecía se cumplió cabalmente unos 700 años después de que fue escrita. ¿Cómo podrá un ateo o incrédulo refutar esta prueba de la inspiración bíblica? Aunque lo hagan, por lo menos debemos estar, como dice la Biblia, “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15).