Instrucciones de Dios para los gobernantes

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La actual carrera presidencial en los Estados Unidos es una vergüenza para dicha nación. Los dos candidatos principales carecen de los estándares bíblicos en ciertas áreas de crítica importancia.

Uno de ellos tiene a su haber una historia de múltiples bancarrotas, cuestionables prácticas comerciales, varios matrimonios y aventuras amorosas.

Su contendora apoyó las andanzas de su marido mujeriego por años, ha mentido una y otra vez acerca de sus comunicaciones por correo electrónico mientras fue secretaria de Estado, y aboga firmemente por el matrimonio homosexual y el asesinato de niños en el vientre de sus madres.

Lo más triste de todo esto es que las naciones reciben lo que merecen, y lamentablemente ello es precisamente lo que sucederá en la próxima elección.

¿Qué clase de estándares espera Dios de los gobernantes? Y una vez que asumen su cargo, ¿en qué deben enfocarse para cumplir sus deberes? ¿Qué puede ayudarlos a convertirse en el tipo de líderes que Dios quiere que sean?

Hace unos 3500 años, Dios estableció un tipo de “Constitución” para una nueva nación. Esa nación fue Israel, que acababa de ser liberada de la esclavitud en Egipto. Dios promulgó para los israelitas leyes que les traerían bendiciones y convertirían a Israel en un ejemplo que otras naciones iban a querer imitar (Deuteronomio 4:5-8 Deuteronomio 4:5-8 5 Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. 6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. 7 Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? 8 Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
). La clave para recibir esas bendiciones consistía en obedecer y seguir su nueva “Constitución”, es decir, las leyes de Dios reveladas en los primeros cinco libros de la Biblia.

Nadie estaría por sobre la ley ni quedaría exento de ella. De hecho, los gobernantes de Israel recibieron instrucciones para familiarizarse íntimamente con los mandamientos y ordenanzas a fin de poder regir de manera humilde, sabia y justa. Esto produciría bendiciones tanto para la nación como para sí mismos. Fíjese en las instrucciones de Dios en Deuteronomio 17:18-20 Deuteronomio 17:18-20 18 Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; 19 y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; 20 para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
. Ahí leemos que los reyes debían escribir una copia de la ley de Dios, leerla y gobernar según ella continuamente:

“Cuando se siente en el trono a reinar, deberá producir una copia de este conjunto de instrucciones en un rollo, en presencia de los sacerdotes levitas. Tendrá esa copia siempre consigo y la leerá todos los días de su vida. De esa manera, aprenderá a temer al Señor su Dios al obedecer todas las condiciones de esta serie de instrucciones y decretos.

“La lectura diaria impedirá que se vuelva orgulloso y actúe como si fuera superior al resto de sus compatriotas, y también impedirá que se aparte de los mandatos en lo más mínimo. Además, será una garantía de que él y sus descendientes  reinarán por muchas generaciones en Israel”  (Nueva Traducción Viviente, 2010).

Tome en cuenta estas palabras de sabiduría y medite en ellas profundamente. ¿Qué tan diferentes podrían ser las naciones si sus líderes pusieran en práctica, de todo corazón, esta instrucción tan clara y simple? ¡Qué diferencia más asombrosa veríamos!