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Muchas veces en las conversaciones triviales que tenemos con los miembros de la Iglesia o con personas de fuera de la Iglesia nos vemos envueltos en chistes, algunas veces de borrachitos.
Me recuerdo muchos años atrás, incluso había una persona que antes de dar un mensaje daba un par de chistes para soltar un poco la atención y algunas veces comentaba de borrachitos. Uno encuentra simpatía con estos chistes, hay unos bastante graciosos. Y esto también lo vemos en el mundo del entretenimiento, el recurso o la utilización de estas figuras de personas con un grave problema que se toma como algo gracioso o tal vez como algo viril. O sea, una persona que es capaz de tomarse un tequila y que no le pase nada es una persona como más atractiva según los medios o así se presenta. Si se toma el tequila sin limón y sin sal, mejor todavía, más macho recio se le muestra. Pero lo cierto es que esto del alcohol en el ser humano causa extragos bastante complejos. Y aunque los medios de comunicación o películas o de entretenimiento nos quieren mostrar algo diferente, hay una realidad más triste aún. Incluso no sé si ustedes saben que los doctores en la época de los, será la época 40 o los 50, realizaban muchas publicidades diciendo que el cigarro hacía muy bien. Entonces a la gente le decía, tiene que fumar cigarro para que tenga una buena salud. Eso quiere decir entonces que no todo lo que dicen, incluso los doctores puede estar en lo cierto. Hace poco tiempo atrás, por alguna extraña razón, ingresé a la casa de una persona en un evidente estado etilico. ¿Ustedes saben las personas en un estado como este? O se ponen agresivos, o se ponen un poco llorones, hay que manejarlos con mucha paciencia, mucha calma. Entonces yo accidenté entre en su casa.
No era tan tarde, pero ya era noche. Y me comenzó a mostrar su casa, sus aposentos, su esposa, sus hijos. Y el hombre estaba prácticamente apenas caminando de su estado de alcohol en su sangre. Pero recuerdo a la esposa también. Ese rostro que tenía ella, yo le puedo llamar como un rostro de Mona Lisa. ¿Por qué? La Mona Lisa, este cuadro de Da Vinci, ¿ustedes y la ven? ¿Qué podrían decir? ¿Sonríe o está triste? En realidad ni la una ni la otra. Yo era una mujer que estaba mirándome, tal vez con un grito de auxilio o de una especie de tristeza. Pero aparentaba una alegría que no era real, porque obviamente ella se encontraba en una situación muy triste. No podía sonreír, pero tampoco podía estar triste. Los hijos, para ellos era normal ver a su padre ver así, llegar así a casa. Fue una situación bastante lamentable, nunca había vivido algo así. Y se las estoy contando con una razón en particular. En la teoría o en la práctica, sabemos que el alcoholismo es malo. No produce nada bueno. Y tal vez el relato que les acabo de contar nos ha producido mucha lástima o tristeza. Porque es una realidad que viven los mexicanos, los latinos. Los habitantes del planeta Tierra tienen estos problemas. Y que, lamentablemente, los números mencionan que ha aumentado la ingesta anual de alcohol en estos últimos 10 años. Significativamente. El alcoholismo no hace acerción de personas, ni culturas, ni estratos sociales, ni idiomas. Es un mal con la capacidad de destruir la vida de todos los seres humanos y de sus seres queridos que lo rodean. ¿Le puede suceder a un católico? ¿Le puede suceder a un musulmán? ¿A un evangélico? ¿Uo a un miembro de la Iglesia de Dios? Nadie tiene la garantía de que no le pueda suceder hombre o mujer. Hoy quiero hablar del alcoholismo, pero me gustaría llevarlo a un nivel más profundo todavía. Porque no estamos aquí hablando frente a un grupo de alcohólicos anónimos. Hay bastantes ayudas y otras herramientas. Sino que estamos aquí en frente, estamos aquí hablando entre publicanos y pecadores, con nombres y apellidos. Mi objetivo de hoy es tomar este mal del alcoholismo y profundizarlo hasta llegar a un nivel tal que veamos que hayamos o no tenido un problema con alcoholismo en nuestras vidas, directa o indirectamente. El caso es que sufrimos los mismos problemas que un alcohólico, sin ser alcohólico. Lo vamos a desarrollar en dos partes. Lo vamos a hablar como tomando la justificación humana y la falta de dominio propio. Por eso el título del mensaje de hoy es Justificación y Dominio Propio. Ese es el nombre de hoy, del mensaje. Tomemos la primera línea de un famoso soliloquio o monólogo de William Shakespeare llamado Hamlet. Pero lo vamos a cambiar. Ese frase de cero no ser lo vamos a poner como ahora para empezar y adentrarnos en el marco teórico de lo que vamos a hablar del alcoholismo. Vamos a poner esta partecita de beber o no beber. Beber o no beber. Una pregunta. Es malo tomar... ¿Qué dice la Biblia? Hay ciertas personas que defienden agarridamente su posición respecto a que la Biblia prohíbe estrictamente todo tipo de ingesta etílica. Que todo lo relacionado al alcohol en la Biblia es malo y que nunca trae nada bueno consigo. Sin embargo, lo cierto es que no se encuentra en la Biblia algo que indique que tomar es malo y que se tome como un fundamento para llegar a una conjetura tal. De decir, la Biblia dice que no se puede tomar. ¿Saben cuál fue el primer milagro de Jesucristo?
Juan 2. Acompáñame, por favor, a el Evangelio de Juan, el apóstol amado. Capítulo 2. En las bodas de Canaan.
Estaban todos pasando la súper bien en la boda. Hasta que se acabó el vino. Juan 2. Y versículo 6. Vamos a avanzar un poco en la historia hasta el versículo 6. Cana de Galilea hace lugar en la boda. No Cana. Versículo 6. Y estaban allí 6 tinajas de piedra para agua, conforme el rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían 2 o 3 cántaros. Versículo 7. Jesús les dijo llenad estas tinajas de agua y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo, sacad ahora y llevadlo al maestre sala. Y se lo llevaron. Cuando el maestre sala probó el agua hecha vino, sin saber el de dónde era, aunque los sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo. Y le dijo, todo hombre sirve primero el buen vino. Y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior. Más tú has reservado el buen vino hasta ahora. Qué su Cristo, aquí un cántaro de agua es algo como unos 39, 40 litros. Entonces si hablamos de dos, tres cántaros de agua, como dice la Escritura, estamos hablando entre 80 y 120 litros de vino. Póngamosles 100 botellas de vino, que aparecieron de manera milagrosa, que estaban llenas de agua y entonces aquí aparecieron de vino. Pero no era cualquier vino.
Era un buen vino, como lo dijo aquí el Maestro Sala frente al Esposo. El primer milagro de Jesús fue convertir el agua en vino.
Muchos, como decimos defensores de esta postura, de que no se puede tomar vino en absoluto, mencionan que cuando la Biblia habla de vino, en realidad está hablando de jugo de uva. No es vino en realidad, lo que se conoce como mosto. Sin embargo, aquí solamente un pasaje que nos puede ayudar a entender que esto no es así, hagamos una simple mirada exegética del contexto de lo que es una ingesta de vino, específicamente aquí en el caso de los corintios. No vayan ahí, primera corintios 11-21, el problema aquí que había en la Iglesia de los corintios, no era que bebieran vino en las fiestas santas, en Pascua, en Pánez y Levadura. El problema aquí que Pablo dice es que se estaban embriagando. No era que estuvieran tomando vino. Habla de incluso de glotonería y embriaguez. Entonces, respecto a esto, la corrección de Pablo, como decimos, no fue que tomaran vino, sino que no se emborrachara. Es muy diferente el enfoque que uno le da y que Pablo hace aquí y que no hay que tergiversar lo que la Biblia está diciendo. Que no hicieran de una fiesta santa Pascua y Pánez y Levadura una herergía de satisfacciones carnales. Pongámole buen vino y tomemos bastante y tomemos y tomemos. Y comamos. Y el que no tiene no importa, se la arregla solo. Ese es el problema que había aquí en la Iglesia de Corintios. Ellos... fíjense bien aquí, ellos no estaban tomando juguito de uva. Porque el jugo de uva no emborracha. Quizás le va a doler el estómago, pero no lo emborracha.
Entonces aquí, esa pequeña partecita de la Biblia nos ayuda a entender que el problema en realidad no es beber el vino, sino que llegar al tema de la embriaguez. Si la Biblia permite la ingesta de jugo de uva fermentado, es decir, el vino, y por extensión la Biblia temenávala de sidra, de bebidas fuertes, alcohólicas. No se bebía cerveza en esta cultura, pero es parte del mismo proceso de fermentación del jugo de uva. Aquí está la cerveza, está la sidra, y hay otros destilados también que fermentan y agarran un grado alcohólico. Entonces, lo que Dios realmente nos indica respecto a la ingesta es, como lo decimos, la exageración o la embriaguez. Hay una gran diferencia entre beber y comer y embriagarse y ser un glotón. Hay una gran diferencia, y esa diferencia es muy sencilla, es el extremo. Llegar un extremo tal de quedarse borracho o de realmente convertirse en un glotón, de comer por comer. Recuerden los romanos que desarrollaron todo esto que era la glotonería, pero ya con el nombre de la agula. Quiere todavía más atroz. Si ya no te cabe más, ve a devolver al baño y sigue comiendo. Eso es lo que hacía los romanos, para seguir en el tema de gustar la comida rica que ellos tenían. Obviamente, ese es un extremo. Vayamos a Romanos 13. Romanos 13.
Nos habla aquí de los extremos, de no llegar al punto. Dice, andemos como de día, honestamente. No en glotonerías y borracheras, no en lujurias y las hídias, no en contiendas y envidia. El tema bíblico de beber o no beber, de comer o no comer, no es el hecho de hacerlo, de beber o de comer, sino el extremo de llegar a hacerlo para convertirse en un glotón, de un borracho. Esto puede ser muy subjetivo algunas veces.
Con una carencia de criterio exacerbada, fariseos, pensaban lo siguiente de Juan el Bautista y de Cristo. Fíjense en Mateo 11. Miren qué interesante hablando aquí de la glotonería y de las borracheras.
En Mateo 11, estamos haciendo aquí la conexión de esto de beber o no beber, aunado a lo que es la ingesta de comida, de estos dos extremos de emborracharse y ser glotones. Fíjense en Mateo 11, en versículo 16, qué es lo que dice aquí Jesús hablando de Juan el Bautista y hablando de sí mismo dice más, aquí compararé esta generación. Es semejante a los muchachos que se sientan de las plazas y dan voces a sus compañeros, diciendo, os tocamos flauta y no bailáis, os endechamos y no lamentáis. Aquí viene la frase. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía y dicen, demonio tiene. ¿De qué se alimentaba Juan? De miel y langostas en el desierto. Y aquí viene el 19. Vino el hijo del hombre, que come y bebe y dicen, es aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. Esta generación incrédula que vivió juntamente con Jesucristo, como vemos aquí, era muy malpensada.
No había como llamarles la atención para decirle, está frente al Hijo de Dios. Porque tenían toda una mecanismo y un aparato, una estructura que era inquebrantable de la burbuja de su ley, que era más importante que cualquier cosa. Que ni siquiera ellos mismos pudían cargar como en Mateo 23 habla de eso.
Aquí, entonces, con Mateo 11, con el punto de vista de los fariseos, que decían de Juan y de Cristo, el lunes, que tenía demonio o tenía comilón y borracho. Entonces, para ver el desarrollo de lo que es este mensaje, como dijimos al comienzo, vamos a ver el primer problema o el primer concepto, que es la justificación. Pero la justificación humana, ese es el problema número uno. Y lo vamos a ir tomando en paralelo con los alcohólicos, que es lo que mencionamos al comienzo. Vamos a hablar del alcoholismo, pero a un nivel diferente que nos atañe a nosotros.
Vamos a una parábola que solamente se encuentra en Lucas 18, que la hemos leído muchas veces, y que nos va a ayudar para despegar de aquí hacia adelante este problema número uno de la justificación humana.
Aunque parábola, de todas maneras, describe lo que estaba sucediendo en ese momento, el real ambiente que había en aquel entonces. Lucas 18, fíjese, versículo 9, dice, a unos que confiaban en sí mismos como justo si menos preciaban a los otros, dijo también esta parábola. Aquí entonces comienza a hablar esta parábola del 10 al 14, vamos a leer. Lucas 18, versículo 11, el fariseo. No, perdón, el versículo 10. Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo puesto en pie oraba consigo mismo de esta manera. Dios te dé gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones injustos, adulteros, ni aún como este publicano.
Aquí viene la justificación. Hay uno o dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Más la comparación. El publicano, estando lejos, se estaba comparando con el publicano. El publicano estando lejos, no quería ni aún alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo, Dios, se propicio a mí pecador.
Os digo que este descendió a su casa, hablando del publicano, descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que sea enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.
El primer y gran problema, que no, o que es muy importante superar para un alcohólico, es que deben reconocer que tienen un problema, que son alcohólicos.
El primer problema es decir, yo no soy alcohólico, cuando se sabe que sí es.
Es un gran problema y no hay mucho avance después de eso.
Como decíamos, el alcoholismo destruye hogares, destruye la moral, la economía. ¿Cuánto dinero se puede gastar en alcohol? La confianza, la estabilidad de todos los que rodean a la persona alcohólica, no es algo que solamente le afecta a él.
El relato que les conté al inicio es real, no era un chiste, no era algo simpático que contar.
Es una vergüenza, es una aflicción para ellos.
Una persona alcohólica necesita ayuda y para poder ayudar a tal alcohólico debe reconocer su problema y no justificarse infantilmente.
Estamos hablando de la justificación en este primer aparte, no justificarse infantilmente.
Volvamos a la parábola de Lucas 18. Nos habla de dos hombres, el fariseo y el publicano.
¿Cuál de los dos tenía un problema que no reconocía?
¿Cuál de los dos tenía un gran problema que no estaba reconociendo?
Al igual que un empedernido alcohólico, es decir, que no quiere cambiar, que no reconoce, el fariseo se jactaba de no ser como los otros hombres que eran mucho peor.
El infame publicano que estaba ahí, que no nació judío, sino que trabajaba recolectando impuestos para Roma, eso es lo que es un publicano.
Ahora, y que ahora subía el templo junto con los fariseos, a orar, a Dios, y que no ayunaba tanto como el judío, y no dismaba tan detalladamente como el judío, este publicano estaba lleno de vergüenza, que no podía siquiera levantar su rostro.
Si ponemos al fariseo como si fuera un alcohólico, es como si dijera, yo no tengo problema hablando de la justificación. Los otros son los que beben en exceso, no yo.
Yo no bebo todos los días como un alcohólico, no me emborracho siempre.
Es más, me merezco unas copas después de trabajar tan duro, etcétera, etcétera. Esto es la justificación infantil, que no vemos escrita para el fariseo, porque estamos tomándolo para llevarlo ahora a lo que podría decir un alcohólico que no reconoce su problema.
Los fariseos ayunaban el día lunes y el día jueves, se privaban de comida, pero si tomaban agua, y se jactaban de hacerlo. Aquí lo podemos ver. Yo ayuno dos veces por semana, el lunes y jueves. Generalmente lo hacían entre las épocas de fiestas.
O sea, al mes serían ocho ayunos del mes. Si son seis meses, seis por ocho, cuarenta y ocho, casi cincuenta y unos en los días de fiesta.
De esos seis meses de Pascua a último grandía.
Y además diezmaban celosamente la menta y el comino.
Entonces las pequeñas hojitas de la menta, alguien ha plantado una menta, las hojitas que tienen, bueno, si tiene cincuenta hojitas, entonces diez hojitas las diezmo.
Así eran de meticulosos. Y se jactaban de hacerlo.
Llevemos esto a otro nivel.
De una frase que tal vez hemos pensado o hemos dicho.
Yo guardo todas las fiestas, todos los sábados, yodiezmo.
No estoy tan mal como la gente del mundo que no conoce las fiestas, que no conoce el sábado, que no conoce los mandamientos. Justificación. O peor todavía.
Yo guardo mejor las fiestas.
Yo guardo mejor el sábado. Yodiezmo más.
No como esta persona que algunas veces viene a la iglesia el sábado. El publicano, si vemos la parábola aquí, tiene una actitud muy diferente del alfariseo en la escena. Y la actitud del publicano fue la que hizo que según la parábola, el publicano fuera justificado antes de quien se vio. Al final dice, os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro. Porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Y el que se humilla será enaltecido. Y el que se humilla será enaltecido. Y la actitud del publicano fue la que hizo que según la parábola, el publicano fuera justificado antes de quien se creía justificado. Y cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. Sabemos que la ley es buena. Pero no la podemos, perdón, pero podemos llegar a tomar la ley o lo que creemos o lo que hacemos, lo que entendemos, para creernos algo en realidad cuando lo cierto es que no somos nada. Eso le pasó a los fariseos. ¿Quién se suelen ver esta exactitud en ser la iglesia? ¿Por qué? Porque somos humanos, tan sencillo como eso. Y esa es nuestra lucha. Porque como seres humanos, tendemos a justificar nuestras cosas que hacemos o no hacemos. Si nos llegamos a comparar con el mundo, podemos llegar a pensar que somos mejores. Pero esa visión es bastante subjetiva porque es de uno. Es una autogustificación. Es una mirada bajo nuestros propios ojos. No a los de Dios. Ahí ya la cosa cambia. ¿Quién es lo que ve Dios? ¿Quién es lo que mira Dios? Lucas 18.13. ¿Qué es lo que ve Dios? ¿Qué es lo que ve Dios? Lucas 18.13. Veamos este versículo nuevamente. Lucas 18.13. Esta parte de la parábola dice, Más el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo, Dios, sé propicio a mí, pecador. Dios, mis hermanos, ve a una persona que, sabiendo que es indigna incluso de hablarle, sabiendo que no es la gran cosa, la persona, externaliza su sentir en una frase corta, pero que puede penetrar el velo hasta el tercer cielo. Sé propicio a mí, pecador. Dios mío, acércate a mí, a pesar de que no me lo merezco, a pesar de que soy pecador. Esa es la frase que dice el publicano acá. Dios, sé propicio a mí, pecador. Dios mío, ayúdame porque soy pecador y no quiero serlo más. Esa es la gran diferencia que hay aquí en solamente esa frase del publicano y en la historia con el fariseo. Al igual que un alcohólico empedernido, podemos ser obstinados y pensar que no somos tan malos. ¿Qué no somos tan malos? Generalmente, esta frase, alguna vez se suele pensar en los jóvenes que nacen en la iglesia y que han guardado los mandamientos toda su vida. Entonces dice, bueno, me voy a bautizar, pero de qué me voy a arrepentirse y toda mi vida ha guardado los mandamientos. Es más fino, pero sí, hay mucho de que arrepentirse.
Pero llevándolo ya a un nivel más maduro, podemos llegar a pensar que en realidad no tenemos tantos problemas.
La verdad es que, ¿quién está libre del gran problema que todos tenemos?
Como dice la escritura, que arroje la primera piedra. ¿Quién está libre? ¿Quién se salva?
De que la frase Dios se propicio a mi pecador, no se aplique a uno. Romanos 3.
Romanos capítulo 3 y versículo 23 al 28.
Romanos capítulo 3, versículo 23 al 28.
Aquí hay un pedazo bien interesante, hablando incluso de la justificación. Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios, ¿alguien se salva de esto?
Pero aquí viene, sin realmente, viene la salvación, pero no nuestra. Versículo 24, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación, como expiación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto en su paciencia, los pecados pasados. ¿Cuál es la próxima fiesta que viene? ¡Uy, sí queda mucho!
No, no queda mucho. Pasco, pasar por alto, los pecados. No que no seamos pecadores, pero sí pasa por alto. Cubre. Eso es pascua. Versículo 26. Con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo y, hablando de Dios, el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde puedes estar la jactancia? Queda excluida, si pensamos como el publicano. ¿Por cuál ley? ¿Por la ley de las obras? ¿No? Si no por la ley de la fe. Concluimos pues que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Y el versículo 28 causa mucha confusión.
Dicen, bueno, entonces las obras no son necesarias. Aquí dice, sin las obras de la ley. Un aspecto importante de romanos, aquí como entre paréntesis, es que cuando habla de las obras de la ley, se está refiriendo a la parte ceremonial y ritual del antiguo pacto, en el antiguo testamento. Claro está que la fe en Cristo es la que nos justifica, como lo dice acá.
Pero la fe sin obras, es decir, guardar los mandamientos de Dios es muerta. Como lo vemos en el paralelo de Santiago 2, 26 y otros pasajes. Pero aquí con esto nos apoyamos para no malentender esto de las obras de la ley. ¿Qué se está refiriendo las obras de la ley? Se está refiriendo a toda la parte ceremonial y ritual que quedó abolida por el nuevo pacto. Es otro tema, pero es importante repasarlo un poquitito. El acto jurídico de vino de la justificación, se aplica sobre la persona que tiene la actitud correcta.
Se aplica de manera gratuita cuando tiene la fe en Jesucristo. Recuerden uno de los versículos troncales de la Biblia que se encuentra en Aba Kuk, capítulo 12, versículo 4, cuando menciona y dice el justo por su fe didirá y que luego se hablan al nuevo testamento en varias oportunidades. El justo por su fe didirá. ¿Qué significa hoy? ¿Qué significa para hoy? O para nosotros hoy, creer en Jesucristo.
¿Qué significa eso? Esto puede ser un sermón completamente aparte. Pero para aislar el desarrollo que estamos hablando de la justificación humana y divina, lo podemos responder en estas frases. Creer en Jesucristo implica que la persona sabe que es pecadora, como el publicano. Se propicio a mí, pecador. Incluso que debe morir, primera de Juan 3.4. El que peca, debe morir. El que cree en Jesucristo sabe que necesita un Salvador personal, un maestro, un Señor, un sumo sacerdote para que pueda ser justificado frente a Dios. Así de sencillo y profundo, podemos decir.
¿Qué significa creer en Jesucristo? Cantar una bonita canción puede ser parte, pero aquí está la médula de lo que significa creer en Jesucristo. Que un hombre murió y que ahora podemos acceder al trono de gracia. Que se extiende el manto de misericordia por el sacrificio de Jesús. Porque somos pecadores, como el publicano. Esta actitud fue la que tuvo el fariseo frente al publicano. Perdón, la que no tuvo el fariseo. Y la actitud del fariseo, muchas veces la hemos hecho sin querer creer, como dicen.
Y la hemos hecho frente, tal vez, a un publicano. O frente a un vecino. O incluso frente a un hombre alcohólico. Nos creemos mejores que el hombre alcohólico. Estamos hilando muy fino el día de hoy, pero son cosas importantes. Recapitulemos un poco de lo que llevamos. Dios, partimos con la ingesta de alcohol, hicimos un pequeño repaso que no lo prohíbe, sino que lo que prohíbe y lo que condena es el extremo de las borracheras y las glotonerías.
Y así como Juan el Bautista y Cristo fueron tachados como un endemoniado, o como un borracho y glotón por comer o no comer o beber y no beber. Y a Cristo también, un amigo de publicanos y pecadores, esa sensación o ese punto de vista puede ser muy subjetivo. Y era el que tenían los fariseos, ellos. Parafraciando un poco el sermón de hoy, no se creían alcohólicos. No tengo problema. Todos los otros los que nos diezman como yo, los que no guardan los mandamientos como yo, yo no tengo problema.
¿Cómo van a poder salir ellos de su problema? Cristo, aquí en la parábola de Lucas 18, que leímos, demostró que un publicano que reconocía ser pecador, tuvo una actitud contrita, que mereció la justificación divina, incluso antes de aquel fariseo, el que se jactaba de hacerlo todo bien, no como los otros. Yo ayuno tantas veces, yo diezmo, yo hago esto y hago este otro, no como los otros. Un alcohólico debe reconocer que tiene un problema para poder recibir ayuda y resolverlo. Nosotros debemos reconocer que tenemos un problema de pecado.
Y que necesitamos ayuda para poder recibir el perdón de Dios. Es básico. Porque si no reconocemos nuestro problema, estamos diciendo que no necesitamos a Jesucristo. Nos creemos tan justos a nuestros propios ojos. En realidad estamos externalizando lo que nuestro corazón engañoso nos puede llegar a decir, que no necesitamos a Jesucristo, ni a Dios, ni a su gracia. No se aplica la justificación divina, sí la humana, pero no la divina. No se guarden al publicano y al fariseo. Es el problema número uno de la justificación. Tanto alcohólicos como nosotros, cristianos, nos parecemos en ese sentido cuando tenemos y no reconocemos el problema. Problema número dos, dominio propio. O la falta de dominio propio. El alcohólico tiene un problema de dependencia bastante grande, que no le permite controlarse. No puede decir que no, o no puede decir solamente una copa porque ya se le va la otra. Tiene miedo de estar en un ambiente donde vayan a ver comidas y bebidas alcohólicas, y en cualquier momento va a decir, ya, yo me tomo una, me tomo la otra, ya empezó el problema. Entonces, tienen una carencia de dominio propio. La gran lucha que tiene un alcohólico es muy similar a quienes sabemos que somos pecadores y que no queremos pecar más, hablando ahora del dominio propio más para nosotros. Galatas 5, donde nos habla que espíritu y carne se contradicen, nuestra lucha, nuestra lucha. Espíritu y carne se contradicen. Galatas 5 y versículo 17. Galatas 5 y versículo 17. Que el deseo de la carne es contra el espíritu y el del espíritu es contra la carne, y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais. Esa es nuestra lucha. 18. Pero, si sois guiados por el espíritu, no estáis bajo la ley y manifiestas son las obras de la carne. La Biblia no tiene problema para hablarnos cosas desagradables. La Biblia no solamente habla de Galatas 5 y 22 y los frutos del espíritu de centro, pero aquí habla de las obras de la carne. ¿Qué son? El adulterio, fornicación y mundicia, la cibia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disenciones, cerejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Los que practican tales cosas es clave aquí. Los que practican tales cosas son quienes no quieren cambiar porque no tienen un problema. No han demostrado arrepentimiento genuino. Los que practican tal, se mantienen haciendo estas cosas. Por mucho que digan lo siento, no hay mejor arrepentimiento que cambiar o hacer otra cosa en vez de eso, para demostrar un verdadero arrepentimiento. Los que practican tales cosas, como decimos, no quieren cambiar y se dejan llevar por sus pasiones las obras de la carne.
Pueden sentir en el corazón una actitud de querer cambiar, pero se dejan llevar por las pasiones y al final recaen en estas cosas. Es muy diferente saber y decir que algunas personas practicábamos tales cosas, pero eso es el pasado. No deberíamos seguir practicándolas, eso es lo que está diciendo acá. Porque si las practicamos, simplemente no heredaremos el reino de Dios. Al final de lo que leímos, versículo 21. Practicar el alcohol, detenerse en alcohol, en las escrituras lo describe con lujo de detalle. Una persona alcohólica, Proverbios 23.
Proverbios 23 y versículo 30 al 35. Proverbios capítulo 23, versículo 30 al 35. Para los que se detienen mucho en el vino. Fíjense ahí. Se detienen en el vino. Para los que van buscando la mistura. No mire salvino cuando rojea. No mire el vodka, el tequila, la cerveza, etcétera. Póngale usted. No mire salvino cuando rojea. Cuando resplandece su color en la copa, se entra suavemente. Más al fin como serpiente morderá. Y como áspit dará dolor. Tus ojos mirarán cosas extrañas. ¿Las he visto los ojos son borrachos? No enfocan. No pueden mirar. Y tu corazón hablará perversidades. No razonan. Uno no puede negociar ni hablar algo sensato con un borracho. 34, ¿serás como el que ya hace en medio del mar? ¿Por qué cree que se caen los borrachitos? Porque como que estuvieran ahí en el mar. O como el que está en la punta de un mastelero. Y dirás, me hirieron, más no me dolió. Me asotaron, más no lo sentí. Cuando despertare, aún lo volveré a buscar. Un alcohólico. Todo lo que le pasó en la noche o donde haya sido, incluso lo golpearon y no sintió nada. Los borrachos se pueden caer de cabeza y no les pasa nada. Y al otro día, ahí vienen los dolores. Eso es lo que está hablando las escrituras.
Un alcohólico. Esta es la mejor descripción bíblica de lo que es el alcoholismo. Esta es una persona que se detiene y practica tomar alcohol. Noten que aquí no dice la frecuencia. Aquí no está diciendo, puedes hacerlo una vez por semana, una vez por mes, una vez por año. Sino que está diciendo lo que se detiene. La frase no tiene nada de malo pasarse unas copitas de vez en cuando. Y la voy a repetir. La frase no tiene nada de malo pasarse unas copitas de vez en cuando. Es justificar carnalmente un pecado. No nos equivoquemos. No podemos justificarnos.
Para dejar de caer en este tipo de pecado, hablando ya de lo que es el dominio propio, y cualquier tipo de pecado, para no detenernos en el pecado, debemos reconocer, como hemos venido diciendo, que no podemos solos. Segunda de Timoteo, capítulo 1 y versículo 7. Segunda de Timoteo, capítulo 1.
Y versículo 7. Hablándola aquí. Pablo.
Segunda de Timoteo 1.7. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Es un poder que no viene de nosotros, pues una fuerza que no viene de nosotros, es el poder de Dios. Y este poder nos hace dominar nuestra carne. Es decir, tenemos la capacidad, podemos llegar a decir no, frente a las obras de la carne, cuando tenemos el poder de Dios y nos puede ayudar. Otro ejemplo, Santiago 1.19.
Santiago 1.19.
Por eso dijimos este pecado de detenerse en el vino o de cualquier otro. Aquí, Santiago 1.19, también habla de lo que es el dominio propio. Dice, por esto mis hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para irarse. Eso es dominio propio. Cuando uno inmediatamente saca una radiografía en cinco segundos de lo que hizo o no hizo, o como está la persona, no está teniendo dominio propio.
O está escuchando una versión de los hechos y ya está teniendo un juicio sobre una persona y no está teniendo dominio propio. Porque cuán fácil es de toda una situación, agarrar solamente un pedacito y tener ya, yo ya sé lo que pasa aquí, ya sé toda la versión. Eso es dominio propio. Autocontrol, templanza. No nos dejemos llevar por nuestra naturaleza humana, sino que debemos ser guiados por el Espíritu Santo de Dios. Volvamos a Galatas 5, que estamos ahí hablando de las obras de la carne. Y hablemos de la parte de la que se dice, la parte de la que se dice, la parte de la que se dice, y hablemos de la parte positiva.
Lo opuesto. Galatas 5, 22, hablando de lo que son las características de nuestro desarrollo espiritual que podemos obtener cuando tenemos el Espíritu Santo de Dios. Galatas 5, 22. Más, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad. Bondad, fe, mansedumbre, templanza o dominio propio. Contratales cosas, no hay ley. Un hombre que no tiene dominio propio, puede convertirse en un alcohólico, puede convertirse en un mentiroso, en un fornicario, en un envidioso, y póngale todo lo que habla aquí de las obras de la carne, cuando no tiene dominio propio.
Leemos todas esas obras en Galatas 5, 19 y 21. La importancia del dominio propio. Uno tiene que controlarse. Es muy importante la templanza. Poéticamente, la Biblia describe al hombre sin dominio propio en Proverbios 25. Lo describe de una manera que yo lo encuentro muy interesante sobre una persona que no tiene dominio propio, que está expuesta a todas las obras de la carne y se va a mantener, tal vez, en esas obras. Proverbios 25, versículo 28. Como una ciudad derribada y sin muro, es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda. Necesitamos controlarnos. Como una ciudad derribada y sin muro, el que quiere entra, el que quiere roba, el que quiere hacer lo que quiere en esa ciudad.
Así es un hombre sin dominio propio. Entonces, la justificación de divina y el dominio propio son dos cosas muy importantes para nosotros los cristianos. Como conclusión, ya entrando a la última parte, si usted que está escuchando este mensaje, es alcohólico, reconozca que tiene un problema, partamos por ahí, pida ayuda. Será muy difícil salir solo de ahí. Si usted está escuchando este mensaje y es cristiano, no nos cansemos de reconocer que tenemos un problema, como el publicano.
Somos pecadores. Somos pecadores. No lo pido a mí, pecador. Soy pecador. Pero Dios, acércate a mí. Dame de tu ayuda. No porque no seamos alcohólicos, somos mejores que un alcohólico. Ya vimos la actitud correcta de no autojustificarse humanamente, ni jactarse al compararse con quien sea, ni con nosotros mismos, ni con la gente de afuera. La justificación debe ser divina. ¿Se recuerda el publicano que fue justificado antes? Y no era como el fariseo de tan celoso, tal vez a su manera de ver las cosas.
Pero tenía esa actitud, tenía esa actitud de considerarse un pecador frente a Dios y entendía que la justificación debe ser divina por medio de su hijo, la fe en Jesucristo. Esta actitud significa que nos vamos a presentar a Dios como pecadores. Cada oración debe incluir perdón a mi Dios. Perdón a mi Dios. Esta historia de presentarse como pecador la podemos tomar incluso con Caín y Abel.
La hemos relatado otras veces. ¿Cuál fue la gran diferencia entre Caín y Abel? La ofrenda. Sí. Pero más allá de la ofrenda fue que la actitud de ellos era muy diferente. Porque de ahí nació todo. Abel ofreció vida, ofreció sangre, una expiación a Dios y de lo más gordo que él tenía. A fondo, Abel está diciendo, tengo que expiar mi pecado con esta sangre. No hay perdón de pecados ni purificación sin sangre. Y aquí está entonces Abel. Y Caín ofreció simplemente fruta.
No soy pecador. No necesito a nadie. No necesito expiar mis pecados. Y ahí la historia ya la conocemos. Recuerden la frase de el publicano. Dios se propicio a mi pecador. Así vamos a poder recibir la ayuda de Dios, Su poder, el que nos ayudará a dominar nuestras obras de la carne y no vivir para satisfacer, para detenernos en las obras de la carne. Cuando veamos a alguien alcohólico, no pensemos que somos mejores. Nadie puede garantizar que algún día nos encontremos en ese lugar.
Pidamos a Dios por ellos, que los libre de esa esclavitud, así como también le pedimos a Dios que nos libre de este cuerpo de muerte. Ya para terminar, aquí Pablo, aparentemente en su carta a los Gálatas, él manifestó un problema de visión y de su propio puño y letra, muy preocupado por ellos, los exhorta de la siguiente manera, Gálatas.
Gálatas, capítulo 6, habíamos visto los frutos de la carne, los frutos del Espíritu Santo. Y ahora aquí, llegando al final de la carta de los Gálatas, a los Gálatas, capítulo 6 y versículo 7 al 9, podemos hacer lo que queramos o intentar engañar a la gente, pero al final del día, aquí diría en la frase que tan bien conocemos, no os engañéis, Dios no puede ser burlado, podemos decir no soy alcohólico, podemos decir no soy pecador, pero va a llegar un punto en que vamos a tener que sacar un pedregal y guardar los mandamientos de Dios, como lo fue con Céfara, cuando lo hablábamos en el informativo, llega un momento en que nos van a poner en aprietos, porque no estamos haciendo lo que necesitamos hacer, no os engañéis, Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también se gará, porque el que siembra para su carne, de la carne se garará corrupción, más el que siembra para el espíritu, del espíritu se garará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque a su tiempo se garemos, sino desmayamos. Esa es nuestra lucha. Entonces, mis hermanos, esta comparación de una persona alcohólica la traemos a nosotros también, incluso, para ver que tenemos algo en común algunas veces, esto de la justificación y esto del dominio propio.
Nadie puede lanzar esa primera piedra. Entonces, no nos cansemos de buscar humildad. No nos cansemos de buscar esa humildad de Dios, de que la frase Dios se propicio a mí, pecador, está en cada una de nuestras oraciones, está en cada vez que nosotros veamos al hermano con un problema, y de no pensar yo soy mejor que tú, y en vez de eso pensar, ¿cómo te puedo ayudar? Hay una gran diferencia. No nos cansemos de buscar humildad. No nos cansemos de buscar el poder de Dios para que nos incremente el dominio propio. Esto no quiere decir que una persona bautizada, recibe el Espíritu Santo y listo, tiene dominio propio, es un desarrollo. Hay que crecer en gracia y en conocimiento. No nos cansemos de buscar humildad, no nos cansemos de buscar el poder de Dios, porque mis hermanos más temprano que tarde vamos a poder llegar con Cristo al venir la glorificación de los publicanos, de los pecadores. Buenas tardes a todos.