Introducción
Leamos esta asombrosa historia: Un día mueren un hombre rico y un hombre pobre. Al instante, ambos despiertan —pero en circunstancias muy diferentes.
El pobre abre los ojos y ve el paraíso enfrente de él. Héroes legendarios de la fe como Abraham están allí para recibirlo y acogerlo con un cálido abrazo. Los años de penurias y rechazo en la Tierra han valido la pena: ya está en el cielo, disfrutando la promesa de Dios.
El rico ahora abre los ojos y se encuentra ante una escena muy distinta. Está en lo profundo del corazón de la Tierra, en un terrorífico abismo de tormento y desesperación. Criaturas malignas acechan apenas fuera de su vista, y su carne hierve entre llamas. Su vida de egoísmo y desdén lo ha alcanzado: está en el infierno, pagando el precio eterno por sus pecados.
Es una historia espeluznante para quienes viven de manera egoísta, como el rico, pero esperanzadora para quienes son como Lázaro, el mendigo que halló su recompensa en el cielo. ¿Es esto lo que usted cree cuando lee la historia de Lázaro y el rico en su Biblia? Y, más importante aún: ¿es esto lo que Jesús quiere que usted entienda de esta parábola?