¿Cómo podemos resistir a Satanás?

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Además de identificar los métodos que Satanás utiliza para engañar a la gente, Dios nos da una guía específica para que podamos resistir al diablo y su influencia. La Palabra de Dios nos asegura: “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Esta promesa, sin embargo, está dirigida directamente a aquellos que están dispuestos a “someterse a Dios” (mismo versículo), y le sigue inmediatamente esta exhortación: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (v. 8).

¿Cómo, entonces, podemos acercarnos a Dios? Continuemos con la instrucción: “Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones” (mismo versículo). Debemos esforzarnos por eliminar la forma de pensar de Satanás en nuestras vidas y comportarnos de un modo diferente.

No olvidemos que Satanás es tan astuto y poderoso que ningún ser humano puede resistir exitosamente su influencia sin la ayuda de Dios. Por lo tanto, la clave para resistir al diablo es sincera y constantemente acercarnos a Dios y permanecer cerca de él.

El primer paso es permitir que Dios borre la influencia de Satanás en nuestra mente. Esto se lleva a cabo cuando reconocemos nuestros pecados y nos arrepentimos de ellos. Esta transformación es tan impresionante que en las Escrituras se le compara a un volver a la vida después de estar muertos.

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:1-3).

Cuando empezamos a arrepentirnos verdaderamente y a someternos a Dios de todo corazón, empezamos a tomar en serio lo que él dice y a obedecer sus instrucciones y mandamientos. Entonces su Palabra, la Biblia, comienza a limpiar nuestras mentes, lavando nuestros malos pensamientos e intenciones. Todos los que se arrepienten genuinamente —se rinden de todo corazón a la voluntad de Dios y son bautizados para poder recibir el Espíritu Santo— son puestos por Jesucristo en su iglesia. Si usted desea profundizar más a este respecto, le recomendamos que busque un verdadero ministro de Dios para hablar acerca del bautismo.

Ahora veamos el interés que Cristo tiene por aquellos que hacen esto y cómo es que él trabaja para quitar toda mala influencia de sus corazones y mentes: Cristo “. . . amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27). La Palabra de Dios es el instrumento que Cristo utiliza, por medio del poder del Espíritu Santo, para limpiar la influencia de Satanás en nuestro pensamiento.

Pero ¿qué podemos hacer para preservarnos de los intentos que Satanás hará para influenciarnos en el futuro? Aquí también Dios nos da una defensa: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10-13).

Enseguida el apóstol nos da una lista de los elementos específicos de la armadura espiritual que Dios nos ofrece. Compara la defensa de los siervos de Dios contra la influencia de Satanás con un cinturón que los rodea: “Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia” (v. 14). Describe su calzado de combate como siendo “calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz” (v. 15). Su escudo es “el escudo de la fe” en Dios y en su Hijo Jesucristo, “con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno” (v. 16). Su firmeza y resolución se ven protegidas por “el casco de la salvación” (v. 17), esa seguridad y confianza absolutas de que los que perseveren en servir y agradar a Dios recibirán la vida eterna. El único elemento ofensivo en toda esta armadura, que pueden utilizar para cortar de tajo las actitudes y filosofías de Satanás, es “la espada del espíritu, que es la palabra de Dios” (v. 17). Finalmente, dice Pablo: “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (v. 18; las citas bíblicas en este párrafo son de la Nueva Versión Internacional).

Estas son las claves esenciales para superar los esfuerzos de Satanás, quien querrá volver a tener el control sobre aquellos “que verdaderamente habían huido de los que viven en error” (2 Pedro 2:18).

A medida que nuestro carácter se parezca más al de Dios, Satanás se sentirá menos cómodo en nuestra presencia, y estará más dispuesto a huir de nosotros.