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El otro día estaba leyendo un artículo de un periodista. Lo encontré muy interesante, ya que hablaba los grandes desafíos que el periodismo tiene hoy en día, en los medios de comunicación, de comunicar de manera convincente y confiable. Dicho artículo, citaba un poema de Rudjer Kipling, el cual dice así.
Todas las personas, como nosotros, somos nosotros, y todo el resto son ellos. Ellos viven al otro lado del mar, mientras nosotros vivimos en el camino. Pero puedes creer que solo una pequeña parte de ellos nos miran a nosotros. Este fragmento es de un poema llamado Ellos y Nosotros, de 1891. Kipling es el autor de un cuento que ha sido conocido por Disney. El cuento al cual me refiero es el libro de la selva. ¿Alguien lo ha visto por ahí? Es el mismo que tomó Disney en su película animada con el mismo nombre, el libro de la selva, de 1967.
El autor Kipling en este cuento nos habla de un BD, que es criado en una cueva de lobos. Pero a medida que crece y las diferencias son manotables, este niño es expulsado de la manada. El cuento se vuelve muy interesante, ya que muestra diferentes animales, especies de animales, sus leyes y valores, las que están presentes y al mismo tiempo ausentes.
Independientemente del lugar en el que hayamos nacido, la selva o la ciudad, el norte o el sur, tierra o mar, la cosmovisión de Kipling es algo inherente en todos nosotros. Me refiero al concepto marginal de ellos y nosotros. Un concepto que todos, absolutamente todos, hemos pensado sentido en algún momento. Y esto se ha incrementado tremendamente en las últimas décadas. Porque si bien es cierto, vivimos en un mundo fascinante con la tecnología y los avances, también, por otro lado, es un mundo muy desinformado, confuso y tremendamente dividido, polarizado. Por eso, hablemos de ellos, hablemos de nosotros, ideamos qué es lo que nos depara el futuro a todos, según las sagradas escrituras. Hay personas que les gusta notar el título del mensaje. El título de este mensaje es, ellos, nosotros y todos. Ellos, nosotros y todos. Supongo que han visto todos las últimas noticias que han acaecido en el oriente, en Israel. Una guerra que no presenta solución alguna y que ninguna de las dos partes se pone de acuerdo. ¿Qué es lo que piensa usted cuando escuchan noticias de lo que sucede allá, en el otro continente? Tal vez podamos sentir empatía por aquellos actos vandálicos del grupo terrorista, extremo musulmán, islámico. O tal vez sintamos tal vez un principio de odio con el solo hecho de pensar se lo merecen. Seguido de dos o tres argumentos que leímos o escuchamos de alguien por ahí. Lo cierto es que no hablamos hebreo, no vivimos allá, estamos acá, en otro continente, al otro lado del mar. Estamos en el camino en el cual hemos nacido y que también nacieron la mayoría de nuestros padres y nuestros abuelos. No comprendemos a cabalidad esta cultura ancestral y ellos tampoco pueden comprendernos a nosotros. La Biblia es un libro de texto el cual tenemos en nuestras manos y que podríamos considerar como el resultado del esfuerzo monumental de unir a diferentes culturas en base a conceptos universales y comprensibles para todos. Evidentemente tenemos en nuestras manos un milagro, una obra inusual que ningún libro puede decir que lo tiene, única en su especie, sui generis, que ha perdurado por siglos y que ha permanecido prácticamente intacta. En primera instancia, esta obra fue confiada a un grupo de personas quienes diligentemente la guardaron y la preservaron y lo siguen incluso haciendo hasta el día de hoy. Ellos son los Ellos del pasado. Y vamos a hablar de este punto, los Ellos del pasado. Hablamos nuestras bibles por favor en romanos, capítulo 3 y versículo 1. Este punto es Ellos del pasado. Romanos, capítulo 3 y versículo 1. Dice así, ¿qué ventaja tiene pues el judío? ¿O de qué aprovecha la circuncisión? Versículo 2, mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. Ahí está. Versículo 3 dice, pues, ¿qué si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula, nula la fidelidad de Dios? Ahí terminamos con el versículo 3. Estos son los Ellos del pasado, un pueblo muy antiguo, que también es conocido como el pueblo de Israel. Que es comprendido por las doce tribus, los doce hijos de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham. Pablo hace mención a ellos utilizando la palabra judío. Es lo que acabamos de leer. Ya que fueron ellos los de la tribu de Judá, los que permanecieron geográficamente en esta zona, junto con la tribu de Ledí y parte de la tribu de Benjamin, cuando se dividió la nación entre los siglos 8 y 6 a.C.
La pregunta retórica de Pablo es interesante porque describe la incredulidad de ellos a pesar de que tenían en su poder el rico conocimiento de Dios, su palabra. Pablo en otras palabras está diciendo que no porque ellos no hayan creído lo que les fue confiado, la palabra de Dios que estaba en sus manos era responsabilidad suya, no porque ellos no hayan creído, lo que está escrito aquí es inválido. Eso es lo que nos está diciendo, Pablo. Nos está diciendo que las promesas de Dios no se anulan porque ellos no creyeron. Esos son los ellos del pasado, recuerden. Acompáñenme en un versículo interesante que queda en uno de los libros escrito por Jeremías, ese libro de lamentaciones.
Justamente podemos encontrarlo antes de Jeremías. A mí alguna vez se me pierde lamentaciones, pero podemos encontrarlo aquí. Perdón, después de Jeremías. Después de Jeremías. Vamos a la lamentación es capítulo 3 y versículos 22 al 23. Lamentaciones capítulo 3 y versículos 22 al 23. Dice de la siguiente manera aquí, por la misericordia del eterno no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada día. Grande es tu fidelidad. Eso es lo que cantamos incluso en uno de los signos al comienzo. Grande es tu fidelidad.
Lamentaciones es un libro escrito por Jeremías después de la destrucción de Jerusalén.
Es un lamento poético en un contexto catastrófico. Y se habla de las consecuencias a nivel general del pueblo por no haberse dejado guiar por Dios de lo alto, como consecuencias. El libro se enfoca en que hay que sujetarse en humildad a Dios con arrepentimiento y esperanza, porque su fidelidad es grande y duradera, tanto como cada amanecer.
Estas tristes experiencias fueron experimentadas por los Ellos del pasado. Podemos hablar mucho más al respecto, pero queda bastante claro. Los Ellos del pasado. Todos ellos experimentaron cosas que son muy útiles para nosotros.
Menciono Primera Corintios 10-11. Nos dice ahí que todas estas cosas fueron escritas para enseñarnos a nosotros, por medio de los ejemplos de sus experiencias y las consecuencias que ellos vivieron y experimentaron. Primera Corintios 10-11 nos habla de esto exactamente. Esos son los Ellos del pasado.
Vamos a un grupo interesante. Nosotros del presente. Nosotros del presente. Vamos a Marcos, capítulo 15, versículo 37.
Al 39. El Evangelio de Marcos, capítulo 15, versículo 37 al versículo 39.
Dice así, más Jesús dando una gran voz expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo verdaderamente, este hombre era hijo de Dios. El templo existía todavía hace dos mil años atrás. Y este detalle que encontramos en los Evangelios, es una imagen muy profunda de lo que realmente ocurrió con un hombre llamado Jesucristo, nacido en Belén, circuncidado el octavo día y presentado en el templo de Jerusalén por sus padres. Porque cuando muere, lo que ocurre de manera inmediata que es que el velo del templo, y para hacernos la idea, era el ancho de una palma de mano aproximadamente, se rompen dos, de arriba a abajo. Es un dato curioso, un detalle importante.
Y además, quien tuvo una comprensión diferente después de esta muerte, inmediatamente después de esto, no fue un hebreo, no fue un israelista, no fue un judío, fue un soldado romano. Verdaderamente, este hombre era hijo de Dios, un gentil.
Tengo tres hijos pequeños y en ocasiones me encuentro con ellos conversando, platicando. Y hacen preguntas, y hacen buenas preguntas, de todo tipo. ¿Ha visto cuando un niño entiende algo cómo se le abre los ojos, cómo le palpita su corazón, cómo sonríe cuando dice, ahora entiendo? ¿Qué maravilloso es comprender algo? ¿Qué maravilloso? Eso es lo que Dios se ha dispuesto a hacer, compartir con todos esta comprensión de sus preciosas verdades. Y es esto lo que vemos en las escrituras. Esto es lo que experimentó el soldado romano. Esto es lo que experimentó Nicodemo en aquella secreta reunión en Juan III. Al abrirse el velo, ya no hay separación entre una cosa y otra, que era lo que hacía la función del velo, separar dos áreas. Vamos a Hebreos capítulo 10, en complemento a esto. Hebreos capítulo 10 y versículo 19 al 22. Tengamos presente la imagen del velo, rascado de arriba abajo. Aquí en Hebreos capítulo 10.
Y versículos 19 al 22. ¿No tienen lo que dice aquí? Muy interesante.
Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesucristo, ese es el lugar entre paréntesis que separaba el velo, el lugar santísimo. Por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es de Su carne y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, hacer quémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificado los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. Hablando de la purificación, hablando de la confianza, hablando de que ya no existe ese velo, ya no existe ese muro que separaba los gentiles de los judíos por extensión israelitas.
Aquí estamos nosotros, gentiles, tal como ese soldado romano. Somos parte de un pueblo que nunca había sido llamado pueblo de Dios, hasta este momento, con Jesús. Me acompañan mis romanos, capítulo 9, versículos, versículo 25, sólo uno. Romanos, capítulo 9, y versículo 25, citando al profeta Oseas. Nos encontramos aquí, Pablo, en la carta a los romanos. Romanos, capítulo 9, versículo 25, dice, como también en Oseas dice, llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo. Estamos hablando de Oseas, estamos hablando del Antiguo Testamento, estamos hablando de las 12 tribos de Israel y viene a colación esta cita de Oseas, en una carta de Pablo a quienes a los romanos, quienes a los romanos gentiles, en su mayor parte. Y por eso aquí cita a Oseas, llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo y a la noamada amada. Hasta aquí tenemos ellos, los del pasado, nosotros, los del presente. La tendencia humana es hacer una división de dos grupos, de manera visual, para hacer un mapa de contenido y hacer una división en nuestros cerebros. Pero sin embargo, esto es una construcción divisoria del tiempo, pero no divisoria para las personas, no entre ellos, al menos no es la intención de Dios y lo quedamos a ver. El mismo Pedro, Apóstol, Simón, quien fue envuelto en una experiencia religiosa muy extraña en casa de Cornelio, un gentil.
Recuerden que los judíos no compartían la comida con los gentiles. Y aquí, Pedro es citado por Dios. Y al final, Pedro comprende aún más los misteriosos designios de Dios. ¿Cuál es el resumen de todo hechos 10 cuando dice Pedro, Mateo y Come? Aquí está, hechos 10, versículo 34. Veamos la conclusión de toda esta imagen. En hechos, capítulo 10 y versículo 34. Pedro obedeció a Dios, obedeció a la visión y fue hasta casa, quizás en contra de su voluntad o de su costumbre. Hechos capítulo 10 y versículos 34 dice, Entonces, Pedro, abriendo la boca, dijo, en verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas.
Dios no hace diferencias entre las personas. Ese es el designio de Dios. Nosotros pensamos generalmente en dividirnos. Esa es la tendencia humana, pero nuestros pensamientos, son los que nos ponen en pensamientos de Dios. ¿Qué les parece si vemos ahora los nosotros, no del presente, los nosotros del futuro? A ver, vamos a Efecios, capítulo 1 y versículo 13. Efecios, capítulo 1 y versículo 13. Vamos ahora a ver el tercer punto, nosotros del futuro. Efecios, capítulo 1 y versículos 13 al 14. Efecios 1 del 13 al 14. Dice, en él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación y habiendo creído en él, fuiste a y sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia, hasta la revención de la posesión adquirida para la avanza de su gloria.
De los actuales, nosotros, algunos, han oído la palabra de verdad, se han arrapentido de sus pecados y han recibido el Espíritu Santo dentro de ellos como el sello de su conversión. Como el sello de su conversión. Esto último es escrito por Pablo con una palabra muy común en aquellos tiempos. Dice, las arras. ¿Qué es eso de las arras? Las arras serán un antiguo concepto que tiene que ver con el primer pago de lo que se va a adquirir en el futuro, como un pie.
¿Yo voy a tener algo? Entonces, no hay un pie. Es como el anillo de compromiso entre un hombre y una mujer. Un anillo de compromiso y esa fidelidad que un novio le regala a la novia para la futura boda. Entonces aquí vemos que Dios da ese adelanto, esas arras, ese pie. Pero, ojo, aquellos que reciben ese adelanto todavía no han experimentado la redención de la posesión adquirida. O tal como lo traduce en la traducción lenguaje actual. Este versículo que acabamos de leer dice cuando haya liberado totalmente a los que formamos su pueblo. Se fijan, eso es algo futuro.
Tiene un inicio en los nosotros del presente, pero en los nosotros del futuro es cuando se llevará a cabo esto. Acompáñeme al libro de Apocalipsis, hablando del futuro. Capítulo 20 y versículos 4 y 5. Estamos viendo nosotros del futuro. Vimos ellos del pasado, nosotros del presente, ahora estamos en ellos, perdón, en nosotros del futuro. Nosotros del futuro. Apocalipsis, 20 y versículos 4 al 5. Dice así, y vitronos. Y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar.
Y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús. Y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos, y didieron y reinaron con Cristo mil años. Versículo 5. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Los que forman parte de la llamada primera resurrección son los que se mantuvieron fieles a Dios hasta la muerte, hasta las pruebas más difíciles.
Y son quienes tienen el testimonio de Jesucristo y guardan sus mandamientos. Hay dos particulares descripciones del pueblo de Dios en los tiempos del fin. Leamos Apocalipsis 14, versículo 12. Hay dos características que este grupo tiene. La Iglesia de Dios. Apocalipsis 14, versículo 12.
También están Apocalipsis 12, 17. Vamos a salir Apocalipsis 14, 12. Noten aquí. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Y la fe de Jesús. Ahora bien. ¿Qué sucederá con aquellos a quienes no se les ha abierto la mente?
Y no han recibido el pago de Dios como promesa futura. Esas arras que Dios da a su pie a los nosotros del presente para convertirse en los nosotros del futuro. ¿Qué pasa con los que no reciben esas arras en estos tiempos presentes?
¿A quiénes incluimos aquí? ¿De quiénes estamos hablando que no han recibido esa claridad? ¿Los ellos del pasado? ¿Todos murieron? ¿No entendieron? ¿Y estoy hablando de la Casa de Israel? ¿El corazón duro que tropezaron con la roca? Habló de los ellos del pasado. Ya los describimos.
Hablamos de la gran parte de los nosotros del presente. ¿Cuántas cristianos hay en este mundo? ¿Verdaderos cristianos? Ya vimos dos características de ellos en los tiempos del fin.
Gran parte de los nosotros del presente, porque miren, por mucho esfuerzo que hagamos, aunque llenemos un estadio con 50.000 personas, ¿Quién es el que abre la mente de las personas y les muestra el gran potencial humano como el primer mensaje que vimos? ¿Somos nosotros?
Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino quién, sino el Padre que está en los cielos.
No es nuestro esfuerzo.
No es nuestra iglesia. Es de Cristo la cabeza.
La frase que acabo de mencionar, fueron las palabras de Cristo en reacción al reconocimiento que tuvo Pedro frente a Él, de que Cristo era el Hijo del Dios viviente.
Abrimos el signo de interrogación.
¿Qué sucederá con aquellos hombres que han muerto sin conocer a Dios? ¿Se ha preguntado eso alguna vez? En el primer mensaje preguntamos, porque a este hombre seamos un poco más finos al respecto. ¿Qué hay tiempo? ¿Qué sucederá con aquellos hombres que han muerto sin conocer a Dios? ¿Qué sucederá con aquellos niños que lo único que les han enseñado es robar, mentir, matar? ¿Y así han muerto? ¿Y así han podido sobrevivir unos cuantos años? ¿Qué sucederá con aquellos niños que han muerto al nacer?
¿Qué sucederá con los niños que han sido muertos antes de nacer en el vientre de sus madres? ¿Qué respuesta hay para todos ellos, los ellos del pasado y algunos nosotros del presente? ¿Estarán destinados a un lugar inventado por antiguos dramaturgos, escritores, cineastas, quienes han imaginado respuestas artísticas para satisfacer su conciencia y también un buen negocio? ¿Estarán destinados a esos lugares? ¿Qué nos dice acerca de ellos, la palabra de Dios? ¿Qué nos dice Dios acerca de los ellos del futuro? ¿No hemos hablado de ese grupo? Pero saben que lo hicimos, pero no nos dimos cuenta. Lo hicimos hace un minuto atrás. Estos son los ellos del futuro. Juan, el apóstol Juan, el último apóstol con vida, prisionedo en la isla de Patmos, describe en el libro de Apocalipsis un grupo que le dice los otros muertos. Se dieron cuenta cuando leímos Apocalipsis. Es decir, personas que van a ser resucitadas en el futuro. No a venir al Cristo, no cuando ven a Jesús, después de mil años.
No tres años y medio después de que venga Jesús, no siete años después de que venga Jesús, sino mil años. Ahí hay otro grupo de personas que describe la Escritura, después de esos mil años. Leámonos otra vez Apocalipsis, capítulo 20, y versículos 5 al 6. Los ellos del futuro estamos hablando ahora.
Los ellos del futuro, Apocalipsis 20, versículos 5 al 6. Pero los otros muertos, aquí es lo que yo estaba describiendo, no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección, hablando de toda esta resurrección de los muertos. Noten el versículo 6.
Bienaventurado y santo, el que tiene parte en la primera resurrección. La segunda muerte no tiene potestad sobre ellos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años. Es decir, antes de los otros muertos que resucitarán después de esos mil años. Hay dos grupos. Hay dos grupos de resurrección aquí. Bienaventuradas y santas estas personas de la primera resurrección, ¿por qué? Porque no van a morir nunca más. Aquí está la vida eterna. La segunda muerte, dice, no tiene potestad sobre ellos. Ya murieron una vez.
Ya sufrieron las pruebas de esta vida. Fueron perseguidos por causa del testimonio de Jesús. Pero mantuvieron dos características hasta su último aliento de vida. Tuvieron el testimonio de Jesús y guardaron los mandamientos de Dios. Es lo que acabamos de leer en Apocalipsis 14-12.
Estas personas serán parte de la primera resurrección y serán reyes y sacerdotes por mil años en la tierra. Después de estos mil años, habrá un evento impresionante.
Para los que están en la Sueve de México, hay un cuadro que quiero que lo vean con cuidado al timmían de los servicios, que describe este gran evento, que está allá atrás, que no se entiende mucho, pero ahora lo vamos a describir. Al haber una primera resurrección al venir Cristo, los muertos en Cristo, y como dice Pablo, los transformados en Cristo, es congruente llamarle a este segundo evento, después de los mil años, la segunda resurrección. Es congruente, es entendible, llamarle a la segunda resurrección, quienes son un grupo de personas que en sus vidas no recibieron la oportunidad de conocer las preciosas verdades de Dios.
¿No se arrepintieron? ¿Dios no les dio el adelanto? ¿Las arras del Espíritu Santo? ¡Su sello! Dios no puso su presencia dentro de ellos como un templo. Le damos más al respecto. Compáñeme Apocalipsis 20 y versículos 11 en adelante. 11 y 12, perdón. Vamos a ver primero el 11. Apocalipsis 20, 11, dice, se dio un gran trono blanco y al que estaba asentado en él, desde delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.
Se ama al entendido tremendamente este evento, estos versículos, porque se piensa que es una sentencia. Como que viene el juez y dice, ¿te vas para acá o te vas para allá? Una sentencia, una condena. ¿Se ama al entendido eso? Una culminación. Lo que tenemos que cambiar aquí, según lo que Dios nos dice, es que es una oportunidad grandiosa para todos los que formen parte de esta segunda resurrección.
¿Quiénes son ellos? Muertos que van a ser resucitados. Apocalipsis 20, versículo 12. Y vía los muertos. ¿No tenés? Son personas resucitadas. Grandes y pequeños. No habla de judíos. No habla de la nación de las personas. No habla de su lengua, de su pueblo de origen. Grandes y pequeños. De pie ante Dios. Y los libros fueron abiertos. Y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros según sus obras.
Volvemos a lo que dijimos al inicio cuando hablamos sobre nuestro libro de texto, la Biblia, que tenemos en nuestras manos. ¿Qué significa la Biblia? En griego. Un conjunto de libros. Los libros, los rollos, los pergaminos. Esa es la palabra utilizada aquí, Biblión. Es decir, estas personas resucitadas, las Biblias son abiertas. Es lo que hacemos nosotros cada sábado, cada vez que estudiamos las escrituras. Abrimos nuestras Biblias. Literalmente lo hacemos. Libremmente. Comprendemos lo que hay en ellas gracias a la misericordia de Dios. Porque, recordemos, Dios es el único que nos da el entendimiento. No es algo humano. Esto no es un raciocinio. Esto no es teología que hay que estudiar a Harvard 4 o 8 años para poder entender algo.
Un niño lo puede entender. Sí, un niño lo puede hacer porque no tiene el prejuicio. Dios es quien abre la mente, tal como lo hizo con el soldado romano. ¿Recuerdan? Verdaderamente este será el Hijo de Dios. Tal como Nicodemo, tal como Cornelio. Tal como usted. Tal como yo. Esto es lo que ocurrirá en un momento futuro. Después del reinado de mil años de Cristo sobre la tierra. ¿Cristó va a reinar sobre la tierra? Sacarías 14, dice que sus dos pies se pondrán en el monte de los olivos. Así como salió hacia arriba y se fue. Así bajará.
Ahora bien. Hablamos del primer libro. Los libros fueron abiertos.
Hay una mención de otro libro. El libro de la vida. El libro de la vida. Debemos comprender que este libro de la vida es el libro de la vida espiritual. Es otra manera de llamarle a aquellas arras del Espíritu Santo. De Dios. Porque cuando la persona comprende las verdades de Dios. Cuando una persona entiende lo que hay aquí, por la misericordia de Dios. Se arrepiente, genuinamente, al haber transgredido la Santa y Juste Perfecta Leyes de Dios. Acepta vivir en comunión con el Padre por medio de Jesús. Y se le da un tiempo para actuar conforme a ese compromiso adquirido. Entonces su nombre es registrado en ese libro de la vida espiritual.
Pero, esto no es garantía. Y debe mostrar sus obras en sabia mansedumbre. Leímos lamentaciones hace unos minutos atrás. Que nos decía lamentaciones y muchos versículos. Que nos dicen que Dios es fiel. Sus promesas son verdaderas. Son inquebrantables. Pero los seres humanos, sí somos quebrantables. No somos fieles. Por lo que debemos demostrar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestras creencias, por medio de los hechos. Esa es la oportunidad que el ser humano recibe. Y eso lo indica muy bien Santiago, capítulo 2, versículos 17 al 18. Este es el tema de las fe y las obras. Debemos demostrar que realmente creemos lo que creemos. ¿Cómo? Con una frase. La primera parte sí. Y la gran parte que viene es por medio de los hechos, de las obras. Que son una externalización de lo que creemos. Que son una garantía de lo que nosotros creemos. Por eso este magnu evento que comienza en Apocalipsis 20 y versículo del 11 en adelante. ¿Qué es? Es una oportunidad. Para todos aquellos que murieron sin haber abierto la Biblia en sus vidas. Sin Dios haberle abierto su mente y sin haberse arrepentido, sin haber recibido esa porción del Espíritu Santo, que crece como un grano de mostaz, hasta las más grandes de las hortalizas. Esa es la gente que va a estar acá. Gente resucitada. Esto dice la Escritura. Nos habla de grandes y pequeños. No nos habla de una nación. No nos habla de una lengua. No nos habla de un pueblo. Todos ellos tendrán su oportunidad para poder vivir una vida, guardando los mandamientos de Dios y teniendo el testimonio de Jesús, su palabra. Tendrá una vida física para demostrar lo que ellos creen y demostrar con hechos que están en humildad, porque carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios. Veamos otro grupo, porque llegamos al final de este mensaje y también a la breve y sencilla frase que resume todo el plan de Dios, donde todos serán un solo pueblo. Veamos el punto intermedio entre ambas partes. Efecios 2, Efecios capítulo 2 y versículos, solamente versículos 14. Efecios capítulo 2 y versículos 14. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, está hablando de los gentiles y de los judíos, derridando la pared intermedia de separación. ¿Quién es el que une a todos? A los ellos, a los nosotros, etcétera, etcétera. Ahí tenemos a Jesús. Está hablando de Jesús. Ebreos capítulo 2 y versículo 10. Ebreos capítulo 2 y versículo 10. Ya vimos ahí cuando murió Jesús, como se rasgó el velo de arriba a abajo. ¡Y hay una apertura! Hay una apertura a otras personas, para que otras personas entiendan, aquellos nosotros del presente, para que se conviertan en los nosotros del futuro.
Ebreos 2-10 dice porque convenía a aquel, está hablando de Jesús, por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación. Se fijan, el final del libro ya no nos habla de ellos y nosotros.
Ya no está hablando de aquella división, de esa pared, de ese muro, que a los gentiles no les permitía cruzar en el templo. Hay una zona de gentiles que no podían cruzar, y el que se cruzaba esa puerta o ese muro, sería muerto en el momento. En el futuro que vemos, en el futuro seremos todos. Y lo más hermoso de todo es que esos todos seremos muchos, muchos hijos a la gloria. Concluyamos este mensaje. El poema que les mencioné al inicio de introducción de Kipling, termina de la siguiente manera, muy interesante, dice, pero si cruzas sobre el mar en vez de por los caminos, piénsalo bien, puedes acabar mirando a nosotros como una especie de ellos. Noten que interesante cómo termina, que siempre estamos nosotros como seres humanos hablando de ellos, de nosotros. Nosotros aquí, ellos allá. Es algo muy humano. Así es el ser humano, un ser humano desconfiado, que siempre duda de quién es de ellos, de ellos. Nosotros, mis hermanos, vivimos en un mundo que está inmerso en dudas. Ya no confía en las instituciones, ya no confía en los medios de comunicación, ya no confía en el periodismo, ya no confía en la ciencia, ya no confía en la tecnología, ya no confía en las iglesias, ni en los pastores. Esa es la realidad de hoy. Pero eso no quiere decir que el ser humano no sea capaz de confiar en algo. Todos confíen en algo, ¿o no? No nos limita, sino que se mueve a otras partes. La propuesta de hoy es... Confiemos en la palabra de Dios. Es lo único que ha sobrevivido de manera táctil, visual, para abrir nuestro conocimiento a Dios por medio de su palabra. Esa es la propuesta de hoy. Confiemos en la palabra de Dios, no en la voz de los hombres, no en las ideas de los antiguos, sino que la palabra de Dios, que es la única que perdura. En la Biblia se nos habla de... Lo describimos en cuatro grupos. Los ellos del pasado, los nosotros del presente, los nosotros del futuro, los ellos del futuro. Leamos más acerca de todo esto en la Biblia. Pidámole a Dios que nos siga abriendo el entendimiento y perseveremos juntos, guardando los mantamientos de Dios y teniendo el testimonio de Jesucristo en nuestro corazón y en nuestras mentes y en nuestras obras, en nuestras manos. Para así formar en un futuro cercano el tan necesitado grupo llamado... ¡Todos! ¡Todos los hijos de Dios! Buenas tardes a todos.