Este sermón se pronunció en el lugar de Fiesta de Puerto Vallarta, Mexico 2017.
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Muchas gracias, Steve, que hermoso himno que acaba de cantar. Mañana vamos a hacer un poco más la presentación de todos los que han venido. Esta noche es una noche de bienvenida, es una introducción a lo que viene en el futuro, pero debemos reducirlo lo máximo para que puedan regresar a sus habitaciones y descansar. Pero sí es importante porque este es el primer servicio de dos que vamos a tener en este día santo, que terminará mañana a la tardecer. Y tenemos tanto que de qué dar gracias a Dios, de llegar sanos y salvos, de poder estar aquí para regocijarnos ante Dios.
Él quiere vernos así, gozosos, alegres al seguir esta maravillosa forma de vida. Y él ha fijado una cita, una fecha señalada por Dios mismo. Hoy día es una fecha señalada en la Biblia. Es el comienzo de ese día 15, del séptimo mes, que él dijo que es un día santo para él, un día de santa convocación, y estamos cumpliendo con sus órdenes, con su voluntad. Y por eso la palabra clave para la fiesta tiene que ver con esa palabra de alegrarse, de regocijarse ante él.
Y es importante notar que cuando Dios se dirige a esta fiesta de tabernáculos, cuatro veces en las escrituras, nos dice que debemos regocijarnos ante su presencia. Veamos esas cuatro veces. En Levítico, capítulo 23, pasemos a Levítico, capítulo 23, en el versículo 37. Levítico, 23, versículo 37, dice, estas son las fiestas solemnes del eterno a las que convocaré santas reuniones para ofrecer, ofrenda encendida al eterno holocausto y ofrenda. Y estamos haciendo eso a través de la ofrenda del sacrificio de Jesucristo que hemos aceptado y que hizo una ofrenda para siempre. Pero esa es una ofrenda continua ante Dios y que en este día estamos resaltando, estamos haciendo énfasis en ello.
Y continuando, dice acá en el versículo 39, dice, pero a los 15 días del mes séptimo que empezó a la tardecer hoy día, cuando hayáis recogido el fruto de la tierra, haréis fiesta de eterno por siete días. El primer día será de reposo y el octavo día será también día de reposo. Dos días santos, este es uno de ellos. Dice y tomaré el primer día ramas con fruto de árboles mozo, ramas de palmeras, ramas de árboles frondosos y sauces de los arroyos y os regos y haréis delante de el eterno vuestro Dios por siete días.
Noten, vamos a alegrarnos. Dios no quiere ver caras tristes. Sí hay cosas que pueden afligirnos, pero acá estamos alegrándonos por ese futuro maravilloso que Dios está preparando para todo el mundo. Por eso esta es la primera vez que se menciona y después en Deutronomio capítulo 16.
Deutronomio capítulo 16. En el versículo 13 Dios repite estas instrucciones y órdenes a su pueblo. Dice versículo 13. La fiesta solene de los tabernáculos harás por siete días cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar.
Ya eso se había cumplido y te alegrarás. Aquí vemos esa palabra de alegría, de gozo en tus fiestas solemnes. Es la segunda vez que menciona. Dice, tu, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita y el extranjero, el huérfano y la viuda que viven en tus poblaciones. Versículo 15. Siete días celebrarás fiesta solemne al eterno tu Dios en el lugar que el eterno escogiere. Bueno, Dios abrió las puertas para aquí en México tener su fiesta acá. Es una maravillosa bendición poder contar con algo como esto y que todos los hermanos están acá, juntos en este hotel, disfrutando de la comida y de todo.
Está prohibido que las mujeres cocinen y laven platos acá. Estoy diciendo un poco en broma, pero a la que las señoras y mujeres disfruten del alivio de ir y regocijarse con su familia. Y noten lo que dice, porque el eterno te habrá bendecido en todos tus frutos y en toda la obra de tus manos. Y aquí viene otra vez, aquí, lo que nos dice y estarás verdaderamente alegre.
Y también nos dice anteriormente en versículo 11, y te alegrarás delante del eterno. Así que cuatro veces en esta sección de las fiestas, en particular la fiesta de tabernáculos, Dios dice que debemos regocijarnos. Esta palabra gozo en su forma de verbo tiene que ver con la palabra shamaash en el hebreo, que significa brillar.
Y ya saben que dicen que brillante sonrisa, cuando uno sonríe, es como que brilla su rostro. Y aquí esta es la expresión de un gozo que sale de la felicidad interior de la persona. La palabra gozo es sincha en hebreo. Y significa alegrarse grandemente. Y por eso los judíos llaman estas fiestas las temporadas de nuestro gozo, de la alegría. Y en el Nuevo Testamento, el equivalente a estas palabras, el gozo es cara, cara y está relacionado con caris o gracia, gozo, alegría y caris, gracia, que es el favor inmerecido, que viene la palabra de Cairo, que es el verbo de alegrarse o regocijarse.
Es un gozo intenso. Ya saben que la palabra caris, de ahí viene carisma, que significa una persona que también tiene hemana, cierta brillantes, que tiene ese empuje y tiene ese arrastre.
Entonces, este gozo debe ser parte de la fiesta. Y quisiera ahora compartir con ustedes cuatro razones para regocijarnos. Cuatro razones. ¿Por qué debemos alegrarnos en esta fiesta?
La primera razón es regocijarnos, alegrarnos, porque hemos sido invitados y hemos aceptado la invitación de Dios. Porque Dios invita, pero muchos no le obedecen y no aceptan, pero nosotros sí estamos aquí porque aceptamos la invitación de Dios. Noten en Lucas, capítulo 14, Lucas, capítulo 14, versículo 15. Lucas, capítulo 14, versículo 15.
Dice, oyendo esto, uno de los que estaban sentados con él a la mesa le dijeron, bien aventurado, el que coma pan en el reino de Dios. Alguien dijo que bonito será estar regocijándose en el reino de Dios. Entonces Jesús le dijo y le contó un cuento, una parábola. Dice, un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados, venir que ya todo está preparado y todos, a una, comenzaron a excusarse.
El primero dijo, he comprado una sienda y necesito ir a verla. Te ruego que me excuses.
Otro dijo, he comprado cinco juntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego que me excuses.
Y otro dijo, acabo de casarme y por tanto no puedo ir.
Vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo, ve pronto por las plazas y las calles de la ciudad y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos. Y dijo el siervo, señor, se ha hecho como mandaste y aún hay lugar. Dijo el señor al siervo, ve por los caminos y por los vallados y fuerzaslos a entrar para que se llene mi casa, porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados gustará mi cena. Y Cristo siguió diciendo, grande multitud, es Iban con él y volviendo se les dijo, si alguna viene a mí y no aborrece y la palabra es y no ama menos a su padre y madre y mujeres, hijos y hermanos y hermanas y aún también su propia vida no puede ser mi discípulo.
Cristo hace una invitación para seguirlo y pocos contestan esa invitación y Dios invita a sus fiestas pero cuántos aceptan la invitación, cuántos encuentran excusas para evitar estar aquí.
Entonces aquí están lo que con fe han mostrado sus obras, han cumplido con lo que Dios ha pedido.
En Lucas capítulo 12, versiculo 19. Lucas capítulo 12, versiculo 19.
Jesus Cristo les dijo acá. Lucas 12, versiculo 29 es lo que quería decir. Dice vosotros pues no os preocupéis por lo que habéis de comer ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud porque todas estas cosas hablando de las cosas materiales buscan los gentiles del mundo pero vuestro padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas más buscar el reino de Dios y todas estas cosas os serán añadidas. No temáis manada pequeña porque a vuestro padre le ha placido daros el reino. Una pequeña manada que escuchan y el mandamiento de Dios de celebrar estas fiestas en su honor. Entonces debemos alegrarnos porque estamos en las fiestas de Dios. No son fiestas inventadas por hombres. Estas fueron establecidas por Dios mismo.
La segunda razón para alegrarnos y regociarnos es que entendemos a Dios y su palabra. No venimos aquí solamente para divertirnos, sino para estudiar mejor la palabra de Dios y conocer mejor a Dios mismo.
Noten lo que nos dice en Jeremías, capítulo 9. Jeremías, capítulo 9, versículo 23.
Una escritura bastante famosa que nunca debemos de olvidar. Perciculo 23 comienza. Así dijo el eterno. No se alabe el sabio en su sabiduría.
Ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
Esas cosas son pasajeras, no van a durar.
Mas alávesen en esto el que se hubiere de alabar.
En entenderme y conocerme que yo soy el eterno, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas quiero, dice el eterno. No debe ser, es una de las razones principales para regocijarnos, que estamos acá aprendiendo mejor a conocer a Dios, a entender a Dios y su gran plan de salvación que él tiene.
Yo me acuerdo que cuando yo entré en la iglesia, tenía 17 años, y entré en la iglesia en la fiesta de las trompetas. Fue la primera vez que asistí en el año 1970 y quería tanto ir a la fiesta de tabernáculos, porque quería conocer más a Dios, pero como fue tan corto, tenía dos semanas y estaba yendo a la escuela secundaria. Y el ministro me dijo, no vas a estar listo, espera un año más.
Y así lo hice. Pero siempre recuerdo cuánto eché de menos no haber ido a esa primera fiesta, porque había conocimiento de Dios que me perdí y cada vez que uno falla una fiesta, cuando no acude a la invitación de Dios, pierde conocimiento valioso, que vale oro espiritual.
Y debemos tener esas ansias de venir acá, porque vamos a conocer mejor a nuestro Dios y a su palabra. La tercera razón. Debemos venir agradecidos de las bendiciones que él ha estado con nosotros durante el año, que ha hecho posible que vengamos a esta fiesta de una forma u otra.
Noten lo que dice en Proverbios 22, versículo 4. Proverbios 22, versículo 4.
Dice, riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor del eterno. Según crecemos en esa humildad y en el gran respeto por las cosas de Dios, es un temor reverente, es un gran respeto, igual que la fundación, la base para criar hijos que van a salir adelante en la vida, consiste en cuatro distintas partes o etapas de la fundación de un niño. Ahora nosotros gozamos acá, tenemos siete nietos aquí en esta fiesta. ¿Cuándo nos imaginamos eso?
Pero yo soy el abuelo más feliz con siete nietos y les digo que la base, la primera parte de esa base debe ser sobre el amor que se le entrega a ese niño. Cuando uno empieza a crear a los niños, hay que partir con la base del amor. Dios es amor, esa es la característica principal y debe ser la característica principal de un padre hacia su hijo. Darle amor porque eso le da firmeza y seguridad y van a sentirse amados, queridos y que los va a fortalecer. La segunda parte debe ser el respeto que deben aprender los hijos de que hay bordes, que hay límites en lo que ellos pueden hacer y que se debe respetar los padres que ponen y deslindan esas fronteras donde los niños aprenden el respeto hacia sus padres y hacia los demás y hacia Dios.
Y una vez que se forma el respeto sobre el amor, entonces viene la educación de la mente y del corazón de ese niño. Educarlos porque la herramienta más poderosa que tendrá ese niño será su mente y por eso educarlos para que desarrolle su mente y también su corazón, que tiene que ver con educar sus emociones para saber cómo usarlas. Y la última parte de ese fundamento que los padres deben entregarles a sus hijos es la formación del carácter, que tiene que ver con formar la fuerza de voluntad en el hijo para que aprenda a cumplir con lo que se propone y que tenga una fuerza de voluntad para llevar a cabo las cosas y tener un carácter íntegro y firme y sobre esos cuatro niveles de la fundación o fundamento ese niño va a salir adelante, pero si les falta una de esas cuatro partes, entonces la fundación y el fundamento no va a estar firme y aquí nos dice que Dios nos entregará bendiciones pero es a través de la humildad y del temor del eterno. Tienen que aprender que ahí esa es la base.
Entonces, debemos regocijarnos por que estamos acá con tantas bendiciones que Dios nos entrega. Quizás no tanto riquezas, pero nos ha dado la salud, nos ha protegido y nos ha bendecido traernos a este lugar tan hermoso. No tengo que decir en Filipenses. Bueno, en Santiago, Santiago, capítulo 4. Vayamos primero a Santiago, capítulo 4.
En el versículo 1, perdón, Santiago, capítulo 1. Estoy adelantándome un poco.
Santiago, capítulo 1, versículo 17.
Dice, toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces en el cual no hay mudanza ni sombra de variación. Toda buena dádiva, toda bendición.
Dios trae eso. Él no es capaz de hacernos daño. Nosotros podemos hacernos daño, podemos irnos al mundo y el mundo puede hacernos daño, pero Dios dice que toda buena dádiva y don perfecto desciende de lo alto.
Y en Filipenses, capítulo 4.
Filipenses, capítulo 4.
En el versículo 3, aquí vemos la palabra clave, el lema de esta fiesta. Filipenses, capítulo 4. En el versículo 3, dice asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a estas que combatieron juntamente conmigo en el Evangelio, con clemente también y los demás colaboradores míos cuyos nombres están en el libro de la vida.
Regocijados en el Señor siempre, otra vez os digo, regocijados, alegrense, porque sus nombres están escritos en el libro de la vida. Qué gran privilegio que no merecemos y sin embargo esa es una realidad.
Y la cuarta razón para alegrarnos es la unidad de la fe que tenemos entre nosotros.
La unidad de la fe es descrita en Efecios, capítulo 4, versículo 1.
Efecios, capítulo 4, versículo 1, dice yo pues preso en el Señor os rego que andéis como es digno de la vocación o el llamado con que fuisteis llamados. Esto es lo que Dios nos ha llamado a hacer con toda humildad y mansedumbre soportando os con paciencia los unos a los otros en amor. Solícitos en guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz, un cuerpo y un espíritu como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación. Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos. Entonces sí, estamos acá porque compartimos la misma fe. Estamos unidos en ello. Y para terminar, porque sé que están cansados, que pronto van a estar dormidos, pero quiero que lo hagan en sus habitaciones y no acá. Entonces en Salmos 134, ah, pero 133, Salmos 133, vamos a ir ahí primero.
Esta es la noche cuando las personas estaban llegando a la fiesta. ¿Se acuerdan que los Salmos del 120 al 134 tienen que ver, se llaman, eh, todas estas fiestas cántico gradual, porque iban cantando según se acercaban a esta fiesta de tabernáculos. Y cuando llegaban ya por fin el día antes, cuando ya estaban todos listos, Salmos, se leía el Salmos 133, que dice, mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía. Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de arón y baja hasta el borde de sus vestiduras, como el rocío de hermón que desciende sobre los montes de Sion, porque allí envía el eterno bendición y vida eterna. Eso era cuando ya todos habían llegado y entonces se reunían en la noche, que es lo que estamos haciendo. Leamos el Salmos 134 y dice, mirad, bendecid al eterno, vosotros todos los siervos del eterno, los que en la casa del eterno estáis por las noches.
Y aquí estaba refiriéndose a las noches que íbamos a tener en esta fiesta y esta es la primera de esas noches. Alzad vuestras manos al santuario y bendecid al eterno. Desde Sion te bendiga el eterno, el cual ha hecho los cielos y la tierra. Entonces ahora, hermanos, es tiempo de descansar y mañana de disfrutar y regocijar y alegrarnos ante nuestro grandioso y nuestro Señor Jesucristo.
Estudió en Ambassador College por cuatro años, titulándose en Teología y Español y comenzó su ministerio en 1976. Es un escritor de Las Buenas Noticias, enseña en Ambassador Bible College y actualmente forma parte del Consejo de Ancianos de la iglesia. Además es Pastor Coordinador de las áreas hispanas y viaja continuamente visitando las congregaciones. Vive actualmente junto a su esposa Caty Seiglie en Anaheim y pastorea la congregación de Orange County, California. Tiene cuatro hijas y ocho nietos.
Nació en La Habana, Cuba, y llegó a Estados Unidos cuando tenía 7 años de edad. Después de vivir siete años en Miami, Florida, su familia se trasladó a Murphy, Carolina del Norte.