¿Y tú… qué hubieras hecho?
Imagina por un momento que eres testigo cuando Cristóbal Colón pidió a la reina invertir para ir a las indias por una nueva ruta. O imagina estar adentro del caballo de Troya, esperando salir para conquistar al enemigo. ¿Qué sentirías? Todos callados, en un lugar oscuro, a punto de atacar. Recientemente me pregunté: ¿qué pasaría si yo realmente estuviera ahí? ¿Qué decisiones tomaría?
¿Has soñado alguna vez que vives en otra época, en la edad media o quizá durante el imperio romano?
Busqué en la Biblia los pasajes que más me han impactado y me pregunté: “André, ¿tú qué hubieras hecho?” Hoy te lo pregunto a ti: ¿tú que hubieras hecho si estuvieras cuando Goliat desafió a los israelitas? Estás ahí junto a miles de israelitas y el enemigo se burla de ti y de tus creencias. Y tu rey busca a un gladiador que enfrente a un gigante que ha matado a muchos. ¿Te ofrecerías de voluntario para pelear? Imagina estar junto a David que dijo al rey: “Yo lo enfrento y le voy a ganar”. ¿Qué hubieras pensado? "A este jovencito lo van a matar. Qué tonto el rey que lo escucha"... Y si llegaran contigo y te dijeran: “Pelea contra Goliat, tú lo puedes vencer”. ¿Pelearías o te esconderías?
También Abraham demostró cabalmente su fe a Dios cuando le pidieron sacrificar a su hijo Isaac. Imagina que Dios te pide sacrificar a tu hijo amado. ¿Tú… qué hubieras hecho? Imagino todo lo que Abraham pensó antes de llevar a Isaac al monte. Imagina que caminas con tu hijo amado y te ordenan que lo mates. ¿Qué hubieras hecho? Yo no tendría el valor de sacrificar a mis hijos. Agradezco a Dios que no me pida esa prueba de fe.
La Biblia está plagada de ejemplos de mujeres y hombres que vencieron sus temores para obedecer a Dios.
Imagina ahora la historia de María Magdalena, juzgada por todos. Para que nos quede más claro, pongámoslo en el presente: imagina que a tu congregación llega una mujer de la vida galante que, arrepentida, quiere formar parte de la Iglesia. ¿Tú qué harías? Lo más fácil es rechazar, lo más fácil es criticar, lo más fácil es no perdonar.
Hay algo, querido hermano, que tú no contemplas. Las historias de la Biblia del mañana las estamos escribiendo hoy. Tú y yo enfrentamos y superamos los problemas y bendiciones de ser seguidores de Cristo, porque sabemos que Dios está con nosotros; tú y yo sorteamos con éxito las batallas diarias de ser parte de la Iglesia de Dios. Parecieran menores nuestras faenas, parecieran pequeños nuestros retos...
Pero no menosprecies lo que hoy hacemos; al contrario, llénate de orgullo y ve tu gran amor y lealtad a Dios. Porque eres igual que David, que enfrentó a Goliat; porque eres igual que Abraham, Moisés, José y María, que enfrentaron las pruebas y las superaron.
Todos flaquearon, todos cometieron errores; pero Dios siguió creyendo en ellos y se levantaron nuevamente, y hoy están esperando su recompensa. Tú y yo seguimos caminando por el sendero que Dios nos trazó y tropezamos, pero nos volvemos a levantar y seguimos caminando con fe para llegar a la meta prometida.
Te invito a dejar de verte como testigo de la obra que Dios está creando; eres un actor principal de esta bellísima historia. Te invito a responder correctamente cuando te pregunten: ¿Y tú qué hubieras hecho?
Si hoy actúas correctamente, en el futuro alguien más contará tu historia de fidelidad a Dios, nuestro Padre amado.