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El currículo de la escuela secundaria contempla la obligación de tomar lecciones básicas de natación. Podríamos pensar que la exigencia se fundamenta en que necesitamos saber nadar porque es algo agradable que debemos aprender, pero la razón radica en que necesitamos sobrevivir en el agua en situaciones de apremio.

No voy a decir que muchos de los cientos o, quizá miles, de estudiantes que toman las clases de natación se van a encontrar en situaciones donde necesiten practicar las técnicas de supervivencia aprendidas en clase -bracear en el agua, flotar como los ahogados, etcetera-. La mayoría de las experiencias vividas en el agua son agradables. ¿Pero qué tal si llega a suceder que nos encontremos en una situación de peligro? De manera que es necesario que debamos dedicar muchas horas al aprendizaje de las técnicas de supervivencia acuática.

Use el Espíritu Santo en forma apropiada, y deje de tratar de sobreaguar en su relación espiritual con el Eterno.

Si usted no ha aprendido a mantenerse a flote, le informo que es una técnica básica que no require de mucho esfuerzo. Para sobreaguar, solo debe mantener la cabeza sobre la superficie con las piernas aflojadas, moviendo las manos suavemente, o sea, taloneando y remando. La idea es hacer justamente lo necesario para mantenerse vivo hasta que alguien lo rescate. Flotar como un ahogado es cuando usted se encuentra extenuado y cesa de moverse durante un tiempo, para el efecto, coloque la cara en el agua y sobrenade hasta cuando vuelva a adquirir fuerzas y flotar nuevamente. Esta es una situación en la cual usted no desea encontrarse nunca.

Con respecto a lo anteriormente expresado, recientemente estaba meditando acerca de nuestra vida espiritual. ¿Estoy haciendo escasamente lo mínimo en mi andar cristiano, justamente para “arreglármelas”? ¿Quiere Dios que simplemente “me las ingenie” o quiere que dé muchos frutos? Consideremos la parábola de los talentos descrita en Mateo 25:14-30 Mateo 25:14-30 14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15 A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. 16 Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos 17 Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 24 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26 Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
La Santa Biblia Reina-Valera (1960)×
. Al siervo que invirtió bien sus talentos le fue dicho “Bien, siervo Bueno y fiel”. Pero el siervo que hizo escasamente lo mínimo y escondió su talento no tuvo tanta suerte.

“Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Debias entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses. Por tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crijir de dientes”.

Dar justamente el mínimo no es suficiente.

En primera de Tesalonicenses 5:19 se nos advierte no apagar el Espíritu Santo. ¿Has pensado lo que significa en nuestras vidas la anterior expresión? Yo pienso que es como tener el Espíritu pero no hacer nada, o hacer escasamente lo mínimo para arreglárnoslas. Esta es justamente una actitud peligrosa.

Como has visto, no podemos estar sobrenadando en el agua de nuestro cristianismo. ¿Que significa eso? Estoy seguro que en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado ese sentimiento. Sé que así ha sido. Es justamente una forma apática de mantener una relación con el Eterno. Es lo mismo que decir que es correcto dar preferencia al trabajo, a los amigos, a la familia, a la diversion, a todo, antes que a Dios. Es razonar que todo está bien. Es aparentar exteriormente que somos cristianos cuando nuestro interior no es tan luminoso y brillante.

Se nos ha dado el regalo que nos ayuda a entender la verdad de Dios y ponerla en práctica en nuestras vidas. El Espíritu Santo es el poder del Eterno. De manera, que cuando no hacemos uso de este poder en la forma en que se nos ha ordenado, estamos practicando una forma de piedad pero negando el poder de Dios (2 de Timoteo 3:5). Como el fuego se apaga si no lo alimentamos con combustible, nosotros también apagamos el Espíritu si no lo alimentamos, si no avivamos y mantenemos su fuego. Apagamos el fuego si sobrenadamos por mucho tiempo, si no nadamos con fuerza hasta alcanzar la playa.

No podemos estar satisfechos de permanecer en las aguas quietas de la vida de un cristiano apático. No podemos permanecer estancadosen la vida espiritual y pensar que podemos patinar. Con nuestra actividad cristiana debemos formar olas gigantescas en las playas de este mundo. La gente podrá ver estas olas. Es difícil poder ver a una persona que escasamente flota en el océano. El objetivo es salir del agua y atizar el fuego que fue prendido en nosotros cuando fuimos llamados la primera vez. Cada día necesitamos atizar nuestro fuego interior. Necesitamos usar los dones que nuestro Padre Celestial nos dio y producir muchos frutos.

¿Cómo podemos avivar el fuego? Haciendo el bien a nuestro prójimo, especialmente a aquellos que comparten nuestra fe. Orando. Estudiando la palabra de Dios. Meditando. Ayunando. Es fácil enumerar estas acciones en una crónica, pero es un tanto dificil practicarlas en nuestras vidas. Pero démosle gracias a Dios, quien nos ha dado su Espíritu para vencer. Usemos su Espíritu en la forma adecuada y dejemos de sobreaguar en nuestro camino espiritual con Dios.

Fuente: UCG.org