El poder de las palabras

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El lenguaje puede ser traicionero y peligroso, pero también estimulante y de apoyo si lo utilizamos de la manera correcta.

Una pequeña llama puede iniciar un gigantesco incendio. Este hecho básico tiene implicaciones que afectan a uno de nuestros comportamientos básicos como cristianos.

El 10 de septiembre de 2012 más de doscientas viviendas fueron destruidas por el fuego en una popular zona turística de la Costa del Sol, España. Un jardinero fue sospechoso de iniciar el fuego de la quema de basura descuidadamente.

"Aunque el jardinero es uno de cuatros sospechosos, independientemente de quién lo empezó, hay tantas personas que carecen de sentido común, es increíble", dijo Ángel Nozal, el alcalde de Mijas” (TheOlivePress.es, 9 de septiembre de 2012).

Entonces, ¿qué significa esto para nosotros? Lo creas o no, esta analogía se utiliza en la Biblia. El libro de Santiago dice de esta manera: "Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! (Santiago 3:5)"

Santiago continúa a lo largo de este capítulo, sin dejar de insistir en la importancia de la lengua. Él quiere que entendamos que lo que decimos puede ser tan destructivo como un incendio forestal.

Viendo lo que decimos

El lenguaje puede ser traicionero y peligroso, pero también estimulante y de apoyo si lo utilizamos de la manera correcta. Nuestras palabras pueden tener un efecto profundo y duradero en los demás. Como nos referimos a alguien cambiará nuestros pensamientos y los pensamientos de otros. ¿Decimos palabras que derribarán? ¿Somos, en cierto sentido, un fuego consumidor de todo el mundo que nos rodea? ¿Nuestra lengua contamina todo nuestro cuerpo con amargas palabras?

Proverbios 15:4 explica que, "La lengua apacible es árbol de vida".  Cosas sanas son saludables o puras. Así, lo que decimos debe reflejar pensamientos puros y sanos. Es importante recordar que “de la abundancia del corazón, habla la boca (Lucas 6:45)”. Un verdadero cambio de nuestras palabras empieza con nuestros pensamientos, y lo más importante... la intención de nuestro corazón.

Esta es una responsabilidad individual. Nadie ha escrito un libro sobre "Cuidado de tus palabras, para principiantes". Pide a Dios por la pureza de tu corazón y de tu mente, y haz un esfuerzo concertado para controlar tu lengua todos los días. Con la ayuda de Dios, podemos hacer frente a este desafío.

Fuente: ucg.org

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