El espíritu humano que nos separa de los animales, no es suficiente para comprender las cosas de Dios; para ello es necesario contar con el espíritu santo.
La ceremonia del bautismo y la imposición de manos, nos abre una vía de comunicación directa con Dios a través de su Espíritu. ¡Hagamos uso de él para crecer espiritualmente, para ser lo que Dios espera de nosotros!
Decirse a uno mismo cristiano, sugiere que nuestras vidas reflejan la forma de ser de Jesucristo.
Ser parte de la Iglesia de Dios nos exige una serie de cambios en nuestras vidas, y también de nuestras formas de pensar y de sentir. ¡Dejemos que Dios obre en nuestras vidas con su Espíritu!
Soportar las pruebas, superarlas, aprender de ellas, es solo una pequeña parte de nuestro papel como aprendices de Cristo. ¡Necesitamos una actitud diferente, una fe viva!.