Nuestra palabra amén viene de una palabra hebrea que tiene una pronunciación similar. La Concordancia de Strong define la palabra como "cierto, verdad, amén, o así sea". Decir "amén" al final de una oración confirma nuestra afirmación de que lo que se acaba de decir es verdad y que nosotros estamos de acuerdo con la oración.
Además, la Biblia usa la palabra Amén como uno de los nombres de Jesucristo. En Apocalipsis 3:14, el mensaje a la iglesia de Laodicea llama a Jesús "el Amén". El uso aquí conecta su nombre con "verdad" y enfatiza en que lo que se dijo en este mensaje es cierto.
Jesús dio a sus discípulos un modelo de oración en Mateo 6:9-13. En esta oración modelo, Jesús dio el ejemplo de finalizar con "amén". Puesto que los cristianos son instruidos a seguir el ejemplo y los pasos de Jesús (como vemos en 1 Pedro 2:21), cerramos nuestras oraciones con "amén" tal como él lo hizo.