Serie: La verdad sobre el hombre rico y Lázaro
Jesús empleó la historia del rico y Lázaro como una poderosa lección verbal y visual para sus discípulos: nosotros. Mediante ella nos muestra la importancia que Dios atribuye a la bondad y a estar enfocados hacia afuera en lugar de hacia dentro de uno mismo. Sin duda, la forma en que cuidamos de los demás es la dinámica enseñanza espiritual que Jesús desea que aprendamos por medio de esta parábola (Santiago 1:27). Debemos evitar ser como el rico, quien al final descubrió que era demasiado tarde para cambiar.
El estado de los muertos
Volvamos a la segunda parte de Lucas 16:22, que dice “y murió también el rico, y fue sepultado”. Detengámonos una vez más para plantear una pregunta fundamental: ¿Qué revela la Biblia sobre el estado de los muertos? Veamos: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben . . . porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría” (Eclesiastés 9:5, 10).
Los muertos están totalmente inconscientes. No pueden darse cuenta de nada. Cuando una persona muere, todos sus pensamientos, conocimientos y sentimientos cesan por completo. Absolutamente ninguna conciencia o percepción continúa en otro lugar o estado existencial.
La Biblia compara la muerte con el sueño (Job 7:21; 14:10-12). Daniel 12:2 describe a los muertos como “los que duermen en el polvo de la tierra”. Ellos despertarán más tarde en una resurrección (Isaías 26:19). Para más información sobre este tema, lea nuestra guía de estudio ¿Qué sucede después de la muerte?
Tres palabras distintas para “infierno”
Ahora podemos explorar Lucas 16:23. Hablando del rico, dice: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”. Como dijimos, debemos tener cuidado de no suponer que, según la historia, el rico murió y se dirigió a un infierno de fuego eterno. Esta es una suposición incorrecta y no está expresada en este pasaje. Además, contradice claramente otras enseñanzas bíblicas sobre el asunto. En Lucas 16:23, Jesús usó la palabra griega Hades (“infierno”, en la versión Reina-Valera 1960), que simplemente significa “la tumba”. El Expositor’s Bible Commentary (“Comentario bíblico del expositor”, vol. 8, p. 992) declara: “En el Nuevo Testamento, Hades nunca se usa para describir el destino del creyente. Tampoco se identifica con Gehenna, que suele asociarse con el juicio de fuego, como en Mateo 5:22, 29-30 y Lucas 12:5”.
También es importante comprender que en la Biblia hay otras dos palabras que a menudo se traducen como “infierno”.
Una es tartaroo, que se utiliza una sola vez y se refiere a la condición actual de restricción o encarcelamiento de los ángeles caídos o demonios (2 Pedro 2:4).
La otra es Gehenna, que se deriva de la expresión hebrea Gai-Hinnom, o valle de Hinom. Este valle limitaba con Jerusalén por el sur. Cierta fuente judía relata que en tiempos de Cristo se utilizaba como el basurero de la ciudad. Cuando Jesús hablaba del Gehenna, sus oyentes entendían que este “infierno” era un fuego destructor en el que la basura, e incluso los cadáveres de criminales, se reducían a cenizas.
Él advirtió que esta clase de fuego sería el destino final de quienes insistieran en no arrepentirse (Mateo 13:41). “Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno [Gehenna, o valle de Hinom]; sí, os digo, a este temed” (Lucas 12:5).
El rico despierta de la muerte
Continuando en Lucas 16:23, leemos respecto al rico: “Y en el Hades [la tumba] alzó sus ojos, estando en tormentos”. Una vez más debemos prestar atención a lo que dice exactamente el pasaje. ¿Cómo es posible que el rico “alzara sus ojos” después de haber muerto? La Biblia revela que la única manera en que esto puede suceder es mediante una resurrección. Explica que los muertos pueden ser levantados a vida inmortal (Lucas 20:35-36; Romanos 8:11) o a vida mortal (física).
Por ejemplo, Jesús resucitó a otro hombre llamado Lázaro y lo devolvió a la vida mortal (Juan 12:17). Asimismo, inmediatamente después de que Jesús muriera en la cruz, muchos de sus seguidores fieles que habían muerto fueron levantados a vida física (Mateo 27:50-53). En el caso de la parábola que estamos estudiando, el rico sería levantado de los muertos como un hombre mortal, tal como era antes de morir. Apocalipsis 20:4 explica que los hijos engendrados por el Espíritu de Dios serán resucitados a vida inmortal en la segunda venida de Cristo. Sin embargo, el versículo 5 continúa diciendo: “Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años”. Así que la resurrección del rico a vida física ocurriría después de ese período de mil años (Apocalipsis 20:11-15).
Abraham y los demás fieles, incluido Lázaro, serían levantados como seres espirituales inmortales al regreso de Jesucristo. Puesto que el rico sería resucitado como hombre físico casi al final de ese período de mil años, aquel momento le iba a parecer como el instante siguiente al de su muerte. No tendría conciencia alguna de la enorme cantidad de años transcurridos desde su muerte.
Cuando el rico “alzó” o abrió los ojos, inmediatamente “vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (Lucas 16:23). El Dr. Lawrence Richards, especialista en lenguas bíblicas, escribió en su obra The Victor Bible Background Commentary: New Testament (“Comentario Victor sobre el trasfondo bíblico: Nuevo Testamento”), que Jesús empleó en esta parábola el pensamiento judío de aquella época sobre la vida después de la muerte (que para entonces ya estaba influido por la mitología pagana).
El Dr. Richards escribió que según se creía, el Hades, la morada de los muertos, “estaba dividido en dos compartimentos”, y que “podían sostenerse conversaciones entre las personas” que se hallaban en la morada de los justos y las que estaban en la morada de los injustos. El New Bible Dictionary (“Nuevo diccionario bíblico”, p. 388) afirma: “Es probable que la historia de Dives [palabra latina para ‘hombre rico’] y Lázaro (Lucas 16), al igual que la del mayordomo injusto (Lucas 16:1-9), sea una parábola que hizo uso de cierto pensamiento judío y no tiene la intención de enseñar nada sobre el estado de los muertos”.
El rico en tormento mental
¿Qué hizo el rico a continuación? “Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:24).
Una vez más, evitemos suponer que el rico de la historia ya está envuelto en un fuego eterno antibíblico. Si esta fuera una descripción genuina del castigo de los impíos después de la muerte, en realidad él aún no podría estar ardiendo. Más bien, estaría consciente de las llamas inevitables del lago de fuego al que, según entiende, pronto será arrojado. “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).
Ante la muerte inminente, clama a Abraham y le ruega: “Padre . . . envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua”. Si ya estuviera ardiendo en un infierno abrasador, ¿no querría más bien cubetas de agua para apagar las llamas, en lugar de unas pocas gotas sobre su lengua? Por consiguiente, el rico no está dentro de un fuego sino sufriendo una atroz angustia mental, al punto de que su boca casi se ha secado.
El rico entonces dice: “Estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:24). La palabra “atormentado” se traduce del término griego odunao. El NAS New Testament Greek Lexicon (“Léxico griego del Nuevo Testamento de la NAS”) explica que esta palabra puede describir no solo un dolor intenso, sino también una angustia o aflicción mental. La NAS Exhaustive Concordance (“Concordancia exhaustiva de la NAS”) indica que aquí la palabra “en”, en griego, es igualmente en, que puede significar estar “en” o “sobre”, pero también “junto a, por, con”. Si esto fuera una representación real del momento de ir al lago de fuego, el rico se hallaría en extrema aflicción mental al darse cuenta de que su destino es ser totalmente consumido.
Es muy importante captar aquí la advertencia de Cristo a los fariseos: que quienes no se arrepintieran estarían llorando y haciendo rechinar los dientes al darse cuenta de que habían sido excluidos del Reino de Dios (Lucas 13:28).
El abismo infinito entre la vida mortal y la inmortal
Después de que el rico ruega a Abraham que Lázaro refresque su lengua con unas gotas de agua, Abraham le responde: “Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:25-26).
Esa gran sima incluiría la distancia infinita entre la vida mortal y la inmortal (1 Corintios 15:50-54). Los creyentes fieles y obedientes, hechos inmortales, nunca morirán (Lucas 20:34-36; Juan 11:26; Apocalipsis 20:6). Sin embargo, quienes se nieguen a arrepentirse de sus pecados perderán la oportunidad de la vida eterna. “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26-27).
Debido a que no se había arrepentido de su amor por el dinero y el placer ni de su indiferencia hacia otro ser humano, el rico había destruido su relación con Dios (Isaías 59:1-2). Sabía lo que estaba a punto de ocurrirle. Comprendía que su destino estaba sellado y que pronto moriría en el lago de fuego. En consecuencia, sus últimos pensamientos se dirigieron a algunos miembros de su familia.
Sin darse cuenta del tiempo que había transcurrido y suponiendo que sus cinco hermanos todavía estaban vivos, le imploró a Abraham que enviara a Lázaro para exhortarlos a arrepentirse y que no fueran también castigados. “Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán” (Lucas 16:27-30).
Finalmente, Abraham responde: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31). ¿Por qué incluyó Jesús esta afirmación en su parábola? Porque aunque los fariseos sentían que seguían a Moisés y a los profetas, en realidad los rechazaban. Hablando a los fariseos en otra ocasión, Jesús dijo: “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” (Juan 5:46-47).
Jesús enseñó a sus discípulos que el mensaje medular de los profetas acerca de él tenía que ver con amar a Dios y al prójimo (Juan 1:45; Mateo 22:37-40).
Viva ahora una vida de justicia
¿Qué hemos aprendido de la parábola de Jesús sobre Lázaro y el rico? Descubrimos la verdad bíblica sobre la resurrección de los muertos y la falacia de un alma inmortal que va al cielo o a un infierno de fuego eterno al momento de morir.
Lo más importante es que constatamos que lo que verdaderamente cuenta es la forma en que la persona vive hoy. El rico optó por pasar por alto las urgentes necesidades de Lázaro mientras él llevaba una vida autocomplaciente. Aun sabiendo que debía ayudar a Lázaro, y teniendo todas las oportunidades para hacerlo, simplemente desatendió las penurias y el sufrimiento del mendigo. Como resultado, desaprovechó su oportunidad de alcanzar la vida eterna en el Reino de Dios.
El punto esencial que Jesús estaba destacando en esta parábola, ante los fariseos (Lucas 16:14) y ante todos nosotros, debiera resultar claro si tenemos “oídos para oír” (Mateo 11:15). ¿Estamos consumidos por nuestros intereses, preocupaciones y placeres personales? ¿Ignoramos a quienes necesitan aliento, apoyo y una mano que les ayude? “Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:17-18).
El apóstol Santiago se hizo eco del comentario de Jesús cuando escribió: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (Santiago 2:15-16). Se acerca un tiempo de juicio para toda persona a quien se le hayan abierto los ojos a la verdad genuina de la Biblia (2 Pedro 3:7). Como preguntó Pedro: “¡Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios!” (2 Pedro 3:11-12).
Examinemos nuestras actitudes y acciones personales
Es fácil malinterpretar la parábola de Lázaro y el rico si se pierde de vista el mensaje central de Jesús. Cuando la examinamos en el contexto de uno de sus mensajes principales, que nos insta a preocuparnos por las necesidades de los demás, el verdadero significado se vuelve claro.
Aunque es importante entender los hechos reales sobre la vida después de la muerte, es aún más vital que examinemos con cuidado nuestras actitudes y acciones personales. ¿Estamos en sintonía con lo que Dios quiere de nosotros? ¿Coinciden nuestras prioridades con las suyas?
Jesús empleó la historia del rico y Lázaro como una poderosa lección verbal y visual para sus discípulos: nosotros. Mediante ella nos muestra la importancia que Dios atribuye a la bondad y a estar enfocados hacia afuera en lugar de hacia dentro de uno mismo. Sin duda, la forma en que cuidamos de los demás es la dinámica enseñanza espiritual que Jesús desea que aprendamos por medio de esta parábola (Santiago 1:27). Debemos evitar ser como el rico, quien al final descubrió que era demasiado tarde para cambiar.
La buena noticia es que aún no es demasiado tarde para cambiar. El cambio puede comenzar hoy mismo, permitiendo que Dios lo guíe a una comprensión más profunda mediante el estudio de su santa Biblia. Puede comenzar empezar ahora, dedicándose en oración a conocer a Dios de manera más íntima.
Escuchemos ahora la Palabra de Dios y hagamos un esfuerzo diligente por prepararnos para la vida eterna en su futuro Reino. EC