#253 - Juan 11-12: "Unidad entre Dios Padre y Jesús: Resurrección de Lázaro"

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#253 - Juan 11-12

"Unidad entre Dios Padre y Jesús: Resurrección de Lázaro"

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Jesús había estado en Jerusalén durante la Fiesta de la Dedicación, y les había mostrado con ejemplos pastorales a los líderes judíos que ellos no eran verdaderos pastores ni dignos, pero él sí lo era, al ser el Hijo de Dios y al dar su vida por el rebaño de Dios.

Les reveló una gran verdad: “Yo y mi Padre uno [griego: gen] somos” (Juan 10:30). A veces se usa esta escritura para enseñar la Trinidad, pero leamos lo que el término “uno” realmente significa aquí. En español, sólo hay un término para “uno”, sea figurado o numérico. Pero en el griego hay dos palabras: “gen”, que significa el uno simbólico y “geis” el uno numérico. La Biblia de Estudio de Claves Hebreas y Griegas explica: “El término “uno”, geis en griego, significa uno en número, mientras que gen se refiere a uno en esencia, o modo de ser, como es usado en Juan 10:30. Si se hubiera usado aquí el término geis, entonces significaría que Jesús y el Padre serían una sola persona” (Zodhiates, p. 1711). Pero en vez se usa gen para explicar que son “uno, en forma simbólica” y no numérica. Se usa el mismo término “gen” en Mateo 19:5: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una [gr. gen] sola carne”. Es obvio que el hombre y la mujer no se convierten literalmente en un solo ser, sino son uno al estar unidos en mente y corazón. También se usa “gen” y no “geis” para indicar la unidad espiritual entre los cristianos. Cristo dijo: “Que sean uno [gen] como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno [gen] en nosotros… para que sean uno [gen], así como nosotros somos uno [gen]. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad [gen]” (Juan 17:21-22). Los cristianos no se convierten numéricamente en un ser, sino que están unidos de la misma forma que Jesús lo está con el Padre. Dios el Padre y Dios el Hijo son distintos seres espirituales que forman el Elohim, o como significa en hebreo, “los poderosos”. Se aman y están unidos, pero no como un solo ser. La Biblia jamás enseña eso. Noten que la respuesta de Jesús confirma esta igualdad pero separación unitaria con Dios el Padre.

“Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre [están operando unidos]... Y muchos creyeron en él allí” (Juan 10:32-42).

Cristo revela aquí varias verdades importantes. Primero, que él puede llamarse el Hijo de Dios, porque proviene del cielo. La cita donde dice “dioses sois” viene del Salmo 82:6, donde se refiere a los jueces establecidos por Dios. La palabra Elohim, al significar “los poderosos”, también puede referirse a los jueces que reciben el poder de Dios para juzgar. Cristo quería decir que, si a jueces humanos se les puede llamar “elohim”, cuánto más se puede usar para referirse al Hijo de Dios.

Además, Jesús revela otra importante verdad: que la Escritura no puede ser quebrantada, [gr. luo, o “desatar”] es decir, la Escritura no puede ser deshecha. En esencia, Pablo dijo lo mismo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar...” (2 Timoteo 3:16).

Llegamos así a los días finales de Jesús cuando regresa a Jerusalén por última vez. Viajará primero a Betania, una aldea a cuatro kilómetros de Jerusalén, para visitar a sus amigos Lázaro, María y Marta.

“Estaba entonces enfermo… Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos.) Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo… Vamos a Judea otra vez… Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. Dijo… Tomás [sabiendo que los líderes judíos lo esperaban en Jerusalén para arrestarlo]: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro” (Juan 11:1-17).

Continúa el relato: “Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios [4 km.], y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:18-27) En esta sección hay varias verdades sobre la resurrección.

  1. La persona “duerme” o está en un estado de inconsciencia mientras que esté muerta (Juan 11:11). Si Lázaro estuviera en el cielo, como creen tantos según la creencia de la inmortalidad del alma, ¿para qué traerlo de vuelta a este presente mundo malo? ¿No sería mejor dejarlo en el cielo? Pero no era el caso, “él dormía”.
  2. La resurrección se llevará a cabo “en el día postrero”, y no de inmediato. Será cuando vuelva Cristo a la tierra e inaugure la primera, la segunda y la tercera resurrección, todas en su debido orden.
  3. Cristo es el medio para resucitar a todos, y el que lo ha aceptado para obedecerlo en esta vida y persevera hasta el fin, dice: “no morirá eternamente” (Juan 11:26).

El relato sigue: “Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana… Jesús, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró”. Esta última frase es la más breve en la Biblia, y probablemente se debió al ver la falta de fe de ellos. Ya había resucitado a dos personas anteriormente, la hija de Jairo (Mateo 9:18, 25) y el hijo de la viuda en Naín (Lucas 7:11-16) pero nadie creía que era capaz de resucitar a Lázaro.

“Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días [del entierro]. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. Pero algunos… fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho”.

Este milagro fue categórico. Algunos escépticos pueden dudar de las otras resurrecciones, pues la persona muerta había recién fallecido, pero ¿cómo explicar una persona que estuvo muerta por cuatro días? Y hubo muchos testigos presentes que hubieran negado el relato si era un fraude. De hecho, pronto todos en Jerusalén habían escuchado de este milagro, atestiguado por muchos judíos. Esta vez era algo que los líderes judíos no podían tapar.

Lázaro envuelto en los lienzos parecidos a los típicos de su era

Es importante ver cómo estuvo Lázaro envuelto, pues hay personas que creen que el sudario de Turín fue el de Jesús. Explica Wight: “Al muerto por lo regular se le cubre la cara con una servilleta, y entonces se envuelven las manos y los pies con lienzos de lino… La descripción de Lázaro indica que era así. También sabemos que el cuerpo de Jesús fue así envuelto por José de Arimatea y Nicodemo: “Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias, como es costumbre de los judíos sepultar” (Juan 19:40)” (p. 155). Así, la persona quedaba envuelta con tiras, parecido a lo que hacían los egipcios al momificar a los muertos.

Comenta Robert Wild en su extenso estudio sobre el sudario de Turín: “En Juan 20:6-7 leemos: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos [plural] puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino en un lugar aparte”. En síntesis, Juan nos informa que el cuerpo de Jesús fue envuelto, no en un gran lienzo, como el de Turín, sino con varios lienzos menores. El sudario judío para cubrir el rostro de Jesús era del tamaño de un pañuelo, y no pudo haber dejado la huella de su cara en un gran lienzo...Además, en el sudario de Turín, la imagen aparece con la barba bifurcada, un estilo de los siglos 13 y 14 no del siglo primero… mi impresión es que la imagen del sudario de Turín fue hecha por un artista que calentó una estatua y la prensó en el lienzo, o mejor, lo hizo con un par de imágenes de bajo relieve, usando sangre genuina para crear las manchas apropiadas. Por eso no se ven rasgos de pintura, y aparece un negativo fotográfico...Es importante recordar que la primera exhibición de este manto fue en 1357, cuando el obispo de Troyes, Enrique de Poitiers, declaró que el sudario era un fraude, al mencionar que tenía el testimonio del artista que admitió haberlo hecho… Le rogó al Papa Clemente VII que no lo exhibiera en público, pero sin éxito… Hubo 40 sudarios que reclamaron ser genuinos en la época medieval, pues eran muy rentables para las parroquias por los peregrinajes” (Revista de Arqueología, marzo-abril, 1984). Las mediciones del hombre en este sudario son de una persona de 2 metros de alto—no de un típico judío.

Volvamos al relato. Al saber de la resurrección de Lázaro, “Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un [ejemplo de jeis, “uno numérico”] hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno [ejemplo de jen, uno simbólico] a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así que, desde aquel día acordaron matarle...Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen” (Juan 11:47-53, 57). Lo convirtieron en criminal.

Los saduceos, compuestos por clase pudiente y los sacerdotes, al colaborar con los romanos, temían perder sus riquezas y puestos en el gobierno. Por eso fue Caifás, como el sumo sacerdote puesto por los romanos y saduceo, quién urdió el complot para matar a Jesús. Sin darse cuenta, había profetizado lo que le ocurriría a Cristo, pero no debido a sus razones sino a las de Dios.

Ahora entramos en la última semana de vida de Jesús: “Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón [gr. kleptes], y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis” (Juan 12:1-8).

Aquí entendemos por qué María estuvo dispuesta a gastar el equivalente a un año de salario de un jornalero. ¡Jesús acababa de resucitar a su querido hermano! Fue en gratitud por lo que hizo que derramó este precioso perfume. Respecto al perfume, un experto menciona: “El nardo puro era un aceite fragante preparado de las raíces y ramas de una yerba aromática del norte de la India. Era un perfume muy caro, y lo importaban en frascos de alabastro, que sólo se abrían en ocasiones especiales”. Cristo no objetó lo que hizo María, pues como Dios y rey, fue un reconocimiento a su divinidad y su sacrificio.

Seguimos: “Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús” (Juan 12:9-11). Los sacerdotes querían eliminar a Lázaro, la prueba del poder de Jesús, y por ser saduceos, que no creían en una resurrección (Mateo 22:23).

“El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta [de la Pascua], al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosana [Dios salve]! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; he aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna (Zacarías 9:9)... Y daba testimonio la gente que estaba con él cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. Por lo cual también había venido la gente a recibirle, porque había oído que él había hecho esta señal. Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él” (Juan 12:12-19). El pueblo reconoció a Jesús como rey, en parte por lo que había hecho con Lázaro. Ellos esperaban un rey con gran poder que los liberara del cautiverio bajo los romanos. Pero Cristo no haría esto en su primera venida, sino en la segunda, que todavía está pendiente. Al montar un asnillo, demostraba que venía en son de paz. Si un rey venía en son de guerra, montaba un caballo, y así lo hará Jesús en su segunda venida (vea Apocalipsis 19:11-15).

En esta venida, Cristo aclara que vino para pagar por los pecados del mundo con su muerte: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado… si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto… Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez… Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo [Satanás] será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra [en la cruz], a todos atraeré a mí mismo [por su sacrificio]. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir… Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos. Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él… Isaías dijo esto cuando vio su gloria y habló acerca de él” [aquí Juan equipara a Jesús con el Yahvé del Antiguo Testamento].

Juan termina la sección: “Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. Jesús clamó: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió… Yo, la luz, he venido al mundo para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas... hablo como el Padre me lo ha dicho”. Hay una unidad perfecta entre los dos.