La piedad bíblica
La piedad es la devoción, reverencia y amor entrañable hacia Dios que se traduce en una vida santa y obediente. Esta devoción personal para asumir su carácter es la responsabilidad y el llamado de todos sus discípulos.
Simón Pedro fue elegido personalmente por Jesucristo para que lo siguiera, y se convirtió en uno de sus primeros discípulos. Años más tarde, al escribir a miembros dispersos de la Iglesia, Pedro planteó una pregunta conducente a la reflexión en el contexto del Día del Señor, cuando llegue a su fin la era presente.
Esta fue la pregunta de Pedro: “Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad!” (2 Pedro 3:11-12, La Biblia de las Américas). ¿Cómo responderíamos nosotros a tal pregunta? Es un pensamiento profundo que todos debiéramos considerar periódicamente.
La piedad —en el sentido bíblico de devoción reverente a Dios—, tanto la palabra como la cualidad que describe, ha caído prácticamente en desuso en la vida cotidiana. En su esencia, este concepto describe a quienes caminan con Dios, le agradan y le son devotos, reflejando un carácter piadoso en su conducta.
La piedad bíblica no es simplemente un sinónimo de carácter cristiano, sino algo mucho más profundo: abarca la totalidad de la vida del discípulo y constituye el fundamento sobre el cual se edifica dicho carácter. El sustantivo griego del cual se traduce esta palabra significa “reverencia, respeto, devoción hacia Dios”.
Tiempo de entrenamiento
El Nuevo Testamento registra que el apóstol Pablo fue mentor de Timoteo, un joven seguidor del camino cristiano, a quien animó a ser un buen ministro o siervo de Jesucristo.
Pablo le dijo: “Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:7-8). Con las palabras “ejercítate para la piedad”, Pablo quería que Timoteo se entrenara, trabajara en ello y perseverara. Pablo añadió que esta cualidad es provechosa para todas las cosas: tanto las de la vida presente como las de la vida venidera.
Otras versiones de la Biblia en español expresan esta misma idea de maneras que destacan la responsabilidad personal: “disciplínate a ti mismo para la piedad” (Nueva Biblia Latinoamericana) y “entrénate para la sumisión a Dios” (Nueva Traducción Viviente).
Observe también cómo inicia Pablo su epístola a Tito, otro joven ministro, que estaba a cargo de las congregaciones en la isla de Creta.
Pablo habla del “conocimiento de la verdad que es según la piedad . . .” (Tito 1:1). De acuerdo con lo que pensaba el apóstol, era primordial que sus discípulos buscaran este componente vital.
Ejemplos para hoy
Continuando su carta a Tito, Pablo lo exhortó a enseñar que los cristianos deben resistir los deseos mundanos, viviendo en cambio con sobriedad y rectitud mientras aguardan la gloriosa segunda venida de Jesucristo (Tito 2:11-15).
La intención de Pablo era destacar la transición entre dos mundos o eras, a fin de motivar al pueblo de Dios a vivir de manera santa y piadosa, sin importar los desafíos. Esta forma de vida no es algo opcional: es un requisito.
Simón Pedro se identificó como siervo y apóstol de Jesucristo. Afirmó que el divino poder de Dios otorga a los discípulos todo lo necesario para una vida piadosa, de modo que lleguen a ser participantes de la naturaleza divina. Esta transformación es necesaria para la entrada al Reino de Cristo a su regreso (2 Pedro 1:1-4).
Piénselo bien: Dios les da a sus hijos todo lo que necesitan para vivir una vida que lo complazca a él, puesto que han sido llamados por su propia gloria y gracia.
La búsqueda del discípulo
Quienes son llamados por Dios deben valorar que sea tanto un privilegio como un deber buscar la piedad, entrenarse para ella y practicarla hasta dominarla. Para llevar a cabo esta tarea no necesitamos un talento ni un equipo especial; sin embargo, además del poder divino de Dios y de su Espíritu Santo, sí necesitamos motivación personal, y nos beneficiaremos del ánimo y la guía de otros seguidores del camino cristiano.
Para ilustrar el fundamento sobre el cual se edifica el carácter piadoso, considere el ejemplo de Enoc, padre de Matusalén. La Biblia registra que en los días anteriores al diluvio, Enoc caminó con Dios (Génesis 5:21-24). En Hebreos 11:5 se nos dice que él agradó a Dios. Caminar con Dios y agradarle son la esencia de la piedad. Dios ocupaba el lugar central en la vida y el pensamiento de Enoc.
La devoción piadosa es importante, porque implica una actitud personal hacia el Todopoderoso que se traduce en un comportamiento que le agrada. La devoción no es una actividad en el sentido de “hacer nuestros devocionales diarios”. Nuestra devoción debe abarcar el temor de Dios, el amor por él y el deseo de él, haciendo todo para su gloria en todos los aspectos de nuestra vida (1 Corintios 10:31).
Otra forma de expresarlo se encuentra en Colosenses 3:17. Pablo aconseja que todo lo que hagamos sea en el nombre del Señor Jesús, desde nuestros pensamientos más íntimos hasta nuestra conducta externa. Nada debe quedar excluido. No debe haber vacíos ni rincones ocultos o secretos.
¿Es esto un desafío? ¡Sí! Pero ese es el fundamento del primer gran mandamiento que, como se declara en Mateo 22:37-38, consiste en amar a Dios con todo nuestro ser: “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento”. EC