La nueva revolución sexual
Entrevista al Dr. Roy Fouch por Víctor Kubik
En los últimos años, las actitudes culturales hacia la sexualidad, el matrimonio, el género y la identidad personal han cambiado rápidamente.
Ciertas ideas que en otro tiempo por lo general se rechazaban o rara vez se discutían en público, hoy son promovidas mediante el entretenimiento, la educación, las redes sociales y la ley. Estos cambios pueden plantear serios desafíos a los cristianos que procuran aferrarse a la Palabra de Dios y, a la vez, tratar a las personas con compasión, paciencia y esperanza.
En un esfuerzo por abordar estos delicados temas desde una perspectiva tanto bíblica como de consejería, El Comunicado entrevistó al Dr. Roy Fouch sobre los siguientes temas: moralidad sexual, pornografía, homosexualidad, atracción hacia el mismo sexo, cuestiones transgénero, y el papel de la Iglesia para ayudar a la gente a buscar la ayuda y sanidad de Dios.
El Dr. Fouch tiene un doctorado en Psicología y es consejero clínico profesional licenciado (LPCC, por sus siglas en inglés). Él y su esposa Barb sirven como diácono y diaconisa en la congregación de Cincinnati de la Iglesia de Dios Unida. El Dr. Fouch aporta su experiencia profesional en consejería, y también su compromiso de muchos años para ayudar a personas y familias a enfrentar difíciles luchas personales y relacionales.
En la siguiente entrevista, él expone lo que describe como “la nueva revolución sexual”, cómo deberían entender los cristianos el pecado sexual y las cuestiones de identidad, y cómo puede la Iglesia guiar a las personas a buscar la ayuda, sanidad y dirección de Dios.
¿A qué se refiere con la nueva revolución sexual?
La expresión “revolución sexual” suele referirse a los grandes cambios sociales y culturales que se hicieron especialmente notorios en las sociedades occidentales durante las décadas de 1960 y 1970. En años más recientes, dicha revolución ha continuado y se ha expandido, cambiando las perspectivas culturales hacia el comportamiento sexual, el matrimonio, los roles de género, la identidad y el propósito del sexo.
Además, alteró radicalmente los códigos morales y las actitudes tradicionales en estos temas, lo que produjo una mayor aceptación de las relaciones sexuales prematrimoniales, la convivencia y la práctica sexual fuera del matrimonio y en contra del propósito que Dios le dio.
Este cambio ha llevado a una amplia aceptación cultural de la moderna ideología LGBTQ+, que incluye el movimiento por los derechos de los homosexuales, las relaciones entre personas del mismo sexo y las identidades y prácticas sexuales divergentes que la Escritura condena. La cultura actual describiría esto como liberación sexual; sin embargo, la Palabra de Dios muestra que el rechazo a su propósito para el sexo no conduce a la verdadera libertad, sino a una esclavitud espiritual.
La Biblia clasifica como inmoralidad sexual todo comportamiento sexual que no se ajusta al diseño de Dios. La visión del mundo respecto al sexo es contraria a lo que Dios define como aceptable; ignorar lo que Dios ha establecido como comportamiento sexual apropiado es pecado. La Escritura aborda el peligro de una supuesta libertad que en realidad conduce a la esclavitud espiritual: “Prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción, ya que cada uno es esclavo de aquello que lo ha dominado” (2 Pedro 2:19, Nueva Versión Internacional).
¿Es un pecado sexual ver pornografía?
La respuesta sencilla es sí, y esta es la razón: Jesús nos enseñó que no hace falta cometer el acto físico para que algo sea pecado. Así lo encontramos en Mateo 5:28, donde Cristo dijo: “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.
Otra enseñanza edificante de Jesús se encuentra en Mateo 6:22-23: “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”.
El ojo es el lente a través del cual vemos el mundo. Lo que dejamos entrar por ese lente afecta nuestros pensamientos, deseos y conducta. Si dejamos entrar luz por nuestros ojos —al leer la Biblia, por ejemplo—, podemos tomar mejores decisiones en cuanto a nuestros pensamientos y acciones. En cambio, si dejamos entrar tinieblas en la mente y el corazón, corremos el riesgo de corrompernos y ser más propensos a pensamientos, deseos y decisiones pecaminosos.
En uno de los libros más antiguos de la Biblia, Job reconoció que nuestros ojos pueden inducirnos al pecado sexual. Dijo: “Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer joven” (Job 31:1, NVI).
La pornografía no es una afición inofensiva. Acondiciona la mente para codiciar, para ver a los demás como simples objetos, y para hacer mal uso del poderoso don de la sexualidad que Dios creó para el matrimonio. El cristiano debe resistirla, alejarse de ella y buscar la ayuda de Dios para vencerla.
¿Qué dice la Biblia sobre la conducta homosexual?
El comportamiento homosexual no es un asunto nuevo. La Biblia está llena de escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, en las que Dios define la conducta homosexual como pecado. Levítico 18:22 es una de ellas; allí Dios dice: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”.
¿Aborda el Nuevo Testamento el comportamiento homosexual tanto masculino como femenino?
En Romanos 1:26-27, donde Pablo trata el tema de la mente reprobada, es inspirado por Dios a decir lo siguiente: “Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío”.
¿Es la atracción hacia el mismo sexo lo mismo que la homosexualidad?
La conducta homosexual y la atracción hacia el mismo sexo no son lo mismo. La atracción hacia el mismo sexo significa que una persona experimenta interés, tentación o pensamientos no deseados hacia alguien de su mismo sexo. La conducta homosexual consiste en cometer actos sexuales conforme a tales deseos.
Una persona puede experimentar atracción hacia el mismo sexo sin dejarse dominar por ella. Eso no la hace menos valiosa para Dios, ni significa que haya elegido un estilo de vida pecaminoso. Como toda tentación, esos sentimientos deben subordinarse a la autoridad de Dios.
Al mismo tiempo, este tipo de atracción es real y no debe ignorarse ni tomarse a la ligera. Quien esté luchando con esto debe buscar la ayuda de Dios, resistir el pecado y esforzarse por conseguir consejo y apoyo espiritual sabios.
¿Qué hace que las personas experimenten
estos sentimientos?
No existe una explicación única que pueda aplicarse a todos. La sexualidad humana, las emociones, la historia personal y las luchas espirituales pueden ser complejas. En mi trabajo como consejero, he visto que hay muchas y muy variadas experiencias de vida que contribuyen a la confusión sexual, la tentación o los patrones sexuales dañinos, entre ellas: exposición a la pornografía, abuso sexual, disfunción familiar, heridas emocionales y violación de los límites personales.
Con el correr del tiempo, la exposición frecuente a ciertas imágenes o conductas sexuales también puede moldear los deseos. Sin embargo, en muchos casos la persona no logra identificar una causa clara. Por eso, debemos cuidarnos de suponer que conocemos completamente la historia de alguien.
Sea cual sea el trasfondo, Dios nos llama a cada uno a buscar su ayuda y a poner nuestros pensamientos, deseos y conducta en armonía con su Palabra.
Como cristiano, ¿cuál debe ser mi reacción ante alguien que es gay, homosexual, o siente atracción hacia el mismo sexo?
El principio del amor debe guiar la manera en que tratamos a todas las personas. Jesús nos enseñó a amar incluso a nuestros enemigos; no obstante, quienes luchan con pecados o confusión de índole sexual no son nuestros enemigos. Son seres humanos hechos a imagen de Dios, y deben ser tratados con compasión, bondad, paciencia y respeto.
Eso no significa aprobar el pecado ni redefinir la Palabra de Dios. El amor no nos exige justificar el pecado; pero la verdad tampoco nos da el derecho a ser duros, despectivos o crueles.
Un proceder cristiano debe combinar la verdad y la misericordia. Podemos mostrarles amorosamente a las personas las Escrituras y explicarles que Dios diseñó la intimidad sexual para el matrimonio entre un hombre y una mujer. También debemos entender que las luchas sexuales suelen ser profundamente personales y dolorosas.
Hoy en día, muchos afirman que el amor exige aceptar cualquier relación o identidad sexual que una persona elija. Pero el amor de Dios comienza con someterse a su instrucción. No redefinimos la Palabra de Dios bajo la apariencia de amor. El verdadero amor ayuda a las personas a acercarse a Dios, al arrepentimiento, la sanidad y la obediencia.
¿Qué opina sobre las cuestiones transgénero tan extendidas hoy en el mundo?
Dios creó a los seres humanos como varón y hembra. Jesús reafirmó ese diseño cuando dijo: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?” (Mateo 19:4).
Dios no está confundido en cuanto a cómo nos diseñó. Él creó a los seres humanos varón y hembra, y nos llama a apreciar el sexo que nos ha dado.
Al mismo tiempo, debemos reconocer que algunas personas experimentan profunda angustia, confusión o dolor respecto a su identidad. Los sucesos que alteran el curso de la vida de un ser humano pueden llegar a afectar la percepción que tiene de su propia identidad. Experiencias de la niñez —como abuso, descuido, disfunción familiar, heridas emocionales o dificultades en el desarrollo emocional— pueden contribuir a la confusión en torno a la sexualidad y la identidad. Además, buena parte del entorno educativo y mediático actual anima a las personas, sobre todo a los jóvenes, a concebir la sexualidad y el género de maneras contrarias al diseño de Dios.
Otro factor que podría influir, según algunas investigaciones, tiene que ver con sustancias químicas del medio ambiente capaces de interferir en los sistemas hormonales naturales del cuerpo. Suelen llamarse sustancias químicas alteradoras del sistema endocrino (EDC, por sus siglas en inglés). Pueden hallarse en ciertos plásticos, empaques de alimentos, cosméticos, fragancias y otros productos de uso común. Algunas de estas sustancias pueden imitar y bloquear hormonas como el estrógeno y la testosterona, o interferir con ellas. Por ejemplo, los bisfenoles —como el BPA— pueden imitar el estrógeno en el cuerpo, y se emplean en algunos empaques de alimentos, botellas de agua y recibos de caja registradora. Los ftalatos, presentes en ciertos plásticos, cosméticos y fragancias, también se han estudiado por sus posibles efectos sobre la función hormonal. Hay más información sobre estas sustancias disponible en el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de EE. UU.
(NIEHS, por sus siglas en inglés) y en la Endocrine Society.
No siempre podremos identificar las causas específicas en un caso concreto, pues la lucha de una persona con la identidad sexual o la disforia de género puede involucrar más de un factor: emocional, psicológico, físico, ambiental o espiritual.
Pero estas dificultades no alteran el fundamento bíblico. La Escritura deja claro que Dios creó a los seres humanos varón y hembra, y espera que respetemos su diseño. Por tanto, los cristianos no deben rechazar el diseño que Dios creó ni adoptar una identidad, un papel o un estilo de vida contrarios al sexo que Dios les dio.
Intentar cambiar el sexo dado por Dios mediante cirugía, hormonas u otros procedimientos médicos con el fin de vivir como el sexo opuesto no concuerda con la voluntad de Dios.
Su Palabra advierte contra la modificación deliberada de lo que distingue al hombre de la mujer: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es al Eterno tu Dios cualquiera que esto hace” (Deuteronomio 22:5). Esto refuerza un principio bíblico más amplio: que Dios nos llama a honrar el sexo que nos ha dado, a no rechazarlo ni a redefinirlo.
Sin duda, este es uno de los grandes temas culturales de nuestro tiempo; sin embargo, es más que cultural pues tiene profundas implicaciones espirituales. Satanás siempre ha buscado distorsionar lo que Dios ha creado: el matrimonio, la familia, la sexualidad y la identidad humana. Por esa razón, rechazar el sexo dado por Dios e intentar vivir como alguien del sexo opuesto es desafiar su voluntad.
Al mismo tiempo, debe haber un trato compasivo hacia quienes han quedado atrapados en esta confusión o luchan profundamente con estos asuntos. Dios no deja a las personas sin esperanza.
Si alguien ya ha tomado decisiones graves, o incluso irreversibles, no se le debe condenar ni rechazar. La Iglesia debe procurar ayudarle a comprender la voluntad de Dios y a encaminarse con sinceridad hacia una vida que le agrade a él.
La respuesta es la misma de siempre: buscar la ayuda de Dios, reconocer la verdad de su Palabra, arrepentirse cada vez que sea necesario, pedir su perdón y comenzar a dar pasos para procurar vivir una vida acorde con su voluntad.
La Biblia es clara respecto al pecado sexual y a la conducta contraria a la voluntad y al propósito de Dios para el hombre y la mujer. Pero también es clara respecto a que Dios tiene misericordia, es paciente y está dispuesto a ayudar a quienes lo buscan de corazón.
¿Cuál es el papel de la Iglesia para ayudar a las personas a vencer los pecados sexuales?
Si alguien lucha con uno de los pecados sexuales o los problemas de identidad que hemos mencionado en este artículo, se le debe animar a buscar la ayuda de su pastor. Esa conversación debe abordarse con humildad, honestidad y un deseo sincero de recibir orientación y apoyo bíblicos. A partir de ahí, el pastor puede ayudar a elaborar un plan adecuado de consejería espiritual, supervisión y pasos prácticos para avanzar.
En el sitio web de la Iglesia hay artículos y videos que tratan muchos de estos temas. Cuando nos encontremos con personas que luchan o que incluso practican algunas de las conductas descritas en este artículo, siempre debemos responder con amor y compasión.
A menudo están padeciendo gran dolor emocional y conflicto interior. Debemos guiarlos amorosamente a la Biblia en busca de la instrucción de Dios, tratándolos con la paciencia, misericordia y dignidad que Cristo mostró por quienes estaban atrapados en el pecado y necesitaban arrepentirse.
Si usted lucha con cualquiera de estos asuntos, busque ayuda. Acuda al Padre y a Jesucristo, recordando que “para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). EC