Preguntas sobre la identidad de género
La identidad de género es uno de los temas más controvertidos de la actualidad. ¿Qué enseña la Biblia sobre la naturaleza humana, el diseño de Dios y la manera en que los cristianos pueden responder tanto con verdad como con compasión?
Dios diseñó dos sexos distintos, pero complementarios, dentro de la familia humana. El relato de la creación en Génesis designa claramente a los seres humanos como “varón y hembra” (Génesis 1:26-27). Ambos sexos fueron creados a imagen y semejanza de Dios. De hecho, Jesucristo confirmó este aspecto fundamental de la creación (Mateo 19:4). La Biblia presenta esto como un dato esencial que comunica el propósito del Eterno y su propósito inalterable para la humanidad.
Nuestro Creador dotó al hombre y a la mujer de muchas diferencias inherentes que reflejan aspectos complementarios y enriquecedores del propio carácter y la personalidad de Dios. Dentro de las relaciones sanas, y sobre todo en la unión de un hombre y una mujer en el matrimonio, tal como el Eterno lo dispuso (Génesis 2:18-25), estas diferencias físicas y emocionales entre los sexos nos enseñan mucho acerca de quién es Dios y qué espera de nosotros.
La Biblia deja en claro que Dios no aprueba las relaciones indebidas, como el sexo prematrimonial, el adulterio y la homosexualidad, que contribuyen a generar confusión en cuanto a la identidad de género. Por ello, querer adoptar una identidad del sexo opuesto es pecado, pues va en contra de la voluntad de Dios para nosotros, tanto en lo colectivo como en lo individual.
Es importante reconocer que los problemas de identidad de género afectan profundamente a quienes los viven. Además, muchas personas se hacen preguntas sinceras sobre por qué Dios permite que existan tales condiciones, si vivir así no es algo que él haya dispuesto ni apruebe.
En esta etapa del plan de Dios para la humanidad, su creación física es tanto temporal como imperfecta. Nuestra vida suele estar marcada por una gran variedad de dificultades; algunas están bajo nuestro control, y otras no. Las flaquezas humanas también dan lugar a errores y pecados que acarrean toda clase de consecuencias indeseables. Como si fuera poco, el mundo se halla actualmente bajo el dominio de Satanás el diablo, quien ha elegido convertirse en enemigo del Eterno y de su creación, en especial de su diseño y propósito para el
ser humano.
Estas condiciones producen innumerables problemas físicos, emocionales y espirituales para toda la humanidad. Entre ellos se encuentran las desviaciones del diseño y la intención originales de Dios para la sexualidad humana. A pesar de estas difíciles realidades, conviene comprender que el Eterno creó a la humanidad con un propósito asombroso. ¡Su mayor deseo es que logremos ese propósito y lleguemos a ser miembros de su familia! (Jeremías 29:11; Hebreos 2:10). Sin embargo, ese anhelo solo puede cumplirse cuando decidimos seguir su forma de vida, en lugar de determinar por nuestra cuenta lo que está bien y lo que está mal (Proverbios 3:5-6; Deuteronomio 30:19-20).
Dios siente amor y compasión por quienes luchan con problemas de identidad de género. Cuando alguien batalla por vivir como el Eterno lo dispuso, los cristianos deberían verlo con el mismo amor y la misma compasión que él le tiene. Esto, de manera natural, nos lleva a sentir y a expresar una empatía cristiana ante las verdaderas dificultades de quienes enfrentan estos retos.
Al mismo tiempo, debemos mantenernos fieles a los límites de Dios y a su forma de vida. El amor, la compasión y la empatía no deberían alterar nuestra confianza en lo que la Biblia enseña con claridad. Como afirma el autor y teólogo estadounidense Kevin DeYoung en su defensa de la enseñanza bíblica sobre la sexualidad: “Por doloroso que resulte, debemos reinterpretar nuestras experiencias a la luz de la Palabra de Dios, en lugar de permitir que nuestras experiencias dicten lo que la Biblia puede o no puede significar” (What Does the Bible Really Teach About Homosexuality? [¿Qué enseña realmente la Biblia sobre la homosexualidad?], 2015, p. 27).
Con el tiempo, Dios brindará ayuda y sanidad para estas dificultades, tal como lo hará con todos los problemas humanos (1 Timoteo 2:3-4; 2 Pedro 3:9). Los retos de esta vida tienen un propósito específico dentro del plan general del Eterno para llevarnos a su familia. Su plan sí contempla soluciones, ya sea ahora o en el futuro.
¿Qué son los problemas de identidad de género y qué los provoca?
El diccionario de la Real Academia Española define la identidad de género como “la percepción que cada persona tiene de su propio género, la cual puede coincidir o no con su sexo biológico”. El diccionario en línea Merriam-Webster la define como “el sentido interno que tiene una persona de ser hombre, mujer, alguna combinación de hombre y mujer, o ni hombre ni mujer”. El término “transgénero” se emplea sobre todo para describir a quienes experimentan estos problemas a partir de sus sentimientos personales, y no de su sexo biológico. Es una expresión general que abarca a quienes sienten que su identidad de género difiere del sexo con el que nacieron.
En la sociedad existen muchas opiniones distintas sobre el origen de la identidad de género. Algunos creen que tanto esta como la orientación sexual son características innatas, es decir, que quedan fijadas al nacer y no cambian. Otros sostienen que ambas son determinadas por los sentimientos internos de cada quien y que, por lo tanto, pueden cambiar. Según este punto de vista, es común cuestionar la propia identidad y las atracciones de carácter sexual o de género.
En una sociedad cada vez más liberal, la creencia de que las personas que se identifican como transgénero nacen con esa característica ha ganado mucha aceptación en los últimos años. Esta idea ha sido fomentada por quienes defienden las causas de identidad sexual y de género, como la famosa artista Lady Gaga, cuyo éxito de “Born This Way” (2011) se ha convertido en un himno para esa comunidad (“LGBT Anthem: Lady Gaga’s ‘Born This Way’” [“Himno LGBT: ‘Nacido así’”], Morning Edition, National Public Radio, 20 de mayo de 2019).
En el caso de la atracción hacia alguien del mismo sexo, la investigación científica no respalda la afirmación de que se nazca así. Como señala un artículo de Scientific American que resume los hallazgos de un amplio estudio publicado en 2019, “Los vínculos genéticos no predicen la orientación [sexual]” (“Massive Study Finds No Single Genetic Cause of Same-Sex Sexual Behavior” [“Masivo estudio no encuentra la causa de la atracción sexual hacia el mismo sexo”], 29 de agosto de 2019).
De manera similar, una revisión de múltiples estudios presenta argumentos contundentes de que existe “poca evidencia científica de que la identidad de género quede fijada al nacer o a temprana edad” (Lawrence Mayer y Paul McHugh, “Special Report on Sexuality and Gender” [“Reporte especial sobre sexualidad y género”], The New Atlantis, otoño de 2016).
Esa misma revisión muestra que, pese a la evidente contradicción, la creencia de que la identidad de género es fluida —es decir, que puede cambiar según lo que la persona siente con el paso del tiempo— también “ha cobrado mayor presencia en la cultura popular”. Como ejemplo, los autores citan las numerosas opciones que Facebook ofrece a sus usuarios para describir su género.
Conviene tener presente que los reportajes de los medios de comunicación se enfocan sobre todo en los casos de identidad de género en los que la persona experimenta emociones y sentimientos sin una causa biológica perceptible. El mismo informe afirma: “Al examinar la literatura científica, encontramos que casi nada se comprende bien cuando buscamos explicaciones biológicas de lo que lleva a ciertas personas a declarar que su género no coincide con su sexo biológico”.
Con frecuencia, las causas de los sentimientos transgénero de una persona en particular no están claras. Algunos de quienes los experimentan dicen sentirse como un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, o viceversa. Ese estado mental de confusión suele provocar un conflicto interior. Otros, que afirman no sentir ningún conflicto interno, se identifican con seguridad como algo distinto del sexo con el que nacieron.
¿Qué consecuencias hay para quienes tienen estos problemas?
El principal problema de un estilo de vida transgénero es que no se ajusta a la intención que Dios ha revelado para su creación. Esto solo puede conducir a separarse de él. Rechazar los caminos del Eterno nos aleja cada vez más, con el tiempo, de lo que es correcto y de lo que más nos conviene.
Romanos 1:22-28 es un pasaje que aborda el alejamiento de las instrucciones de Dios en cuanto a la sexualidad. Nota en especial el versículo 28: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”. La obra A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature muestra que la palabra traducida como “reprobada” (en inglés, “debased”) conlleva el sentido de “que no resiste la prueba”, con la idea de aceptar aquello que no ha sido puesto a prueba ni demostrado. Una mentalidad arraigada en enfoques que se alejan de la intención de Dios producirá, como es natural, una orientación equivocada y un mal uso de su creación.
Estos problemas se hacen evidentes en las dificultades prácticas asociadas al intento de cambiar de género, un objetivo que, a fin de cuentas, no concuerda con la realidad física y biológica de la persona. Identificarse con el sexo opuesto no altera la constitución innata de cada individuo. Modificar el cuerpo mediante terapias de transición, como inyecciones hormonales y cirugías de cambio de sexo, se ha vuelto más frecuente. Sin embargo, esos procedimientos no cambian en lo esencial quién es la persona ni le brindan paz mental respecto de la identidad que ha elegido.
Un estudio publicado en 2025 en The Journal of Sexual Medicine determinó que quienes se sometieron a una cirugía de reasignación de género presentaban, después de la operación, un mayor riesgo de depresión, ansiedad, ideación suicida, trastorno dismórfico corporal y trastorno por consumo de sustancias.
¿Cómo deben responder los cristianos?
Ante las muchas opiniones encontradas sobre este tema (sobre todo a medida que nuestras sociedades se alejan cada vez más del respeto por Dios y los valores bíblicos), el tema en discusión suele conducir a otra pregunta crucial: ¿Cómo deben relacionarse los cristianos con quienes se identifican como transgénero o apoyan sus derechos?
Aunque es natural ponerse a la defensiva al tratar temas difíciles, los cristianos no deben mostrarse despectivos ni groseros con quienes tienen creencias y experiencias diferentes. Más bien, debemos aprender a hablar con gracia y veraz discernimiento (Colosenses 4:5-6), mostrando una actitud que refleje el auténtico interés y la preocupación que Dios siente por todos. Sin apartarnos de esos límites, hemos de mantenernos firmes en la comprensión divinamente revelada del diseño de Dios para la humanidad.
Lamentablemente, muchos en nuestra sociedad creen que los sentimientos de una persona son el indicador más fiable de quién es y de cómo debe vivir. Esto sencillamente no es cierto. La realidad se expresa muy bien en Jeremías 10:23: “. . . el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos”.
Si bien los sentimientos son un elemento valioso de las facultades humanas que Dios nos dio, solo contribuyen a buenos resultados cuando nos aferramos a la Palabra de Dios, obedecemos sus leyes y nos dejamos guiar por su Espíritu Santo (Salmos 119:160; Romanos 8:4-6). Fuera de esos parámetros, nos conducirán por un rumbo equivocado y nos inducirán a pensar y a hacer cosas que no son buenas. Como se describe en Proverbios 16:25: “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”.
La ayuda para cualquier condición que provoque un conflicto entre los sentimientos de identidad personal y la realidad física debería centrarse en identificar y tratar el origen de esos sentimientos. Lo mismo vale para los problemas de identidad de género: aceptar una realidad falsa no la vuelve verdadera. Intentar amoldar el propio cuerpo a los sentimientos personales crea nuevos problemas, sin resolver realmente las cuestiones de fondo.
No obstante, hay esperanza al aguardar el venidero Reino de Dios, cuando los numerosos retos de esta vida serán verdaderamente resueltos. ¡En aquel tiempo, todas las personas tendrán plena oportunidad de comprender el grandioso plan de Dios para la humanidad y de vivir conforme a él! BN