El deísmo versus la verdad bíblica
Actualmente, gran parte del cristianismo moderno está siendo destruido gradualmente desde dentro por el deísmo.
El deísmo es una seudocreencia en la existencia de Dios. Sus promotores reconocen que la creación exige la existencia de un creador, pero no necesariamente de un Dios personal o cercano que intervenga en los asuntos de los seres humanos. El deísmo se basa únicamente en el pensamiento racional, sin depender de creencias ni autoridades religiosas. Hace hincapié en el concepto de teología natural, la cual postula que la existencia de Dios se revela a través de la naturaleza y la observación.
Martín Lutero, sacerdote, teólogo, autor, compositor de himnos y fraile agustino alemán, protestó públicamente contra la corrupción, las prácticas viles y las enseñanzas de la Iglesia católica romana. En 1517 publicó y difundió sus Noventa y cinco tesis (o Disputa sobre el poder y eficacia de las indulgencias). Las enseñanzas de Lutero se extendieron por toda Europa, lo que provocó la división de la cristiandad occidental entre el catolicismo romano y las nuevas tradiciones protestantes, principalmente el luteranismo, el calvinismo, el anglicanismo y el anabaptismo.
Una de las consecuencias de la fisura en el cristianismo fue la Ilustración, otra filosofía que se afianzó en Europa. También conocida como la Era de la Razón, fue un movimiento intelectual y filosófico que se inició en Europa a finales del siglo xvii y se extendió hasta principios del xix. En un comienzo la Ilustración rechazaba la religión, particularmente la de la Iglesia católica romana, pero también, gradualmente, la de las iglesias protestantes. Hay más de cien autores y filósofos famosos de ese período, entre los cuales se destacan Voltaire, Rousseau, Descartes y Francis Bacon. Para Martín Lutero, al igual que para Bacon o Descartes, el camino hacia la verdad radicaba en el uso de la razón humana.
Esta filosofía, que muchos historiadores consideran una ampliación de las enseñanzas de Sócrates y Aristóteles, rechazaba los textos religiosos y apelaba únicamente a las verdades que consideraba que podían establecerse mediante la razón y la observación. A estos filósofos y teólogos se les llamaba “deístas”, y la posición filosófica y teológica que defendían se denomina “deísmo”. Hoy en día se considera que Thomas Jefferson, Benjamín Franklin, James Madison y James Monroe fueron deístas. Creían en un Dios racional, pero a menudo rechazaban las doctrinas cristianas tradicionales.
Los conceptos de la Ilustración han estado infiltrando las iglesias “cristianas” durante una generación. Este movimiento, conocido como “deconstrucción”, tiene como objetivo principal la armonía entre las opiniones personales y las creencias religiosas cambiantes. Cada creyente puede moldear su fe como una mezcla de las enseñanzas que prefiera. A medida que alguien se siente más cómodo rechazando la Palabra de Dios, la deconstrucción da lugar a una desconexión de la cosmovisión cristiana bíblica tradicional. En última instancia, cada paso del proceso aleja cada vez más a la persona del Dios de la Biblia.
El autor de BcWorldview.org, Jeff Hines, publicó recientemente: “. . . aquellos que antes promovían la deconstrucción cristiana ahora están recurriendo a otras palabras para crear una imagen más positiva del proceso . . . El término ‘deconstrucción’ está siendo modernizado en la comunidad cristiana y, por lo tanto, está comenzando a ser reemplazado por palabras como ‘reorganización’ o ‘renovación del compromiso’ en relación con los fundamentos teológicos de cada uno”. La finalidad es mezclar o adaptar las enseñanzas religiosas a las preferencias individuales. Hines añadió: “Los deconstructivistas se han apostado en los márgenes del cristianismo, donde todo vale, y la inclusión de una amplia gama de teologías retorcidas se ha convertido en parte del movimiento . . . La deconstrucción significa elegir creencias más fáciles . . . [y] casi siempre significa adoptar puntos de vista aceptables para el mundo no creyente. De manera demasiado cómoda, significa alejarse de las normas sobre la sexualidad, el género [sexual], la salvación, el pecado, el infierno y otras cuestiones que no son aceptadas por la cultura popular”.
La fuerza destructora del deísmo puede verse en la desaparición de la Iglesia anglicana, la otrora poderosa Iglesia de Inglaterra, que ahora es un cascarón vacío. Gran parte del cristianismo moderno de hoy en día está siendo destruido gradualmente desde dentro por el deísmo. El evangelio de “salud y riqueza” y las ideas de “gracia barata” son ejemplos de ello. Cuando las personas utilizan sus sentimientos o deseos personales como patrón de autoridad, el resultado suele ser la soledad. Al establecer la idea general de “aceptar a todos y también sus normas”, pronto se acomodan a su visión personal de lo que es verdadero, moral y correcto, en reemplazo de las enseñanzas de Dios. Ello comprende sustituir al Dios de la Biblia por un dios falso que cree y piensa lo que a la humanidad se le antoja. Significa rechazar completamente la Biblia, o creer solo en pequeñas porciones de ella.
Las falsas enseñanzas del deísmo han regresado con fuerza. Una gran parte de los feligreses menores de 40 años han adoptado esta mezcla de verdad y error. Sin embargo, no es de extrañar: Dios inspiró al apóstol Pedro a escribir sobre nuestro tiempo: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3).
Jesús nos enseñó: “. . . y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Rechazar la verdad y sustituirla por la razón humana siempre da lugar a una forma de esclavitud. Por tal motivo, debemos estar en guardia contra el deísmo moderno. EC