El ayuno a la manera de Dios
El ayuno es uno de los recursos más eficaces en nuestra caja de herramientas cristiana.
Cada vez que decido ayunar, recurro a Isaías 58, el capítulo del ayuno. Y siempre que lo hago, el versículo 4 me llama la atención y me intriga: “Si quieren que el cielo atienda sus ruegos, ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!” (Nueva Versión Internacional).
Y pienso: “Pero Dios, ¡por supuesto que ayuno para pasar un tiempo especial hablando contigo, el PODER del universo, que estás allá arriba en tu trono celestial! Tengo una preocupación especial que me gustaría que supieras y para la cual necesito respuesta”.
Desde luego, cuando ayunamos, indudablemente esperamos que Dios escuche lo que tenemos que decir. Después de meditar en ello, se me ocurrió que tal vez había malinterpretado este pasaje de las Escrituras y que debía estudiarlo más detenidamente. ¿Por qué es tan importante esto para nosotros, que queremos ayunar de manera más eficaz, especialmente en el Día de Expiación?
El ayuno es uno de los recursos más poderosos en nuestra caja de herramientas cristiana, junto con la oración, el estudio de la Biblia, la meditación y la comunión con los hermanos. Marcos 9:29 dice que algunas cosas requieren ayuno además de oración.
En un reciente servicio sabático en Colorado Springs, el pastor de visita Nathan Ekama dijo que, según su experiencia, no ayunamos tan a menudo como deberíamos, especialmente si queremos crecer espiritualmente. Jesús dijo en Mateo 6:16–18 que sus seguidores deberían ayunar, y que “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. ¡Dios está deseoso de bendecirnos por ayunar! Y en mis 55 años en la Iglesia, ¡lo he experimentado!
La crucial importancia del contexto
En Isaías 58:2, Dios dice acerca de su pueblo: “. . . me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios . . . y quieren acercarse a Dios”. ¡Estaban pecando! Sin embargo, los desconcertaba el hecho de que Dios no prestara atención a sus ayunos (v. 3). ¡Solo estaban pasando hambre y sed! Es tal y como Isaías confirma en el capítulo siguiente: “. . . vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oir” (59:2).
¿Podría ser un problema de traducción errónea? En biblegateway.com, donde uno puede encontrar versículos en casi todas las traducciones al español, todas coinciden en que Isaías 58:4 implica que el problema no radica en ayunar para que nuestra voz sea escuchada en el cielo, sino en las acciones y actitudes malvadas expresadas en los versículos 3 y 4. La Nueva Versión Internacional, que citamos al comienzo, es un buen ejemplo: “Pero el día que ustedes ayunan, hacen lo que desean [queja similar a la de Dios sobre la forma en que observaban el sábado en Isaías 58:13-14] y explotan a sus obreros. Ustedes solo ayunan para pelear, reñir, y darse puñetazos a mansalva. Si quieren que el cielo atienda sus ruegos, ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen!” Pero podemos ayunar como indica Isaías 58, ¡y Dios se complacerá en responder!
¡Yo estaba cometiendo el inocente error de omitir una parte crucial!: ‘no como ahora lo hacen’.
No podemos obligar a Dios a hacer algo, ni tampoco debemos intentarlo. Tenemos que confiar en Jesucristo, la Cabeza de la Iglesia y de cada uno de nosotros, mientras viajamos por el desierto actual, de modo que nos guíe al mejor lugar para acampar y sea nuestra retaguardia, y luego se mueva como nuestra columna de nube cuando sea el momento de partir (Éxodo 13:21-22). ¿Nos gusta nuestro campamento?
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” (Romanos 11:33-34). “Nuestro Dios está en los cielos; hace todo lo que le place” (Salmo 115:3).
Aunque “para que vuestra voz sea oída en lo alto” evoca la idea de intentar intimidar a Dios, Strong dice que “para que vuestra voz sea oída” proviene del hebreo kole, que significa llamar en voz alta, gritar o vociferar. Esto concuerda con Santiago 5:16, que promete: “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). La Biblia está repleta de poderosos ejemplos de oración y ayuno sinceros y vehementes.
El Salmo 141:2 compara la oración con el incienso: la oración debe ser finamente molida con una mezcla de ingredientes (contarle todo a Dios); calentada (ferviente); dulce y atractiva para Dios (“El Señor dirige los pasos de los justos, se deleita en cada detalle de su vida” [Salmo 37:23, Nueva Traducción Viviente]). ¡De la misma manera que nosotros, los padres, nos deleitamos en escuchar a nuestros hijos!
Ayunos dignos de elogio en la Biblia
Lea Esdras 8:21 al 23 y observe cómo Esdras buscó la protección de Dios: no para hacer oír su voz en las alturas ni para engatusar al Eterno con la intención de que se apiadara de ellos. Por el contrario, lo hizo para que pudiéramos reconocer nuestra total dependencia de él y fuéramos receptivos a su voluntad “para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes” (v. 21).
Cuando nos enfrentamos a decisiones difíciles sobre qué hacer, Dios puede responder a través de las circunstancias, el consejo, la inspiración, la revelación o la intervención directa.
En 2 Crónicas 20:1-12, Josafat confesó: “. . . no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos”. En realidad, él sí sabía qué hacer: ¡convocó un ayuno nacional y buscó la intervención de Dios sobre lo que sería mejor en ese momento y para todos los involucrados!
Resulta que con Isaías 58:4, al igual que con otras escrituras que nos desconciertan, un breve estudio del contexto y las palabras clave aclara la cuestión. No debemos ayunar mientras pecamos con malas acciones y actitudes. Debemos hacerlo fervientemente, esperando que Dios, el Maestro del Tiempo, haga que nuestro esfuerzo sea “eficaz” y “[pueda] mucho”, pero sin intentar guiar al Guía, decirle qué hacer o doblegar su voluntad a la nuestra.
Dios quiere que ayunemos y oremos, que lo busquemos con humildad y nos sometamos a su voluntad. Le encanta escuchar los pensamientos de sus hijos que desean armonizar sus actitudes y acciones con las suyas.
Cuando seguimos lo que Isaías 58 enseña sobre el ayuno –lo que agrada a Dios y lo que no–, el versículo 9 promete: “Entonces llamarás, y te oirá el Eterno; clamarás, y dirá él: Heme aquí”. EC