Cuando un amigo te falla

Para nuestros lectores jóvenes
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Se supone que un amigo debe estar a tu lado en las buenas y en las malas. ¿Qué puedes hacer para restaurar una amistad? 


 

¿Qué puedes hacer cuando tu amigo (o amiga) revela un secreto que le confiaste, no cumple una promesa, te excluye de sus planes con otras personas, habla mal de ti a tus espaldas, se burla de algo que para ti es muy delicado, u olvida los planes que hizo contigo o los cancela a último momento?

Cuando ocurren estas cosas, uno puede sentirse herido, confundido, molesto y muy triste. Este amigo que siempre ha significado mucho para ti ahora te ha fallado en algo grande. Quieres que la amistad continúe, pero tampoco te gusta cómo te trataron. Entonces, ¿cómo debes responder?

A continuación presentamos algunas sugerencias basadas en la Biblia y en las recomendaciones de consejeros profesionales:

Conversa las cosas

Lo primero que debes hacer es hablar con tu amigo sobre lo que te molesta. Eso es lo que se nos indica en Mateo 18:15: “Por tanto, si tu hermano [o hermana, o amigo] peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos”.

No te acerques a tu amigo apenas lo veas en el pasillo de la escuela ni empieces a descargar todo sobre él. Quizá tenga prisa por llegar a clases, y otros estudiantes podrían estar escuchando. Habla en un lugar privado, no público (que puede hacer que uno de los dos o ambos se sientan cohibidos).

Empieza por decirle a tu amigo que valoras mucho su amistad y que te importa, y que por eso quisiste reunirte con él. Luego puedes mencionar lo que hizo y que te molestó.

Habla desde tu propio punto de vista y usa frases en primera persona: “No creo que te des cuenta de cómo sonó tu broma” o “Me sentí muy mal cuando cancelaste los planes”. Evita las frases que empiezan con “tú”, que suenan acusatorias, y las generalizaciones hirientes como “¡Nunca piensas en nadie más que en ti mismo!”.

Dale a tu amigo la oportunidad de responder y escucha con atención lo que dice. Fíjate si tiene alguna idea para reparar el daño que se haya hecho y evitar que esta situación se repita. Eso le demuestra que valoras sus opiniones y su punto de vista.

No dejes que la conversación se caldee. Si dices cosas con enojo, es seguro que dirás algo de lo que después te arrepentirás.

Comentarios como “¡Ojalá nunca hubiera sido tu amigo!” se quedarán grabados en la mente de tu amigo y pueden dejar una cicatriz permanente en la amistad. Si es necesario, proponle a tu amigo hablar del asunto en otro momento, cuando ambos estén tranquilos.

Mantén una mente abierta

Inicia la conversación con la mente abierta. No juzgues a tu amigo con dureza ni supongas que sabes por qué hizo lo que hizo o qué ocurrió en realidad, antes de haber hablado con él siquiera.

Pregúntale a tu amigo qué cree que pasó. Quizá uno de los dos —o ambos— tenga los datos equivocados. Guillermo estaba enojado con su amigo por haberlo hecho esperar una hora en la biblioteca, donde iban a reunirse para estudiar juntos. “Después, al comparar lo que cada uno recordaba, descubrimos que ambos nos habíamos equivocado respecto a la hora en que debíamos encontrarnos”, relató.

Dale a tu amigo espacio para explicar lo que hizo. “Todos tenemos razones distintas para hacer lo que hacemos”, señala Clifton Saper, doctor en psicología familiar en Evanston, Illinois. A veces, lo que parece un gran defecto de carácter no es más que el reflejo de una personalidad, una crianza, un trasfondo cultural o un estilo de vida diferentes.

Por ejemplo, puede parecer que a tu amigo no le importa la amistad tanto como a ti porque no te invita a su casa ni te llama tan seguido como tú a él. En realidad, eso podría deberse a que no es tan extrovertido como tú. O tal vez tenga una carga de clases más pesada y muchas más tareas que tú, y no disponga de tanto tiempo libre.

Si hace falta, recurre a una tercera persona

Si después de intentar hablar con tu amigo no logran encontrar una solución o ambos insisten en que el otro estuvo “totalmente equivocado”, es el momento de buscar ayuda externa. Busca a una tercera persona —alguien neutral, discreto y maduro— que pueda escucharlos a los dos y ayudarlos a resolver el desacuerdo.

Esa persona podría ser tu pastor, el consejero de la escuela, un maestro u otro adulto de confianza. A veces, un mediador externo puede ver una solución al problema que a ambos se les está pasando por alto.  

No divulgues los defectos de tu amigo

Uno de los mayores errores que puedes cometer cuando estás molesto con alguien es hablar de la situación con todos tus conocidos, menos con la persona que te ofendió. No lo hagas.

“Una cosa es que elijas a otro amigo al que aprecias para que te escuche en confianza mientras desahogas tu dolor. Pero si empiezas a contárselo a muchas otras personas, ya pasa a ser chisme”, dice el doctor en psicología de adolescentes Jerry Weichman, de Newport Beach, California.

Proverbios 17:9 nos dice: “El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo”. Aunque lo que digas sea cierto, si es hiriente y destructivo, está mal que andes por ahí repitiéndolo.

Casi siempre, tus “comentarios” llegarán a oídos de la persona de quien hablas, y a esta le dolerá que no hayas acudido a ella con el problema. Puede que este sea un obstáculo más difícil de superar para tu amistad que el malentendido original que te molestó.

Perdona y olvida

Después de plantearle estos asuntos a tu amigo, lo más probable es que se sienta aliviado de que dieras el primer paso hacia la paz, y que se disculpe por lo que hizo. Si reaccionaste con enojo o de forma precipitada, muéstrate dispuesto a pedir perdón también.

Una vez que se hayan reconciliado, deja todo atrás. No te quedes rumiando lo que pasó ni los defectos de tu amigo.

Claro que existe la posibilidad de que tu amigo cometa el mismo error en el futuro. Si es algo que solo resulta molesto —suele llegar tarde, no sabe guardar secretos, habla más de lo que escucha—, quizá sean cosas con las que puedas aprender a vivir. Colosenses 3:13 declara: “Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros” (Nueva Traducción Viviente).

Ese fue el caso de Molly, quien explica: “Mi amiga Miranda no sabe guardar un secreto, pero en todo lo demás es una buena amiga. Me cansé de que les contara a otros mis asuntos personales, pero no quería perder su amistad. Simplemente tuve que aprender a no confiarle nuevamente mis cosas”.

Si las ofensas de tu amigo son algo que no puedes tolerar
(por ejemplo, sus burlas se han vuelto crueles o más frecuentes) y él no tiene interés en cambiar ni arreglar las cosas, quizá la reconciliación no sea una opción. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las dificultades pueden resolverse.

Puede que no sea fácil, pero tú y tu amigo pueden superarlo. Los verdaderos amigos no se dan por vencidos entre sí por unos cuantos defectos, sino que encuentran una resolución. EC

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