#308 - 1 Corintios 4-6: "Un caso de inmoralidad sexual y otro de fraude en la iglesia"

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#308 - 1 Corintios 4-6

"Un caso de inmoralidad sexual y otro de fraude en la iglesia"

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Les advierte: “Pero esto, hermanos, lo he presentado [este ministerio] como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de los que está escrito, no sea que por causa de uno [haciendo el favorito], os envanezcáis unos contra otros… Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis” (1 Corintios 4:6-8). Al estar ausentes pastores como Pablo y Apolos, algunos miembros se habían aprovechado de la situación para ponerse a cargo y tomar decisiones que afectaban a la congregación.

Pablo dice irónicamente de ellos que ahora “sin nosotros reináis”, pues las decisiones que tomaron resultaron ser desastrosas. Ahora va a tener que corregirlos como a hijos y va a tener que enviar a un ministro fiel para reparar el daño. Les dice: “No escribo esto para avergonzarlos, sino para amonestaros como a hijos míos amados. Porque aunque tengáis diez mil ayos [jefes autonombrados de la congregación], no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio. Por tanto, os ruego que me imitéis [es decir, la actitud madura y espiritual que tiene Pablo]. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias. Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros [se aprovecharon de la ausencia de Pablo para encargarse de la iglesia]. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara [la autoridad pastoral para corregir], o con amor y espíritu de mansedumbre [que prefería Pablo]?” (1 Corintios 4:14-21).

Pablo ahora se enfoca en la primera decisión errada que han tomado en su ausencia. Les señala: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombre entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?” (1 Corintios 5:1-2).

Algunos miembros de la congregación se habían enterado de que un miembro de la iglesia estaba fornicando con su madrastra. A propósito, he aquí un ejemplo de cómo el término “fornicación” o porneia en griego, puede significar relaciones sexuales ilícitas en general. Robertson, el experto en el griego, dice: “Porneia a veces es usado para significar el pecado sexual en general (Hechos 15:20,29) y no solamente entre personas solteras, mientras que moicheia sí es técnicamente el adulterio de parte de los casados (vea Marcos 7:21)”. En vez de repudiar esta situación y sacar al culpable de la congregación, ellos estaban tolerando su presencia, y se sentían muy espirituales al considerar que había que tener compasión con el pecador. Él necesitaba “tiempo” y la “gracia” de Dios estaba cubriendo el pecado, aunque el miembro no se había arrepentido.

Pablo está indignado y les dice que no se puede tolerar tal pecado en la congregación. “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo [no estando allí], pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros en mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo [al darle Jesús esa autoridad], el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1 Corintios 5:3-5).

Aquí vemos que los pastores sí tienen la autoridad para desasociar a un miembro culpable de inmoralidad. Deberá volver al mundo, donde ya no tendrá acceso a la iglesia hasta que se arrepienta de sus pecados. Barclay comenta: “Pablo explica que el miembro debe ser expulsado de la iglesia. En la Biblia, el mundo es considerado el dominio de Satanás (Juan 12:31; Juan 16:11), mientras que la iglesia es el dominio de Dios. Pablo ordena que se envíe a este hombre de vuelta al mundo de Satanás donde pertenece. Pero debemos notar que este castigo, aunque severo, no es vengativo, pues tiene el fin de humillar al culpable para hacerlo abrir los ojos y darse cuenta de sus codicias, para eliminarlas y así poder volver a la iglesia y salvar su vida espiritual… Siempre detrás del castigo y la disciplina de la iglesia primitiva estaba la convicción de que se debía buscar, no quebrar el espíritu de la persona, sino restaurarla”.

Pablo explica el principio detrás de esta expulsión al decir: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?” (1 Corintios 5:6). Aquí compara el pecado con la levadura. El pan se leudaba al mezclar un viejo pedazo de pan leudado con la masa de harina. Un comentario explica: “En el ámbito judío, la levadura era un símbolo del pecado, puesto que toda la levadura debía ser removida de los hogares antes de celebrar la temporada de la Pascua [y los días de Panes sin Levadura]. Pablo usa esta metáfora para explicar que, tal como un poco de levadura leuda toda la masa de harina, así un miembro corrupto sin ser removido puede corromper a toda la congregación” (Harper’s New Testament Commentary – 1 de Corintios, p. 127).

El Comentario Judío del N.T. añade: “El pan sin levadura era usado en el sistema de sacrificios en el templo y las ofrendas debían ser absolutamente puras. Cualquier cosa leudada era considerada impura puesto que había fermentado, o agriado. Por eso el pan sin levadura era un símbolo de pureza.”

Desde luego, Pablo usa esta analogía aprovechando que están muy cerca de la fiesta de la Pascua y la de los Panes sin Levadura. De hecho, en el capítulo 11 hará las instrucciones sobre cómo observar correctamente la ceremonia de la Pascua. Ahora usa los símbolos de estas fiestas para recordarles lo que representa la levadura – el pecado, y tal como deben sacar la levadura de sus casas, así deben sacar el pecado de la iglesia y de sus vidas.

Por eso les dice: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad [como era el pecado del fornicario], sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).

Comentaristas tan destacados como Conyebear y Howson, en su obra magna “La Vida y las Epístolas de San Pablo”, admiten: “No vemos dificultad alguna al suponer que los cristianos gentiles se juntaban con los cristianos judíos para celebrar la Pascua y abstenerse de tener levadura… Es más, vemos que Pablo todavía observaba “los días de Panes sin Levadura” (Hechos 20:6) p. 390

Agrega otro comentario: “Los creyentes primitivos, que incluían a los gentiles, observaban la Pascua. Sus servicios combinaban el simbolismo tradicional de la Pascua con el nuevo sentido relacionado con el papel central de Jesucristo en la historia judía y mundial. Es evidente que la congregación en Corinto observaba la Pascua sin suponer, como lo hacen muchos cristianos hoy, que nuevamente estaban poniéndose bajo ‘la ley’. Tal comparación entre lo literal y lo figurado, entre lo visto y lo no visto, es la esencia de celebrar las Fiestas Santas, y así es como las realidades espirituales se convierten en algo concreto para uno y la comunidad” (Comentario Judío del Nuevo Testamento).

Pablo va a aclarar un malentendido. “Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (1 Corintios 5:9-13).

Aquí tenemos un ejemplo del principio que dio Jesús de que los miembros están “en el mundo” pero “no son del mundo” (Juan 17:11,14). Por eso es un error el concepto de los monasterios y conventos para separarse del mundo. Dios no nos dijo que debiéramos salir del mundo, sino que evitáramos contaminarnos. Por eso debían sacar al miembro de la congregación que estaba fornicando, pero no debían juzgar los asuntos de los fornicarios en el mundo, pues Dios los juzgará a ellos.

Ahora pasa a un segundo error que han cometido algunos de la congregación en su ausencia. “¿Osa alguno de vosotros, cuando tienen algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?” (1 Corintios 6:1). Los griegos eran famosos por ser litigiosos al constantemente ir a los tribunales, mientras que los judíos lo hacían ante los ancianos de la congregación.

Explica Barclay: “Pablo está tratando un problema que afectaba en particular a los griegos. Normalmente los judíos no usaban los juzgados públicos para arreglar sus diferencias, sino que iban a los ancianos de las sinagogas. Para ello la justicia era algo que debía resolverse en un espíritu de familia más que en un espíritu legal. Para los griegos era el caso opuesto pues los juzgados eran una de sus principales entretenciones”.

Pablo les explica a los hermanos que ellos se están preparando para ser los futuros jueces en el reino de Dios, y deben ahora poner los principios bíblicos en práctica para resolver sus diferencias. Les pregunta: “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Corintios 6:2-3). Noten que Pablo enseñaba que un día los miembros serían los que juzgarían y gobernarían al mundo en el reino de Dios. Es lo mismo que leemos en Apocalipsis 5:10. “Y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación y de ellos hiciste un reino y sacerdotes para servir a nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra” (versión Nueva Reina Valera). Más tarde Cristo dice: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro” (Apocalipsis 2:26-27)

Con este principio en mente, Pablo les pregunta: “Si pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aún uno, que pueda juzgar entre sus hermanos [en nuestra ausencia], son que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? Pero vosotros cometéis el agravio, defraudáis, y esto a los hermanos” (1 Corintios 6:4-8).

Aquí vemos una situación en que algún miembro o le había prestado dinero a otro hermano que no había sido devuelto o se habían asociado en algún negocio que les había ido mal, y fueron a los juzgados civiles para resolver el problema.

Pablo menciona que la solución es arreglar las cosas dentro de la iglesia, primero, si es posible, entre ellos mismos, pero si no, entonces, si el ministro no está, usar a un miembro veterano y sabio para actuar como árbitro.

Le dice al hermano que ha defraudado al otro que debe cumplir con su deber, pues si no, está quebrantando uno de los Diez Mandamientos, el de no robar. Pablo señala: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios [como el caso recién tratado], ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados [al bautizarse], ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11).

Vemos aquí todos los pecados que ocurren al quebrantar algunos de los 10 Mandamientos de Dios y de los que algunos en la congregación habían cometido. Se pueden mostrar en la siguiente gráfica:

Los pecados enumerados por Pablo y el respectivo mandamiento que quebrantan

Uno de los pecados más prevalecientes en la sociedad corintia era la inmoralidad sexual. Corinto, como hemos estudiado, tenía fama de ser una ciudad muy inmoral, con el templo de Afrodita y sus mil prostitutas sagradas. La iglesia, por lo tanto, era bastante relajada ante este pecado, y habían permitido a un hermano fornicario a continuar asistiendo a los servicios. Algunos griegos justificaban satisfacer sus codicias sexuales al decir que era como apaciguar el apetito para comer.

Pablo tiene que refutar esa idea falsa al decirles: “Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6:12). Es una enseñanza bíblica que Dios nos dio el libre albedrío para decidir por nosotros mismos lo que vamos a hacer – pero esa libertad no fue dada para abusarla, ni para cometer pecado.

Pablo refuta el refrán griego de que el apetito sexual se debe satisfacer tal como el apetito para la comida. Recita: “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder” (1 Corintios 6:13-14). El satisfacer el apetito para comer es algo normal, pero Pablo dice que el cuerpo no es para fornicar, o para satisfacer el apetito sexual en forma indiscriminada. Las relaciones sexuales son sólo aceptadas por Dios dentro del matrimonio. Les explica “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:15-18).

Si uno se ha consagrado a Dios y su camino de vida, no puede satisfacer sus deseos pecaminosos en forma egoísta y quebrantar los mandamientos de Dios. Pocos son los que se dan cuenta del tremendo daño que se hacen al tener sexo ilícito al fornicar o cometer adulterio. Por ejemplo, si uno roba, lo hace al tomar algo con las manos, y es un acto externo. Pero la fornicación produce un daño interno, en la mente y el espíritu, y las imágenes y emociones quedan grabadas por mucho tiempo. No es fácil zafarse de la experiencia, que produce una sensación de suciedad y de haber violado su propio espíritu. Tomará mucha oración, lágrimas y arrepentimiento para que Dios pueda limpiar ese espíritu de uno. David, culpable de adulterio y profundamente arrepentido, le rogó a Dios: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve… esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de su salvación, y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (Salmos 51:7-13)

Siempre existe el perdón, pero para el que esté realmente arrepentido y lo muestre con los hechos y no solo con palabras. Pablo termina diciendo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio (Hechos 20:28); glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20). Cristo pagó por nosotros con su sacrificio, y por eso, debemos servirle a él, y no al mundo y sus codicias. Debemos cuidar bien nuestro cuerpo, que es dónde mora el Espíritu Santo. Por eso es necesario hacer ejercicio, alimentarse bien, descansar lo suficiente, y mantener una actitud positiva hacia la vida para evitar llenarnos de pensamientos negativos y pecaminosos. A la vez, debemos cuidar nuestro espíritu, que Pablo llama “nuestro hombre interior” (2 Corintios 4:16). Lo hacemos al orar diariamente, estudiar la Biblia y la literatura, apoyar la Obra de Dios, meditar y ayunar ocasionalmente para acercarnos más a Dios y combatir los pecados que nos asedian. Eso es ser un soldado de Cristo, y cada día tenemos una batalla que librar y ganar para que un día entremos en su glorioso reino como vencedores.