#128 - 1 Reyes 12-13: "El pecado de Jeroboam"

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#128 - 1 Reyes 12-13

"El pecado de Jeroboam"

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Se ha quebrado la unidad nacional y, más importante, la religiosa. Habrá dos sistemas religiosos compitiendo por el alma de Israel – el falso de Jeroboam y el verdadero, situado en Jerusalén, del cual nuestra iglesia es la heredera actual, A pesar de todos los vaivenes de la historia humana, aún hoy se encuentra esa verdadera.

Veamos en el encabezado, a modo de gráfico, lo que ha pasado en esta nueva etapa de la historia de Israel.

Es importante notar que las bendiciones o las maldiciones en este periodo están directamente relacionadas con la calidad espiritual del pueblo. Como la casa de Israel fue la que más se degeneró espiritualmente, su fin también le llegó un siglo más temprano que el de Judá.

Desde que Salomón se desvió del buen camino y su hijo Roboam le siguió los pasos, Dios les quitó su protección contra las demás naciones. Primero llegó el faraón Sisac, que conquistó la mayoría de las ciudades en Israel. Abajo está la reproducción del mural que aún se puede ver en uno de los pilares del Templo de Amón en Karnak, Egipto.

Ciudades o aldeas representadas por un cautivo - El dios Amón y (abajo) su esposa la diosa Tebas.

Dice Werner Keller: "Vemos el imponente bajorrelieve que inmortaliza la incursión del faraón mencionado en la Biblia. El dios Amón, con la espada curva en la mano, simbólicamente presenta al faraón Scheschonk I (el faraón Sisac) a 156 prisioneros encadenados procedentes de Palestina (Israel). Cada prisionero representa una ciudad o una aldea conquistada. Como distintivo cada cual lleva su nombre bíblico. Hasta la ciudad fortaleza de Salomón, Meguido, está representada entre ellas. En las ruinas de Meguido se encontró el nombre de Scheschonk I. Sin embargo, esta sería la última campaña egipcia contra Israel en 300 años. A Israel, el peligro de muerte le llega del norte y se llama...ASIRIA" (p. 235).

Este peligro que empieza a llegar 50 años después de la muerte de Salomón es el resultado de la desobediencia de Israel. Dios les había prometido darles paz mientras fueran fieles a él. Pero ahora que se desviaron, vendría una disciplina severa, pero siempre acompañada por sus fieles profetas que predicarían el arrepentimiento para regresar a la verdadera religión y así obtener la misericordia, la paz y la bendición al obedecerle y evitar un castigo mayor. Es ahora cuando comienza el periodo de los profetas. No llegaron al azar sino por las circunstancias.

Nehemías explica este período de la historia de Israel: "Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas. Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras… Los amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios… se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon. Los soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon; por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra” (Nehemías 9:34-35, Nehemías 9:29-30). 

Solo al ver que definitivamente no se arrepentían, permitió que fueran invadidos y llevados en cautiverio. Dios usó a Asiria para castigar a la casa de Israel: “Oh, Asiria, vara y báculo de mi furor, en su mano he puesto mi ira. Le mandaré contra una nación pérfida, y sobre el pueblo de mi ira le enviaré, para que quite despojos, y arrebate presa, y lo ponga para ser hollado, como lodo de las calles” (Isaías 10:5-6).

Ahora es importante entender lo que se repetirá constantemente en este período de los reyes de la casa de Israel como “el pecado de Jeroboam”. ¿En qué consiste?  Es de vital importancia saberlo. Pues se compone de tres transgresiones gravísimas de la Ley de Dios que la mayoría de las iglesias hoy día también cometen.

“Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa del Eterno en Jerusalén;  porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá” (1 Reyes 12:26-27).

Por el miedo, Jeroboam no confió en Dios y en su desesperación creó una nueva religión alternativa para la casa de Israel.  “Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro,  y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan” (1 Reyes 12:28-29).

Ubicación de los becerros de adoraciónUCG.org

A propósito, ¿cómo fue que la casa de Israel aceptara una violación tan obvia del Segundo Mandamiento? Pues la mejor explicación es la siguiente: “Se ha sugerido que el culto no sería al becerro mismo, sino todavía al Eterno, pero ya con elementos paganos. Los dioses paganos se representaban a menudo en pie sobre un todo, símbolo de fuerza. En este caso el becerro sería sólo el pedestal de Dios invisible” (Comentario Arqueológico de la Biblia, p. 121).

Si es así, de nuevo se ve la inventiva del hombre para "venerar" a una imagen y creer no violar el Segundo Mandamiento. En este caso, no era la  adoración al becerro, sino al Verdadero Dios Invisible que estaba sobre la imagen. Hoy día se llenan las iglesias de cuadros e imágenes pero se justifica al decir que no se adora a la imagen misma sino a lo que está representa “arriba”. Por eso la Palabra de Dios dice: “Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7:29). De modo que no se debe espantar al leer lo que Jeroboam hizo, pues es básicamente lo mismo que han hecho muchas iglesias.

La segunda parte del "pecado de Jeroboam" también ha sido copiada en principio por las iglesias. Fue al establecer sus propios ministros ilegítimos sobre el pueblo de Dios. "Hizo también casas sobre los lugares altos,  e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran los hijos de Leví” (1 Reyes 12:31).

¡Cuán importante es para el pueblo de Dios tener a los ministros legítimos de Dios! Los únicos que pueden serlo son los que vienen de la verdadera Iglesia y son ordenados por sus superiores, igual que Moisés designó a Josué y Samuel a Saúl y a David. Aunque ha sido perseguida fuertemente a través de los siglos y no ha captado la atención de las grandes corrientes históricas, en general, se puede rastrear los verdaderos ministros de Dios desde los tiempos de Cristo hasta hoy día.

Es tan fácil dejar la Ley de Dios y seguir los "mandamientos de hombres" con ministros ilegítimos (Marcos 7:7). Nos encontramos rodeados por una moderna versión del "pecado de Jeroboam". Profetizó el Apóstol Pedro:"...habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente (como Jeroboam) herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató (al hacerle imágenes). . . y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado” (2 P 2:1-2). Sin embargo, esto no significa que no haya ministros sinceros que hagan buenas obras. Pero eso no justifica seguir sus errores doctrinales.

Fue tan fácil para Jeroboam decir: "Hermanos, no estamos siguiendo una religión falsa – seguimos adorando al verdadero Dios que nos sacó de Egipto. Solo que ya no tendremos que ir a Jerusalén y juntarnos con esos odiosos judíos que nos impusieron tan tas cargas. Seguimos lo mismo, solo que en vez del Templo con los querubines, ahora tenemos esta nueva "arca" con el Dios invisible encima". Para los verdaderos levitas, esto era una blasfemia, y la mayoría se fueron a Judá (2 Crónicas 11:13-16), pero al levantar nuevos ministros que recibían el sueldo de Jeroboam, no tardaron en convencer al pueblo que este nuevo sistema religioso era igual que el antiguo. Siempre habrá personas que por ganarse un usado se harán ministros. Jeroboam continuó con lo mismo: “…volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos” (1 Reyes 13:33). Dios dice lo que piensa claramente: "y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho" (2 Crónicas 11:15). Más tarde el relato añade: "¿No habéis arrojado vosotros a los sacerdotes del Eterno, a los hijos de Aarón y a los levitas, y os habéis designado sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras, para que cualquiera venga a consagrarse con un becerro y siete carneros, y así ser sacerdote de los que no son dioses? (2 Crónicas 13:9).

La tercera parte del pecado de Jeroboam fue cambiar las fechas de las Fiestas Santas de Dios. Esto también se ha hecho hoy día en el cristianismo tradicional. Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá (la Fiesta de los Tabernáculos), y sacrificó sobre un altar… Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón,  e hizo fiesta a los hijos de Israel” (1 Reyes 12:32-33). Así de simple para corromper las Fiestas Santas de Dios.

Hoy día "el pecado de Jeroboam" sigue vigente. Hay fiestas religiosas para tantas ocasiones, pero el pueblo no conoce nada de las verdaderas Fiestas Santas de Dios. Cuando no hay los verdaderos ministros predicando "la palabra de Dios", el pueblo fácilmente se descarría. Luego de unas pocas generaciones, ni recuerdan que había un sistema anterior diferente. Así, las herejías se vuelven "verdades" y las verdades en "herejías". Por eso hay tanta confusión hoy día.

Dios intentará por medio de un profeta suyo de Judá el corregir esta blasfemia de Jeroboam. Cuando Jeroboam estuvo en su falsa Fiesta de los Tabernáculos en Bet-el, aparece el profeta y profetiza que nacería un rey "llamado Josías" (se cumpliría unos 300 años más tarde) que "sacrificará sobre ti los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres... y el altar se quebrará...y el altar se rompió… conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra el Eterno” (1 Reyes 13:2-5). Veremos lo que hace Jeroboam en el siguiente estudio.