#094 Josué 6: "Destrucción de Jericó; Estudio arqueológico"

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#094 Josué 6

"Destrucción de Jericó; Estudio arqueológico"

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Con sus dos formidables muros de 10 metros de altura, el de afuera de 2 metros de grueso y el interior de 4 metros, Jericó parecía inexpugnable. Todavía veían a los israelitas como novatos débiles, sin posibilidades de abrir una brecha y entrar en la ciudad. Tenían suministros y agua para aguantar un sitio por años. Según la arqueología, los muros habían resistido ataques y sitios por 500 años de los ejércitos más poderosos. Una multitud de esclavos fugitivos sin técnicas ni armas de sitio no debían asustarlos pero los inquietaba grandemente esos milagros muy extraños que los habían favorecido. El más reciente había sido el cruce del río Jordán que había servido a Jericó de un enorme foso protector y por tanto, "desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel" (Josué 5:1).

A pesar del milagro, no estaban listos para arrepentirse de sus pecados y admitir que no sólo luchaban contra Israel, sino contra el Dios todopoderoso que les había dado 400 años para que se enderezaran moralmente (Génesis 15:16). En vez, durante este tiempo se habían corrompido más, hasta que "la tierra vomitó a sus moradores" (Levítico 18:25). Era otra Sodoma y Gomorra con el homosexualismo, el bestialismo, los sacrificios de infantes, y el incesto lo corriente en la sociedad cananea. Ya no tenían remedio. Por lo tanto, Dios le dice a Josué: "Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante" (Josué 6:2-5).

Cuando llegó el séptimo día, los sacerdotes dieron las siete vueltas alrededor de la ciudad y Josué entregó las últimas instrucciones: "Gritad, porque el Eterno os ha entregado la ciudad. Y será la ciudad anatema (maldita) al Eterno, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa. Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que… el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron. Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había… Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa del Eterno la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro" (Josué 6:20-24).

Recuerden que estos materiales eran los únicos que se podían purificar y fundir más tarde, así no recordarían de qué sociedad tan inmunda habían salido." (Josué 6:16-18). Luego, Josué pronunció una maldición sobre quien reedificara a Jericó, hecho que sucedió unos 500 años más tarde: "En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub, su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que el Eterno había hablado por Josué hijo de Nun” (1 Reyes 16:34). Como había una maldición sobre el que edificara de nuevo a Jericó, este hombre perdió, aparentemente por tragedia, a sus dos hijos, uno al comienzo de la obra y el otro al final.

Veamos ahora el significado espiritual de Jericó. La ciudad sumida en la más depravada inmoralidad representaba para Dios todo lo asqueroso de este mundo. Dios deseaba poblar su amada tierra de un pueblo con principios limpios y honrosos donde la misma tierra sería cuidada con amor y decencia. Tenía que barrer con toda la inmundicia que había en esta nueva Sodoma y Gomorra. Recuerden que Jericó había sido vecina de Sodoma y Gomorra y presenció unos 400 años antes lo que había ocurrido a sus cinco ciudades vecinas al sur. Sin embargo, no aprendieron nada de lo que vieron y ahora les llegó su turno. Esta vez, el "fuego y azufre" vendría por mano del pueblo de Dios.

Todos estos acontecimientos suceden durante la Pascua y los siete días de Panes sin Levadura con buenos motivos. Primero vino la circuncisión del pueblo, que significa el cambio de corazón de un pueblo obediente, luego la Pascua, donde se consagran a Dios mediante su perdón, y rodean la ciudad una vez durante los primeros seis días de Panes sin Levadura. En el último día de Panes sin Levadura, que significa el eliminar la levadura o en forma simbólica, el pecado de nuestras vidas, el pecaminoso Jericó es destruido.

De modo que Jericó es un símbolo de los sistemas del mundo que en los tiempos del fin serán derribados por Dios. El profeta Daniel explica: "Estabas mirando, hasta que una piedra cortada, no con mano, hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido (símbolo del gobierno humano), y los desmenuzó… y en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos" (Daniel 2:34,44).

Además, según Hebreos 4:8-9, Josué y los israelitas representan a la iglesia en los tiempos del fin que entrarán en el Milenio, ese séptimo milenio de reposo. “Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día (el entrar en el reino de Dios). Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios”.

Las siete vueltas de los sacerdotes también son importantes de entender. En la Biblia, el número siete representa una obra consumada, como los siete días de la Creación. Aquí las siete vueltas con el arca, donde moraba la presencia de Dios simbolizan el juicio completo de Dios sobre Jericó tal como juzgó personalmente a Sodoma. De igual forma, en los tiempos del fin, habrá siete ángeles que tocarán siete trompetas alrededor del mundo entero para anunciar que "la hora de su juicio ha llegado". Luego se derramarán siete plagas sobre la tierra que representan el juicio consumado de Dios (Apocalipsis 8:6; Apocalipsis 14:7).

De este modo, Dios usa a los israelitas como sus agentes vengadores. Algunos se preguntarán si la destrucción completa de Jericó no fue demasiado severa, pues incluían a mujeres y niños. La respuesta se encuentra más adelante, pues Israel a veces perdonó a los habitantes de otras ciudades que eventualmente los corrompieron, tal como Dios les había advertido (Jueces 3:5-6).

Ahora cubriremos la parte arqueológica de Jericó como el mejor lugar para entender esta importante ciencia que ha servido para comprobar la inspiración divina de la Biblia. Hoy día la Biblia ha ganado bastante respeto de los eruditos, pero hace un siglo no era así. Leamos el relato: "Durante la última parte del siglo 18, comenzó a desarrollarse en Alemania lo que se conoció con el nombre de escuela de alta crítica, que llegó a su cenit a mediados del siglo 19. Los eruditos literarios de esa época basaron todas las conclusiones en presuposiciones literarias. Hicieron pedazos la Biblia y la volvieron a integrar, de una manera completamente diferente. Jesucristo había dicho que, si sus seguidores callaban con respecto a la alabanza a él, las piedras mismas clamarían (Lucas 19:40). Cuando los principales eruditos cristianos comenzaron acallar, y de esa manera á negar la Biblia, Dios comenzó a cumplir esa predicción, y las piedras comenzaron a hablar a gritos.

"Junto con el adelanto de la escuela de alta crítica vino el adelanto de la arqueología, ciencia que comenzó a principios del siglo 19. Muchos se preguntaban si la arqueología (de arqueo = antiguo, logía = estudio) confirmaría las conclusiones de la alta crítica, o la creencia en la historicidad de la Biblia… El doctor William F. Albright, (llamado el padre de la arqueología moderna) señaló: ‘Los descubrimientos arqueológicos que se han realizado a partir de 1925 han cambiado todo esto.  

Aparte de unos pocos intransigentes que hay entre los eruditos más antiguos, casi no hay ni un historiador bíblico que no haya quedado impresionado con la rápida acumulación de datos que apoyan la historicidad sustancial de la tradición patriarcal.

"También está la historia de Jericó. Josué libró la batalla de Jericó, pero los críticos decían que eso nunca ocurrió. Simplemente, uno no camina alrededor de una ciudad y con ello logra que sus muros se derrumben. ¿Pero qué descubrió el profesor John Garstang, arqueólogo inglés cuando excavó el sitio? El declaró: 'En cuanto al hecho principal, no queda duda de que los muros se derrumbaron hacia afuera en forma tan completa, que los atacantes pudieron encaramarse sobre ellos y por encima de las ruinas para entrar en la ciudad.' ¿Por qué es tan raro esto? Porque los muros no caen hacia afuera. Ordinariamente caen hacia adentro, pero en este caso, algún poder superior hizo que cayeran hacia afuera, como lo dice la Biblia" (Ídem. p.27). Además, la ciudad era pequeña y, como dice el autor, podías caminar en una mañana siete veces alrededor y todavía jugar una partida de tenis antes del almuerzo.  

Otra vez se demostró que los críticos estaban equivocados. En marzo de 1990, la revista internacional NEWSWEEK tituló los últimos descubrimientos sobre Jericó de esta manera: "Anoten Un Punto para la Biblia, una nueva evidencia apoya el relato de Josué sobre los muros de Jericó".  

"Las palas de los arqueólogos han descubierto innumerables hechos que confirman las Escrituras. Se han descubierto más de 25,000 sitios pertenecientes a lo que refiere la Biblia. El testimonio más reciente y continuo de la arqueología, como todo el testimonio de esa naturaleza hallado van a favor de las Escrituras, y no como fue reconstruido por la alta crítica. El Dr. Albright dice: ‘No puede haber duda de que la arqueología ha confirmado la historicidad sustancial de la tradición del Antiguo Testamento’. Otro de los grandes arqueólogos de este siglo, Nelson Glueck aseveró: ‘Se puede declarar categóricamente que ningún descubrimiento arqueológico ha contradicho jamás una referencia bíblica ‘. No es por causa de alguna falta de datos históricos que la gente no cree en la Biblia. Eso se debe más bien, a la falta de disposición moral para obedecerla” (¿Por qué creo?, Kennedy, p. 22-23). 

Sobre Jericó, la arqueología confirmó los siguientes datos: 

  1. El tamaño de la ciudad era sumamente pequeña, de modo que no era nada difícil circundarla con poco menos de 210 metros de largo y 118 de ancho. (Vea Josué 6:4).  
  2. Los muros cayeron en forma instantánea, con el muro externo sufriendo muchas fisuras y derrumbes que permitieron a los atacantes subir por las ruinas y penetrar la ciudad. (Vea Josué 6:20). 
  3. La fecha de la cerámica, del carbono 14, del nivel de la ciudad (cuarto) y de los medallones egipcios, con escarabajos tallados, todos indican que la conquista ocurrió alrededor del año 1400 a.C., tal como lo indica la Biblia de acuerdo a 1 Reyes 6:1 (963 a.C. + 480 = 1443 a.C., la salida de Egipto) y Jueces 11:26, desde 1143 a.C. + 300 años = 1443 a.C.
  4. El sitio fue corto y los habitantes no pudieron huir con sus alimentos, pues se encontraron jarrones llenos de trigo (Josué 6:1).
  5. La ciudad no fue saqueada (Josué 6:17-18) pero fue incendiada como muestra una capa de ceniza sobre el sitio (Josué 6:24).  
  6. La ausencia de metal hallado, pues a pesar de la abundancia de alfarería, no encontraron ningún vaso de bronce o de otro metal. Dios ordenó que tomaran todo metal y se lo consagraran (Josué 6:24).

En un esquema vertical de la excavación de Jericó se pueden notar cómo se encontraron los ladrillos rojos afuera de la base del muro. Este esquema se construye de abajo hasta arriba y se separan los distintos tiempos de ocupación según los estratos, tal como un pastel de mil hojas. Se encontraron seis ciudades desde la Edad de Piedra hasta los tiempos de Cristo, donde se abandonó el sitio por otro a 2 Km. de distancia, el Jericó actual.

Ahora sabemos un poco más de esta fascinante ciencia que sin quererlo, le ha dado a la Biblia la razón. Como dice ella misma a los que se le oponen: "Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso" (Ro 3:4) y "Él prende a los sabios en la astucia de ellos" (1 Corintios 3:19).