Un tiempo para la gratitud

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Es fundamental que aprendamos a ser personas no solo agradecidas sino que realmente den las gracias, a otras personas y especialmente a Dios. Y el momento para hacerlo es todo el tiempo.

Probablemente conozca a personas genuinamente agradecidas. Eso, en sí mismo, merece que nos sintamos agradecidos. Pero, lamentablemente, muchas personas en todo el mundo son ingratas, ¡y francamente desagradecidas! La gratitud, un aspecto vital de lo que es ser cortés, es una virtud en vías de extinción. Los seres humanos, debido a su naturaleza egocéntrica, siempre están más prestos a criticar que a elogiar, a quejarse que a expresar gratitud.

Las personas deben aprender a ser agradecidas y a expresarlo. Los padres responsables suelen tener que repetirles a sus hijos pequeños: “Di gracias”.

Es importante que las personas digan con frecuencia “por favor”, “disculpe”, “lo siento”, “le pido perdón”, etc. Y, sobre todo, con frecuencia debemos decir “¡Gracias!” a los demás y también a Dios cuando nos dirigimos a él en oración. 

Sin embargo, en nuestra época de creciente egoísmo, “la cortesía común” es cada vez menos común. El mayor problema es que cada vez menos personas tienen valores bíblicos, como “ame a su prójimo como a usted mismo”. Muchos estudiosos de la Biblia consideran que la ingratitud es tan grave, que es uno de los peores pecados. Evidentemente, es la raíz de la cual se derivan otros pecados.

La peor ingratitud es la que mostramos a Dios, nuestro Creador, Proveedor y Salvador. Hay mucho por lo que debemos darle gracias.

¡Gracias a Dios por su creación y por darnos su “libro de instrucciones”, la Biblia! ¡Gracias a Dios por proveernos lo necesario y por innumerables beneficios no esenciales! Gracias a Dios por responder a nuestras oraciones y por las bendiciones que ni siquiera pensamos en pedir. Gracias a Dios por los “grandes y pequeños milagros” como cuando nos ayuda a encontrar nuestro teléfono extraviado.

Un magnífico ejemplo bíblico, tanto de gratitud como de ingratitud, es el relato de Jesucristo cuando sanó a diez leprosos (Lucas 17:11-19). Los leprosos padecían una terrible enfermedad de la piel, y se les consideraba abominables e incurables. En esta historia real, nueve de las diez personas sanadas ni siquiera se molestaron en expresar su agradecimiento por su espectacular curación. “Jesús preguntó: ¿No sané a diez hombres? ¿Dónde están los otros nueve?” (Nueva Traducción Viviente).

Piense en las muchas formas en que Jesucristo sirvió, se sacrificó y sufrió durante su ministerio terrenal, incluida la falta de gratitud de las personas. Dios Padre y Jesucristo aman a todos los seres humanos y tienen un plan para ofrecerles la oportunidad de la salvación (véase Juan 3:16; 1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Si tomamos esto en cuenta, ninguno de nosotros es capaz de tener la enorme gratitud que merece esa extraordinaria gracia.

¡La gratitud genuina se expresa!

Ser “agradecido” implica estar lleno de gratitud, pero guardarla dentro no beneficia a nadie más. El hecho de decir simplemente “estoy agradecido” por esto o aquello, a menudo solo significa “me alegro”.

Las personas agradecidas suelen hacer más felices a los demás al darles “gracias”. Y ellas mismas son más felices, porque “hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20:35, Nueva Versión Internacional). ¡La gratitud produce satisfacción!

Hay numerosas formas de comunicar la gratitud: verbalmente, con una nota, una tarjeta o un regalo. Las propinas son un ejemplo de ello. Incluso muchos de los sacrificios exigidos en el Antiguo Testamento eran expresiones de agradecimiento a Dios.

Es muestra de cortesía decir “¡Gracias!” con una sonrisa cálida incluso cuando las personas cobran por servirnos, como los camareros, empleados de tiendas, auxiliares de vuelo, personal militar y funcionarios de servicios de emergencia.

Las personas con una actitud mental positiva son más agradecidas, y ven el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Los “perfeccionistas” que comparan su situación con la “perfección” están destinados a sentirse decepcionados. En cambio, recuerde y agradezca que hay millones de grandes problemas que usted no tiene. ¡Cuán vergonzoso es que cuanto más próspera, cómoda y tecnológicamente avanzada se vuelve nuestra sociedad, más se queja! (Véase Deuteronomio 8).

En lugar de obsesionarse con los problemas, “cuente sus bendiciones”, como dice un antiguo himno.

La Biblia tiene mucho que decir sobre la gratitud y la ingratitud. El apóstol Pablo escribió que “en los postreros días” la ingratitud y muchos otros pecados serían peores que nunca, “porque habrá hombres amadores de sí mismos . . . soberbios . . . ingratos . . .” (2 Timoteo 3:1-5). Trágicamente, hoy en día muchas personas tienen una mentalidad de victimismo que genera autocompasión, división, ira y animosidad. De hecho, ¡a menudo la utilizan como excusa para la violencia! La gente debiera darse cuenta de que expresar gratitud fomenta las buenas relaciones, una mejor salud mental y física, y la paz interior. Lea Filipenses 4:4-8.

La gratitud requiere humildad

Sí, ¡la gratitud sincera requiere humildad! Numerosas escrituras advierten contra los pecados del orgullo y las actitudes relacionadas con el egocentrismo.

Una mentalidad de víctima orgullosa piensa: “Pobre de mí”. La gente tiende a culpar a los demás de sus problemas, en lugar de aceptar la responsabilidad de sus malas decisiones.

El ejemplo más horrible de orgullo e ingratitud es el del poderoso arcángel Lucifer, descrito en Isaías 14:12-15 y Ezequiel 28:11-19. Dios lo había nombrado líder de los ángeles, ¡pero él no estaba satisfecho con esa alta posición! ¡Deseaba ocupar el lugar de Dios! Al rebelarse, Lucifer se convirtió en Satanás, el diablo, y los ángeles que lo siguieron se convirtieron en demonios.

La historia de los israelitas es un colosal ejemplo de ingratitud casi constante de un grupo de personas después de su éxodo de Egipto y su brutal esclavitud. Dios realizó reiterados y espectaculares milagros para liberarlos y luego satisfacer sus necesidades mientras los conducía a la Tierra Prometida. Pero ellos eran crónicamente olvidadizos, dudosos, autocompasivos, temerosos y quejumbrosos.

Recuerden que Dios no liberó a los israelitas porque merecieran su misericordia y sus bendiciones. Hacia el final de los 40 años, Moisés escribió: “Por tanto, sabe que no es por tu justicia que el Eterno tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú” (Deuteronomio 9:6). ¡Debieran haber sido el pueblo más agradecido y obediente de la historia del mundo! En cambio, Moisés escribió: “. . . desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes al Eterno” (v. 7).

En lugar de dar gracias a Dios cada día, muchos israelitas se compadecían de sí mismos y se lamentaban sin cesar. Sus quejas contra Moisés eran en realidad quejas contra Dios, ya que él era quien tomaba las decisiones y su presencia era evidente.

Su pasado como esclavos no había sido suficiente para hacerlos verdaderamente humildes o agradecidos por su libertad. Los israelitas liberados aún tenían mentalidad de esclavos y resistencia al cambio. Todos deberíamos considerar eso en términos de las libertades físicas con las que ahora somos bendecidos y la libertad espiritual que podemos recibir a través de Cristo. En 1 Corintios 10:1-12, el apóstol Pablo les da una severa advertencia contra los malos ejemplos que nos dejaron aquellos israelitas ingratos. Como dice en el versículo 12: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.

Días de acción de gracias

Felizmente, varios países celebran un Día de Acción de Gracias nacional anual, algunos oficiales y otros no, además de otros días para recordar y dar gracias por la independencia, los veteranos, los líderes famosos, el fin de las guerras, etc. Lamentablemente, estos días nobles ya no son celebrados con entusiasmo por la mayoría de los ciudadanos como lo eran en épocas más patrióticas. En los días festivos, a menudo hay más glotonería que gratitud.

En Estados Unidos, al igual que en otros países, el Día de Acción de Gracias se instituyó para dar gracias a Dios. Y si uno considera sus enormes bendiciones nacionales, hay mucho por lo que estar agradecidos. Sin embargo, muchos estadounidenses de hoy en día han olvidado su historia, la Biblia y a Dios. Aunque muchos todavía lo reconocen, muchos otros no lo hacen y ni siquiera ofrecen una oración de gratitud en la comida tradicional del Día de Acción de Gracias.

Los días nacionales de acción de gracias a Dios que no tienen raíces en la religión pagana son celebraciones honorables que podemos festejar con alegría. Sin embargo, los “días de acción de gracias” más importantes son desconocidos o rechazados por la mayoría de las personas: ¡las fiestas sagradas instituidas por Dios y enseñadas en la Biblia!

Dios hizo el sábado, el séptimo día de cada semana, como un tiempo sagrado para descansar del trabajo, adorarlo a él y darle gracias. El cuarto de los Diez Mandamientos es el mandato de observar el sábado. La escritura de Éxodo 20:8-11 ensalza a Dios como nuestro Creador, y la de Deuteronomio 5:12-15 como nuestro amoroso Salvador y Libertador.

Además, ¡Dios santificó y ordenó siete festivales anuales! Cada festival es un tiempo sagrado de adoración, comunión y agradecimiento a Dios, y se enfoca en el paso particular que simboliza esa ocasión en su asombroso plan de salvación. 

Por supuesto, debemos dar gracias y alabar a Dios en nuestras oraciones y pensamientos todos los días, y muchas veces al día.

Cuando experimentamos cosas buenas, demos gracias a Dios, ya que al fin y al cabo provienen de él (Santiago 1:17). Cuando nos golpea la adversidad, podemos darle gracias a Dios por estar con nosotros para consolarnos y porque al final hará que todo salga bien (véase Romanos 8:28-31). Cuando quiera hacer un picnic y no llueva, dele gracias a Dios. Y si llueve, igual dele gracias, porque el agua beneficia a los agricultores y favorece la producción de alimentos.

¡Hay muchas razones para dar gracias a Dios!

¡Dele gracias a Dios por haberlo creado como ser humano, a imagen y semejanza suya! (Véase Génesis 1:26-27). Estamos “asombrosa y maravillosamente” hechos (Salmo 139:14, Biblia de las Américas), y contamos con mentes dotadas de un aspecto espiritual, por medio del cual podemos tener una relación íntima con Dios.

¡Dé gracias a Dios por sus sentidos físicos! Piense en cómo seguimos respirando, nuestro corazón bombea sangre constantemente, y los alimentos que ingerimos se digieren sin que siquiera tengamos que pensar en ello. En realidad, en nuestro cuerpo hay muchos sistemas autónomos que nos mantienen vivos y sanos de forma automática. ¡Debemos dar gracias frecuentemente a Dios por ello!

¡Alégrese de que en esta era moderna nos beneficiemos de algunos de los increíbles avances en el conocimiento, los logros y los inventos científicos!

Gracias a la fotografía, las computadoras y el Internet modernos, tenemos el privilegio de ver programas increíbles sobre la naturaleza. Dios diseñó nuestro “planeta azul” con innumerables condiciones y procesos que hacen posible la vida. 

De hecho, la Tierra se conoce como el único planeta que cuenta con todos los elementos óptimos y perfectos para que sobrevivamos y prosperemos.

Sin embargo, es inconcebible y triste que la mayoría de los programas sobre la naturaleza no den crédito a Dios, sino a la evolución sin sentido, ¡cuando la verdad es evidente!

Lea en Romanos 1:18-32 acerca de la “ira de Dios” dirigida hacia los muchos “necios” que no le dieron gloria “ni le dieron gracias”, ignorando deliberadamente la evidencia que nos rodea y adorando y sirviendo a la creación en lugar de al Creador. La última parte de este pasaje señala que tal forma de pensar conduce a todo tipo de perversidad inmoral.

Incluso cuando su respuesta es “no”

Cuando oramos, no debemos esperar una respuesta afirmativa de Dios antes de darle gracias. Dado que Dios sabe lo que es mejor a largo plazo para cada uno de nosotros, a menudo es una gran bendición cuando la respuesta de Dios a una petición es “no”, o “ahora no”.

Dios está obrando desde una perspectiva muy superior (Isaías 55:8-9), permitiendo que pasemos por desilusiones temporales para que al final obtengamos mejores resultados (véase Romanos 8:28). ¡Es extraordinariamente inspirador ver cómo él “convierte los limones en limonada”! Y un “no” temporal es a veces la forma en que Dios nos pone a prueba antes de decir “sí”.

Recuerde que la principal preocupación de Dios es ayudarnos espiritualmente para que cada uno “persevere hasta el fin” de la vida y reciba el don de la vida eterna en su reino (Mateo 24:9-13). Eso tiene prioridad sobre todos nuestros deseos temporales. Démosle gracias a Dios por mantenerse firme y enfocado en la meta a largo plazo para nosotros.

El mensaje de las Escrituras sobre este tema es claro y contundente. Los que deseamos agradar a Dios debemos ser personas con gratitud en nuestro corazón, gratitud en nuestros labios y gratitud en nuestras acciones, que agradecen regularmente a los demás y continuamente a Dios. ¡Cada día debería ser un día de acción de gracias! BN


 

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Donald Hooser

Ministro y escritor de diversas publicaciones de la Iglesia de Dios Unida. Junto con su esposa Elsie vive en McKinney Texas, un suburbio de Dallas. Elsie proviene de Detroit, Michigan. Juntos, criaron tres hijos: Amy, Randy y Danny. El Sr. hooser se graduó el 1963 de la Universidad Metodista Sureña con un título en ingeniería mecánica, y se graduó een 1966 del Colegio Ambassador. Don y Elsie contrajeron matrimonio dos días después de la graduación de Don. Desde 1966, Don ha servido en las congregaciones de Ohi, Nebraska, Oklahoma, Texas y Washington.