Siete maneras en que el Gobierno de Cristo será maravillosamente distinto
A principios de 1776, el escritor y filósofo angloamericano Thomas Paine escribió estas palabras en su prestigioso panfleto Common Sense (Sentido común): “El Gobierno, incluso en su mejor expresión, no es más que un mal necesario; en su peor estado, es insufrible”. Él creía que el gobierno, si bien es esencial para el orden y la seguridad, es intrínsecamente imperfecto y puede corromperse fácilmente.
Sin importar en qué parte del mundo vivamos o a qué país nos refiramos, podemos ver deficiencias en nuestros gobiernos locales y nacionales. Los gobiernos de todo tipo suelen estar plagados de ineficacia, burocracia, abuso de poder, corrupción, y un claro desprecio por el bienestar de la ciudadanía.
Por supuesto, esto no es nada nuevo. En la historia hay muchos ejemplos de líderes gubernamentales ineficaces que incumplieron sus promesas o no hicieron lo que debían, o abusaron de sus cargos para obtener beneficios personales.
Sin embargo, el Gobierno en sí mismo no es malo. Fue Dios quien lo estableció desde un principio. Él se propuso que el Gobierno para la humanidad sirviera para supervisar el funcionamiento de la sociedad, dirigir la vida de las personas por el buen camino y proporcionar justicia y protección. El objetivo era la paz, la seguridad y la prosperidad para todos.
Thomas Paine tenía razón cuando dijo que el Gobierno es necesario, aunque no inherentemente malo. La verdad es que el Gobierno puede y debe ser algo muy bueno. Solo necesitamos un tipo diferente de Gobierno aquí en la Tierra. Y, felizmente, ese Gobierno está próximo a llegar.
Antes de que el desgobierno humano llegue demasiado lejos, Jesucristo regresará como “Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19:16; 11:15; Zacarías 14:9) para establecer el Reino de Dios, su Gobierno, sobre la Tierra. En dicha tarea lo asistirán los santos resucitados, aquellos que se hayan sometido fielmente a Dios durante su vida física en este tiempo. Ellos servirán como reyes y sacerdotes en la administración del Gobierno de Dios y enseñarán a la gente acerca de él y sus caminos (Apocalipsis 5:10; 20:4-6).
¡Por fin los pueblos del mundo estarán bajo un gobierno justo! La administración de Cristo será magníficamente distinta de los gobiernos humanos en los seis milenios anteriores. Solo para comenzar, aquí presentamos siete grandes diferencias:
1 Las leyes perfectas de Dios serán la ley para todos.
Dado que los seres humanos son imperfectos, es lógico que las leyes que formulan también lo sean. Sin embargo, cuando Cristo establezca su Gobierno en la Tierra, no regirá con normas defectuosas. Establecerá las leyes perfectas de Dios, descritas en la Biblia, como la pauta de conducta y el código moral prescritos para todos los habitantes del planeta. La humanidad recibirá la enseñanza directamente de Cristo y de sus santos gobernantes, y disfrutará las bendiciones que se producen al vivir según el camino de vida de Dios.
Una de las características que distinguen las leyes de Dios es que siempre nos benefician. Cuando las obedecemos, nos libran y protegen de nuestros caminos humanos destructivos. El Salmo 19:7-9 describe las leyes del Señor como perfectas, fieles, rectas y puras, y dice que convierten el alma, hacen sabios a los simples y perduran para siempre. Las leyes de Dios nunca requieren modificaciones ni enmiendas, ya que el carácter y las normas de Dios no cambian (Números 23:19). Además, en 1 Juan 5:3 se nos dice que los mandamientos de Dios no son gravosos.
Las leyes creadas por los hombres, por otro lado, a menudo pueden ser gravosas, opresivas y complicadas. El desarrollo global y la reestructuración de la burocracia gubernamental, las infraestructuras, las industrias, las tecnologías, la fabricación, el comercio, las finanzas, la educación, el empleo, el transporte, los viajes, las relaciones internacionales, la migración, etc., ha generado una avalancha de leyes interrelacionadas. Y todas estas leyes han creado una enorme carga de cambios normativos que los ciudadanos deben conocer, estudiar, tratar de entender y cumplir.
Por el contrario, las instrucciones de Dios para la vida son concisas y están condensadas en un solo volumen: la Biblia. Durante el Milenio, las personas comprenderán fácilmente lo que Dios espera de ellas y no tendrán que lidiar con leyes confusas que cambian continuamente. Además, dado que los caminos de Dios no son gravosos, es poco probable que las personas estén sometidas a tantos controles burocráticos (como tener que pagar numerosos permisos y licencias solo para remodelar una casa o iniciar un negocio), como con frecuencia ocurre en las sociedades actuales.
2 El gobierno civil y el religioso serán unificados bajo Cristo.
La administración de Cristo será una verdadera teocracia, lo que literalmente significa que Dios será Rey sobre todo el mundo. Históricamente, las teocracias típicamente han sido un simple gobierno de líderes religiosos. Los antiguos gobernantes de Mesopotamia, Egipto y China fueron nombrados por sacerdotes y gobernaron como reyes-sacerdotes, e incluso semidioses, como parte del engaño pagano generalizado.
Solo una nación antigua tuvo una verdadera teocracia: el antiguo Israel, donde el Dios verdadero era realmente el Rey y gobernaba mediante un sistema de jueces, sacerdotes y profetas, hasta que el pueblo pidió ser gobernado por un rey humano (véase 1 Samuel 8:7; 12:12). Incluso en aquel entonces se reconocía a Dios como el verdadero Rey. Sin embargo, durante todo ese tiempo, los corazones rebeldes fueron un impedimento para que el pueblo en general permaneciera sumiso al Gobierno de Dios.
En nuestra era moderna, las naciones consideradas teocracias son principalmente Estados islámicos. Entre ellas se encuentran los Gobiernos de Afganistán, Irán, Pakistán y Arabia Saudita. La Ciudad del Vaticano es una teocracia católica, cuyo jefe de Gobierno es el papa.
Las falsas teocracias se han caracterizado a menudo por la tiranía. Y las naciones modernas han buscado tradicionalmente un gobierno más laico que permita la libertad religiosa personal. Eso ya no será necesario cuando se establezca el Gobierno de Cristo en la Tierra, ya que sus gobernantes serán también los líderes espirituales que administrarán las leyes perfectas de Dios.
Habrá una sola religión y un solo sistema de creencias, y a todos se les enseñará a vivir según los mismos principios espirituales fundamentales. No serán necesarias las excepciones para “los que creen algo diferente”, y todos comprenderán la verdad (Isaías 11:9; Hebreos 8:11). No habrá, por ejemplo, algunas personas que guarden el sábado y otras que vayan a la iglesia el domingo. El Espíritu Santo se derramará sobre todas las personas para ayudarlas a seguir a Dios (Joel 2:28). Esto facilitará el logro de una armonía verdadera, nunca antes vista en el mundo.
3 Será un Gobierno que guiará al pueblo sin intimidarlo ni abusar de él.
En Marcos 10:42, Jesús resumió la tendencia de los líderes humanos diciéndoles a sus discípulos: “Ustedes saben que los gobernantes de este mundo tratan a su pueblo con prepotencia y los funcionarios hacen alarde de su autoridad frente a los súbditos” (Nueva Traducción viviente, énfasis nuestro). Los gobernantes de aquella época a menudo manipulaban, dominaban o intimidaban a sus súbditos.
“Hacer alarde” significa que los gobernantes sometían al pueblo a su dominio, explica Gene Wilkes en Jesus on Leadership (“El liderazgo según Jesús”): “Implica que alguien es el amo y alguien más es el súbdito . . . El concepto de señor implica poder absoluto sobre otro. No hay necesidad de lidiar con preguntas o disensiones. Se reúne a las personas y se les dice lo que tienen que hacer. Si no están de acuerdo, son ejecutadas” (1998, p. 106).
Una forma moderna de “enseñorearse” con frecuencia denominada extralimitación gubernamental, comprende las medidas adoptadas por los funcionarios u organismos públicos que vulneran las libertades personales. Esto puede incluir medidas de vigilancia intrusivas en lugares comunitarios (a menudo utilizando tecnología de reconocimiento facial), censura de Internet para controlar el flujo de información o impedir la disidencia política, prohibición de reuniones privadas y sistemas de puntuación de crédito social, que permiten a un gobierno eliminar lo que considera “privilegios” si las personas dicen o hacen algo que se considera subversivo, todo lo cual puede ser muy preocupante cuando ese gobierno no admite las verdades bíblicas.
La administración de Cristo contrastará radicalmente con este tipo de gobierno. Quienes ocupen cargos gubernamentales tratarán de dirigir y guiar al pueblo mediante la educación y la capacitación, no mediante la coacción o el control. Isaías 40:11 dice que Cristo “como pastor apacentará su rebaño” y “pastoreará suavemente”. El “sustento” principal será espiritual: se instruirá a la humanidad en el modo de vida de Dios. Se enseñará al pueblo: “Este es el camino, andad por él” (Isaías 30:21). Si hacen algo que vaya en contra de los principios bíblicos, se les dará una explicación de por qué las leyes de Dios son mejores y cómo funcionan (en lugar de limitarse a ordenarles que lo hagan, o si no . . .).
Esto no quiere decir que Cristo y aquellos que gobiernen con él no ejercerán su poder con firmeza cuando sea necesario. A veces será inevitable para mantener la armonía e impedir que las personas se hagan daño a sí mismas o a las demás. Isaías 2:4 indica que algunas personas necesitarán reprensión y disciplina. Sin embargo, ninguna amonestación será excesiva y siempre se hará por el bien de los ciudadanos.
4 Los líderes del Gobierno antepondrán las necesidades del pueblo a las suyas propias.
Los que ayuden a Cristo como gobernantes en el Reino de Dios no abusarán de su posición, como ha sido a menudo el caso con los gobiernos humanos. Los gobernantes no aceptarán sobornos para modificar las leyes; no aceptarán fondos blanqueados o información privilegiada del mercado de valores; no harán promesas que no tengan intención de cumplir solo para obtener apoyo; ni abusarán de sus cargos en forma alguna con fines de beneficio o engrandecimiento personales.
Al contrario, Cristo y sus colaboradores utilizarán sus puestos sirviendo a sus súbditos. Cristo dijo a sus discípulos: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:26-28). Así es como procederán los gobernantes en el Reino de Dios venidero. Mostrarán una preocupación por los demás, en lugar de centrarse en sí mismos.
Cristo dijo en Juan 10:10: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Y así será para todos bajo la administración de Cristo. Estos líderes serviciales estarán dedicados a beneficiar a las personas que vivan en sus jurisdicciones. Los ciudadanos ya no tendrán que preocuparse de que sus funcionarios públicos se dejen dominar por el poder o impongan sus propios intereses egoístas. La gente sabrá que sus líderes la respaldan.
5 Se respetará el derecho a la propiedad privada.
La Biblia respalda la propiedad privada. Dos de los Diez Mandamientos abordan este tema, prohibiendo el robo y el deseo codicioso de tomar lo ajeno (Éxodo 20:15, 17). La restitución de los derechos de propiedad (tras una infracción) se resume en Éxodo 22:1-15. El traspaso de la propiedad de una generación a otra se explica en Deuteronomio 21:15-17 y Números 27:8-11.
La ley del jubileo establece como derecho que las deudas se cancelen y las tierras se devuelvan a sus propietarios originales cada 50 años (Levítico 25:10). Las prohibiciones contra mover los límites de las propiedades se describen en Deuteronomio 19:14 y 27:17, lo cual demuestra el respaldo de Dios a la propiedad privada. Las mismas directrices se aplicarán tan pronto Cristo establezca su Gobierno en la Tierra.
¡Todo esto será otra mejoría muy necesaria! La historia está repleta de ejemplos de gobiernos que roban descaradamente a los ciudadanos particulares, confiscando bienes inmuebles u otros activos sin el debido proceso ni supervisión judicial.
La Biblia registra un nefasto ejemplo de esto: el del rey Acab, quien aceptó la ayuda de su esposa, la reina Jezabel, para confiscar un viñedo haciendo asesinar a su propietario, Nabot (1 Reyes 21).
Claro que el robo a veces es perpetrado de manera más sutil. Hoy en día, por ejemplo, los adultos jubilados con presupuestos limitados a veces pierden sus casas porque no pueden pagar los impuestos sobre la propiedad, que no dejan de aumentar.
Durante el reinado de Cristo se respetarán los derechos de propiedad privada, y la gente no temerá que el Gobierno o alguien más le quite sus casas ni ninguna otra posesión (Miqueas 4:4). Todos sabrán que robar es un pecado y que deberán responder por sus actos. Dios sabe que proteger la propiedad privada conduce en definitiva al crecimiento económico de una nación y al bienestar general de su pueblo.
6 El Gobierno de Cristo será fiscalmente responsable.
La deuda nacional es una preocupación creciente para los países de todo el mundo. En pocas palabras, la deuda nacional es el dinero que el Gobierno de un país debe a sus acreedores, incluidos los Gobiernos extranjeros, los prestamistas nacionales y los particulares (tenedores de bonos del Tesoro).
Los Gobiernos se endeudan cuando un gasto irresponsable que supera los ingresos fiscales los obliga a pedir préstamos excesivos para pagar la deuda. En términos de dólares brutos, Estados Unidos es sin duda la nación más endeudada del mundo, con un déficit nacional sin precedentes de 37 billones de dólares hasta junio de 2025. China, Japón, el Reino Unido y Francia completan la lista de las naciones con mayor deuda.
Proverbios 22:7 dice: “El que toma prestado es siervo del que presta”. Las naciones agobiadas por la deuda no tienen mucha libertad para decidir cómo utilizar lo que recaudan en impuestos, ya que están obligadas a pagar lo adeudado. Sobrecargadas, no pueden financiar los servicios públicos y las infraestructuras para satisfacer las necesidades de la población.
En tales circunstancias, los gobiernos actuales pueden recurrir a la flexibilización cuantitativa o a la impresión de dinero adicional devaluando la moneda, lo que constituye una forma de robo, ya que incrementa la inflación y reduce el poder adquisitivo de los ciudadanos. O bien, los gobiernos pueden aumentar los impuestos sobre la renta. En cualquier caso, los ciudadanos no pueden disfrutar plenamente del fruto de su trabajo (véase Salmos 128:2), ya que se ven obligados a financiar las deudas de sus gobiernos.
Esto no sucederá bajo el Gobierno de Cristo. Su Gobierno nunca gastará más de lo que recaude (a través de los diezmos y las ofrendas), ni será derrochador o engañoso. Al disfrutar de una economía estable y libre, los ciudadanos ya no tendrán que preocuparse de no tener para pagar los alimentos o una vivienda, o de tener que trabajar en varios empleos solo para sobrevivir.
7 Se aplicará una justicia perfecta.
Una de las tareas de Cristo será la que se menciona en Romanos 13:3-4: castigar las malas acciones y recompensar el buen comportamiento, cosa que él hará de manera justa y sin favoritismos. Isaías 11:3-4 dice: “No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra”. Deuteronomio 10:17 dice que Dios “no hace acepción de personas, ni toma cohecho”.
No habrá un sistema de justicia de dos caras, en el que diferentes grupos étnicos o sociales reciben un trato desigual o injusto. El “equipo de liderazgo” de Cristo no recurrirá a tácticas como acusaciones falsas, arrestos arbitrarios o juicios injustos para hacer “extremadamente difícil” la vida de quienes sean considerados oponentes a su administración.
Cuando alguien realmente haya pecado, habrá lugar para el perdón (o para que no se imponga el castigo merecido), ya que Dios es misericordioso (Lucas 6:36), algo que no siempre se ve en los sistemas judiciales de la humanidad.
Cristo basará sus juicios y decisiones en las leyes perfectas y justas de Dios que benefician a todos los implicados (Deuteronomio 6:24-25), y no permitirá que ninguna influencia dañina afecte sus veredictos.
Hoy en día, los partidos políticos, grupos de intereses especiales y personas que ejercen presión son muy hábiles para influir en los poderes legislativo y judicial del Gobierno. También abundan los casos de manipulación judicial en los que ciertos líderes políticos nombran jueces que favorecen sus intereses personales. Este tipo de delitos no ocurrirán en la administración de Cristo.
Quienes ocupen puestos de liderazgo juzgarán y gobernarán con integridad, lo que significa que siempre interactuarán con los demás de manera ética, honesta y honorable. No habrá mentiras, engaños ni lenguaje ambiguo. El pueblo podrá confiar en quienes lo juzguen y hagan cumplir las leyes. El hecho de tener un liderazgo justo generará estabilidad y orden social en las naciones (Proverbios 29:2, 4).
En síntesis, cuando Cristo regrese para establecer el Reino de Dios, hará muchos cambios necesarios. Su Gobierno será verdaderamente para el bien de las personas, y los habitantes de la Tierra experimentarán paz y prosperidad duraderas (Isaías 9:6-7).
Es un hecho que nada de eso existe ahora. Aunque puede haber líderes humanos que estén tratando sinceramente de ayudar a sus electores, solo pueden hacer lo que está a su alcance.
Muchos de los desafíos de este mundo sobrepasan lo que cualquier ser humano puede resolver, y se necesitará el futuro Gobierno de Cristo para efectuar los cambios necesarios. Él resolverá los problemas y las injusticias que aquejan actualmente a nuestras sociedades y finalmente traerá un Gobierno justo a este mundo.
¡Que Dios acelere la llegada de aquel día! BN