Cómo será el reinado de Cristo en la Tierra
Jesucristo regresará pronto, tal como prometió. Cuando venga, reemplazará los gobiernos humanos del mundo con su propio reino de paz y gozo. Descubra cómo será el reinado de Jesús en la Tierra y cómo usted puede estar allí para verlo.
Al comienzo de la historia, nuestros antepasados escogieron su propio camino en lugar del que Dios les ofreció. Y la mayoría seguimos haciendo lo mismo: comemos del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, decidiendo por nosotros mismos qué es bueno y qué es malo.
El resultado de tal elección se refleja en las hambrunas, plagas, violencia y guerras que asolan al mundo actual, donde los sueños han dado paso a pesadillas vivientes. ¡Pero este no es el destino final de la humanidad!
El fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal
No es difícil ver cómo la opción preferida de la humanidad ha afectado a nuestro mundo. Medite en esta descripción de los tiempos actuales que proviene de una perspectiva más allá de la esfera humana. El apóstol Pablo le escribió así a Timoteo:
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3:1-5).
En este pasaje, escrito hace miles de años, el apóstol Pablo describe con gran precisión el origen de muchos de los males que aquejan a la humanidad. El Espíritu de Dios mostró claramente las cosas que estamos haciendo y que hacen que nuestro mundo se vuelva cada vez más peligroso.
“Nadie sería salvo . . .”
Incluso en aquel entonces, los discípulos de Jesús sabían que el mundo iba de mal en peor, y que finalmente estos y otros males llegarían a un punto álgido. Jesús les dijo que regresaría para inaugurar una nueva era de paz, así que le preguntaron: “¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?” (Mateo 24:3, NVI).
La respuesta que Jesús les dio fue extraordinaria en todo sentido, pero cierta frase llamó especialmente su atención: “Orad, pues . . . porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:20-22).
¡El futuro de la humanidad está en juego! Jesucristo describió el tiempo de su regreso como un momento en el cual sería posible la extinción de la raza humana, ¡pero prometió que no permitiría que ello sucediera! Las buenas nuevas son que, antes de que podamos destruirnos, la historia cambiará.
“Y se afirmarán sus pies . . .”
Jesucristo regresará literalmente a este planeta—¡al pedazo de tierra más disputado del mundo, aquel que conocemos como Jerusalén! Cristo, tal como ascendió entre las nubes a vista de sus discípulos después de su resurrección, volverá entre las nubes a la Tierra, pero esta vez con poder y gran gloria (Hechos 1:11; Mateo 24:30).
Esta es la noticia más magnífica de la historia, especialmente porque si él no viniera, la humanidad se destruiría a sí misma. El ser humano sigue encontrando más formas de aniquilar a todo hombre, mujer y niño de la faz de la Tierra.
La profecía bíblica describe en detalle el tiempo de gran angustia, o tribulación, que se apoderará de nuestro planeta. Guerras, desastres, hambrunas y epidemias diezmarán a la población.
Finalmente, cuando las naciones del mundo se reúnan para la batalla en un lugar llamado Armagedón (Apocalipsis 16:14, 16), Cristo intervendrá de inmediato, antes de que sea demasiado tarde. Lamentablemente, las naciones no reconocerán ni darán la bienvenida a su Salvador, sino que lucharán contra él.
“Después saldrá el Eterno y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente” (Zacarías 14:3-4).
La batalla terminará prontamente, poniendo fin a la dolorosa era del fracasado gobierno humano. Finalmente, la alborada anunciará la llegada de un nuevo día—un día lleno de promesas de paz y satisfacción, de gozo y propósito, de felicidad y logros. Las pesadillas de la historia se esfumarán, y los sueños de la humanidad comenzarán a hacerse realidad.
¡El periodo justo después del regreso de Cristo será tan maravilloso, que superará la imaginación! No es de extrañar que los cristianos siempre hayan orado: “¡Venga tu reino!”. Al concluir el libro del Apocalipsis, Jesucristo nos dice: “Ciertamente vengo en breve”. Y haciéndonos eco del apóstol Juan, respondemos fervientemente: “Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).
Un sueño hecho realidad
Jesucristo prometió regresar, pero no simplemente para corregir la corrupción del gobierno terrenal, sino para reemplazar por completo todas las instituciones temporales con un gobierno nuevo y perfecto—uno que verdaderamente sirva al pueblo.
Esto será mucho más que “el primer día” tras una elección presidencial o un golpe de Estado: será una intervención absolutamente asombrosa, “fuera de este mundo” por parte del Reino de los cielos, que entonces será traído a esta Tierra e impuesto sobre una población desesperada que necesitará ser liberada de su propia naturaleza humana. En otras palabras, el hombre será salvado de sí mismo nada menos que por su propio Creador. ¿Está usted listo?
El apóstol Juan predijo el momento en que Cristo, a su regreso, destruirá a los que destruyan la Tierra (Apocalipsis 11:18). Él oyó un anuncio poderoso con la mejor noticia que este mundo atribulado podría recibir: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).
Así comienza el tiempo de refrigerio y restauración que el apóstol Pedro y todos los santos profetas proclamaron (Hechos 3:19-21). No se tratará de la restauración de alguna idílica edad dorada del hombre, sino del restablecimiento del gobierno perfecto de Dios que se perdió cuando el hombre lo rechazó en el huerto de Edén.
Verdadero servicio público
¿Qué hará que el gobierno de Dios sea diferente de todos los que lo han precedido? Cristo describió dicho contraste mediante una amable reprensión a sus propios discípulos, quienes habían estado compitiendo entre sí por el poder.
“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:25-28).
Jesucristo mostró el camino renunciando a todo el poder del universo para venir a la Tierra y vivir como un humilde carpintero y maestro (Filipenses 2:5-8). Nunca se aprovechó de los demás, sino que generosamente permitió que todos se beneficiaran de lo que tenía para ofrecerles. Veló por los pobres, los hambrientos, los enfermos y los discapacitados. Asumió dos roles: el de siervo, lavando los pies de sus discípulos, y el de mártir, accediendo a morir en nuestro lugar (Juan 13:12-15; Romanos 5:6-8).
Esto no quiere decir que el gobierno de Dios no ejercerá el poder cuando sea necesario para evitar que las personas se dañen unas a otras. Pero la diferencia será que todas las decisiones se basarán en leyes justas y diseñadas para el verdadero beneficio de los gobernados (Salmo 119:172; Deuteronomio 6:24).
El amor es el fundamento de todas las leyes de Dios (Mateo 22:37-40), y estas leyes buenas y justas serán administradas por líderes y jueces perfectos que habrán aprendido a aplicar la justicia con misericordia (Mateo 12:7; 18:23-35; 23:23).
Líderes perfectos
En el ámbito humano, incluso los mejores líderes se ven frecuentemente obstaculizados por la burocracia, las instituciones corruptas y los problemas humanamente insolubles. Y, lamentablemente, demasiados de ellos también caen atrapados en la red de la corrupción y el escándalo.
Pero Dios ha estado trabajando con algunas personas en la actualidad para desarrollar en ellas su propio carácter justo, a fin de poder hacerlas incorruptibles en todo sentido al regreso de Cristo. Aquellos que han sido fieles, algunos incluso hasta la muerte como mártires, serán transformados o “resucitados incorruptibles”, con poder divino e inmortalidad (1 Corintios 15:50-53).
Cristo les prometió a los suyos: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Ellos lo asistirán para servir de manera justa, misericordiosa y eficaz a quienes sobrevivan las catástrofes del fin de la era de gobierno humano.
Gracias al poder y el amor del Creador respaldándolos, estos siervos resucitados de Dios podrán erradicar la corrupción y desatar los nudos gordianos que han mantenido estrangulada a la humanidad.
¿Quiénes gobernarán con Cristo en su Reino? La Biblia menciona claramente a ciertas personas y sus asignaciones específicas en el futuro gobierno de Dios.
Por ejemplo, en Ezequiel 34 Dios comparó a su nación de Israel con un rebaño de ovejas. (Esto incluye tanto al pueblo de Judá como a las diez tribus del norte, que previamente habían sido llevadas en cautiverio y se habían perdido en la historia. Consulte la guía de estudio bíblico Los Estados Unidos y Gran Bretaña en la profecía bíblica para conocer más sobre esta fascinante parte de la historia).
Durante este tiempo de desgobierno humano, el pueblo de Israel ha sido maltratado por sus “pastores” y ha sido presa de quienes lo rodean; pero Dios promete salvarlos al regreso de Cristo: “Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor” (Ezequiel 34:23). El rey David será resucitado y volverá a reinar sobre toda la nación de Israel (Jeremías 30:9).
La Biblia no revela los cargos exactos de la mayoría de los santos, pero queda claro que Abel, Enoc, Noé, Abraham y Sara, Isaac, Jacob, José y Moisés, y muchos más héroes de la fe del Antiguo y el Nuevo Testamento, servirán con Cristo para establecer un gobierno justo y misericordioso en un mundo que lo necesita con urgencia (Hebreos 11).
Causas de la guerra
La historia de la humanidad es, en esencia, la historia de las guerras. Los periodos entre ellas suelen llamarse paz, pero con demasiada frecuencia no son más que tiempos de dolor y recuperación de la guerra recién pasada, o de temor y preparación para la que está por venir. En la historia humana es muy escasa la paz verdadera.
La Biblia revela que la causa de la violencia se remonta a la rebelión de Lucifer, quien llegó a ser conocido como Satanás (Isaías 14:12; Lucas 10:18). “A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste”, registra Ezequiel acerca de esta rebelión (Ezequiel 28:16). Se describe a Satanás como homicida, león rugiente que busca presa, y dragón que hace guerra en el cielo y en la Tierra (Juan 8:44; 1 Pedro 5:8; Apocalipsis 12:7, 17).
Satanás, el adversario más acérrimo de la humanidad, actualmente gobierna este mundo y transmite sus actitudes de odio y violencia a las mentes de los hombres (2 Corintios 4:4; Efesios 2:2). Su influencia intensifica nuestro egoísmo natural hasta un punto febril, como lo describe Santiago:
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis . . .” (Santiago 4:1-2).
Así, nos encontramos en un mundo que necesita y anhela desesperadamente la paz, pero está lejos de ella. Los clamores de “paz, paz” suelen ser nada más que ilusiones, maniobras políticas o una franca mentira (Jeremías 6:14;
1 Tesalonicenses 5:3). Pablo describió con gran precisión la condición humana:
“Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz” (Romanos 3:15-17).
Felizmente, la Biblia revela que Jesucristo rescatará a este mundo de los estertores finales de la guerra más destructiva de todas, antes de que nos aniquilemos a nosotros mismos (Mateo 24:22). Bajo su gobierno, el esquivo camino de la paz finalmente será enseñado.
Espadas convertidas en arados
Actualmente, frente a los edificios de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, una famosa escultura de un hombre en el proceso de transformar una espada en un instrumento agrícola captura el anhelo de la humanidad por la paz, e insinúa la forma en que esta verdaderamente llegará. La idea que inspiró dicha estatua —y la verdadera esperanza de desarme y paz— proviene de una hermosa profecía de Isaías.
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa del Eterno como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.
“Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno.
“Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:2-4; repetido en Miqueas 4:1-3).
¡Qué visión tan maravillosa! Finalmente, las disputas entre naciones se resolverán sin recurrir a los horrores de la guerra (que solo siembran las semillas de futuros conflictos). Por fin, las naciones serán obligadas a desarmarse, pero pronto se darán cuenta de que no tienen nada que temer, ya que sus vecinos también carecerán de armas.
Las academias militares cerrarán y los ejércitos serán disueltos. Los jóvenes, con sus brillantes esperanzas y grandes potenciales, ya no serán usados como carne de cañón. En lugar de invertir las mejores mentes y los mayores recursos en desarrollar armas de destrucción, las naciones podrán invertir en mejorar la vida de todos sus ciudadanos.
En la actualidad, algunas de las naciones más empobrecidas del mundo importan cantidades desproporcionadas de armas. El armamento representa el 33.5 por ciento de las importaciones de Eritrea y el 20.5 por ciento de las de Etiopía (John D. Wright, Guide to the State of the World [Guía sobre el estado del mundo], 2005, p. 87). Estas derrochadoras carreras armamentistas desaparecerán, y los territorios peligrosos de hoy —como el Medio Oriente, adonde se dirige el 40 por ciento de las exportaciones de armas— finalmente estarán en paz.
El camino de la paz
Aunque el gobierno de Cristo comenzará deteniendo las guerras mediante un poder sobrenatural, la paz pronto se extenderá por medio de la educación.
A los seguidores de Cristo se les enseña a ser pacificadores incluso en esta era actual (Mateo 5:9), y enseñarán a otros en el mundo venidero.
Pablo describió algunos de los elementos de este camino de paz en su carta a los Romanos: “Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.
“Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. No tomen venganza, queridos hermanos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: ‘Mía es la venganza; yo pagaré’, dice el Señor.
“Antes bien: ‘Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta’. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Romanos 12:16-21, NVI).
El camino de la paz, junto con la justicia y la misericordia del gobierno de Dios, harán posible una eficaz resolución de conflictos a nivel personal y nacional. Como resultado, cada conflicto podrá tener una solución que beneficie a todas las partes por la eternidad.
Reconstrucción y renovación
Después de la guerra más devastadora de la historia humana, deberá llevarse a cabo una monumental obra de limpieza y reconstrucción. Pero esta vez la gente podrá reconstruir sabiendo que no todo será destruido de nuevo en unos cuantos años más por otra guerra.
Esta vez la reconstrucción se hará de manera sensata y sostenible. Las ciudades serán limpias y seguras. Los pueblos y las tierras de cultivo serán productivos y hermosos. Visualice estas escenas descritas por los profetas:
“Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos” (Amós 9:14).
“Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto de Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas” (Ezequiel 36:35).
Incluso Jerusalén, el pedazo de tierra más disputado de la historia, finalmente estará a la altura del significado de su nombre como ciudad de paz y seguridad:
“Así ha dicho el Eterno de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas” (Zacarías 8:4-5).
¡Un mundo sin guerra será increíblemente mejor que el mundo actual! Pero un mundo con verdadera paz, resultante de seguir el camino de paz de Dios, será fantástico, casi más allá de la imaginación humana.
¡Dios promete que vendrá un mundo de paz y prosperidad (Miqueas 4:1-4)! Es lo que todos siempre han deseado, pero la humanidad nunca ha podido lograrlo. ¿Por qué?
El mundo necesita un trasplante de corazón
¿Por qué la humanidad es incapaz de lograr la paz?
La ciencia y la tecnología no la han logrado. Todos los experimentos con distintos sistemas de gobierno y economía no nos han acercado a la paz, sino que parecen arrastrarnos cada vez más hacia la destrucción.
La educación debiera ser una clave para el mundo que deseamos. Como dijo Dios: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento” (Oseas 4:6). Pero el tipo de saber que se inculca en la mente de los estudiantes hoy en día no parece producir felicidad duradera ni haber acercado al mundo a la paz. Y en cuanto al hogar, los padres tampoco están enseñando a sus hijos valores ni desarrollo de carácter.
El profeta Oseas deja claro que el conocimiento que falta tiene que ver con Dios y sus leyes (Oseas 4:6-10). La educación moderna ignora y ridiculiza el saber espiritual y la creencia en un Dios creador. Cuando se considera que los seres humanos son animales en evolución y que la supervivencia del más apto es la clave del universo, ¿qué otra cosa podemos esperar sino egoísmo y violencia? Cuando la información sobre el universo físico se considera el saber supremo, ¿qué más podemos esperar sino codicia y materialismo?
Cuando los niños son moldeados por sus medios de entretenimiento y por sus compañeros más que por padres espiritualmente maduros y sabios, ¿cómo pueden las futuras generaciones estar verdaderamente preparadas para la vida?
Pero, argumentarán algunos, ¿qué tanto mejor lo ha hecho la religión? ¿Acaso no se han llevado a cabo muchas guerras sangrientas, atrocidades y actos terroristas en su nombre?
La verdad es que, lamentablemente, las principales religiones del mundo no siguen plenamente los preceptos de la Biblia. También ellas han rechazado o desconocido el camino de la paz. El camino de Dios nunca se ha probado completamente en este mundo. ¡Pero se probará en el futuro!
La fuente del mal será eliminada
La Biblia describe a un ser maligno que literalmente ha engañado al mundo entero desde los tiempos del huerto de Edén hasta ahora (Apocalipsis 12:9). Este ser es el enemigo de Dios y lucha para impedir que los seres humanos comprendan y sigan los caminos del Eterno.
Pero Juan vio en visión a un ángel que, al regreso de Cristo, “prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años” (Apocalipsis 20:2-3).
¡La “transmisión” satánica (Efesios 2:2) de actitudes y emociones negativas habrá terminado! ¡Finalmente la humanidad será liberada de la esclavitud de Satanás y del pecado! Ya no se difundirá el engaño religioso, y la educación materialista y humanista será reemplazada por una verdadera educación integral: aquella del corazón, la mente y el espíritu.
Además, los niños aprenderán valores cristianos desde su nacimiento y crecerán en hogares estables, liderados por padres amorosamente firmes y cuidados por madres sabias y dedicadas.
Sin embargo, aun sin la presencia activa del adversario, nuestras mentes humanas han sido programadas durante toda la vida para pensar como él piensa. Tomará tiempo para que la forma de pensar de Dios se arraigue. Las tradiciones, ideologías y patrones de pensamiento que hoy parecen naturales, con el tiempo serán reconocidos por lo que son: dañinos y autodestructivos. Mientras tanto, el sistema educativo de Dios se extenderá por todo el mundo, si bien encontrará focos esporádicos de resistencia.
Es interesante notar que las fiestas santas de Dios descritas en Levítico 23 y reflejadas en muchos pasajes del Nuevo Testamento proporcionan un bosquejo del plan divino. (Para más información, lea nuestra guía de estudio bíblico Las fiestas santas de Dios: Esperanza segura para toda la humanidad). La Biblia nos dice que finalmente serán celebradas universalmente en el Reino de Dios, tal como las celebra
hoy su fiel Iglesia.
“Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:16).
Hay una indicación de que incluso esta maravillosa festividad podría encontrar oposición. Zacarías registra que Dios necesitará motivar a las naciones renuentes a venir a la Fiesta de los Tabernáculos reteniéndoles la lluvia (Zacarías 14:17-19). Esto será un paso necesario para superar las influencias remanentes del “presente siglo malo” (Gálatas 1:4).
Pero Dios sabe que la solución definitiva no radica en cuánto se anime o apremie a las personas. Para que estas se conviertan en buenos ciudadanos de su Reino, cada una debe optar individualmente por hacer cambios.
Cambio de corazones y mentes
Porque sin cambios en el corazón humano, pronto volveríamos a los males de hoy en lugar de apoyar el hermoso mundo de mañana.
“Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel [y finalmente con toda la humanidad—Romanos 2:29; 10:11-13; 1 Timoteo 2:4] después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo” (Hebreos 8:10, citando a Jeremías 31:33).
Los problemas del mundo pueden rastrearse hasta la transgresión de la ley eterna de amor de Dios. Él ha revelado esa ley en la Biblia a través de los Diez Mandamientos: los primeros cuatro muestran cómo amar a Dios como él quiere ser amado, y los últimos seis muestran cómo amar al prójimo como a uno mismo (Éxodo 20:1-17; Mateo 22:37-40).
Sin embargo, incluso las personas a quienes Dios reveló estos mandamientos no los guardaron. Como registra Hebreos, la falla del primer pacto fue “de ellos”, no de las leyes perfectas (Hebreos 8:7-8). Cuando Israel aceptó obedecer las leyes divinas, Dios expresó su gran anhelo a Moisés: “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!” (Deuteronomio 5:29).
La transgresión de esas leyes eternas conllevaba la pena de muerte. Pero el misericordioso plan de Dios incluyó el increíble sacrificio de Jesucristo para pagar esa pena en nuestro lugar, de modo que el Dios perfectamente justo y recto pudiera también ser perfectamente misericordioso.
Debido a que Cristo voluntariamente ocupó nuestro lugar, dijo: “Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Hebreos 8:12).
Un trasplante de corazón
Pero la gracia de Dios no termina ahí. También hizo posible que se nos otorgue un corazón nuevo, capaz de vivir su camino de amor y obedecer sus leyes.
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:26-27).
El apóstol Pablo describe este proceso en Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.
Al describir este proceso, la Biblia incluye el arrepentimiento, que no solo comprende reconocer la necesidad de perdón y conversión, sino también buscar humildemente la misericordia de Dios y comprometerse plenamente a una vida de cambio. Incluye también la fe en Dios y la aceptación del sacrificio que hizo Cristo para pagar nuestra pena por el pecado.
A esto le sigue el bautismo, que simboliza la sepultura de la persona antigua. Luego viene la dádiva del Espíritu Santo de Dios, que hace posible que verdaderamente lleguemos a ser como él (Hechos 2:38; 3:19; 8:37-38; Romanos 6:3-7).
Los numerosos pasajes bíblicos sobre este tema tan crucial se explican más detalladamente en nuestras útiles guías de estudio bíblico Transforme su vida: La verdadera conversión cristiana y El camino hacia la vida eterna, ambas gratuitas.
Las maravillas del mundo de mañana
Seguramente usted ha oído hablar de las siete maravillas del mundo antiguo. Algunos hasta han intentado identificar los edificios y monumentos que podrían considerarse las maravillas del mundo moderno. Pero ¿cuáles serán las maravillas del Reino de Dios?
Si bien los edificios en aquel entonces serán magníficos, palidecerán en comparación con las “maravillas” descritas en Gálatas 5:22-23. Estos nueve frutos del Espíritu de Dios son los cimientos para producir un corazón y una mente divinos en nosotros. Imagínese un mundo en el que las obras de la carne descritas en Gálatas 5:19-21 ya no prevalezcan. Mejor aún, piense en un mundo donde estos frutos del Espíritu crecen y se extienden: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.
Solo piense en lo que sería tener un vecino así. Imagine un maestro, un jefe, un policía y un alcalde que lo traten de esa manera—¡a la manera de Dios!
¡Qué mundo tan maravilloso será aquel! ¡Qué futuro tan increíble nos espera!
Jesucristo viene con su Reino: ¡escoja la vida hoy!
Todos tenemos dos opciones: elegir entre la vida y la muerte, es decir entre el bien y el mal, y entre el Reino de Dios y el de Satanás.
Por ahora la humanidad ha elegido el camino de Satanás, simbolizado por el árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero pronto vendrá un nuevo Reino, no gobernado por el caos y la obstinación, sino por un Rey que ama la paz y reinará con amor y espíritu de servicio a toda la humanidad. Cesarán las guerras y serán reemplazadas por naciones hermanas que adorarán juntas en espíritu y en verdad. Desaparecerán las enfermedades y las calles de las ciudades se llenarán de gozo y risa.
La elección está ante usted. ¿Qué escogerá? ¿El camino de Satanás, de voluntad propia y destrucción? ¿O el camino de Dios representado en una vida semejante a la de Cristo, edificada sobre el servicio y el amor?
¡No espere! ¡Elija el Reino de Dios —elija la vida— hoy! BN