¿Cómo podemos formar parte del Reino de Dios?

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Los científicos, y quienes aspiran a serlo, buscan tenazmente  “una teoría para todo”—cierta estructura única que logre explicar y conectar todos los cabos sueltos de nuestra existencia. La ciencia ansía desesperadamente descubrir una teoría que lo abarque todo y que solucione la abrumadora cantidad de problemas insolubles que amenazan seriamente la supervivencia humana.

Durante siglos, muchos han soñado con que la humanidad sea capaz de hacer realidad una utopía universal sobre la Tierra. Pero lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario.

Hasta se han hecho películas que se burlan del significado de la vida. Sin embargo, filósofos, científicos y teólogos continúan diligentemente buscando ese significado. 

Es razonable preguntarnos lo siguiente: ¿Fuimos inteligentemente diseñados y puestos aquí en la Tierra para ser parte de un gran plan y propósito? ¿O somos el simple resultado de un gran accidente cósmico? Lógicamente, la vida tiene que tener un significado y propósito, por lo que deberíamos ir más allá y preguntarnos, ¿cuál es ese propósito? ¿Existe alguna frase en particular, compuesta de solo cuatro palabras, que lo resuma todo?

La perla de gran precio

El cristianismo tradicional habla continuamente acerca de Jesucristo. No obstante, pareciera que nunca enfatiza lo que él realmente dijo. Cristo habló incesantemente del Reino de Dios a sus seguidores. Él se valió de parábolas para comparar este Reino espiritual con las cosas mundanas y materiales, y para que pudiesen comenzar a entender su vital significado e importancia.

Jesús declaró: “También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró” (Mateo 13:45-46 Mateo 13:45-46 45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, 46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
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, énfasis añadido en todo este artículo).

Lo que Jesús dejó en claro es que el Reino de Dios es tan valioso, que vale la pena sacrificar todo lo demás para poder entrar en él (v. 44).

Este Reino del cual Jesús habló contiene la solución a todos nuestros problemas y dilemas humanos. ¡Nos da las respuestas para todo! Este Reino debiera ser la meta principal de toda la humanidad y el foco central de todos nuestros objetivos esenciales.

Sin embargo, un ser espiritual muy astuto y extraordinariamente perverso ha desviado a la humanidad, haciéndola creer en todo tipo de filosofías y religiones y enseñándole una mezcla nociva de evangelios falsos de diversos orígenes (vea Apocalipsis 12:9 Apocalipsis 12:9Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.
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; Efesios 2:1 Efesios 2:1Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
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; 2do Corintios 11:13-15 2do Corintios 11:13-15 13 Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. 14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. 15 Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.
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). ¡Muchas iglesias, y tal vez hasta la mayoría de ellas, han perdido el rumbo!

¿Pueden las personas realmente entrar en el Reino?

Jesucristo habló de que los profetas y patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, estarían en el Reino de Dios (Lucas 13:28-29 Lucas 13:28-29 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. 29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.
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). En su relato paralelo, Mateo usa el término “reino de los cielos” (Mateo 8:11-12 Mateo 8:11-12 11 Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
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), usando la palabra “cielos” como sinónimo de Dios, ya que él se estaba dirigiendo a un público judío que evitaba usar el nombre de Dios. Por lo tanto, los términos Reino de Dios y Reino de los Cielos son sinónimos.

Justo antes de su martirio y subsecuente muerte por crucifixión, Cristo les dijo a sus apóstoles originales: “Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:28-30 Lucas 22:28-30 28 Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. 29 Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
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).

Jesús está claramente hablando aquí de un reino literal, con gente de carne y hueso, a la cual los apóstoles estarían “juzgando”, es decir, ¡liderando, guiando, entrenando y enseñando!

Pero aquel Reino no solo estará conformado por los patriarcas y profetas hebreos y los apóstoles del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo, dándose cuenta de la inminencia de su muerte, le escribió así a su amigo Timoteo, el evangelista: “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2nd Timoteo 4:8 2nd Timoteo 4:8Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
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).

Estos pasajes bíblicos nos muestran sin lugar a dudas que las personas sí pueden entrar en el Reino de Dios. ¡Todos los cristianos verdaderos participarán y tendrán parte en él!

Las fronteras bien definidas del Reino

El “capítulo de la resurrección” de la Biblia, 1 Corintios 15, contiene un rico arsenal de verdades bíblicas muy importantes. En particular, el versículo 50 se enfoca en nuestra presente humanidad y mortalidad. La intención de esta existencia física humana de carne y sangre no fue nunca el fin en sí misma; solamente sirve como un campo de entrenamiento para el Reino.

Note lo que el apóstol Pablo escribió aquí: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción”. Nuestros cuerpos humanos envejecen y se deterioran con el tiempo. Nosotros simplemente no podemos existir permanentemente en este cuerpo físico. De hecho, toda la materia física, sin importar cuánto tiempo tome, está sujeta a un proceso continuo de cambio hacia el deterioro y la desintegración.

¿Cómo, entonces, podemos entrar a este Reino de Dios espiritual y ser parte de él? ¿Cómo es que Dios hace posible que los seres humanos mortales, de carne y hueso, entren en el Reino?

Pablo reseña la solución en los próximos pasajes de 1 Corintios 15: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos [en la tumba]; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos [en Cristo] serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (vv. 51-53).

En un relato similar, en 1 Tesalonicenses 4, Pablo corrobora estas maravillosas verdades. Él escribe: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor … ” Las verdades que se exponen a continuación de este pasaje no son sus ideas personales, sino enseñanzas obtenidas directamente de Jesucristo. 

Continuando, él dice: “que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron [que actualmente están muertos, sin conciencia]. Porque el Señor mismo … con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (vv. 15-17).

No obstante, no podremos recibir a Cristo de la manera que describe Pablo mientras existamos como seres humanos de carne y sangre. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación [de carne, perecedero] nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20-21 Filipenses 3:20-21 20 Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
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). ¡Jesús es Dios junto con el Padre! Ellos saben cómo llevar a cabo esta transformación. ¡Nosotros, no!

Jesucristo hará por nosotros aquello que no somos capaces de llevar a cabo por nuestra cuenta. Pero todavía hay algo que sí podemos y debemos hacer en íntima asociación con Dios y con Cristo: “ Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12-13 Filipenses 2:12-13 12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
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). Debemos embarcarnos en una serie de pasos espirituales indispensables para superar los obstáculos que se encuentran en nuestro camino. 

T

rágicamente, el pecado está siempre presente en nuestro sendero

Nos demos cuenta o no, nuestra mente y forma de pensar son hostiles a Dios y a su ley de amor (Romanos 8:7 Romanos 8:7Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
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). Todos hemos sido mancillados por el pecado. Mientras permanezcamos en esta actitud rebelde de resistencia y desobediencia, no somos aptos para el Reino de Dios. Como primer paso para adoptar el camino de la vida eterna, debemos tomar conciencia de los fracasos que ya hemos experimentado.

El pecado se interpone en el sendero que conduce al gran plan y propósito de Dios para la vida humana, oponiéndose encarnizadamente a nuestra salvación eterna como posibles hijos e hijas en el Reino de Dios. El pecado fue y sigue siendo un enemigo tan testarudo, implacable y arraigado, que solo la muerte del Hijo de Dios pudo anular y borrar sus horrendas consecuencias.

Por lo general, la Biblia describe la muerte como la consecuencia natural de nuestros pecados. La desobediencia a la ley de amor de Dios acarrea el castigo divino (Romanos 6:23 Romanos 6:23Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
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). Por lo tanto, Jesucristo, quien nunca pecó, sufrió la muerte que nuestros pecados debidamente merecían (2do Corintios 5:17-21 2do Corintios 5:17-21 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
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), dándonos la increíble oportunidad de recibir perdón y la reconciliación absoluta con Dios el Padre.

1ra Juan 3:4 1ra Juan 3:4Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.
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dice que “el pecado es infracción de la ley”. Una traducción más moderna lo dice de esta manera: “Todo el que comete pecado quebranta la ley; de hecho, el pecado es transgresión de la ley” (NVI). Ambas traducciones son correctas. El apóstol Pablo dice lo mismo: “Hacen muy bien si de veras cumplen la ley suprema de la Escritura: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’; pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores” (Santiago 2:8-9 Santiago 2:8-9 8 Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.
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, NVI).

Podemos fracasar en amar a Dios y también a nuestro prójimo, tanto por lo que hacemos como por lo que no hacemos. Si descuidamos nuestro deber de hacer lo que sabemos es correcto, podemos sufrir consecuencias tan graves como las que produce un acto ilícito, deliberado y con malicia premeditada. “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17 Santiago 4:17y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.
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).

El apóstol Pablo ve el pecado como una acción nefasta y horrible. Él se refiere a los hombres y mujeres que no se arrepienten como “esclavos del pecado” (Romanos 6:17 Romanos 6:17Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;
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, 20), y como “vendido al pecado” (Romanos 7:14 Romanos 7:14Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
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), e incluso a haber sido capturado por él (v. 23). Por lo tanto, somos pecadores por naturaleza y por opción (Jeremías 17:9). Aún así, el pecado de los seres humanos puede ser totalmente borrado mediante la obra de un amoroso Mediador.

Jesús claramente dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra [crucificado], a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32 Juan 12:32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.
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). Pero el hecho es que el perdón divino solamente puede ocurrir en las vidas de quienes verdaderamente se arrepienten.

Transformando nuestras vidas

Nuestro primer paso en el camino a la salvación es el arrepentimiento genuino y sincero. El apóstol Pablo dijo: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos de los Apóstoles 3:19 Hechos de los Apóstoles 3:19Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
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).

Jesús continuamente destacó la importancia del arrepentimiento. Él dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32 Lucas 5:32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.
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). Cristo enseñó claramente que la prioridad más importante en nuestra vida debe ser el entrar al Reino de Dios (Mateo 6:33 Mateo 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
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). Pero el arrepentimiento es solo el primero de una serie de pasos básicos que llevan a la redención y la salvación. Dios el Padre responde al pecador arrepentido con perdón absoluto, aplicando el sacrificio de su Hijo al individuo humillado y arrepentido (1ra Juan 1:7-9 1ra Juan 1:7-9 7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
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).

¿Cuándo es el mejor momento para arrepentirse? ¡Ahora! Tenebrosas nubes de tribulaciones y tragedia global oscurecen el horizonte. Incluso durante su propia vida, Pablo dijo: “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos de los Apóstoles 17:30 Hechos de los Apóstoles 17:30Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;
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).

¿Y qué exige Jesús de aquellos que escuchan el mensaje del Reino de Dios? “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: ‘El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado [en la persona de Cristo]; arrepentíos, y creed en el evangelio’” (Marcos 1:14-15 Marcos 1:14-15 14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
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).

La vida eterna en la familia de Dios está disponible solo para aquellos que se arrepienten de sus pecados. Las excepciones no son posibles, porque “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23 Romanos 3:23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
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).

El arrepentimiento no es un concepto etéreo que nadie puede entender por completo. En el sentido más básico, arrepentirse significa cambiar. Debemos cambiar nuestras mentes, nuestra forma de pensar, nuestro comportamiento, nuestras prioridades, nuestras vidas.

Debemos demostrar con nuestra conducta una manera diferente de vivir. Este cambio de nuestro antiguo estilo de vida corroborará la autenticidad de nuestro arrepentimiento. Por ejemplo, “El que hurtaba, no hurte más” (Efesios 4:28 Efesios 4:28El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
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). Debemos producir “frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8 Mateo 3:8Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,
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)—cambios positivos en nuestras vidas, que claramente demuestren que ahora sí ponemos a Dios primero en todo lo que hacemos. El profesar conocer a Dios, pero sin demostrar ningún cambio en nuestras vidas, no es suficiente (Tito 1:16 Tito 1:16Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.
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; 1ra Juan 2:3-6 1ra Juan 2:3-6 3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.
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).

Como el rey David de Israel, debemos pedirle a Dios que cree dentro de nosotros un “corazón limpio” y un espíritu y actitud correctos (Salmo 51:10). 

El arrepentimiento produce un corazón humilde y sumiso que busca, e incluso implora, la misericordia de Dios (Lucas 18:13 Lucas 18:13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
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). Una vez que estamos listos para tomar el siguiente paso fundamental, debemos pedirle a un verdadero ministro de Dios que nos bautice para recibir el perdón de nuestros pecados (Hechos de los Apóstoles 2:38 Hechos de los Apóstoles 2:38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
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).

El bautismo y el recibimiento del Espíritu Santo

Cuando el apóstol Pablo fue milagrosamente abatido y llamado por Dios, ¿qué fue lo que le instruyó Ananías, el hombre al cuál Dios lo dirigió? “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre” (Hechos de los Apóstoles 22:16 Hechos de los Apóstoles 22:16Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.
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).

Claramente, Pablo se había arrepentido y estaba ahora dispuesto a hacer todo lo que Cristo le pidiese. Su profundo arrepentimiento por su vida anterior, en la cual había perseguido a los cristianos, se hace evidente una y otra vez en sus escritos. Él deseaba profundamente dejar todo aquello en el pasado y seguir adelante, hacia el Reino de Dios (Filipenses 3:11-14 Filipenses 3:11-14 11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. 12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
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). Posteriormente, Pablo nunca se olvidó de que sus antiguos pecados habían sido totalmente lavados, limpiados y perdonados. Se había vuelto completamente apto para ser parte de la familia de Dios, perseverando como un verdadero cristiano hasta el final.

Muchos pasajes bíblicos nos dicen que el bautismo en agua es un paso necesario para obtener la salvación. Su simbolismo es muy claro. Figurativamente, nuestros pecados son lavados para que desciendan hasta el fondo de una tumba acuática—y ahí debiéramos dejarlos. La inmersión en agua representa la muerte y el entierro de nuestro antiguo ser—el hombre o la mujer pecaminosos (Romanos 6:2-6 Romanos 6:2-6 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. 5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
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).

Emergemos del agua para comenzar una nueva vida, guiada por la gran ley espiritual de Dios, los Diez Mandamientos. 

Jesús ordenó a sus ministros que bautizaran a los pecadores arrepentidos (Mateo 28:19 Mateo 28:19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
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; Juan 4:1-3 Juan 4:1-3 1 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan 2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), 3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
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). De hecho, Jesús quiso ser un ejemplo para todos nosotros al pedirle a Juan el Bautista que lo bautizara personalmente, a pesar de que él nunca había pecado y no tenía necesidad de arrepentirse (Mateo 3:13-15 Mateo 3:13-15 13 Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.
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; compárese con 1ra Pedro 2:21-22 1ra Pedro 2:21-22 21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;
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). Cristo se sometió al bautismo de agua para cumplir con la voluntad de Dios.

Pero esto no es todo. El ejemplo en las Escrituras muestra que, después del bautismo, el próximo paso en el proceso de salvación comprende la imposición de manos por uno o varios de los verdaderos ministros de Dios, para que así la persona arrepentida pueda recibir el Espíritu Santo de Dios. En la breve lista de doctrinas cristianas básicas que se halla en Hebreos 6:1-2 Hebreos 6:1-2 1 Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
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, la imposición de manos es mencionada junto con el arrepentimiento, el bautismo y la fe en Dios. 

La fórmula básica está en Hechos de los Apóstoles 2:38 Hechos de los Apóstoles 2:38Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
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, en el sermón entregado por Pablo en el día de Pentecostés: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del espíritu santo”. 

El comienzo de una vida de crecimiento espiritual

Esto completa nuestro breve estudio acerca de cómo entrar en el Reino de Dios. Después de un animador y alegre comienzo, debemos crecer en la fe cristiana. Algunas de las últimas palabras que el apóstol Pedro escribió fueron: “creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2da Pedro 3:18 2da Pedro 3:18Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
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). Este proceso de toda una vida requiere dedicación y compromiso de nuestra parte. 

Además, tenemos que soportar las tribulaciones y pruebas que inevitablemente ocurrirán, confiando en Dios para que nos libere (Hechos de los Apóstoles 14:22 Hechos de los Apóstoles 14:22confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
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; Salmo 34:19). “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas” (Lucas 21:19 Lucas 21:19 Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas.
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).

Jesús mismo, en la extensa profecía que habla de los eventos de los últimos tiempos y que entregó a sus discípulos en el monte de los Olivos poco antes de su muerte, dijo: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13 Mateo 24:13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
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). 

Finalmente, debemos recordar Lucas 12:31-32 Lucas 12:31-32 31 Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. 32 No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
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: “Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”.

BN